Abre los Ojos

Por: Follen Kat

 

 

 

 

Yulia

 

Otra vez de día, abre los ojos y despierta, en el rincón de el techo, percibe una pequeña araña moviéndose, en otra época se hubiese sobresaltado por el animal, pero ahora no lo hace. Suspira hondamente y se levanta en total ausencia de pensamiento. Se siente muy sola, hace más de cinco meses que abandonó a Leonid, que desconsolado ya había dejado de buscarla. "Me ahogaba", piensa para justificarse ante el recuerdo de aquel buen hombre, que la adoraba y que habría dado todo por ella, entonces la culpabilidad la asalta al momento.

 

Porque no había podido corresponderle, muchas veces se preguntaba la razón de este impedimento, pero siempre terminaba respondiéndose lo mismo "... es un buen hombre, pero nada más". Entonces ante esta certeza, desesperadamente trataba de cooperar con la relación, engañándose a sí misma para obligarse a creer que Leonid era el hombre que el destino le tenía reservado. Pero al final, siempre la verdad de sus sentimientos, ruda y tajante salía a flote, no podía amarlo, sólo lo estaba lastimando y la culpa hizo que se desencadenase lo que se veía venir. Un rompimiento doloroso para los dos y el remordimiento sólo para ella.

 

Sentada en la cama, pasó su mano sobre la frente y se dio cuenta de que no tenía ningún motivo para levantarse esa mañana, pero debía hacerlo pues no podía ausentarse mas en el Ministerio, pues los despidos estaban a la orden del día. El gatito del calendario le indicaba que hoy era otra vez viernes. "Viernes..." ahogó un suspiro. El fin de semana estaba en puerta con sus noches de fiesta desenfrenada. Estaba cansada de los bares y discotecas, pero reconocía que siempre terminaba asistiendo a esos lugares, para callar a la soledad que le hablaba a gritos, y llenar aunque fuera momentáneamente, ese hueco instalado en su pecho.

 

Se daba cuenta que en las noches del fin de semana ella era otra, alguien totalmente desconocido, que no reconocía aunque se mirara de frente al espejo. Era en esas noches que se perdía por completo en la euforia del alcohol, en los ritmos violentos de la música o en los brazos de algún desconocido sin nombre ni recuerdos. Entonces llegaban las mañanas donde sentía el cuerpo dolorido y la agobiante sensación de la nada abarcando cada aspecto de su vida. Impotente lloraba entonces al reconocer que el miedo a la soledad, la impulsaba a salir todas esas noches en una búsqueda constante, de la que regresaba invariablemente derrotada, sintiendo que esto se había convertido ya, en un círculo vicioso que siempre prometía romper, pero en el que siempre volvía a caer.

 

Pero en este momento no quería seguir pensando en ello, debía arreglarse para seguir con la rutina de todos los días. Un trabajo que era un fastidio y en donde se sentía desperdiciada, pero también sabía que debía soportar, pues en éstos días de crisis era muy difícil encontrar trabajo, así que tenía que aguantar y esperar a que la situación mejorara un poco, para entonces buscar algo que llenara en mejores condiciones sus expectativas.

 

Sin darse cuenta ya se encontraba sentada frente a su escritorio, tenía la mente puesta en lugares lejanos, donde se mezclaban los anhelos con los recuerdos satisfactorios. El rumor de la gente laborando a su alrededor, hacía que sus sentidos se deslizaran en un somnoliento sopor, fue entonces que escucho muy lejana la voz de Alexandra, que pugnaba por traer de regreso a su cuerpo al pensamiento errante.- ¿Vas a ir esta noche?-, preguntaba ésta para recibir un monosílabo por respuesta. No la había visto sentarse frente a ella. -Sí esta noche, ¿irás?-, volvió a preguntar su compañera. -Mmm... No lo creo Alexa, estoy muy cansada- respondió con la verdad, se sentía agotada. - ¡Yulia Volkova, ya habíamos quedado!- la reprendió su amiga - Anda, no podemos faltar, además le prometí a una amiga que iríamos- Entonces la joven la miro con desapruebo para expresar -¿Porqué haces esto Alexia? Si tú fuiste la que se comprometió, entonces ve tú y no me incluyas sin antes preguntar-. Ante la ácida respuesta su amiga no sabía como reaccionar, pues Yulia no se negaba a asistir a una fiesta, sino al contrario, ella era siempre la que organizaba las mejores salidas, aquellas que terminaban con el amanecer y con las energías de todos. Ahora ella era quien se negaba a salir, algo debía estarle pasando.

 

- Anda, que te cuesta, vamos - insistió Alexia - aunque sea por un rato. También van a ir Domey, Marko y Yagor; sabes que Yagor te adora, sería muy cruel de tu parte dejarlo solito- concluyo su frase con una maliciosa mirada .

 

- Alexandra sabes que me molesta mucho que organices estos planes sin consultarme antes- respondió Yulia en tono de regaño, pero la aludida no la dejo concluir la frase mientras iba diciendo “bueno, entonces hazlo sólo por mí que tengo muchísimas ganas de ir, ¿si?, por favor”, le dirigía a Yulia una mirada suplicante y la mejor de sus sonrisas que sabía desarmaría las defensas de su amiga. - Sabes... a veces me chocas... - respondió Yulia ante el ataque, para esbozar una bonachona sonrisa - sabes perfectamente que cuando pides así las cosas, no me puedo negar.

 

Alexandra dio un pequeño saltito de gusto ante la respuesta y se dibujo en su rostro una expresión de triunfo ante su empresa, entusiasmada se levanto de su asiento y dio un pequeño beso en la mejilla a Yulia, quien aparentaba seguir molesta, pero en el fondo se sentía divertida por las artimañas de su amiga para conseguir que ella asistiera a bailar esa noche. Reconocía que Alexia era completamente encantadora cuando se lo proponía. Entonces pensó que quizás aquella noche, no sería como las demás, aquellas a las que le temía. -Anda vete ya - le dijo al darle una suave palmada en el hombro, para después reanudar su trabajo.

 

Al finalizar el día se despidió de Alexandra que le recordó que a las once se verían en el bar. "¿Paso por ti?"," No, allá nos vemos". Prefería llevar su vehículo, pues así se podría zafar fácilmente en el momento en que ella quisiera, sobre todo si las cosas se empezaban a poner desagradables.

 

 

Llegó a casa completamente agotada, desconocía la razón de aquel estado de desgaste que la aquejaba, pues en el Ministerio de Música su trabajo no le exigía tanto, como para estar así. Entonces se tiro pesadamente de espaldas en su cama, observó por un rato a la pequeña araña del techo, desempeñar su labor con exquisita eficiencia, quedándose momentos después profundamente dormida. Entonces empezó a soñar con gentes y caras conocidas; fue un sueño intranquilo, pues en éste sentía que todas éstas personas la miraban fijamente, algunas con curiosidad, otras con desprecio; el gesto de las segundas la hizo despertar sobresaltada. El desagradable malestar que siempre sentía cuando alguien la miraba fijamente, se manifestaba su sueño; en realidad no sabía el porqué de esto, pero últimamente el sueño se hacía cada vez más recurrente. Abrió los ojos para notar que el rosa crepuscular ya se pintaba sobre la ciudad, anunciando con sus colores, el irremediable paso a esta noche de viernes... A la que tanto temía.

 

Una sensación de premura la empezó a embargar, quería terminar de una vez con este viernes y la obligación impuesta por su amiga. Entonces como impulsada por un resorte, se incorporó del lecho para dirigirse hacia su guardarropa, de dónde extrajo unos pantalones negros, un top de similar color y la chaqueta de cuero que tanto le gustaba. Dejó la ropa sobre la cama y se metió al baño, automáticamente giró las llaves de la ducha para dejar correr el agua, hasta que el vapor caliente inundo por completo el lugar, llevándose en la niebla el implacable reflejo de su imagen en el espejo. Entró a la ducha dejando que el líquido la empapara por completo, por unos breves minutos dejó que el chorro del agua cayera a plomo sobre su cabeza, mientras ella inclinaba su vista hacia los azulejos del suelo. Entonces se dio un baño largo, sin percatarse de que el tiempo, como el agua, fluía deslizándose por el espacio; cuando el agua comenzó a perder su cálida temperatura, fue entonces que se percató que ya había pasado mucho tiempo desde que empezó a tomar ese baño. Rápidamente giro ambas llaves y se quedó inmóvil por un rato tomada de estas, como si con esta acción se sostuviera del perpetuo movimiento de este mundo. Inconscientemente estaba dilatando su partida.

 

Se vistió rápidamente, le quedaban dos horas aún, para terminar de arreglarse. Peinó cuidadosamente su cabello, para que éste adquiriera la apariencia de estar despeinado. Aplicó polvos de color sobre los párpados para destacar los de por sí hermosos ojos. Un toque de rubor, solo un toque y delinear con un purpúreo color los labios. Perfume en el cuello, pecho y muñecas. Listo, las llaves en la chaqueta, cerrar el departamento. “A ver que pasa” suspira no muy convencida al encender el motor de su automóvil.

  

 

Elena

 

Abre los ojos y deja escapar un sollozo de pena. Víctor se fue definitivamente el día anterior dejándola totalmente debatida. Hacía un mes exactamente que lo había descubierto en su cama con otra mujer, y ella, totalmente indigna había perdonado esta traición, pues Víctor era la razón total de su existencia, lo amaba con toda el alma hasta un punto ilógico, en donde ella era un pequeño asteroide girando en órbita de un gran astro, que terminaría por aplastarla con su atracción gravitatoria. Lo amaba, aún estando consiente de que él era un hombre profundamente invalidado para amar. No era la primera vez que lo sorprendía en algo así, pero el amor que por él sentía, cegaba su entendimiento, negando lo que a todas luces, era una declaración manifiesta del poco valor que ella representaba en la vida de éste hombre.

