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DestellosPor: Follen Kat |
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Parte del yeso de la puerta se desprendió al cerrarse de un fuerte golpe, estaba furiosa cuando salió del lugar, el firme paso con el que tomó la acera demostraba por completo su enojo. Desde la ventana Yulia la observaba, también se encontraba descompuesta por la ira. Las peleas ahora se hacían más frecuentes y casi siempre resultaban de motivos sin importancia. La relación se hallaba en un punto tirante, en donde ninguna de las dos estaba dispuesta a ceder terreno, pues de un tiempo a la fecha ésta se había convertido en un campo de batalla, donde la lucha era de proporciones épicas, pues eran dos contrincantes en iguales condiciones que equilibraban sus fuerzas haciendo que las batallas llegasen siempre a un punto muerto, del que después se replegaban para hacer el recuento de los daños y firmar treguas temporales para sanar las heridas inflingidas durante el choque. Era en esos lapsos que se preguntaban porque se estaban dañando de esa manera, entonces se ofrecían disculpas con caricias ansiosas, pues el dolor propio no es nada después de lastimar al ser amado. Entonces renovaban sus promesas con besos que borraban el enojo sentido y una vez más todo era nuevo, como la primera vez que se habían mirado o como el primer beso. Se amaban, pero aún así los roces producían peleas sin razón de ser.
Ahora Lena caminaba por la acera con las manos cerradas en un puño, sintiendo que el cuerpo le cimbraba y que el alma se le escapaba con cada exhalación; así caminó por un tiempo que no le interesaba calcular, solo deseaba alejarse para tratar de calmar su ánimo, entonces se percató a donde había llegado. El lugar que les pertenecía, la pequeña plaza de lánguidas farolas cerca del departamento, aquella en dónde solía caminar de la mano con Yulia, el subconsciente le había llevado ahí en busca de refugio para calmarse para pensar las cosas. Buscó una banca en donde sentarse, pues no quería ocupar la que era de ellas porque quizá los recuerdos afectaran a su juicio en ese momento, encontró una cerca del centro de la plaza donde podía ver con claridad la añeja fuente de esculturas enmohecidas. El enojo con la caminata había cesado un poco, pero al tratar de comprender el motivo de esta discusión, la molestia volvió avivando el recuerdo desagradable que había vivido momentos antes. No podía entender por qué a Yulia se le hacía difícil expresarle lo que sentía, ella sabía que la amaba, pero la otra pocas veces se lo decía, haciendo que ella se sintiese insegura de su amor. También recordó que en innumerables ocasiones había sorprendido a Yulia observándola a ella con esa mirada que gritaba a toda voz "te amo", pero cuando la cuestionaba, Yulia transformaba su expresión en un gesto indefinible para contestarle "¿Me amas tú?", una pregunta a su pregunta, situación que a Lena molestaba de sobremanera y entonces empezaban los reproches que iniciaban siempre una nueva pelea. Pero sentía que esta vez las cosas estaban llegando a un punto en donde sólo se estaban lastimando, entonces consideró una idea que se estaba cruzando por su mente. Dejar de verse, pero ello implicaba que debía separarse de la mujer que adoraba. La simple imagen de esto le producía dolor, pues Yulia se había convertido en su motivo y razón de ser, sin ella las cosas tendrían un color gris y perderían también su sabor, pues su pequeña le infundía a su vida, la vital chispa que necesitaba.
Simultáneamente en otro lugar, en el departamento Yulia se debatía entre el enojo y la melancolía, éstas peleas la estaban desgastando de una manera que ni ella misma podía imaginarse. Aceptaba que en muchas ocasiones ella tenía la culpa de éstas, pero su amada también contribuía; Lena podía ser muy demandante, obligándola a ella a actuar de una forma que detestaba, para después sentirse contrariada y arrepentida por su proceder. Entonces sin saber cómo enmendarse se acercaba para disculparse, no con palabras o frases que sonarían vacías, sino con caricias o besos que la pelirroja sabía interpretar como un gesto de arrepentimiento, ésta era su forma de decir lo siento, pues Yulia era fiel al precepto de una acción vale más que mil palabras, ella era así, porque entonces a Lena se le hacía tan difícil entender esto, porque dudaba del amor que sentía por ella, quizá no era suficiente el lenguaje corporal para demostrarle cuanto la quería. Con remordimiento pensó en su aparente imposibilidad para expresar aquellas dos palabras que en ocasiones su amor necesitaba tanto oír, pero que a ella le era difícil decir. "¿Por qué Lena?... ¿Por qué nos tratamos así?" pensó estando de pie frente a la ventana mientras dirigía la mirada a través de ésta, inconscientemente esperaba ver que ésta apareciera por la calle, pero sabía que no lo haría. En ese momento tomó una chaqueta para vestirla, afuera la tarde había empezado a refrescar, saldría a buscarla como tantas veces lo había hecho antes, sabía dónde encontrarla.
