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Biografía:
Filósofo y escritor francés. Charles-Louis de Secondat, Barón de
Montesquieu, estudió en la Escuela de Oratoria de Juilly, y cursó la
carrera de derecho primero en Burdeos y más tarde en París. En 1713
accedió al cargo de consejero del Parlamento de Burdeos, y más tarde al de
presidente del mismo, cargo que desempeñó entre 1716 y 1728. Montesquieu
se casó, en 1715, con Jeanne Lartigue.
Sus intereses se orientaron por esa época hacia las ciencias naturales,
y como miembro de la Academia de Ciencias de Burdeos presentó una serie de
estudios sobre temas como las glándulas renales, la gravedad o el eco.
En 1721 Montesquieu publicó anónimamente en Amsterdam la primera de sus
obras, las Cartas persas (Lettres persanes), novela epistolar que obtuvo
un éxito inmediato. En un ejercicio agudo e irónico de relativismo
cultural, Montesquieu presenta la sociedad y las ideas de su país a través
de los ojos de una pareja de personajes persas de viaje por Francia, lo
cual da pie a todo tipo de reflexiones sobre las «extrañas» costumbres del
lugar: desde la discusión seria de leyes y doctrinas hasta la crítica o la
sorpresa ante los detalles más cotidianos.
Muy pronto aparecieron otras obras suyas: Diálogo de Sila y de Eucrates
(Dialogue de Scylla et D’Eucrate, 1724) y El templo de Gnido (Le Temple de
Gnide, 1725), que le valieron el ingreso en la Academia Francesa (1728).
Por esta época, era ya recibido en los mejores salones de París y se había
convertido en una figura en los círculos literarios e intelectuales.
Entre 1728 y 1731 Montesquieu realizó un viaje por diversos países de
Europa, que le llevó finalmente a Gran Bretaña, donde estudió la
Constitución y valoró el carácter progresivo de sus leyes; tras su muerte
se publicarían sus notas correspondientes a este viaje en Mis pensamientos
(Mes pensées, 1899).
De regreso en Francia, sus estudios sobre historia y teoría política se
reflejaron en sus Consideraciones sobre las causas de la grandeza de los
romanos y de su decadencia (Considérations sur les causes de la grandeur
des Romains et de leur décadence,1734), que tendrían escaso éxito, y más
tarde en El espíritu de las leyes (L’esprit des lois, 1748), con la que sí
que Montesquieu obtendría un reconocimiento público importante, amén de
numerosas críticas desde ambientes religiosos: La Sorbona condenó el libro
y la Iglesia lo incluyó en su famoso Índice.
En esta obra, Montesquieu trata de dar rigor científico al estudio de
las leyes y los sistemas de gobierno, a los que considera determinados por
circunstancias tales como el clima o la raza, y no por la providencia
divina.
Desde un punto de vista moderno, sin embargo, lo más importante de
estas obras es la defensa que en ellas realiza del liberalismo y la
tolerancia, la crítica al racismo y al despotismo y, muy especialmente, su
propuesta de establecer una división de poderes en el Estado, para impedir
que ninguno de ellos se exceda en sus funciones.
La influencia de Montesquieu sobre la teoría política del liberalismo y
sobre las ideas que habrían de llevar a la Revolución Francesa fue muy
importante, y a su muerte sus obras se habían convertido en la lectura
preferida de los intelectuales y gobernantes de toda Europa.
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