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CorrespondenciasPor: Follen Kat |
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¿Cuándo fue que nos dejamos de querer? No lo sé, por ello te escribo esta carta, y es que simplemente dejamos de hablar, estábamos ahí, siempre, pero cada quién pensando sabe Dios en que cosas, por eso te pregunto qué fue lo que nos pasó, ya que realmente no lo sé. Por ello fue que tomé mis cosas y partí, pero dejé atrás la mitad, esa mitad mía que te pertenece y que no reconozco como propia. Pero sabes, ahora te extraño pues me hace falta tu ruido, las infinitas manías que tienes y que me molestan enormemente. Tú que siempre fuiste suficiente, con esa arrogancia que la seguridad te da, pero que en el fondo es falsa, pues sólo yo he conocido esos lados débiles, que solo me muestras a mi y que tanto detestas. Eso es lo que extraño. También me hace falta el orden compulsivo de tu armario, con toda tu ropa dispuesta por colores y hecho de menos ver mis cosas junto a las tuyas. Pero estaba harta de tu mirar inquisitivo, cuando con mis ruidos interrumpía tu lectura, estaba cansada también de descifrar los signos de tu proceder. Me dio asco la persona en la que me convertí al tratar de adivinar tus pensamientos. Por eso me fui y me llevé conmigo el deber de hacer que veas con mis ojos cómo es que esta separación a la que llegamos, afecta en nuestro modo de vivir. Otra cosa quiero que sepas, hoy estoy molesta contigo, pero ese resentimiento ya no lo es más. Me estoy volviendo indiferente.
Porqué me cuestionas algo que simplemente no tiene fundamento. Me preguntas cuándo fue que nos dejamos de querer, ¿ En realidad nos queríamos? Fuiste tú la que huyó de esto que tenemos (teníamos). Perdona si continuo hablando en tiempo presente, es la rutina. Y así como dices tú que me extrañas, creo que a mi me sucede lo mismo, pero una creencia no es suficiente, si acaso no tienes la plena certeza de tener fe en ello. Mi orden compulsivo mencionas en tu mensaje, quizá sea verdad, pero es solo ese orden una manera de contrarrestar tu volátil conducta. Quizá recuerdes que alguna vez me acusaste de ser demasiado terrenal, con demasiado apego hacia mis rutinas, pero nunca te pusiste a pensar que éstas me protegían de lo irremediablemente fantasioso de tu pensamiento. Siempre fuiste muy inocente y entre tu fantasía, no te permitías ver que quién te rodeaba, se partía el alma simplemente por el hecho de estar contigo, por eso te digo, fuiste injusta Elena y hoy siento que no te quiero.
Recibí tu mensaje, gracias por lo que en él dices, en realidad no me molesta, además de que en algo tienes razón, porque en este dices que soy inocente (aunque creo que fantasiosa es más correcto, según tus términos) y por lo mismo continuo creyendo en ti, aunque tu misma no te tengas fe. Por ello te contaré un cuento que puede explicar nuestra historia.
“ Había una vez (aunque suene trillado o gastado) en una ciudad, en el que todo el mundo se había vuelto impersonal; en ésta los ritmos estaban regidos al movimiento continuo de las cosas y la materialidad industrial en que se movían. En esta ciudad donde todo era trabajo, vivía Oleg, de apellido Volkov, un hombre que se detenía entre la parafernalia industrial para ver pasar en procesión a una fila de hormigas con sus grandes ojos, se detenía también para observar con devoto decoro cómo los rojos teñían el añil de los cielos por las tardes y formaba sinfonías con los siseos urbanos que por las calles de la ciudad escuchaba. Era nuestro Oleg un soñador que libraba, como en la época de caballerías, batallas contra la rutina envestida de escamas de dragón de grandes alas, eran luchas de las que creía salir siempre bien librado, para siempre volver a enfrascarse en una nueva empresa. Pasaba días Oleg en pulir su armadura hasta dejarla bien brillante, tanto que su reflejo le sonreía y orgulloso pensaba “para cuando se ofrezca”. Casó Oleg con Larissa la doncella, virtuosa por su discreción y por su capacidad de convertir en oro la paja que Oleg traía a casa. Larissa era paciente, demasiado, según muchos que la conocían, pues el soñador era Oleg y en sus batallas nada redituaba, pero ella silenciosamente siempre estaba ahí, haciendo el milagro de mantener sobre la tierra los pies de Oleg...”
Quiero Yulia que comprendas a tus padres, por ello es que escribo así de ellos, así los veo yo y quiero que te des cuenta del porqué de tu manera de ser.
