La Noche

Por: Nichya

 

 

 Ha estado lloviznando toda la semana, lo curioso es que este mágico acontecimiento solo sucede durante la noche, cuando la tarde comienza a perder sus colores rojizos en la puesta del sol, grandes nubarrones grises surcan el cielo para devorarlo justo antes de encenderse la última lámpara del alumbrado público a escasos metros del ingreso a mi casa, entonces envuelta en una cobija, con el humo de mi cigarrillo estimulando mi ansiedad, me siento en el balcón con las luces apagadas. Extrañamente no tengo el alma agitada, ni deseos de tomar aquel camino para perderme en las tabernas de mi infierno como supe hacerlo hace algunos meses atrás, no tengo la necesidad de ahogarme en un vaso de vodka para evitar lo inevitable… pensar en ti, porque he descubierto que en cada rincón de mi vida, en cada sitio de este mundo tan maravilloso, siempre encuentro un trozo del alma que habita en ti, cada mínimo detalle del día y de la noche en si, es un buen motivo para recordarte.

Cierro los ojos con pereza, tomo una gran bocanada de aire fresco que me enfría los pensamientos, puedo verlo con claridad ahora, el aroma de la tierra mojada de manera impensada me hace adorar la vida que durante el día detesto, entonces la mirada se escapa por encima del gran valle que el sitio en el que me encuentro me permite contemplar, pequeñas farolas enmarcando senderos, calles y extensas autopistas formando una espiral que tan bien de memoria conozco, pues cada uno de estos caminos siempre terminan guiando mi mirar hacia aquellos viejos edificios de apartamentos en el ingreso de la ciudad. Sé que están lejos y aunque aguce la vista no podría contemplarlos desde aquí, pero soy consciente de que aquellas enormes farolas son las más brillantes de mi paisaje melancólico… aún por momentos volteo a ver el móvil cargando sobre el aparador, esperando el familiar sonido apagado que me informe sobre el ingreso de un mensaje instantáneo, quizá hace un año ya que no corro hacia él para sobresaltarme al saber que vienes a visitarme, quizá hace ya más de un año que no sé de ti…

Observo los coches pasar en dos direcciones, de este a oeste donde yo me encuentro, al otro lado de la ciudad pronto aparecerán aquellas tímidas luces tras los altos cerros, junto donde tú te encuentras, y finalmente antes de que el día muera en mi propia agonía, se apagará su luz tras las altas montañas del oeste, justo donde yo me encuentro… tan cerca de ti y tan lejos a la vez. No sería difícil coger las llaves del carro y perseguir las líneas del asfalto húmedo hasta el jardín de aquellos edificios, sin embargo el interrogante de “¿Para qué?” me detiene en el mismo instante en abro la puerta de mi casa, volviendo a cerrarla cuelgo las llaves junto a la puerta y regreso al balcón, viendo el día morir para darle lugar al silencio impetuoso de la oscuridad nocturna… sé que otra vez dormiré esperando que al despertar el sol ya no quiera iluminar el día más, y le rezo a todos los santos para que entendiendo mi dolor quiten la espina de mi alma y me lleven junto a las estrellas, pues el sufrimiento sería más llevadero si desde aquel punto en el universo pudiera iluminar tus noches, velar tus sueños y calentar tus días.

Ya no siento furia por el silencio que me acompaña cada noche de insomnio, creo que después de tantas batallas he aprendido a llevarme bien con ambos, ahora convertidos en guardianes de mi entera existencia… a veces suelen narrarme fabulosas historias mientras las ligera llovizna acompasa el cuento con una suave melodía… Ah, si pudiera compartir contigo la belleza de este paisaje… quizá tú lo estés observando desde la ventana de tu cuarto, pidiendo casi de rodillas a los dioses del cielo que le den un sentido a tu vida… cómo quisiera ser yo ese motivo. En lapsos las ramas de los árboles se agitan perezosas de lado a lado, el tiempo se detiene, las pequeñas gotas de lluvia se balancean de lado a lado, hasta que finalmente un carro a gran velocidad rompe su mística danza; entiendo ahora que el mundo llora porque en estas noches hay tantas almas abandonas al desamor, que comparte el dolor propio del firmamento dividido, por quienes tienen la felicidad en la mirada y por quienes aún nos sentamos frente a la noches esperando el llamado o sonido eléctrico del timbre en la puerta.

