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Déjame estar junto a tiPor: Nichya |
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INGLATERRA – MIÉRCOLES - 11:25 AM.
-Regresemos al hotel, Ivan debe estar esperáándome…
-Lo que usted diga señorita Volkova
Estoy cansada, he camino durante toda la mañana en busca de ese libro que hace
algunos meses encontré en un vidriera, sé que a Lena le gustará pero hoy no ha
sido mi día de suerte; en cuanto llegue al hotel Ivan vendrá corriendo a
regañarme como siempre, y yo solo me limitaré a escucharlo indiferente, hasta
que se canse de gritarme y me deje subir al cuarto junto a ella; aunque sé que
está hablando por teléfono con su novio, entraré al cuarto como si no me
importara el echo de saberla de otro amor, me sentaré un rato en los sillones y
encenderé mi discman para al menos fingir que no le tomo atención. “¡Detente!”
le grito al chofer al ver en una pequeña librería de barrio el libro que
buscaba, bajo tan rápidamente de la camioneta como puedo y me tropiezo en el
cordón de la vereda; al ingresar al lugar, un hombre de aparentes 60 años, tal
vez más, me pregunta asustado por qué llevo tanta prisa, respondo que estoy algo
corta de tiempo aunque en mi mente la respuesta se asemeja más a que tengo prisa
por retener a Lena a mi lado… al pedir el libro me pregunta si me gusta la
literatura, le soy honesta al decirle que no es la pasión de mi vida pero que
tengo a quien entregarle el obsequio, él sonríe amablemente, mientras me comenta
que a pesar de mi alergia por los libros tengo buen gusto para escogerlos, lo
miro ingenua, entonces me resume la historia: “Un muchacho enamorado de una
joven que ya tiene con quien compartir su vida, él no se interpone frente a ese
corazón que no le pertenece, ella se va con él otro chico, él se queda solo
muriendo su ausencia, y un buen día descubre que ella siempre lo amó, pero se
pensó no correspondida y continuó su camino…”, le pedí que no me contara el
final, quizás se lo pediría prestado a Lena en algún avión y lo leería yo misma.
A penas entro al hotel me encuentro con Ivan y Vania discutiendo sobre una
futura sesión de fotos que no encaja con nuestros horarios, la Rolling Stone
otra vez quiere tenernos en su portada pero nuestro vuelo más próximo es mañana
por la mañana. He tenido suerte por esto, puedo subir al cuarto recibiendo solo
un “no te demores tanto la próxima vez”, al cual asiento apenada para darme la
vuelta y continuar mi camino. Lanzo mi bolso sobre una silla junto al armario,
Lena está aún hablando por teléfono mientras me arrojo pesadamente sobre la
cama, mi cabeza cae cerca de sus piernas y ahora revuelve mis cabellos mientras
le comenta a su novio que acabo de llegar, cierro mis ojos intentando anular su
voz o al menos sus palabras para sentirme presa de la suavidad de sus caricias…
pero entonces tomo conciencia de lo que sucede y me acomodo en la cama como si
fuera a dormir por largos días, no la observo pero puedo adivinar que me mira
confundida, entonces un golpe en la puerta nos interrumpe. Cuelga el auricular
mientras me susurra un “yo atiendo” al cual ignoro, se aleja llevándose esa
sensación de felicidad que me indujo al acariciarme; minutos después reaparece
junto a mi, sonriente, feliz, con un paquete en sus manos que no puede esperar
por abrir, a un lado deja la rosa roja que venía con el obsequio, yo la tomo
entre mis manos para simplemente imaginar que es su alma la que sostengo,
presurosa termina de abrir el paquete y sus ojos se iluminan al leer el título
de ese libro que encontró; sonríe, está leyendo algo que debe ser una
dedicatoria, entonces al terminar pasa las páginas una a una como ojeándolas
simplemente, me comenta que le dejaron ese obsequio en la recepción del hotel y
que un botones se lo acababa de entregar, la felicito sin darle importancia y
giro en la cama para darle la espalda y dormir… sin sueños ni pesadillas… solo
dormir y luego no quiero saber.
Sabía que le gustaría el libro, ha pasado casi todo el día leyendo con mucha
atención cada línea de tinta negra, sonriendo y llorando a veces también,
asimismo me siento complacida, hace mucho que le hago obsequios como si fuera
una admiradora más, pero nunca se los entrego en mano, quizás soy demasiado
cobarde para eso o será también el orgullo quien me lo permite, a veces quiero
decirle que todos esos regalos que tanto cuida y adora se los envío yo, pero
entonces empezará con todas esas preguntas ¿y qué le responderé? ¿Qué
simplemente la amo? No… sería demasiado impersonal, prefiero lo misterioso, lo
sugestivo, quizás nunca le diga lo que siento por ella, quizás lo haga y luego
desaparezca, no lo sé y tampoco quiero saberlo. Sonrío, mis labios imitan una
mueca de felicidad que muy lejos está de mi alma, pero una se acostumbra a estas
cosas, sobretodo cuando se entra al mundo de los grandes carteles y tiene qué
comer gracias a la sonrisa que una revista, que por cierto nunca veré, publica
en su portada, el mundo de lo material y superficial, me gusta llamarle cuando
me piden una opinión, el mundo junto a Lena, cuando tras bastidores me tomo unos
minutos para llorar lágrimas secas por la vida miserable que tengo.
Ivan interrumpe nuestra lejanía para informarnos que saldremos a cenar todo el
grupo a un restaurante cercano, quiere darnos una noticia importante, así que
nos indica que debemos estar listas en una media hora; apago el televisor una
vez que él cierra la puerta tras su espalda, Lena deja el libro en la mesa de
noche correspondiente a su lado de la cama, el derecho, mientras me pongo de pie
para revolver en el bolso que armé durante la tarde, por alguna prenda que me
quede bien. Entonces ella me habla, otra vez el comentario de ese admirador
desconocido que tantos obsequios le hace y que ella tanto adora recibir, me
confiesa que teme algún día saber quién es porque entonces se rompería el
encanto, que prefiere conservarlo de ese modo tan lejano y cercano a la vez. Le
sigo el rollo, me río y le hago bromas, para luego quedar en silencio unos
minutos, me pregunta qué me sucede que durante todo el día me ha notado
diferente, le sonrío y le respondo irónicamente que una no puede estar todos los
días con los ánimos para ser el payasito de turno de quien tiene ganas de reír,
se ofende, me duele pero le demuestro lo contrario, sé lo que piensa de mi… no
me interesa, no haré nada por revertirlo, incluso, cuando me lo dijo me crucé de
brazos, nunca olvidaré aquella tarde; estábamos en España cambiando nuestro
vestuario para hacer una sesión de fotos, platicamos como siempre lo hicimos, no
recuerdo como la conversación llegó a ese punto en que me dijo: “Ay Volkova, tú
y tu estupidez un día de estos te van a dejar sola…”, cuando le pregunté por qué
lo decía, al escucharla el alma se me partió en dos y el corazón me dejó de
latir: “¡Ja! ¿No te has dado cuenta? No eres más que una pobre niña que quiere
llamar la atención todo el tiempo, te crees la súper estrella, la que todo lo
puede y todo lo sabe, la que conoce la calle y la noche, qué poco honesta eres
contigo misma, me das lástima, ni siquiera eres capaz de sentir un poco de pena
por tu vida tan miserable…”, y el resto lo borré de mi memoria, aquello me había
bastado para las próximas cien vidas.
Durante la cena estuvo a mi lado, contándome sus interminables comunicaciones
telefónicas con su novio, ahora que estamos de gira se la pasan al teléfono, ya
me he acostumbrado a esperar largas horas para informarle en un rápido llamado a
mi madre dónde estoy y cómo me encuentro; a ella a veces le dan la oportunidad
de regresar a casa para verlo, mientras yo me quedo de compras con Ivan o en el
mejor de los casos papá, pero solo cuando estamos cerca de Rusia. Por la mañana
nos vamos a Japón, allí daremos por iniciada oficialmente la gira de este año,
tenemos una serie de conciertos y entrevistas, creo que pasaremos allí dos o
tres semanas. Ivan se pone de pie para pedirnos silencio, entonces nos comunica
que a la gira debemos sumarle tres meses más a los 8 que tenemos agendados,
porque concertaron algunos conciertos en no sé donde; todos nos llenamos de
felicidad pero a Lena se le pasa rápido cuando recuerda que serán once meses
lejos de los brazos de su novio, la comprendo, pero no le doy consuelo, ella
sabe que no lo haré y de todos modos me mira para ver mi reacción, la ignoro y
me voy con Ivan a platicar, ella continua en su mundo personal, ese al cual no
le encuentro puerta de ingreso, piensa en lo difícil que será todo ese tiempo
sin él, en lo molestos que serán esos meses conmigo, en lo tedioso de largas
horas de trabajo y comentarios morbosos de Ivan… que lo piense, que lo imagine,
porque así será y lo sabe.