 

“Me voy... durante la semana recogeré mis cosas” fueron las únicas palabras que Víctor pronunció a inicios de esa semana. Elena no podía creer lo que estaba escuchando, entonces musitó casi en un hilo un “¿por qué?” que no fue respondido, pues a final de cuentas a él no le interesaba dar ninguna explicación de su abandono, sólo quería desaparecer de su vida. Entonces ella, humillándose al grado máximo le suplicó que se quedara, que ella bien sabía que no la amaba, pero que no la abandonara, pues la vida sin él no era nada. Víctor en silencio la escuchaba ausente mientras la observaba con total indiferencia, como quien mira en la calle a algún peatón desconocido. Entonces ella rompió en llanto cuando él se dio la media vuelta para salir de su vida.

 

Pero esa mañana al abrir los ojos, el abandono se le vino encima con un terrible peso. Se incorporó pesadamente de la cama y colocó el rostro entre las manos, sus palmas se humedecieron, pues lagrimas silenciosas habían comenzado a deslizarse por sobre sus mejillas. Secó con el dorso de la mano el camino húmedo que se había formado, mientras se dirigía hacia el baño pues debía arreglarse, ahora más que nunca debía trabajar para alejarse del recuerdo de Víctor. Ocupar el tiempo libre era una de las máximas que Lena siempre recomendaba a sus pacientes, pero ahora esas palabras parecían sin sentido y por fin descubrió el significado del rostro que algunos de ellos hacían cuando ella les salía con una frase así. Podía comprender entonces, que es muy fácil decir palabras de aliento cuando no se ha sufrido un abandono, entonces sus consejos y recomendaciones resonaban vacías en su mente. Qué equivocada estaba.

 

Salió de su departamento sin desayunar y con un gran pesar mordiéndole el alma. Se desplazaba hacia su automóvil con la mente revuelta y el espíritu sobrecargado, no deseaba ir a trabajar, pero quedarse en casa implicaba, que cada mínimo detalle le recordase a él, quería olvidarlo aunque combatirlo fuera sumamente doloroso. Al llegar al despacho, Saskia la esperaba “Buenos días Doctora” saludó, Lena respondió el saludo en un murmullo mientras entraba a su privado seguida por la asistente, que le indicaba el orden del día.

 

Entre la lista de pacientes que Saskia leía, se destaco un nombre, - ¿Alexandra Fakchia, le toca venir hoy?- preguntó, - No Doctora, pero pidió que se le adelantara la cita-, - Esa Alexia...- sonrió Lena con desgano- ahora que le sucederá- concluyó para darle algunas indicaciones a su secretaria. Momentos después se encontraba esperando a que llegase el primer paciente, y así transcurrió el día, un día en que ella no tenía el ánimo para escuchar problemas ajenos, que en comparación a los suyos, parecían mínimos, intrascendentes. Ahora ella era la que necesitaba ser escuchada, comprendida, confortada, pero debía seguir en su papel de escucha, pues sólo así podría olvidarse momentáneamente de Víctor.

 

- ¿Doctora?, ¿Se encuentra bien?- alcanzo a escuchar a Saskia, que se encontraba frente a ella con una carpeta en la mano y una expresión de preocupación. - Sí, gracias. Lo siento, ¿qué me decías?-, -¿Qué la señorita Fakchia está aquí- resspondió al ofrecer el expediente de Alexia, - Bien, dile que en unos minutos la recibo- expresó mientras entraba en el pequeño cuarto de baño del privado. Mientras lavaba sus manos observó su reflejo, tenía un aspecto terrible de naufragio, que gritaba a toda voz “estoy dolida”. Refrescó su rostro con un poco de agua, respiro hondo, volvió a mirar y pensó “ya basta”, mientras regresaba a su escritorio. Sobre él, el expediente de Alexia, una historia que conocía muy bien.

 

Alexandra Fakchia, chelista, hija menor de una familia de 5, todos músicos, padres ultra conservadores, empezó a asistir a su consulta hacía dos años atrás, conflictos de identidad sexual y crisis de aceptación entre otras cosas ya superadas. Ahora sus visitas ya no se relacionaban con la terapia, eran mas bien, visitas de una amiga. Alexia era la única que había traspasado la barrera paciente-terapista, que Lena por ética imponía en su práctica , considerando a ésta como una de sus pocas amigas.

 

-Mi querida loquera - enunció con una sonrisa Alexia al entrar

 

-Mi megalómana consentida - respondió Lena- ¿Qué te trae por aquí?

 

-Pues nada, tal parece que para hablar con mi mejor amiga, debo pagar por una consulta. O nunca estas, o no puedes atender el teléfono, entonces me dije “mi misma, si la montaña no va a Mahoma...”- expresó con sumo entusiasmo la joven

 

-Ay Alexia si te contara- dijo Lena con tristísima expresión- Víctor se fue- manifestó antes de romper en llanto. Alexandra nunca la había visto llorar, cosa que la sobresalto de inmediato, haciendo que se incorporase de su lugar para ofrecer un abrazo de consuelo.

 

- No llores mujer, no vale la pena - le decía mientras pasaba su mano por el rojo cabello- No quiero sonar cruel en este momento, pero hace mucho que te dije que algo así sucedería.

 

-Pero... ¿Por qué Alex?, ¿Por qué se fue?

 

-Porque es un patán que se acostumbró a recibir todo de ti sin dar nada a cambio

 

-Lo sé, soy una estúpida, es que lo amaba como no tienes una idea

 

- Discúlpame Elena, pero seamos sinceras. Quizá al principio sí lo amabas, pero ya al final no era amor, sino dependencia lo que tu sentías por él.

 

-No seas tan dura conmigo, aunque... tienes toda la razón

 

-Es la verdad, no te quiero lastimar, pero sabes que él nunca te amó

 

-Y ahora... ¿Qué voy a hacer?- exclamo la pelirroja en total desesperación

 

-¿Qué vas a hacer? Pues el mundo no se ha acabado porque este hombre se fue, ni el tiempo se ha detenido. Eres una mujer valiosísima como para que sufras por un insignificante tipo gris. Lo que debes, más bien, lo que vas a hacer es seguir viviendo, pues afuera hay más por alcanzar que la pobreza de amor en la que vivías. Agrádesele al ignorante de Víctor haberte dejado en libertad- concluyó Alexia mientras le sostenía el rostro con ambas manos- Así que mi querida amiga, debemos celebrar este extraordinariamente “feliz” acontecimiento.

 

-Celebrar, pero...

 

-Nada de peros, mañana viernes nos vamos de farra- la interrumpió tajante y continuo diciendo- invitaremos a Domey, a unos amigos y a Yulia, estés o no de acuerdo- terminó con una expresión imperativa que hizo reír de buena gana a Lena

 

-Muy bien, será como tu quieras                                      

 

-Entonces mañana paso por ti a las diez... Y cuidado me sales con algún pretexto- sentenció Alexia

 

-Estaré lista... Alexandra muchas gracias- expresó Lena con los ojos nuevamente enrazados en lagrimas

 

-No tienes nada que agradecer llorona- respondió la otra haciendo un guiño con los ojos- Entonces me despido, nos vemos mañana. ¡Ah! Por cierto luego le paso la cuenta de esta terapia a tu secretaria

 

- Vete ya, loca- respondió Lena de mejor humor.

 

 

Distraerse era una buena idea, además Alexia siempre comentaba lo divertidas que eran esas salidas de viernes por la noche. Irían Domey, la compañera de Alexia, unos amigos y la famosa Yulia, aquella amiga que Alex siempre mencionaba, y que por lo que platicaba, parecía ser muy interesante. Entonces suspiro hondamente y recapituló las palabras de su querida amiga, “eres una mujer muy valiosa” había dicho, ahora tendría que creerlo.

 

 

“The Full”

 

 

Alexia pasó puntual a recoger a Lena, Domey la acompañaba, se veían tan felices, que de momento Lena sintió algo de envidia, conocimiento que la dejó sorprendida, quizá era nostalgia por su perdido Víctor, sí, eso era, o quizá era algo más, indefinible en este momento. La joven condujo por rutas que Lena desconocía por completo, manejó hasta llegar al lugar llamado “The Full”, un sitio conocido por su ambiente de fiesta nocturna y la música frenética que retumbaba en el interior, en general, era el lugar de moda al momento. Afuera de éste se extendía una larga fila de personas que esperaban ansiosas por entrar.

 

Estacionaron el vehículo y descendieron las tres mujeres. La euforia de Alexia crecía al acercarse al lugar y en total excitación encontró entre la gente a Yulia, Marko y Yagor, que ya esperaban por ellas. Rápidas presentaciones entre ellos y entonces dirigirse hacia el acceso, dónde un hombre encargado de la seguridad preguntó si tenían reservación. Alexia respondió afirmativamente. Dentro los esperaba una mesa para seis, cerca de la pista de baile. “No está mal” pensó Lena sobre el lugar, mientras observaba con detenimiento a su alrededor. En ese momento sintió una mirada inquisitiva desde el otro lado de la mesa, le incomodó, pues ahora ella era el objeto de estudio y no la observadora. Entonces decidió repeler la agresión imaginaria, sosteniendo la mirada sobre esos ojos azules, que brillaban por el efecto de la luz negra, dándole un aspecto sobrenatural al rostro de Yulia. Lena nunca imaginó la respuesta de ésta al verse descubierta observándola. En el momento en que la pelirroja le devolvía retadora la mirada, Yulia empezó a curvar sus labios hasta formar una arrasadora sonrisa coqueta, que al instante desarmó a Elena. De haber habido luz natural en el recinto, todos hubieran podido notar que un escandaloso rubor cubría el rostro de Lena, no dejándole más opción que corresponder a aquella sonrisa con un gesto similar.

