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Mi Sueño MejorPor: Nichya |
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Estaba en aquel parque cercano a mi apartamento, aún
no llegaba el invierno pero las frescas brisas de otoño a veces le sonrosan las
mejillas a la gente por las calles, para mi último cumpleaños papá me regaló ese
discman que me gustaba, tenía que estudiar unas partituras para mis próximos
exámenes, pues las fechas se me estaban viniendo encima y en verdad quería
mantener mi promedio. No sé cuántas horas pasé sentada en aquel lugar, recuerdo
que el sol aún bregaba por encontrar el modo de colarse entre las nubes, sé que
pronto ya ni siquiera tendrá oportunidad de invadir algún rincón de Moscú, el
invierno está muy cerca y a fines del otoño son prácticamente la misma estación…
escuché algunas voces infantiles cerca del arenero, levanté la mirada sonriente,
siempre me gusta observar a los niños de Martina y Dimitri, el matrimonio más
joven que reside en mi edificio, son pequeños pero por la tarde de los domingos
siempre se llegan hasta aquí, pues no es necesario tener dinero para revolcarse
entre la arena y volar en los columpios ¿verdad?
Mientras los observaba la mirada se me deslizó hasta el carro de dulces en la
esquina, allí estaba Ivan, un hombre mayor cuyo único ingreso económico es la
venta de golosinas en este lugar, tenía una historia de vida increíble que
cuando escuché hasta pude sentir sus heridas quemando mi piel… de más joven lo
tuvo todo, dinero, familia, hogar propio… pero su mujer falleció junto a su
único hijo en un accidente de tránsito… él jamás volvió a ser quien era. Levantó
la mano saludándome amistosamente, le correspondí con una sonrisa y él cambió de
esquina en el parque, cuando volví a apartar la mirada de mis partituras me
encontré con ella, caminaba delicadamente de la mano de su novio por la acera
frente a mi, sonreía, siempre me gustó ese gesto tierno que hace cuando evita la
carcajada por no llamar la atención; tenía una rosa en su mano libre, yo también
se las obsequiaba cuando después del paseo me quedaban algunos rublos en la
bolsa de mis vaqueros, cuando la dejaba en casa ella las guardaba en su libro
favorito, allí estaban más de media docena de bellas rosas en diferentes
colores; en verdad no lo sé pero me gustaría pensar que aún las conserva.
La vi alejarse al mismo paso lento que siempre anda, balanceando sus caderas
ligeramente con cada movimiento de sus piernas, con los rebeldes rizos
agitándose sobre sus hombros tras su espalda, con esos vaqueros negros que tanto
le gustan y aquella chaqueta de piel café con leche… cuando el espejismo se
alejó de mis ojos recordé haberla visto por última vez hace poco más de un año,
en aquel momento pensé que jamás podría inmortalizar la belleza que la
caracteriza, en mis sueños debía recordar momentos porque si intentaba retener
una imagen de su rostro enseguida le perdía los detalles; pero luego de aquella
tarde en el parque comprendí que ninguno de mis recuerdos se asemejaba a la
realidad… Lena es más bien un ángel en los infiernos, no sé cuándo fue que me
acostumbré a estas esporádicas visiones de su persona, pues la distancia
impuesta nunca le permite encontrarse conmigo; no puedo acercarme a ella, he
pensado en situaciones forzadas para poder al menos saludarle, pero entonces
recuerdo que el único lazo que nos une es la vieja promesa de apartarme de su
camino, entonces la miro en la distancia mientras ella continúa su marcha.
En algunos días más tendré mi examen final en la academia de música, es raro
terminar las clases antes que mis compañeros pero desde que perdí la mitad de mi
alma invertí todo mi tiempo en los estudios, pronto tendré él título colgado
entre las paredes de mi apartamento, aunque mamá ya me pidió una copia para
ella, de seguro la pondrá junto a mis trofeos de las viejas competencias
infantiles o mis diplomas de la preparatoria. Yo por lo pronto le tengo asignado
un lugar especial en el pasillo que comunica mi cuarto con la sala principal,
justo entre aquella pintura de la Basílica de San Basilio que me obsequió mi
padre cuando me mudé y la foto familiar… la tomamos en unas vacaciones hace
algunos años en Kiev, cuándo éramos cuatro, y yo era dos y una al mismo tiempo,
claro, cuando Lena y yo aún estábamos juntas… sé que la imagen me pone vidriosa
la mirada pero me gusta conservarla, solo para recordarme a mi misma que alguna
vez, fui feliz…
Lena y yo terminamos cuando yo estaba pronta a mis 20 inviernos, tuve que
dejarla ir con todo el dolor del alma por arrancarle un pedazo, me felicité por
haberlo hecho más veces de las que me arrepentí por lo mismo, yo en verdad la
amaba, sé que me basta tan solo una mirada de sus felinos ojos para sentir la
sangre batiéndose en mis venas otra vez, porque incluso con tan solo recordar su
nombre se me apuran los latidos para reclamarme su ausencia en mi vida. He
buscado también pretextos que me dijeran que estaba equivocada aquella noche,
pero aunque lo intenté hasta el cansancio no los encontré, ella merecía una vida
normal, sin llantos ni miedos, alguien que le cumpliera el sueño de tener una
familia convencional y evitar sonrojarse de vergüenza al decir que la persona a
su lado era una muchacha. En parte yo fui culpable de esa inseguridad que a
pasos agigantados le quitaba confianza, pues tenía tanto miedo de perderla que
no pude brindarle la protección que necesitaba, yo también tenía miedo porque
muy en el fondo de mi corazón, aunque aparentaba lo contrario, sabía que lo
nuestro no podía ser, yo estaba ligada a una vida en lapsos solitaria y en
lapsos feliz; y ella debía convertirse en madre y esposa de un buen señor que le
llenara los días.