Reitero. Eres fantasiosa. Por qué no simplemente dices que mi padre era un bueno para nada, en tu cuento (o intento de cuento) lo pintas como si hubiese sido un héroe que nunca fue y a mi madre la describes como alguien abnegado al punto de la inconsciencia, aunque eso en parte no lo puedo refutar pues es algo cierto, aunque al final mi madre terminó por estallar de desesperación contra mi padre. A qué es lo que quieres llegar, si sabes que detesto hacer recuerdos, lo sabes y pienso que tu cuento es un instrumento de mortificación a mi conciencia. No sé si quiero continuar con este juego de cartas que tenemos, quizá sea mejor que terminar de una buena vez con esto. Seamos honestas dijiste antes de partir, pero qué honestidad hay en tus palabras. Perdóname por favor, estoy siendo dura en esta carta, pues al escribir esta ultima línea, me doy cuenta de que la honestidad la perdimos en algún recoveco de nuestra casa o en cualquier lugar en donde el hastío nos alcanzó. Pero está bien, si de honestidad se trata, te diré que caímos tú y yo irremediablemente en el tedio y eso terminó por irritarnos hasta el punto de que el silencio se apoderó del termino nosotras. Sabes, llegó a molestarme hasta el roce de tu andar vaporoso por la casa, tu confianza excesiva en mí, esa, que de un inicio agradecí, pero que siempre me plantó hondas dudas, por eso surgieron esos detallitos (infidelidades dirías tú), porque simplemente nunca sentiste celos o nunca los manifestaste con algo más que no fuera una mirada indiferente, y para ser sincera, lo hice por molestarte, para ver si reaccionabas y si se generaba en ti algo que fuera más que una sonrisa comprensiva y un abrazo gastado. Quería saber Elena, sólo eso, saber si realmente te importaba aunque fuera un poco. Aunque ahora comprendo que tú y yo no hemos terminado del todo, que el vínculo sigue presente en estas cartas que nos escribimos y que transmiten aquello que con palabras no podíamos ni mencionar. Ahora no entiendo Elena, hemos terminado o no. En cuanto a tu historia, por favor sé un poco menos fantástica y un poco mas real.
“...Larissa y Oleg lo intentaron, había que preservar el linaje y la estirpe soñadora de Volkov. Así nació una niña bella, Svetia la llamaron, tan hermosa era que fue nombrada así por la luz que irradiaba su persona. Demasiado bella para este mundo, así lo comprendió la madre natura y una mañana se deshizo, así como en el deshielo del verano, Svetia la bella desapareció en agua. Después hubo un intento, un proyecto que no se cumplió y que el recuerdo a Larissa le punzaba, con un dolor en las entrañas que le partían el alma (eso me lo contó tu madre) y Oleg deseó entonces un hijo, un varón que fuera valiente como él y que acabara con el recuerdo triste que le precedía. Julios le llamaría, el nombre de un césar para darle fuerza entera a su vida. Pronto el vientre de Larissa se tornó turgente y Oleg en emoción intensa inició una búsqueda. Pues en un material quería proclamar el nombre del conquistador que seria el hijo de Oleg Volkov. Así entre los tesoros de la ciudad encontró una pieza de fina madera, que con sus propias manos cortó y pulió y pulió hasta dejarla tersa, con vida propia. Ahí tallaría el nombre, letra a letra y empezó su trabajo. Un hijo se decía con orgullo al trazar con fe los caracteres en la superficie y con amorosa paciencia pudo ver que tras su labor iban apareciendo, una a una las letras que conformaban aquél nombre tan deseado. Pero el valiente que esperaban, no quiso aguardar por más tiempo y antes de que Oleg iniciara en la suave madera las últimas dos letras, entre un torrente inesperado, nació una niña. Pequeña fue la criatura, pero con ferocidad en la mirada. En el fondo Oleg sintió una decepción desesperada, pero fiel a su sueño terminó el gravado, nombrando así a Yulia, de apellido Volkova, hija de Oleg y Larissa...”
Hoy no pensé en ti, pero no estoy siendo franca, porque de ser así no te escribiría esta carta. Pero hoy no estuviste en mi mente al despertar, tampoco me acompañó tu recuerdo en el auto mientras conducía. No estuviste ahí cuando acepté la invitación de Tatiana. Pero llegaste en el momento más inoportuno, tu presencia en mí, fue (o debo decir es) tan intensa, que tu imagen opacó el brillo artificial de Tatiana. Tú la conoces y nunca será Elena. En ese momento sentí una rabia intensa contra ti, contra mi, contra nosotras, porque a pesar de ser libre no quise dejarme ir y te fui fiel cuando ya no se requería. Hoy estoy profundamente frustrada y no leeré la fábula que me enviaste, no estoy para cuentos de hadas esta noche.
Sabes, he estado buscando las palabras necesarias para continuar con mi relato, así, tal y como tú lo pediste, menos fantástico y más real, pero ponte a pensar un poco, que nuestra historia en realidad fue (es) especial y simplemente por ella, es que busco las letras adecuadas, por que no quiero mentir y tiene que ser honesto el relato, por lo que trataré de escribir mi propia historia.
“Elena, de apellido Katina, hija de Sergei e Inessa...”
Lo siento, me es difícil iniciar esta parte de la historia, además no tengo ánimo de hacerlo. ¿Acaso debo hacerlo? Leí tu último mensaje y hoy te detesto una vez más.