Así dirigió sus pasos por la avenida mientras en su mente repasaba lo que iba a decirle "...Elena, te amo, no hay más aunque a veces no sé cómo demostrártelo..." era sólo una línea de las muchas que se agolpaban en su cabeza. Cuando llegó a la plaza, las farolas habían empezado a emitir su tímida luz, el resplandor rojizo del ocaso teñía de púrpuras y bermellones el cielo; allí se encontraba ella, justo dónde Yulia lo había imaginado; la encontró con una expresión dubitativa que enmascaraba la melancolía que estaba experimentando. Se acercó sin ser percibida por la otra, hasta que ésta sintió que sobre sus hombros se colocaba la prenda tibia que su compañera usaba. Sin sobresaltos Lena la miró a los ojos, entonces ella pudo ver que así como los suyos, los hermosos ojos de su pequeña se hallaban enrojecidos por la tristeza, podía sentir que a Yulia también le era dolorosa esta situación. Quiso formular una frase pero los cálidos labios de su amada cortaron sus intenciones en un beso ansioso seguido de un abrazo estrecho y un susurro en el oído, "perdóname mi amor..." decía el suspiro. En ese momento la pelirroja se sintió desarmada y la idea de una separación fue absurda, pues se confesaba culpable de adorarla aún en sus distracciones, ahora la pelea de hacía unos momentos se había borrado. En la mente de Yulia se habían quedado esas palabras sin decir, ésas que había ensayado en el camino y que ahora le sonaban pequeñas, una vez más el impulso le había ganado, eso le provocaba su adorada pelirroja pues sólo verla le inspiraba sensaciones que le recorrían todo el cuerpo como destellos de luz, iluminando por completo su vida. Ella era el objeto de su devoción, así lo había decidido pues ella era lo único importante aunque fuese difícil en ocasiones entenderle. entonces Yulia se incorporó de la banca donde se hallaban sentadas, lo hizo sin dejar de sujetar la mano de su amada - Vamos, es tarde - dijo mientras ésta se levantaba, quién una vez de pie sintió que el pequeño cuerpo de Yulia se aferraba con fuerza al suyo, mientras ésta murmuraba muy cerca de su pecho las palabras que ella esperaba escuchar. Fue un te amo confuso, amortiguado por el abrazo y la intención de no ser escuchada; el rostro de la pelirroja tomó una dulce expresión mientras que con ambas manos tomó el de su amor para mirar aquellos ojos y tratar de adivinar que era lo que esa cabecita adorada estaba pensando. -¿Qué fue lo que dijiste?- preguntó, - ...nada, que es tarde- respondió la aludida tratando de ocultar lo dicho. Lena sonrió, sabía lo que ella había dicho, podía sentirlo, pero no quiso confrontarla y la besó en los labios para después colocar su frente en la de ella, cerró los ojos y dijo - Yo también te amo.
Entonces encaminaron sus pasos hacia su hogar, de tanto en tanto se detenían para renovar las caricias que se hacían al término de las batallas, así demoraban un camino que generalmente les tomaba muy poco tiempo recorrer. En cada beso se sentía un ansia por tenerse y no perderse, haciendo que la noche estrellada, las farolas y las calles iluminadas, simplemente perdiesen su sentido, desaparecieran, en ese momento ellas eran únicas en este mundo. Al llegar al departamento se dirigieron hacia la alcoba, necesitaban sentirse, aferrarse a algo. El alba las encontró abrazadas en el lecho; Lena se hallaba despierta mientras que Yulia aún dormía abrazada a su cintura, entonces al observar cómo dormía ésta, en la mente de la pelirroja se volvió a formar la idea. Amaba demasiado a su pequeña como para seguir lastimándola, pues las peleas y reconciliaciones se estaban volviendo un círculo vicioso que las estaba a su parecer destruyendo, ahora ella tendría que librar una dura batalla consigo misma, pues tenía que tomar una decisión que las separaría. Con la mirada puesta en el cielo raso de la habitación, escuchaba el acompasado respirar de un sueño tranquilo a su lado. Separarse de ella significaba sufrir un dolor que no cesaría hasta no estar de nuevo a su lado también esto implicaba la posibilidad de perderla por siempre convirtiéndola a ella en un ser incompleto. La otra opción era quedarse, sabiendo que quizá se destruirían por completo, triste panorama para esta alternativa que lucía inaceptable; entonces trató de poner en la balanza de sus sentimientos ambos caminos, tenía que elegir, así lo hizo, una separación temporal que aunque sería dolorosa terminaría pronto. Cuando las primeras luces de la mañana ya terminaban de entrar en la habitación decidió mientras sentía que en su alma algo se rompía en pedazos.
Quiso incorporarse del lecho, al intentarlo encontró una ligera resistencia por parte del abrazo de Yulia, escuchó que ésta levemente reprochaba entre sueños con un murmullo que se fue aquietando de a poco. Con sumo cuidado de no despertarla, se desprendió del brazo que la tenía sujeta por la cintura, ya estando de pie la observó dormir por un momento, se veía tan plácida en su sueño que una punzada dolorosa atravesó su pecho. Por un breve momento dudó de la decisión tomada, pero tenía que ser firme en ella; se dirigió al cuarto de baño, quizá una ducha limpiaría su pena; giró las llaves del agua y mientras ésta corría comenzó a desnudarse. Se colocó bajo el chorro de la regadera, entonces como si el agua fuera el vehículo de sus lagrimas, sintió que éstas rebozaban sus ojos. Lloró un llanto quedo que se confundía entre las líneas de liquido que corrían por su rostro, este momento era quizás más doloroso que todas las peleas con su amada Yulia, creía estar en lo correcto, así lo había decidido. entonces cerró el flujo del agua, cerrando así también ese llanto que nadie había escuchado y que tanto le dolía.
