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Biografía:
Tercer faraón egipcio de la XIX dinastía (1304-1237 a.C.). Hijo de
Sethi I, desde muy joven Ramsés II fue asociado al poder por su padre, a
quien acompañó en sus empresas militares contra el Imperio Hitita, que
dieron a los egipcios el dominio de Palestina y Siria, aunque esta última
por poco tiempo.
En 1300 a.C., Ramsés II aprovechó su sólida posición en Palestina para
intentar recuperar Siria y libró la famosa batalla de Qadesh, junto al río
Orontes, contra el hitita Muwatalli; a pesar de que tuvo un desenlace
incierto, la acción fue convertida por el propio faraón en una gran
victoria personal en la narración épica Poema de Qadesh, obra que supone
la más madura expresión de la narrativa histórica y epigráfica del Imperio
Nuevo.
Después de tres campañas para sofocar diversas revueltas en Palestina
(1299, 1298, 1297 y 1295 a.C.), en 1294 a.C. Ramsés II reemprendió la
guerra contra los hititas, penetró en Siria y se apoderó de las
importantes ciudades de Tunip y Qatna.
Sin embargo, la dificultad de consolidar estas conquistas y, sobre
todo, la amenaza que representaba la llegada de los llamados «pueblos del
mar» –segunda migración indoeuropea– llevaron a Ramsés a pactar con el rey
hitita Hattusil III el reparto de la región siriopalestina (1278 a.C.),
con lo que comenzó en Asia Anterior un período de paz que se mantuvo a lo
largo de todo su reinado.
En el oeste, por otra parte, Ramsés II tuvo que enfrentarse a los
libios y proteger la frontera occidental mediante una cadena de fortalezas
que se extendía desde Rhacotis hasta El-Alamein.
En política interior, Ramsés II trasladó hacia el norte la capital del
Imperio, de Tebas primero a Menfis luego, y por último a Tanis, ciudad del
delta del Nilo de la que procedía la XIX dinastía. Por más que Tebas
conservó un gran prestigio como centro religioso, el cambio de capital
supuso la pérdida de influencia política de la antigua clase cortesana
tebana, de forma que el ejército y los funcionarios se convirtieron en el
principal apoyo del faraón.
Durante el larguísimo reinado de Ramsés II, Egipto conoció su último y
más brillante esplendor, gracias a una etapa de prosperidad económica, que
favoreció el desarrollo de las letras y permitió la realización de
importantes obras arquitectónicas.
Así, en Luxor, Ramsés II amplió el templo de Amón, iniciado por
Amenofis III, añadiendo un nuevo patio porticado con magníficas columnas
de capiteles en forma de loto, los enormes pilonos que flanquean la
entrada a modo de torres trapezoidales y dos obeliscos de granito rosa,
uno de los cuales se encuentra hoy en la plaza de la Concordia de París,
mientras que, en el complejo de Al-Karnak, terminó la gran sala hipóstila
del templo de Amón.
En la región de Nubia, concretamente en Abu Simbel, se encuentran los
speos o templos rupestres de Ramsés II y de Nerfertari, su esposa, cuyas
fachadas, presiden colosales estatuas del rey y de la reina.
Cabe destacar, por último, el Ramesseum, ubicado en el Valle de los
Reyes, templo funerario destinado a alojar la momia de Ramsés II, que en
la actualidad se conserva en el Museo de El Cairo y fue objeto, en 1976,
de una restauración completa en el Museo del Hombre de París.
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