COMISION No. 2 - CONDICIONES DE SALUBRIDAD DEL TRABAJO TAQUIGRAFICO

ASPECTOS GENERALES

La carga física La carga mental La carga psíquica Los factores personales Aspectos particulares

Enfrentados a la tarea de estudiar la eventual insalubridad de nuestra profesión, nos parece oportuno comenzar trasmitiendo cuál será el concepto de salud que adoptaremos para este trabajo.

Hace un tiempo, la Organización Mundial de Salud definió la Salud como "Un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad o de invalidez".

Si observamos estas palabras constatamos algunas características. Una de ellas es que se trata de una definición por lo positivo, por lo que es y no en función de lo que falta o de lo que no es. Y vemos también que implica una concepción que integra las diversas dimensiones humanas -física, mental, social-, dejando de lado viejas concepciones que atendían solamente al cuerpo.

Años más tarde, en 1975, a través del informe técnico No. 571, la OMS dio una nueva definición de salud, por cuanto entendió que la anterior era algo estática y demasiado idealista. Dice así esta nueva definición: "La salud no es algo que se posea como un bien sino en realidad es una forma de funcionar en armonía con su medio (trabajo, descanso, formas de vida en general). No sólo significaría verse libre de dolores y de enfermedades, sino también la libertad para desarrollar sus capacidades funcionales. La salud se desarrolla y se mantiene por una acción recíproca entre el patrimonio hereditario y el medio local". Y sigue diciendo la OMS: "Como el medio de trabajo constituye una parte importante del medio en que vive el hombre, la salud depende en gran medida de las condiciones de trabajo".

Esto equivale a decir que no se entiende más la salud como un estado, definido por la ausencia de enfermedad o de invalidez, sino que pasa a ser considerada como un proceso dinámico, dependiente de la interrelación de lo físico, lo mental y lo social que se da en busca de un equilibrio hacia el cual se tiende constantemente.

De esta definición surge, entonces, la estrecha interdependencia que existe entre la salud y las condiciones de trabajo.

Una vez definido el concepto de salud en que nos basamos y habiendo constatado que en esa definición se consideran explícitamente las condiciones de trabajo, pasemos a ver qué entendemos por condiciones y medio ambiente de trabajo.

A grandes rasgos, podemos decir que en este sentido existe una concepción tradicional y otra renovadora.

La primera, que predominó en el siglo pasado pero que, a pesar de su obsolescencia teórica, en la práctica sigue manteniendo plena vigencia en la actualidad, considera que la salud de los trabajadores se reduce a la falta de enfermedad y a ésta se la concibe sólo como una situación terminal, sin ver que es la lógica conclusión de una serie de eslabones que deterioran progresivamente la salud a través de la fatiga.

Esta concepción centra su atención fundamentalmente en los problemas de higiene y seguridad en el trabajo y en forma secundaria en la medicina laboral, sin ir a buscar las causas profundas que originan y determinan esos problemas, con la lógica consecuencia del enaltecimiento de la actitud "reparatoria" e indemnizatoria de los daños, en lugar de poner el acento en la prevención de los riesgos.

Por otra parte, esta postura presenta como rasgo predominante su dificultad para superar un análisis parcializado e individualizado de cada uno de los riesgos profesionales, sin hacer una esfuerzo de integración, lo que acarrea el desconocimiento del efecto sinérgico agravante provocado por la combinación de diversos factores de riesgo.

Por último, esta postura considera que la fatiga, los sufrimientos, los problemas de salud, son indisociables e inherentes al trabajo mismo. Por eso, desde esta perspectiva no se comprende que la explicación de los riesgos y daños muchas veces se encuentre en las inadecuadas condiciones y medio ambiente de trabajo, que nada tienen de irreversibles.

La concepción renovadora parte de la noción de que el trabajo no es un castigo sino un derecho y una obligación social del cual depende el mejoramiento de las condiciones generales de vida.

Las condiciones y medio ambiente de trabajo no se limitan a la seguridad e higiene laborales sino que constituyen un conjunto global e integrado de los diversos factores que la componen, que cambian permanentemente a lo largo del tiempo. Sus efectos sobre la vida y la salud de los trabajadores no obedece a una suerte de fatalismo en cuanto a los daños, en primer lugar, porque ello dependerá de las características personales, de las capacidades de adaptación y de resistencia de cada trabajador y, además, porque la prevención es posible.

