INTRODUCCION:

Habia una vez una niñita sentada en una plaza.
Todos le pasaban por al lado y nunca nadie se
detenia a preguntarle que le ocurria.
Vestida con un traje descolorido, zapatos rotos y
sucios, la pequeña niña se quedaba sentada mirando a
todo el mundo pasar.
Ella nunca trató de hablar, no dijo una palabra.
Muchas personas pasaron pero nadie se detuvo.
Al dia siguiente decidí volver a la plaza a ver si
la pequena niña todavía estaba allí.
Sí, ahí estaba. En el mismo lugar en el que estaba ayer.
Con la misma mirada de tristeza en sus ojos.
Me dirigí hacia ella; al acercarme noté que en su
espalda había una joroba.
Ella me miró con una tristeza tan profunda que me
rompió el alma.
Me senté a su lado y sonriendo le dije: "hola".
La pequeña me miró sorprendida y con una voz muy
baja respondió a mi saludo.
Hablamos hasta que los últimos rayos de sol desaparecieron.
Cuando solo quedábamos nosotros dos y la oscuridad
alrededor, le pregunté por que estaba tan triste.
La pequeña me miró y con lágrimas en los ojos me
dijo: "Porque soy diferente".
Yo respondí con una sonrisa: "Lo eres".
Y ella dijo aun mas triste: "Lo sé".
Yo le dije: "Pequeña, ser diferente no es malo. Tu
me recuerdas a un angel, dulce e inocente".
Ella me miró, sonrió y por primera vez sus ojos
brillaron con la luz de la alegría.
Despacio, ella se levantó y dijo: "¿Es cierto lo que
acabas de decir?"
"Sí", le respondí, "eres como un pequeño angel
guardián enviado para proteger a todos los que caminan
por aquí".
Ella movió su cabeza afirmativamente y sonrió.
Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió. Su joroba se
abrió y dos hermosas alas salieron de ahí.
Ella me miró sonriente y dijo: "Yo soy tu angel guardian".
No sabía que decir.
Ella me dijo: "Por primera vez pensaste en alguien
mas. Mi misión esta cumplida."
Yo me levanté y pregunté por que nadie la había
ayudado. Ella me miró y sonriendo dijo: "Tu eras la
única persona que podía verme".
Y ante mis ojos desapareció.
Despues de ese encuentro mi vida cambió drásticamente.
Cuando pienses que solo te tienes a tí mismo,
recuerda que tu angel guardian esta siempre pendiente de tí.
Tu misión es:
Regalarle este mensaje a cada persona que quieras.
Puede que le cambies la vida a alguien.
Déjales saber que de una manera o de otra te preocupas por ellos.
Como la historia nos enseña, todos necesitamos a alguien.
Cada uno de tus amigos es a su manera un angel.
El valor de un amigo solo puede ser medido con el corazón.

 

Cien Sonetos de Amor

Pablo Neruda

 

Soneto I

 

Matilde, nombre de planta o piedra o vino,

de lo que nace de la tierra y dura,

palabra en cuyo crecimiento amanece,

en cuyo estío estalla la luz de los limones.

En ese nombre corren navíos de madera

rodeados por enjambres de fuego azul marino,

y esas letras son el agua de un río

que desemboca en mi corazón calcinado.

Oh nombre descubierto bajo una enredadera

como la puerta de un túnel desconocido

que comunica con la fragancia del mundo!

Oh invádeme con tu boca abrasadora,

indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,

pero en tu nombre déjame navegar y dormir.

 

 

 

Soneto II

 

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,

qué soledad errante hasta tu compañía!

Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.

En Taltal no amanece aún la primavera.

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,

juntos desde la ropa a las raíces,

juntos de otoño, de agua, de caderas,

hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,

la desembocadura del agua de Boroa,

pensar que separados por trenes y naciones

tú y yo teníamos que simplemente amarnos,

con todos confundidos, con hombres y mujeres,

con la tierra que implanta y educa los claveles.

 

 

 

Soneto III

 

Aspero amor, violeta coronada de espinas,

matorral entre tantas pasiones erizado,

lanza de los dolores, corola de la cólera,

por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?

Por qué precipitaste tu fuego doloroso,

de pronto, entre las hojas frías de mi camino?

Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?

Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?

Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,

el alba llenó todas las copas con su vino

y el sol estableció su presencia celeste,

mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua

hasta que lacerándome con espadas y espinas

abrió en mi corazón un camino quemante.

 

 

Soneto IV

 

Recordarás aquella quebrada caprichosa

a donde los aromas palpitantes treparon,

de cuando en cuando un pájaro vestido

con agua y lentitud: traje de invierno.

Recordarás los dones de la tierra:

irascible fragancia, barro de oro,

hierbas del matorral, locas raíces,

sortílegas espinas como espadas.

Recordarás el ramo que trajiste,

ramo de sombra y agua con silencio,

ramo como una piedra con espuma.

Y aquella vez fue como nunca y siempre:

vamos allí donde no espera nada

y hallamos todo lo que está esperando.

 

 

Soneto V

 

No te toque la noche ni el aire ni la aurora,

sólo la tierra, la virtud de los racimos,

las manzanas que crecen oyendo el agua pura,

el barro y las resinas de tu país fragante.

Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos

hasta tus pies creados para mí en la Frontera

eres la greda oscura que conozco:

en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.

Tal vez tú no sabías, araucana,

que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos

mi corazón quedó recordando tu boca

y fui como un herido por las calles

hasta que comprendí que había encontrado,

amor, mi territorio de besos y volcanes.

 

 

 

Soneto VI

 

En los bosques, perdido, corté una rama oscura

y a los labios, sediento, levanté su susurro:

era tal vez la voz de la lluvia llorando,

una campana rota o un corazón cortado.

Algo que desde tan lejos me parecía

oculto gravemente, cubierto por la tierra,

un grito ensordecido por inmensos otoños,

por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas.

Pero allí, despertando de los sueños del bosque,

la rama de avellano cantó bajo mi boca

y su errabundo olor trepó por mi criterio

como si me buscaran de pronto las raíces

que abandoné, la tierra perdida con mi infancia,

y me detuve herido por el aroma errante.

 

 

Soneto VII

 

"Vendrás conmigo" dije -sin que nadie supiera

dónde y cómo latía mi estado doloroso,

y para mí no había clavel ni barcarola,

nada sino una herida por el amor abierta.

Repetí: ven conmigo, como si me muriera,

y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,

nadie vio aquella sangre que subía al silencio.

Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas!

Por eso cuando oí que tu voz repetía

"Vendrás conmigo" -fue como si desataras

dolor, amor, la furia del vino encarcelado

que desde su bodega sumergida subiera

y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,

de sangre y de claveles, de piedra y quemadura.

