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Biografía:
Matemático griego. Poco se conoce a ciencia cierta de la vida de quien
fue el matemático más famoso de la Antigüedad. Euclides se educó
probablemente en Atenas, lo que explicaría con su buen conocimiento de la
geometría elaborada en la escuela de Platón, aunque no parece que
estuviera familiarizado con las obras de Aristóteles.
Enseñó en Alejandría, donde alcanzó un gran prestigio en el ejercicio
de su magisterio durante el reinado de Tolomeo I Sóter; se cuenta que éste
lo requirió para que le mostrara un procedimiento abreviado para acceder
al conocimiento de las matemáticas, a lo que Euclides repuso que no
existía una vía regia para llegar a la geometría (el epigrama, sin
embargo, se atribuye también a Menecmo como réplica a una demanda similar
por parte de Alejandro Magno).
La tradición ha conservado una imagen de Euclides como hombre de
notable amabilidad y modestia, y ha transmitido así mismo una anécdota
relativa a su enseñanza, recogida por Juan Estobeo: un joven principiante
en el estudio de la geometría le preguntó qué ganaría con su aprendizaje;
Euclides, tras explicarle que la adquisición de un conocimiento es siempre
valiosa en sí misma, ordenó a su esclavo que diera unas monedas al
muchacho, dado que éste tenía la pretensión de obtener algún provecho de
sus estudios.
Euclides fue autor de diversos tratados, pero su nombre se asocia
principalmente a uno de ellos, los Elementos, que rivaliza por su difusión
con las obras más famosas de la literatura universal, como la Biblia o el
Quijote. Se trata, en esencia, de una compilación de obras de autores
anteriores (entre los que destaca Hipócrates de Quíos), que las superó de
inmediato por su plan general y la magnitud de su propósito.
De los trece libros que la componen, los seis primeros corresponden a
lo que se entiende todavía como geometría elemental; recogen las técnicas
geométricas utilizadas por los pitagóricos para resolver lo que hoy se
consideran ejemplos de ecuaciones lineales y cuadráticas, e incluyen
también la teoría general de la proporción, atribuida tradicionalmente a
Eudoxo. Los libros del séptimo al décimo tratan de cuestiones numéricas y
los tres restantes se ocupan de geometría de los sólidos, hasta culminar
en la construcción de los cinco poliedros regulares y sus esferas
circunscritas, que había sido ya objeto de estudio por parte de Teeteto.
La influencia posterior de los Elementos fue decisiva; tras su
aparición, se adoptó inmediatamente como libro de texto ejemplar en la
enseñanza inicial de la matemática, con lo cual se cumplió el propósito
que debió de inspirar a Euclides.
Más allá, incluso, del ámbito estrictamente matemático, Euclides fue
tomado como modelo, en su método y exposición, por autores como Galeno,
para la medicina, o Espinoza, para la ética. De hecho, Euclides estableció
lo que, a partir de su contribución, había de ser la forma clásica de una
proposición matemática: un enunciado deducido lógicamente a partir de unos
principios previamente aceptados. En el caso de los Elementos, los
principios que se toman como punto de partida son veintitrés definiciones,
cinco postulados y cinco axiomas o nociones comunes.
La naturaleza y el alcance de dichos principios han sido objeto de
frecuente discusión a lo largo de la historia, en especial por lo que se
refiere a los postulados y, en particular, al quinto (postulado de las
paralelas). Su condición distinta respecto de los restantes postulados fue
ya percibida desde la misma Antigüedad, y hubo diversas tentativas de
demostrarlo como teorema; los esfuerzos por hallarle una demostración
prosiguieron hasta el siglo XIX, cuando se puso de manifiesto que era
posible definir geometrías consistentes, llamadas «no euclidianas», en las
que no se cumpliera la existencia de una única paralela trazada a una
recta por un punto exterior a ella.
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