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BrevePor: Nichya |
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Observé a través del cristal de la
ventana nuevamente, el vaho en la fina transparencia me obligó a pensar en las
bajas temperaturas de la calle, quizá eran más de las diez de la noche,
involuntariamente caminaba repetidas veces mis propios pasos desde la sala al
estudio y de regreso, el teléfono permanecía estático y con cada segundo que
pasaba mi pulso saltaba una décima por encima de lo normal. Ella había
telefoneado por la tarde, pasaría por mi apartamento cuando saliera de la
facultad, sin duda algo debía suceder para que acudiera a mi con tanta
desesperación, pues al juzgar por el ligero quiebre en su voz pude concluir que
había estado llorando, el sollozo propio de quien intenta ocultar de su
interlocutor la angustia que lo envuelve. Desde ese momento no he podido dejar
de pensar en ella, Yulia es una muchacha fuerte que bajo ningún punto de vista,
incluso ni siquiera en situaciones extremas, saca a relucir su vulnerabilidad,
tiene eso de orgullosa o quizá de temor que muchas veces le han reclamado, pero
en cambio, yo prefiero darle su tiempo, pues nadie me quita la idea de que es
una cuestión de confianza.
Fui hasta la cocina con intenciones de hervir un poco de agua, pensando que
debido a las reducidas temperaturas era muy posible que llegara con las
extremidades entumecidas, y justo en ese instante de distracción un ligero golpe
en la puerta me exigió detenerme para regresar hasta la sala. Cogí el picaporte
para encontrarme con una Yulia completamente abatida por la preocupación y la
angustia, aunque claro, su expresión más bien era derrotada y exhausta, ella
solo me sonrió débilmente mientras dejaba sobre el sofá su chaqueta negra y
algunas carpetas de la facultad. “¿Quieres un poco de té?” ofrecí deprisa al
notar las mejillas heladas al momento del saludo, asintió con la cabeza al mismo
tiempo en que tomaba asiento en la mesa de la sala. Hacía rato que yo vestía mi
pijama, y antes de preguntar le ofrecí una muda de ropa seca, pues aunque muchos
piensen lo contrario las brisas previas a la nevada siempre traen consigo restos
de la fina garúa que pronto se convierte en agua nieve, ella estaba mojada y
ciertamente, con sus extremidades ateridas.
Regresé a la sala aguardando por ella, aún se encontraba en el sanitario
cambiando su atuendo por el brindado anteriormente, cabizbaja tomó asiento junto
a mí y envolvió la taza de cerámica caliente con sus manos, dio un sorbo al té
de hierbas y luego me observó en silencio:
-¿Deseas hablar?- Pregunté con seguridad y un cierto gesto de complicidad
-Tuve un día terrible… no sabía a donde ir……- Respondió en un susurro,
evidentemente no deseaba contestar a mi pregunta y yo no insistiría
-Puedes quedarte aquí esta noche…- Dije tommando su mano -…o el tiempo que
desees…- terminé cogiendo mi taza para darle un trago luego de sonreír
-Gracias, en verdad deseo estar aquí contiggo…- Dijo luego de un suspiro pero sin
verme a los ojos
-Mírame… Yulia, mírame…- Dije acercándome aa ella sigilosamente
Alzó lánguidamente la mirada, la expresión de su rostro me hizo doler el alma
entera, sus pequeños ojitos estaban teñidos de un color rojizo, los labios le
temblaban y pronto la mirada se le tornó cristalina, acerqué hasta una de sus
mejillas mi mano derecha para acariciar la tersa piel de su rostro, aún estaba
fría y este gesto impensado le obligó a bajar la vista como si tuviera pavor de
llorar frente a mi, acto seguido arrimó su cuerpo al mío en un movimiento
rápido, sus brazos se enredaron detrás de mi cerviz, los míos presurosos se
encadenaron a su espalda en un intento por aliviar su desconsuelo. Su pecho se
quebró y me punzaron los oídos cuando escuché su llanto desesperado sobre mi
hombro, se aferró a mi como si esconder el rostro en mi pecho fuera un lenitivo
para su mal… “Lo siento Lena, he tenido un día terrible en verdad y solo quería
estar contigo esta noche mi amor, me has hecho falta en cada segundo desde la
mañana y me sentido en verdad solitaria…” decía entrecortadamente, intentando
ser clara al pronunciar cada palabra conciente del impedimento por el llanto,
entonces me sonreí comprendiendo que su pesar tenía remedio, la levanté en peso
dirigiendo mis pasos hacia la alcoba, frente al lecho prenda por prenda quité de
su cuerpo y le dejé recorrer mis rincones con la zozobra con que reclamaba las
caricias, pero entonces antes de permitirle tumbarme bajo su deseo me detuve a
observarla, en ese profundo mirar que siempre logra apartarme de la realidad en
la que vivimos… “te amo tanto…” susurró suavemente y fue allí que comprendí,
ella es mía tanto como yo le pertenezco, y la distancia cotidiana de aparente
indiferencia, nos prepara para suplicarnos el amor como quien acude al templo
más cercano en busca del perdón para sus pecados, su vida es difícil desde que
abandonó la casa de sus padres, y la mía lo es desde que le veo sufrir
incansablemente por la falta de tolerancia de estos, pero estamos juntas y a
pesar de las diferencias nos necesitamos y adoramos cuando las luces del cuarto
se consumen. Ella acude a mi en su desolación por incomprender la situación del
mundo actual, y yo acudo a ella en mi nostalgia por sentirla de a ratos cerca y
de a ratos dentro… “y yo te amo a ti pequeña…” le respondo justo antes de sentir
sus labios sellando los míos en un beso que me balancea de lo cierto a lo
increíble, pues a su lado todo es alterno y maravilloso aunque con el amanecer,
renazca la angustia de nuestro amor condenado a la certeza de sabernos fuera de
tiempo y espacio.
- Fin. -
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DE FANS PARA FANS Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia. Para cualquier aclaración ó duda: [email protected] |
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