Al contrario de la posición tradicional que, como vimos, hace un enfoque parcializado, no tomando en cuenta los efectos combinados que pueden multiplicar los riesgos, la nueva postura considera que todos los factores influyen de manera global y unificada, ya sea sobre el colectivo de trabajo como sobre cada uno de los trabajadores.

A este conjunto de repercusiones de las exigencias del puesto de trabajo se le denomina carga global de trabajo. La carga global de trabajo es, entonces, la resultante de los diversos factores del medio ambiente de trabajo -riesgos físicos, químicos y biológicos, factores tecnológicos y de seguridad- y de las condiciones de trabajo -contenido y organización del trabajo, duración y configuración del tiempo de trabajo, sistemas de remuneración, la ergonomía, la transferencia de tecnología, el modo de gestión, los servicios sociales asistenciales y de bienestar.

En la carga global de trabajo existen tres dimensiones fundamentales, que se distinguen con fines puramente analíticos: física, psíquica y mental. Pero, repetimos, sobre el conjunto y sobre cada una de ellas están repercutiendo todos los elementos de las condiciones y medio ambiente de trabajo, de modo que después de proceder al análisis de cada una, es necesario proceder nuevamente a su integración y unificación.

I) La carga física

El esfuerzo físico muscular resulta de la contracción de los músculos que actúan para inmovilizar o para desplazar el cuerpo o unos segmentos corporales con relación a otros.

La carga física puede adoptar dos modalidades: dinámica y estática.

Si bien se reconoce socialmente la importancia del esfuerzo físico en actividades como la construcción -que demanda fundamentalmente carga dinámica- no es expresamente reconocido en tareas tales como el trabajo administrativo, porque se lleva a cabo sentado y en posición casi inmóvil durante períodos dentro de la jornada de trabajo -carga estática.

En cualquiera de las dos modalidades -dinámica o estática- la carga física de trabajo implica un desgaste de energía, una modificación de la frecuencia cardíaca y otros efectos sobre el organismo que, de no mediar el reposo necesario -de duración y en condiciones de confort adecuadas- puede transformarse en fatiga crónica, que degenera luego en enfermedad o en envejecimiento prematuro.

II) La carga mental

Se llama carga mental a los requerimientos y exigencias del puesto de trabajo en cuanto a las actividades de tipo cognitivo, es decir, las que se originan en los mecanismos del pensamiento, teniendo en cuenta el límite de las capacidades mentales humanas. Depende, por una parte, de la estructura y del funcionamiento del proceso de la información y, por otra parte, de la naturaleza, cantidad y frecuencia de la información que debe ser percibida, captada y procesada en una determinada unidad de tiempo.

La intensidad de la carga mental puede ser analizada. En primer lugar, depende del número de fuentes informáticas, de la frecuencia de las informaciones emitidas por esas fuentes, de la cantidad de información trasmitida y de su densidad.

Cuando hay una sobrecarga de información a procesar provocada por la multiplicidad de fuentes emisoras o por la cantidad de información que ellas trasmiten, se establece algo así como una "fila de espera" y para proceder a la selección de las informaciones que se deben procesar es preciso recurrir al auxilio de la memoria. Por ello, la presentación de la información que debe ser procesada por los operadores tiene que hacerse con un ritmo que sea compatible con las fluctuaciones fisiológicas que transcurren entre la percepción de la señal y la respuesta, considerándose necesario que haya algún período de reposo -aunque sea de segundos- entre la adopción de las decisiones que se traducen en actividades y el inicio del proceso siguiente, o sea, la percepción de nuevas informaciones.

Si la información se trasmite de manera muy breve, se debe usar mucho más intensamente la atención y la memoria para no cometer errores por falta de adecuación o de correspondencia entre la señal, su percepción y la respuesta. Por otra parte, dada la unidad e interrelación de las diversas dimensiones de la persona, cuanto más complejas son las señales o informaciones que deben ser percibidas, identificadas y procesadas para adoptar una decisión y realizar una actividad, más se contraen ciertos músculos, con lo cual una elevada carga mental puede terminar provocando perturbaciones fisiológicas. Así, por ejemplo, el trabajo ante pantallas de visualización de datos provoca una fatiga visual debido a la frecuencia y a la complejidad de los signos o códigos procesados, así como a la fijación de la actividad visual -número de veces y duración de la fijación- y a la densidad del texto, según sea la naturaleza de la información contenida. Los músculos del cuello, de la nuca y de la espalda se contraen, los órganos de la visión se acercan cada vez más al texto que se debe procesar y a la pantalla. La mirada fija fatiga los músculos extrínsecos (por el esfuerzo de convergencia) y los músculos intrínsecos (por el esfuerzo de acomodación). Además, provoca la irritación de la conjuntiva y la sequedad del ojo, puesto que disminuye el número de parpadeos y, por consiguiente, la lubricación.