Al salir del cuarto de baño, Yulia aún dormía, todavía era temprano, Lena sabía que ésta tenía problemas para dormir, por lo tanto ella cuidaba su sueño celosamente como quién cuida a un hermoso jardín. Vistió su ropa sin hacer ruido para salir de la habitación, prepararía algo de comer, no porque tuviese hambre, sino para distraer a su mente con alguna otra tarea, quería acallar a los gritos de su alma. Puso hervir agua en una tetera mientras untaba con mantequilla unas rebanadas de pan, sin proponérselo se quedó estática por algún tiempo hasta que sintió el tibio cuerpo de su pequeña, abrazándose a ella por detrás, - Buenos días, soñadora - escuchó a la amada voz decir, sintió un sobresalto seguido por un estremecimiento que la recorrió por entero, mientras que un agudo silbido se dejaba oír por todo el lugar, -¡La tetera!- exclamó apenada - lo siento amor, no quise despertarte -, - No te preocupes chiquita, ya tenía que levantarme- le respondió dándole un beso en la mejilla. - ¿Te sirvo un té? También preparé algo de pan -, - Prefiero un café, por favor -
Lena tomó dos tazas, mientras vertía el líquido a su interior, volutas de vapor se desprendieron por el aire, era una mañana muy fría, quizá no era oportuno decírselo en ese momento, pero qué momento es oportuno cuando se tiene que lastimar a la mujer que se ama. Entonces se sentó junto a ella y sin saber cómo comenzar permaneció en silencio. - ¿Chiquita qué tienes?- la escuchó decir; tomó una honda inspiración como dándose valor, - nada mi amor...- y agregó - Pero tenemos que hablar...-,- Que ceremoniosa- expresó bromeando Yulia, trataba de disipar la tensión que percibía en su compañera. Al no recibir respuesta a su comentario, se sintió inquieta, Lena era transparente a su mirada, algo grave estaba por decirle, podía intuirlo. - Sabes... Creo que debemos separarnos.- Las palabras resonaron con un estruendo que la ensordeció, era como si hubiesen atado un peso a sus pies que la arrastraba al fondo de una laguna. No pudo decir nada en ese instante, no entendía a lo que se refería su amada con aquella frase, sólo abrió muy grande los ojos cómo no creyendo lo que acababa de escuchar. ¿Realmente había escuchado eso? Sólo la expresión de su rostro podía decir lo que estaba sintiendo. Se le hizo difícil tragar saliva para aclarar el infierno que se estaba formando en su garganta, - ...¿Por qué "crees" eso?- pudo decir después de este primer trago amargo. La pelirroja trato de explicar los motivos que la impulsaban a tomar aquella decisión tan contradictoria, razones que Yulia simplemente no quería entender, por muy lógicas que éstas fueran, a ella le sonaban absurdas. -¿Eso es realmente lo que quieres?- al fin pudo articular, - Si -, la expresión de la pequeña joven retornó a esa que era indescifrable, aquella que tomaba cuando sabía que las cosas estaban más allá de sus manos, - entonces así será - concluyó mientras apuraba el último sorbo de café.
Lena estaba sorprendida por la reacción, aunque no esperaba llantos o súplicas, la aparente calma con que Yulia había tomado la separación, la dejaba inquieta, acaso era posible que a ella no le importase. "No" le respondió su mente, sólo se estaba haciendo la fuerte para no derrumbarse frente a ella. Permanecieron por un tiempo en silencio, como despidiéndose con la mirada mientras que en el aire se cargaba una tristeza que podía sentirse. -Voy a preparar mis cosas- finalmente diijo la pelirroja, -...saldré un momento - comentó al aire Yulia sin dejar de mirrar la taza vacía frente a ella. Se levantó de su asiento para dirigirse a la habitación, vistió su ropa, en su cabeza los motivos de Lena giraban a una velocidad impresionante sumiéndola a ella en un estado de confusión. Quería llorar pero la sensación de vacuidad que Lena le dejaba no permitía lugar para que las lagrimas lo ocuparan. Así salió a la calle, sin tener una idea fija de a donde ir, sólo quería salir, pues sentía que el aire se le estaba terminando. Caminó por mucho tiempo sin un rumbo establecido, caminó sólo pensando en los motivos de este absurdo, sólo para darse cuenta de que en realidad eso era, un absurdo que no entendía, aunque aceptaba que las cosas iban mal, ella estaba tratando de arreglar las cosas al poner de su parte para salvar esto y por qué ahora, si ya se habían reconciliado. La actitud de Lena era contradictoria, ahora toda su vida se veía contradictoria y deseó no regresar, no verla más, quería que por un momento dejara de doler, entonces pensó con angustia que si no regresaba al departamento a tiempo, no podría despedirse, verla, aunque fuera sólo para decirle adiós. Esto paró en seco su andar y todo a su alrededor se volvió lento, las cosas, las personas, el tráfico, todo tomó un color diferente por unos instantes, fue en ese momento que se preguntó porqué no había dicho nada, o porqué no había tratado de disuadir a su amada de esta decisión, simplemente pedirle que no se fuera.