Leí el avance de tu cuento y lo vuelves a hacer, pero no criticaré tu modo, ni tus maneras pues comprendo que esa es tu forma de ver las cosas. Sólo quiero que digas la verdad, mis padres fueron muy ignorantes, eso es lo único cierto. Svetia murió de diarrea y no por que se haya desvanecido en agua, como tú dices, ocurrió por la ignorancia de ellos, lo dejaron en manos de dios, sin ponerse a pensar que un simple medicamento pudo haberla salvado. Del aborto tuve conciencia desde hace mucho tiempo, porque después de mi ocurrió otro, lo que no entiendo es por qué quieres hacer poética esta situación, una historia como la mía que no tiene nada de particular y que es tan común en estos tiempos. Simplemente leo en tu manuscrito, que tienes pavor de nombrar las cosas como son. También leí la siguiente carta. Me dolió leer las últimas líneas, lo confieso, pero nos dijimos honestidad entre ambas y eso es lo que escribí. Me duele, pero estás en tu derecho, fuiste honesta y la verdad me golpeó en la cara, pues mencionas “una vez más”. Perdóname, no quise hacerlo. Te extraño. P.D. Es muy cierto que es muy difícil escribir sobre uno mismo.
Elena, no he recibido carta tuya últimamente, solo espero que estés bien. Recuérdalo pediste honestidad. Por cierto, saldré de viaje por algunas semanas, ya sabes que mi trabajo lo requiere.
“...De la pérdida que la antecedió, Yulia fue criada bajo un pesado manto protector. Su pequeño tamaño y el miedo a perderla, hicieron que Oleg y Larissa extremasen precauciones. Y en la casa de los Volkov todo fue controlado, medido y especificado para que la pequeña niña lograra sobrevivir el mayor tiempo posible. Así perdió el color azulado de su piel y empezó a crecer contra todos los pronósticos de quienes al verla, habían dicho que Dios se apiade de su alma. Así creció hasta convertirse en infante, creció para ser adolescente y creció para ser una mujer hermosa. Los padres se convirtieron en custodios, o más bien fue Larissa que siempre estuvo ahí, al pendiente de su hija, la más amada, la única lograda. Oleg continuó persiguiendo quimeras, manteniéndose así distante de esa hija, que hubiese querido hijo y que aprendió del abandono de su padre, que sólo con el trabajo y no solo con sueños, se podía sobrevivir. Yulia creció siendo feliz y en un esfuerzo de Larissa, Yulia se lanzó a la intelectualidad, primero el colegio, luego el liceo y al final la universidad, para forjarse en lo que ellos, nunca pudieron ser....”
En que momento dejaste de creer, Yulia te perdiste en las intriguillas de tu asiento burocrático y en la ambición de enterrar tu pasado sencillo. Se te olvidó tu origen Yulia y perdiste humildad con tu ropa de marca. Olvidaste el sabor del agua con el degustar de bebidas exóticas y vinos caros. No eres más aquella que conocí cuando estudiábamos juntas; el trabajo te pavimentó el espíritu, te lo dije muchas veces, pero es ahora que espero realmente que me escuches. Por mucho tiempo creí que algo de ti prevalecía, pero creo que no. Ya no te conozco Yulia Volkova.
Hoy está nevando y no pude sacarte de mi mente, siempre fuiste mas friolenta que yo. Pronto terminaré el trabajo que estoy haciendo aquí y regresaré a casa. Quizá cuando regrese encuentre bajo la puerta correspondencia tuya. Tienes la culpa, este dialogo que estamos entablando me está haciendo adicta a tus letras. Aquí en la distancia me siento muy sola y pienso que cada día te extraño más. Por eso me arrepiento de las cartas que te escribí y que te estoy escribiendo. La nostalgia no es buena compañía, siempre mal aconseja. Pero bueno, hoy que está nevando y no puedo salir, quizá pueda ayudarte con tu cuento (bueno nuestro cuento) en la parte que sientes que te has atorado. Así que retomo tus palabras y trataré de continuarlo. Sólo espero que no te moleste.
Elena, de apellido Katina, hija de Sergei e Inessa. Nació una fría mañana, por eso siempre padeció el frío con mayor intensidad. Es Elena de una belleza extraordinaria, sólo comparable con la luz de su alma. Elena creció entre el bullicio de una familia normal, lo que le permitió desarrollar una habilidad extraordinaria, una capacidad inherente para ver mas allá de los sueños con claridad y así poder entender a Yulia Volkova, una mujer complicada, que sólo a su lado tomaba la vida como propia. Así también era Elena la música para Yulia, su única razón y el complemento a su descolorida vida...
Discúlpame, no puedo seguir escribiendo, hoy siento que te extraño demasiado y se me está partiendo el alma. Simplemente mi escritura estaba tomando matices muy a tu estilo. Lena ¿Qué nos pasó? Creo que simplemente no pasó nada y eso nos alejó cada vez más. No me hagas caso, es la nostalgia. Por cierto, quiero preguntarte algo más, ¿Tendrá esta correspondencia algún final? Quizá así sea (así lo espero). Te quiero.