 

Rápidamente se terminó el primer servicio de vodka, y se pidió otra botella, todos a excepción de Yulia y Elena, bebían aceleradamente. Yulia no bebía por decisión propia, pues estaba combatiendo a sus demonios de la noche del viernes y Lena seguía con el mismo trago de hacía dos horas y media, no le gustaba beber. El transcurrir de la noche al unísono del vodka hizo que la alegre compañía del grupo se fuera disolviendo. El que más se afectaba siempre era Yagor, cuyos avances con Yulia siempre eran rechazados por ésta, y entonces bajo los efectos del alcohol, el sobrio muchacho encantador, se transformaba en un desagradable ser que le reprochaba a Yulia su falta de interés.

 

 

-¡Volkova!- gritó Yagor arrastrando ya la voz por el alcohol- ¡¿Por qué no bebes?!

 

-Esta noche no, Yagg, así estoy bien

 

-Anda Volkchise, bebe conmigo, yo te quiero, no me dejes beber solo- decía el joven trastabillando mientras trataba de abrazarla

 

-No quiero Yagor, entiende

 

- ¿Qué? Yulia Volkova no bebe con la plebe, o quizás no bebe con hombres

 

-Vete al carajo Yagor- dijo Yulia antes de levantarse, lo odiaba cuando se ponía así, por lo que decidió pararse a un lado de la barra, para no escuchar las idioteces que Yagor profería.

 

Lena observaba atenta la situación, casi de inmediato tomo partido por la joven, el hombre no debía hablarle así, si ella no quería beber, porqué obligarla. Desde la mesa podía mirar al la menuda figura en la barra, no se le veía contenta, su expresión era más bien taciturna, era como un pequeño animalito en medio del tráfico de la autopista. Viéndola así, no podía hacer concordar la imagen de Yulia que Alexia había implantado en su mente. Sintió compasión en ese momento, pero se vió sorprendida por Yulia mientras la miraba. Desde la barra ésta hizo un gesto simpático hacia la mesa, haciendo que Lena soltara la risa, Yulia imitaba a la perfección la cara de ahogado de Yagor, mientras hacia la pantomima del ahorcado al sacar la lengua. Lena continuaba riendo de la ocurrencia, entonces Yulia la invito con un ademán a unírsele en la barra. La pelirroja accedió, y quiso levantarse, pero una garra la detuvo por la muñeca, entonces sintió que esta mano la jalaba hacia abajo, atrayéndola a un desagradablemente ebrio Yagor, que con aliento oloroso a vodka preguntaba balbuceante mientras trataba torpemente de tomarla por la cintura...

 

-...y tu roja preciosa a donde vas

 

- Ahora vengo, voy a acompañar a Yulia un rato

 

-¡No!, con esa no- exclamó agresivo- quédate aquí conmigo, Lenita- agregó en tono dulzón mientras apretaba con fuerza la muñeca de la joven

 

-¡Déjame!- gimió Lena cuando el hombre intento besarla.

 

Yulia observaba toda la situación desde su lugar en la barra, e inmediatamente sintió que el coraje se rebosaba en su piel y con pasos largos se aproximó hasta la mesa en dónde Lena forcejeaba con Yagor. -¡Déjala!- grito fuerte, Lena la miró sorprendida, pero el hombre no la soltó. - A ti que te importa, lesbiana- respondió éste aflojando la presión sobre su presa. Entonces una Yulia furiosa propinó una patada al banco dónde estaba sentado Yagor, haciéndolo caer de espaldas, los demás que estaban ajenos a la situación, voltearon sorprendidos al ver al hombre tirado en el suelo mientras que Yulia le gritaba “No te voy a contestar nada Yagor, no eres tú ahora, y mañana te vas a arrepentir”. Mientras tanto Lena permanecía parada detrás de Yulia, no podía creer que una joven de apariencia tan débil pudiera ser tan fuerte.

 

 

 

-¿Estas bien?- escucho que Yulia le decía

 

-Sí, pero ya me quiero ir

 

- Okay, si quieres te llevo, yo también me quiero largar de este lugar

 

-Gracias

 

-Lena, lo siento muchísimo- expresó Alexia sinceramente

 

-No te preocupes Alex, nos vemos luego.- Afuera del lugar, el aire frío de la noche les recibió, dándoles un respiro de aquella situación tan desagradable

 

-¿En serio estas bien?

 

-Si, gracias Yulia, no imagine que las cosas se pusieran así

 

-No te preocupes, así es Yagor, el alcohol lo transforma- manifestaba Yulia mientras desactivaba la alarma de su automóvil. Ya dentro del vehículo expresó mientras extendía su mano a Lena - Ahora sin ruidos ni ebrios, soy Yulia Volkova Olegnovna- y sonrió encantadora, como horas antes, cuando fue descubierta mirando a Lena.

 

- Mucho gusto Yulia Volkova, yo soy Elena Katina Sergeevna- dijo la pelirroja al estrechar la mano extendida frente a ella. Ambas rieron el detalle, mientras que el automóvil se ponía en marcha.

 

 

 

De momento se sintió un silencio incómodo, el camino hacia la casa de Lena se hacía largo; dos perfectas desconocidas al interior de un vehículo, pero ambas curiosas por cada una; entonces simultáneamente ambas preguntaron algo.

 

-Perdón, decías-

 

-Lo siento, tú dime- Ambas rieron disipando la tensión

 

- Bueno, a que te dedicas Yulia

 

- Soy pianista, pero trabajo de docente en el Ministerio de Música y ¿tú?

 

- Psicoterapeuta

 

- Mmmm...

 

- O loquera, como diría Alexia, anda ríete- expreso la pelirroja con una sonrisa espectacular en el rostro

 

-¡Esa Alexa!- exclamó riendo Yulia- Entonces eres psicóloga

 

- Precisamente

 

- ¿Y que tal?

 

- Pues ves muchas cosas, el ser humano es una criatura muy compleja, todos los somos. Es por eso que hay ocasiones en que siento que de nada sirven todos mis conocimientos, pues cada caso es diferente, es decir único, y a cada caso hay que tratarle de diferente modo

 

- Mmm... es bueno saberlo, quizá algún día te consulte- dijo Yulia guiñando un ojo y concluyó - ¿Es aquí?.

 

- Si muchísimas gracias

 

-No hay porqué darlas

 

- Cómo que no. Gracias por todo, por traerme, por ayudarme esta noche

 

- No te preocupes Elena, fue un placer conocerte

 

- Bueno entonces, buenas noches y hasta luego Yulia- expresó Lena al momento en que se disponía a abandonar el vehículo

 

- Nos vemos, que descanses, buenas noches.

 

Lena se quedó parada en la acera, observando como Yulia ponía en marcha el motor, entonces inesperadamente le hizo señas para que se detuviera, aproximándose a la ventanilla del conductor saco de su bolso una tarjeta, "por si quieres ir a mi consulta" dijo al ofrecerla a la joven, que la miraba completamente extrañada

 

- Gracias, algún día te visitare por ahí- dijo Yulia sonriendo sin realmente saber que decir- Pero bueno, ahora si me tengo que ir

 

- Lo siento, no te detengo más, ve con cuidado

 

- Gracias, nos vemos.

 

- Adiós.- Musitó Lena al ver alejarse el automóvil.

 

Mientras iba subiendo en el ascensor hacia su departamento recapitulaba lo ocurrido esta noche, hasta la despedida de Yulia. Sintió un poco de vergüenza por su final impulso para detenerla, Víctor siempre decía que para ser psicóloga era muy impulsiva. Víctor... ahora su recuerdo se volvía una bola de nieve que estaba dispuesta a combatir, pues contrario a lo que pensó la pelirroja, pensar en él no le fue tan doloroso, se dio cuenta que se iba disolviendo ese sabor amargo que el abandono de Víctor le proveía. Alexandra tenia razón, afuera había todo un mundo de posibilidades.

 

El camino a casa se hacía eterno, Lena vivía en el lado opuesto a la ubicación del departamento de Yulia, que conducía por las silenciosas calles del Moscú nocturno. Muchas veces lo había hecho, manejar sola por la noche entre las avenidas de la ciudad, pero esta noche en realidad conducir era un placer, pues no lo hacia intoxicada, cómo las otras tantas veces en que no podía recordar ni como había llegado a su hogar; ahora manejaba sin prisa. Se sentía sumamente satisfecha, había ganado una pequeña batalla contra ella misma, al no dejarse arrastrar por sus demonios de la "noche del viernes".

 

Recordó el altercado con Yagor, sintió un leve escozor; no le herían las palabras del hombre, era más bien su actitud camaleónica bajo la influencia etílica, que en el fondo Yulia sospechaba oculta bajo la máscara de gentileza de Yagor. Eso era lo que realmente le molestaba de él, e insultarla de ese modo frente a todos, la había puesto furiosa, pero fue su impertinencia con Lena lo que la había desequilibrado. Esa joven no debía haber sufrido tan desagradable episodio, que en cierto grado la misma Yulia había provocado. Se veía que la pelirroja era buena persona y sintió vergüenza ajena cuando Yagor la intento besar. Si, ese había sido el motivo para defenderla, en ello pensaba cuando sin darse cuenta ya se hallaba estacionando su automóvil en las cocheras del edificio de departamentos. Con la luz del pasillo de acceso consulto su reloj, las tres menos diez marcaba y ella sin una pizca de sueño, se había acostumbrado a dormir muy poco. Ingresó a su departamento con un raro sentimiento de felicidad albergándose en su pecho.

 

Otro Día

 

 Los días pasaban sin detenerse, cuando una mañana al abrir los ojos, Yulia se dio cuenta de que estaba más sola que nunca. Este súbito conocimiento la sobresaltó, pues equivocadamente había confundido compañerismo con amistad, ahora intuía que aquellos que consideraba amigos, sólo eran compañeros de juerga, que por el momento permanecían distanciados gracias a su decisión de alejarse por un tiempo de los ambientes de fiesta. Entonces la incertidumbre atravesó su mente; era ella la que quizá tenía un problema, algo que la imposibilitaba para relacionarse de manera natural, que la estaba encerrando en sí misma. Algo que se estaba haciendo grande, dejándola inmóvil ante la apatía arraigada en su ser. La rutina la estaba matando con un lánguido sopor, que imparable avanzaba cada vez más, hasta casi dejarla por completo minada.