Sinceramente desconozco si ha alcanzado sus mentas, de no ser así entonces
podría asegurar que ha de ir por buen camino, lleva tiempo con aquel muchacho de
la facultad de medicina, se conocieron en un congreso cuando ella ingresó como
residente en el hospital estatal, quizá también ella esté pronta a su graduación
en la facultad privada de psicología. Seguramente tendrá un consultorio en el
centro de la ciudad, o talvez escoja continuar con el empleo en el hospital;
aunque sé que su amor por esa rama de la medicina nació de sus propias
confusiones y frustraciones, nunca quiso en realidad ejercer su profesión sino
entenderse a si misma… de todos modos será una magnífica doctora, o al menos es
lo que deseo.
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Tres semanas lleva el diploma enmarcado en el muro del pasillo, ayer entregué a
mis padres una copia que como suponía, colocaron en el aparador que enseña mis
logros desde pequeña; comencé a buscar empleo hace algunos días, finalmente di
con una bacante en una confitería de barrio que ofrece espectáculos musicales
por las noches, he tenido suerte en la entrevista. Jueves y Domingos
interpretaré piezas clásicas desde el almuerzo hasta la noche, y viernes y
sábados en el horario nocturno tocaré teclados para la banda local de rock.
Alex, el hijo del dueño del local, es el vocalista de la banda, es un muchacho
simpático, nos conocíamos de la academia pero el asistía a la facultad de
vocalización y guitarra; me agrada su compañía pero desde un primer momento debí
aclarar la diferencia de nuestras vidas, sorprendiéndose cuando afirmé el
antiguo rumor de gustarme las chicas.
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Comienzo a acostumbrarme a los horarios cruzados del sueño después de dos meses
de tocar en la confitería, ayer mis padres fueron al local, mi madre me hizo
sonrojar con sus gritos eufóricos, no soy la mejor pero soy la única hija que
tiene… esta mañana fui a descansar mi mente al parque por un rato, la misma
banca y la misma gente de siempre, yendo y viniendo como pasando de una vida a
otra sin vivir realmente, andan con prisas como si alguien les persiguiera,
observando curiosos las gritas de la acera, hablando por celular, hurgando
carteras y continúan la marcha. Los niños siempre revolviendo el arenero,
columpiándose y jugando escondidillas tras los árboles; por estos días el frío
comienza a sentirse con más frecuencia, en algunas semanas más llegará el
invierno definitivamente, las pocas hojas de los árboles que no se llevó la
brisa o el cuidador se agitan de un lado hacia otro en una continua y silenciosa
danza; ahora todos nos encontramos sujetos a las pesadas ropas, con la bufanda
hasta la nariz y las manos escondidas en algún lugar del sobretodo. Don Ivan ha
cambiado su menú por “Café y pan de anís”, como señala el pequeño letrero de su
carro; a los hijos de Martina y Dimitri solo los veo cuando acompañan a su madre
en las compras, pronto vendrá el quinto integrante de la familia, Martina dice
que será varón mientras Dimitri sueña con una niña, pero la panza tiene cara de
machito, no tendrá suerte esta vez tampoco.
Alex vino a recogerme por la tarde con la idea de cambiar el uniforme de la
banda, salimos de compras por largo rato al centro comercial, nos detuvimos en
una cafetería cerca del anochecer, y para mi buena fortuna volví a toparme con
Elena; ahora junto a su familia en lo que parecía un celebración, su hermana
casada ha dado a luz a una pequeña niña. Lena estaba contenta, hasta la escuché
reír genuinamente varias veces, me gusta cuando viste de traje porque desplaza
los gestos adolescentes de su rostro convirtiéndola en una bella mujer de finas
facciones, cargaba en brazos la niña de tanto en tanto mientras le rozaba la
frente con los labios… quise imaginarme en su lugar pero estoy tan acostumbrada
a recibir solo el beso de la fresca brisa en mi piel que no pude conseguirlo,
incluso ya casi no recuerdo el sabor de sus labios. Mi compañero me platicaba
acerca de nuevas canciones, ahora tendremos tres ingresos adicionales a los dos
pactados en el escenario, esto me favorece porque la paga aumentará pero me
complicará en mis presentaciones de los domingos.
Viendo que la hora de la cena estaba próxima, ofrecí a mi compañero que
cenáramos en aquel mismo lugar, eso me daría al menos una hora más para
contemplar a Elena; me retiré al servicio consiente de haber andado toda la
tarde cargando bolsas, me detuve frente al lavamanos para humedecer mis muñecas,
rostro y nuca, no sé por qué pero siempre estoy cansada, y esta acción me
devuelve un poco más a la realidad. En algún momento en que estuve perdida en
mis pensamientos, alguien ingresó al servicio, ni siquiera había escuchado la
puerta al abrirse, cuando giré sobre mis talones para tomar una toalla de papel
y retirarme, me topé con sus ojos verdes casi grises, para éstas épocas se
produce ese cambio que me fascina… no logré definir su mirada, solo se quedó
allí observándome como si no pudiera creerlo, dejé que se dibujara una leve
sonrisa en mi rostro pues no pensaba saludarle, en cambio ella sonrió
abiertamente, agaché la mirada como lo hago desde que nos dejamos, y me retiré a
mi lugar junto a Alex.