 

 

Soneto VIII

 

Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,

de día con arcilla, con trabajo, con fuego,

y aprisionada tienes la agilidad del aire,

si no fuera porque eres una semana de ámbar,

si no fuera porque eres el momento amarillo

en que el otoño sube por las enredaderas

y eres aún el pan que la luna fragante

elabora paseando su harina por el cielo,

oh, bienamada, yo no te amaría!

En tu abrazo yo abrazo lo que existe,

la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,

y todo vive para que yo viva:

sin ir tan lejos puedo verlo todo:

veo en tu vida todo lo viviente.

 

 

 

Soneto IX

 

Al golpe de la ola contra la piedra indócil

la claridad estalla y establece su rosa

y el círculo del mar se reduce a un racimo,

a una sola gota de sal azul que cae.

Oh radiante magnolia desatada en la espuma,

magnética viajera cuya muerte florece

y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:

sal rota, deslumbrante movimiento marino.

Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,

mientras destruye el mar sus constantes estatuas

y derrumba sus torres de arrebato y blancura,

porque en la trama de estos tejidos invisibles

del agua desbocada, de la incesante arena,

sostenemos la única y acosada ternura.

 

Soneto X

 

Suave es la bella como si música y madera,

ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,

hubieran erigido la fugitiva estatua.

Hacia la ola dirige su contraria frescura.

El mar moja bruñidos pies copiados

a la forma recién trabajada en la arena

y es ahora su fuego femenino de rosa

una sola burbuja que el sol y el mar combaten.

Ay, que nada te toque sino la sal del frío!

Que ni el amor destruya la primavera intacta.

Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,

deja que tus caderas impongan en el agua

una medida nueva de cisne o de nenúfar

y navegue tu estatua por el cristal eterno.

 

 

 

Soneto XI

 

Suave es la bella como si música y madera,

ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,

hubieran erigido la fugitiva estatua.

Hacia la ola dirige su contraria frescura.

El mar moja bruñidos pies copiados

a la forma recién trabajada en la arena

y es ahora su fuego femenino de rosa

una sola burbuja que el sol y el mar combaten.

Ay, que nada te toque sino la sal del frío!

Que ni el amor destruya la primavera intacta.

Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,

deja que tus caderas impongan en el agua

una medida nueva de cisne o de nenúfar

y navegue tu estatua por el cristal eterno.

 

 

 

Soneto XII

 

Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,

espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,

qué oscura claridad se abre entre tus columnas?

Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos?

Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,

con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:

amar es un combate de relámpagos

y dos cuerpos por una sola miel derrotados.

Beso a beso recorro tu pequeño infinito,

tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,

y el fuego genital transformado en delicia

corre por los delgados caminos de la sangre

hasta precipitarse como un clavel nocturno,

hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.

 

 

Soneto XIII

 

La luz que de tus pies sube a tu cabellera,

la turgencia que envuelve tu forma delicada,

no es de nácar marino, nunca de plata fría:

eres de pan, de pan amado por el fuego.

La harina levantó su granero contigo

y creció incrementada por la edad venturosa,

cuando los cereales duplicaron tu pecho

mi amor era el carbón trabajando en la tierra.

Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,

pan que devoro y nace con luz cada mañana,

bienamada, bandera de las panaderías,

una lección de sangre te dio el fuego,

de la harina aprendiste a ser sagrada,

y del pan el idioma y el aroma.

 

 

 

Soneto XIV

 

Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.

Uno por uno debo contarlos y alabarlos:

otros amantes quieren vivir con ciertos ojos,

yo sólo quiero ser tu peluquero.

En Italia te bautizaron Medusa

por la encrespada y alta luz de tu cabellera.

Yo te llamo chascona mía y enmarañada:

mi corazón conoce las puertas de tu pelo.

Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos,

no me olvides, acuérdate que te amo,

no me dejes perdido ir sin tu cabellera

por el mundo sombrío de todos los caminos

que sólo tiene sombra, transitorios dolores,

hasta que el sol sube a la torre de tu pelo.

 

 

 

Soneto XV

 

Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce:

eres compacta como el pan o la madera,

eres cuerpo, racimo de segura substancia,

tienes peso de acacia, de legumbre dorada.

Sé que existes no sólo porque tus ojos vuelan

y dan luz a las cosas como ventana abierta,

sino porque de barro te hicieron y cocieron

en Chillán, en un horno de adobe estupefacto.

Los seres se derraman como aire o agua o frío

y vagos son, se borran al contacto del tiempo,

como si antes de muertos fueran desmenuzados.

Tú caerás conmigo como piedra en la tumba

y así por nuestro amor que no fue consumido

continuará viviendo con nosotros la tierra.

 

 

Soneto XVI

 

Amo el trozo de tierra que tú eres,

porque de las praderas planetarias

otra estrella no tengo. Tú repites

la multiplicación del universo.

Tus anchos ojos son la luz que tengo

de las constelaciones derrotadas,

tu piel palpita como los caminos

que recorre en la lluvia el meteoro.

De tanta luna fueron para mí tus caderas,

de todo el sol tu boca profunda y su delicia,

de tanta luz ardiente como miel en la sombra

tu corazón quemado por largos rayos rojos,

y así recorro el fuego de tu forma besándote,

pequeña y planetaria, paloma y geografía.

 

 

 

 

 

Soneto XVII

 

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio

o flecha de claveles que propagan el fuego:

te amo como se aman ciertas cosas oscuras,

secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva

dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,

y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo

el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,

te amo directamente sin problemas ni orgullo:

así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,

tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,

tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

 

 

 

Soneto XVIII

 

Por las montañas vas como viene la brisa

o la corriente brusca que baja de la nieve

o bien tu cabellera palpitante confirma

los altos ornamentos del sol en la espesura.

Toda la luz del Cáucaso cae sobre tu cuerpo

como en una pequeña vasija interminable

en que el agua se cambia de vestido y de canto

a cada movimiento transparente del río.

Por los montes el viejo camino de guerreros

y abajo enfurecida brilla como una espada

el agua entre murallas de manos minerales,

hasta que tú recibes de los bosques de pronto

el ramo o el relámpago de unas flores azules

y la insólita flecha de un aroma salvaje.

 

 

Soneto XIX

 

Mientras la magna espuma de Isla Negra,

la sal azul, el sol en las olas te mojan,

yo miro los trabajos de la avispa

empeñada en la miel de su universo.

Va y viene equilibrando su recto y rubio vuelo

como si deslizara de un alambre invisible

la elegancia del baile, la sed de su cintura,

y los asesinatos del aguijón maligno.

De petróleo y naranja es su arco iris,

busca como un avión entre la hierba,

con un rumor de espiga vuela, desaparece,

mientras que tú sales del mar, desnuda,

y regresas al mundo llena de sal y sol,

reverberante estatua y espada de la arena.