JAPÓN – JUEVES - 23:16 PM
El viaje ha sido terrible, toda esa gente esperándonos en el aeropuerto, y yo
tan cansada, agradezco que Ivan sea tan morboso porque al menos para estar cerca
de mi me dejó irme sin acusar recibo del aeropuerto, Lena se sumó a nosotros y
recién conseguimos llegar al hotel, otra vez a compartir el cuarto, de seguro
ella se sentará por largas horas junto al teléfono, llorará, reirá y al fin
cuando ya no tenga qué decir, me dejará avisarle a mi madre que estoy viva. Me
siento un rato con mis cosas en una pequeña mesita de la sala anterior al
cuarto, escucho música mientras comienzo a escribir un nuevo poema que bajo las
líneas le dedicaré, se me van los tiempos y mi vida es tan vacía, me siento
sumida en una oscuridad que me tambalea los sentidos, sé que si tuviera algo de
voluntad podría revertir toda esta pesadilla, pero no quiero hacerlo, quizás mis
constantes coqueteos y conquistas se deban al fallido intento de olvidarla, de
no amarla como lo hago, entonces me acuesto con uno, con otra… regreso al
cuarto, tomo un baño, me acuesto a su lado y le hago ver a mi manera lo perdida
que estoy sin ella… pero no es su culpa que mi mundo sea tan frívolo, fueron mis
decisiones equivocadas las que me trajeron a este continuo sube y baja que me
acorta la vida, todo ese alcohol, esa repulsión a la gente, esas trasnochadas
amanecidas en los brazos de quien no quiero saber el nombre. Y por las mañanas
leo los periódicos riendo, Yulia se acostó con el baterista, el bailarín, el
periodista, el conserje, el botones, el fanático, el productor, el secretario…
Yulia se emborrachó a un estado de inconciencia deplorable el pasado sábado en
un antro… Yulia crea disturbios en una discoteca… polémicas declaraciones de la
más joven de las t.A.T.u. … y vuelvo a reírme, pues algunas cosas son ciertas y
otras solo exageración.
Ahora la noticia de que Lena está muy enamorada de su novio, que no somos
lesbianas, que tuve una historia con Ivan y otras tantas, vuelven a surgir como
si no hubiera otro tema para debatir, presentamos hace algunas semanas nuestro
nuevo video de “Show me love”, y como buena rebelde acepté posar casi desnuda
para una revista de aquí, Lena no quiso hacerlo, dijo que no le hacía falta
mostrar nada para tener dinero, yo no lo hago por eso, lo hago porque tengo
ganas, porque se me antoja, y porque al fin y al cabo ella tiene razón… solo me
gusta llamar la atención. Por fin deja el bendito auricular, observó uno de mis
relojes, el que tengo con la hora de Moscú, entonces cojo el aparato para llamar
a mi madre, se alegra de escucharme, ya estoy empezando a extrañarla, me hace
falta, me gustaría decirle todo lo que callo, pero le haría mal, se supone que
soy una rebelde sin remedio, y le digo: “es solo una imagen, la prensa inventa
madre…”, cuando mis pensamientos saben cierto que voy cayendo en picada sin
remedio, entonces me aterra la idea de pensar que quizás algún día podré
terminar tirada en algún callejón, o enferma sin remedio, o sola, o lo peor… sin
Lena.
Hoy Lena volvió a despertarme a los gritos y sacudones, tengo fiebre otra vez,
se asustó cuando me vio tan pálida y sudada, no le dije nada, solo la mire para
darme la media vuelta y continuar durmiendo, se quejó a los gritos hasta que
llegó Ivan, entonces me aguanté la regañada, no es mi culpa, no salgo de marcha
hace mucho, no tomé frío, solo son estas estúpidas amígdalas que no me quiero
sacar, Lena vuelve a montar una escena cuando él me da el día libre y le dice
que las entrevistas las hará sola, se enoja conmigo y me insulta cuando él nos
deja a solas, irónicamente le digo que es una histérica y que se calle de una
buena vez, avienta la puerta del baño cuando se dirige a tomar una ducha, al
rato aparece, le hago creer que duermo entonces se acerca a mi para pedirme
disculpas y besarme la frente, se preocupa, lo sé porque la conozco demasiado,
quizás no me ame pero me quiere mucho, y nunca dejaría que me sucediera algo, a
mi me pasa igual, solo que yo aparento ser más superficial, yo soy lo de afuera
y ella lo de adentro, creo que por eso me enamoré de ella.
Cuando se va me remuerde la conciencia, siempre sucede lo mismo y la que trabaja
todo el día es ella; hoy ni siquiera regresó para almorzar, la agenda estaba
saturada así que comieron al paso, llegó a las siete de la noche, cansada, con
el semblante derrotado, yo ya había despertado hacía un par de horas, ahora me
platica sobre su día para luego preguntarme cómo estoy, le digo que me siento
muy bien, Ivan llega para repetir la misma pregunta, no vamos a cancelar el
concierto. Una vez en el estadio nos encerramos en los camerinos, estamos
ansiosas, ella está agotada entonces por primera vez en meses, me acerco a darle
un abrazo que la haga sentir mejor, a estas alturas ya no tenemos los ataques de
nervios de antes, pero de todos modos algunos permanecen, ella responde a mis
brazos suavemente, no la veo bien pero de seguro será por el largo día. Un
seguridad nos informa que ya debemos salir al escenario, me sube la fiebre en la
segunda canción, las tres primeras salen bien pero luego debo retirarme para
informar que me molesta la garganta, nadie me dice nada, solo me mandan de
vuelta entonces me las ingenio para descansar la voz unos minutos más, invito al
escenario a un muchacho, lo hago cantar y hacer estupideces qué contento acepta,
al rato continuamos nuestro show, me siento un poco mejor pero tengo el disco de
soporte por si se me quiebran las cuerdas a media canción. A los cuarenta
minutos del concierto, Lena se desplomó en el suelo, sobre las tablas, nadie se
dio cuenta, una de las bailarinas se acercó a nosotras cuando yo intentaba traer
a Lena de regreso de su inconsciencia, estaba pálida, estuvo desmayada por unos
minutos, largos, interminables, nadie nos ayudó, como pudimos la levantamos en
brazos para llevarla tras bastidores, no había ambulancia ni médicos, fue una
vergüenza, tuvimos que llevarla al hospital nosotros mismos.
Me asusté mucho, no es la primera vez que le sucede pero hoy tardó más de la
cuenta en recobrar la conciencia, siempre le toma 5 minutos y hoy fue casi una
media hora, los médicos dijeron que se debía al cansancio, uno me llamó aparte,
de seguro no sabe que no somos parejas y que lo nuestro es solo una imagen de
venta, entonces me dijo lo que yo imaginaba y que solo nosotras sabemos, otra
vez tiene anorexia, esa maldita idea de estar gorda, de querer rebajar cuando
sabe que no puede. El médico es amable y me invita a pasar al cuarto donde está
para verla primero, le agradezco y me sorprendo cuando me dice en el mismo tono
que utilizaría un abuelo compinche con el nieto en falta: “sé que no tienen una
relación de verdad, pero me gusta pensar que se aman y no lo confiesan… pasa, yo
le diré al Sr. Shapovalov…”. Cuando ingreso ella está despierta, me mira sin
gestos de alegría o de sorpresa, con el rostro inexpresivo, me acerco imitando
su frialdad:
-¿Cómo te sientes?
-Bien
-Te desmayaste de nuevo
-Lo dijo el médico
-Dijo que es por el cansancio
-Lo mismo de siempre
-Y que tienes anorexia otra vez…
* Lena agachó la mirada sin responder, ni siquiera una frase irónica o
sarcástica, solo me apartó la vista, me enojé, no por eso, sino porque me siento
impotente de estar tanto tiempo con ella y no darme cuenta de lo que hace, me
enojé porque no la ayudo como debería, porque no me deja que lo haga, porque
tengo miedo de perderla…
-¿Hasta cuando Lena? ¿hasta cuando vas a segguir con esta inmadurez de querer
bajar de peso? ¿Cuándo vas a darte cuenta que con la salud no se juega? ¿cuándo
vas a dejarte de pendejadas y vas a hacer las cosas como debe ser?
* Ella me interrumpió, sus palabras fueron hirientes, a nadie le gusta escuchar
la verdad
-No eres quien para decirme cómo debo hacer las cosas, tú menos que nadie, tú
que te revuelcas con cuando se mueve en el mundo y luego te embriagas hasta
perder noción del lugar en el que te encuentras… ahórrate Yulia, vete al
mismísimo infierno con tus estúpidos consejos, no vengas a hacerte la preocupada
conmigo, que te conozco de sobra para saber que te importa un demonio lo que me
suceda…
Sus palabras me estrangularon la voz en la garganta, no le respondí porque todo
lo que pudiera decirle le dejaría el sonido de la mentira en los oídos, así
fuera la verdad más grande de este mundo, me fui del cuarto, busqué al chofer y
me regresé al hotel, Ivan se quedó con ella, dijo que me llamaría en la mañana
cuando le dieran el alta, nos daría también el día libre… Me acosté sin pensar
en nada, me dormí minutos después, cuando desperté por la mañana una idea me
asaltó la ansiedad, mandé a pedir un ramo de rosas rojas, que las llevaran al
hotel con un poema de mis cuadernos, la misma firma anónima, eso la pondría más
contenta. Llegaron cerca del medio día, Lena traía en sus manos el ramo de rosas
rojas que no me enseñó, aún estaba molesta por lo sucedido en el hospital, al
verla venir me retiré del cuarto sin darle mucha importancia, el abismo entre
nosotras cada vez era más imponente. Estoy segura que lo primero que hizo fue
llamarlo a su novio, mientras yo me arrastro por los pasillos buscando quien me
haga sentir viva otra vez, enredándome en los brazos de alguien para darle una
falsa emoción al tiempo que atravieso sin realmente respirar, entonces el día se
me torna oscuro cuando encuentro una botella de vodka entre los bolsos de los
músicos, y me escabullo como una rata por las cañerías para beberla en el rincón
de mi propio abismo.