Por primera vez en mucho tiempo volví a asistir a la academia. Nicolai continua en la asignatura de trazo. Me abrazó al verme, por su expresión pude notar cariño, me dio gusto percatarme de ello. A veces pierdo la noción de individualidad y que alguna vez alguien más pudo extrañarme, por eso me dio gusto ver a Nicolai. Después empezamos a hacer apuntes del modelo que estaba posando. Era un joven de edad indefinida, pues con las ropas puestas, tenía la apariencia de un chiquillo. Aún cuando se descubrió el torso, tenía la imagen de un adolescente con el pecho terso y un leve asomo de músculos incipientes. Todos lo observamos con detenimiento y la palidez de su piel empezó a tomar un leve tono rozado. Terminó desnudándose y adoptando la posición que Nicolai le indicó. Quise verlo a los ojos, pero su mirada se había clavado en el suelo, quizá tenía pudor pues intuyo que al desviar la mirada de todos, se protegía de la vergüenza ante su propia desnudez. Hicimos apuntes y bosquejos de la pose forzada y después que todo terminó, me quedé un rato con Nicolai, que con poco interés revisaba los dibujos que le acabábamos de entregar. Lo vi viejo y acabado, a pesar de solo ser unos años mayor que tú y que yo. Sus ropas que alguna vez fueron finas, ahora se veían muy gastadas por el constante uso. “Bienvenida Elena, que bueno que retomas el estudio, te extrañábamos mucho, te extrañe” me dijo en una sonrisa cansada. Su aliento olía acre, a cigarro y a innumerables tazas de café, seguramente consumidas durante la mañana. Entonces llegaste a mí con fuerza, pues recordé como te gusta el café. No instantáneo y sin azúcar, preferentemente bien molido para que sea espeso y fuerte, algunas veces frío. ¿Te das cuenta? Cualquier cosa me hace recordarte. ¿Regresarás pronto?
Hoy me acicalé Yulia, justo como a ti te gusta que lo haga. Me arreglé las uñas de los pies y de las manos. También delinee los arcos de las cejas y puse polvos en mis párpados para destacar los ojos. Vestí ese suéter de cuello alto que te encanta y perfumé mi piel con el aroma a sándalo que me compraste en oriente. Ojalá estuvieras aquí, así podrías sentir que bajo la ropa no llevo nada mas que la piel que me cubre el cuerpo. Y sabrías que todo este arreglo es para ti. Con una sola mirada lo sabrías. Entonces me mirarías a los ojos sin decir nada y yo entendería. Pero no te encuentras, no estás. Aún cuando estabas presente, no estabas ahí, dejaste de notarme, así lo percibí y así, invisible como me sentía, dejé de arreglarme, simplemente no le veía objeto a tratar de agradarte o complacerte si no me notabas, dejaste de percibirme. Pero seré sincera. Ayer en broma Nicolai comentó que necesitarían un nuevo modelo femenino, pues la nuestra no podía continuar posando y hoy mientras me aseaba, me miré al espejo. Me encontré bella. Quizá sea que sin ti es que estoy siendo.
Mi viaje demorará un poco más y siento que hasta aquí el hastío me ha encontrado, te extraño cada vez más y pienso que he desperdiciado la oportunidad de estar contigo de la forma más absurda. Sí Lena, me he dado cuenta de que eché (echamos) todo a perder, aquí en soledad es que puedo verlo claramente. Me haces falta como no habría llegado a creerlo. Lo siento, fui (soy) muy infame, porque detestaba cosas de ti que ahora deseo con desesperación, pero también pienso que necesitábamos espacio, o más bien en mi mente arrogante era yo la que lo necesitaba, pues pensándolo fríamente, me volví egoísta y esnob. Bien lo decías y dices tú, mis intriguillas burocráticas lograron modificar profundamente mi carácter (o sería la ambición o la vergüenza de mi pasado las que hicieron el cambio). Tu cuento ha logrado que en parte vea a mi familia con otros ojos, con los tuyos y no con la visión crítica con la que crecí. Pero quiero explicarte, decirte nuevamente el por qué. En casa siempre hubo limitaciones, lo sabes y vivir en la incertidumbre de que quizá en un mañana no habría nada que llevarse a la boca era muy duro. Mi padre nunca pudo concretar nada, tampoco fue previsor, vivía al día sin importarle nada desde antes de casarse con mi madre y posteriormente continuó con su actitud, haciendo que esa situación nos condenara a las dos, pues vivíamos con un constante temor, que después se volvió resentimiento. Tú sabes que le tengo rencor a mi padre, él deseó siempre un hijo y nunca llené sus expectativas. Por ello cuando pude me fui y mi madre fue la artífice de lo que ahora soy. Gracias a ella es que tengo una profesión y una posición como la que tengo. Siempre acepté eso y también lo sabes, de no ser por Larissa, quizá yo también fuera como Oleg. Pero la separación y la decepción de mi madre fueron las que formaron ese aspecto frío de mi ser. Nunca te lo dije, pero creo que ella lo odiaba porque lo amaba demasiado, no lo mencionó, pero al irse musitó su nombre en un suspiro. Cuando agonizaba ella busqué a mi padre, tampoco te conté eso. Lo encontré y no quiso ir, no me reconoció o no quiso hacerlo y lo odié. Entonces juré que no soñaría con cosas irrealizables y cierto, mi carácter cambió. Tú lo percibiste, pero no te pude explicar el por qué. Simplemente se me ahogaban las palabras y quise suprimir el sentimiento. Perdóname por favor, el egoísmo me carcomió el espíritu. Ahora ya no escribiré más, solo quisiera que tus letras llegarán hasta aquí.