 

 

 

Soneto XX

 

Mi fea, eres una castaña despeinada,

mi bella, eres hermosa como el viento,

mi fea, de tu boca se pueden hacer dos,

mi bella, son tus besos frescos como sandías.

Mi fea, dónde están escondidos tus senos?

Son mínimos como dos copas de trigo.

Me gustaría verte dos lunas en el pecho:

las gigantescas torres de tu soberanía.

Mi fea, el mar no tiene tus uñas en su tienda,

mi bella, flor a flor, estrella por estrella,

ola por ola, amor, he contado tu cuerpo:

mi fea, te amo por tu cintura de oro,

mi bella, te amo por una arruga en tu frente,

amor, te amo por clara y por oscura.

 

 

Soneto XXI

 

Oh que todo el amor propague en mí su boca,

que no sufra un momento más sin primavera,

yo no vendí sino mis manos al dolor,

ahora, bienamada, déjame con tus besos.

Cubre la luz del mes abierto con tu aroma,

cierra las puertas con tu cabellera,

y en cuanto a mí no olvides que si despierto y lloro

es porque en sueños sólo soy un niño perdido

que busca entre las hojas de la noche tus manos,

el contacto del trigo que tú me comunicas,

un rapto centelleante de sombra y energía.

Oh, bienamada, y nada más que sombra

por donde me acompañes en tus sueños

y me digas la hora de la luz.

 

 

Soneto XXII

 

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,

sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,

en regiones contrarias, en un mediodía quemante:

eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa

en Angol, a la luz de la luna de Junio,

o eras tú la cintura de aquella guitarra

que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

 

 

Soneto XXIII

 

Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa,

el jazmín duplicó su estrellado secreto,

y del terrible amor las suaves manos puras

dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos.

Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras

hiciste el edificio de la dulce firmeza,

derrotaste las uñas malignas y celosas

y hoy frente al mundo somos como una sola vida.

Así fue, así es y así será hasta cuando,

salvaje y dulce amor, bienamada Matilde,

el tiempo nos señale la flor final del día.

Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos:

entonces más allá del la tierra y la sombra

el resplandor de nuestro amor seguirá vivo.

 

 

 

Soneto XXIV

 

Amor, amor, las nubes a la torre del cielo

subieron como triunfantes lavanderas,

y todo ardió en azul, todo fue estrella:

el mar, la nave, el día se desterraron juntos.

Ven a ver los cerezos del agua constelada

y la clave redonda del rápido universo,

ven a tocar el fuego del azul instantáneo,

ven antes de que sus pétalos se consuman.

No hay aquí sino luz, cantidades, racimos,

espacio abierto por las virtudes del viento

hasta entregar los últimos secretos de la espuma.

Y entre tantos azules celestes, sumergidos,

se pierden nuestros ojos adivinando apenas

los poderes del aire, las llaves submarinas.

 

 

Soneto XXV

 

Antes de amarte, amor, nada era mío:

vacilé por las calles y las cosas:

nada contaba ni tenía nombre:

el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,

túneles habitados por la luna,

hangares crueles que se despedían,

preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,

caído, abandonado y decaído,

todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,

hasta que tu belleza y tu pobreza

llenaron el otoño de regalos.

 

 

Soneto XXVI

 

Ni el color de las dunas terribles en Iquique,

ni el estuario del Río Dulce de Guatemala,

cambiaron tu perfil conquistado en el trigo,

tu estilo de uva grande, tu boca de guitarra.

Oh corazón, oh mía desde todo el silencio,

desde las cumbres donde reinó la enredadera

hasta las desoladas planicies del platino,

en toda patria pura te repitió la tierra.

Pero ni huraña mano de montes minerales,

ni nieve tibetana, ni piedra de Polonia,

nada alteró tu forma de cereal viajero,

como si greda o trigo, guitarras o racimos

de Chillán defendieran en ti su territorio

imponiendo el mandato de la luna silvestre.

 

 

 

Soneto XXVII

 

Desnuda eres tan simple como una de tus manos,

lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,

tienes líneas de luna, caminos de manzana,

desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba,

tienes enredaderas y estrellas en el pelo,

desnuda eres enorme y amarilla

como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,

curva, sutil, rosada hasta que nace el día

y te metes en el subterráneo del mundo

como en un largo túnel de trajes y trabajos:

tu claridad se apaga, se viste, se deshoja

y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

 

 

Soneto XXVIII

 

Amor, de grano a grano, de planeta a planeta,

la red del viento con sus países sombríos,

la guerra con sus zapatos de sangre,

o bien el día y la noche de la espiga.

Por donde fuimos, islas o puentes o banderas,

violines del fugaz otoño acribillado,

repitió la alegría los labios de la copa,

el dolor nos detuvo con su lección de llanto.

En todas las repúblicas desarrollaba el viento

su pabellón impune, su glacial cabellera

y luego regresaba la flor a sus trabajos.

Pero en nosotros nunca se calcinó el otoño.

Y en nuestra patria inmóvil germinaba y crecía

el amor con los derechos del rocío.

 

 

Soneto XXIX

 

Vienes de la pobreza de las casas del Sur,

de las regiones duras con frío y terremoto

que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte

nos dieron la lección de la vida en la greda.

Eres un caballito de greda negra, un beso

de barro oscuro, amor, amapola de greda,

paloma del crepúsculo que voló en los caminos,

alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia.

Muchacha, has conservado tu corazón de pobre,

tus pies de pobre acostumbrados a las piedras,

tu boca que no siempre tuvo pan o delicia.

Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma:

en su cielo tu madre sigue lavando ropa

con mi madre. Por eso te escogí, compañera.

 

 

 

Soneto XXX

 

Tienes del archipiélago las hebras del alerce,

la carne trabajada por los siglos del tiempo,

venas que conocieron el mar de las maderas,

sangre verde caída del cielo a la memoria.

Nadie recogerá mi corazón perdido

entre tantas raíces, en la amarga frescura

del sol multiplicado por la furia del agua,

allí vive la sombra que no viaja conmigo.

Por eso tú saliste del Sur como una isla

poblada y coronada por plumas y maderas

y yo sentí el aroma de los bosques errantes,

hallé la miel oscura que conocí en la selva,

y toqué en tus caderas los pétalos sombríos

que nacieron conmigo y construyeron mi alma.

 

 

Soneto XXXI

 

Con laureles del Sur y orégano de Lota

te corono, pequeña monarca de mis huesos,

y no puede faltarte esa corona

que elabora la tierra con bálsamo y follaje.

Eres, como el que te ama, de las provincias verdes:

de allá trajimos barro que nos corre en la sangre,

en la ciudad andamos, como tantos, perdidos,

temerosos de que cierren el mercado.