Rodé la mirada en dos oportunidades para observarla, ella me miraba con
inquisición, entonces gradualmente mis ojos regresaban al plato de comida que a
penas había probado, primero ella sonreía y luego adquiría un semblante más
sereno, pero muy lejos de denotar enojo o molestia… demasiado silencio entre las
dos, demasiado tiempo separadas, se perdió la costumbre y el juego provocativo
de seducirnos, la alegría de encontrarnos las miradas o las sonrisas sinceras,
ahora simplemente era como encontrarse con un viejo amigo que no te recuerda
pero tu aún tienes su nombre en la agenda. Cuando sostuvo entre sus brazos a la
pequeña otra vez me apuró el llanto, entonces quise retirarme del lugar, la
imagen era agradable pero a la vez profundamente dolorosa, pedimos la cuenta y
cuando nos pusimos de pie Alex comentó inocente: “La muchacha pelirroja de allí
no deja de observarte…”, con su sonrisa pícara que me contagió… “Si supieras
quién es Alex, si supieras…” le respondí en medio de un suspiro, el se fijó un
momento más, la vio entristecerse cuando nos retiramos sin siquiera verla, ni
sonreírle, ni nada; eso me lo comentó en el camino de regreso… yo me quedé
pensando toda la noche.
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Lena cumplía 24 años, había pensando en embriagarme y dormir hasta el último de
mis días, pero tengo tan mala suerte que aquella noche debía tocar en la
confitería; entre un acto y otro, nos sentamos en la barra a tomar unas copas
hasta la segunda entrada, discutíamos sobre la canción de cierre, Svletana (la
muchacha que atendía la barra), decía que seguramente yo tendría una voz
especial por el timbre que tengo al hablar, le dijimos que dejara de molestar,
Alex fue donde su padre como todas las noches, yo me quedé platicando con
Svletana cuando las puertas vidriadas del ingreso se abrieron, me di cuenta
porque sentí una leve brisa y un escalofrío me recorrió el cuerpo entero:
“Parece que esta noche nevará…” le escuche comentar mientras cambiaba mi bebida
por una taza de café bien cargado. Nos avisaron que debíamos regresar a la
tarima, rezongando para mi misma tomé asiento frente al piano, un grupo de
muchachas se había citado en el lugar, estaban todas las plazas ocupadas e
incluso en la calle aún esperaba un grupo de gente para ingresar… supe que eran
mujeres por los gritos que se producían con cada canción, pero no volteé a
fijarme. A medio acto Alex detuvo la música, uno de los meseros le acercó una
nota escrita en una servilleta de papel, la hizo un bollito y la tiró a un
costado, hizo un par de comentarios como siempre hasta que finalmente emitió un
saludo de cumpleaños para “Elena de parte de sus amigas…”, le escuché decir
cuando sin querer me topé con ella, estaba roja de vergüenza, pues sus
acompañantes no dejaban de cantar la canción tradicional a la cual nos sumamos
con toda la banda, pasado el saludo continuamos nuestro trabajo.
Cerramos el show a las cinco con diez minutos de la madrugada, ahora era el
turno del DJ hasta las ocho de la mañana que las puertas se cerraban, nos
pusimos a guardar los instrumentos, Alex bromeaba, sus comentarios me causaron
gracia y hasta había olvidado que Lena se encontraba en el lugar. Enfundé el
teclado para guardarlo minutos más tarde en la pequeña bodega del lugar, regresé
nuevamente a mi sitio en la barra, platicábamos amenamente con Svletana cuando
una joven se acercó en busca de champaña, el jefe inquirió por la chica del
cumpleaños y se lo entregaron sin costos: “invitación de la casa…”. La chica se
fue e inmediatamente recordé a Lena, “Te ves agotada ¿por qué no vas a dormir?
Mañana también debes tocar…” me dijo Alex cuando se sentó a mi lado, afuera la
nevada recién comenzaba, me ofreció el diminuto cuarto de servicio del
entrepiso, solo constaba de una pequeña cama con una mesilla de noche, había
veces en que por comodidad con el horario pasaba el resto de la velada en aquel
lugar, así que no lo pensé demasiado, saludé a mis amigos y me dirigí al
servicio. Humedecí la parte posterior de mi cuello, intentando relajar los
músculos contraídos de mi agobiada cerviz, justo iba de salida cuando torpemente
tropecé con una chica, apenada me apresuré a tenderle una mano mientras reía
desde el piso, intentaba ser amable al disculparme pero ella solo repetía en
medio de sus risas que todo estaba bien, hasta que de pronto sus risas se
apagaron dando lugar a una expresión de terrible incredibilidad, su mirada me
hizo sentir sobrecogida: “Lo siento Lena, venía distraída…” alcancé a pronunciar
cuando finalmente estuvo de pie, ella guardó silencio levantando su mano para
dejarla suspendida en el aire algo contrariada, la mirada otra vez se me deslizó
hasta los zapatos, entonces con el dorso de su mano me acarició la mejilla
suavemente, puede sentir algunas lágrimas apurándome el llanto, respiré
profundamente antes de forzar una sonrisa y elevar la mirada, sus ojos estaba
ligeramente humedecidos… tomé la mano que aún tenía sobre mi rostro, la aparté
suavemente antes de darle un beso en la palma, algo que hacía cuando nos
encontrábamos en la intimidad luego de amar, antes y después de este beso solía
decirle que la amaba, y luego fue mi modo más efectivo de decirlo sin utilizar
palabras… pude sentir un suave espasmo en su pecho, me sentí culpable por
arruinar su cumpleaños con mis tonterías, solté su mano y bajo su mirada
vigilante subí las escaleras para ir a dormir… cosa que no hice.
Miré el reloj derrotada, llevaba hora y media dando vueltas en la pequeña cama,
al final decidí bajar hasta la cocina a prepararme un té caliente, tal vez me
ayudaría a dormir hasta el medio día que comenzaba mi turno de música clásica,
el local aún estaba lleno: “Parece que hoy tampoco cerraremos…” escuché decir a
mi jefe mientras tomaba un poco de agua junto a mi, me sonreí pues no tenía
mucho que agregar a su sentencia; entonces volvió a hablar: “Podrían volver a
tocar, este lugar está que revienta…” dijo ésta vez; yo volteé a verlo a punto
de reír a carcajadas, pues el equipo estaba guardado y volver a armar todo de
nuevo llevaría casi cuarenta minutos, “quizás podrías tocar tú y que Alex cante
algo melódico, quizás se aburran, se vaya y al fin podamos ir a dormir…”,
entonces mi mirada se tornó acecina, sonreí por las fuerzas y asentí con la
cabeza… otra vez sopa, pensé mientras buscaba el teclado nuevamente.