Regreso al cuarto por la tarde, Lena esta dormida y sobre la mesa de noche ha
dejado un recado para mi, antes de leerlo quiero imaginar que me pide disculpas,
que con su delicada caligrafía bordó en el papel un te quiero, pero al cogerlo
entre mis manos compruebo que solo es un mensaje de mi madre. Me acerco a ella
sigilosamente, para acariciarle los cabellos y propinarle un suave roce de
labios en la frente, el sabor de su piel me embriaga los sentidos, tengo otra
vez esa sensación desesperante de sentirme al borde de un barranco, con el
cuerpo amenazando por arrojarse al vacío. La quiero, me hace falta aquella niña
de rizos rojos que cuando vi por primera vez me acarició el alma con una
sonrisa, me hace falta su compañía infantil y su abrazo casi materno, su
felicidad es hoy una prioridad para mi… pero yo no hago más que destruir su
equilibrio, ese por el que tanto luchó y hoy se siente orgullosa, yo estoy más
que orgullosa de la mujer en que se convirtió, sé que debo dejarla ir porque
nunca podría ser más que su “inmadura compañera” de grupo, como siempre ha sido
y como siempre será.
Estaba agotada, me acosté en mi lado izquierdo de la cama, en el lado en
penumbras del cuarto, en la parte indiferente de la almohada y bajo la parte
fría de las cobijas; la observé por largos minutos que de haber podido hubiera
extendido hasta el último de mis días, lo intenté pero no pude evitar buscar su
calor, me acurruqué con la cabeza junto a su vientre, en la curva que formaba su
cuerpo angelical, su respiración caía suavemente sobre mi nuca, y el corazón me
saltó del pecho cuando sentí su mano enredando mis cabellos, despeinando mis
ideas, cubriéndome el alma de esa serenidad que solo ella es capaz de
transmitirme, y me dejé dominar por la dulzura de sus movimientos hasta que
finalmente me dormí. Desperté luego de que el sol hubo terminado su descenso, la
lejana luz del televisor me alumbró el rostro, me picaban los ojos en señal de
un mal descanso, tenía la cabeza sobre su pecho, alojada entre su hombro y su
cuello, mi brazo sujeto a su cintura y el suyo sosteniendo mi espalda, trazando
líneas sobre mi pijama, una y otra vez. Me moví lentamente aún presa del sueño,
con modorra y desperezando un bostezo, puse ahora mi mano sobre su vientre y
observé la pantalla, ella me habló tan suave que por un momento pensé estar en
el paraíso; preguntó cómo había dormido y hubiera deseado poder decirle que
mejor que nunca, me preguntó como me sentía y juro que quise decirle que me
sentía verdaderamente feliz, pero solo encontré un bien doble que salió de mis
labios sin sentimiento.
El teléfono sonó pero no atendí, solo tomé el aparato acercándoselo a Lena,
estaba convencida que sería su novio angustiado y preocupado otra vez, mientras
ellos platicaron abandoné la cama, pero estaba demasiado cansada como para
caminar hacia el cuarto de baño, me acosté en el sofá y caí en otro de mis
pesados sueños, algunos minutos después se acercó a mi, me susurró al oído la
pregunta de por qué, que no respondí por falta de energías, solo me puse de pie
haciéndole saber que no deseaba entablar una conversación más que con la
almohada, me dejó ir pero me detuve al escuchar un nuevo reproche; no quise
discutir, no quise pelear más ni causarle más problemas: “solo pensé que
querrías privacidad para hablar con él…”, le dije mientras me metía en la cama,
era cierto, pero en realidad yo no quería escucharla decirle cuánto lo ama.
Por la mañana temprano bajé a desayunar intentando ser silenciosa para no
despertarla, desayuné sola como rara vez lo hago, no tuve un motivo especial
para hacerlo, solo quería un poquito de calma y silencio a mi alrededor, me he
sentido en extremo aturdida en las últimas semanas. Casi una hora después la vi
aparecer por el corredor, yo leía una revista de chimentos donde enmarcaron su
comentario por mi ausencia en el festejo de su último cumpleaños, me sentí
pésimo, quizás debí haber echo a un lado mis caprichos y haberme acercado a
saludarla como debía; se sentó en mi mesa musitando un inaudible saludo, le di
lugar y estaba por levantarme en busca de la soledad de nuestro cuarto pero me
detuvo, mis esquivas se hicieron demasiado evidentes:
-¿Qué sucede Yulia?
-¿Porqué lo preguntas?
-Has estado evitándome…
-No, solo deseo estar sola
-¿Te sientes bien?
-Me has hecho la misma pregunta medio millónn de veces, y medio millón de veces
te he dicho que si… además si no estuviera bien no te lo diría a ti exactamente…
-¡Qué demonios te hice ahora!
-Disfruta tu desayuno…
Me fui sin decir más, nadie volteó a ver nuestro pequeño escándalo, ya todos se
acostumbraron a nuestras tontas discusiones, sé que se sorprendió por mi
respuesta, sabe que si hay algo que detesto es estar sola pero en verdad que me
hace falta, subí al cuarto y escribí una nota, rápida sin muchas explicaciones,
la metí entre su ropa, pensando que solo la encontraría si buscara una prenda y
así fue. Un par de horas después mientras me daba un baño la encontró, la leyó y
estoy segura que hasta lloró, pues cuando salí me encontré con sus ojos húmedos
y un semblante tan triste que me pregunté si había hecho lo correcto, pero no
dijo nada y yo tampoco hice comentario alguno; me mudé de ropas y me fui, otra
vez, lejos de su ausencia.
Trabajamos todo el bendito día, de un lado a otro sin descanso, Lena se veía mal
otra vez, así que le insistí a Ivan que la dejara regresar al hotel, ella no
sabe que le dieron la tarde libre gracias a mis “encantos”, tampoco quiero que
lo sepa, cuando terminé las entrevistas Ivan me dio unas horas para descansar,
regresé al cuarto, ella aún leía el libro que en secreto le obsequié, me dejé
caer sin fuerzas sobre la cama, me dormí, ella me cobijo unos minutos después,
al despertar ella no estaba. La muchacha que tenemos por asistente, que a veces
según las exigencias también es nuestra consejera personal y sobretodo nuestra
amiga, vino a verme, Lena estaba con Ivan en el entrepiso, preguntó por mi
salud, y luego fue directo al grano, Lena… me desahogué sin llorar pero fue
mejor que nada, me abrazó fuerte y por un momento sentí alivio en mi pecho.
Luego llegó la causa de mi actual depresión, entró como si nosotras no
estuviéramos, la asistente prefirió marcharse, yo deseaba que no me dejara sola
con ese monstruo decidido a aplastarme. El teléfono sonó y me sorprendí cuando
lo desconectó de la pared, me encontré perdida e indefensa frente a esa fiera a
punto de atacarme, no la vi molesta pero si decidida a enfrentarme, hablamos:
-¿Qué sucede?- Me dijo tiernamente mientras me invitaba a sentarme junto a ella
en la cama
-Nada Lena… lo siento, no debí haberte respoondido de ese modo en la mañana,
estaba algo molesta…- le dije al tiempo en que ella me sostenía las manos
-¿Qué sucede?- Volvió a preguntar, esta vez obligando a mis ojos a observarla
Me quedé en blanco, no pude articular ni media palabra, solo la miré, la miré
tan profundamente como mis ojos pudieron llegar, la observé como queriendo
decirle que la amaba pero en silencio, como queriendo pedirle un abrazo pero con
mis brazos quietos, como reclamando una caricia amistosa pero con el cuerpo
lejos, no pude entender la expresión de sus ojos, nunca la había visto de ese
modo, mordiéndose el labio inferior para no repetir la misma pregunta, con las
manos inquietas para evitar acariciarme, con los brazos atados para no
abrazarme… y se me quebró la vida en ese instante, en que mis ojos comenzaron a
enjuagar el barro de mi alma, un grito se zafó de mi corazón cuando mi llanto se
hizo intensamente doloroso, un lamento que nunca imaginé que podría llegar a
expulsar, lloré como cuando uno ve morir a quien ama, como cuando uno pierde el
alma y la vida se torna un pozo de agua estancada, me sostuvo entre sus brazos
intentando darle consuelo a mi tristeza, sentí húmeda la parte posterior de mi
cabeza y su pecho quebrado, lloré hasta que las lágrimas se rehusaron a
abandonarme, quizás ellas son las únicas que por momentos permanecen a mi lado,
cómo seré de despreciable que incluso hasta el aire quiere abandonarme…
Levantó mi barbilla para mirarme, no pude hacerlo, volvió a insistir entonces me
aferré a su pecho como suplicándole que me salvara, y en mi desesperación lo
dije, lo dije tan arrepentida y con tanto miedo que luego ella se echó a llorar,
le pedí que salvara mi vida de agujero negro en que estaba cayendo, que salvara
mi alma del infierno, que me salvara de mi aunque no lo mereciera, que me
ayudara a respirar porque me dolía el pecho para hacerlo, que le rogara a mi
corazón que siguiera latiendo porque yo podía sentirlo detenerse… “te quiero” me
dijo, me quiere pensé, te amo quise responder… pero callé, recordé esa vida que
tanto soñó y que a costas de sangre y sudor estaba consiguiendo, me acordé de
ese muchacho que tanto deja por ella, recordé esa familia que sueña con los
nietos, de esos amigos que esperan sus cartas, de esos sueños que nunca me
cuenta pero que sé le alimentan el alma… yo no tenía salvación, pero la amaba y
no iba a arrastrarla conmigo, eso no me lo perdonaría jamás. Hace tantos años
que nos conocemos, hace tanto tiempo que compartimos la vida como si fuéramos
solo una persona, y hace tan poco que damos a entender que nos odiamos cuando
tanto nos queremos, jamás pensé que pudiera existir un ser que sin egoísmo me
conociera tanto, nunca creí en la posibilidad de encontrar esa amiga que me
entendiera los silencios, y nunca, pero nunca, me creí capaz de dejar de lado mi
propia felicidad por la de alguien más.
