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Estrellas de noche buenaPor: Nichya |
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Era una de esas noches en que todo parece
marchar con normalidad, sospecho que las manecillas del reloj a penas superaban
la medianoche por un cuarto de hora, mientras en el interior de la vivienda la
familia continuaba brindando por nuevos augurios y deseos de paz de una templada
nochebuena, ella caminó silenciosa como padeciendo cierto remordimiento en la
conciencia solitaria de quien intenta acercarse un poco más a la vida misma;
seguí sus pasos con mirada compasiva, pues durante el rato de comida había
notado ciertos lapsos de abstracción en su mirada, era evidente que su pequeño
paseo por el jardín de la estancia no tenía más cometido que encontrarse
momentáneamente con su propia soledad, aún cuando todos sabíamos que ella tenía
nombre y apellido.
Un poco dudosa me senté a su lado sobre la hierva húmeda, desde aquel sitio
podía percibirse el inconfundible aroma de la tierra mojada y una suave
fragancia a melancolía y quietud, indudablemente aquel sitio estratégico hacía
que una se sintiera dichosa de poder caminar aún sobre este mundo, desde la
pequeña lomada podían observarse las frenéticas sirenas de la central de
policía, los fuegos de artificio coloreando un cielo claro y cubierto de
estrellas, y una increíble postal de luces incandescentes como detalle final de
la ciudad que celebraba la Navidad con verdadera devoción. Mientras mis ojos se
deleitaban con aquella magnífica postal, recordé a Yulia como mi gran compañera
de travesuras y desventuras, siempre destaqué de su personalidad la rebeldía y
muchas veces la indiferencia, en ocasiones parecía que nada era más importante
que la noche de un sábado o su acelerado estilo de vida, no sé que era más
tenebroso, que fuera superficial o que no quisiera cambiar de postura; pero
entonces en algún punto su vida dio un giro de 360° sin previo aviso, y se
convirtió en un puñado de silencios, delicadas sonrisas y amables
contestaciones. Mi padre dice que en el mundo nada permanece inmóvil y con cada
segundo se producen cambios a veces imperceptibles, que podemos pensar que una
roca siempre está en el mismo sitio y sin embargo debido a ciertos
acontecimientos nunca lo está, esta noche al ver a Yulia en su notable estado de
meditación, comprendí aquello de “todo cambia todo el tiempo en el mundo…”,
porque ella parecía ser la misma de siempre cuando las luces la iluminaban y sin
embargo, aquí en esta pequeña quietud, supe perfectamente que no era la misma.
Hubo un enorme silencio precediendo los fuegos artificiales, entonces dibujando
una tierna sonrisa en su rostro estiró su mano derecha hacia el cielo, como si
quisiera tomar de su manto negro una estrella y conservarla entre sus sueños:
“Siempre me han gustado las estrellas…” dijo en un tono de voz a penas audible,
“tú has de saberlo con certeza, pero en esta noche solo quiero observar aquella,
¿la vez?” inquirió ahora mientras sus delgados dedos apuntaban un pequeño
cuadrante en el que solo podía distinguirse una brillante luz azul titilante,
seguramente en el sitio habría más de medio millón de cuerpos celestes pero la
que ella indicaba era la única que desde nuestro sitio podía observarse
perfectamente, entonces guardó silencio y sospecho que su mirada no se
desprendió de aquella luz que ahora yo, también contemplaba con igual devoción.
Mi apacible compañera emitió un sonoro suspiro al tiempo que su mirada rodaba
hacia el pie de la pequeña lomada, sus ojos parecían buscar algún objeto perdido
entre las luces de aquella ciudad de fiesta, entonces su voz se transformó en
una extraña mezcla de sensaciones que talvez ni ella podía definir: “¿Imaginas
la infinita distancia que existe entre ellas y nosotras aquí abajo? Las miramos
como si fueran pequeñas luciérnagas prendidas del cielo y en realidad son
enormes incendios que por la distancia se ven minúsculos, nos hacen sentir
grandes y ciertamente protegidos, pues muchos aseguran que por cada una de ellas
puedes contar una vida en esta tierra, yo pienso más bien que ellas son una
pequeña representación de lo que tú eres…” dijo observándome de modo pasivo y
con otra pequeña sonrisa en los labios; “Lo bueno es que aún cuando el cielo
está cubierto por nubes negras sabes que están allí, y cuando amanece aunque no
puedas verlas también están, como si fueran eternas pero sin serlo, porque
seguramente muchas de las que nosotras vemos esta noche han dejado de existir
hace mucho tiempo y solo ha quedado una pequeña estela de colores en su sitio.”