Tenía tanto sueño que toqué más por instinto que por gusto, la espalda me dolía
así que de tanto en tanto hacía un movimiento que me relajaba momentáneamente,
Alex se encontraba a mi lado en una banca interpretando algunas melódicas de los
noventa, debí prestar demasiada atención a las teclas por miedo a perder las
notas, cuando levanté la mirada me encontré otra vez con Lena, me observaba en
silencio, embelesada, fingí demencia y continué con mi trabajo. Media hora
después busqué con desesperación al padre de Alex, ya no podía seguir tocando,
me sentía en verdad enferma, entonces mi compañero cerró el acto improvisado y
otra vez a guardar el teclado. “¿Y ya para que voy a ir a dormir si a las once
debo regresar?” le dije sarcásticamente a Svletana que acababa de terminar su
turno para darle lugar a Sergey en la barra, ella se echó a reír dándome la
razón, mientras ayudaba a Svletana con el orden de la cocina recibí un llamado,
el corazón se me aceleró cuando papá me informó que mamá había sufrido una
descompensación y se encontraba en el hospital, me pidió que fuera con ellos
aunque no hacía falta. Colgué el auricular violentamente mientras tomaba mi
chaqueta del respaldar de una silla, me acerqué a mi jefe angustiada para
informarle, mi padre sonaba tan preocupado que sentí miedo, algunas lágrimas se
me asomaron en el rostro y el sueño se me había ido por completo, fui corriendo
a la salida en busca de un taxi cuando recordé que Svletana ya se iba y tenía
auto: “¿Puedes llevarme de pasada al hospital?” le grité con un nudo en la
garganta, no le hizo falta preguntar, tomó su chaqueta y las llaves del carro
para seguirme a paso veloz…
Tardamos menos de quince minutos en llegar, el reloj me decía que con diez más
serían las nueve de la mañana, Svletana se quedó media hora conmigo y finalmente
la mandé a dormir, su trabajo era en cierto modo más agotador que el mío, papá
estaba cansado y muy angustiado, tuve que desempolvar mi postura de “Todo estará
bien, no te preocupes…”, a mamá le estaban tomando la presión por quinta vez, el
médico me llamó aparte al ver que papá no quería dejarla sola, me informó que
tendrían que hacerle algunos estudios, ella es relativamente joven pero algunas
cosas se heredan, tenía una válvula o algo de eso, tapada cerca del corazón y
eso le producía un lapso de inconsciencia, no era grave pero debían tratarlo
antes de que lo fuera. A las diez de la mañana me comuniqué con la confitería,
no podría asistir, papá dormía en la sala de espera y me rehusaba a dejarlo
solo, Alex me dijo que no me preocupara, incluso no me descontarían la falta del
sueldo puesto que los últimos fines de semana había trabajado horas extras por
el exceso de clientes que sufríamos, me sentí aliviada.
Todo un día y una noche en el hospital, sin dormir y prácticamente sin comer,
papá debía ir a trabajar, a él no le perdonaban las faltas y si había que operar
necesitaríamos el dinero, yo tenía que esperar que mi madre despertara para
avisarle a la enfermera, cerca de las nueve y media de la mañana lo hizo, y
mientras medían su presión y le daban unos remedios, decidí bajar hasta la
cafetería por un café y algo de comer. Me senté en una esquinita apartada, odio
los hospitales y el ir y venir de batas blancas y verdes, me da náusea todo lo
que se refiera a estos lugares. “Dra. Katina, aquí tiene su café…” escuché
mientras ojeaba el matutino, lo levanté un poco para esconder mi rostro entre
las páginas, dirigí la mirada hacia la barra de la cafetería, allí estaba Elena
en su delantal blanco impecable, resaltando sus bellos rizos rojos y sonriendo,
la observé unos minutos y decidí que no era importante en ese momento, tenía que
regresar con mi madre; cerré el periódico, dejé la propina junto a la taza y me
dispuse a abandonar la sala; pasé a su lado sin notarlo: “¿Yulia?” le escuché
decir en un susurro casi inaudible, volteé la mirada, le sonreí mientras
articulaba un simple “Hola…”, me asusté cuando se puso de pie para abrazarme… me
sentí tan bien entre sus brazos, su espalda ancha, sus hombros firmes, tuve
ganas de llorar por horas, sus brazos amarrados a mi delgada y débil espalda y
yo a penas con fuerzas sujetando su cintura; con la cabeza apoyada sobre su
pecho suspiré reiteradas veces, ella estaba en silencio. Al separarnos de aquel
lazo que nuevamente me había hecho sentir vulnerable, ella tomó mi rostro con
una de sus manos para verme a los ojos, los tenía húmedos, me costaba contener
el llanto: “¿Qué pasó?” me dijo en un tono de voz preocupado, no pude responder,
solo sonreí: “Yul… ¿qué sucede?” volvió a decir, me había llamado con ese
apelativo cariñoso que utilizaba cuando me susurraba palabras de amor en los
oídos, “no mucho, mamá no se siente bien… lo siento, pero debo regresar con
ella, seguro ya terminaron de tomarle la presión y no quiero que esté sola…”, le
dije apartando su mano de mi rostro para retirarme; ella permaneció viéndome
bajo el umbral de la puerta de la cafetería.