Pensó que aún había tiempo, que con empeño y paciencia por parte de ambas, las cosas podrían cambiar; entonces tomó el camino de regreso y sus pasos se aceleraron hasta el punto de correr por la calle; tenía que llegar antes de que ella se fuera. Corrió porque no podía llorar, entonces lo hizo con toda el alma hasta el punto de sentir que los pulmones le estallaban y que el corazón se le podría detener en cualquier momento por el esfuerzo. Con cada paso se acercaba más y podía imaginar que aquello no había sucedido, que Lena la estaría esperando feliz y que la intención de ésta por separarse, sólo había sido un mal sueño; estos pensamientos le restaban atención al camino, que en un momento presentó un desnivel que hizo perder el equilibrio a Yulia, provocando que ésta rodara sobre el pavimento. Esto no la detuvo pues se levantó aún a costa de sentir dolor, entonces continuó su marcha forzando a su cuerpo. Cuando llegó al apartamento su amada aún se encontraba ahí, ésta se preocupo al ver el estado de agitación de Yulia, quién entre jadeos de una respiración entrecortada trataba de explicar que quería verla antes de que se fuera, que no quería despedirse. Pero una vez más le fallaron las palabras, ¿por qué simplemente no podía ser clara, aunque fuera por una sola vez?; Lena la miró, ya tenía dispuesto lo que llevaría consigo, - Amor... me tengo que ir - dijo besándole ambas mejillas, después tomó la valija en donde había puesto parte de su ropa y salió por la puerta sin dar una mirada hacia atrás, pues había que si lo hacía no podría partir. El corazón latía furioso en el pecho de Yulia, haciendo que la sangre se agolpase en sus sienes, todo estaba perdido. - No te vayas...- suplicó en un susurro que no fue escuchado, ahora se quedaba ahí, como la tarde anterior, viendo por la ventana como su amor abordaba un taxi. Cuando hubo desaparecido éste por la avenida, ella se dejó caer de rodillas al suelo con la derrota en los hombros, ahora su amor no estaría más, se había ido dejándole a ella el cuerpo dolorido y una rajadura en el alma.
Al interior del vehículo Lena derramaba grandes lagrimas, Yulia había tratado detenerla pero ella se había negado a aceptar, desgarrando con ello aún más el corazón de la otra; ahora sólo el rítmico sonido del roce de los neumáticos contra el pavimento acompañaba sus ideas, se dirigía al lugar del cual había salido hacía casi dos años atrás, por el momento no tenía opción, el instinto le indicaba que este sitio estaría bien , pero sabía perfectamente lo que la esperaría ahí. Cuando el taxi se detuvo frente a la que había sido su hogar familiar, la pelirroja tuvo que hacer acopio de todas las fuerzas que le quedaban, pues sabía la manera en que su madre tomaría el hecho de que ella se presentase ahí, después de tanto tiempo y aparentemente con la disposición de quedarse. El chofer del automóvil le ayudo a bajar las cosas del portaequipaje y cuando hubo recibido el pago, le dirigió unas palabras de consuelo a la atribulada joven "Siempre amanece señorita..." dijo conmovido mientras le daba una palmadita al hombro, entonces con una sonrisa a medias, Lena vio cómo se alejaba en su vehículo aquel hombre amable que había tenido caridad con ella. Quizá su madre también pudiera sentirla, así que inspiró profundamente y pulsó el botón del timbre; esperó por unos instantes, por un momento tuvo la idea de dar la media vuelta y salir corriendo de ahí, pero el sonido de la puerta abriéndose la detuvo. Se sintió helada al ver el rostro de su madre, quién también sintió sorpresa al ver a su hija después de casi dos años.
En el rostro de la mujer se formó una sonrisa de emoción que no pudo contener, entonces Lena pensó que su madre quizá se hubiese suavizado, pero inmediatamente la expresión inicial empezó a cambiar por otra de falso enojo y con tono de reproche afirmó con voz grave " ¡Lo sabía!" al percibir que su hija parecía ser el sobreviviente de un naufragio. - Te dejó ¿verdad?, ya sabía yo que lo haría, sabía que esto no iba a terminar bien - decía la mujer en tono airoso - ¡¡Te lo dije muchas veces!!-. Con la mirada puesta sobre el suelo Lena soportó la que ella sentía era una humillación que le hacía pasar su madre, lo hizo hasta que las cosas empezaron a tomar un tono insultante por parte de Inessa. - ¡¡Basta Madre!!- exclamó tajante la joven - sólo quería verte y te informo que yo fui quién abandonó a Yulia, pero ahora me voy no estoy para insultos - dijo mientras tomaba de un asa su valija . - No hija, no te vayas, perdóname pero comprende que me preocupas, entra a la casa por un momento y hablemos después si te quieres ir, no te detendré, pero hablemos hace mucho que debimos hacerlo...- decía Inessa mientras extendía los brazos hacia su hija, deseaba abrazarla, las cosas habían cambiado desde esa noche en que Lena había abandonado su casa llorando. Esa noche cuando ella al enterarse de la relación de su hija con Yulia, había reaccionado de una manera tan explosiva, pervertida la había llamado entre una lluvia de golpes, para arrojarla a la calle en medio de la noche. Después de eso, su corazón de madre le reclamaría a su orgullo muchas veces la pérdida de su niña y la falta de criterio con la que había actuado, pero era que se sentía decepcionada, no por el hecho de que su hija se hubiese enamorado de una mujer, sino porque a su parecer ella había fallado como madre al no enseñarle con la suficiente rigidez "las buenas costumbres". Ahora el instinto materno por fin había ganado, estaba arrepentida por su falta de caridad, dos años de culpas habían transformado la intransigencia en comprensión. Aunque le era difícil aceptar aún la condición de su hija, había aprendido a tolerar, después de todo amaba a su niña por encima de cualquier cosa, lo único importante para ella era verla feliz y si Yulia significaba eso, a ella no le quedaba mas que aceptar un tanto forzada esta situación. Nuevamente podía ver a su pequeña, aunque hubiese deseado encontrarla en mejores condiciones de ánimo, pues al verla de este modo su instinto protector se disparaba, haciendo que ésta hiciese suposiciones erróneas e injustificadas. Era natural hacerlas, pues sabía muy poco de la vida de su hija junto a esta mujer que la había apartado de su lado, y las esporádicas llamadas de Lena poco le decían, pues siempre terminaba ella por cortar la comunicación, dejándole el alma en un hilo. Aparentemente la había perdido durante dos años, sin saber que su hija deseaba verla, reconciliarse, que la perdonara pues ella hacía tiempo que lo había hecho.
