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Biografía:
Emperador de los franceses. Hijo de una familia de la pequeña nobleza
corsa, Napoleón Bonaparte estudió en la academia militar de Brienne.
Terminó sus estudios en París, y en 1785 obtuvo el grado de teniente de
artillería.
Se encontraba de nuevo en su Córcega natal en 1789 cuando estalló la
Revolución Francesa y participó en las luchas políticas de la isla,
mostrando simpatías por los jacobinos. En 1793 Napoleón Bonaparte se
trasladó a Provenza con su familia y se distinguió en el asedio y la
reconquista de Tolón.
Tras sucesivos y fulgurantes asedios, Napoleón intervino, ya como
general de brigada, en la primera campaña de Italia. Un año después, a
raíz de la caída de Robespierre, fue encarcelado. Rehabilitado por Barras,
fue designado comandante en jefe del ejército y dirigió con éxito la
represión contra el alzamiento realista en octubre de 1795.
En 1796 Napoleón se casó civilmente con Josefina Tascher de la Pagerie,
poco antes de recibir el mando supremo de las fuerzas destacadas en
Italia. En la segunda campaña italiana derrotó a los austriacos en una
serie encadenada de brillantes acciones (Arcole, Lode, Rívoli) que
evidenciaron su genio militar.
En 1797 firmó con Austria el tratado de Campoformio, por el cual
desaparecía el Estado veneciano y se instituía la República Cisalpina, y
un año después inició una campaña en Egipto con el fin de yugular las
rutas comerciales inglesas hacia Oriente.
Napoleón ocupó Malta, entró en Alejandría y logró importantes victorias
contra los turcos, pero la única derrota que sufrió en la batalla naval de
Abukir, frente a la flota británica al mando del almirante Nelson,
significó su aislamiento y la imposibilidad de conseguir un resultado
global satisfactorio.
Reembarcó, pues, hacia Francia, donde aprovechó la impopularidad del
Directorio para dar un golpe de Estado el 18 de Brumario (10 de noviembre)
de 1799 y proclamarse cónsul, jefe del gobierno y comandante en jefe del
ejército, amén de atribuirse todas las potestades ejecutivas y
legislativas.
En 1800, en una nueva campaña en Italia, Napoleón venció a los
austriacos en Marengo, con lo que desarticuló la segunda coalición de
países europeos. Emprendió importantes reformas administrativas,
judiciales y económicas (Código Napoleónico, creación del banco de Francia
y de la universidad, nueva política aduanera, subvenciones oficiales a la
industria y la agricultura, etc.).
En 1802 promulgó una nueva Constitución, mientras que en política
exterior se proclamaba presidente de las Repúblicas italianas y se anexaba
los territorios de Piamonte, Parma y Plasencia. En 1804 Napoleón Bonaparte
fue coronado emperador en Nôtre Dame de París por el papa Pío VII (en
realidad, se coronó a sí mismo), y para legitimar su régimen convocó un
plebiscito popular que ganó por un amplio margen de votos.
Entretanto, en Europa se constituía una tercera coalición entre Gran
Bretaña, Suecia, Nápoles, Austria y Rusia. Tras lograr una alianza con
España, la escuadra francoespañola al mando del almirante Villeneuve fue
aniquilada por Nelson en Trafalgar (1805), aunque el mismo año el
emperador triunfó sobre Rusia y Austria en Ulm y Austerlitz. En cuanto a
Prusia –que había formado con el Reino Unido y Rusia la cuarta coalición–,
sufrió en 1806 dos reveses cruciales, en Jena y Auerstadt, que la llevaron
a la rendición.
La paz firmada en Tilsit con Rusia y Prusia reconocía el dominio de
Napoleón sobre Europa, e inauguró un período de relativa paz que le
permitió establecer un sistema continental con sus aliados y el bloqueo al
Reino Unido. Tras divorciarse de Josefina, impulsado por el afán de tener
descendencia, Napoleón se casó con María Luisa, hija del emperador de
Austria, que le daría un hijo (el Aguilucho, futuro duque de Reichstadt).
Por otra parte, en su empeño por proteger Francia, procedió a rodearla
de Estados más o menos títeres, cuyo gobierno confió a familiares suyos o
personas de su confianza. Así, asignó a uno de sus hermanos, José
Bonaparte, el trono de España, Corona que había cedido al emperador el rey
Carlos IV. El nuevo monarca, con todo, sólo pudo mantenerse con el apoyo
tras la invasión de las tropas napoleónicas, que terminaron siendo
expulsadas de la península Ibérica en 1813, tras la guerra de
Independencia.
Este mismo año, sus tropas –que habían invadido Rusia en junio de
1812–, mal avitualladas y diezmadas por el intenso frío del invierno ruso,
tuvieron que desalojar Moscú, de donde el zar Alejandro había huido en
primera instancia, y emprender un repliegue (la retirada de Rusia) que
acabó por convertirse en una desastrosa desbandada.
De regreso en París, Napoleón tuvo que enfrentarse a una nueva alianza
de países europeos, a la que pudo vencer en Lützen pero ante la que sus
fuerzas, exhaustas y sin capacidad de reacción unas, demasiado bisoñas
otras, cayeron derrotadas en Leipzig. Aunque logró retrasar lo inevitable
por seis meses, por último, abandonado por todos, Napoleón se vio obligado
abdicar en marzo de 1814 y fue desterrado a la isla de Elba.
Al año siguiente, sin embargo, Napoleón consiguió volver a Francia y,
aprovechando la nula popularidad de Luis XVIII, el monarca de la
restauración borbónica, se hizo de nuevo con el poder en el que ha dado en
llamarse gobierno de los Cien Días, el tiempo que medió entre su
desembarco y la definitiva derrota.
Con el objetivo de asentar su nuevo régimen, Napoleón quiso evitar
nuevos enfrentamientos, pero sus enemigos no le dieron tregua, y hubo de
presentar batalla a un ejército angloprusiano en Waterloo (junio de 1815).
Vencido, fue destronado y, el 15 de julio del mismo año, enviado a la isla
de Santa Elena, posesión británica del Atlántico, a 1 800 kilómetros de la
costa africana, donde el que fuera emperador de los franceses falleció en
1821.
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