Cuando ingresé al elevador sentí otra vez ganas de llorar, por qué tenía ella
que acercarse a mi, yo estaba cumpliendo mi promesa pero ella no… los recuerdos
me estaban golpeando muy fuerte, quería correr a sus brazos y decirle que la
amaba, que la necesitaba conmigo y que sin ella ya no podía seguir, pero no, no
podía, faltaría a mi palabra y eso no estaba bien, sin notarlo ya me encontraba
sentada junto a mi madre, otra vez estaba durmiendo, acerqué la silla hasta la
cama, tomé su mano y me dormí con la cabeza cerca de su vientre, la necesitaba
más que nunca y ella a mí. A las tres de la tarde llegó mi padre, hicimos el
cambio, yo deseaba ir a casa a darme un baño, además debía recoger algunas ropas
para mi madre, él se quedó con ella. El ascensor me dejó en la planta baja,
acariciaba mi nuca reiteradas veces y revolvía mi cabello para alborotarlo un
poco más, estaba muerta de cansancio, pasaba por la recepción cuando me tocaron
el hombro, Lena estaba marcando su tarjeta de salida: “Espérame, quiero platicar
contigo un momento…” me dijo mientras firmaba unas planillas. Aguardé fuera
cerca del estacionamiento, ella llegó un par de minutos después vestida de
civil, me señaló un carro en la playa ofreciendo llevarme a casa y accedí solo
porque así llegaría más rápido.
-¿Cómo estás?- Me dijo para iniciar la pplática
-Agotada casi diría que para el cajón… ¿¿tú?- dije sin darle mucha importancia
-Muy bien por suerte… ¿así que ahora toccas en la confitería?
-Si, hace algunos meses… veo que tú trabbajas aquí
-Soy residente hasta fin de mes cuando mme entreguen el diploma
-¡Qué bueno!
-¿Tus cosas? ¿Tu vida? –dijo luego de unna pausa
-Está todo muy bien…
-¿Sabías que soy tía de una niña?- dijo entusiasmada al notar mi silencio
-Sí, te he visto hace un tiempo ¿recuerddas?
-Ah… si, lo había olvidado… Se llama Kattia
-Es un bonito nombre… da la vuelta en laa esquina –le indiqué
-¿Se mudaron?
-Solo yo, un amigo me presta su apartameento de soltero…- dije sonriendo
-Ah… ya veo
-Aquí es…
* Ella apagó el carro, me desconcertó porque solo debía llevarme a casa,
permanecimos en silencio un momento:
-Bien Lena, ya debo irme…- le dije- Graccias por el aventón- agregué mientras
estiraba la mano para abrir la puerta
-¡Espera! –Dijo apresurada jalándome dell brazo
-¿Qué sucede?- Pregunté observando una mmirada desesperada en sus ojos
-Eso quiero saber yo ¿qué te sucede?
>
-¿A qué te refieres?- Dije evadiendo su pregunta
-No me evites Yul… ¿qué te sucede conmiggo? Llevan varias veces que nos
encontramos y solo sonríes en silencio para luego marcharte…
-No me culpes… hace algún tiempo me hiciiste prometer que no me cruzaría en tu
camino, y lo he cumplido bastante bien, no entiendo tu reclamo…
-¿Por qué te cuesta tanto al menos saluddar?
-Si lo hiciera ya no estaría cumpliendo mi promesa ¿o si?
-No… pero jamás te pedí que no me hablarras
-¿Acaso no es lo mismo? ¿Qué esperas quee te diga? En verdad no te entiendo Lena,
tú ya tienes tu vida de ensueño. Quisiste que te dejara libre para que hicieras
tu camino y lo hice… ¿qué más quieres que haga por ti?
-……
-En verdad debo irme Lena, no estés moleesta conmigo estoy muy cansada, aún no he
dormido desde el sábado por la mañana, y este no es el mejor momento para tener
esta conversación… debo regresar al hospital en un momento…- terminé sonriendo
dulcemente, para que comprendiera que no la odiaba, solo tenía las cosas en
claro…
* Ella continuó en silencio, sus ojos estaban húmedos y no apartaba su mano de
la mía, me sujetó con fuerza y con la voz quebrada me dijo:
-Sabes que no tengo una vida de ensueño……
-Ya la tendrás pecosa, solo date tu tiemmpo…
-Es que no entiendes Yul…
-Claro que entiendo Lenita, pero no pueddo hacer más para ayudarte aunque
quisiera, desearía que fueras feliz en verdad… ¿no eres feliz?
-¿Tú que piensas Yulia? Por supuesto quee no soy feliz…
-¿Entonces? ¿Por qué sigues con este cirrco…? Mira, todos nos merecemos ser
felices, busca tu felicidad, que no te importe el qué dirán porque es tu vida,
ellos no van a vivirla por ti, y si tu eres feliz de un modo entonces ellos
también deben serlo… sé que es difícil, pero solo tienes una vida para
intentarlo, y si hay otra, pues no recordarás la anterior y no sabrás de la
siguiente…- le dije mientras recostaba la cabeza sobre mi regazo y comenzaba a
llorar.
Estuvimos en el carro un rato largo, yo acariciaba sus cabellos como solía
hacerlo tiempo atrás, ella continuaba llorando casi sin consuelo y aferrándose a
mi como si yo fuera su única solución. Solo un par de lágrimas dejé caer sobre
sus rizos, entonces me acerqué a darle un beso en la cabeza y le susurré que
debía irme ya, se incorporó para observarme, me sonreí mientras secaba sus
lágrimas con mis manos, la miré por última vez y le dije: “Busca tu felicidad,
no tengas miedo…”, le di un ligero beso sobre la frente, bajé del carro,
atravesé las puertas de ingreso al edificio y ni siquiera volteé a fijarme en
ella; minutos después desde el balcón de mi apartamento la vi partir, ojalá se
hubiera quedado.
