Cómo
ser padres hiperprotectores hasta que el niño trabaje
Los hijos no aprenden a tomar decisiones, resolver problemas ni asumir
responsabilidades
Firmante: Ignacio F.
Zabala
29-03-2006
ACEPRENSA 037/06
Rara
es la generación que no se acaba ganando un sobrenombre. La de los nacidos a
partir de 1982 se ha empezado a llamar en Estados Unidos "generación del
milenio" (los primeros cumplieron 18 años en 2000). La nota distintiva
es que es la más hiperprotegida y teledirigida de la historia: fueron los
chicos del "bebé a bordo"; viajaron en asientos de seguridad
infantil; no montaron en bici sin casco ni rodilleras; sus juguetes se
fabricaron en conformidad con todas las directivas de seguridad
internacionales...
Junto
con esto, según Mark McCarthy,
vicepresidente de la Universidad de Marquette,
"los padres de esta generación se han acostumbrado a tener un contacto
permanente con sus hijos y viceversa". El teléfono móvil es el cordón
umbilical. Un estudio realizado en el Middlebury College,
cuyos resultados serán publicados en agosto por
Según
los estudiosos, los padres están tan involucrados por distintas razones pero
coinciden en una: el deseo de proteger a sus hijos porque la sociedad es cada
vez más competitiva y difícil. El "Washington Post" (21-03-2006)
recoge la declaración de una madre que confirma la tendencia: "Hay
montones de cosas que no puedo controlar: el terrorismo, el clima... Pero sí
puedo controlar en qué emplea su tiempo mi hija".
A
principios de los noventa, los profesores y directores de colegios comenzaron
a notar que algo estaba cambiando. Los padres pasaban cada vez más tiempo en
el colegio, luego llegaron las llamadas telefónicas a los profesores, los e-mails,
los sms, a veces, todo a la vez. Todavía hoy
muchos colegios no saben cómo manejar la avalancha. Hace unos años, buscar
colaboración entre los padres para cualquier actividad extraescolar era inútil,
hoy el "overbooking" está garantizado
en muchos colegios (cfr.
Aceprensa W46/05).
Pero
no todo es "amor de madre". Muchos profesores se quejan de que los
padres se entrometen demasiado: "¿por qué le has puesto esta
nota?", "¿por qué está en el banquillo?", "¿por qué
le regañas?", "¿por qué está sentado al final de la
clase?", "¿por qué le has castigado?". De hecho, algunos
colegios privados ya incluyen en el contrato de admisión la advertencia de
que un alumno puede ser expulsado del colegio como consecuencia del
comportamiento de sus padres.
"Padres
helicóptero"
Por
defecto o por exceso, todo tiene su lado oscuro. Los educadores advierten que
esta actitud de los padres impide que los niños aprendan a resolver
problemas, tomar decisiones, asumir responsabilidades, ser independientes. Lo
necesitarán en la universidad y más allá. Linda Walter, codirectora de los
programas de orientación de los nuevos alumnos de la Universidad de Seton
Hall, afirma que "la mayoría de los jóvenes que entran en la
universidad tienen los conocimientos académicos necesarios para realizar bien
sus estudios, pero carecen de independencia, no saben compartir y no tienen
capacidad para resolver conflictos".
Algunos
colegios ya se han adelantado. Uno de Phoenix ha puesto en marcha el programa
"Managing Millennial
Parents" para explicar a los profesores cómo
tratar a los "padres helicóptero", llamados así porque se lanzan
en picado al mínimo problema. Otros, ofrecen a los padres cursos donde les
advierten de las consecuencias que lleva consigo decidir todo en lugar de sus
hijos.
Todo
esto sería un teoría pedagógica más si Sue Shellenbarger
("The Wall Street
Journal", 16-03-2006) no tuviera testimonios
de que los "padres helicóptero" ya están aterrizando en los
centros de trabajo. Directivos de empresas como Boeing, General Electric
o St. Paul Travelers
han descolgado el teléfono para escuchar a un padre contar lo idóneo que es
su hijo para el puesto de trabajo –a veces en mitad de la entrevista de trabajo–
o para protestar por el sueldo que le ofrecen y tratar de aumentarlo. Otras
veces lo sorprendente es que el candidato no acepta el puesto porque primero
tiene que consultarlo con su padre.
En
la mayoría de los casos, el proceso de contratación se hace de forma
confidencial y las llamadas telefónicas de los padres se sortean con
diplomacia. Pero algunas empresas han optado por mandar copia de las
condiciones de la oferta a los padres e incluso les permiten asistir a algunas
de las sesiones del proceso de selección.
Mientras tanto, ¿cómo se sienten estos jóvenes blindados? La mayoría bien, gracias. Según una encuesta realizada por una empresa de servicios, Experience, entre 400 jóvenes, solo el 25% dijo que sus padres estaban excesivamente implicados en sus cosas hasta el punto de ser embarazoso o molesto. ¿De qué más pueden quejarse?