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Biografía:
Físico alemán, nacionalizado suizo y, más tarde, estadounidense. Albert
Einstein cursó la primera enseñanza en el instituto católico de Munich,
ciudad a la que se había trasladado su familia cuando él contaba pocos
años de edad.
En 1894, su padre, tras un revés en los negocios, marchó a Italia,
mientras que Albert Einstein permaneció en Alemania para acabar el
bachillerato, que concluyó con calificaciones mediocres, salvo en
matemáticas.
Más tarde, la familia se trasladó a Suiza, donde Einstein ingresó en la
Academia Politécnica de la ciudad de Zurich, por la que se graduó en 1900.
Acabados los estudios, y dado que no tenía la nacionalidad suiza, Einstein
tuvo grandes dificultades para encontrar trabajo, por lo que terminó
aceptando, en 1901, un puesto como funcionario en la Oficina Suiza de
Patentes de la ciudad de Berna.
Los estudios teóricos que llevaba a cabo mientras tanto dieron sus
primeros frutos en 1905, con la publicación de cinco de sus trabajos,
todos ellos de gran importancia para el desarrollo de la física del siglo
XX.
Uno de ellos versaba sobre el efecto fotoeléctrico, según el cual la
energía de los electrones emitidos no depende de la intensidad de la luz
incidente. Aplicando la hipótesis cuántica formulada por M. Planck cinco
años antes, logró dar una explicación satisfactoria del fenómeno, trabajo
que fue premiado en 1921 con la concesión del Premio Nobel de Física.
El segundo trabajo, publicado un par de meses después del primero,
trataba del movimiento browniano, que es el característico de una
partícula en suspensión en un líquido, para el cual ofreció un modelo
matemático plausible.
Sin embargo, Albert Einstein debe su fama a la formulación de la teoría
de la relatividad restringida, basada en los resultados del experimento de
Michelson-Morley en cuanto a la detección de diferencias de velocidad de
la luz al cambiar de dirección cuando atravesaba el «éter». Gracias a sus
trabajos logró demostrar que a partir de la hipótesis de la constancia de
la velocidad de la luz y de la relatividad del movimiento, el experimento
podía explicarse en el marco de las ecuaciones de la electrodinámica
formuladas por J. C. Maxwell.
Así mismo, Einstein demostró que el efecto de contracción de la
longitud y el de aumento de la masa pueden deducirse del hecho de que la
velocidad de la luz en el vacío es la máxima posible a la cual puede
transmitirse cualquier señal. En el marco de esta teoría, Einstein expuso
la relación existente entre la energía (E) y la masa (m) mediante la
famosa ecuación: E = mc2, en la que c representa la velocidad de la luz en
el vacío.
En 1909 Einstein consiguió finalmente, no sin muchos esfuerzos, un
puesto de profesor en la Universidad de Zurich. Su fama, que continuaba
creciendo de forma imparable, le llevó en 1913 al Instituto de Física
Káiser Guillermo de Berlín. En plena Primera Guerra Mundial publicó un
trabajo definitivo en el que expuso la teoría general de la relatividad
(1915), en el cual establecía las ecuaciones que habrían de cambiar la
visión del universo y de su evolución. Esta teoría, de la cual la
cosmología newtoniana pasa a ser un caso particular, permitió justificar
fenómenos como la precesión del perihelio de Mercurio, la deflexión de los
rayos de luz por la presencia de grandes concentraciones de masa
(comprobada experimentalmente en 1919 durante una expedición de la Royal
Society en la que tomó parte sir Arthur Eddington), el corrimiento hacia
el rojo del espectro de galaxias lejanas a causa de la presencia de campos
gravitatorios intensos, etc.
La llegada al poder de Hitler en Alemania coincidió con un ciclo de
conferencias que estaba impartiendo en California, por lo que se
estableció en Princeton, donde entró a formar parte del Instituto de
Estudios Avanzados. Durante la Segunda Guerra Mundial, y ante la creciente
evidencia de que Alemania estaba desarrollando el arma atómica, Albert
Einstein dirigió una famosa carta al presidente F. D. Roosevelt en la que
le urgía a que desarrollase la bomba atómica. Cuando el Proyecto Manhattan
dio finalmente sus frutos, con los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y
Nagasaki, la magnitud de la devastación le movió a expresar públicamente
su rechazo hacia el arma que había contribuido a crear.
Los últimos años de su vida los dedicó al desarrollo de una teoría del
campo unificado que pudiera hacer compatibles las teorías sobre los
fenómenos electromagnéticos y gravitatorios, aunque, al igual que
Heisenberg, no llegó a conseguirlo.
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