Entonces ahora Lena al ver a su madre esperándola con los brazos abiertos, avanzó hacia ella con los ojos enrazados en lagrimas, necesitaba el calor protector de esos brazos, aunque no buscaba en ellos comprensión, necesitaba sentirse segura en éstos momentos en los que parecía que el piso bajo sus pies se volvía de un material blando, hundiéndola a ella con toda su pena. Se aferró al abrazo rompiendo en sollozos, sus fuerzas se habían agotado, dejándola sin el ánimo suficiente para seguir luchando. -...Hijita - musitó Inessa mientras sentía que entre sus brazos, el cuerpo de su pequeña se cimbraba por el sentimiento. Así entraron a la casa madre e hija abrazadas, Inessa la condujo a la que fuera su habitación que permanecía tal y como la había dejado; una vez sentada en la cama Lena no pudo contener el llanto pues el peso de su derrota era enorme, su madre se situó junto a ella y como cuando era una niñita acarició su cabeza mientras que con suave voz formulaba palabras de arrullo, que fueron calmándola poco a poco hasta sumirla en el sopor de un sueño inducido por el desgaste anímico. Cuando se hubo dormido, la mujer salió de la habitación mirando con pesar el sufrimiento de su bien amada hija, entonces decidió que no volvería a perderla, esta vez haría todo lo que estuviera en su mano para apoyarla, así fuera a fuerza de transformar sus "principios". No le preguntaría nada, no quería agobiarla con preguntas que sabía podrían lastimarla aún más, el tiempo diría si Lena le compartiría su pena, pero por ahora ella cuidaría a su pequeña con todo ese amor que no le había podido dar en dos años.
Pronto la noche cayó y encontró a Yulia en un estado meditabundo, pues parecía que las horas que habían pasado desde la partida de Lena, se arrastraban con pasmosa lentitud. Ella siempre había considerado que ambas necesitaban su espacio, que el estar juntas no significaba estar unidas por un cordón siempre; respetaba los momentos de privacidad que su amada necesitaba pues sabía que siempre volvería; ahora era diferente, estaba segura de ello, cosa que la hacía sentir más sola que nunca. Lena no volvería o no lo haría por lo menos en mucho tiempo, mientras que ella trataría de imaginar una y otra vez el motivo de este absurdo. Sin ella el silencio la mordía y la incertidumbre jugaba con su mente crueles juegos, al punto de casi salir con desesperación a buscarla, pero se detenía de hacerlo, pues antes de irrespetar los deseos de ella, prefería sufrir una agonía en solitario, que ella, su amada Elena nunca sabría. Yulia se encontraba en la alcoba en la alcoba cuando un torrente de recuerdos inundaron su memoria en una sucesión de eventos de todas las primeras veces que había vivido junto a ella. La primer mirada, la primera fiesta, las primeras salidas... El primer beso. Ahora se daba cuenta en su ausencia que junto a ella todos los días eran los primeros y que todo lo vivido antes en nada podía compararse, pues todo era vano, Elena no era su primer amor, sin embargo era el único ya que todo lo que la rodeaba atestiguaba este hecho. Lena se había ido, pero había dejado su recuerdo en cada rincón de su alma, "Me duele" gritó en su interior mientras se dejaba caer en el lecho, aquel en el que aún se percibía el aroma de su cabello, de su piel, su aroma. Formando un ovillo con su cuerpo sobre la cama, sintió por completo el abandono y empezó a llorar como hacía mucho tiempo no hacía, esta vez no detuvo el llanto que surgió cómo el sentimiento del violonchelo cuando interpreta una triste melodía. Ahora no era la Yulia que aparentaba ser ruda, en éste momento era aquella muchacha de nobles sentimientos, de aquella de la que se había enamorado Elena.
Después de que hubo llorado hasta que sólo se escucharon sus sollozos en la habitación, intentó dormir pero la ausencia no se lo permitió, sólo abrazada a Lena podía conciliar el sueño, que ahora esquivo escapaba de ella y su compañero el Insomnio aparecía, como tantas noches que no podía dormir, para acompañarla. La diferencia de esta noche de insomnio consistía en que esta vez no podría ver a su amada dormir, ni enredar los dedos en su cabello, ni respirar su respiración acompasada que terminaba por ser siempre un arrullo que vencía a su insistente amigo, durmiéndola a ella en un sueño placentero. Ahora sólo una noche sin sueño. entonces comenzó a librar su añeja batalla, una que siempre iniciaba en una persecución que terminaba siempre con las primeras luces del alba, donde ella rendida por fin alcanzaba por atrapar al sueño que muy pronto la abandonaba. Se sentía incómoda, inútilmente había tratado de encontrar una posición correcta que la ayudase a conciliar al sueño; sentía que la cama era enorme sin su amada, no podía dejar de pensar en ella, el ambiente estaba cargado con su presencia. Estaba empezando a sentir desesperación pues en su alma se removía lo sucedido, entonces simplemente se abandonó a la duda, quizá era su culpa, quizá no había sabido ver lo que a toda luz era el porvenir y la tristeza se fue convirtiendo en rabia impotente y nuevamente en tristeza, para completar así los ciclos de su desazón. Se dio cuenta de que la cama la quemaba, entonces se levantó mientras tomaba una frazada para cubrirse, dirigiéndose después hacia la sala para recostarse en un sofá; la oscuridad de la noche, su compañía. ¿Realmente valía la pena esta vigilia? la desesperación la había encontrado vulnerable y agotada se dejó vencer por ella, esta vez los sollozos fueron silenciosos, no tenía caso llorar pues ya todo estaba perdido. Con los ojos enrojecidos y en la semipenumbra del amanecer dejó de pensar, tratando de borrar la imagen de su pelirroja alejándose de ella, pues de ahí en adelante sólo ella, Yulia, trataría con sumo esfuerzo superar este amargo trago.
