


Hasta hace cuarenta y cinco años -precisamente el año 1949-, la única manera de registrar la palabra oral era por medio de la taquigrafía. Todavía la usamos, pero ya no es el único medio. Hablo de registrar, o sea de captar la expresión oral por algún medio a partir del cual se puede traducir dicha expresión oral en expresión escrita.
La forma moderna de realizar tal registro es la grabación magnetofónica, y la forma moderna de traducirlo a expresión escrita es la fonotipía.
Insisto en los vocablos "traducir" y "expresión escrita", porque no se trata de hacer una mera copia de lo grabado, sino de realizar una verdadera versión.
Muchos estarán pensando que la fonotipía va a desplazar al taquígrafo. Nada más lejos de la realidad. Podrá desplazar al medio de registro -la taquigrafía-, pero nunca al taquígrafo, porque éste puede transformarse rápidamente en fonotipista, puesto que el 99% de la capacidad requerida ya la tiene. Basta que practique un día o dos la mecánica de esta técnica para poder realizar una perfecta versión.
Las condiciones que debe poseer un buen fonotipista son exactamente las mismas que las de un buen taquígrafo.
No por muy conocidos está de más enumerar los temas que debe dominar un fonotipista que merezca este título.
En primer término, el idioma: ortografía, semántica y redacción, cuando menos. Luego -sin que sea taxativa la relación-, literatura, historia, política, legislación, actualidad y todos los infinitos temas que puedan ampliar y afirmar su cultura.
Ni que hablar que debe ser un buen dactilógrafo y desempeñarse muy bien en el procesamiento de textos por computadora.
Sobre la base de sus conocimientos, que debe ampliar constantemente mediante la lectura minuciosa de diarios, libros, publicaciones de todo tipo y, sobre todo, de los informes y repartidos que tratan los temas referidos a su trabajo, debe ejercitarse en desarrollar su capacidad crítica y de interpretación profunda y exacta de las expresiones de los oradores. Mal puede hacer una buena versión quien no entiende lo que está oyendo.
Todas estas capacidades y virtudes no se adquieren de la noche a la mañana. El estudiante de fonotipía podrá traer, al iniciar su curso, una buena preparación cultural; pero, de cualquier manera, tendrá que ponerse bajo la dirección de un maestro que oriente debidamente sus estudios y prácticas a fin de dominar todos los resortes necesarios para un buen desempeño profesional.
El fonotipista, igual que el taquígrafo, debe comprender profundamente al orador y redactar su discurso absolutamente fiel al pensamiento de éste, sin quitar ni agregar nada, respetando su estilo y sus palabras o expresiones propias o particulares, pero dándole la forma gramatical perfecta y pulida que exige la Academia, sin olvidar la presentación y el formato de uso en la institución para la cual trabaja.
En una palabra, no puede ser fonotipista cualquiera que piense que con una grabación le basta. De esto ya tenemos la experiencia de quienes lo han intentado y fracasado rotundamente.
Tengo la seguridad de que con el tiempo la fonotipía será el medio de trabajo de los taquígrafos, porque no podremos oponer nuestro antiguo método gráfico a los tremendos avances de la tecnología. Antes bien, debemos acoplarnos a estos avances y no permitir que lo hagan otros ajenos a nuestra profesión porque, entonces sí, nos veríamos desplazados.
Pienso que nuestros alumnos de taquigrafía deben estudiar todas las materias culturales relativas a la profesión, y también practicar la mecánica de la fonotipía. A esto se le daría un gran impulso si con ese propósito se modificaran los reglamentos de concursos, para lo cual, modestamente, sugiero un proyecto en la cuarta parte de este informe.
Grabación.- La tecnología ha avanzado mucho. Ya no existe ninguno de los inconvenientes mecánicos que obstaban a una buena grabación. Se puede grabar con micrograbadores o grabadores comunes sobre la mesa de debates, o conectando los grabadores al equipo de amplificación; pero tal vez la manera más eficaz y sin problemas es mediante micrófonos inalámbricos y radiograbadores accionados con pilas y sintonizados en la banda de FM y la frecuencia de los micrófonos. Es posible grabar simultáneamente con varios micrófonos y varios radiograbadores -todos independientes-, jugando con todas las combinaciones posibles. De esta forma se supera cualquier posibilidad de falla en los equipos o en la fuente de energía.
A veces los interesados le dan al fonotipista grabaciones ya realizadas sin su presencia. Esto no es lo más correcto. Lo ideal es que el fonotipista esté presente durante toda la realización del acto a registrar, porque de esta manera anota los nombres de los que intervienen en el debate, así como todo dato o referencia que le pueda ser útil. Asimismo, recogerá toda la documentación, repartidos o impresos que circulen referidos a los temas tratados.
Traducción.- Ya hay disponibles en plaza aparatos especialmente diseñados para la transcripción de casetes -Sony y Olympus- que, al ser accionados mediante un pedal, dejan las manos libres para escribir.
El fonotipista no debe copiar palabra por palabra. Si lo hace, sería un mero transcriptor, y su trabajo sería de muy baja calidad, a menos que el orador fuera perfecto y pulido, lo que es cada día más raro.