Hoy estuve por la casa, la fuerza del hábito me llevó a dejar las llaves en la charola que está sobre la credenza de la entrada, ahí justo donde tú las dejas. Bajo la puerta encontré mis cartas, las acomodé por fecha y al mirar mi letra se me hizo ajena. Entonces recorrí el pasillo hasta la sala de estar. ¿Recuerdas como discutimos por el color de ese pasillo? Finalmente me diste por mi lado y quedó el color tierra que tanto criticabas, pero que en el fondo apreciabas porque resaltaban intensamente las acuarelas que tanto te gustan. En apariencia la casa no ha cambiado nada, aunque el cambio no es visible es avasalladoramente palpable. Solo vine a recoger algunas cosas, sabiendo que no estás y que no tendremos así una discusión innecesaria que nos dejaría exhaustas a las dos. Pero sabes algo, estar en la habitación, nuestra habitación, aun me perturba y sin querer, me hallé con la nariz en tu almohada. Buscaba rastros de ti y sólo encontré un sutil aroma. Yulia, me senté en el suelo a llorar esas lágrimas que nunca me viste porque tantas veces reprimí o las lloraba a solas. Y lloré porque nos perdimos quizá de manera irremediable, porque he leído tus últimas cartas y no sé que pensar, porque el sentimiento me ha alcanzado. Pero entonces que habría sido de nosotras si no hubiese ocurrido esta separación física, porque hacía tiempo que estábamos separadas. Tú y yo lo sabemos. Por eso lloré y después con una sonrisa me reprendí por llorar, porque vi nuestras cosas aun juntas, es decir, nuestras presencias en esta casa son tan fuertes que se necesitarían mil separaciones para borrar los rastros de lo nuestro aquí. Por ello te escribo esta carta, lo hago sentada ante tu escritorio, donde siento con más fuerza tu persona. Este papel que te escribo lo pondré junto a las otras cartas, para que esperen pacientes tu llegada, así como espero yo cada carta tuya.
Por fin regrese y noté que estuviste aquí. Aun sin saberlo, sin leer tus cartas percibo que estuviste aquí. La casa entera te delata pues el ambiente se siente ligero, no como usualmente está en tu ausencia. Pero debo hacerte un reclamo, en una de tus cartas mencionas que dejé de notarte. Eso no es verdad, al contrario, siempre estuve al pendiente de cada detalle que ocurría en nuestras vidas, en tu vida principalmente, en tus cambios de humor, en tus pesares. Pero nada dije, ese es mi error, la omisión, el peor pecado. Ahora lo entiendo al pensar en que otros ojos puedan notar ese arreglo que ya no es para mi. Así como también veo que estás cambiando, volviste a la academia y me cuentas que piensas en posar. Lo que me duele, es según tus palabras, que sin mi es que estás siendo. Pero recuerda que sin ti no soy nadie. Has sido tú quién me ha tocado como nunca pensé que alguien lo haría, pero tarde es que me doy cuenta de ello. No puedo cambiar lo pasado y quizá tampoco pueda cambiar el porvenir, lo único que sé es que mi presente está cambiando y eso es porque me haces falta. P. D. Cómo va el cuento, quisiera ver si mi (nuestra) historia tiene un final feliz.
“Yulia Volkova ingresó a la universidad con los ideales por delante, en su espíritu no se había empañado aun la capacidad para soñar y soñando, soñando, encontró a alguien que compartía su sueño. Alguien que pronto sintió que sin Yulia no valía la pena respirar. Entonces formaron pareja. Yulia y Elena se unieron para vivir el ideal que se habían forjado y por primera vez Yulia sintió que era feliz (eso tú me lo dijiste, siempre lo creí y aun lo creo) pues el esfuerzo de una vida dura la había llevado a encontrar lo que creía le estaba vedado. Había encontrado el amor y cuidadosamente empezó a cultivarlo, hasta que éste formo raíces profundas en las dos, en Yulia y en Elena que se habían convertido en una. Así el tiempo pasó y cada cual con la ayuda del amor, logro sus sueños para lanzarse a la vida que las esperaba. El apoyo entre ambas nunca faltó, por lo que pronto Yulia Volkova se hizo de un nombre en la ciudad y delante de su escritorio, como en los tiempos de la tabla de Oleg, se escribió con grandes letras su nombre. Con Elena a su lado, sentía que nada le faltaba, pues el éxito le sonreía demasiado, pero en el ideal en el que vivían, no se dieron cuenta en que momento el hastío se fue insertando poco a poco entre ellas. “
Así fue Yulia, empezaste a dejar de lado lo que teníamos, porque ansiabas más de lo que poseías y olvidaste que eras feliz con una vida sencilla, simplemente lo olvidaste. Empezaste a buscar eso que para mi era indescifrable, buscaste posesiones y en un momento, me sentí uno más de entre tus objetos. Buscaste también ese algo más que yo encontraba en el olor de tus ropas cuando volvías por las madrugadas. Olores que no eran los tuyos y que me punzaban en el vientre con rabia. Pero entonces podía percibir que solo en mí encontrabas lo que buscabas, pues tu cuerpo se aferraba al mío y decías eres tú y el dolor de la duda se disipaba, pero volvías como en un ciclo sin fin que terminó por dejarnos hastiadas a las dos. Aun así me he puesto a pensar, a tratar de comprender esa búsqueda constante y sencillamente llego a la conclusión de que en algún momento perdiste el rumbo y que no tuve la suficiente visión para darme cuenta de ello. Dejé de apoyarte. Perdóname.