Cuando hay una sobrecarga mental los trabajadores experimentan un sufrimiento que puede traducirse en agresividad hacia sus propios compañeros, supervisores, clientes o usuarios y en otros casos esto origina ausentismo, altas tasas de rotación, trabajo con bajos estándares de calidad, errores en cuanto a las tareas realizadas, conflictos personales y laborales, etcétera.

No existe consenso acerca de la existencia de un indicador sintético que permita medir globalmente la carga mental que corresponde a una tarea dada. En cambio, hay algunos indicadores parciales sobre aspectos indirectos de la carga mental.

Según el método LEST, tales indicadores parciales son, entre otros:

a) El apremio o las exigencias de tiempo.

Este tiene directa repercusión sobre la fatiga.

La tareas prescripta no necesariamente será de carácter repetitivo ni tendrá un ritmo impuesto. Pero, cuanto más rígidas sean las cadencias y cuanto mayor sea el ritmo, mayor será la fatiga del trabajador. A veces, el apremio de tiempo contribuye a agravar los efectos de los demás riesgos del medio ambiente de trabajo, por ejemplo, complejidad de la tarea, trabajo efectuado de noche, etcétera.

b) La complejidad-rapidez de la tarea.

Cuanto más información se debe percibir, procesar o memorizar y mayor sea el número de decisiones rutinarias o conscientes que se deban adoptar, mayor será la carga mental que demandará la tarea.

c) La atención.

La carga mental es más elevada cuanto más concentración requiere la tarea y cuanto más corto es el tiempo que pasa entre dos procesos mentales del tipo señal-respuesta.

d) La minuciosidad.

Mayor será la carga mental cuanto más atento deba estar el trabajador para observar detalles muy precisos.

III) La carga psíquica

Se va formando consenso para afirmar que la carga psíquica, o los aspectos psicosociales de la carga de trabajo, se relacionan muy estrechamente con el contenido del trabajo.

Los principales factores que actualmente son considerados como formando parte de los determinantes y condicionantes de la carga psíquica de trabajo son los siguientes:

a) El grado de iniciativa que exige el puesto de trabajo respecto del trabajador que lo ocupa, de la que depende el grado de autonomía del trabajador.

b) El grado de ambigüedad acerca de los resultados de la tarea realizada.

c) El estatus social o el reconocimiento social de la actividad propia a cada puesto de trabajo, en virtud de las calificaciones profesionales requeridas, de la naturaleza misma de la tarea asignada, del nivel de remuneración, de su prestigio o del menosprecio que se tiene hacia ella.

d) La comunicación que se establece funcionalmente desde su puesto de trabajo con los demás.

e) La cooperación que se requiere desde un puesto de trabajo respecto de los demás.

De igual forma que en el caso de la carga mental, no existe un indicador global y sintético de carácter cuantitativo respecto de la carga psíquica, pero hay indicadores parciales que, cuando son manejados con cuidado, permiten tener una idea aproximada de aquella. La valoración de los aspectos afectivos y relacionales inherentes al puesto de trabajo es realizada por cada uno de los trabajadores, generando una mayor o menor satisfacción en el trabajador.

A grandes rasgos, podemos decir entonces que la carga psíquica de trabajo sería más elevada cuanto mayor sea la ambigüedad en cuanto a los resultados de la tarea realizada; cuanto mayor sea la intensidad y conflictividad de las relaciones establecidas con los demás miembros del colectivo de trabajo, con los supervisores y personal directivo y con los usuarios, y cuanto más frecuentes y prolongadas sean las interrupciones de la actividad generadas por causas involuntarias al trabajador, que lo obligan a desconcentrarse y desviar la atención. La carga psíquica es también mayor cuanto menor sea el estatus social o el reconocimiento social respecto de los trabajadores que ocupan ciertos puestos de trabajo; cuanto menor sea el grado de autonomía y de iniciativa requeridos por el puesto; cuanto menores sean las posibilidades de comunicarse y de cooperar con los demás miembros del colectivo de trabajo y cuanto menores sean las posibilidades de utilizar y valorizar las calificaciones profesionales.

Un fenómeno a destacar es que con la incorporación de las nuevas tecnologías informatizadas se asiste a una suerte de desplazamiento de la carga global de trabajo propio de cada puesto: disminuye la carga física y los esfuerzos musculares pero aumenta la carga psíquica y mental.