Bienamada, tu sombra tiene olor a ciruela,

tus ojos escondieron en el Sur sus raíces,

tu corazón es una paloma de alcancía,

tu cuerpo es liso como las piedras en el agua,

tus besos son racimos con rocío,

y yo a tu lado vivo con la tierra.

 

 

Soneto XXXII

 

La casa en la mañana con la verdad revuelta

de sábanas y plumas, el origen del día

sin dirección, errante como una pobre barca,

entre los horizontes del orden y del sueño.

Las cosas quieren arrastrar vestigios,

adherencias sin rumbo, herencias frías,

los papeles esconden vocales arrugadas

y en la botella el vino quiere seguir su ayer.

Ordenadora, pasas vibrando como abeja

tocando las regiones perdidas por la sombra,

conquistando la luz con tu blanca energía.

Y se construye entonces la claridad de nuevo:

obedecen las cosas al viento de la vida

y el orden establece su pan y su paloma.

 

 

Soneto XXXIII

 

Amor, ahora nos vamos a la casa

donde la enredadera sube por las escalas:

antes que llegues tú llegó a tu dormitorio

el verano desnudo con pies de madreselva.

Nuestros besos errantes recorrieron el mundo:

Armenia, espesa gota de miel desenterrada,

Ceylán, paloma verde, y el Yang Tsé separando

con antigua paciencia los días de las noches.

Y ahora, bienamada, por el mar crepitante

volvemos como dos aves ciegas al muro,

al nido de la lejana primavera,

porque el amor no puede volar sin detenerse:

al muro o a las piedras del mar van nuestras vidas,

a nuestro territorio regresaron los besos.

 

 

Soneto XXXIV

 

Eres hija del mar y prima del orégano,

nadadora, tu cuerpo es de agua pura,

cocinera, tu sangre es tierra viva

y tus costumbres son floridas y terrestres.

Al agua van tus ojos y levantan las olas,

a la tierra tus manos y saltan las semillas,

en agua y tierra tienes propiedades profundas

que en ti se juntan como las leyes de la greda.

Náyade, corta tu cuerpo la turquesa

y luego resurrecto florece en la cocina

de tal modo que asumes cuanto existe

y al fin duermes rodeada por mis brazos que apartan

de la sormbra sombría, para que tú descanses,

legumbres, algas, hierbas: la espuma de tus sueños.

 

Soneto XXXV

 

Tu mano fue volando de mis ojos al día.

Entró la luz como un rosal abierto.

Arena y cielo palpitaban como una

culminante colmena cortada en las turquesas.

Tu mano tocó sílabas que tintineaban, copas,

alcuzas con aceites amarillos,

corolas, manantiales y, sobre todo, amor,

amor: tu mano pura preservó las cucharas.

La tarde fue. La noche deslizó sigilosa

sobre el sueño del hombre su cápsula celeste.

Un triste olor salvaje soltó la madreselva.

Y tu mano volvió de su vuelo volando

a cerrar su plumaje que yo creí perdido

sobre mis ojos devorados por la sombra.

 

 

Soneto XXXVI

 

Corazón mío, reina del apio y de la artesa:

pequeña leoparda del hilo y la cebolla:

me gusta ver brillar tu imperio diminuto,

las armas de la cera, del vino, del aceite,

del ajo, de la tierra por tus manos abierta

de la sustancia azul encendida en tus manos,

de la transmigración del sueño a la ensalada,

del reptil enrollado en la manguera.

Tú con tu podadora levantando el perfume,

tú, con la dirección del jabón en la espuma,

tú, subiendo mis locas escalas y escaleras,

tú, manejando el síntoma de mi caligrafía

y encontrando en la arena del cuaderno

las letras extraviadas que buscaban tu boca.

 

 

Soneto XXXVII

 

Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea,

me visitas y subes por tu fresca escalera

el castillo que el tiempo coronó de neblinas,

las pálidas paredes del corazón cerrado.

Nadie sabrá que sólo fue la delicadeza

construyendo cristales duros como ciudades

y que la sangre abría túneles desdichados

sin que su monarquía derribara el invierno.

Por eso, amor, tu boca, tu piel, tu luz, tus penas,

fueron el patrimonio de la vida, los dones

sagrados de la lluvia, de la naturaleza

que recibe y levanta la gravidez del grano,

la tempestad secreta del vino en las bodegas,

la llamarada del cereal en el suelo.

 

 

Soneto XXXVIII

 

Tu casa suena como un tren a mediodía,

zumban las avispas, cantan las cacerolas,

la cascada enumera los hechos del rocío,

tu risa desarrolla su trino de palmera.

La luz azul del muro conversa con la piedra,

llega como un pastor silbando un telegrama

y entre las dos higueras de voz verde

Homero sube con zapatos sigilosos.

Sólo aquí la ciudad no tiene voz ni llanto,

ni sin fin, ni sonatas, ni labios, ni bocina

sino un discurso de cascada y de leones,

y tú que subes, cantas, corres, caminas, bajas,

plantas, coses, cocinas, clavas, escribes, vuelves,

o te has ido y se sabe que comenzó el invierno.

 

 

Soneto XXXIX

 

Pero olvidé que tus manos satisfacían

las raíces, regando rosas enmarañadas,

hasta que florecieron tus huellas digitales

en la plenaria paz de la naturaleza.

El azadón y el agua como animales tuyos

te acompañan, mordiendo y lamiendo la tierra,

y es así cómo, trabajando, desprendes

fecundidad, fogosa frescura de claveles.

Amor y honor de abejas pido para tus manos

que en la tierra confunden su estirpe transparente,

y hasta en mi corazón abren su agricultura,

de tal modo que soy como piedra quemada

que de pronto, contigo, canta, porque recibe

el agua de los bosques por tu voz conducida.

 

 

Soneto XL

 

Era verde el silencio, mojada era la luz,

temblaba el mes de Junio como una mariposa

y en el austral dominio, desde el mar y las piedras,

Matilde, atravesaste el mediodía.

Ibas cargada de flores ferruginosas,

algas que el viento sur atormenta y olvida,

aún blancas, agrietadas por la sal devorante,

tus manos levantaban las espigas de arena.

Amo tus dones puros, tu piel de piedra intacta,

tus uñas ofrecidas en el sol de tus dedos,

tu boca derramada por toda la alegría,

pero, para mi casa vecina del abismo,

dame el atormentado sistema del silencio,

el pabellón del mar olvidado en la arena.

 

 

Soneto XLI

 

Desdichas del mes de Enero cuando el indiferente

mediodía establece su ecuación en el cielo,

un oro duro como el vino de una copa colmada

llena la tierra hasta sus límites azules.

Desdichas de este tiempo parecidas a uvas

pequeñas que agruparon verde amargo,

confusas, escondidas lágrimas de los días

hasta que la intemperie publicó sus racimos.