 

Así empezaba otro día, despertar, arreglarse y salir al trabajo, permanecer allí con la mente ausente, regresar a casa por la tarde y terminar el día mirando televisión con la sensación de estar acabada. Otro día que se acercaba a un invierno, que auguraba ser el más frío que ningún otro vivido por ella. Sintió frío y antes de salir de su casa vistió una chaqueta, aunque sabía que hacerlo no le quitaría la sensación helada que experimentaba, pues el frío se había instalado en su interior, mordiendo hambriento su débil ánimo. Pero aún así lo hizo y guardó sus llaves en uno de los bolsillos de la chaqueta negra de cuero, cerró la puerta tras de sí para salir a la calle. Afuera los primeros signos del naciente invierno se hacían patentes pues los árboles permanecían estáticos en su desnudez y un helado viento recorría las calles sin detenerse, despeinando su cabello.

 

Introdujo las manos en los bolsillos de la chamarra buscando algo de calor, entonces palpó junto a sus llaves un objeto que por su forma se le hizo extraño, lo extrajo para identificarlo. Una tarjeta. “P.S. Elena Katina Sergeevna”. Un asomo de entusiasmo brillo en su mente, era la tarjeta que Lena le había dado aquella noche; Elena, la joven encantadora que sólo había visto una vez, el último viernes que salió por la noche, hacia mas de tres meses. De momento recordó que aquella le había dicho que era psicoterapeuta, y pensó que quizás ella le pudiera ayudar, no con una terapia, sino por el simple hecho de que alguien la escuchara, necesitaba hablar desesperadamente, recuperarse a sí misma, interrumpir el ciclo que vivía con algo nuevo. “La llamaré esta tarde...” pensó al momento en que ponía en marcha su vehículo.

 

“Consultorio de la Doctora Katina...¿una cita? Permítame, el día de hoy a las 7 p.m. ¿su nombre?...” dijo la voz de su interlocutora en el otro extremo de la línea. Yulia colgó el auricular, le temblaban las piernas, buscar ayuda profesional era algo que debía haber hecho hacía algún tiempo, pero sólo hasta ahora cuando sentía que había tocado fondo, era que tenía el valor suficiente para hacerlo. Además sentía confianza siendo Lena mujer, pues consideraba que tal vez ella pudiese entender que era lo que le estaba sucediendo y pudiese entonces ayudarle.

 

La hora fijada se acercaba y una sensación inquietante la envolvía, estaba muy nerviosa; dos veces estuvo a punto de no presentarse y salir huyendo, pero se obligó a asistir. En el despacho la recibió la asistente de la doctora “en un momento la atiende” dijo. La joven ocupó un lugar en la sala de espera, los mullidos asientos del sofá la abrazaron, sobre las paredes se exponían imágenes de fotógrafos reconocidos, todas en blanco y negro sobre un fondo marrón que las hacía resaltar de manera extraordinaria, en el ambiente se deslizaban melodías, de esas que se escuchan en los elevadores de los edificios de oficinas y sobre el piso se extendía una tupida alfombra que amortiguaba el sonido de ir y venir de los pasos de la secretaria. Por un momento Yulia cerró los ojos y trato de recordar un ambiente similar a éste, en su memoria no pudo encontrar ninguna imagen que coincidiera con el lugar.

 

Entonces escuchó que la puerta del privado se abría, apareciendo una persona que salía despidiéndose mientras cerraba la puerta a sus espaldas. El corazón se aceleró en su pecho, era su turno, pues era muy diferente salir a bailar, que venir en plan de paciente con problemas emocionales. El timbre del teléfono la hizo saltar, -Señorita Volkova, puede pasar- escuchó. Todos los músculos del cuerpo se tensaron y se dio cuenta de que no estaba respirando, entonces inhaló profundamente y se levantó del asiento con dirección al privado. Al interior Lena le esperaba tras el escritorio

 

- ¡Yulia que sorpresa! - fue el recibimiento - Mi asistente dijo que estabas citada, pero hasta no ver...., bueno dime, que puedo hacer por ti -

 

- Pues este.. doctora, yo...-

 

- Disculpa que te interrumpa, pero prefiero que me digas por mi nombre y para que estés más cómoda toma asiento donde tu quieras.

 

 

El rostro de la joven se encendió en un suave rubor, obedeció a la terapista sentándose en uno de los sillones frente al escritorio. Lena se sentó a su lado, sabía que era importante infundir confianza en los pacientes y estando detrás de un escritorio no era la mejor forma de hacerlo. Yulia se inquietó con su presencia tan cercana, “Lena se ve espectacular” pensó en ese momento, entonces comenzó a relatar los motivos que la habían movido a pedir esta cita, su necesidad de hablar y la sensación de estarse perdiendo en un vacío. Mientras hablaba observo que la pelirroja tomaba rápidos apuntes en unas hojas de una carpeta que sostenía con el regazo, Yulia supuso que ése era el inicio de su expediente, entonces se dio cuenta de que con la mirada recorría la figura de la psicóloga sentada a su lado. Se veía muy bella, llevaba el cabello sujeto en un moño que dejaba escapar unos rizos traviesos que coquetos se posaban sobre sus hombros; vestía una sobria pero elegante blusa blanca y una falda de corte recto con una profunda abertura, que dejaba ver ese muslo blanquísimo cuando cruzaba la pierna. En el aire se percibía un cierto aroma a especias, que Yulia supuso quizás era el perfume que Lena usaba, extrañamente este olor sobrecargaba sus sentidos.

 

Al momento empezó experimentar una mezcla de sensaciones opuestas que rayaban entre la vergüenza y la excitación, le daba pena mirarla así, pero a la vez disfrutaba verla de reojo. Un encendido rojo se apodero de su rostro cuando se dio cuenta de que Lena la miraba divertida en su conspicua observación; nuevamente había sido descubierta, pero en ésta ocasión ella no tenía el control de la situación, pues estaba en los terrenos de la pelirroja. Entonces trató de concentrarse en su relato y continuo hablando sobre su sentir, hasta que el suave sonido de una alarma la detuvo.

 

- Lo siento, me extendí demasiado

 

- No te preocupes Yulia, eso es bueno, pero desgraciadamente tengo otro paciente. Quiero que vengas de nuevo, para que iniciemos unas dinámicas, pues esta primera sesión no tuve oportunidad de participar contigo, pero en la próxima trabajaremos juntas, ahora pasa con mi asistente para que te asigne una cita en una semana- dijo mientras la acompañaba a la puerta

 

- Está bien. Muchas gracias... es que en realidad no se que decir

 

- A ti por venir y no necesitas decir nada más, te entiendo perfectamente- concluyó Lena ofreciendo su mano en sincera despedida - cuídate nos vemos en una semana.

 

- Tú también, gracias, hasta luego.

 

 

Lena regresó a su privado, Saskia pasó al siguiente paciente y anotaba a Yulia en la agenda de citas cuando el teléfono empezó a timbrar, "... si doctora" afirmó, después colgó el auricular y terminó de anotar la cita. Entonces Yulia empezó a buscar en su bolso la cartera -¿Cuanto va a ser?- preguntó mientras extraía unos billetes. -Nada señorita-, -Pero cómo- respondió mmuy sorprendida la joven - Precisamente por eso llamó la doctora, y me encargó le dijera a usted que la espera la semana próxima, que no se preocupe por los honorarios-. Yulia no sabía como reaccionar, entonces se sintió profundamente apenada ¿Por qué no le había permitido pagar?, una pregunta que la perseguiría todo el tiempo.

 

 

Sesiones

 

 El invierno transcurría lentamente y las visitas al consultorio continuaban con la regularidad de una vez por semana, desarrollando un vínculo adictivo en ambas mujeres, pues Yulia, al igual que Alexandra hizo, estaba cruzando la frontera relación-paciente-terapista que Lena siempre imponía. Poco a poco en cada sesión se iban conociendo más, pues había ocasiones en que los papeles se invertían, siendo Lena quién recibía terapia y Yulia quién la otorgaba.

 

Dentro de su cuaderno de anotaciones Lena llevaba una relación de los progresos que su paciente hacía, eran lentos pero en cada nueva nota encontraba avances. En los apuntes se describía la aparente imposibilidad de Yulia por establecer una relación duradera, pues según las propias palabras de ésta, sus amores no sobrepasaban los seis meses, lapso en que las sensaciones de vacío volvían a ella con una fuerza singular. Lena suponía que el motivo principal de esta situación, era que la joven sentía miedo de sí misma, temor infundado, pues Lena consideraba que ésta poseía una personalidad impresiónate, pero que ella a todas luces desconocía. Ahora la tarea era que Yulia se convenciera de lo mucho que valía por sí misma, sólo entonces podría dejar atrás esa coraza en la que protegía a sus sentimientos.

 

Una tarde al final de una sesión Lena hizo una pequeña nota al calce de la hoja, "sumamente apasionada" escribió, habían estado hablando de un compañero de Yulia que había sido su pareja. Ella comentó que este hombre era delicado, casi femenino y relató sin ninguna inhibición todos los detalles de su relación con él; mientras Lena la escuchaba, empezó a percibir una sensación cálida que recorría su cuerpo a medida que el relato se hacía más intenso, hasta casi llegar a un punto en que dicha sensación se hacía placenteramente incómoda para la pelirroja. Yulia permanecía inconsciente del efecto que su historia producía en Lena y continuaba con su relato sin omitir ningún punto, mientras que su voz en momentos se vestía de un tono grave que rayaba en una sensualidad extrema, encendiendo los sentidos de su escucha. Cuando Yulia terminó de hablar encontró a Lena en una actitud muy extraña, con la respiración agitada y la voz entrecortada; le preguntó qué le sucedía, pero sólo recibió evasivas por respuesta y la impresión de que deseaba que la sesión terminase de una buena vez. No preguntó más. -Bueno... creo que por hoy es todo- musitó Lena, la joven de ojos azules asintió con la cabeza mirándola aún con duda, Lena estaba muy rara. Se despidió y salió del consultorio, a su vez con un anormal sentimiento invadiéndola.