También es evidente que en virtud de su contenido y organización, el puesto de trabajo puede implicar escasos requerimientos afectivos y relacionales, generando una subcarga psíquica, provocando el desinterés por el trabajo y empobreciendo la naturaleza de las relaciones de comunicación, cooperación y de intercambio con los demás miembros del colectivo de trabajo o con los usuarios. Se trata de otra forma de alienación.

Dice Julio C. Neffa: "Los seres humanos constituyen una unidad bio-psico-social y por lo tanto creemos necesario ahora volver a insistir sobre la estrecha relación que se establece entre las diferentes dimensiones de la carga de trabajo y que van a repercutir sobre una misma persona. En efecto, una elevada carga física puede llegar a perturbar las actividades mentales, afectivas y relacionales del trabajador (...) Cuando se debe soportar una elevada carga mental a causa de las exigencias derivadas de la organización del trabajo -por ejemplo, efectuar tareas complejas que requieren mucha atención que deben realizarse con apremios de tiempo o cuando se debe percibir y procesar muchas informaciones en un corto lapso- disminuye la satisfacción en el trabajo y se generan dificultades en la comunicación y la cooperación con los demás trabajadores, que pueden llegar a ser conflictivas). Y continúa Neffa: "En todos los casos mencionados disminuye la eficiencia de la empresa u organización: baja la productividad, desmejora la calidad, surgen incidentes, se producen accidentes de trabajo, se incrementan los costos, etcétera".

Los factores personales de los trabajadores

Como dijimos, cuando se procura analizar las repercusiones de las condiciones y medio ambiente de trabajo sobre la vida y la salud de los trabajadores se debe tomar en cuenta que éstas no van a depender solamente de la carga global de trabajo, determinada por el propio proceso de trabajo, sino también de las características personales y las capacidades de adaptación y de resistencia a los factores de riesgo de cada uno de los trabajadores.

Los trabajadores no son todos iguales, ni tienen las mismas vivencias y percepciones frente a los riesgos profesionales, dadas sus características personales.

Entre los factores que dan origen a esta diferenciación personal se destaca, en primer lugar, la edad.

Con el correr de los años experimentamos un proceso de envejecimiento biológico natural que se traduce en la reducción del número y del valor funcional de ciertas células especializadas -como por ejemplo las neuronas-, la rigidificación progresiva de las proteínas estructurales que componen las arterias y las paredes de los vasos sanguíneos y, finalmente, el agotamiento de las defensas inmunológicas, así como la posibilidad de ver reducidas ciertas capacidades. A medida que pasan los años y por razones puramente biológicas, la fuerza física va disminuyendo, se pierde agilidad y flexibilidad, se ve y se escucha con mayor dificultad, la carga psíquica y mental provocan mayor sufrimiento, etcétera.

Es interesante destacar, por ejemplo, que los trabajadores de mayor edad tienen más dificultad que los jóvenes cuando se trata de formarse para operar con las nuevas tecnologías informatizadas, por lo que deben adoptarse ciertas condicionantes que surgen de la pedagogía destinada a adultos. Por ejemplo, los trabajadores de mayor edad necesitan comprender para aprender, puesto que los nuevos conocimientos reestructuran su sistema de pensamiento. Los conceptos claves deben ser bien asimilados antes de continuar la presentación de nuevos conceptos, porque ello los haría "perder el hilo". Por otra parte, los trabajadores de mayor edad se ven beneficiados cuando aprenden colectivamente, cuando disponen de algo más de tiempo que los más jóvenes y cuando a lo largo del tiempo el ritmo del aprendizaje se acrecienta progresivamente y no comienza de manera abrupta.

Un segundo e importante factor de diferenciación entre los trabajadores es su sexo. Hombres y mujeres no tienen la misma contextura física, no están dotados de la misma fuerza muscular y no se ha determinado hasta el momento -por lo que sabemos-, por ejemplo, si ambos sexos son igualmente resistentes ante tareas que no demandan un esfuerzo físico intenso pero sí prolongado.

Por otra parte, los mismos riesgos del medio ambiente de trabajo repercuten en forma diferente cuando la mujer está embarazada.

