


Definimos a las CYMAT como el conjunto de propiedades que caracterizan la situación de trabajo, que influyen en la prestación del mismo y que pueden afectar la salud física y mental del trabajador y su comportamiento social.
Incluimos entonces a la infraestructura: local, medios técnicos, equipamiento social (personal);
ambiente físico: temperatura, ruido, ventilación, iluminación, vibraciones, higiene, contaminación, etcétera;
ambiente psicosocial: forma y grado de comunicación, cooperación, representación y estructura de mando;
asistencia social;
condiciones externas: carga física (estática y dinámica) y mental (restricciones de tiempo, complejidad, rapidez, atención, minuciosidad requerida);
exigencias debidas al tipo de organización del trabajo: horarios, formas de remuneración, grado de parcelización, monotonía de a tarea y repetitividad en el ciclo de operaciones.
Llamamos ergonomía al conjunto de técnicas operativas cuyo objetivo es adaptar el trabajo a la persona que lo realiza. Es decir, se trata de que el individuo realice la menor cantidad de esfuerzos y/o movimientos que no sean producto de las características naturales del ser humano.
Como esta disciplina abarca varios campos, es importante destacar que algunos de los puntos fundamentales a tener en cuenta son: Posturas, Ambiente, Iluminación, Ruido, Personal.
Importancia de una buena postura de trabajo: Intenta evitar la fatiga muscular, además de prevenir lesiones y reducir el costo fisiológico de la tarea.
En el trabajo sentado es fundamental que se respeten los siguientes puntos:
* La columna vertebral debe estar naturalmente recta para que el peso del cuerpo sea soportado por el esqueleto y la silla, logrando un mínimo de esfuerzo de músculos y tendones.
* Los pies nunca deben quedar colgando, sino apoyados en el piso o en apoyaspiés.
* La zona poplítea (inferior de los muslos y contigua a la rodilla) no debe ser comprimida por el asiento. Debe quedar libre.
* Los muslos deben tener una ligera inclinación hacia abajo para favorecer la circulación sanguínea.
* El trabajador no debe sentarse en el borde de la silla. El asiento debe estar totalmente ocupado.
Por lo expuesto anteriormente, se desprende que para responder a dichos puntos es necesario contar con una silla adecuada. La altura, el respaldo y la Profundidad del asiento deben ser regulables para que pueda adaptarse perfectamente a cada trabajador en particular.
El borde delantero del asiento también debe ser redondeado para favorecer una buena circulación sanguínea.
Mientras se está desarrollando la tarea NO debe modificarse la correcta postura del trabajador. Si lo hace, se produciría un desbalanceo del cuerpo, obligando ser compensado a través de la acción de músculos posturales. Si esta actividad es persistente aparecerá fatiga muscular y trastornos osteoarticulares que, a su vez, originarán problemas en la columna vertebral.
Anteriormente nos habíamos referido a dos tipos distintos de cargas: física y mental. En nuestro caso, nuestra tarea estará encuadrada dentro de lo que se llama carga física estática. El músculo se contrae en forma continua y se mantiene durante cierto tiempo (postura). La fatiga localizada se acentúa progresivamente durante la jornada, produciendo un desequilibrio postural cada vez mayor.
A su vez, pueden aparecer dolores de riñones, nuca, espalda y problemas vertebrales (cervicalgias, dorsalgias).
Area de Trabajo.
Normal: será tal cuando el área sea igual al arco de circunferencia de radio igual a antebrazo + mano + dedos, con centro en el codo que cuelga normalmente del cuerpo.
El lugar ideal para la manipulación conjunta de las manos es aquél en el que coinciden las respectivas áreas normales.
Máxima: es el área comprendida por un arco de circunferencia de radio igual a brazo + antebrazo + manos + dedos, con centro en el hombro.
Por lo tanto, trabajar fuera del área máxima implica cambio de postura y esto es lo que debe evitarse.
Los codos, si nos referimos a la posición óptima, deben estar entre 5 y 10 cm. por encima del plano de trabajo de las manos para favorecer la circulación sanguínea. En una situación límite, los codos pueden estar al mismo nivel que el plano de trabajo de las manos.
Cuando utilizamos normalmente la visión, suponemos la existencia de una claridad suficiente como para que los objetos puedan ser distinguidos sin esfuerzo. Es importante el contraste que se da entre el objeto que se observa y su entorno. Por lo tanto, las normas de iluminación deben tener en cuenta esta doble dimensión de la actividad visual: agudeza y contraste.
¿Qué ocurre cuando tenemos mala iluminación? En primer lugar, aparece fatiga visual y se manifiesta en distintos tiempos, de acuerdo a cada individuo, con sensaciones desagradables y dolorosas en los globos oculares: ardores, picazones, pesadez. Luego se acompañará con concretos problemas en la visión: duplicación de los objetos, franjas coloreadas, generalmente con cefaleas.