 

Cuando Yulia abandonó el privado, la pelirroja rápidamente ingresó en el baño, se miró al espejo, su rostro estaba enrojecido; humedeció las manos para refrescar el cuello; las palabras de la pequeña joven la habían excitado, volvió a mirar su reflejo, su imagen sorprendida le decía: “¿Qué te pasa?”, entonces sonriendo empezó a analizarse. Ella era una criatura sensual que estaba pasando por un largo periodo de abstinencia, y naturalmente las charlas de este tipo disparaban las sensaciones en su piel, sí eso era. Pero porqué había sido precisamente la historia de Yulia la que había provocado este efecto; ella estaba habituada a escuchar de sus pacientes cosas similares, sin presentar ninguna reacción así, entonces pensó en Yulia y en el progreso de su tratamiento, inmediatamente supuso que esta reacción suya afectaría la confianza que había logrado establecer con ella. “mañana me disculpare” pensó mientras escribía la nota en el cuaderno de apuntes del expediente.

 

Al mirar por la ventana se podía preciar el lento descenso de los copos de nieve, que uno a uno se iban acumulando en una blanca alfombra por las calles. Ese día había amanecido particularmente frío pues la nevada había iniciado durante la madrugada y para el medio día aún continuaba con su caída. Cuando Yulia llegó del trabajo encontró que el acceso al edificio de departamentos se hallaba parcialmente obstruido por la nieve, situación normal a finales de Noviembre en Moscú; el sonido de risas calle abajo llamó poderosamente su atención, a unos doscientos metros de donde se encontraba, un grupo de niños disfrutaba del primer día de vacaciones de invierno, se encontraban forrados hasta la nariz en grandes abrigos. Hacía frío pero la energía de la infancia hacía que éstos no lo sintieran, el único rastro o signo que podía señalar la temperatura eran las rojas mejillas de los pequeños guerreros quemadas por el frío, bárbaros que ahora luchaban en una batalla blanca entre gritos y risas. La escena contagió a Yulia de su entusiasmo y continuó con su camino con pasos un poco vacilantes.

 

El departamento la recibió con un aire cálido, se sentía contenta, pues últimamente las cosas habían mejorado de manera notable, pensó en Lena, gracias a ella se sentía por primera vez en mucho tiempo tranquila, era como haber encontrado algo perdido tiempo atrás, algo que le hacía mucha falta, se había encontrado a sí misma y Lena había sido la pieza fundamental en este proceso. Pero algo en la sesión del día anterior la había inquietado, la actitud de la pelirroja no concordaba con su usual manera de ser, hasta en un momento le pareció a Yulia que ésta fue cortante “Quizá no debí contarle eso” pensó. Eran temas que ya habían tocado sin mayor problema, pero ahora parecía que había incomodado a su terapeuta con eso - A ver que pasa después - dijo al aire mientras preparaba una sopa caliente pues estaba especialmente hambrienta. Siempre en esta época del año se desataba en su persona un hambre voraz.

 

Se puso a tajar algunas papas y las colocó en un caso, después de agregarles algo de caldo, añadió unos trozos de carne y los sazonó con especias. Momentos después se liberaban aromáticas esencias que invadían el lugar, olía delicioso; preparó té, después sirvió la sopa en un cuenco - Como decía mi abuela “no hay como una buena sopa para entrar en calor”- dijo y se sentó a consumir su alimento. De momento se sintió un poco sola por lo que encendió el pequeño televisor que tenía en la cocina, aún las sensaciones que le producían el silencio era factores que debía superar. Entonces mientras comía el teléfono empezó a repicar, le extrañó pues no esperaba ninguna llamada, apuró el bocado que tenía en la boca y se levantó a contestar.

 

- Bueno - escuchó Lena la vocecilla del otro lado de la línea

 

- ¿Yulia?

 

- Si, quién habla.

 

- Hola soy Lena, cómo estás

 

- Bien gracias, pero que sorpresa que llames, pasa algo?

 

- No nada, sólo me preguntaba si tienes algo que hacer esta tarde

 

-Esta tarde? Pues nada en realidad porque preguntas

 

- Bueno es que e gustaría invitarte a tomar un café

 

- Un café? Con este clima, es que... está haciendo muchísimo frío y no quisiera salir, pero mejor te propongo otra cosa, porque no vienes a tomarlo aquí.

 

- Ay Yulia, no te molesto o interrumpo algo?

 

- De ninguna manera mujer, nada me daría más gusto que vinieras a visitarme

 

- Bueno entonces nos veremos ahí, nada más dime en cuanto tiempo te caigo.

 

- A la hora que tu quieras, te estaré esperando.

 

- Entonces en una hora será, en verdad no te interrumpo?

 

- No mujer, no te preocupes. Es mas... si te apuras, aún puedes acompañarme a comer

 

- Esta bien en un rato estoy contigo.

 

- Nos vemos entonces.

 

 Poco rato después Lena llegaba al departamento, se hallaba nerviosa pues era la primera vez que visitaba el hogar de Yulia, ahora era ella quién dudaba si estaba bien el verla afuera del ambiente controlado de su consultorio y en un ámbito más personal. Los latidos de su corazón ensordecían sus oídos cuando accionó el timbre del edificio. "En un momento bajo..." escuchó por el intercomunicador, el frío hacía que el mecanismo de la puerta de acceso se atorase, entonces Yulia bajaba a abrirle la puerta. Cuando lo hizo notó que Lena lucía muy pálida, afuera había empezado a nevar de nuevo haciendo que la temperatura exterior descendiera bruscamente casi de manera inmediata. Entonces besó las mejillas y las encontró heladas -¡Pasa, pasa que te congelas!- expresó con gran preocupación.

 

Una agradable sensación recorrió el cuerpo de la pelirroja al entrar al departamento, pues el lugar tenía una cálida temperatura, entonces se despojó del pesado abrigo, los guantes y el gorro que cubría su cabeza, dejando así que el rojo cabello se liberase de su atadura. Yulia le sirvió una taza de té a la que le agregó un poco de licor -Para que entres en calor- le dijo al ofrecerla, Lena empezó a beberla, en verdad le sentaba muy bien esa bebida, la necesitaba. Mientras lo hacía dio una rápida mirada por el lugar, le pareció muy interesante que tras la primera impresión, ahora el departamento le parecía muy grande, decorado con un gusto exquisito que a todas luces gritaba Yulia en cada detalle. -Déjame que te muestre mi guarida- manifestó orgullosa la propietaria al observar la curiosa expresión en el rostro de la otra, entonces tomándola de la mano la condujo por el lugar.

 

"...como verás el lugar no es muy grande, pero considero que es suficiente para mí, sala y comedor ya las conoces, ahora ven, mira tengo dos habitaciones pero una la utilizo como estudio, ahí tengo mi piano y una pila enorme de papeles y apuntes de mis alumnos del Ministerio, ahora ésta es mi recamara, es mas pequeña que la otra habitación, pero me encanta pues tiene una vista estupenda del parquecito, por eso la escogí, además el baño se comunica con ambos espacios y no hay necesidad de salir al baño del pasillo. Ahora te mostraré un territorio que no domino muy bien, pues te darás cuenta de ello al ver que está casi inexplorado... La cocina, sí aquí la tienes, es que no la utilizo mucho, pero no me muero de hambre y el agua no se me quema. Pues bien mujer, aquí termina la vuelta por este mi palacio"

 

- Es encantadora tu "guarida"- expresó sinceramente Lena - Y... hace mucho que vives aquí

 

-Pues desde que vivo sola, que será unos cuatro años, pero pasemos a la sala para estar más cómodas.

 

 Así lo hicieron, Lena había traído consigo una botella de un exótico licor fabricado con granos de café, deliciosa herencia de tierras sudamericanas, de selvas, montañas y calor. Yulia bromeó sobre el origen de la bebida y agradeció el presente mientras servía dos en dos pequeños vasos, después coloco una charola con galletitas de semilla de amapola, que por extraño que parezca formaban la combinación ideal. Mientras bebieron, platicaron, pero cuando se hubo terminado el primer vaso de licor, se desató un incómodo silencio que ninguna de las dos atinaba cómo deshacer, hasta que por fin fue Lena, quién se decidió a hacerlo.

 

-Yulia, te preguntarás por qué he venido, más aún después de mi actitud de ayer durante la sesión. Necesitaba darte una explicación...

 

-No te preocupes- la interrumpió- yo entiendo, no tienes nada que explicar, además es sumamente halagador que me hayas visitado. Sólo espero que esta visita no sea "visita de doctor"- respondió riendo Yulia.

 

Lena se sobresaltaba cada vez que Yulia reía, pues tenía una risa limpia, sincera y contagiosa, que desgraciadamente se escapaba de sus labios, pero cuando lo hacía, el sonido cantarino que se producía invadía por completo los sentidos de las personas que la escuchaban, moviéndolas a reír con ella.

 

Así pasaron una velada estupenda pues ya no existía más la barrera paciente-terapista, en dónde hablaron de todo, desde temas sin importancia, hasta las grandes disertaciones del pensamiento abstracto. Fue una charla que fácilmente podía superar cualquier número de horas en terapia en un consultorio, pues ahora era la confianza de una amistad total la que hablaba. Pero como todo en esta visa, se llegó el tiempo de la despedida por esta vez, sin darse cuenta ya pasaba de la media noche, lo habían pasado excelente.