Sí, gérmenes, dolores, todo lo que palpita

aterrado, a la luz crepitante de Enero,

madurará, arderá como ardieron los frutos.

Divididos serán los pesares: el alma

dará un golpe de viento, y la morada

quedará limpia con el pan fresco en la mesa.

 

 

Soneto XLII

 

Radiantes días balanceados por el agua marina,

concentrados como el interior de una piedra amarilla

cuyo esplendor de miel no derribó el desorden:

preservó su pureza de rectángulo.

Crepita, sí, la hora como fuego o abejas

y es verde la tarea de sumergirse en hojas,

hasta que hacia la altura es el follaje

un mundo centelleante que se apaga y susurra.

Sed del fuego, abrasadora multitud del estío

que construye un Edén con unas cuantas hojas,

porque la tierra de rostro oscuro no quiere sufrimientos

sino frescura o fuego, agua o pan para todos,

y nada debería dividir a los hombres

sino el sol o la noche, la luna o las espigas.

 

 

Soneto XLIII

 

Un signo tuyo busco en todas las otras,

en el brusco, ondulante río de las mujeres,

trenzas, ojos apenas sumergidos,

pies claros que resbalan navegando en la espuma.

De pronto me parece que diviso tus uñas

oblongas, fugitivas, sobrinas de un cerezo,

y otra vez es tu pelo que pasa y me parece

ver arder en el agua tu retrato de hoguera.

Miré, pero ninguna llevaba tu latido,

tu luz, la greda oscura que trajiste del bosque,

ninguna tuvo tus diminutas orejas.

Tú eres total y breve, de todas eres una,

y así contigo voy recorriendo y amando

un ancho Mississippi de estuario femenino.

 

 

Soneto XLIV

 

Sabrás que no te amo y que te amo

puesto que de dos modos es la vida,

la palabra es un ala del silencio,

el fuego tiene una mitad de frío.

Yo te amo para comenzar a amarte,

para recomenzar el infinito

y para no dejar de amarte nunca:

por eso no te amo todavía.

Te amo y no te amo como si tuviera

en mis manos las llaves de la dicha

y un incierto destino desdichado.

Mi amor tiene dos vidas para armarte.

Por eso te amo cuando no te amo

y por eso te amo cuando te amo.

 

 

Soneto XLV

 

No estés lejos de mí un solo día, porque cómo,

porque, no sé decirlo, es largo el día,

y te estaré esperando como en las estaciones

cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces

en esa hora se juntan las gotas del desvelo

y tal vez todo el humo que anda buscando casa

venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,

ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:

no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos

que yo cruzaré toda la tierra preguntando

si volverás o si me dejarás muriendo.

 

 

Soneto XLVI

 

De las estrellas que admiré, mojadas

por ríos y rocíos diferentes,

yo no escogí sino la que yo amaba

y desde entonces duermo con la noche.

De la ola, una ola y otra ola,

verde mar, verde frío, rama verde,

yo no escogí sino una sola ola:

la ola indivisible de tu cuerpo.

Todas las gotas, todas las raíces,

todos los hilos de la luz vinieron,

me vinieron a ver tarde o temprano.

Yo quise para mí tu cabellera.

Y de todos los dones de mi patria

sólo escogí tu corazón salvaje.

 

 

Soneto XLVII

 

Detrás de mí en la rama quiero verte.

Poco a poco te convertiste en fruto.

No te costó subir de las raíces

cantando con tu sílaba de savia.

Y aquí estarás primero en flor fragante,

en la estatua de un beso convertida,

hasta que sol y tierra, sangre y cielo,

te otorguen la delicia y la dulzura.

En la rama veré tu cabellera,

tu signo madurando en el follaje,

acercando las hojas a mi sed,

y llenará mi boca tu substancia,

el beso que subió desde la tierra

con tu sangre de fruta enamorada.

 

 

Soneto XLVIII

 

Dos amantes dichosos hacen un solo pan,

una sola gota de luna en la hierba,

dejan andando dos sombras que se reúnen,

dejan un solo sol vacío en una cama.

De todas las verdades escogieron el día:

no se ataron con hilos sino con un aroma,

y no despedazaron la paz ni las palabras.

La dicha es una torre transparente.

El aire, el vino van con los dos amantes,

la noche les regala sus pétalos dichosos,

tienen derecho a todos los claveles.

Dos amantes dichosos no tienen fin ni muerte,

nacen y mueren muchas veces mientras viven,

tienen la eternidad de la naturaleza.

 

 

Soneto XLVI

 

De las estrellas que admiré, mojadas

por ríos y rocíos diferentes,

yo no escogí sino la que yo amaba

y desde entonces duermo con la noche.

De la ola, una ola y otra ola,

verde mar, verde frío, rama verde,

yo no escogí sino una sola ola:

la ola indivisible de tu cuerpo.

Todas las gotas, todas las raíces,

todos los hilos de la luz vinieron,

me vinieron a ver tarde o temprano.

Yo quise para mí tu cabellera.

Y de todos los dones de mi patria

sólo escogí tu corazón salvaje.

 

 

Soneto XLVII

 

Detrás de mí en la rama quiero verte.

Poco a poco te convertiste en fruto.

No te costó subir de las raíces

cantando con tu sílaba de savia.

Y aquí estarás primero en flor fragante,

en la estatua de un beso convertida,

hasta que sol y tierra, sangre y cielo,

te otorguen la delicia y la dulzura.

En la rama veré tu cabellera,

tu signo madurando en el follaje,

acercando las hojas a mi sed,

y llenará mi boca tu substancia,

el beso que subió desde la tierra

con tu sangre de fruta enamorada.

 

 

Soneto XLVIII

 

Dos amantes dichosos hacen un solo pan,

una sola gota de luna en la hierba,

dejan andando dos sombras que se reúnen,

dejan un solo sol vacío en una cama.

De todas las verdades escogieron el día:

no se ataron con hilos sino con un aroma,

y no despedazaron la paz ni las palabras.

La dicha es una torre transparente.

El aire, el vino van con los dos amantes,

la noche les regala sus pétalos dichosos,

tienen derecho a todos los claveles.

Dos amantes dichosos no tienen fin ni muerte,

nacen y mueren muchas veces mientras viven,

tienen la eternidad de la naturaleza.

 

 

Soneto XLIX

 

Es hoy: todo el ayer se fue cayendo

entre dedos de luz y ojos de sueño,

mañana llegará con pasos verdes:

nadie detiene el río de la aurora.

