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Biografía:
Rey de los francos (768-814) y emperador de los romanos (800-814). Hijo
del monarca franco Pipino el Breve, fundador de la dinastía carolingia y
forjador de un gran Estado que comprendía Austrasia, Neustria, Borgoña,
Auvernia, Aquitania, Septimania y Provenza, en el 768 Carlomagno heredó de
su padre la mitad occidental del reino de los francos, con capital en
Noyon, mientras que su hermano Carlomán recibía la mitad oriental, cuya
capital era Soissons.
Luego de tres años de intrigas y rivalidades, en que cada hermano buscó
alianzas con el duque de Baviera, la monarquía lombarda y el Papado para
debilitar la posición del otro, la prematura muerte de Carlomán permitió a
Carlomagno restablecer la unidad territorial del reino franco (771).
En el año 773, el rey lombardo Desiderio entró en Roma y sometió al
papa Adriano I, quien hubo de pedir ayuda a Carlomagno. Éste, viendo la
posibilidad de intervenir en Italia, no dudó en acudir en auxilio del
pontífice, y al año siguiente derrotó a Desiderio en Pavía, victoria que
le permitió proclamarse rey de los lombardos y recibir del Papa el título
de patricio o protector de la Iglesia.
Mucho más dura resultó la conquista de Sajonia, entre el bajo Rin y el
Elba, ya que durante más de treinta años, del 772 al 804, los sajones,
encabezados por el noble Widukind, opusieron tenaz resistencia tanto a la
dominación franca como a la penetración del cristianismo. Tan sólo una
veintena de campañas militares y la aplicación de métodos muy violentos
como las ejecuciones, las deportaciones y las conversiones forzosas en
masa permitieron a Carlomagno someter y cristianizar a los sajones, no sin
antes haber sufrido serios reveses.
No obstante, en los Pirineos, en el paso de Roncesvalles, tras intentar
tomar Zaragoza y devastar Pamplona, fue donde el ejército franco sufrió su
derrota más humillante, al ser aniquilada su retaguardia por vascos y
gascones, acción en que perdieron la vida diversos notables de la corte,
como el duque Rolando (778); la batalla daría origen al célebre cantar de
gesta conocido como la Chanson de Roland.
Este desastre convenció a Carlomagno de la necesidad de establecer una
marca (zona fronteriza fortificada) frente a los musulmanes, deseo que se
concretó en la creación de la Marca Hispánica en el nordeste de la
península Ibérica, una vez conquistadas las ciudades de Gerona (785) y
Barcelona (801). Paralelamente, en Europa septentrional, Carlomagno
sometió a los frisones (785), mientras que, en el este, incorporó Baviera
y Carintia (788) e instituyó una especie de protectorado sobre los ávaros
en la Panonia superior (805).
El día de Navidad del año 800, de nuevo Carlomagno en Roma para
restablecer al Papa en sus funciones, perturbadas por desordenes locales,
León III lo coronó emperador, título que le confería un rango superior al
resto de monarcas cristianos. La pretensión de restablecer el Imperio de
Occidente, sin embargo, provocó el recelo de Bizancio y una guerra con los
griegos por el dominio de Venecia y Dalmacia, conflicto que finalizó con
la aceptación de la dignidad imperial del rey franco por parte del
emperador bizantino Miguel I (812).
Gran protector de las letras y de las artes, Carlomagno fue, además, el
promotor del llamado renacimiento carolingio, un movimiento intelectual y
literario surgido en la corte imperial e impulsado por sabios como Alcuino
de York, Eguinardo, Pablo Diácono, Pablo de Pisa y Teodulfo, que promovió
una profunda renovación cultural en el Occidente europeo. A su muerte,
acaecida en Aquisgrán el 28 de enero del 814, el Imperio Carolingio pasó a
manos de su hijo Ludovico Pío y entró en una lenta pero irreversible
decadencia.
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