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En los días siguientes el médico de mi madre dijo que no habría necesidad de una
intervención quirúrgica, que podían aliviar su afección con medicamentos si mi
padre y yo nos comprometíamos a llevarla durante un periodo de tres meses, una
vez por semana para el control. Durante aquellos días en que mamá estuvo bajo el
control médico, debí hacer un esfuerzo sobrehumano para no toparme con Lena, y
ya pronto estuve de vuelta en mi rutina.
El viernes regresé al parque pasada la hora del almuerzo, pero extrañamente nada
de lo que vi atrapó mi atención, el mundo sigue girando y aún recuerdo las
últimas palabras dichas a mi pelirroja: “Busca tu felicidad, no tengas miedo…”
ahora esta sentencia se me aferra a la conciencia, soy yo quien ahora siente
temor de vivir en verdad, todo este tiempo que estuve esperando por ella,
observando el teléfono o aguardando tras la puerta, viéndola de lejos caminar
con su novio o reunirse con su familia en un café, todos estos años en los que
no hice más que vivir del recuerdo; pero aún consciente de mi modo de
subsistencia me siento incapaz de seguir adelante. Ayer nació el niño de
Martina, le llamarán Nikolai como uno de sus abuelos, Dimitri estaba algo
decepcionado pero enseguida lo cargó en brazos, mañana conocerá su casa, con
todos estos sucesos me pregunto si yo alguna vez podré formar una familia como
la de ellos, como la mía, como la de Elena…
Iba de regreso, dando vuelta en la esquina y allí estaba el ingreso al edificio,
una vez que estuve frente a las puertas de acceso palpé los bolsillos de mi
chaqueta en busca de las llaves, mientras la hacía girar en el cerrojo alguien
me detuvo al tomarme suavemente por un hombro, no hubo necesidad de buscar
nombres con la mirada, aún podía reconocer el delicado aroma de su perfume;
sostuve la puerta para permitirle el ingreso, nada se dijo durante el aventurado
viaje en elevador, ninguna palabra fue dicha sino hasta que luego de algunos
minutos nos sentamos a platicar en la sala con una taza de café mediante;
sentada a su lado en el sofá, no pude hacer más que esperar una explicación:
-Tenía que verte…- comenzó apenada –Neceesitaba estar cerca de ti…
-Me agrada que hayas venido…- le dije soonriendo mientras sujetaba su mano
temblorosa, sin duda estaba nerviosa
-Sé que ha pasado mucho tiempo, que no eestoy en posición de pedirte nada, ni
siquiera merezco que me escuches… pero necesito saber qué es lo que debo hacer,
todo este tiempo quise convencerme de que la vida junto a Vladimir era lo mejor
para mi, una familia, una casa, hijos… pero con cada día que despierto me
pregunto ¿Esto es todo? ¿Así es cómo debe ser? No estoy conforme con esto, no
quiero esto y me molesta no tener la determinación para ponerle fin, ya no
quiero sentirme incompleta… -intentaba explicar desordenadamente, haciendo
reiteradas pausas en su relato, buscando el modo y las palabras, al notar mi
gesto de confusión intentó aclarar entonces otra vez- Sé que algo le falta a mi
vida, hay un profundo abismo en mi alma, un vacío que nadie ve pero que siento a
cada minuto del día devorándome…
* Hizo un largo silencio por lo que comprendí que no continuaría, se acurrucó
entre mis brazos para recargar sus sienes sobre mi vientre, acariciando sus
rizos hablé:
-Entiendo que no estás conforme con tu vvida Lena, pero ¿Dónde encajo yo en todo
esto? No estás ayudándome a comprenderte del todo…
-Tú eres el vacío Yulia, tú me diste alggo que al irte llevaste contigo, y ni
Vladimir ni nadie es capaz de traérmelo de vuelta… ya no quiero pretender que sé
lo que debo hacer, vine aquí esperando encontrar una respuesta, y al verte me
doy cuenta que tú eres lo que busco Yulia, lo que durante todo este tiempo me
mantuvo viva, porque juro por mi vida que no hubo un día en el que no haya
despertado pensando en verte de nuevo, y pensé que quizá con el tiempo de algún
modo volveríamos a encontrarnos, pero ya no quiero dejar que el tiempo pase…
-Déjame ver si entiendo Lena, un día de repente me dices que debemos terminar
porque lo que yo te daba no era suficiente, nos alejamos por más de tres años y
ahora de repente otra vez apareces en mi vida, diciéndome que no eres feliz y
que yo soy la causa de tu problema… ahora dime ¿cómo puedes culparme por una
decisión que tú tomaste, sin importarte lo que yo sintiera o pensara?