 

  

Ventisca

  

Entonces Lena se despidió, Yulia la acompañó a la calle; afuera la nevada se había convertido en una ventisca, que arrojaba en fuertes ráfagas de viento, gran cantidad de nieve. -No te puedes ir así- grito Yulia pues el viento ahogaba su voz - Quédate esta noche, es peligroso que manejes con este tiempo. Lena aceptó, su amiga tenía razón, no se podía conducir en una noche cómo ésta, quizá por la mañana el temporal hubiese amainado, entonces regresaron al calor del departamento.

 

Tiritaban de frío, los pocos minutos que pasaron afuera fueron suficientes para que sus cuerpos buscaran desesperadamente calor en un temblor involuntario. Adentro era la gloria y regresaron rápidamente al licor de café para renovar la energía perdida. Se llegó la hora de dormir, Yulia facilitó un pijama muy holgado a Lena y vistió el propio, después realizó la rutina de todos los días, revisión de puertas, lavado de cara y dientes. Hacía mucho frió a pesar de que la calefacción central se hallaba trabajando a su máxima capacidad, entonces buscó en un armario aquella piel de oso, recuerdo de una época pasada y legado de su abuela.

 

A Lena le pareció muy cómica la escena, una diminuta Yulia cubierta por una enorme piel de oso, que aún estando, doblada se arrastraba a sus pies, - Verás que delicia- dijo la joven al colocar la piel sobre la cama a manera de cobertor. La frase sacudió a Lena, sabía que era imperativo que durmiesen juntas para conservar el calor, pero aún así un trazo de nerviosismo cruzo por su mente. Se metieron en la cama, apagaron las luces y por unos minutos más continuaron las risillas, provocadas por algún comentario jocoso. Terminando al final con un “buenas noches, que descanses... tú también, hasta mañana”. El cansancio de un día agitado las vencía en un sueño tranquilo, mientras afuera el viento helado silbaba por las calles.

 

Fue durante la madrugada que Lena despertó sobresaltada, se había obligado a despertar tras un sueño inquietante; pequeñas gotas de sudor se habían formado sobre su frente; a su lado yacía dormida Yulia, acurrucada junto a su cuerpo. Las mantas que la cubrían se habían deslizado de la cama. La joven se levantó de la cama para reacomodar los cobertores, arropando a la durmiente, que al sentir el calor de las frazadas relajó su cuerpo, entonces Lena se aseguro que no se volvieran a deslizar.

 

Cuando se volvió a recostar el corazón seguía acelerado por el sueño que la había despertado. No era que hubiese sido uno malo o alguna pesadilla, sino por el contrario lo que la había sacudido era que había sido demasiado real y en extremo placentero. Soñó que en un recinto en semipenumbras, una chispeante mirada de un azul intenso la observaba con detenimiento, en ese momento no podía identificar al dueño de aquellos ojos que no perdían un solo detalle de su persona. Ella se encontraba completamente desnuda y desesperadamente trataba de cubrirse con las manos por pudor, “porqué te cubres si eres hermosa”, escucho en su sueño a esa voz tan familiar mientras que la penumbra se iba disolviendo en una claridad deslumbrante. Cuando sus ojos se ajustaron a esa brillantez entonces pudo descubrir a quién la miraba, era Yulia, que como ella se encontraba desnuda también y se aproximaba en silencio con una mirada por demás seductora. Cuando estuvo frente a ella, con el dorso de la mano empezó a acariciar la barbilla, el cuello y los hombros, mientras que la piel de Lena en su sueño, se erizaba respondiendo a aquel magnífico toque. Yulia continuaba con su descenso en caída libre por el cuerpo de la pelirroja que trataba de controlar la respiración inútilmente pues todo su cuerpo vibraba con cada toque. Entonces Yulia acercaba su rostro al de ella y con los labios rozaba apenas los suyos mientras juntaba su cuerpo al suyo cada vez más, el sueño era tan vívido que podía percibir el tibio calor de la piel de Yulia fundiéndose con la suya y una sensación de calor que se desprendía desde su entrepierna, subiendo por todos lados, embargando por entero todos los sentidos. Entonces en el sueño, Yulia la miraba fijamente a los ojos para después besarla, en un beso húmedo y profundo, de esos en donde se entrega el alma y se pierde por completo la noción de ser uno mismo, pues en ese beso no eran dos personas, sino una sola fusionada. Después con sus manos, Yulia buscaba en su piel, enredaba los dedos entre el rojo cabello y con la yema de los dedos trazaba táctiles arabescos en su cuerpo. Lena sentía tal placer en su sueño que pronto las notas orgásmicas se estaban alcanzando, fue en ese momento que despertó con el cuerpo tenso de deseo y el alma sobresaltada.

 

Yulia dormía acurrucada a su lado con esa indefensa apariencia y con frío, de ningún modo se parecía a la Yulia de su sueño, pero también sabía que esta imagen podía ser engañosa, solo era la fiera dormida la que veía. Entonces Elena sintió vergüenza de sus instintos, antes que nada Yulia era su amiga y también su paciente “fue el vino”, se justifico falsamente para negar que realmente se estaban desatando en ella sentimientos hasta entonces desconocidos. Mientras los latidos recuperaban lentamente su ritmo, Lena quiso dejar de pensar dejándose adormecer por el sonido de un suave rumor producido por la respiración pausada de su compañera de lecho. Así durmió el resto de la madrugada, en ausencia de sueños.

 

Por la mañana despertó, a su lado ya no se encontraba Yulia, pero el aroma de café recién hecho se colaba a la habitación desde la cocina. Se desperezó en un fuerte estiramiento, a pesar de todo había dormido muy bien, entonces se levanto para cambiar su atuendo por el que había vestido el día anterior. Después el olor del café la guiaría hasta la cocina, donde Yulia preparaba un sencillo desayuno: pan tostado untado con mantequilla y jalea, rebanadas de queso frutas secas y café

 

- Hey, buenos días - saludo a la recién llegada - ¿Qué tal dormiste?

 

- Bien gracias- respondió desviando la mirada hacia una ventana, no podía verla a los ojos, no después de ese sueño - ¿Dejó de nevar?

 

- Si, calculo que fue durante la madrugada, porque las barre nieves trabajan desde hace un buen rato, y ya lograron despejar la calle- informaba Yulia mientras le servia una taza de humeante café

 

- Gracias, lo necesitaba- exclamó Lena - y.. tu ¿qué tal, como dormiste?

 

- ¡Cómo nunca, mujer!, dormí, sólo eso desde que me acosté hasta en la mañana, tenía mucho tiempo de no poder dormir así, muchas horas corridas- expresó Yulia con una sonrisa en el rostro que hizo sonrojar a Lena de sólo mirarla, pues la pequeña había amanecido especialmente hermosa.

 

- Yulia...quisiera agradecerte tu hospitalidad

 

- Nada mujer, no podía permitir que te fueras anoche, era peligroso y no me perdonaría si algo te hubiese pasado por no detenerte

 

- Bueno pero de todos modos muchas gracias, pocas personas hacen lo que tú

 

- Ya sabes, por eso somos amigas- dijo Yulia extendiendo su mano hacia la pelirroja, que la tomó y sin poderse reprimir dio un abrazo a la menuda joven, que de momento se sorprendió ante el gesto, no lo esperaba, pero casi de inmediato correspondió al mismo. “muchas gracias, mi querida amiga” musitó Lena al oído de Yulia, que experimentaba un sacudimiento con aquellas palabras tan cercanas a su piel y tan cargadas de tanto sentimiento. El abrazo duro pocos segundos pero ambas sintieron que éste se había prolongado por una eternidad, inconscientemente ninguna de las dos se quería separar de los brazos de la otra, entonces un falso prejuicio las hizo soltarse, las mejillas de ambas rebosaban de un rosa encantador, y risillas nerviosas ocuparon el lugar del silencio.

 

- Bueno Yulia, creo que ya es tiempo de irme - comentó Lena cuando las risas cesaron - sino nunca lo haré

 

- Esta bien, te acompaño a tu coche.

 

Juegos

  

Afuera el resplandor del sol sobre la nieve, otorgaba una claridad exagerada a las calles, hacía frío pero era soportable, nada en comparación a la temperatura de la noche anterior, ahora la vía estaba despejada y sobre las aceras se acumulaban blancos montículos dejados por la acción de las barredoras a su paso por las nevadas calles. Yulia acompañó a Lena hasta su vehículo, entre las dos retiraban la capa de nieve que que tenía el capó y el parabrisas; mientras lo hacían Yulia formó entre sus manos una pequeña bola y juguetonamente la lanzó a los pies de la pelirroja que contraatacó divertida, desatándose entre ellas una guerra de lanzamientos fallidos y persecuciones fingidas, eran dos chiquillas disfrutando de los placeres invernales, una perseguía y otra huía invirtiéndose a cada tanto los papeles.

 

Cuando fue el turno de Lena de ser perseguida, fue alcanzada por Yulia, que con el impulso de la carrera, derribo a la pelirroja. Ambas cayeron sobre la nieve y entre gritos y risas empezaron a forcejear. A Lena le parecía increíble que Yulia fuese tan fuerte a pesar de ser mas pequeña que ella; la tenía aprisionada de espaldas contra el suelo, se había montado a horcajadas sobre ella y la sostenía fuertemente de las manos, inutilizando cualquier intento de Lena por moverse. Entonces por un momento Yulia, la pudo observar fijamente al rostro. Su cabello rojo contrastaba de manera impresionante con el blanco del suelo, las mejillas se coloreaban por el esfuerzo, los ojos se hallaban entrecerrados con una expresión divertida y los labios rojos dejaban ver en una sonrisa aquellos dientes perfectos. En ese instante un pensamiento se cruzó por la mente de Yulia, deseaba intensamente besarla, no podía detenerse, sólo cuando estuvo a pocos centímetros de su rostro se detuvo.