Nadie detiene el río de tus manos,

los ojos de tu sueño, bienamada,

eres temblor del tiempo que transcurre

entre luz vertical y sol sombrío,

y el cielo cierra sobre ti sus alas

llevándote y trayéndote a mis brazos

con puntual, misteriosa cortesía:

Por eso canto al día y a la luna,

al mar, al tiempo, a todos los planetas,

a tu voz diurna y a tu piel nocturna.

 

 

Soneto L

 

Cotapos dice que tu risa cae

como un halcón desde una brusca torre

y, es verdad, atraviesas el follaje del mundo

con un solo relámpago de tu estirpe celeste

que cae, y corta, y saltan las lenguas del rocío,

las aguas del diamante, la luz con sus abejas

y allí donde vivía con su barba el silencio

estallan las granadas del sol y las estrellas,

se viene abajo el cielo con la noche sombría,

arden a plena luna campanas y claveles,

y corren los caballos de los talabarteros:

porque tú siendo tan pequeñita como eres

dejas caer la risa desde tu meteoro

electrizando el nombre de la naturaleza.

 

 

 

Soneto LI

 

Tu risa pertenece a un árbol entreabierto

por un rayo, por un relámpago plateado

que desde el cielo cae quebrándose en la copa,

partiendo en dos el árbol con una sola espada.

Sólo en las tierras altas del follaje con nieve

nace una risa como la tuya, bienamante,

es la risa del aire desatado en la altura,

costumbres de araucaria, bienamada.

Cordillerana mía, chillaneja evidente,

corta con los cuchillos de tu risa la sombra,

la noche, la mañana, la miel del mediodía,

y que salten al cielo las aves del follaje

cuando como una luz derrochadora

rompe tu risa el árbol de la vida.

 

 

Soneto LII

 

Cantas y a sol y a cielo con tu canto

tu voz desgrana el cereal del día,

hablan los pinos con su lengua verde:

trinan todas las aves del invierno.

El mar llena sus sótanos de pasos,

de campanas, cadenas y gemidos,

tintinean metales y utensilios,

suenan las ruedas de la caravana.

Pero sólo tu voz escucho y sube

tu voz con vuelo y precisión de flecha,

baja tu voz con gravedad de lluvia,

tu voz esparce altísimas espadas,

vuelve tu voz cargada de violetas

y luego me acompaña por el cielo.

 

 

Soneto LIII

 

Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada:

el menester del hombre, la mujer y la vida:

a este sitio corría la paz vertiginosa,

por esta luz ardió la común quemadura.

Honor a tus dos manos que vuelan preparando

los blancos resultados del canto y la cocina,

salve! la integridad de tus pies corredores,

viva! la bailarina que baila con la escoba.

Aquellos bruscos ríos con aguas y amenazas,

aquel atormentado pabellón de la espuma,

aquellos incendiaron panales y arrecifes

son hoy este reposo de tu sangre en la mía,

este cauce estrellado y azul como la noche,

esta simplicidad sin fin de la ternura.

 

 

Soneto LIV

 

Espléndida razón, demonio claro

del racimo absoluto, del recto mediodía,

aquí estamos al fin, sin soledad y solos,

lejos del desvarío de la ciudad salvaje.

Cuando la línea pura rodea su paloma

y el fuego condecora la paz con su alimento

tú y yo erigimos este celeste resultado!

Razón y amor desnudos viven en esta casa.

Sueños furiosos, ríos de amarga certidumbre

decisiones más duras que el sueño de un martillo

cayeron en la doble copa de los amantes.

Hasta que en la balanza se elevaron, gemelos,

la razón y el amor como dos alas.

Así se construyó la transparencia.

 

 

Soneto LV

 

Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto

asedian día y noche la miel de los felices

y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros:

la desdicha atraviesa la paz de los dormidos,

el dolor sube y baja y acerca sus cucharas

y no hay hombre sin este movimiento,

no hay natalicio, no hay techo ni cercado:

hay que tomar en cuenta este atributo.

Y en el amor no valen tampoco ojos cerrados,

profundos lechos lejos del pestilente herido,

o del que paso a paso conquista su bandera.

Porque la vida pega como cólera o río

y abre un túnel sangriento por donde nos vigilan

los ojos de una inmensa familia de dolores.

 

 

Soneto LVI

 

Acostúmbrate a ver detrás de mí la sombra

y que tus manos salgan del rencor, transparentes,

como si en la mañana del mar fueran creadas:

la sal te dio, amor mío, proporción cristalina.

La envidia sufre, muere, se agota con mi canto.

Uno a uno agonizan sus tristes capitanes.

Yo digo amor, y el mundo se puebla de palomas.

Cada sílaba mía trae la primavera.

Entonces tú, florida, corazón, bienamada,

sobre mis ojos como los follajes del cielo

eres, y yo te miro recostada en la tierra.

Veo el sol trasmigrar racimos a tu rostro,

mirando hacia la altura reconozco tus pasos.

Matilde, bienamada, diadema, bienvenida!

 

 

Soneto LVII

 

Mienten los que dijeron que yo perdí la luna,

los que profetizaron mi porvenir de arena,

aseveraron tantas cosas con lenguas frías:

quisieron prohibir la flor del universo.

«Ya no cantará más el ámbar insurgente

de la sirena, no tiene sino pueblo.»

Y masticaban sus incesantes papeles

patrocinando para mi guitarra el olvido.

Yo les lancé a los ojos las lanzas deslumbrantes

de nuestro amor clavando tu corazón y el mío,

yo reclamé el jazmín que dejaban tus huellas,

yo me perdí de noche sin luz bajo tus párpados

y cuando me envolvió la claridad

nací de nuevo, dueño de mi propia tiniebla.

 

 

Soneto LVIII

 

Entre los espadones de fierro literario

paso yo como un marinero remoto

que no conoce las esquinas y que canta

porque sí, porque cómo si no fuera por eso.

De los atormentados archipiélagos traje

mi acordeón con borrascas, rachas de lluvia loca,

y una costumbre lenta de cosas naturales:

ellas determinaron mi corazón silvestre.

Así cuando los dientes de la literatura

trataron de morder mis honrados talones,

yo pasé, sin saber, cantando con el viento

hacia los almacenes lluviosos de mi infancia,

hacia los bosques fríos del Sur indefinible,

hacia donde mi vida se llenó con tu aroma.

 

 

Soneto LIX

 

(G.M.)

Pobres poetas a quienes la vida y la muerte

persiguieron con la misma tenacidad sombría

y luego son cubiertos por impasible pompa

entregados al rito y al diente funerario.

Ellos -oscuros como piedrecitas- ahora

detrás de los caballos arrogantes, tendidos

van, gobernados al fin por los intrusos,

entre los edecanes, a dormir sin silencio.

Antes y ya seguros de que está muerto el muerto

hacen de las exequias un festín miserable

con pavos, puercos y otros oradores.

