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Biografía:
Militar cartaginés. Hijo de Amílcar Barca, quien, según la leyenda, le
hizo jurar odio eterno a los romanos ante los dioses. Tras la muerte de su
padre (229 a.C.) y el asesinato de su cuñado Asdrúbal (221 a.C.), Aníbal
asumió la jefatura del ejército cartaginés, que ya entonces controlaba el
sur de Hispania.
Desde su base de Cartago Nova (la actual Cartagena), realizó varias
expediciones hacia el altiplano central y sometió a diversas tribus
iberas. En el 219 a.C. Aníbal destruyó Sagunto, ciudad aliada de Roma, y
traspuso el Ebro, río en que, siete años antes, cartagineses y romanos
habían fijado el límite de sus respectivas influencias en territorio
peninsular; esta acción significó el inicio de la Segunda Guerra Púnica
(219-202 a.C.).
En la primavera del 218 a.C., Aníbal concedió a su hermano Asdrúbal el
mando de las tropas en Hispania y partió hacia Italia con un ejército de
60 000 hombres y 38 elefantes. Después de atravesar los Pirineos, y los
Alpes, llegó a la llanura del Po, donde derrotó a los romanos
sucesivamente en Tesino y en Trebia, a pesar de las numerosas bajas que
había sufrido en el curso de la marcha.
Al año siguiente, una nueva victoria, esta vez junto al lago Trasimeno,
le dio el control sobre la Italia central. Aplastado el ejército romano de
Flaminio, Roma quedó a merced del cartaginés, pero Aníbal no se atrevió a
asaltar las sólidas murallas de la ciudad y prefirió dominar la Italia
meridional.
En agosto del 216 a.C., venció en Cannas a las tropas de Lucio Emilio
Paulo y Marco Terencio Varrón, cuyos efectivos duplicaban a los suyos. No
obstante, lejos de sus bases de avituallamiento, sin posibilidad de
recibir refuerzos, ya que su hermano Asdrúbal había sido derrotado y
muerto por Claudio Nerón en la batalla de Metauro cuando se dirigía a
socorrerle (207 a.C.), y habiendo fracasado en el intento de atraer a su
causa a los pueblos itálicos sometidos por Roma, el ejército de Aníbal
quedó aislado e inmovilizado en la Italia meridional durante varios años,
situación que aprovecharon los romanos para contraatacar.
Tras expulsar a los cartagineses de la península Ibérica, el general
romano Publio Cornelio Escipión, llamado el Africano, desembarcó cerca de
Cartago (203 a.C.), hecho que obligó a Aníbal a regresar a África, donde
fue vencido en la batalla de Zama, en el 202 a.C. A consecuencia de esta
derrota, Cartago se vio obligada a firmar una paz humillante, que puso fin
al sueño cartaginés de crear un gran imperio en el Mediterráneo
occidental.
Con todo, Aníbal, elegido sufeta para los años 197 y 196 a.C., intentó
reconstruir el poderío militar cartaginés, pero, perseguido por los
romanos, hubo de huir y refugiarse en la corte de Antíoco III de Siria, a
quien indujo a enfrentarse con Roma, mientras él negociaba una alianza con
Filipo V de Macedonia. A raíz de las victorias romanas sobre los sirios en
las Termópilas (191 a.C.) y en Magnesia (189 a.C.), Aníbal huyó a Bitinia,
donde decidió quitarse la vida el año 183 a.C., para evitar que el rey
Prusias lo entregase a Roma y ante la imposibilidad de encontrar un
refugio en que pudiera sentirse seguro.
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