Cuando el sol iluminó por completo el lugar pasaba del medio día, Yulia aún se encontraba dormitando en el sofá, pero el ruido del movimiento de las calles la despertó. Se incorporó para sentarse, tenía el cuerpo completamente dolorido, dos oscuras sombras se habían posado delicadamente bajo sus ojos, éstas demostraban los signos de una noche terrible. entonces el espejismo de una esperanza atravesó por su mente, de un salto abandonó el remedo de lecho para buscar con desesperación lo que sabía no encontraría, el sopor del sueño interrumpido le jugaba una cruel broma. Había sido un sueño, Lena no se encontraba en ningún sitio, "...que inocente eres" se reprendió ante su esperanza de creer. Ahora tendría que sobrevivir.
Pasó el tiempo, quizá fueran sólo unos días en los que el olvido mustiamente dejaba ver su rostro brindando una falsa paz a los corazones de estas jóvenes, era entonces que el recuerdo volvía como una ola furiosa que arrastraba todo a su paso, terminando con la poca tranquilidad que habían logrado. entonces se maldecían mutuamente y se maldecían a sí mismas por haber tratado de ofender sus memorias, emociones contradictorias plagaban sus espíritus haciendo más difícil aún la separación. Yulia presa de la decepción, Lena prisionera de la culpa.
El estado de ánimo de la pelirroja se iba deteriorando conforme los días pasaban; ella que se consideraba una mujer controlada, ahora se dejaba arrastrar por la angustia y la desesperación, situación que tenía a su madre en un estado de constante preocupación, pues nunca había visto a su hija en estas condiciones, prefería verla feliz al lado de esa mujer, que verla así en ese lastimero estado. Tal parecía que no estaba en sus manos el poder ayudar a su pequeña, sólo el tiempo sanaría las heridas. Lena encontró que ciertamente las cosas habían cambiado en casa desde la última vez, aunque algunas cosas permanecían tal y como ella las había dejado; el amor de sus padres no había disminuido, por el contrario ahora la apoyaban, podía percibir que su madre había cambiado su opinión en relación a Yulia. Entonces frustrada pensaba que ahora que las cosas parecían estar bien, era ella quién había echado a perder todo al separarse de su complemento, la mujer que amaba; quizás el camino que tomó era el más equivocado, pues la separación únicamente hacía que ella no pudiese sacar a su pequeña Yulia de la mente, más que nunca le temía a su recuerdo, que era como destellos de luz que iluminaban su vida. En esos momentos era que se sentía tentada a verla, buscarle, pues comprendió que se hallaba incompleta sin su presencia, e infinidad de veces se contuvo de marcar el número aún teniendo el auricular en la mano. Se estaba castigando a ella misma, pues sentía que había procedido mal, quizá si ella hubiese puesto algo más de su parte, las cosas serían ahora diferentes. Yulia había tratado de cambiar y ella lo sabía, razón por la cual se sentía perseguida por la culpa. No quiso intentarlo negándole a Yulia también la oportunidad de hacerlo; simplemente tomó la opción que en el momento creía que era la más conveniente para ambas. Que errónea suposición, entonces en su mente se formaba el pensamiento de que el tiempo quizá hubiese cumplido con su función de curar las heridas hechas por ella en su amor, quizá su pequeña hubiese olvidado ya y estuviera esperándola. Con una sonrisa a medias se percataba de lo inocente que sonaban esas ideas, seguramente Yulia aún se encontraba dolida y no quisiese verla a ella nunca más, quizá la joven ya estaría reorganizando su vida, después de todo ella era así. Entonces decepcionada, la pelirroja se dejaba arrastrar por la pena, sin esperanza se sentía, había perdido su luz.
Hablar de lo que había sucedido no era suficiente, entonces Yulia empezó a escribir como medio de escape de esos pensamientos que le atormentaban. Primero escribía pequeñas líneas en pedacitos de papel que después arrugaba o dejaba olvidados en cualquier lugar, después empezó a escribir cartas en las que vaciaba lo que estaba sintiendo en ese momento, entonces llenaba hojas y mas hojas con sus palabras, todas dirigidas a su amada pelirroja, cartas que jamás enviaría, "...Ahora estoy escribiéndote esta carta, cómo muchas otras que te he escrito y que no leerás, pero tengo la necesidad de decirte, o más bien escribirte porque no tuve el suficiente tiempo de decirte lo mucho que aún te amo. Te extraño, al punto de no dejar de extrañarte, pues tu ausencia me pesa, me pesa mucho. Quizá esta carta, como las otras, nunca llegue a tus manos, o quizá si lo hace la leas con la indiferencia de quién lee cosas de un pasado lejano, pero tenía la necesidad de gritar que no te olvido, que estas presente en mi piel, que puedo sentirte..." decían algunos fragmentos de estos mensajes escritos con el alma y la melancolía sentada en sobre sus hombros. En otras ocasiones la ira se apoderaba de ella haciendo que con rabia descargase sobre papel toda la frustración de lo que seguía considerando un absurdo, entonces reía con violencia del recuerdo y maldecía, para sorprendida después darse cuenta de lo mal que estaba actuando y castigarse en ese momento, pidiéndole perdón al recuerdo, tratando de justificar con el corazón lo que la mente le decía que era injustificable. Desgraciadamente el amor es ciego y va guiado por la locura, dulce desgracia de quién está enamorado. Así escribió por algún tiempo letras que navegaban entre el amor, el odio, la esperanza y el dolor, así lo hizo hasta que se percató que hacerlo ya no dolía más, entonces sobresaltada tuvo el temor de haber dejado de querer. No era sí, las letras ahora se inclinaban a decir cuanto amaba a Lena y que el dolor que ella sentía se estaba disolviendo, seguía amándola como siempre quizá aún mucho más, pero esta sensación de extraña tranquilidad la tenía sorprendida. El dolor se había asimilado difuminando su pena, la esperanza como una semilla pequeñita se había sembrado en su pecho y ahora había empezado a enraizar, estaba creciendo. A partir de ese momento, Yulia empezó a pasar los días inventando, ideando, planeando la forma de hacer que su Lena regresara, recuperarla para esta vez no perderla, así fuera a fuerza de hacerla entender, no sólo con palabras que ahora le eran más fáciles de decir, sino también con hechos que le demostrasen la vida que ella le proveía.