Acecharon su muerte y entonces la ofendieron:

sólo porque su boca está cerrada

y ya no puede contestar su canto.

 

 

 

Soneto LX

 

A ti te hiere aquel que quiso hacerme daño,

y el golpe del veneno contra mí dirigido

como por una red pasa entre mis trabajos

y en ti deja una mancha de óxido y desvelo.

No quiero ver, amor, en la luna florida

de tu frente cruzar el odio que me acecha.

No quiero que en tu sueño deje el rencor ajeno

olvidada su inútil corona de cuchillos.

Donde voy van detrás de mí pasos amargos,

donde río una mueca de horror copia mi cara,

donde canto la envidia maldice, ríe y roe.

Y es ésa, amor, la sombra que la vida me ha dado:

es un traje vacío que me sigue cojeando

como un espantapájaros de sonrisa sangrienta.

 

 

Soneto LXI

 

Trajo el amor su cola de dolores,

su largo rayo estático de espinas

y cerramos los ojos porque nada,

porque ninguna herida nos separe.

No es culpa de tus ojos este llanto:

tus manos no clavaron esta espada:

no buscaron tus pies este camino:

llegó a tu corazón la miel sombría.

Cuando el amor como una inmensa ola

nos estrelló contra la piedra dura,

nos amasó con una sola harina,

cayó el dolor sobre otro dulce rostro

y así en la luz de la estación abierta

se consagró la primavera herida.

 

 

Soneto LXII

 

Ay de mí, ay de nosotros, bienamada,

sólo quisimos sólo amor, amarnos,

y entre tantos dolores se dispuso

sólo nosotros dos ser malheridos.

Quisimos el tú y yo para nosotros,

el tú del beso, el yo del pan secreto,

y así era todo, eternamente simple,

hasta que el odio entró por la ventana.

Odian los que no amaron nuestro amor,

ni ningún otro amor, desventurados

como las sillas de un salón perdido,

hasta que se enredaron en ceniza

y el rostro amenazante que tuvieron

se apagó en el crepúsculo apagado.

 

 

Soneto LXIII

 

No sólo por las tierras desiertas donde la piedra salina

es como la única rosa, la flor por el mar enterrada,

anduve, sino por la orilla de ríos que cortan la nieve.

Las amargas alturas de las cordilleras conocen mis pasos.

Enmarañada, silbante región de mi patria salvaje,

lianas cuyo beso mortal se encadena en la selva,

lamento mojado del ave que surge lanzando sus escalofríos,

oh región de perdidos dolores y llanto inclemente!

No sólo son míos la piel venenosa del cobre

o el salitre extendido como estatua yacente y nevada,

sino la viña, el cerezo premiado por la primavera,

son míos, y yo pertenezco como átomo negro

a las áridas tierras y a la luz del otoño en las uvas,

a esta patria metálica elevada por torres de nieve.

 

 

Soneto LXIV

 

De tanto amor mi vida se tiñó de violeta

y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas

hasta llegar a tu ventana, amiga mía:

tú sentiste un rumor de corazón quebrado

y allí de la tinieblas me levanté a tu pecho,

sin ser y sin saber fui a la torre del trigo,

surgí para vivir entre tus manos,

me levanté del mar a tu alegría.

Nadie puede contar lo que te debo, es lúcido

lo que te debo, amor, y es como una raíz

natal de Araucanía, lo que te debo, amada.

Es sin duda estrellado todo lo que te debo,

lo que te debo es como el pozo de una zona silvestre

en donde guardó el tiempo relámpagos errantes.

 

 

Soneto LXV

 

Matilde, dónde estás? Noté, hacia abajo,

entre corbata y corazón, arriba,

cierta melancolía intercostal:

era que tú de pronto eras ausente.

Me hizo falta la luz de tu energía

y miré devorando la esperanza,

miré el vacío que es sin ti una casa,

no quedan sino trágicas ventanas.

De puro taciturno el techo escucha

caer antiguas lluvias deshojadas,

plumas, lo que la noche aprisionó:

y así te espero como casa sola

y volverás a verme y habitarme.

De otro modo me duelen las ventanas.

 

 

Soneto LXVI

 

No te quiero sino porque te quiero

y de quererte a no quererte llego

y de esperarte cuando no te espero

pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,

te odio sin fin, y odiándote te ruego,

y la medida de mi amor viajero

es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de Enero,

su rayo cruel, mi corazón entero,

robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero

y moriré de amor porque te quiero,

porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

 

 

Soneto LXVII

 

La gran lluvia del sur cae sobre Isla Negra

como una sola gota transparente y pesada,

el mar abre sus hojas frías y la recibe,

la tierra aprende el húmedo destino de una copa.

Alma mía, dame en tus besos el agua

salobre de estos mares, la miel del territorio,

la fragancia mojada por mil labios del cielo,

la paciencia sagrada del mar en el invierno.

Algo nos llama, todas las puertas se abren solas,

relata el agua un largo rumor a las ventanas,

crece el cielo hacia abajo tocando las raíces,

y así teje y desteje su red celeste el día

con tiempo, sal, susurros, crecimientos, caminos,

una mujer, un hombre, y el invierno en la tierra.

 

 

Soneto LXVIII

 

(Mascarón de Proa)

La niña de madera no llegó caminando:

allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos,

viejas flores del mar cubrían su cabeza,

su mirada tenía tristeza de raíces.

Allí quedó mirando nuestras vidas abiertas,

el ir y ser y andar y volver por la tierra,

el día destiñendo sus pétalos graduales.

Vigilaba sin vernos la niña de madera.

La niña coronada por las antiguas olas,

allí miraba con sus ojos derrotados:

sabía que vivimos en una red remota

de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia,

sin saber si existimos o si somos su sueño.

Ésta es la historia de la muchacha de madera.

 

 

Soneto LXIX

 

Tal vez no ser es ser sin que tú seas,

sin que vayas cortando el mediodía

como una flor azul, sin que camines

más tarde por la niebla y los ladrillos,

sin esa luz que llevas en la mano

que tal vez otros no verán dorada,

que tal vez nadie supo que crecía

como el origen rojo de la rosa,

sin que seas, en fin, sin que vinieras

brusca, incitante, a conocer mi vida,

ráfaga de rosal, trigo del viento,

y desde entonces soy porque tú eres,

y desde entonces eres, soy y somos,

y por amor seré, serás, seremos.

 

 

Soneto LXX

 

Tal vez herido voy sin ir sangriento

por uno de los rayos de tu vida

y a media selva me detiene el agua:

la lluvia que se cae con su cielo.

Entonces toco el corazón llovido:

allí sé que tus ojos penetraron

por la región extensa de mi duelo

y un susurro de sombra surge solo:

Quién es? Quién es? Pero no tuvo nombre

la hoja o el agua oscura que palpita

a media selva, sorda, en el camino,

y así, amor mío, supe que fui herido

y nadie hablaba allí sino la sombra,

la noche errante, el beso de la lluvia.

