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Biografía:
Político y revolucionario francés. Primogénito de un abogado,
Maximilien de Robespierre quedó huérfano de madre a los nueve años. Poco
después, su padre emigró a América, dejándolo al cuidado de unos
parientes, junto a sus otros tres hermanos.
Protegido por el obispo de su ciudad, Maximilien de Robespierre estudió
con una beca en el colegio Luis el Grande, donde tuvo como condiscípulos a
Desmoulins y Fréron. Tras graduarse en derecho en París, en 1781 regresó a
Arras, donde ejerció la abogacía.
Afín a las ideas liberales y al pensamiento de Rousseau, Robespierre
criticó el sistema judicial y el absolutismo monárquico y abogó por los
principios de libertad, igualdad y fraternidad. En abril de 1789 fue
elegido diputado por el tercer estado de Artois en los Estados Generales
y, venciendo su timidez, se reveló en la Asamblea como un elocuente y
fogoso orador.
Robespierre defendió la concesión de los derechos políticos a todos los
ciudadanos, el sufragio universal y directo, las libertades de prensa y
reunión, la educación gratuita y obligatoria y la abolición de la
esclavitud y de la pena de muerte. Su fama de hombre íntegro y de
costumbres austeras le ganó el favor de las gentes, que comenzaron a
llamarlo el Incorruptible.
Durante el período legislativo Robespierre afirmó su ascendencia en el
Club de los Jacobinos, si bien su oposición a la guerra, por considerar
que favorecía a la causa contrarrevolucionaria, lo enfrentó a los
girondinos.
Tras la insurrección de la Comuna en 1792, Robespierre fue elegido
miembro de la misma y desde ella promovió la sustitución de la Legislativa
por la Convención, constituida finalmente el 20 de septiembre. Elegido
diputado por París y convertido en uno de los principales dirigentes del
partido de la Montaña, utilizó su tribuna para atacar a los girondinos y
buscar su exclusión de la Convención, sobre todo después de la traición
del general Dumouriez.
Conforme se aceleraba el curso de la Revolución, Robespierre defendió
al Comité de Salvación Pública, del cual entró a formar parte en julio de
1793, y la institución de una dictadura para lograr la unidad de la
República ante sus enemigos tanto extranjeros como interiores, así como
también para afrontar la falta de recursos.
Convencido de que el orden constitucional, al que aspiraba la
Revolución, era distinto del orden revolucionario que debía llevar a él,
Robespierre instituyó el terror como mecanismo para construir una sociedad
transparente y sana. Con este propósito eliminó a los «radicales»
(hebertistas) y girondinos en marzo de 1794, con el apoyo de Marat y
Danton, y en abril, a los «indulgentes», entre ellos el propio Danton,
aunque no sin vacilaciones.
Acumuló entonces Robespierre todo el poder en sus manos, junto con
Couthon y Saint-Just; en marzo, intentó una redistribución de las riquezas
(decretos de Ventose) y trató de restaurar la religión como pilar del
Estado y de la moral, para lo que estableció el culto al Ser Supremo, cuyo
apogeo fue la fiesta del Ser Supremo, celebrada el 8 de junio. Ese mismo
mes Robespierre llevó todavía más lejos la represión, suprimió las últimas
garantías procesales que les quedaban a los acusados e incluso amenazó la
inmunidad de los diputados, lo cual le sustrajo sus principales apoyos,
incluido el popular, muy afectado por las medidas económicas.
Su posición y la del grupo que lo alentaba se convirtió en insostenible
a partir del momento en que la situación militar de la República se
consolidó, gracias a la victoria de Fleurus (26 de junio). Una alianza de
opositores, entre ellos Carnot, Fouché, Tallien, Fréron y Billaud-Varenne,
logró el control de la Convención, que ordenó su detención y la de sus más
próximos partidarios. La sublevación de la Comuna en su favor no impidió
su arresto –tras un fallido intento de suicidio de un pistoletazo– y su
posterior ejecución en la guillotina el 28 de julio, 10 de Termidor, junto
a Couthon y Saint-Just.
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