Otra vez precedió el silencio, sospecho que Yulia se perdió entre los extraños
caminos de los pensamientos y los recuerdos, mientras yo pensaba en esa teoría
que acababa de enseñarme acerca de la creación, nada de lo que había dicho
parecía descabellado sino por el contrario, sus palabras tenían mucho de lógica
pero al meditarlo, me asaltó la duda acerca del propósito de su comentario, pues
parecía darle a su plática un doble sentido sin permitirme descubrir con
exactitud el verdadero motivo de su alejamiento momentáneo. “Si yo fuera el
cielo diría que cada una de esas estrellas, representa un acontecimiento
importante en mi vida, pero entonces, aquella única que estamos observando, la
más grande y brillante de todo el conjunto sería Elena…” afirmó con mirada
soñadora dándole todo el crédito a mi pensamiento anterior, guardó silencio un
instante y sonrió; “Ella decía que yo siempre me complicaba hasta con las cosas
más sencillas del mundo, y que muchas veces o terminaba complicándola a ella
también o prefería no prestarme atención porque nunca conseguía entenderme por
completo, yo sabía que lo que decía era cierto pero no me gustaba darle la
razón, incluso hasta sospecho que me gustaba negarlo porque entonces sonreía
seguramente pensando que nunca cambiaría, y de hecho creo que no lo hice.”
Finalizó rascándose la cabeza en señal de contrariedad e inocencia; “He sido
personas completamente diferentes una de otra en todo este tiempo, cambiando mis
apariencias y mis modos pero siempre manteniendo la esencia, sé que no he
sufrido de múltiples personalidades pero también soy conciente de no haber sido
siempre la misma, podía confundirme y aclararme en el mismo instante, enojarme y
contentarme de un segundo a otro, convertirme en un torbellino de reproches e
injusticias, o en un manojo de sentimientos calmos y fogosos, sonreír y llorar
al mismo tiempo, pero nunca había sido tan injusta como aquella vez; hasta ese
momento pensaba que había aprendido a controlar mis impulsos y mis broncas, y
fue muy triste comprobar que estaba equivocada, porque no solo me había engañado
a mi misma sino que en el revuelo había conseguido herirla, y eso, justamente
eso, era lo que nunca debía de suceder.”
Yulia parecía estar debatiéndose en íntimas cavilaciones que pretendían
aliviarla de su aparente dolor, de momentos sonreía y de momentos parecía que
comenzaría a llorar sin consuelo, manteniéndose en este estado de profunda
meditación sin dejarse interrumpir por ocasionales ruidos o movimientos a su
alrededor. “Existe una infinita distancia entre lo que fuimos y lo que somos,
entre sus ojos de verdes pasiones y los míos de profundos océanos, nos evitamos
gran parte del tiempo pero cuando volvemos a encontrarnos esa distancia
desaparece inmediatamente, aún cuando ambas fingimos indiferencia o fastidio,
aún cuando intentamos alejarnos o negarnos, aún cuando imponemos los
pensamientos sobre los sentimiento… cuando nuestras miradas se encuentran jamás
expresan lo que las palabras flanqueadoras, porque sospecho que siempre nos
hemos entendido mejor en silencio aún cuando yo nunca cerraba mi bocota… (dice,
y emite una sonora carcajada), pero cuando me mira a los ojos siento que aún
busca en los míos el reflejo de los suyos, que aún alberga en su interior parte
de mi como aún vive en mi parte de ella, y en ese instante la desesperación por
tenerla de regreso y no conseguirlo se hace tan imponente, que siempre termino
por arruinar lo que podría ser una bonita velada, repitiéndole hasta el
cansancio que me perdone, que la amo, que me hace mucha falta y un montón de
cosas que ella sabe y sin embargo insisto en aclarárselas… insisto tanto que
termino por fastidiarla y frustrarme…” Ahora la delgada morena guarda silencio,
comienzo a comprender poco a poco su pesar, pero de alguna manera entiendo
también, que en esta noche de pensamientos intenta despedirse en la distancia de
Elena, y ciertamente de ella misma.