 

Lena estaba por completo sorprendida, pues estando sujeta por Yulia había podido ver cómo la expresión en el rostro de la joven se transformaba de un infantil juguetón a uno más serio y arrollador, similar al de su sueño. Cuando vio que ésta aproximaba sus labios, deseó intensamente besarla, entonces su cerebro le ordenaba al cuerpo que luchase por liberarse, pero este se negaba a obedecer, la piel deseaba ese beso que Yulia no se atrevió a dar. Ambas se quedaron en silencio, mirándose sin moverse; depredador y presa capturadas en un lapso de espacio - tiempo suspendido.

 

Se miraban con los ojos muy abiertos, con sorpresa en los rostros -Yulia... yo... tengo que irme - casi susurró Lena, ésta inmediatamente la soltó para incorporarse y le ayudo a la pelirroja a levantarse. -Lo siento- murmuró a media voz, se encontraba sumamente pálida, el corazón latía furioso en el pecho y tuvo que hacer gran acopio de fuerza, pues las piernas le temblaban, era como si de repente éstas se hubiesen vuelto de lana y no pudieran sostener su peso. En silencio se dirigieron hacia el coche "¿te veré en consulta?"preguntó la pelirroja - yo te llamó- contestó la joven en completo estado de confusión. Elena besó ambas mejillas en señal de despedida, Yulia permaneció inmóvil viendo como el vehículo se alejaba por la calle, en su mente se entretejía una maraña de sentimientos.

 

"Qué está pasando" pensaba Lena mientras conducía su automóvil por el nevado Moscú; un remolino de ideas atormentaban su mente, era acaso verdad que Yulia estuvo a punto de besarla, o sólo era una predisposición de ella a imaginar, por el sueño que había tenido, lo cierto era que a últimas fechas no dejaba de pensar en ella y se descubría deseando que llegase el día de su sesión semanal sólo para verla. Era una extraña inquietud la que experimentaba, una mezcla de emociones encontradas que bien la podían llevar de la risa al llanto dos vueltas y de regreso, tenía temor de aceptar que la palabra que rondaba necia en su mente, era la que por completo podía definir lo que estaba sintiendo. No estaba bien o eso creía, sentía que había llegado demasiado lejos; sabía que Yulia confiaba enteramente en ella, pero cómo era que se estaba generando esto, si hasta ahora ella había estado siempre segura de sus preferencias, por qué sentía que todas sus convicciones se hallaban revolucionadas por completo.

 

Súbitamente tuvo que accionar con fuerza los frenos de su vehículo; éste se deslizó descontrolado por la avenida, frente a ella se encontraba la caja de un camión averiado parado a no más de doscientos metros, al cuál se acercaba peligrosamente. Sin tiempo de pensarlo giró con todas sus fuerzas el volante del auto, cambiando la dirección de éste en sólo unos cuantos grados, suficientes para esquivar apenas por unos metros el transporte detenido e ir a parar contra un banco de nieve acumulado a un lado del camino. Cuando el coche estuvo inmóvil se miró asustada al retrovisor, estaba lívida, sus manos aún permanecían aferradas fuertemente al volante, inmediatamente sintió una náusea terrible que la obligo a salir rápidamente del vehículo. Poco faltó para que devolviera todo el contenido de su estómago, pero el aire frío calmó el impulso, entonces lloró, no por el susto de casi haberse accidentado seriamente, sino por la certeza de lo que había descubierto. Amaba a Yulia y no podía negárselo más a su corazón.

 

Después que hubo descargado toda la tensión que tenía con el llanto, se sintió un poco más ligera, ahora tenía que revisar si su automóvil presentaba algún daño, sólo se había roto una mica de los faros de dirección, era nada, considerando que de haber pasado a mayores, el vehículo hubiese quedado destrozado y ella muerta en en interior. Cuando ingresó de nuevo para ponerse en marcha le dolía muchísimo el hombro derecho, el esfuerzo por controlar el carro había sido muy fuerte, entonces era un verdadero tormento accionar la palanca de cambios, haciendo que el camino a casa se hiciera eterno. Al llegar se comunico con su secretaria "Saskia, hola, hablo para que canceles todas las citas de hoy, tuve un accidente... Sí, en este momento voy al hospital para que me revisen... no, estoy bien, no es nada grave... yo te llamo mañana, si gracias, adiós".

 

El dolor se hacía peor cuando iba de camino a la sala de urgencias, al punto de dejarle inmóvil por completo el brazo; estando en el hospital le pidieron que se desnudara el torso, entonces pudo ver como su hombro lucía deformado por la dislocación de los huesos en la articulación. No había fracturas pero la lesión era extremadamente dolorosa, así lo supo cuando los médicos volvieron a colocar en su lugar su hombro, haciendo que gritara con todas sus fuerzas, pues en ese instante preciso el dolor había sido mas intenso que durante toda la travesía desde el accidente hasta el hospital. Casi de inmediato sintió un leve alivio, después la revisaron de pies a cabeza, aparte del hombro y un hematoma en el rostro, no presentaba otras lesiones. Salió de la sala con un cabestrillo sosteniendo su brazo, gran cantidad de medicamentos y el alma estrujada.

 

  

Abre los ojos

  

Al regresar a su departamento Yulia intentó evadirse de las imágenes que giraban en su memoria; compulsivamente lavo los trastos, limpio y sacudió el lugar, por último se sentó frente al piano en el estudio a revisar una composición que permanecía inconclusa hacía tiempo. Era inútil, Lena permanecía grabada con fuego en su ser, no podía dejar de ver esos ojos verdes que la miraban con asombro, aquellos que se entrecerraron al momento en que ella la iba a besar; estaba casi segura de que Lena quería recibir ese beso, el corazón se lo decía, éste no le podía mentir. Quizá estaba equivocada y había equivocado lo que sentía por la pelirroja, quizá sólo era admiración o gratitud lo que sentía, pero no, por primera vez en su vida sabía con plena certeza, no tenía dudas, había abierto los ojos los ojos de su alma, era amor lo que sentía, no más. Mientras esto pensaba, con desgano pulsaba al azahar algunas teclas en el piano, casi podía escuchar a su conciencia gritándole, ordenándole que llamase a Lena, que hablara con ella, que no perdiera la oportunidad, que no tuviera miedo.

 

Entonces con decisión tomo el teléfono a su lado, marcó el número que tantas veces había pulsado, conforme los tonos de la llamada se hacían oír, su corazón se aceleraba en vertiginosos latidos, no había vuelta atrás, era tiempo ya. "Consultorio de la Doctora Katina" escuchó la familiar voz de Saskia al teléfono.

 

-Hola habla Yulia Volkova, me comunicas con la doctora

 

- En este momento no se encuentra, si usted gusta puede dejarle un mensaje

 

- ¿Tardará en llegar? - preguntó ansiosa la joven

 

- Lo que pasa es que hace un rato se comunicó para avisar que había tenido un accidente y que iba de camino al hospital.

 

- ¡¿Accidente?!, Cuando, que pasó- casi gritó Yulia- en que hospital está

 

- No dijo, pero supongo que es la clínica Nieyev, es dónde siempre se atiende, pero dijo que no...- no pudo completar su frase pues Yulia ya había cortado la comunicación y salía como un suspiro del departamento.

 

Cuando arribó a la clínica se dirigió al despacho de atención, efectivamente Lena se había atendido ahí, pero no le dieron mayores informes, pues no se trataba de un familiar inmediato. Exigió, gritó y finalmente suplicó que le extendieran la información que ya le habían dado, pero fueron inútiles sus ruegos, pues el hospital tenía "políticas de privacidad", diseñadas para proteger a sus pacientes. Todo era tan absurdo, "proteger" a sus pacientes, de qué, se preguntaba Yulia.

 

Volvió a llamar a Saskia para pedir el número particular de Lena, o su dirección; la respuesta que recibió fue similar a la obtenida en el hospital "No estoy autorizada para darle esa información", entonces Yulia le suplicó haciendo uso de cualquier recurso que tenía a la mano. Siskia sin saber que hacer, se conmovía por la angustia de la joven, entonces se decidió a dar el número particular, sabiendo que con esta acción, quizá podía ser despedida de su trabajo. Yulia le agradeció, pero le hizo una última petición, la dirección exacta, había olvidado cómo llegar pues sólo había ido una sola vez, aquella ocasión cuando conoció a Lena, entonces no había prestado la suficiente atención, como para reconocer el camino. Por el tono con el que pidió ésta, a Saskia no le quedó más remedio que ceder y rezar porque la doctora no se enojara con ella.

 

Como una exhalación Yulia salió del lugar, tenía lo que necesitaba, entonces se fue con la dirección en mano hacia el departamento de Lena; ahora se sentía más tranquila, pues sabiendo que ésta ya se encontraba en casa, sólo significaba que las cosas no habían sido de cuidado, pero de cualquier forma estaba preocupada. No podía creer que esto estuviese sucediendo, quizá era su culpa el accidente, Lena lucía alterada cuando se despidió. No quiso seguir pensando eso, sabía que en parte era cierto. Así recorrió el camino que a momentos se empezó a hacer familiar, ya estaba cerca.

 

Una sensación de premura la recorrió, tenía que verla, asegurarse de que se encontraba bien; cuando llegó al lugar no se detuvo a pulsar el botón del timbre, la puerta se estaba cerrando lentamente después de que algún habitante saliera del edificio, situación que la joven no dejó perder. Sabía a dónde dirigirse, cuarto piso, accionó los botones del ascensor con ansiedad, una luz iluminaba en orden descendente los números en la barra posicionada sobre las puertas de acero del elevador, que tardaba eternidades en bajar, entonces Yulia volvía a pulsar nerviosamente los botones. Impaciente ante la lentitud optó por las escaleras, las cuales abordó a grandes saltos, no podía esperar más; al llegar al cuarto piso sentía que los pulmones le reventaban, no podía lograr que el aire entrara en ellos, después de haber forzado su cuerpo de esa manera. En su mano apretaba fuertemente el papel donde había escrito la dirección momentos antes, "interior B" leyó en la nota humedecida por el sudor de su palma, no había más que hacer pues sólo había dos departamentos por piso, entonces se dirigió al marcado con la segunda letra.

