


Luego de haber realizado todo este recorrido y de habernos reconocido en muchos de los síntomas que aquí menciono como producto de las características propias de nuestro trabajo y como deficiencias en las condiciones y medio ambiente de trabajo, dicho trastornos -que cuando aparecen juntos nos incapacitan para trabajar y necesitamos luego un prolongado reposo- deben ser considerados como enfermedades derivadas de las CYMAT.
Sabemos que difícilmente son entendidas como tal porque no se manifiestan como un síndrome claro y definido que permita efectuar rápidamente el diagnóstico.
Se ha llegado a la conclusión -según las numerosas investigaciones realizadas- de que las patologías de trabajo que menos se reconocen oficialmente, pese a la frecuencia y gravedad, son los problemas vertebrales y los osteoarticulares, como resultado de las exigencias posturales defectuosas.
Si nos basamos en la definición que la Organización Mundial de la Salud da de la salud, en la que dice "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no consiste solamente en la ausencia de enfermedad", deberíamos apuntar a la búsqueda de un método que apunte a equilibrar estos tres aspectos. Y el hecho de que un trabajador no sufra algunas de las enfermedades consideradas como profesionales, no significa que el mismo esté sano, porque existen muchísimas patologías producidas por la actividad laboral (infartos de miocardio, enfermedades de las articulaciones, de los huesos y músculos).
Creo que no se trata solamente de realizar una acción reparadora, luego de detectada la enfermedad o, en el peor de los casos, la incapacidad posterior, sino, fundamentalmente, preventiva.
Sabemos que la adaptación completa es imposible. Podemos ganar quizás en especificidad y reconocimiento por nuestra tarea, pero también pagamos un costo, que es el de nuestra salud.
Por lo tanto, y teniendo en cuenta que nuestro trabajo se calificaría como en equipos, por turnos y en muchas oportunidades, nocturno, sería aconsejable que:
-Nuestro trabajo estuviera reglamentado estrictamente.
-Estuviera incluido dentro de las actividades que requieren un control médico especial.
-Las enfermedades todavía no consideradas como profesionales fueran reconocidas como tales.
Por otro lado, dar prioridad a la prevención por sobre el control respecto de las condiciones de trabajo; promover el mejoramiento de las mismas -buena iluminación, muebles y equipamiento acordes a las exigencias laborales. De esta manera, se adaptarían los puestos, técnicas, procesos y ritmos de trabajo al hombre y no viceversa.
Por último, auspiciar la intervención en investigaciones estadísticas y epidemiológicas para unificar las características físicas, psíquicas y antropométricas de nosotros, los taquígrafos, con las existentes en otros países, en función de detectar cuáles son las enfermedades comunes derivadas de las condiciones de trabajo.
Como dije en otro oportunidad, nos caracterizamos por la particularidad y especificidad de nuestra tarea. Así nos reconocemos como taquígrafos parlamentarios. Somos especiales, pero también somos humanos.
