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Biografía:
Compositor y pianista húngaro. Su vida constituye una de las novelas
más apasionantes de la historia de la música. Virtuoso sin par, durante
toda su trayectoria vital, y sobre todo durante su juventud, Franz Liszt
se rodeó de una aureola de artista genial, violentamente escindido entre
el arrebato místico y el éxtasis demoníaco.
Paradigma del artista romántico, Franz Liszt fue un niño prodigio que
llegó a provocar el entusiasmo del mismo Beethoven, músico poco dado por
naturaleza al elogio. Alumno en Viena de Carl Czerny y Antonio Salieri,
sus recitales causaron sensación y motivaron que se trasladara con su
padre a París, donde en 1825 dio a conocer la única ópera de su catálogo,
Don Sanche, ou Le Château d’amour, fríamente acogida por un público que
veía en el pequeño más un prodigioso pianista que un compositor.
En la capital gala Liszt conoció a dos de los músicos que habían de
ejercer mayor influencia en su formación: el compositor Hector Berlioz con
su Sinfonía fantástica y, en mayor medida aún, el violinista Niccolò
Paganini. La audición de un recital de este último en 1831 constituyó una
revelación que incidió de modo decisivo en la forma de tocar del joven
virtuoso: desde aquel momento, el objetivo de Liszt fue lograr al piano
los asombrosos efectos que Paganini conseguía extraer de su violín. Y lo
consiguió, en especial en sus Estudios de ejecución trascendente.
Ídolo de los salones parisinos, del año 1834 data su relación con Marie
d’Agoult, condesa de Flavigny, de la cual nació su hija Cosima, futura
esposa del director de orquesta Hans von Bülow primero, y de Richard
Wagner después. Su carrera musical, mientras tanto, proseguía imparable, y
en 1848 Liszt obtuvo el puesto de maestro de capilla de Weimar, ciudad que
convirtió en un foco de difusión de la música más avanzada de su tiempo,
en especial la de Wagner, de quien estrenó Lohengrin, y la de Berlioz, del
que representó Benvenuto Cellini.
Si hasta entonces su producción se había circunscrito casi
exclusivamente al terreno pianístico, los años que Franz Liszt vivió en
Weimar marcaron el inicio de su dedicación a la composición de grandes
obras para orquesta, entre las que sobresalen las sinfonías Fausto y
Dante, sus más célebres poemas sinfónicos (Tasso, Los preludios, Mazeppa,
Orfeo) y las versiones definitivas de sus dos conciertos para piano y
orquesta. Fue la época más prolífica en cuanto a nuevas obras, favorecida
por el hecho de que Franz Liszt decidió abandonar su carrera como virtuoso
para centrarse en la creación y la dirección.
Sin embargo, diversos conflictos e intrigas con las autoridades de la
corte y el público lo indujeron a dimitir de su cargo en 1858. Se iniciaba
así la última etapa de su vida, dominada por un profundo sentimiento
religioso que le llevó a recibir en 1865 las órdenes menores y a escribir
una serie de composiciones sacras entre las que brillan con luz propia los
oratorios La leyenda de santa Isabel de Hungría y Christus, aunque no por
ello el abate Liszt –como empezó a ser conocido desde aquel momento–
perdió su afición a los placeres terrenales.
La aportación de Franz Liszt a la historia de la música puede resumirse
en dos aspectos fundamentales: por un lado amplió los recursos técnicos de
la escritura y la interpretación pianísticas, y por otro dio un impulso
concluyente a la música de programa, aquella que nace inspirada por un
motivo extramusical, sea éste literario o pictórico.
Padre del poema sinfónico, su influencia en este campo fue decisiva en
la obra de músicos posteriores como Smetana, Saint-Saëns, Franck o Richard
Strauss. No menos interés tiene la novedad de su lenguaje armónico, en
cuyo cromatismo audaz se anticipan algunas de las características de la
música de su amigo y más adelante yerno Richard Wagner e, incluso, de los
integrantes de la Segunda Escuela de Viena.
Todas estas características hacen de Franz Liszt un músico
revolucionario.
Obras de Franz Liszt. Óperas: Don Sanche, ou Le Château d’amour
(1825). Música orquestal: Concierto para piano núm. 1
(1835) Concierto para piano núm. 2 (1839) Tasso (1845) Los
preludios (1848) Mazeppa (1851) Orfeo (1854) Hungaria
(1854) Sinfonía Dante (1856) Sinfonía Fausto (1857) Hamlet
(1858). Música instrumental: Armonías poéticas y religiosas
(1835) Años de peregrinaje (1837-1849) Tres sonetti del Petrarca
(1845) Estudios de ejecución trascendente (1851) Sonata en si menor
(1853) La lugubre gondola (1882). Música vocal: La leyenda de
santa Isabel de Hungría (1862) Christus (1866)
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