Pero volvió a sorprenderme, a veces pienso que es ella quien conoce y yo quien
la desconozco, me lo dijo muy suavemente para que no saliera corriendo a
esconderme: “Voy a casarme…”, le escuché decir, se quedó esperando por mi
felicitación y mi abrazo, por la sonrisa que nunca dibujé, por el te quiero que
nunca respondí, y otra lágrima rodó por mi mejilla “¿Por qué lloras?” me dijo, y
yo pensé que lloraba porque con aquellas tres palabras comprendí que mi vida
había terminado, qué podía yo decirle, que lloraba de felicidad cuando fue la
lágrima más amarga de mi vida, que lloraba de alegría cuando el corazón se me
rompía en silencio, qué podía decirle… “No puedes…”, le respondí cuando logré
encontrar en mi garganta una partícula de voz, “no puedo…” dije la segunda vez
ante su asombro, entonces recapacité… “yo… deseo que seas verdaderamente feliz,
lo deseo desde aquí dentro, bien en lo profundo, porque te lo mereces Lena, tú
te mereces todo en esta vida y en las próximas, y me pone muy feliz saber que
has encontrado la parte restante de tu alma, espero que él abarque el talle
gatita, y que valore en extremo la mujer que tendrá al lado sosteniendo su mano
hasta el final de sus días…”, la abracé resignada a perderla para siempre, y me
fui del cuarto directo a la tumba.
Al llegar la hora de dormir, ni siquiera me atreví a mirarla, le di la espalda y
ocupé el último rincón de mi infierno, ella se acostó entrada la madrugada, dio
la noticia y todos salieron a festejar, yo inventé una excusa, dije que me
sentía mal, me quedé en el hotel. Desperté antes del amanecer, ella me observaba
con los ojos vidriosos, aún en las penumbras pude percibir esas gotas dulces
acariciando sus mejillas, le temblaban los labios, las manos y el alma entera,
la abracé sin preguntar el mal que le aquejaba, se aferró a mi con desesperación
y se echó a llorar, guardé silencio, no quería decirle nada pues recordaba que
yo no era quien para aconsejarle… permaneció entre mis brazos por un largo rato,
cuando estuvo más calmada le dije suavemente que sabía que no podía ayudarla
pero que al menos podía escucharla, quizás eso le haría bien… me miró
tristemente, pensando en lo que acababa de decirle “¿Por qué crees que no puedes
ayudarme?” le recordé lo que ella misma había dicho, pero no como un reclamo
sino como la verdad que era, si no podía salvarme yo tampoco podría salvarla a
ella… lo comprendió, pero sé que mi lejanía le duele. Han pasado ya tres horas,
he conseguido convencerla que dormir le haría mejor, no me dijo qué le sucedía,
quizás solo necesitaba llorar, como a veces me sucede a mi, pero la conozco, hay
algo que no se atreve a confesar y le está matando lentamente; de tanto en tanto
emite esporádicos suspiros a causa del llanto interrumpido, entonces con mi mano
acaricio suavemente la parte posterior de su cabeza consiguiendo que regrese a
la paz de su sueño, está aferrada a mi pecho como si alguien estuviera
persiguiendo su alma para hacerla prisionera, me gusta sentirla tan cerca,
descubro nuevas formas en sus cabellos, observo con detenimiento cada pequeño
detalle de su cuerpo, mientras pienso que vivir sin ella será lo más difícil que
me toque atravesar en mi vida.
He intentado desde su confesión, imaginarme los días sola entre tanta gente
yendo y viniendo, entre los vuelos al alba y las horas sin sueño, he intentando
duramente ubicarme en una situación que sé, sin ella no podría soportar, pero no
puedo… siento que muero junto a todas las esperanzas que desde hace mucho años
ella pintó en mi alma, siento que se me escapa el aliento cada vez que recuerdo
que no podré volver a sumergirme en sus labios, pero entonces lo que me agobia
no es la falta de su amor, sino la idea de saber que después de algún tiempo
inevitablemente el mundo que compartimos desaparecerá, se irá con su brillante
sonrisa y sus ojos de hada, se hundirá con esas lágrimas que derramó esta
madrugada sobre mi pecho, todo… simplemente me quedaré sola, sin oídos que
escuchen mis sonrisas, sin un corazón que comparta mi dolor, sin la mano que
sujete la mía ni los ojos ansiosos bailando en mis sueños. ¿Debo resignarme a
perderla? Nunca fue mía, y nunca lo será pero me consuela la sincera mirada que
tristemente me reprocha la distancia, me consuela la herida sonrisa que intenta
confesarme que me quiere cuando su garganta se ahoga en excusas. ¿Pelear por su
amor? Aunque ganara una batalla catastrófica jamás me entregaría su corazón, me
teme, sabe que soy tan inestable que incluso aunque la amara con todo lo poco
que soy terminaría por matar su espíritu… entonces ahora quiero simplemente
dormir, envuelta por sus brazos y cobijada por el aroma dulce de su piel, mañana
será otro día, y quizás pueda mudar de aires mis sensaciones.
Mañana con el ocaso, saldrá nuestro vuelo al próximo destino, no sé cuál será a
pesar de que Ivan y Lena me lo repitieron un millón de veces, tengo la mente en
blanco y me cuesta retener la información, estoy ahora sentada en un banco
frente a los barandales del balcón de nuestro cuarto, creo que son las siete de
la tarde, recién llegamos de una última entrevista y firma de autógrafos en un
centro comercial, estoy cansada pero quiero darme un momento más para pensar.
Ella está tan solo a unos cuantos pasos tras mi espalda, observándome,
preocupada, como intentando predecir mis actos sin mucho esfuerzo, aún no lo
comprende, piensa que solo estoy algo deprimida pero no se da cuenta que mi mal
no es ese, sino la certeza de saberme muerta en vida. Se acerca, sus pasos son
lentos, temerosos, me observa cuando llega junto a mi, la observó indiferente,
entonces se sienta a mi lado apoyando la cabeza sobre mi hombro derecho, admira
ahora conmigo el paisaje frente a nuestros ojos, no es el mejor pues las
interminable fila de grises edificios nos quitan gran parte del horizonte y del
cielo, me señala una estrella fugaz sonriendo mientras con prisa la busco en la
oscuridad, no la encuentro y bajo la mirada frustrada. Me habla, su voz es
angelical, calma, y cargada de melancolía:
-¿Te acuerdas cuando estábamos en Neposedi? Todavía recuerdo las mil travesuras
que hicimos en complicidad, cuando complotábamos en contra del profesor de canto
o cuando fastidiábamos al resto de los chicos… -suspira- ¿Y recuerdas aquella
vez que te expulsaron? Saliste gritando del salón de reuniones y mandando a
todos al demonio… extraño aquellas épocas Yul, cuando éramos amigas y siempre
acudías a mi con una aventura nueva, con una distinta locura o con un secreto…
me haces falta Volchise, y no puedo entender por qué continuas insistiendo en
apartarme de ti… -dijo casi en un susurro, y al borde de las lágrimas
-Lo siento Lena, lo que menos quiero es caussarte daño, por eso lo hago, porque
eso te alejo y me alejo al mismo tiempo, ya no soy quien solía ser, no puedo
recordar incluso quien era antes de todo esto…
-Yo sé quién eres, sé que solo finges, que ees una etapa que debes pasar, sé que
detrás de tus irónicos comentarios está mi mejor amiga, la que nunca me dejó
sola, la que siempre estuvo para sostenerme de la mano, la que me ayudó a creer
en mi misma y en el mundo que nos rodea, la que con sus locuras me invitó a
compartir su sueño… sé que en algún rincón de esta fachada estás como siempre,
ansiosa, atenta y pequeña, porque puedo ver la inocencia en tus ojos, sé que
tienes miedo…
-Tú crees saberlo todo, no me subestimes
>
-Y tú no me enfrentes, ¿por qué siempre quieeres enfrentarme? ¿Qué te he hecho
para que busques con tanto empeño el modo de lastimarme?
-Ve a estudiar psicología, te faltan muchos años para saber cómo es mi vida
realmente…
-Nuestras vidas son exactamente iguales
-No Lena, si prestaras más atención a lo quee sucede a tu alrededor en lugar de
pasar tantas horas al teléfono, no dirías semejante insensatez
-¿De qué hablas?
-Abre los ojos de una buena vez y averígualoo por ti misma, me cansé de ser tu
libro de consultas y tu paciente de turno…
-¡Vete al infierno Yulia!
-Gracias, pero ya estoy en él, si quieres puuedo darte un tour…
-¡A veces no sé cómo te soporto!