No me gustan tus reclamos y tu cuento está tomando ese cariz, y no me gusta porque tienes razón. Todo es verdad, perdí la perspectiva de las cosas. A nadie le place que le recalcen los errores, pero también influyó en mucho tu abulia. Simplemente perdiste las ganas de vivir, quizá eso fue provocado por mi actitud, pero tu indiferencia no ayudaba mucho que digamos. Me dolía porque llegué a pensar que ya no figuraba en tu vida, por eso busque en otros lados eso que nunca encontré, sino sólo contigo. Pero nunca te diste cuenta que sólo a tu lado puedo dormir y que pasaba interminables horas en la madrugada, observándote, respirándote, estando ahí para sentir el calor de tu cuerpo y poder escuchar tu respiración pausada. No lo percibiste, estabas demasiado ensimismada en tus pensamientos, en esos lugares a donde no me dejabas llegar y me cansé de ello, te soy sincera. Ahora soy yo la que te pregunta ¿Por qué Elena?, ¿Por qué? También poco a poco te fuiste perdiendo, te fui perdiendo y no tuve la capacidad para retenerte o no quise hacerlo, porque en mi egoísmo no pude ver, me volví ciega ante el sentimiento. Lo comprendo ahora, pero no me disculparé por ello.
Es natural que me cuestiones, así como es natural la respuesta que te daré. Tu actitud me produjo desinterés porque la desesperanza me alcanzó sin remedio. Pero noto un cambio en ti, así como yo he cambiado. Veo que no eres la misma que dejé y vuelves lentamente a ser aquella que conocí, aunque aún prevalecen algunas cosas. En esta carta te pongo un recorte de algo que alguna vez escribí cuando tu ausencia más me dolía, cuando sentía que lo irremediable era lo único que nos quedaba a ti y a mi.
“...Yulia, la unión nos llevó a edificar un obstáculo, quizá mejor a cavar un abismo. Entre más trabajábamos por el abstracto, por el amor o sea lo que sea, más lejos nos encontrábamos una de la otra, y es que Yulia, tú y yo al principio nos amamos porque nos amamos en una explosión para la que ahora ya tenemos un casillero en nuestra memoria. Después nos amamos por la cercanía, hasta que ese amor dejó de acercarnos. Nos amamos también por costumbre hasta que la costumbre se volvió excepción. Nos amamos por fechas, hasta que las olvidamos. Nos amamos por compromiso, hasta que intuimos que ese compromiso era eso, una obligación. Nos amamos por casualidad hasta que nunca logramos encontrar mas esa casualidad. Nos amamos por un recuerdo hasta que desapareció. Nos amamos por energía que nos sobraba, hasta que nos cansamos. Nos amamos por cansancio Yulia, hasta que dejamos de amarnos.”
Fueron palabras duras las que escribí, estaba endurecida por el dolor, pero ahora no las siento como tal, simplemente hemos cambiado y siento que esas frases se quedan en el aire, han perdido su fundamento, porque cada día pasa o debo decir se arrastra sin ti. Ahora el silencio que tanto disfrutabas, me grita al oído que es contigo con quien prefiero el silencio, solo contigo, no a solas como estoy. Te quiero.
Leí tu última carta y en verdad algo se desgarró dentro de mí. Leerte en un fragmento previo a nuestra separación fue doloroso. Entonces salí con desesperación a buscarte, para mitigar la zozobra que me habían producido tus líneas. Sé que no debo buscarte hasta que tú lo quieras, hasta que tú me lo permitas, pero la necesidad de verte fue imperiosa. De ese modo y sin saber realmente cómo, me encontré en la acera del frente de la academia. Te vi salir del edificio y no tuve el valor de contactarte. No me viste, ibas acompañada. Supongo que era Nicolai quién caminaba a tu lado y en un momento su mano rozó tu cuerpo. Vi su mirada y un ardor se fue apoderando con violencia de mi ser. Me quemaron los celos en lenta agonía y desee la muerte. Porque esos ojos que te miraban con dulzura no eran los míos, porque esa mano que levemente te había rozado no era la mía. Porque no era a mí a quién dirigías esa sonrisa, ni tampoco ese beso en la mejilla era para mí. Y volví a maldecirte, me maldije por hacerlo, por no tener el suficiente coraje para hablarte, por vivir en la comodidad de esperar a que accedas a verme o a hablar conmigo por otro medio que no sea este. Me sentí impotente y estúpida. Solo entonces regresé a la casa y sentí que las lagrimas me quemaban las mejillas. Lloré por ti hasta que no me quedó una lagrima más. Nunca había llorado por nadie, lo sabes, pero verte así y pensar en la posibilidad de que tus pensamientos ahora pertenezcan a otra persona, me partió el alma en una mezcla de rabia y celos. Entonces me percaté de que la soledad en la que vivo fue propiciada únicamente por mi culpa, por mi egoísmo y mi ambición. Elena... Lena te necesito en mi vida, debemos terminar con esta agonía.