-Tienes todo el derecho de estar molestaa conmigo, pero no estoy echándote
culpas, solo estoy diciendo que quiero estar contigo…
-¿Y pretendes que solo por el hecho de ddecirlo me arroje a tu brazos y te diga
cuánto te amo? No es tan fácil, no se puede tapar el sol con un dedo Lena…
-No quiero tapar el sol, y sé que no serrá fácil, pero quiero intentarlo…
* Me detuve allí un momento, me sentía no solo contrariada sino también herida,
cómo es que esperaba que las cosas se resolvieran tan fácilmente, yo le amaba
eso no iba a negarlo, pero aún habían ciertas cosas que no lograba comprender
-No voy a engañarte Lena, si hay algo quue nunca hice y espero no hacer es
mentirte, te amo… te amo como lo hice siempre y como siempre lo haré, y aunque
debería sentirme feliz por lo que dices, realmente no lo estoy…
-Solo piensa lo que acabo de decirte…- ddijo, la interrumpí
-Nada tengo que pensar…
Cuando recobré la conciencia la estaba besando profundamente siendo
correspondida con vehemencia, pronto mis manos se enredaron en su cuello y me
encontré sentada a horcajadas sobre sus piernas, sus manos en mis caderas
colándose lentamente por debajo de mis ropas, el beso se intensificó cuando
comenzó a apretarme contra su cuerpo, mis labios cayeron hasta su cuello al
tiempo en que me pedía que nunca más la dejara ir, me quitó la camiseta con
velocidad para dejarla caer junto a mi sostén a un lado de la sala; me alzó en
brazos aún yo besando su cuello y su rostro para tenderme sobre la cama, se
quitó el suéter y la camiseta que seguramente también quedaron en el parqué del
cuarto, sus labios recorrieron la anatomía de mi cuerpo hasta detenerse sobre mi
vientre, me faltaba el aire, tenía los ojos cerrados cuando desprendió los
botones de mis pantalones apartándolos junto a las bragas, luego hizo lo propio
con el resto de sus prendas, nuevamente me senté a horcajadas sobre sus piernas,
su mano izquierda revolvía los cabellos sobre mi nuca, con la derecha acariciaba
mi espalda, sus labios humedeciendo mi cuello, tenía calor, sentía asfixia, mi
cuerpo temblaba mientras su mano derecha llegaba hasta mi entrepierna, eché la
cabeza hacia atrás cuando la sentí dentro de mí, sus labios ahora estaban en mis
senos y solo escuchaba su respiración acelerada junto a la mía, mezclándose con
la afirmación continua “…te amo…” era todo lo que repetía; finalmente dejé salir
un leve gemido cuando alcancé el orgasmo, regresó a mi boca mientras me aferraba
a su cuerpo, en un rápido movimiento la tumbé sobre la cama, me acerqué hasta su
oído para susurrarle: “Jamás vuelvas a decirme lo que debo hacer gatita… te
amo…”, sonreí al mismo tiempo en que posaba mis manos sobre sus perfectos y
sonrosados senos, uní con mis labios todas y cada una de las pecas de su cuerpo,
como un juego en el matutino del domingo, me deslicé sobre su cuerpo para llevar
mi mano derecha hasta su ombligo, no era un toque si quiera a penas la rozaba
para erizar su piel, contenía la respiración cuando hacía esto, estaba logrando
mi cometido, no pude resistir más el juego y lentamente acaricié ese sitio que
tanto extrañaba, mis movimientos comenzaron a ser suaves pero a medida que su
pecho aceleraba el ritmo mi mano también lo hizo, finalmente dijo mi nombre en
un grito que complació mis oídos… estaba satisfecha… Permanecí recostada sobre
su cuerpo, con sus brazos tras mi espalda acariciando mi piel desde arriba hacia
abajo, dijo que me amaba y levanté el rostro para verla otra vez, sonrió: “Tú
eres mi vida de ensueño…” dijo antes de derramar una lágrima, “tú eres mi vida y
mi sueño…” le respondí… tiempo después nos quedamos dormidas en la misma
posición.
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Ayer por la tarde tuve ganas de ir al parque, me senté en mi banco preferido,
los tres niños de Martina y Dimitri estaban en el arenero, pero ahora el más
grande de ellos cumplía las órdenes de su madre: “Cuida bien a tu hermana…”,
dijo refiriéndose a la pequeña Anna de a penas año y medio. Don Ivan regresó a
las gaseosas y a los dulces que invariablemente cambiará por café y pan de anís
para el invierno, la gente continúa caminado indiferente por las veredas del
parque, he dejado el discman en casa… sí, ya no vivo en el apartamento, ahora
tengo una casa en la zona norte de Moscú, ni muy lejos ni muy cerca del centro,
también tengo un setter como el que tuve de niña, ese murió de viejo no más el
verano pasado, una gran pérdida para todos, le enterramos en el patio de la casa
de mis padres. A las vueltas del parque se le ha sumado por estos meses el
diariero, acude muy temprano por la mañana y se va con el ocaso… “¿En qué
piensas?” escucho decir a la voz de mi conciencia, no respondo, permanezco en
silencio, ahora comparto mi banco del parque, ella acaricia mis cabellos
mientras lee su libro de historias, a veces ríe y a veces llora…
-¿Lena?
-¿mmmm?
-¿Qué sueño te queda por cumplir? –Preguunto mirándola curiosamente aún con la
cabeza en su regazo
* Ella se quita los lentes, me mira preocupada
-¿A qué te refieres? No tengo más sueñoss que morir a tu lado…
-Anda, cuéntame ¿cuál es? –le digo ahoraa sonriendo
-¿Por qué quieres saber? –Me dice, no quuiere responder
-¿Curiosidad?
-¡Ja! Si, como no…
-Gatita… -comienzo con mi voz de niña peequeña que casi pisando los 26 años no me
sale tan mal después de todo
-Tendría que pensarlo
-Eso quiere decir que tienes muchos
-No, solo tendría que escoger uno que enn verdad fuera un sueño…
* Como ella no responde, decido acabar con la intriga, tomó del bolsillo de mis
vaqueros una tarjeta, se la entrego, entonces la mira confundida
-¿Dr. Alexei Kruschiev?
* Su gesto de ignorancia me causa gracia, entonces río a carcajadas mientras
intento tomar otro papel del mismo lugar, se lo doy, lo lee y me mira con las
pupilas amplias…
-Sigo sin entender… ¿Yulia?
-¿Lena? –Digo imitando su tono de voz, rrío- Vamos, dime ¿te gustaría?
-Es que… yo… no sé… yo… -dijo emocionadaa
* Me acerqué para besarla despacio, volví a mirarla… ahora lloraba más
-Piénsalo princesa… te amo… -dije regaláándole una hermosa sonrisa
-Nada tengo que pensar mi amor, aunque sson muchos trámites y… te amo…-dijo
apretándome con fuerza
-Ga… ti… ta… no… pue… do… res… pi… rar…<
-Lo siento… no sé qué decir ¿tú quieres??