Se aleja otra vez enardecida, camina por el cuarto de un lado al otro intentando
perder el mal humor que le provoqué, yo continúo observando el cielo, quizás
tenga suerte y pueda pedirle a alguna estrella fugaz que me lleve con ella, que
me saque este dolor en medio del alma que se niega a abandonarme. Las horas se
pasan, afuera hace un poco de frío ahora, aquí dentro todo es cálido, Lena no
está, se ha ido hace algunas horas con Ivan, me siento a ver un poco de
televisión aunque no entiendo lo que hablan, prefiero el discman, él me
transporta al otro lado del abismo, donde mi vida no es tan miserable y las
tristezas no existen, allí donde Lena escribe su nombre en mi espalda, donde mis
besos no son venenosos y las palabras son honestas. Me recuesto sobre la cama
con los ojos cerrados, en penumbras, en silencio otra vez, pienso y me pierdo en
esos sueños que tan lejanos se me hacen, me duermo, estoy cansada, estoy
muriendo constantemente…
Alguien me sacude, “Yulia, Yulia despierta…”, escucho su voz junto a mi oído,
solo abro un ojo y la veo sentada junto a mi observándome, sonríe, me doy cuenta
que mi cuerpo atraviesa la cama de lado a lado no permitiéndole acostarse, me
incorporo lentamente quitándome los auriculares del discman, dejo el aparato en
la mesa de noche y me retiro “¿A dónde vas?”, me dice triste, “por un poco de
agua” es mi sola respuesta mientras desaparezco de su mirada tras la puerta del
servicio. A mi regreso ella ya se encuentra bajo las sábanas, me mira atenta
esperando por los movimientos que temo ejecutar, me acerco fríamente para
introducir mi cuerpo en la cama y mi mente en los sueños, continúa viéndome,
como esperando que diga algo, estiro mi mano y apago la luz del velador, le doy
la espalda y finjo dormir, minutos después la escucho sollozar, se me escapan un
par de lágrimas pero intento negarlas, muerdo mi labio inferior… “lo siento…”
digo sin voz para mi misma y finalmente me obligo a dormir.
******************************************************************
El vuelo hacia Alemania se me hizo interminable, pensé que jamás llegaríamos a
nuestro destino, ojalá hubiera sido de ese modo, el aeropuerto desbordaba de
gente gritando, con pancartas en alto, corriendo de lado a lado en la
desesperación por conseguir un autógrafo o una foto, por suerte Ivan nos sacó a
tiempo de aquella pesadilla, nos envió al hotel con Marina, una de nuestras
bailarinas que a veces nos acompaña de cerca cuando Vania no puede. Tengo un
leve dolor de cabeza y punzadas en el estómago a causa de la mala alimentación,
hoy tendremos el resto de la tarde libre pero mañana ya comenzarán las corridas
de siempre, cuando llegamos al hotel Vania me llamó al móvil para exigirle al
conserje un cuarto doble para nostras, me molesta que me obliguen a dormir con
ella, pero Ivan siempre está recordándome que somos un producto prefabricado y
debemos cumplir con la imagen que vendemos. Un botones sube mis maletas, Yulia
se queda junto a la mesa de admisión platicando con una muchacha, es tan de ella
andar coqueteando que a veces me da asco, insinuándose como si no tuviera amor
propio, Marina me informa que irá a descansar y recuerdo haber prometido a mi
novio un llamado, subo al cuarto apurada pero el ascensor es demasiado lento, al
fin me encuentro introduciendo la llave en el cerrojo, el aparato junto a la
cama como en cualquier hotel del mundo, cojo el auricular, marco el número y mi
rostro desencajado se vuelve en una mueca de pura felicidad y alegría.
Es extraño, cuando hablo con él pierdo total noción de tiempo y espacio, hasta
que Yulia interrumpe en el cuarto con su cara de molestia, aunque en estas
últimas semanas ha estado comportándose en extremo diferente, ya no tiene esos
rasgos duros en la mirada, ni busca incansablemente fastidiarme, ahora está más
calmada, seria y callada, si no la conociera diría que está deprimida, pero eso
es algo que no encaja con ella, solo está fingiendo como siempre lo hace,
alguien debe ocupar su mente y quiere hacerse la víctima para darle lástima, le
sale bien, yo siento pena por ella, aunque no la merezca. Ni bien cuelgo el
auricular se acerca al aparato para llamar a su madre, solo le toma cinco
minutos informarle dónde y cómo se encuentra, luego se muda de ropas para vestir
ahora su pijama; no hemos vuelto a dirigirnos la palabra luego de los
acontecimientos de Japón hace casi tres semanas, sus cambios de ánimos
constantes me desconciertan, sus enojos no suelen llegar a las cinco horas más o
menos, pero ahora lleva tiempo que ni siquiera me habla para preguntarme por
Ivan.
Sé que ha estado tomando clases de inglés, Vania le dio una terrible regañada
hace dos semanas y la puso de rodillas frente a un profesor particular, así que
en los ratos libres él viene a buscarla y su pesadilla comienza. Me causa gracia
ver cómo le cuesta aprender el idioma, si hubiera aceptado que yo le enseñara no
sufriría tanto, realmente se asusta cuando el profesor le pega con una vara en
medio del libro al notar que no presta atención, y se pone pálida cuando levanta
la voz enojado. Es mi culpa que esto haya sucedido, le expuse a Ivan que estaba
cansada de ser la traductora y quien diera todas las entrevistas en inglés, pero
nunca pensé que obligara a Yulia a hacer esto. Se sienta apoyando la espalda en
el respaldar de la cama, toma el control remoto de la Tv y pone dibujos
animados, no sé si hacerle compañía o dejarla sola, aunque la segunda sería más
saludable para mi… “puedes quedarte…”, articula sin apartar la mirada de la
pantalla, le sonrío, extrañaba su voz y por lo visto no está tan molesta
conmigo, me recuesto a su lado nerviosa, deseando que me diga aunque fuera una
tontería, pero no lo hace, solo mira la pantalla, como todos los días, y yo
permanezco en silencio intentando adivinar sus pensamientos, la miro, lo nota
pero no corresponde a mi gesto, tomo su mano con miedo, más que de costumbre, no
quiero que vuelva a rechazarme, por suerte no lo hace, su piel es tibia y suave,
doy un paso más y acerco mi cuerpo al suyo, tampoco se niega a mi intento por
atravesar el muro que ha levantado entre nosotras. Finalmente, después de unos
minutos de vacilación apoyo mi cabeza en su vientre, entonces acaricia mis
cabellos, juega con mis rizos como solía hacerlo años atrás, me gusta que me
abrace, me siento segura y protegida estando en sus brazos, a veces me preguntó
por qué ha cambiado tanto, en la facultad dicen que los grandes cambios de la
gente, cuando son para mal, es porque algo en la profundidad de su persona les
atormenta de sobremanera, o porque un terrible episodio de su vida les marcó la
existencia, pero no recuerdo que algo tan malo le haya sucedido a ella que
justifique su nueva personalidad.
La quiero, en efecto, la amo, pero es tan difícil confiar en ella, ha logrado
cubrir sus ojos con el manto de la duda, entonces ya no sé si es sincera o está
mintiendo, sus palabras son extrañas, nunca habla con firmeza, más bien todo lo
que dice son indirectas que nadie logra comprender. Su respiración es calma,
pero algo dentro de mi corazón me dice que tiene miedo, ella lo niega, pero las
caricias que le propina a mi cabeza están acompañadas por una inseguridad que no
logro identificar, le tiembla la mano cuando lo hace, levanto la mirada, sus
ojos azules están perdidos en los movimientos de sus dedos enredándose en mis
rizos, su rostro es inexpresivo, no logro percibir enojo, tristeza o alegría, la
siento lejana, demasiado lejos de mi y del mundo que nos rodea. Vuelvo a
sonreírle, “te quiero…”, le digo tan suave como puedo, entonces ahora me dirige
otra mirada impasible, me lastima pero no dejo de observarla, entrecierra los
ojos mostrándose agobiada, aún espero una respuesta aunque sé que no la habrá,
regreso la mirada a los dibujos animados mientras me queda el sabor amargo del
silencio en el alma.
Los días en Alemania fueron largos, siempre que estamos aquí trabajamos en
exceso, en un par de horas sale nuestro vuelo hacia Inglaterra, debemos cumplir
con la sesión de fotos para la Rolling Stone, estaremos allí algunas horas y
luego viajaremos rumbo a Francia, dos vuelos en un solo día, solo en esos tramos
podremos descansar porque el París nos espera una rueda de prensa por la noche,
un día de compromisos apretados y dos conciertos contiguos. En el aeropuerto,
Vania me habla de los horarios que debemos cumplir, siempre me dan las
indicaciones a mi porque Yulia no les hace caso, no la veo por ningún lado,
cuando pregunto Ivan me dice que fue a los servicios con nuestra asistente, y
Vania me está cansando, ni siquiera le pongo atención, no sé para qué se molesta
si la asistente es quien se encarga de llevarnos a nuestros compromisos. Casi
veinte minutos después aparece Yulia, se sienta al otro lado de la fila de
asientos de espera, Marina se sienta a mi lado, me entrega un paquete, otro
envuelto en papel madera con una pequeña tarjeta que dice “Para mi princesa de
rizos de fuego… tu ángel de la guarda”, reconozco la firma y la delicada
caligrafía, es de un admirador al cual desconozco pero que siempre me sorprende
con sus obsequios, Marina me informa que lo habían dejado en el hotel por la
mañana, que había olvidado entregármelo con el apuro del vuelo. Lo abro ansiosa,
no puedo esperar por saber qué me deparará al otro lado de la envoltura, cuando
al fin consigo retirar el papel, mis ojos se topan con un libro, cuyas tapas son
de cuero con esquineros de alpaca, no tiene título entonces busco en las
primeras hojas, otra historia de amor, me gusta la dedicatoria: “Esto te hará
olvidar las horas de viaje y la pesadez del trabajo, espero que te guste, sé que
así será… te quiere, tu ángel de la guarda…”.
Aún desconozco a este ser que con sus gestos me invita a sentir curiosidad por
saberle el nombre, siempre me envía detalles como este, desde hace mucho tiempo,
pero no sé si sería capaz de encontrarme con él, o ella, frente a frente, pues
se perdería la magia y me gusta pensar que en verdad es el ángel que vela mis
sueños. Es una persona de profundos sentimientos, sin duda debe gustarle la
literatura, pues de los casi 96 obsequios que he recibido en su nombre, 42 son
libros con fantásticas historias de amor, todas me gustaron pero en particular
una que aún no termino de leer, la recibí en Inglaterra hace algunas semanas,
antes de que le diéramos inicio a la gira de este año. El grito de Ivan me
altera, debemos abordar el avión, camino tras él pero me detengo al observar que
Yulia no escuchó el llamado, otra vez con su discman a todo volumen, le doy un
pequeño jalón en el brazo mientras le indico que debemos abordar, se pone de pie
y camina mirando las baldosas.