Un tercer factor de diferenciación personal a considerar es el estado de salud biológica, psíquica y mental de los trabajadores. Los mismos factores de riesgo del medio ambiente de trabajo y de las condiciones de trabajo tienen repercusiones muy diferentes según sea el estado de salud del colectivo de trabajo y de cada uno de los trabajadores, en el transcurso del tiempo. Cuando la salud se halla deteriorada por cualquier causa que sea, la carga de trabajo se hace "más pesada", hay menor capacidad de adaptación y de resistencia, la fatiga sobreviene mucho más rápidamente en virtud del esfuerzo realizado, se está más propenso a ser víctima de accidentes de trabajo o de enfermedades profesionales y se facilitan los efectos sinérgicos y combinados de los factores componentes de las condiciones y medio ambiente de trabajo que pueden perjudicar la vida y la salud del trabajador.

Otros importantes factores de diferenciación personal serían las capacidades psicomotrices, psíquicas y mentales de los trabajadores, su información, formación y calificación profesionales, la historia personal y profesional del trabajador, las aspiraciones y expectativas personales, etcétera.

Determinado el concepto de carga global de trabajo cabe recordar que ésta no tiene necesariamente una connotación "negativa" en virtud de la cual provocaría siempre algún tipo de daño. Más bien, debemos entenderla como un desafío que obliga a la persona -enfocada, una vez más, en sus dimensiones biológica, psíquica y mental- a hacer un esfuerzo de adaptación y de resistencia ante los factores de riesgo para evitar los eventuales daños que éstos pueden ocasionar. Como resultado de este esfuerzo puede surgir cierto equilibrio capaz de generar satisfacción personal o grupal por el trabajo realizado, así como la posibilidad de desarrollar las propias potencialidades. En estas condiciones el trabajo sería fuente de realización personal, independientemente de la fatiga natural que toda actividad humana provoca.

Pasemos a ver cuáles son los efectos de las condiciones y medio ambiente de trabajo sobre la salud de los trabajadores.

El primero y más evidente efecto del trabajo es la fatiga. Esta es a veces percibida de manera totalmente consciente, pero en otras ocasiones el grado de conciencia es bajo. Puede ser específica -por ejemplo, en los músculos- o inespecífica, de carácter general, provocada por la carga global de trabajo. Ambos tipos se recuperan esencialmente con el reposo, el sueño, una alimentación adecuada, las pausas en el trabajo, el descanso semanal y las vacaciones anuales, la vida afectiva familiar y las relaciones sociales. Sin embargo, los trabajadores pueden experimentar una fatiga de tal intensidad que adopte dimensiones patológicas, por lo que, para superarla, requeriría un tratamiento médico: período de reposo suplementario, régimen alimenticio especial, medicamentos o, inclusive, cambio de puesto de trabajo.

La fatiga, que es en sí misma un importante efecto de las condiciones y medio ambiente de trabajo, confluye con otros factores, agravando sus consecuencias.

Otro efecto sobre la salud de los trabajadores consiste en el envejecimiento prematuro provocado por el desgaste excesivo de la fuerza de trabajo.

El envejecimiento es un fenómeno natural provocado por razones biológicas, que causa cambios lentos, continuos e irreversibles en todos los seres vivientes; pero también hay un desgaste provocado por las condiciones y medio ambiente de trabajo que generaron una carga de trabajo más elevada que las normales capacidades de adaptación y de resistencia propias de cada trabajador.

No obstante, además de estos normales efectos negativos del envejecimiento sobre las capacidades de trabajo, con el correr del tiempo los trabajadores acumulan experiencia profesional, hecho positivo que facilita el ejercicio de su actividad.

Un tercer y muy importante efecto del trabajo son las enfermedades profesionales y las enfermedades ligadas al trabajo.