La forma correcta es escuchar un trecho más o menos largo -varios segundos-, interpretar fielmente la idea del expositor y escribirla en la máquina o computadora perfectamente redactada y ajustada al estilo del orador, en primer término, y luego a la forma y presentación que se hayan establecido previamente en el caso de que la versión la hagan por partes varios fonotipistas.
Dicho lo que antecede, vamos a sacar una conclusión: la fonotipía es intelectual en el 99%; es mecánica en el 1% restante.
Y una última reflexión. Pienso, modestamente, que los taquígrafos tenemos una opción: o abrazamos la tecnología o dejamos que otros lo hagan por nosotros y nos desplacen.
La velocidad con que circulan las comunicaciones en todo el mundo y los grandes avances tecnológicos del momento, ponen a los cuerpos de taquígrafos o fonotipistas en la situación de tener que entregar mucho antes su trabajo, a fin de que la labor parlamentaria pueda ser conocida por todos los interesados en el mínimo de tiempo.
Es por eso que sugiero un método de trabajo en equipo que puede contribuir a agilizar dicha entrega. Según esta propuesta, la versión escrita puede estar en algunos minutos en la pantalla de todas las terminales de computación conectadas a la red y, naturalmente, impresa.
El equipo estará formado por supervisores, revisores y fonotipistas en el número que se estime conveniente, teniendo en cuenta que deberá contarse, además, con fonotipistas auxiliares para el manejo interno de la versión, de las impresoras, fotocopiadoras y grabadores. Cada uno de los fonotipistas realizará la traducción de una parte de un minuto en cada rueda, que numerará debidamente en su computadora, la que estará programada para ordenar correlativamente todas las partes, una vez corregidas, creando un nuevo archivo -el de la sesión completa-, pero sin borrar ni alterar cada una de las partes ingresadas. El operador, con la vista en el segundero del reloj, indicará a cada turno el comienzo preciso de su parte, que coincidirá con el principio de cada grabación y, por ende, con el fin de la parte anterior. Es sumamente deseable que cada parte empiece y termine en un punto. Por excepción, cuando los párrafos son muy largos, el operador indicará el corte en una pausa, y los fonotipistas acordarán el enlace.
Cada fonotipista llevará el casete con su parte grabada a su computadora, y allí realizará la traducción de un minuto; la archivará, pero no la imprimirá.
Los fonotipistas no tendrán problemas con los enlaces, pues su parte comienza luego del primer punto que aparezca en la grabación, y termina con el último punto grabado.
Las operaciones que anteceden se realizarán en la Oficina, es decir que los fonotipistas no bajarán a Sala, aunque sí deberán escuchar por los parlantes el desarrollo de la sesión desde varios minutos antes del que les toque traducir.
Quienes sí bajarán a Sala serán los revisores, que estarán presentes de a dos, renovándose uno cada cinco minutos. Cada revisor, que ha permanecido en Sala diez minutos tomando apuntes y recogiendo datos, documentos y lecturas, revisará sólo los cinco minutos finales de su permanencia. Una vez en la oficina, comenzará inmediatamente a corregir en su pantalla la primera de sus cinco partes de un minuto, la que ya deberá estar confeccionada, y luego sucesivamente las demás; la computadora estará programada para que, al archivarse la parte corregida, se cree un nuevo archivo sin alterar el de cada fonotipista, a efectos de que queden, por un lado, todas las partes originales y, por otro, todas las corregidas.
Fonotipistas auxiliares seguirán en pantalla la sucesión de partes traducidas y se encargarán de imprimir y copiar las corregidas, las que pasarán a los supervisores para que estos confeccionen, con otros documentos, el Diario de Sesiones, con su correspondiente sumario, siempre y cuando no se encuentren en red todas las computadoras del organismo en el que se trabaje, lo que permitiría confeccionar un Diario de Sesiones automático, ya que los documentos podrían transferirse electrónicamente desde otras oficinas.
A los efectos de aliviar a los integrantes del Cuerpo de Taquígrafos de la pesada tarea de concurrir a todas las comisiones a levantar la versión, propongo la siguiente forma de actuar.
A cada comisión concurrirá sólo un revisor y un auxiliar. Este realizará, mediante micrófonos inalámbricos y radiograbadores -siempre que no haya equipo de amplificación, en cuyo caso conectará a éste sus grabadores- la grabación de toda la sesión en partes de diez minutos, correspondiendo un casete a cada una. Asistirá de pie al revisor y estará atento al desarrollo del debate a los efectos de consultar nombres y datos, y solicitar documentos y lecturas.
El revisor, coincidiendo con las partes grabadas, tomará apuntes en planillas con diez casilleros, cada uno de los cuales corresponderá a uno de los diez minutos. Anotará los nombres de los oradores, sus primeras palabras -a fin de reconocerlos- y también la ortografía de nombres propios, geográficos, históricos, expresiones extranjeras o poco usuales, datos numéricos, etcétera, a fin de colaborar con quien luego haga la traducción.
El auxiliar cambiará un casete cada diez minutos, lo envolverá con la correspondiente planilla del revisor y otros documentos, si los hay, y anotará el nombre de la Comisión, el número de parte, la hora, etcétera.
Terminada la sesión, los casetes pasarán a manos del Director, quien los repartirá para su traducción.
Las siguientes operaciones son conocidas.CAPACITACION PREVIA
MECANICA DE LA FONOTIPIA
LA VERSION SIMULTANEA
LA VERSION DE LAS COMISIONES