* Ahora palpé el bolsillo interno de mi chaqueta, saqué un sobre, se lo
entregué… bien, esperaba calmarla pero ahora lloraba más frenéticamente
-¡Yulia! –Dijo, volvió a asfixiarme- ¡Ess para mañana! ¡Te amo!
Minutos después regresamos a casa, creo que pasamos el resto de la jornada y
toda la noche en la cama, no podíamos amarnos pero si platicamos mucho, el
médico me había dicho que antes de la entrevista debíamos dormir bien y no
aventurarnos bajo las sábanas, aunque fue difícil logré resistirme a la
tentación. Por la mañana desperté temprano, debíamos ir en ayunas, cuando
llegamos al edificio Lena estrangulaba mi mano con las suyas, estaba muy
nerviosa, ingresamos al consultorio, luego de la charla la dejé sola con el
médico, no estaba muy de acuerdo pero debía hacerlo. Casi una hora después la
enfermera me dejó ingresar, Lena estaba sentada frente al escritorio, cuando me
vio un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, le sujeté la mano fuertemente
al darle un beso, “Te amo…” me dijo y complacida me emocioné.
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Sé que he pasado por alto muchos detalles de nuestra historia, pero entenderán
que no siempre tengo tiempo para escribir, mucho menos ahora que Lena me absorbe
los pocos espacios libres que me quedan en la agenda; he conseguido un mejor
empleo, ahora trabajo en una escuela privada como profesora de música durante la
mañana, y por la tarde doy clases de apoyo para algunos alumnos de la academia
en su último año. Por otro lado, el consultorio de Lena estará listo para la
inauguración en un par de semanas, le ofrecieron un trabajo estable en una
clínica privada cercana a nuestra casa pero la rechazó, eran muchas horas y lo
que más necesita en estos momentos es descansar… no es lo que ustedes pensaron,
no fuimos con un médico por la “inseminación artificial”, los estudios fueron de
rutina, tanto para ella como para mi, luego nos encontramos en el juzgado
llenando algunas planillas, adoptamos un niño, pensamos que en lugar de traer
otro al mundo era mejor darle hogar a quien no lo tuviera, tiene año y medio,
hace casi dos meses que está con nosotras, Lena está feliz, y yo no encuentro
palabras para describir lo que siento, jamás pensé que podríamos terminar de
esta manera, juntas, compartiendo el tiempo, los sentimientos y la vida completa
bajo un techo que comenzó siendo su sueño y que hoy es el de ambas, y mucho
menos pensar en tener un pequeño entre las paredes del cuarto.
A veces me gusta verla cuando lo levanta de la siesta, se toma unos minutos para
observarlo al detalle, luego lo viste y lo carga hasta el corralito que le
regaló mi padre; esto comprueba mi tesis, Lena es una mujer que a todas voces
tiene el mote de madre, quizás yo sea menos afectiva con el pequeño muchacho,
pero es que todavía no me acostumbro, suelo ser muy bruta y tengo miedo de
lastimarlo o golpearlo, entonces ella me ayuda a cambiarle los pañales, eso es
lo peor de todo pero gracias al cielo la tortura acaba pronto, siempre me dice
que no debo temer, que también es mi pequeño… entonces lo miro en su sillita
alta de madera a un lado de nuestra mesa, con todo el puré que Lena le da untado
en la cara, sonríe y me mira como si quisiera contarme un secreto, toma la
cuchara de la mesilla, la hunde en la comida cuando Lena se acerca, le arroja el
alimento traviesa mente… tendré que enseñarle puntería porque no me gusta la
idea de limpiar el chiquero de la mesa y el piso cada vez que se alimenta… ella
ríe, no soy yo quien le enseña esas cosas, lo hace solo, pero le gusta, lo toma
en brazos y se sienta a mi lado dándome un beso y sonriendo… ahora todos
nuestros sueños son uno solo unificado, tres por uno.
Por las noches la historia es diferente, el niño tiene su cuarto y a pesar de
compartir esto de la maternidad, a veces siento algo de celos porque ahora él es
el centro de atención de mi amada, sé que es normal pero no puedo evitarlo, así
que cuando la puerta del cuarto se cierra, ella es completamente mía… claro,
hasta que el niño pega el grito y debo salir corriendo envuelta en lo primero
que encuentro, lo traigo con nosotras, Lena se pone algo de la ropa que hace
momentos le había quitado, visto mi pijama y lo acuesto entre las dos… cuando
abro los ojos siempre lo encuentro sobre mi lado derecho y Lena con su cabeza
sobre mi lado izquierdo, entonces tengo que hacer un trámite interminable para
levantarme sin despertarlos, preparo el desayuno, regreso al cuarto y lo
encuentro entre los brazos de mi mujer, se ven tiernos, me acerco a ella, le doy
un suave beso y le susurro: “El desayuno está listo, te veo en el almuerzo… te
amo…”, y ella me toma del brazo para besarme otra vez… a penas nos separan cinco
horas de trabajo, pero me resulta mucho tiempo, y cuando regreso, los encuentro
sentados en las mecedoras de la galería… cuando sea más grande él hará muchas
preguntas, sé que lo entenderá, Lena a veces se preocupa por esto, pero algo
dentro de mi corazón me dice que todo estará bien, el niño sabe que lo amamos y
siempre será de ese modo… ayer por la noche, lo estábamos acostando, él miró a
mi amada y le dijo mamá, estuvo un rato largo llorando pero a mi me hizo
sonrojar cuando riendo me repitió la misma palabra, claro, somos dos madres,
aunque en realidad solo somos una…
- Fin. -
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DE FANS PARA FANS Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia. Para cualquier aclaración ó duda: [email protected] |
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