“Dicen que a las aves debes dejarlas siempre libres, y que solo cuando regresan
a ti puedes afirmar que te pertenecen, pero que si no lo hacen no debes de
sentirte mal, pues has dado todo de ti y seguramente con su partida otra
llegará… siempre he adorado mi libertad, la he defendido y hecho prevalecer por
encima de todo, sin importarme muchas veces quien pereciera en mis caprichos
adolescentes, pero estando con ella obtuve una perspectiva totalmente diferente
del asunto, pues solo era libre de mi estando presa de ella, y ahora sin ella no
sé realmente si soy libre o prisionera de mis propios fantasmas y recuerdos…”
Yulia sonríe haciendo un gesto cómplice para ella misma, sospecho que ha
comprendido que es realmente complicada a la hora de expresar sus sentimientos
pero de la misma manera entiende que le cuesta hacerlo de otro modo, quizás
nunca ha aprendido a hacerlo sin enredarse con sus propias palabras y
pensamientos. “La nochebuena es ese momento del año en que todos tendemos a
pesar en la balanza los sentimientos y los logros personales, habrá muchas que
en mi que pesarán más que otras, y que sin duda alguna cambiaré con la llegada
del nuevo año, pero otras permanecerán intactas por mucho tiempo más y cada vez
que las recuerde podré sonreír, no sé si ella lo haya entendido, pero cuando
dije que había cambiado al conocerla fue porque a su lado crecí y aprendí cosas
que jamás había imaginado antes, que su amor hizo de mi una mejor persona y pude
ser yo misma sin miedos… talvez ella desde su sitio esté viendo la misma
estrella que nosotras, y quisiera creer que pensará en mi, que de la misma
manera sonreirá y se preguntará si yo la estoy pensando, entonces buscará en el
cielo la estela de una estrella fugas y pedirá su deseo en voz baja… yo pediré
el mío, y cerraré mis ojos esperando que ambos se cumplan. Talvez tú pienses que
me estoy despidiendo de Elena, sentada aquí en esta pequeña lomada y observando
las estrellas, pero te equivocarás si lo haces, porque ella siempre estará en mi
de algún modo u otro, simplemente le estoy diciendo hasta pronto, estoy
dejándola libre, y estoy alzando una plegaria por su felicidad y la mía, creo
que ambas la merecemos, solo espero que cuando finalmente logremos encontrarla,
seamos lo suficientemente fuertes para hacerla prevalecer por encima de todo…
ella sabe que la amo como yo sé que aún me ama, y aunque en este preciso
instante dejaría todo por un abrazo de sus brazos y un beso de sus labios, como
alguna vez alguien lo ha dicho, es mejor dejar libre al amor que aprisionarlo en
su jaula de oro…”; dijo sonriendo, alzó su copa a los cielos y al encontrar su
estrella fugas brindó por su cometido, escuché una voz proveniente de la
vivienda llamando su nombre, entonces me miró con picardía y me dijo: “Lamento
haber dejado de pasar tiempo contigo… o conmigo Yulia, pero necesitaba vivir con
intensidad ese amor, sé que siempre me has acompañado y que has llorado conmigo
cada vez que me sentí caer, pero esta noche te pediré un último favor… sube bien
alto hasta esa estrella, hazla brillar mucho más que a las otras, y cuando
llegue el año nuevo, baja hasta ella, susúrrale junto al oído cuánto la amo y
dile de mi parte que siempre que se sienta sola, recuerde que aún tiene las
estrellas para hacerle compañía…”
Yulia regresó a la vivienda y se rodeó de sus seres más queridos, por un
instante pensé que realmente podía verme, ahora comprendo que cuando habló de
las estrellas, que a veces se ven y a veces no, se refería a mi, la parte de su
vida que no puede ver pero presiente, que no sabe de qué estoy hecha pero si
cierra los ojos puede palparme, a veces me llama “su alma” y otras no me pone
etiquetas. Ahora es tiempo de partir, ella saldrá con sus amigos y sospecho que
lo hará con la esperanza de encontrarse en alguna esquina con Elena, mientras
tanto, yo subiré a esa estrella y velaré hasta el año nuevo por ambas, con la
firme esperanza de que finalmente cada una pueda dejarse en libertad y no
sentirse apenadas por ello, se aman, pero aún les queda mucho camino por delante
y mucha vida por conocer, después de todo, recién están aprendiendo a caminar…
- Fin. -
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