Ante
la feminización del profesorado
Se buscan maestros que
orienten a los chicos
Firmante:
Carmen Montón
24-11-2004
Aceprensa
148/04
Amsterdam.
La falta de modelos masculinos en la escuela es un fenómeno frecuente en
Europa. La educación infantil y la primaria están en manos de mujeres. Los
chicos no tienen modelos con los que identificarse y a menudo se espera de ellos
un comportamiento a la medida del de las chicas. Holanda, donde preocupa desde
hace años el mayor fracaso escolar de los chicos respecto a las chicas, se
plantea si en esto influye la feminización de la docencia. Y se intenta
solucionar el problema afrontándolo desde la educación infantil.
Louis Tavecchio,
catedrático de educación infantil de la Universidad de Amsterdam,
ha promovido un programa de asesoramiento al Instituto Neerlandés de Cuidados y
Bienestar (NIZWE), con el fin de alcanzar el equilibrio en el profesorado. Para
que el desarrollo emocional, intelectual y la adquisición de aptitudes sociales
que promete la enseñanza básica alcance a todos por igual, una de las medidas
previstas es aumentar la presencia del hombre en la docencia.
Normas
femeninas
Tavecchio
afirma que los chicos tienden más que las chicas a explorar hasta dónde pueden
llegar, son más activos. "Corrigiendo o reprimiendo esta actitud, se
influye en ellos de una manera negativa. Las profesoras tienden
inconscientemente a valorar de manera positiva el comportamiento femenino. Los
investigadores hablan sobre el predominio de "normas femeninas", dada
la abundancia de maestras. El equilibrio es importante. Hay que canalizar la
energía de los chicos, por ejemplo con actividades en la naturaleza".
Tavecchio
advierte también que son más los chicos que necesitan reeducación por
delincuencia juvenil u otros problemas de conducta. "Incluso en estos casos
podremos aportar soluciones poniendo a cuidadores y profesores para que los niños
puedan identificarse con el hombre que deberán llegar a ser", afirma el
catedrático.
Los belgas ya
pusieron remedio. Un grupo de sociólogos de
Diferencia
profunda
Martine
Delfos, psicóloga y publicista, teme la vuelta de
la desigualdad: "La mujer luchó por liberarse y la actual amenaza es la pérdida
de masculinidad del hombre incluso antes de que la mujer se haya liberado. En mi
opinión, la emancipación tendría que seguir la corriente biológica. La
diferencia entre chicos y chicas es profunda y se manifiesta en muchos
aspectos".
Delfos,
que acaba de publicar "La belleza en la diferencia", comparte la
preocupación en el campo de la enseñanza: "Jugando, los padres desafían
a sus hijos. Las madres tienden a repetir: ¡ten cuidado!, ¡no te caigas!, ¡ojo
con eso! Esta protección materna no es siempre positiva. Como las guarderías y
la enseñanza primaria están en manos de mujeres, los chicos aprenden una
actitud protectora que no siempre les es favorable. Ellos buscan la seguridad de
un modo diferente que las chicas. Cuando un chico se sube a un árbol no busca
el peligro, sino los límites de lo que es seguro. Si al niño no se le permite
hacerlo, más adelante, en la sociedad, no será capaz de valerse por sí
mismo".
Facilitar
ambos modelos
Mineke
van Essen, catedrática de estudios de género de la Universidad de Groningen,
ve en este tipo de observaciones estereotipos. "Hasta 1985 –afirma Van Essen–,
la ley daba preferencia a que las mujeres enseñasen en los primeros cursos de
la enseñanza primaria y los hombres a los alumnos a partir de los 8 años. Los
mayores necesitaban mano dura y las profesoras parecían ser más afectivas e
indisciplinadas. Ahora resulta que son más exigentes. Me parece muy bien que
trabajen más hombres en la enseñanza, pero no que echen la culpa a las
mujeres".
Lauk
Woltering, profesor de educación juvenil en