En ello pensaba cuando unos golpes a la puerta llamaron su atención, "¿...Lena?" se preguntó mientras en su rostro se formaba una hermosa sonrisa al sentir que por su cuerpo corría una emoción indescriptible, era ella, estaba segura, entonces apuró sus pasos al punto de correr hacia la puerta. Cuando la abrió, la felicidad que sentía fue opacada por la decepción. Frente a ella, tal y como la recordaba, aquella mujer de gesto altivo y mirada dura que tanto las había ofendido con su intolerancia. La madre de Elena, quién permanecía de pie ante la puerta, dudando si había sido correcto ir. Ante la sorpresa Yulia no respondió al saludo que esta mujer le hacía, sólo pudo reaccionar poniéndose a la defensiva, - Supongo que viene por las cosas de su hija, adelante, tómelas y no vuelva más por favor...-, - No, espera, no vengo a eso, mi hija no sabe que estoy aquí, sólo vengo a pedirte algo- La joven aún se encontraba en su defensa, aunque las palabras de la mujer sonaban sinceras pero era natural que Yulia actuara así, después de todo Inessa fue el motivo de muchas peleas entre ellas. -¿Entonces?- cuestionó implacable, -He veenido porque adoro a mi niña y no soporto verla mal, entonces... Yulia... vine con el corazón en la mano y el orgullo pisoteado por mi amor de madre, vine a pedirte aunque sería más justo decir suplicarte que busques a mi hija, ella no puede olvidarte y yo no soporto el dolor de verla en ese estado. Sé que les hice muchísimo daño, no te pido que me perdones, sé que no lo tengo, la desesperación me impulsó a buscarte, para apelar por mi hija ante tu corazón, para rogar que la busques si aún la quieres, pero si no es así, hazlo por el amor que algún día le tuviste, te... Te lo suplico.- La joven no cabía en su asombro, aquella mujer tan dura, ahora se humillaba frente a ella, realmente el amor de una madre para con sus hijos consigue imposibles, entonces la imagen de Inessa que tenía, cambió en la mente de Yulia. Ahora comprendía por completo la actitud de ésta hacia ellas, era el dolor disfrazado de intolerancia que ahora revelaba su propia naturaleza, dolor de madre. La joven cambió su actitud - Trataré señora, pero no hay garantía de que ella quiera verme o que mi presencia la haga cambiar- expresó sinceramente al mirar el rostro de la mujer; su ojos, cómo los de su amada pelirroja, ahora se llenaban de lagrimas de agradecimiento y siguiendo a un impulso, Inessa se abrazó a la pequeña joven que podía percibir en el pecho de esta mujer, el rumor sordo de un llanto interno. -Gracias Yulia, nunca tendré la suficiente vida para agradecerte esto...- ,- No me lo agradezca, aún amo a su hija y lo menos que quiero es que ella sufra-, -Gracias, muchas gracias- no se cansaba de decir la mujer con la certeza del sentimiento que esta joven profesaba por su hija, lo decía mientras de sus ojos se empezaban a derramar grandes lagrimas. Yulia estaba completamente conmovida, entonces prometió buscarla, ahora tendría oportunidad, motivos y medios para hacerlo, no había más que planear, lo haría pronto. Una vez que había hecho que la joven prometiese ir, Inessa abandonó el lugar con el alma volviéndole al cuerpo y dejando a Yulia con la sensación de posibilidad mas enorme que nunca.
Conforme el día que había elegido se acercaba más, una sensación de ansiedad invadía a Yulia; estaba segura de lo que sentía pero dudaba, quizás Inessa había exagerado, quizás Lena no querría verle, quizás, quizás y más quizás en su mente. Entonces decidida pensó que no trataría de evitar lo inevitable, que en esta ocasión no entregaría las armas tan fácilmente y lucharía hasta el final, hasta ver que Elena cedía o hasta ver que ella definitivamente le pidiese claudicar a su intento por volver. Su conciencia le daba ánimos, ahora no era más el tiempo de dudas, era el tiempo de actuar así fuera a fuerza de pisar en un terreno endeble, pero valía la pena el riesgo, su pelirroja merecía que luchase por ella. El día llegó y con el valor que le proporcionaba su amor, fue a buscarla. No pensó en llamarle, pues sabía que una llamada quizá la pusiese sobre aviso, predisponiéndola así a una situación que se saliera de control; su avance tenía que ser sorpresivo, ya habían tenido ambas suficiente tiempo para pensar. El corazón le latía aceleradamente en el pecho cuando llamó a la puerta de los Katin, imaginó que le abriría su amada, casi podía contar los pasos que ésta daría para atender el llamado, también pudo imaginar la expresión de su rostro al verla. Sintió que no estaba respirando, "...tranquila" se dijo al inhalar profundamente cuando oía que la puerta se abría. Ante ella se presentaba Inessa, que con cara sorprendida manifestó - ...Yulia... Pensé que vendrías antes, Lena no está, generalmente a esta hora sale a caminar por un rato, pero nunca dice a dónde va...- En el rostro de la joven se formó una sonrisa inmediatamente y en medio de una exclamación besó las mejillas de la mujer - ¡Gracias señora!- dijo mientras emprendía una carrera, sin explicarle nada a la mujer, que de momento le descontroló la reacción, pero después sonriendo comprendió que Yulia sabía dónde encontrar a su hija, "encuéntrala..." pensó mientras veía a la joven alejarse rápidamente por la calle.
