


Tal como se deduce de la aproximación teórica anterior, los riesgos profesionales no son inherentes al trabajo y, por lo tanto, inevitables.
Los informes que acabamos de trascribir -lo decimos una vez más: parciales en cuanto a la población considerada y aún no suficientemente profundos- nos hacen pensar que las condiciones en que desarrollamos nuestro trabajo no son las más idóneas para permitir alcanzar ese grado de equilibrio y armonía de que habla la definición de salud de la OMS.
¿Cómo enfocar el problema? De las consideraciones teóricas que dieron comienzo a este trabajo surge con claridad que si el bienestar de cada uno de nosotros se ve afectado, en realidad estamos enfrentados a un problema colectivo y no a uno de índole individual. Dice Neffa al respecto: "Las condiciones y medio ambiente de trabajo implican tomar en consideración al colectivo de trabajo como unidad de análisis, con lo cual en lugar de procurar aislar a cada trabajador de sus riesgos, lo que se busca es la eliminación de los mismos, porque atentan contra todos los trabajadores.- Al aceptar este nuevo enfoque es menester pasar de lo individual a lo colectivo, de lo personal a lo social y poner atención en la eliminación o reducción del riesgo en su misma fuente".
Finalmente, señalemos otro concepto ligado al anterior.
Desde la óptica tradicional, trabajo y riesgo serían indisociables y casi sinónimos. En tal caso, si los riesgos no pueden ser eliminados totalmente, la primera solución que se vislumbra es la de poner un precio al deterioro de la salud que sufren los trabajadores, convirtiéndose ésta en una verdadera mercancía. Por ejemplo, se pagan mayores salarios a quienes trabajan de noche, hacen turnos prolongados o tienen turnos irregulares. Dice Neffa a este respecto: "Las primas crean 'buena conciencia' dado que implican un pago por adelantado del deterioro de la salud que, tarde o temprano, se va a producir y por otra parte juegan un papel desmovilizador puesto que con el incentivo monetario se retrasan las medidas colectivas de prevención y cesa la búsqueda de eliminar el riesgo en su misma fuente".
La salud de los trabajadores es su propia vida y un bien sin el cual no es posible lograr el bienestar; por lo tanto, no tiene precio.
En este sentido, dice la OIT, en una frase muy escueta pero llena de contenido: "Nuestra salud no está en venta".