“Ella no vendrá…” escucho el susurro del insomnio sentado a mi derecha, “Lo sé, pero igual quiero esperarla…” le respondo utilizando el mismo tono de voz que me impone la melancolía de noche silenciosa, “Quizá mañana…” comenta la penumbra para darme ánimos, me sonrío pensando en que durante los últimos 8 meses ha estado diciendo las mismas palabras con extraña exactitud, y durante los últimos 8 meses he esperado por el día siguiente, que tristemente nunca llega, pues cada uno de ellos es la repetición del anterior, arrastrándome en el círculo vicioso de preguntar: “¿Creen que piense en mi esta noche?” solo para escucharle a la llovizna responder “Quizá si le llamaras…” dejando a mi imaginación el final de la frase; pienso nerviosa unos minutos, me pongo de pie decidida a coger el auricular y discar el número que desconozco, y al recordarlo me siento tonta para regresar a mi estado de contemplación.

Fugazmente la tenue luz de una cerilla ilumina el balcón cuando enciendo mi segundo cigarrillo, alguna vez pensé que en la vida lo único y más importante era enamorarse, pero con el tiempo comprendí que más importante era amar y ser amado por la persona amada, y recordé aquellos viejos amores que genuinamente me amaron… nunca les correspondí más que a la persona que no lo hizo. No quiero hacerlo pero siempre termino justificándola, “ella me amó a su manera, estoy segura de ello…”, engañarme quizá es el mejor modo que he encontrado para sobrellevar mi falta de ella. La noche trae ante mis ojos aquella mañana de encuentro furtivo cuando nuestra “relación” ya había terminado, en que envueltas en un abrazo buscó mis ojos para decirme “Te amo…” pude ver sinceridad y temor, pero no entendí lo que decía, es eso entonces lo que me lleva a justificarla, quizá ella no me amaba del mismo modo en que yo lo hacía o de la manera que yo quería que lo hiciera, porque a veces el amor tiene demasiadas cuestiones y pocas respuestas, pero en definitiva la sensación de estar vivo no es comparable con nada cuando sientes el corazón agitándose para torpemente amar a quien no encuentra aún el motivo que justifique cada acto de su vida… ella es así, recorre el mundo desesperada en una búsqueda inútil del cuerpo en que depositar su alma y su corazón, desperdiciando tantos buenos sitios frente a sus ojos, pues he podido conocer a muchas jóvenes que por ella hubiera bajado las estrellas, todas ellas, para iluminar su camino… y ella no supo verlas, a ninguna, a ninguno…

Mientras lentamente la llovizna cesa por un instante, me pregunto si es cierto aquello que dicen que el destino lo decide cada hombre y mujer de este mundo, ¿eso significaría que pudo forjar una vida junto a la persona que amo, si elijo eso? ¿Qué me asegura que si yo elijo un camino, ella elegirá el mismo? Pues yo he elegido vivir y morir por ella cuantas veces sean necesarias, porque aunque lo pidiera no podría amarla más de lo que hago… eso es una gran mentira, la he elegido cada día de mi vida desde que la conocí y cada día me encontrado del otro lado del gran valle de razones que nos separan… entonces el destino está escrito en algún lugar oculto de este universo…

Otra noche que se marcha, tal vez el sol y la luna sufren del mismo mal que nosotras, sé que me quiere porque siempre encuentro un mensaje suyo en la casilla de mi correo, una breve nota que poco dice pero que siempre termina con un “Te quiero…”, yo vivo de noche en la amargura de mis propios sueños, y ella vive el día buscando la piel en la que pueda reflejar el alma, y sé… mal que me pese… que no es tiempo de cortar aún el lazo que me ata a su nombre, pues invariablemente durante los próximos tiempos seguiré sentándome en el balcón, esperando por verla dar la vuelta en el camino y tocar la puerta de mi soledad, con su ausencia de la mano para besarme en algún antro y luego partir con el novio al que no ama, con la vida que detesta, y con el juego inconsciente de perseguir corazones… Mi amada Yulia… siempre tan aventurera, tan mágica y enigmática, quizá algún día pueda entenderte… pues al final creo que eso nos acabó, la falta de comprensión… pero seguiré buscándote en las noches de silencios e insomnio con la esperanza de que algún ser misericordioso se apiade de mi pesar y cierre mis ojos para no volver a despertar…

 -  Fin.  -     

 

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Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda  semejanza con la realidad es pura coincidencia.

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