En Inglaterra ni siquiera hicimos un alto en algún hotel, en el edificio de la
revista donde hicimos la sesión de fotos y la entrevista, nos prepararon un
cuarto con un gran sillón para que descansáramos, nos ofrecieron los vestuarios
para tomar cada una un baño de agua tibia. La rutina es siempre la misma,
vestuario, maquillaje, fotos y entrevista, nos ocuparon 5 horas de agenda, el
vuelo próximo fue a las diez y media de la noche, esta vez preferí dormir hasta
el arribo, pero antes estuve observando a Yulia en silencio, jugaba con el
folleto que indica las situaciones de emergencia de los vuelos, hizo un pequeño
avioncito con el papel y me lo aventó sonriendo, le correspondí al gesto, y me
alegró mucho cuando me hizo un guiño cómplice antes de perder la mirada en la
ventanilla a su lado.
La rueda de prensa en París duró una hora, Ivan nos dejó retirarnos porque en
verdad estábamos agotadas, recién terminé de hablar con mi novio, la historia de
siempre se repite cuando Yulia le informa a su madre dónde estamos, pero me
preocupa, escucho cuando le dice que no ha estado sintiéndose bien en este día,
tiene otra vez una molestia en la garganta, aún no sé por qué se rehúsa a
operarse las amígdalas, eso nos ahorraría un millón de problemas y demandas. Al
colgar el teléfono toma de su equipaje el pijama, se introduce en la cama sin si
quiera desearme buenas noches, me acuesto a su lado y antes de acomodarme le
susurro un que descanses al oído, le doy la espalda e intento dormirme… lo
consigo sin dificultad. Abro los ojos, un movimiento brusco me despertó, aún es
de noche, miro hacia el lado izquierdo de la cama, Yulia tiene un sueño
intranquilo, de seguro una pesadilla; siento frío y me levanto en busca de una
cobija en el armario, enciendo la luz de la mesa de noche, Yulia está acurrucada
con la cabeza cerca de sus piernas, ella también siente el frío de la noche,
estiro la cobija sobre la cama y me acuesto, la miro, su frente brilla con la
débil luz del velador, acerco mi mano, está sudando, otra vez tiene fiebre… me
levanto nuevamente en busca de los remedios de su equipaje, voy por un poco de
agua al servicio, la despierto suavemente, aún está dormida pero toma la
pastilla y un trago de agua, me acuesto, apago la luz y minutos después la
siento a mi lado, buscando el calor de mi cuerpo, entonces estiro mi brazo en un
gesto cotidiano, levanta la cabeza y la acomoda sobre mi pecho, la arropo y
abrazo para finalmente regresar a mi sueño.
Despertamos cerca del medio día, Yulia ahora se siente mucho mejor que ayer por
la noche, desayunamos en el cuarto, le recordé a que debía tomar sus remedios,
me mandó al demonio como suele hacerlo pero los tomó durante el almuerzo, solo
lo hace para fastidiarme, ya me he acostumbrado a sus arranques matutinos.
Pasamos toda la tarde en el estadio, recibimos algunos periodistas entre los
ensayos y luego regresamos al hotel, Vania nos dio dos horas de descanso para
luego regresar a las nueve antes del concierto; en los vestuarios Yulia estuvo
silenciosa, se fue cuando mi celular comenzó a sonar, de seguro corriendo tras
algún bailarín o algún encargado del staff del estadio; luego vino a buscarme,
“ya es hora”, me dijo sonriendo… alguien habrá caído en sus redes. El concierto
fue lindo, la gente nos aplaudió mucho, se saben todas las canciones, tanto las
poquitas que cantamos en inglés como las que interpretamos en ruso, incluso,
hasta me sorprendí cuando cantamos “Melodía de amor”, una de las canciones del
disco que estamos por grabar, es increíble que la supieran, pero me gusta el
cariño de la gente, una a veces se acostumbra, pero no es lo mismo encontrarse
con un fan en la calle que verlo entusiasta en un concierto, eso en verdad es
magia, es algo que no se puede explicar con palabras, toda esa gente que a una
la conoce como de toda una vida y que una no logra diferenciar de los demás;
cada público es diferente, un mundo aparte, y cada concierto es especial, y
estoy agradecida por compartir esto con mi mejor amiga, aunque ahora sea para mi
una completa desconocida.
Estamos ahora en la última parada de Europa occidental, ya han pasado tres meses
desde el inicio de la gira, aún no puedo regresar a Moscú y no podré hacerlo
hasta dentro de tres meses más, estamos yendo hacia América, por primera vez
visitaremos el sur y luego el sector latino, para terminar en Estados Unidos y
Canadá. Estoy ansiosa, he visto algunos conciertos de otros artistas en
Latinoamérica, la gente es mucho más eufórica que la europea o la asiática,
espero que nos vaya bien, sería bueno conquistar también ese rincón del mundo
que tan lejos se encuentra de nuestra querida Siberia. A Yulia parece no
importarle, o quizás sea porque está cansada del bendito profesor de inglés que
no la deja sola ni un segundo, ya va por el tercer libro, se ve fastidiosa en
extremo, no puede disimularlo, suspira aliviada cuando Ivan le indica al
profesor que ya estuvo bien de estudios por hoy, entonces se sienta a mi lado
“¡Por fin” ¡Qué molesto que es ese tipo! ¡No lo soporto!” me dice quejándose, le
sonrió, ella también lo hace entonces me pregunta qué estoy leyendo, le muestro
la tapa y le comento que es la historia de un muchacho enamorado de una joven
quien ya le entregó su corazón a otro… me interrumpe, pregunta si puedo
prestárselo cuando termine de leerlo, la miro asombrada, a ella no le gusta la
literatura y mucho menos si habla de amor, pero me pone contenta, accedo a su
pedido, en algunos días más se lo daré complacida.
Vania acaba de informarme que pasaremos los siguientes dos días aquí en Miami,
bien merecido el descanso antes de embarcarnos rumbo a Brasil, es tarde y
estamos cansada, últimamente siempre estamos cansadas, quizás por las continuas
peleas entre ambas, por mi anorexia o su incasable fiebre, por la tensión en el
trabajo, por la amabilidad y felicidad fingidas, o simplemente porque estamos
cansadas de vivir la vida a las apuradas. Yulia salió de marcha con Marina y uno
de los guardias, seguramente llegará con los primeros rayos de sol embriagada,
yo prefiero quedarme a dormir un poco. Desperté asustada, el reloj marcaba las
cinco de la mañana, Yulia entró al cuarto azotando la puerta descompuesta por el
alcohol, estoy segura que lo mezcló con las pastillas que le recetó el médico,
no sería la primera vez… me pone mal verla en ese estado tan deplorable, siento
una terrible repulsión mientras la observo quitarse la ropa a duras penas para
acostarse, le doy la espalda acercándome más al borde de la cama, me descompone
el olor a alcohol que tiene, no quiero enojarme, no son horas para discutir
además se dormirá antes de que pueda mandarla al infierno, mejor me duermo.
Yulia despertó tarde, después de la hora del almuerzo, para ese tiempo yo estaba
con Marina y nuestra asistente en un centro comercial cercano al hotel,
estuvimos allí toda la mañana, finalmente decidimos almorzar en un restaurante
cercano a un pequeño parque; allá afuera hace mucho frío, la gente camina rápido
enfundada en sus trajes de invierno, por suerte, en Sudamérica para estas épocas
hace calor, ellos están en verano ahora, quizás pueda tomar algo de sol para
disimular la transparencia de mi piel. Regresamos al hotel cerca del anochecer,
fuimos al cine y luego a tomar un café por aquí cerca; Yulia estaba en el
cuarto, en cama, no debe haber podido recuperarse de la curda de anoche, entro
sin dirigirle la palabra, aún estoy molesta por su desconsideración, se alegra
cuando me ve aparecer pero de inmediato le demuestro mi enojo, retoma su
posición frente a la TV mientras deposito mis compras junto a mi equipaje, me
reclama no haberle avisado que saldríamos de compras cuando sé cuánto le gusta
hacerlo, le respondo que ella estaba demasiado inconsciente cuando me fui y que
en realidad, prefería cualquier cosa menos estar con ella, ahora me ataca en su
defensa, quiere lastimarme y sé que lo conseguirá, pero nunca lo sabrá. Se
alteró tanto que la dejé sola gritando en el cuarto para tomar un baño de tina,
me siento tan débil que temo dormirme bajo el agua, aún siento las punzadas en
mi cabeza reclamando la falta de alimentos en los últimos dos días, pero me
rehúso a probar bocado. Salí de la tina cuando el agua ya estuvo casi fría,
Yulia continuaba en la cama, con su pijama y el control de la TV entre las
manos, pero dormida, apagué el aparato y cogí el teléfono; hablé casi cuarenta
minutos otra vez, me acosté a su lado, ni siquiera me notó pero recordé que
haría frío, así que la desperté para que se metiera bajo las cobijas, lo hizo
sin protestar entonces me sentí libre para dormir por largas horas. Otra vez
despierto durante de la noche, al igual que en los últimos dos meses, esta vez
porque Yulia se apegó tanto a mi cuerpo que no puedo darme vuelta, enciendo la
luz para ir por un poco de agua al minibar, ella se acomoda de su lado de la
cama, me pone triste pues me hubiera gustado abrazarla esta noche, para mi
sorpresa cuando regreso a la cama, la escucho llamarme por mi apodo dulcemente,
la miro, sus ojitos están abiertos, no parece dormida pero no pronuncia palabra
alguna, tampoco sonríe pero yo sí lo hago, estiro mi brazo y se acomoda en mi
pecho como yo esperaba, me sujeta fuertemente de la cintura, acaricio su cabeza
y no sé cómo pasó, no sé qué estaba pensando cuando lo dije, ni qué me impulsó a
hacerlo… “te amo…” se me escapó por entremedio de los labios e inmediatamente al
notar mi descuido me espante, mis manos comienzan a temblar y siento un intenso
calor en mis mejillas, ella se incorpora bruscamente como intentando dar crédito
a lo que acaba de suceder, no sé qué hacer o decir, me pone cada vez más
nerviosa mirándome de esa manera tan inquisitiva, siento miedo por lo que pueda
llegar a hacer o decir, no sé si debo retractarme o dale explicaciones, separo
mis labios para hablar pero ningún sonido sale de mi garganta, me falta el aire
y ella no está ayudándome con mi problema, titubeo, se acerca para verme a los
ojos con más insistencia, con más intensidad observo que sus pupilas están
amplias, se mueve con lentitud y vuelvo a intentar decir algo, pero ella ya lo
pensó todo… sus labios acarician con extrema delicadeza los míos, nada parecido
al modo frente al mundo, su beso me sabe honesto, profundo y tierno, la humedad
de su boca me atemoriza, me acobardada tontamente, entonces puedo sentir como la
suavidad de su lengua intentan sin sonidos decirme algo al entreabrir con
cuidado mi boca, me pregunto si debo acceder a su dulce insistencia, vacilo unos
segundos y lo hago.
