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Biografía:
Poeta, narrador, filósofo, pedagogo, músico y pintor indio. Sus
desvelos por los más desfavorecidos de la sociedad, una fina sensibilidad
para el análisis del alma infantil y, sobre todo, una inspiración
religiosa que va más allá de cualquier confesionalidad, son algunos de los
rasgos que asignan a la obra de Rabindranath Tagore un lugar eminente en
las letras del siglo XX.
Nacido en el seno de una familia noble y cultivada (su padre fue el
filósofo Devendranath Tagore), Rabindranath Tagore pronto se despertó en
él la vocación literaria (publicó su primer libro de poemas a la edad de
diecisiete años).
Enviado en 1878 al Reino Unido para estudiar derecho, en 1883 Tagore
regresó a su país con el fin de ocuparse de la administración de las
propiedades familiares, casándose un año más tarde. Entre 1902 y 1907 vio
morir a su esposa, un hijo y una hija, pérdidas que le inspiraron algunos
de sus mejores y más sentidos poemas.
Tagore intentó llenar este vacío volcándose en la escuela Viçvabharati
(La Voz Universal), que él mismo había fundado en 1901 en su propiedad de
Santiniketan. Mientras tanto, Tagore proseguía con su carrera literaria,
reconocida a nivel internacional en 1913 con la concesión del Premio Nobel
de Literatura.
La producción de Tagore es profusa y variada: colecciones líricas,
novelas y cuentos, dramas, ensayos filosóficos y religiosos, críticos y
políticos... Escritas la mayoría en bengalí, y algunas en inglés, todas se
caracterizan por la abundancia de imágenes simbólicas y un tono poético
refinado y lírico, sonoro y colorista.
La observancia de la ley suprema del amor constituye su principio
rector. Manasi (1880), La luna nueva (1903), El jardinero (1913),
Gitanjali (1914), su obra maestra, o El niño (1915), entre sus colecciones
líricas; Chitra (1892), El cartero del rey (1912) y El rey del salón
oscuro (1914), entre las dramáticas, y Las piedras hambrientas (1916)
entre las narraciones, son algunos de los títulos que publicó.
Tagore practicó además con singular acierto la pintura y la música, la
primera como forma de aproximación a la divinidad y la segunda como
expresión del alma humana.
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