 

Tocó a la puerta, esperó unos segundos que quizá fueran horas para ella, volvió a tocar -ya voy...-escuchó a Lena desde el interiorr - ¿Quién es?- dijo al acercarse, - Soy yo, ábreme-. "Yulia"pensó al momento en que su corazón se aceleraba de inmediato. Seguramente se había enterado del accidente -¿Estás bien?...Lena necesitamos hablar, es importante- decía la joven detrás de la puerta. Aquellas palabras sólo significaban que el tiempo de hacerse confesiones había llegado - Por favor Lena, déjame entrar - repitió Yulia, por unos momentos no escuchó nada, pero después el sonido de la chapa girando le hizo sentir un vuelco en el pecho. -Pasa- musitó la pelirroja.

 

Habiendo cerrado la puerta sintió como la pequeña mujer se abrazaba a su cuerpo con suavidad, no quería lastimarla, - Tenía terror de que te hubiese pasado algo grave; te busqué en el hospital pero no me dijeron nada, tenía que venir, hablar contigo sobre lo que ocurrió esta mañana - dijo mientras acunaba su rostro en el pecho de Lena, que permanecía conmocionada ante la actitud de ésta. - Sabes Yulia...gracias por venir, pero en este momento me duele mucho el hombro y quisiera dormir ya- dijo mientras se separaba del delicado abrazo.

 

La joven no alcanzaba a asimilar lo que había escuchado, ni quería creer el frío tono con el que había sido pronunciada esta frase, sólo entendió que ella le estaba pidiendo con su actitud que se fuera. - Está bien pero sólo quiero decirte algo, que quizás me duela después. Te amo, ahora lo sé o más bien, siempre lo supe pero me negaba a creerlo; me gustaste aquella primera noche, cuando nos conocimos, cuando me descubriste observándote y cuando sin saber porqué, te defendí de Yagor. Después por necesidad te busqué pero empecé a quererte sin tenerlo bien claro, te fuiste metiendo en mi alma hasta no dejar ni un sólo espacio que no ocuparas, mi necesidad de ti fue creciendo a tal punto que ya no me era suficiente la relación que teníamos, pero lo oculté, no quería perderte. También sé que al decirte esto es muy probable que no quieras verme más y no te culpo, pero necesitaba hacerlo pues sentía que el corazón me estallaba en el pecho y la única razón por que lo hago, es porque esta mañana lo vi en tus ojos, vi lo mismo que veo en mí todos los días. Pero... Si así tú me lo pides, saldré de tu vida y no volveré a verte, pues lo que menos quiero es alterarte-

 

Se quedó en silencio, esperando la reacción en aquellos ojos verdes que vivían clavados en su mente. De pronto estos se enrazaron en lagrimas, un sacudimiento interior embargó a Yulia, había provocado el llanto en la mujer que amaba. - Me voy Elena, nunca fue mi intención hacerte sufrir de este modo. Adiós- dijo la joven antes de besar la mejilla en la que una lagrima descendía lentamente.

 

Lena se quedo absorta observando como la pequeña figura se perdía tras la puerta del ascensor; dentro de ella, crecía enorme la conmoción producida por aquella confesión. Le dolía, no el cuerpo sino el alma, por no haber tenido el calor de detener a Yulia, ni el valor de expresarle a su vez, que también sentía amor por ella, como nunca lo había sentido por nadie. Sólo se había quedado allí, muda y en su mente la conciencia gritándole "¡¡Abre los ojos!! también la amas, no dejes que se vaya". Qué fue lo que la había detenido de hacerlo, ¿miedo quizá?, pero a que le temía, a lo que sabía de Yulia o miedo a ella misma.

 

No tenía razón de ser este temor, ahora sabía que Yulia la amaba tanto o más que ella, entonces quiso enmendar su falta de decisión. Salió corriendo del departamento, la suerte estaba de su lado, el ascensor esperaba con las puertas abiertas, era como si el destino hubiese puesto de su parte para que pudiera alcanzar a aquella alma debatida que emprendía su retirada. Abajo logro ver como la pequeña figura enfundada en un abrigo negro salía a través de la puerta de acceso. Apuró el paso al punto casi de estar corriendo, y corrió aún a sabiendas que esto le provocaría un gran dolor - ¡Yulia, espera!- gritó casi sin aliento, con la cara descompuesta por el dolor. La aguda voz detuvo de golpe a la joven, que levantó la mirada del suelo sin creerlo, lentamente giró sobre sí para atender el llamado; en su pecho esa pequeña chispa de esperanza, que por un momento creía extinta, se encendió como una llamarada que arrasaba todo.

 

Cuando hubo girado por completo, pudo ver que la pelirroja le extendía su brazo sano mientras le suplicaba "no te vayas por favor, no me dejes" con la voz casi ahogada por la emoción. Con pasos titubeantes Yulia avanzo una corta distancia hasta detenerse casi frente a ella, a no más de un metro de su amor, que de extender su mano, hubiese podido tocar aquella que permanecía tendida en el aire esperándola. En los azules ojos se podía adivinar la sorpresa por ésta acción tomada por Lena , pero necesitaba oír las palabras, aquella que le dijeran que no estaba soñando, que era verdad que la pelirroja la había detenido, como en aquella primera vez.

 

- Lo siento mucho, soy una tonta, no supe que decir y no tengo disculpa. Tenía miedo de lo que siento, de lo que descubrí, de decirlo en voz alta, Yulia... Te amo, como jamás creo que podré volver a hacerlo, como nunca lo hice. Quédate Yulia, quédate en mi vida, no me abandones que sin ti no quiero la vida.

 

El rostro de Yulia paso de un tono sombrío a uno completamente sereno, avanzó un paso y entrelazó los dedos con aquellos que le esperaban. Atrajo a Lena hacia ella mientras la miraba fijamente a los ojos, entonces curvó sus labios en la más hermosa sonrisa que que la pelirroja le hubiese visto antes.- Lena... Mi Elena, te amo - dijo fundiendo sus labios con los de ella. Fue un beso que ambas anhelaban y que se había frustrado en la mañana por sus temores mutuos, ahora éste renacía con una pasión vehemente, resultado de toda la tensión vivida ese día y los anteriores. - Vamos- dijo Lena guiando a Yulia de regreso al departamento, camino que fue plagado de besos y caricias ansiosas.

 

Al llegar al lugar la intensidad de las caricias se hacía mayor, las ropas estorbaban, el mundo estorbaba, eran ahora sólo ellas dos manifestándose amor en la forma más simple y de manera gentil. Ahora por primera vez se conocían por completo, entregándose sin trabas ni reparos. Mientras Yulia besaba a Lena, un fugaz pensamiento cruzó por su mente, el amor es sencillo, así debe ser, sólo sentirlo, "el amor es Lena, mi amada Elena". La pelirroja se dejaba acariciar, tal como lo hace un alga en la corriente, se dejaba llevar y así como en su sueño, gozaba, pero ahora era real. Pensaba cómo era posible el sentir un placer así, sería que Yulia como mujer conocía su cuerpo y sabía como pulsar los botones que disparaban su exaltación. A cada roce que ésta hacía sobre su piel, corrían cientos de estremecimientos por ella, era como si miles de soldados pasaran marchando por las calles haciéndolo retumbar todo, impidiendo oír nada que no fuera su respiración, su voz llamándola, sus propios suspiros inundando el lugar. No podía creer que algún día hubiese podido llegar a experimentar tal placer. Yulia era apasionada, lo sabía, sabía también que su pasión podía estar matizada de ansiedad y ternura, se sentía protegida, como nunca antes realmente amada.

 

Por su parte Yulia quería manifestarle con su cuerpo todo aquello que con palabras no podía decir y que realmente no necesitaba pronunciar; hacerle el amor, eso, sólo eso podía hacer, abandonarse a sí misma para darse toda a ella, pues Lena era su dueña y no había más. Este pleno conocimiento de su amor por ella echaba abajo toda su anterior existencia, por fin había encontrado terreno firme donde fundamentar su vida. Con sus manos recorría la blanca piel, manos de artista que sacaban al piano las más sublimes melodías, ahora en Lena, como si fuese un instrumento se interpretaba la más hermosa tonada, que se desprendía al aire con matices coloridos de suspiros profundos, respiraciones entrecortadas y te amo's sinceros. Yulia se concentraba en darle placer, esta vez lo haría de manera suave por temor a lastimarla, cuando Lena estuviese bien, le enseñaría todo lo que sabía, pero ahora no había porque correr, les esperaba una vida por delante.

 

Cuando el momento se acercaba para la pelirroja, un estremecimiento se fue apoderando de ella, entonces experimentó un éxtasis que la dejó sin aliento, en su vida había sentido algo así, en ese instante se dio cuenta de que había estado incompleta hasta este momento. Yulia era la pieza faltante en este rompecabezas que era su vida. Entonces un gemido se escapo de sus labios, era una dicha que la embargaba rebasando por completo todo lo vivido.

 

Lentamente el ritmo de las inspiraciones se fue normalizando para ambas, hasta casi ser una sola respiración pausada y tranquila, la que se escuchaba en el lugar. Sus cuerpos se encontraban unidos en un abrazo del que esta vez, no se soltarían, se habían convertido en una sola alma para amarse hasta donde les alcanzara esta vida. Yulia y Lena, dos seres que habían abierto los ojos a esta vida con la certeza de que se pertenecían.

 

Ahora siempre juntas.

 

 

 -  Fin.  -

 

- ¿Tu opinión?

     


DE FANS PARA FANS

Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda  semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Para cualquier aclaración ó duda:  [email protected]

Hosted by www.Geocities.ws

1