Mientras me besaba y me atrapaba en ese lugar que solo una vez me enseñó, sus
manos se encadenaron a mi cuello, yo no privé a las mías de sujetar su cintura,
el beso comienza a consumirme, me falta el aire y se me agita el pecho, siento
que quiere devorarme por la vehemencia con que muerde mis labios, emito un
pequeño gemido como pidiéndole espacio, se aleja de mi rostro con un suspiro
mediante, abro los ojos incrédula preguntándome qué es lo que acaba de suceder,
qué es lo que acabo de hacer si ella es mi mejor amiga, la amo, pero sé que ella
no me corresponde entonces intento darle una explicación, pero antes de poder
decir algo me detengo en su mirada, en penumbras logro encontrar ese pedacito de
cielo que hacía tanto tiempo había perdido de vista, sus gestos son inexpresivos
pero su mirada es intensa, profunda, puedo sentirla quemando mi alma e
incrustándose en medio de mi corazón, me siento ahora desprotegida por lo
inquisitivo de su gesto, ella guarda silencio sin saber aparentemente cómo
actuar, la miro con miedo, temor que no le pasa desapercibido, quiere decirme
algo, sus labios se abren y se cierran pero la media luz continúa en silencio,
entrecierro mis ojos para fijar la mirada por una milésima de segundo hacia el
otro lado del cuarto, lo pienso, me decido y regreso a sus ojos, entonces,
completamente insegura la tomo de la cintura una vez más para retomar el camino
hacia sus labios, ella también tiene miedo y vacilante me permite besarla,
siento agitados los latidos de mi corazón golpeando fuertemente mi pecho como si
quisiera abandonar su lugar, deslizo sigilosamente mis manos hacia sus caderas
para luego amarrarlas en su espalda, ella se ubica con cuidado sobre mi cuerpo,
avanzo sin dejar de lado el miedo de lo incierto para colar mis manos bajo sus
ropas y acariciar la bronceada piel de su espalda, las muevo lentamente desde
abajo hacia arriba abarcando cada rincón de ese sector de su cuerpo, sus labios
se deslizan por todo mi rostro, trazando desordenadas líneas sobre las pecas de
mi piel hasta llegar a la base de mi cuerpo, se detiene y entonces abro asustada
los ojos, no quiero que se aleje, me mira seria, como preguntando, y en mi
desesperación le suplico “no te alejes, te necesito… quédate conmigo Yul… por
favor…”, se sonríe, de un modo tan infantil que me inspira una absurda
seguridad, regresa a besarme mientras me aferro más y más a su espalda,
finalmente me animo a quitar la parte de la pijama que cubre el sector superior
de su cuerpo, me besa con desesperación al mismo tiempo en que sus manos se
deslizan por mis lados para retirar de mi pecho la ropa, ahora sus labios
recorren la piel de mis hombros, tórax y vientre, conduciéndome a un punto en
que ya casi no puedo respirar… de un momento a otro sin notarlo me encuentro
presa de su experiencia, no puedo localizar el punto exacto que con suavidad ha
encendido, pues puedo sentir el calor de su deseo eufórico quemándome el alma, y
pierdo notición de tiempo y espacio, y pierdo el orden de los pensamientos en mi
mente, solo escucho su voz tierna susurrándome al oído que me ama, que no quiere
perderme, que también me necesita con ella, y otra vez cuánto me ama, respondo
con las mismas palabras intentado pensar en otras que le transmitan lo que en
verdad ni yo puedo explicar, pero entonces comprendo que no necesito más que mi
piel reflejando la suya y mi corazón latiendo a la par del suyo para que sepa
cuánto la amo.
Ahora retomamos el silencio, el mejor compañero que hemos tenido siempre a pesar
de nuestras propias palabras, supongo que ambas estamos encontrando una
explicación lógica para lo que acaba de suceder, aunque nos abarca la certeza de
que la única explicación que existe es la necesidad de robarnos el alma sin
rendir cuentas, la desesperación de arrebatarnos los sentidos sin pensarlo, y el
intenso deseo de pertenecernos bien allí dentro donde guardamos el secreto y
bien allá fuera donde lo dejamos florecer; me acerco a ella que para coger el
aliento se tendió a mi lado, su brazo se aparta amigablemente para darle espacio
a mi cabeza sobre su pecho, sus delgados y largo dedos pasean por mi espalda,
puedo sentir como su corazón lentamente recupera su ritmo habitual, deposito mi
mano sobre su vientre y cojo profundamente el aliento para aspirar el aroma
suave de su piel, mi dedo índice comienza a trazar espirales alrededor de su
ombligo, jugando por el momento con el piercing que lo adorna, sonríe, le hago
cosquillas in intencionalmente, suspira una vez más y ello me suena a un gesto
sincero de satisfacción, no física sino sentimental, quizás se sienta triunfante
como yo y buscó en las sombras de la noche sus ojos azules, no hay muecas en su
rostro, solo esa mirada atravesándome el ama, tengo miedo, no sé qué decirle si
es que queda algo por decir, me da un beso suave sobre los labios, entrecerrando
los ojos para luego relamerse, “Pídeme que permanezca a tu lado, pídeme que te
ame cada día y cada noche hasta que ya no podamos diferenciar entre uno y otro,
pídeme que cuide de tu corazón y de tu alma… te lo suplico, solo dime que me
amas…”, dije en un susurro antes de que mi voz se quebrara en llanto, entonces
acaricia con el dorso de su mano mis mejillas y arrima un poco sus labios para
secar mis lágrimas, la beso con desesperación sin escuchar una respuesta
satisfactoria, vuelvo a mirarla, una lágrima encuentro ahora deslizándose por su
mejilla pero no la recojo, traga saliva, su orgullo también… “quédate conmigo
Lena, déjame amarte de verdad, solo tú eres capaz de darle un poco de
tranquilidad a mi alma, una sonrisa tuya vale para mi más que un nuevo día, no
dejes que siga hundiéndome en este abismo, no dejes que se me quiebre la vida
sin remedio… déjame estar contigo, no hay otra cosa que desee más en este mundo,
nunca lo hubo, ese es mi verdadero sueño, yo quiero estar junto a ti Lena… te
amo, de verdad que si…”, dijo llorando, y la besé, la besé hasta que no pude
respirar, hasta sentir su alma bajo mi piel, hasta que mi corazón se escondió
tras el suyo y no pude distinguir los latidos de uno y otro, y me aferré a su
cuerpo intentando retener en mi mente cada segundo de esa noche, esa primera
noche en que nos entregamos a la voluntad de cada una. Pero entonces, antes de
deslizarme en un profundo sueño la miré a los ojos, como si acabara de darme
cuenta de algo que antes no había notado, intenté encontrar una respuesta en sus
ojos para la pregunta que no me animaba a pronunciar, ella rió, rió tan
abiertamente que me contagió la expresión, reí tanto que finalmente terminé
sobándome el estómago, cuando conseguí calmarme volví a mirarla esperando por
una explicación: “Por un momento pensé que no lo recordarías… ja! Y tú pensabas
que era un “admirador” jajaja… ¿nunca te preguntaste cómo hacía para saber con
extraña exactitud cada paso que dabas, los vuelos, los hoteles, qué regalarte?
Jajaja Gatita, ¿quién más podría velar tus sueños sino la persona con quien cada
noche compartías el cuarto? Claro que era yo, siempre fui yo y siempre seré yo
tu ángel de la guarda…”, me dijo… sonreí antes de darle un beso y recordé:
Aquella tarde que peleamos en Japón, dejó una nota entre mis ropas, y no fue
hasta el día de hoy en que lo noté, Marina fue quien abrió mis ojos, al observar
el descuido de Yulia cuando escribió la nota con la misma delicada y fingida
caligrafía con que escribía mi “admirador estrella”, entonces busqué todo los
obsequios que recibí luego de abandonar Moscú, y todos me llevaron a su nombre,
junté cada pedacito de papel para formar un escrito que nunca antes había
notado, cada uno estaba relacionado al siguiente, y decía algo como esto:
No creo que con tus miedos me decepciones
Es tan humano andar con un mal de amores,
Pero lejos del punto que te confunde
Nunca podrás saber qué es lo que está mal.
