


A esta altura de la evolución de la tecnología, cuando ya se considera que la máquina de escribir, como la primera imprenta de Gutemberg, pasó a la historia, aunque parezca mentira aún subsisten cuerpos de taquígrafos que la utilizan, en algunos casos inclusive mecánicas.
El procesador de textos es hoy en día una herramienta insustituible para el taquígrafo, cuya materia prima es justamente la palabra. La tarea de editar el texto, mover párrafos, reconstruir frases, es enormemente más fácil. No sólo debe contarse el ahorro de tiempo, sino también lo que se gana en prolijidad y, sobre todo, que ese texto queda disponible para su reproducción posterior, sea para su impresión en el libro definitivo al cual esté destinado, para su difusión por la prensa, etc. Ya no será necesario volverlo a tipear, a confrontar, etc.
No debemos dejar de considerar, por otro lado, las herramientas auxiliares que los procesadores proporcionan para dar mayor agilidad y seguridad en el trabajo. Se cuenta hoy en día con "diccionarios" en distintos idiomas que permiten corregir pequeños o grandes errores de dactilografiado, procesos de generación automática de índices temáticos, notas al pie, encabezados y demás utilitarios que perfeccionan la versión y amplían sus posibilidades.
Pero quizá el campo que más queda por explorar, y que resulta invalorable a la hora de traducir contra reloj, sea el de las llamadas "macros" que ofrecen los procesadores de texto, en especial de los que admiten comandos de programación. Este mecanismo permite:
- Iniciar rápidamente una sesión con su carátula, sus formatos y contenidos iniciales, etc.
- Automatizar fórmulas.
- Incluir en ellas variables que se insertan en cada caso.
- Usar comodines -en forma homóloga a los "convencionales", o "abreviaturas", como se los llama en algunos sistemas taquigráficos- que sustituyen los términos más utilizados con dos o tres letras. Al finalizar el trabajo, se ejecuta "correr" la macro, que se encarga de restituir los términos originales.
Quienes trabajan con procesadores de textos no pueden concebir el regreso al mecanismo obsoleto de interlinear con la barrita "/", ni tachar con "x", terminando en un texto desprolijo que, forzosamente, habrá que volver a tipear para su impresión definitiva.
Por otro lado, el trabajo de esos equipos en una red, como ya ha sido comprobado en múltiples lugares, facilita la unión de los diferentes "turnos", o partes de versión que son tomados por distintos taquígrafos, su revisión y supervisión posterior, y eventualmente la incorporación de otros materiales -como proyectos, resoluciones y demás- que provienen de otros sectores de la institución.
Recomendamos con mucho énfasis que todos los cuerpos de taquígrafos adopten sistemas de procesamiento de textos, en particular integrando una red de informática.