Para abordar este punto citemos a Neffa: "La conclusión que sacamos es, primeramente, que el concepto y la cobertura de la noción de enfermedad profesional es muy diferente según sean los países y que su reconocimiento formal depende de su inclusión o no dentro de un listado sancionado legalmente. La paradoja resultante ya ha sido evocada muchas veces: en países donde las condiciones y medio ambiente de trabajo son más graves en términos de sus efectos sobre la vida y la salud de los trabajadores, la lista de enfermedades profesionales es más limitada que en el caso de países desarrollados donde desde hace varias décadas se lleva a cabo una importante acción de prevención".- "Pero además de las enfermedades profesionales reconocidas, (...) tenemos una larga enumeración de enfermedades relacionadas con el trabajo, o inespecíficas, que no se vinculan con un solo factor causal. Muchas de las actuales enfermedades profesionales reconocidas fueron anteriormente consideradas simplemente como 'relacionadas con el trabajo' hasta que las demandas sociales y los estudios epidemiológicos permitieron un conocimiento más profundo y científico.- Las enfermedades profesionales legalmente reconocidas están relacionadas causalmente con uno o varios factores de riesgo y son identificadas en su etapa terminal como una degradación del organismo a partir de una causa inicial constatada. Pero hay otras enfermedades que no tienen una sola y única causa, o que tienen una muy lenta evolución, manifestándose plenamente sólo varios años después de que comenzara la exposición a los riesgos, todo lo cual incluso puede llegar a suceder luego de finalizada la vida activa.- De la misma manera en que antes afirmamos que trabajo y riesgo no son sinónimos y que no hay determinismos absolutos en ese aspecto, queremos ahora afirmar que las enfermedades profesionales no son el fruto de la `mala suerte' o de la `fatalidad', sino que con frecuencia resultan de la violación pura y simple de normas sanitarias, técnicas y jurídicas en materia de prevención, normas que tienen connotaciones humanitarias y morales.- El proceso de reconocimiento de las enfermedades profesionales es lento, costoso y conflictivo. Se constatan grandes retrasos en el proceso de reconocimiento de los riesgos que emergen de las nuevas materias primas, de nuevos procesos y nuevos productos.- Pero para que se lleve a cabo el proceso de reconocimiento e inclusión de una enfermedad dentro de la lista correspondiente, con lo cual se da lugar a indemnizaciones y otras sanciones de reparación, se debe estar frente a una situación 'terminal' verificable científicamente. No obstante cuando esto último sucede, ya nada se puede hacer respecto de aquellos que fueron sus víctimas en el pasado".

Por eso es preferible prevenir. Naturalmente, la noción de prevención dependerá de la concepción que se tenga acerca de la salud y de la enfermedad. Si la salud es la falta de enfermedad o, mejor dicho, la falta de síntomas, de lesiones o disfuncionamientos identificados, repertoriados y clasificados socialmente como "enfermedades", la prevención consiste en un conjunto de medidas tendientes a evitar la manifestación de esa enfermedad o que ésta se agrave, o que tenga consecuencias durables. Pero si se opta por una concepción como la de la OMS que transcribimos en el comienzo, la prevención debe ser entendida como la promoción de la salud, como ese proceso de búsqueda del equilibrio, de una marcha individual y colectiva hacia un mayor bienestar físico, mental y social. La prevención consiste, entonces, en asegurar la integridad de las personas, en aumentar sus capacidades de resistencia y adaptación frente a los riesgos de las condiciones y medio ambiente de trabajo, en procurar eliminar o reducir los riesgos dentro de límites controlables.

Hay que estar muy atento a que las enfermedades profesionales o relacionadas con el trabajo no son solamente de carácter biológico, sino que pueden adaptar modalidades psíquicas o mentales y, en todo caso, las tres dimensiones están siempre presentes en cada patología específica. Sin embargo, las consecuencias negativas de las condiciones y medio ambiente de trabajo sobre las dimensiones psíquica y mental han sido aún poco estudiadas, manejándose algunos conceptos que es preciso revisar. Poco se ha hecho hasta ahora por estudiarlas en conjunción con la dimensión físico-biológica, con la que constituye una indudable unidad. Por otra parte, ha predominado la tendencia a la medicalización y al tratamiento de carácter psiquiátrico de los trabajadores que experimentan daños psíquicos y mentales a consecuencia de las condiciones y medio ambiente de trabajo, lo que significa privilegiar la reparación sobre la prevención.

Con frecuencia el trabajo origina un sufrimiento psíquico y una insatisfacción que va a repercutir sobre la vida extraprofesional y sobre la familia del trabajador. Los deseos de estos y sus aspiraciones pueden verse frustrados por su situación de trabajo y en particular por el contenido y la organización del trabajo. Este sufrimiento se manifiesta también fuera del lugar de trabajo y explica la ansiedad y la angustia que experimentan muchos trabajadores, así como la tendencia creciente al consumo, a veces automedicado, de tranquilizantes, antidepresivos, somníferos, etcétera.

ASPECTOS PARTICULARES

Delimitado el contexto teórico en que nos basamos, transcribiremos algunos trabajos hechos por especialistas, a nuestro pedido, tendientes a lograr una primera aproximación al tema de la posible insalubridad de nuestra profesión, señalando desde ya que se trata de estudios por ahora parciales, que deberán ser ampliados con posterioridad, tanto en lo que refiere a la población a considerar como a la profundidad del enfoque.

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