Para entender mejor a tus sentimientos
No habrá mejor remedio que darles tiempo,
Sé que todo es difícil que tienes miedo
Deja también que sienta todo ese viendo.
Déjame estar... déjame estar...
Y lo mejor es que te quedes conmigo
Y lo mejor es que te quedes aquí,
suena mejor tu nombre junto al mío
no quiero que te vayas a arrepentir...
Déjame estar junto a ti, déjame estar junto a ti...
Yo quiero estar...
No se puede correr en dos direcciones
Mezclando sin saberlo varias razones,
Se parten cielo, el tiempo y los corazones
Es el sabor amargo de la verdad.
Camina lento que aquí nadie te apura
esto es una cornisa y hay mucha altura,
yo me muero de ganas de estar contigo
Ve por donde tú quieras que yo te sigo...
******************************************************************
La mañana está bastante cálida, no recuerdo realmente
que alguna vez en toda mi vida, haya pasado la noche entera con la ventana
abierta de par en par, ahora las cortinas se mecen de lado a lado junto con
aquella brisa que tímidamente irrumpe en nuestro cuarto de hotel; es raro que
haya despertado antes del medio día, supongo que será la emoción de encontrarnos
en este lugar tan lejano a nuestra querida Siberia, hace tres día que un vuelo
providente de Miami nos dejó en San Pablo, ayer dimos nuestro primer concierto,
ha sido magnífico encontrar entre el público carteles escritos en nuestro
idioma, aún no salimos de nuestro asombro, la gente conocía las letras en ruso,
aunque claro, con una pronunciación que por momentos me invitaba a reír, es
comprensible, aquí ellos hablan portugués, pero también tienen rastros de
italiano y español, Lena ha estado platicándome acerca de este lugar, en verdad
me gusta, entre otras cosas me platicó de la pobreza, de un barrio llamado “La
Fabela”, eso me ha puesto muy triste, esa gente que a veces no tiene un trozo de
pan que llevar a la mesa de sus hijos, me recordó la similar situación en Rusia,
preferí que me platicara de otras cosas.
Ivan y Vania nos prometieron libres del domingo y el lunes, hoy es jueves y no
puedo esperar por que lleguen, iremos a conocer Bahía antes de partir rumbo a
Perú, también aquí en Sudamérica; dicen que las playas de Bahía son las mejores
de Brasil, aquí están en el periodo de vacaciones de verano, es extraño, allá en
Europa para estas épocas se encuentran en vacaciones de invierno para trabajar
en verano, evidentemente aquí sucede todo lo contrario, entonces Lena me comenta
que los inviernos no son tan fríos, que el clima es tropical y que la gente se
toma estos días para disfrutar de sus vidas sin preocupaciones “Como en Ibiza
todo el año” me dice antes de acariciarme el cabello sonriéndome; me gusta estar
aquí con ella, la alberca del hotel nos ha estado llamando desde nuestro arribo,
le prometí que bajaríamos cerca del mediodía, me gusta cuando se recuesta a mi
lado rogándole al astro rey que le de un poco de color a su blanca piel, a mi me
gusta la palidez que la envuelve, y me sonrío al ver que solo consigue un ligero
tono rosado en sus mejillas, es inútil, nunca podrá broncearse en verdad.
Nuestra agenda dice que nos encontramos a mediados del octavo mes de nuestra
gira, luego de recorrer algunos países de aquí, iremos hacia el norte donde sí
hace frío, Estados Unidos y Canadá son nuestras últimas estaciones en esta parte
del mundo, luego regresamos a Europa, La República Checa, Polonia, algo rápido
por Suiza y Turquía finalmente, antes de regresar a Rusia donde daremos por
finalizado el tour para adentrarnos en la grabación del nuevo disco. Aún no sé
si estoy soñando o esto que nos sucede es una feliz realidad, recuerdo todavía
cuando hace algunos meses pensé que moriría de tristeza y desesperación,
entonces la vida me arrastró de un momento a otro hacia sus brazos, me gusta
saber que ese rincón de su alma me pertenece tanto como todo lo que ella misma
es, la observo con la cabeza apoyada sobre mi regazo, leyendo ese último libro
que hace un par de semanas le obsequié, acaricio sus rizos enredándolos entre
mis dedos, no puedo evitarlo, ella me provoca sensaciones que jamás pensé volver
a sentir. Hubo un momento en nuestras vidas en que tuvimos una relación de
verdad, como ahora, fue antes y durante el inicio de toda esta locura de imagen
prefabricada, para entonces estábamos completamente enamoradas pero luego, luego
nos acostumbramos a nosotras mismas, nos cansamos, nos fastidiaba estar todo el
tiempo de la mano, las discusiones y las peleas llegaron, llevándonos al final
de nuestro amor sin darle mucha importancia, nuestras vidas siguieron, algún
tiempo después ella conoció a su ex novio, y yo me perdí entre el alcohol y las
conquistas de medio tiempo.
Pero ahora, todo es tan diferente y tan nuevo que aún podemos sorprendernos,
quizás éramos muy pequeñas en aquel tiempo para llevar nuestra infantil relación
a la convivencia, claro está, que mediante un contrato se nos exigió convivir,
hubiéramos preferido de estar en nuestra manos, dejar que aquel enorme paso
llegara mucho tiempo después, sabíamos de ante mano que esto nos mataría el
amor, la paciencia. Hoy que hemos encontrado el camino de regreso sin saber
cómo, podemos compartir hasta las sombras e incluso esto parece ser muy poco, la
convivencia es excelente, los cambios son notables, no he sentido molestias en
mi garganta desde que ella cuida de mi por las noches, y he logrado convencerla
de seguir una buena dieta que no le dañe la salud, todavía debe recuperarse pero
no se opone, debí sumarme a sus verduras hervidas y otras tantas comidas de
dieta para que lo hiciera, soy tan débil cuando me suplica con esa carita de
ángel que me convence de inmediato, me agrada que lo haga porque luego me
recompensa con un profundo beso que me quita la respiración. La amo en verdad,
amo el gesto materno por las noches cuando me envuelve en un abrazo antes de
dormir, adoro descubrir por las mañanas la insistencia de su mirada observando
mi descanso ansiosa por mi despertar, me llena el corazón la manía contagiosa de
sus risas espontáneas, me agrada cuando me besa despacio para luego sonreírme
como aquella pequeña e inocente niña que alguna vez supo ser, amo todo de ella,
incluso adoro más los defectos que las virtudes, porque con ello me demuestra
que es tan humana como yo y aleja de mi mente la idea de que en algún rincón el
cielo se quebró y mi ángel cayó a mis brazos; la amo con tanta insistencia que
por momentos me siento vencida por ese sentimiento que no sé cómo expresar, me
faltan las palabras cuando deseo decirle que la amo y que sin ella no podría
volver a vivir… entonces me asalta la idea de reemplazar la garganta con la
piel, para camuflarme entre las formas de sus pecas, para pintarle caricias en
su vientre encendido y recorrer el atlas que me pertenece solo a mi, para
acercarme un poco más a su corazón y escuchar su pausado latir acelerándose tan
velozmente, para besar la sombra de su amor en el hueco que forman mis manos
cuando me permite quitarle la piel para unir nuestras almas, para dar un paseo
por esas curvas en las que pierdo el control por interminables lapsos, para
sucumbir ante su mirada felina, seductora desbordante de sentimientos que no se
pueden pronunciar, para pedirle a cada momento por un poco más de ese amor que
día a día ensancha de sobremanera mi alma y mi corazón, y pudo susurrarle en
silencio el deseo de pertenecernos en la intimidad de nuestras caricias, porque
soy tan suya como ella mía y el egoísmo queda de lado, vivo su vida cuando ella
recorre la mía, es su corazón el que habita mi pecho y mi alma quien se esconde
en su cuerpo, es simplemente ese mundo tan personal que inventamos cuando
estamos juntas, pera escondernos de las vicisitudes del tiempo que nos rodea y
amarnos sin explicaciones, ni excusas ni límites, y arrastrarnos en silencio al
amor que nos consume durante las noches y nos despierta en los días.
Ella salvó mi vida, aún cuando pensé que sería un imposible que pudiera alguien
sacarme del abismo, aún cuando tenía las esperanzas pendientes de un delgado
hilo descocido y sin rumbo, ella salvó mi alma de las hogueras de lo incierto,
de los infiernos, ella le regresó a mi corazón un latido calmo y sereno, le
devolvió a mis ojos el azul profundo que siempre estuvo con ella, me trajo de
vuelta ese aire que respiro cuando sé que es el aroma de su amor el que recorre
mi cuerpo. Me prometió que jamás me dejaría vagar otra vez cuesta abajo sin
rumbo fijo, que siempre tomaría mi mano para llevarme con ella, pidiéndome que
nunca dejara de amarla, que no permitiera que el silencio y la indiferencia me
ganaran otra vez, que no le abandona en su intento por devorarme los sentidos y
entregarme los suyos, y por supuesto, le prometí que la amaría hasta el último
de mis días, porque ella es la razón de cada uno de ellos, el motivo de cada
suspiro y cada vuelta de página en mi vida, es el sueño de ser feliz y acariciar
lo palpable de nuestra divina realidad, es la parte que al nacer le quitaron a
mi alma y que ahora se completa con cada minuto que el reloj marca, yo soy ella…
y ella es yo.
- Fin. -
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DE FANS PARA FANS Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia. Para cualquier aclaración ó duda: [email protected] |
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