Yulia ahora es de madrugada, tengo un tiempo que no puedo dormir. Se ha vuelto frecuente que el alba me encuentre despierta, pero te escribo estás líneas para tener un diálogo contigo, porque eso es lo que últimamente hago. Platico contigo a todas horas, como si realmente me escucharas y lo hago porque no encuentro en otras gentes tu humor mordaz, ni la risa franca que te caracteriza. Por más que busco símiles, no los encuentro. ¿Por qué eres tan inolvidable? Siento coraje al decirlo, porque inútilmente hago comparaciones que conscientemente sé que no existen. Soy sincera, quise llenar el vacío que se formó entorno a nosotras, pero al tratar de hacerlo, el sentimiento de vacuidad se hizo inmenso. No duermo pues te pienso y al pensarte me recorre un estremecimiento, pues son tus manos las que conocen cada milímetro de mi piel. Contigo no siento inhibiciones, me conoces, no me siento vulnerable pues aun me reconozco como tuya. Contigo no es áspero, es suave. Pienso en las cosas que estamos (que estoy) dejando atrás y realmente me pesa, pues no le encuentro ningún sentido. También recuerdo en estas noches sin sueño, como es que tu piel huele y como es que mis olores se mezclan con los tuyos. La imagen de tu espalda desnuda, una mañana mientras duermes o cómo es que mi cabeza se amolda a la perfección sobre tu hombro, son memorias que no dejaré porque son mías. No tengo más fuerza para pedirle a tu recuerdo que me abandone, tampoco quiero que lo haga. Ya no le veo sentido a continuar con esta comunicación, pues siento que todo está perdido y por mi culpa. Tampoco terminaré el cuento que te escribía, tu historia, la nuestra, pues no me puedo imaginar un final para ella. Me estoy rindiendo.
Lena debemos considerarlo, déjame llegar nuevamente hacia a ti, destruye esa muralla que yo construí. Te lo pido porque sin ti no puedo estar más. Sé que es difícil y sé que lo será aún más, pero piénsalo, no pierdes nada. De tomar en cuenta mi propuesta, te daría mi vida entera, estaría junto a ti siempre y cuando tú lo quieras. No dejaría cabellos en el jabón, sacaría la basura. Si vuelves conmigo te leería cuentos por las tardes y por las noches te haría el amor. Por ti trabajaría menos y viviría un poco más. Y aunque esté cansada te escucharía, así sea que me platiques cosas que en otro tiempo me parecerían disparatadas, las escucharé interesada como si fueran las más atractivas del planeta. Regresa conmigo y seré humilde, aprenderé a pedir perdón y a decir me equivoque. Enterraría mis absurdas ambiciones porque de nada sirve ambicionar cosas si no estás aquí. Ven conmigo y caminaremos juntas. Y cuando tengas ganas de llorar, te daré mi hombro y lloraré contigo. Vuelve a mi y volveré a ser humana, volveré a soñar como solía hacerlo, como lo hago ya. Ven y besaré cada uno de los dedos de tus pies y pondré flores en tu cabello. Duerme conmigo y velaré tu sueño para que por la mañana te pueda despertar con un beso. Si tú lo quieres, seré tu modelo sin protestar, aunque me pongas en una posición cansada y veré con orgullo tu obra, me interesaré por tus cosas. Y aunque me llegues a desesperar, respiraré profundo y te sonreiré. Si retornas a mi vida, prometo discutir sin ser totalitaria y te contaría los motivos de mis tristezas, te dejaría entrar sin condiciones a mi mundo. Regresa y me no me subiré a la cama con zapatos. Veré junto a ti la televisión. Te escribiré cartas, pero no como éstas, sino cartas de amor y aprenderé a ser fantasiosa. Respetaré tus silencios y cuando estés triste, estaré contigo, tratando de llevar tu carga. Iremos de compras y no criticaré tus indecisiones al contrario, seré indecisa contigo. Prometo no perseguir obsesivamente la perfección o el orden, me relajaré, lo prometo. Si conmigo vuelves, no pensaré en buscar otras cosas, aunque eso es fácil pues ya no busco más lo que contigo encontré. Ven a mi, Elena y te podré decir esas palabras que tanto me cuesta pronunciar, esas que tanto necesitas escuchar y que por estúpida pocas veces te decía. Diré te amo porque lo siento en el alma y por que si no lo hago me muero. Piénsalo, me entregare por completo a ti, me permitiré ser vulnerable, dejaré la guardia baja. Confiaré ciegamente en ti y confiaré en que podemos juntas restaurar eso que casi destruí. Te lo pido porque eres la única razón que me sostiene, porque no puedo ni quiero sacarte de mi vida. Porque Lena, eres y serás siempre la mujer que amo. Lo firma con el alma, alguien que por ti vive y que está arriesgando todo sin condición, por el simple hecho de escuchar nuevamente tu voz. Te amo y no dejaré que te rindas.
Por favor dime algo, te lo suplico. Una sola palabra y me bastará Lena, no te molestaré más con mis absurdos, pero una línea por favor, porque sin tus palabras no tengo un rumbo que seguir. Perdóname, no presionaré.