En nuestro caso en particular, dado que nuestra tarea exige precisión, si contamos con una mala iluminación aumentará la carga de trabajo. Se hace difícil detectar y discriminar las informaciones visuales útiles, con lo cual aumentará la carga mental. Consiguientemente, esto repercutirá en nuestra postura, en el intento de disminuir la distancia entre nuestros ojos y el objeto a observar y buscando el mejor ángulo que permita atenuar el encandilamiento, si es que existe. Es decir, la carga estática también aumenta.
Los estudios realizados al respecto informan que una iluminación mal adaptada -superficie de los escritorios brillante, contraste demasiado débil o fuerte, mala orientación-, conducen a una fatiga visual, la cual aumentará si se emplean luces de neón por las vibraciones que éstas producen y que son imperceptibles a los ojos y porque la intensidad de estas fuentes son iguales para todos los trabajadores. La iluminación debiera varias en relación con la tarea a realizar, con la edad y con la mayor o menor fatiga que el individuo padezca.
Además, el uso habitual de iluminación artificial puede ocasionar modificaciones en la piel y en el cabello, en tanto que disminuye la actividad bacteriana de la piel y, por consiguiente, su capacidad de defensa ante los microbios.
La Organización Internacional del Trabajo define al ruido como "cualquier sonido que pueda provocar una pérdida de audición o ser nocivo para la salud o entrañar cualquier otro tipo de peligro".
Cabe aclarar que la energía encerrada en un sonido se la mide mediante una escala de decibeles (dB). También se evalúa la frecuencia, es decir, las veces en que oscilan las partículas del medio en cada unidad de tiempo. Cuanto más agudo, tanto mayor es la frecuencia (se la mide en herzios: Hz).
El oído es más sensible a las frecuencias medias, entre las bandas de 500 y 2000 Hz, justamente las más importantes para la comprensión de la palabra hablada.
Existe una escala que relaciona tiempos de exposición y nivel de presión sonora en dB. Es decir, 8 horas expuesto a 90 dB es igualmente dañino al oído que 4 horas a 93 dB o 99 dB durante 1 hora.
Lamentablemente, la pérdida auditiva ocasionada por ruido no puede, en su comienzo, ser detectada por el sujeto. Las primeras frecuencias en desaparecer son las que están sobre el campo de la palabra. Primero son las consonantes y luego las vocales.
El trabajador, en muchas ocasiones, se engaña con la idea de que el ruido es algo a lo que uno se acostumbra. Así reduce los efectos psicológicos, pero no debe minimizarse aquellos que produce el oído interno:
Trauma acústico (T.A.), producto de una mayor intensidad y menor tiempo de ruido, e
Hipoacusia inducida por ruido (H.I.R.), menor intensidad y mayor tiempo.
La persona que se "acostumbró" a un ruido puede que se haya vuelto insensible a todas las frecuencias componentes del mismo.
El ruido resultará más perjudicial cuando el trabajo requiere mucha concentración ya que provoca distracción, haciendo dificultoso mantener la atención.
Por otro lado, acelera el ritmo cardíaco, produce problemas digestivos, disminuye la habilidad manual, perturba el comportamiento, modifica el tiempo de reacción y produce trastornos como irritabilidad, insomnio, agresividad, agotamiento, cefaleas, mareos, sensación de cansancio y, a veces, debilidad física general.
Como mencioné anteriormente, forma parte de lo que llamamos las condiciones y medio ambiente de trabajo (CYMAT). En nuestro caso particular, es de sumo interés detenernos en este punto ya que las variaciones que puedan presentarse influyen en la calidad y forma del trabajo final (turnos y versiones taquigráficas), como también en la salud física y mental de nosotros, los taquígrafos.
Una cantidad reducida de personal, teniendo siempre en cuenta las exigencias que demanda nuestra tarea, hará que trabajemos en un estado de sobreesfuerzos continuo. Y si bien las consecuencias no se visualizan en lo inmediato, luego de un prolongado tiempo aparecerán sintomatologías de distinta índole (musculares, óseas, digestivas, nerviosas, cardiovasculares, etc.).
La relación que existe entre el tiempo de toma taquigráfica y el de traducción es de 1 a 6. Es decir, que por cada hora de taquigrafía se requieren seis para convertir -vía rasgos estenográficos- el lenguaje oral en un texto escrito y legible. Y si lo pensamos en turnos y minutos, por cada 5 minutos de taquigrafía que tomamos en el recinto, necesitaríamos como mínimo 30 minutos para traducir.
Para que el cálculo sea efectivo, se requerirán, por lo menos, 7 parejas en cada cuerpo de taquígrafos de los distintos parlamentos (Congreso Nacional, Legislaturas provinciales o Concejos Deliberantes). Pero sabemos concretamente que esto no ocurre.
CYMAT (condiciones y medio ambiente de trabajo).
CONCEPTO DE ERGONOMIA
POSTURAS
AMBIENTE
ILUMINACION
RUIDO
PERSONAL