Su parquecito, sí, ahí la encontraría, pensaba cuando iba corriendo por el camino hacia el lugar; se detuvo a escasos 200 metros del sitio, necesitaba respirar para parecer que estaba tranquila, aunque en el fondo sabía que no conseguiría parecerlo pues la emoción le saltaba por cada poro de la piel, ahora lo que tenía que hacer era tranquilizar a su corazón que volaba. Entonces colocó las manos sobre sus rodillas, le temblaban, el aire se negaba a entrar con propiedad a sus pulmones y así, semi reclinada, logró ver a lo lejos aquella figura que adoraba, aunque de espaldas, adivinaba que era ella, ese andar jamás podría ser imitado por otra persona y el rojo cabello suelto en rizos era inconfundible. Recuperó lo suficiente el aliento como para acercarse y notar que ésta caminaba completamente inmersa en sus pensamientos. No la sintió llegar, en su menté estaba nada más Yulia y todo lo demás podía pasar a un segundo término; lamentaba su falta de carácter cuando en el momento sintió que una tibia mano se asía de la suya, conocía perfectamente ese tacto y la electricidad que le proporcionaba; sobresaltado su pensamiento volvió de inmediato a su cuerpo, el toque de esa mano la hizo regresar violentamente para mirar asustada a aquellos ojos tan amados que la observaban con ternura. En verdad era ella, su amada Yulia, no supo que decir, en ésta ocasión era a ella a quién le fallaban las palabras, la sorpresa la había dejado muda por el momento. Yulia pudo comprender perfectamente aquella reacción en Lena, quién vivía un poco lo que a ella le sucedía con frecuencia, pero ahora era su turno y comenzó por desnudar el alma con su corazón entre las manos - ...Sabes chiquita, me he dado cuenta de algo muy importante, tu y yo nos hemos separado por una falsa razón que de cierto modo las dos quisimos ignorar, pero ayer comprendí que hoy de hecho, estamos más cerca que nunca, pues en este tiempo alejadas no pude concebir lo que es vivir en tu ausencia. Te amo Elena, como jamás pensé hacerlo, aunque tú lo sabes y creo que no es necesario que te diga lo mucho que me haces falta. Aunque sé también que tal vez en ti ya no se albergue más esa chispa que yo encendía y por tanto lo único que me quedaría decir es que siempre te amé aunque me exigías gritarlo siempre, aunque no estuvieras segura de mí, te amé y hoy te amo aún mucho más que ayer. Más que ese primer día en que te vi, cuando supe que eras tú mi único amor, mi equilibrio, el punto exacto que endulza mi vida, la que pone mis pies sobre la tierra cuando levito distraída, pues eres y serás siempre tú. Yo no te pido volver, sólo quiero que sepas lo que siento, lo que por primera vez digo sin sentir ningún temor o presión por hacerlo. Te amo siempre pues no me bastarían ni cien vidas para olvidarte.- concluyó mirándola a los ojos con la certeza de haber dicho por completo lo que sentía.
Lena nunca la había visto decir algo con tantísimo sentimiento, podía adivinar en su expresión la verdad de todo, sabía que todas esas palabras eran pronunciadas con el alma abierta de una mujer que la adoraba totalmente, a ella, con todos sus defectos y cualidades, su amada Yulia que no le había importado sufrir un dolor tan grande pues seguía luchando por ella, entonces se sintió indigna de ese amor sincero, la amaba pero no había tenido el valor, ahora pagaba caro el precio de la inseguridad. No pudo sostener la azul mirada por más tiempo y apartando la vista con vergüenza musitó casi en un hilo de voz – No te merezco, estaba ciega, soy una absurda....- pudo completar antes de soltar el llanto. Yulia la abrazó fuertemente contra su pecho, podía sentir entre sus brazos temblar el cuerpo de su amada, completamente conmovida sentía que no podría contener las lagrimas por más tiempo, - no somos perfectas, somos humanas tenemos errores, podemos enmendarlos si queremos...- le decía mientras sentía que los brazos de su pelirroja se aferraban a ella en un abrazo del que ya no se soltarían más, pues en un abrazo del alma los lazos permanecen eternamente en una sola esencia, - ¿me perdonaras?, ¿podrás...?- exclamó la pelirroja con angustia al tiempo que miraba aquellos ojos que eran la luz de su vida, -¿Cómo perdonar lo que no puedo recordar?- expresó Yulia en medio de una sonrisa de felicidad mientras que la tarde se cernía sobre ellas en violáceos tonos por el cielo al momento de que el sol les regalaba los últimos destellos de su aura fulgurante. Así dos almas unidas que se habían separado, volvieron nuevamente a ser una, indivisible, para amarse nuevamente como la primera, la única, por toda la vida.
- Fin. -
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