Mañana por la noche iré sola al Pushkin, escogeré nuestra mesa habitual. Estaré entre 9:00 y 9:15, después ordenaré una botella de vino y mientras tomo una copa te esperaré para ver si el cuento que escribo tiene algún final, pero solo esperaré el tiempo que me tome consumir la copa. Te espero. Elena.
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<<Una cita... Quiere verme, en el Pushkin a las 9:00. Dios que nerviosa estoy, cómo estará, quiere que juntas veamos el final del cuento, imagino que se refiere a lo nuestro, pero se refirió al cuento. Calma Yulia, calma, quiere verte, por fin lo quiere. El mensaje lo escribió ayer, pero por que no me llamó, a veces es muy rara, pero no importa. Esta vez no la perderé, no lo haré. Tengo que estar a las 9:00, no llegaré tarde. Pero ¿qué me pongo? Algo sencillo, pensará que estoy muy ansiosa, es verdad lo estoy y ¿sí me corto el cabello? No, así estoy bien, el corte aun me queda. Te desconozco Yulia Volkova, tú no eres así. Quiero verla, quiero verla >> -Pareces Adolescente- <<Es cierto, lo parezco. ¡Dios! 8:35, ya se me hizo tarde, sólo estará 15 minutos y después se irá. En el auto llegaré más pronto, pero no podré estacionarlo a tiempo, mejor tomo un taxi, será más rápido>>
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<<¿Habrá recibido mi mensaje?>> -Hola Mikjail, Sí Elena... se lo diste... ¿Hoy por la mañana? Ah... No, no hay problema, si... Muchas Gracias- <<Lo recibió, que emoción, la veré. Ahora a arreglar lo que me pondré, el jersey de cuello alto, a ella le gusta ese, también los pantalones negros. Que sepa que me arreglo tanto por ella>>-¡Ay Elena, mira que manos!-<<No tengo tiempo para una manicura, pero si para peinarme como a ella le gusta. ¿Irá...? No lo dudes, tiene que ir, ella me quiere ver, tenemos que hablar. Ella ha cambiado, lo sé, ha cambiado y por mi es que lo ha hecho. También tú lo has hecho, no se te olvide, cambiaste también, ¿pero lo notará? ¡Ja! Ella diría que eres muy rara. Estás muy pálida, son los nervios. Quizá un poco de rubor, si eso, sólo un poco.>>
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<<8:50, ahí está el restaurante, estoy llegando temprano. No debería ser tan puntual. Pero quizá ella ya esta ahí, pero dijo que a las 9:00. Si tan solo por un momento yo no fuera tan compulsiva de la puntualidad>> - Aquí esta bien. ¿Cuanto es?... ¿No tiene cambio? No hay problema, consérvelo. Gracias <<Nuestra mesa, aún no llega...¿Y sí no llega? Me duele el estómago, son los nervios. Debí cortarme el cabello. Mejor la espero sentada>>
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<<¿Por qué decidí venir caminando? Ya es tardísimo. Ella es muy puntual, quizá se moleste. 9:05 me verá agitada. ¿Por qué carajos decidí caminar? Mejor apúrate que no llegas ¿Y sí no se presenta? No pienses eso por favor, no seas insegura Elena, ella estará ahí, te va a estar esperando. Mejor corro.>>
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<<Ahí viene el mesero otra vez, será mejor que ordene algo>> - Un vodka, por favor- << Pero ella quería vino, así lo puso en el mensaje, ¿Será que lo ordeno de una vez?>> - Oiga, disculpe... Me trae también una botella de vino blanco...Sí, también el vodka. Gracias - <<¿Por favor, Disculpe y Gracias? Si que has cambiado Yulia Volkova, eso es bueno, me siento muy bien haciéndolo.¿Por qué tarda tanto? ¿Le habrá pasado algo?>>
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<<Por fin, ahí está el Puskin. Mejor respira, estás bien agitada. Ahí está Yulia, le está ordenando algo al mesero. El corazón me late como loco. Trajo flores para mi, que emoción. ¿Entro? No seas tonta, tú la querías ver, tú la citaste. Anda, vamos>>
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-Yulia (Dios, que guapa se ve) Perdona la demora. - Hola (que hermosa estás, cierra la boca, se dará cuenta que mueres por ella) No te preocupes. - Veo que ordenaste el vino que me gusta -, - Sí y las flores también son para ti (¡Me sonrió!) Siéntate por favor. – ¿Y... (no quiero que nos quedemos en silencio) Cómo estás? -,- Extrañándote (Volkova no pudiste ser maas directa)-,- También te extraño mucho... (no me mires así, no lo resisto)-,- Lena... (tengo la boca seca) Yo...-, -No digas nada, mejor ayúdame... Quiero que me ayudes...-, - ¡Lo haré! (no la interrumpas) -, - Entonces... Yulia... ¿Quieres vivir conmigo el final de nuestro cuento? Sólo eso, entre las dos veremos que final tiene, pero juntas...
¿Podemos?...
- Fin. -
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DE FANS PARA FANS Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia. Para cualquier aclaración ó duda: [email protected] |
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