 

 

Soneto LXXI

 

De pena en pena cruza sus islas el amor

y establece raíces que luego riega el llanto,

y nadie puede, nadie puede evadir los pasos

del corazón que corre callado y carnicero.

Así tú y yo buscamos un hueco, otro planeta

en donde no tocara la sal tu cabellera,

en donde no crecieran dolores por mi culpa,

en donde viva el pan sin agonía.

Un planeta enredado por distancia y follajes,

un páramo, una piedra cruel y deshabitada,

con nuestras propias manos hacer un nido duro,

queríamos, sin daño ni herida ni palabra,

y no fue así el amor, sino una ciudad loca

donde la gente palidece en los balcones.

 

 

Soneto LXXII

 

Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles,

establece la tierra sus dones amarillos

y pasamos la mano sobre un país remoto,

sobre la cabellera de la geografía.

Irnos! Hoy! Adelante, ruedas, naves, campanas,

aviones acerados por el diurno infinito

hacia el olor nupcial del archipiélago,

por longitudinales harinas de usufructo!

Vamos, levántate, y endiadémate y sube

y baja y corre y trina con el aire y conmigo

vámonos a los trenes de Arabia o Tocopilla,

sin más que trasmigrar hacia el polen lejano,

a pueblos lancinantes de harapos y gardenias

gobernados por pobres monarcas sin zapatos.

 

 

Soneto LXXIII

 

Recordarás tal vez aquel hombre afilado

que de la oscuridad salió como un cuchillo

y antes de que supiéramos, sabía:

vio el humo y decidió que venía del fuego.

La pálida mujer de cabellera negra

surgió como un pescado del abismo

y entre los dos alzaron en contra del amor

una máquina armada de dientes numerosos.

Hombre y mujer talaron montañas y jardines,

bajaron a los ríos, treparon por los muros,

subieron por los montes su atroz artillería.

El amor supo entonces que se llamaba amor.

Y cuando levanté mis ojos a tu nombre

tu corazón de pronto dispuso mi camino.

 

 

Soneto LXXIV

 

El camino mojado por el agua de Agosto

brilla como si fuera cortado en plena luna,

en plena claridad de la manzana,

en mitad de la fruta del otoño.

Neblina, espacio o cielo, la vaga red del día

crece con fríos sueños, sonidos y pescados,

el vapor de las islas combate la comarca,

palpita el mar sobre la luz de Chile.

Todo se reconcentra como el metal, se esconden

las hojas, el invierno enmascara su estirpe

y sólo ciegos somos, sin cesar, solamente.

Solamente sujetos al cauce sigiloso

del movimiento, adiós, del viaje, del camino:

adiós, caen las lágrimas de la naturaleza.

 

 

Soneto LXXV

 

Ésta es la casa, el mar y la bandera.

Errábamos por otros largos muros.

No hallábamos la puerta ni el sonido

desde la ausencia, como desde muertos.

Y al fin la casa abre su silencio,

entramos a pisar el abandono,

las ratas muertas, el adiós vacío,

el agua que lloró en las cañerías.

Lloró, lloró la casa noche y día,

gimió con las arañas, entreabierta,

se desgranó desde sus ojos negros,

y ahora de pronto la volvemos viva,

la poblamos y no nos reconoce:

tiene que florecer, y no se acuerda.

 

 

Soneto LXXVI

 

Diego Rivera con la paciencia del oso

buscaba la esmeralda del bosque en la pintura

o el bermellón, la flor súbita de la sangre

recogía la luz del mundo en tu retrato.

Pintaba el imperioso traje de tu nariz,

la centella de tus pupilas desbocadas,

tus uñas que alimentan la envidia de la luna,

y en tu piel estival, tu boca de sandía.

Te puso dos cabezas de volcán encendidas

por fuego, por amor, por estirpe araucana,

y sobre los dos rostros dorados de la greda

te cubrió con el casco de un incendio bravío

y allí secretamente quedaron enredados

mis ojos en su torre total: tu cabellera.

 

 

 

Soneto LXXVII

 

Hoy es hoy con el peso de todo el tiempo ido,

con las alas de todo lo que será mañana,

hoy es el Sur del mar, la vieja edad del agua

y la composición de un nuevo día.

A tu boca elevada a la luz o a la luna

se agregaron los pétalos de un día consumido,

y ayer viene trotando por su calle sombría

para que recordemos su rostro que se ha muerto.

Hoy, ayer y mañana se comen caminando,

consumimos un día como una vaca ardiente,

nuestro ganado espera con sus días contados,

pero en tu corazón el tiempo echó su harina,

mi amor construyó un horno con barro de Temuco:

tú eres el pan de cada día para mi alma.

 

 

Soneto LXXVIII

 

No tengo nunca más, no tengo siempre. En la arena

la victoria dejó sus pies perdidos.

Soy un pobre hombre dispuesto a amar a sus semejantes.

No sé quién eres. Te amo. No doy, no vendo espinas.

Alguien sabrá tal vez que no tejí coronas

sangrientas, que combatí la burla,

y que en verdad llené la pleamar de mi alma.

Yo pagué la vileza con palomas.

Yo no tengo jamás porque distinto

fui, soy, seré. Y en nombre

de mi cambiante amor proclamo la pureza.

La muerte es sólo piedra del olvido.

Te amo, beso en tu boca la alegría.

Traigamos leña. Haremos fuego en la montaña.

 

 

Soneto LXXIX

 

De noche, amada, amarra tu corazón al mío

y que ellos en el sueño derroten las tinieblas

como un doble tambor combatiendo en el bosque

contra el espeso muro de las hojas mojadas.

Nocturna travesía, brasa negra del sueño

interceptando el hilo de las uvas terrestres

con la puntualidad de un tren descabellado

que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.

Por eso, amor, amárrame el movimiento puro,

a la tenacidad que en tu pecho golpea

con las alas de un cisne sumergido,

para que a las preguntas estrelladas del cielo

responda nuestro sueño con una sola llave,

con una sola puerta cerrada por la sombra.

 

 

Soneto LXXX

 

De viajes y dolores yo regresé, amor mío,

a tu voz, a tu mano volando en la guitarra,

al fuego que interrumpe con besos el otoño,

a la circulación de la noche en el cielo.

Para todos los hombres pido pan y reinado,

pido tierra para el labrador sin ventura,

que nadie espere tregua de mi sangre o mi canto.

Pero a tu amor no puedo renunciar sin morirme.

Por eso toca el vals de la serena luna,

la barcarola en el agua de la guitarra

hasta que se doblegue mi cabeza soñando:

que todos los desvelos de mi vida tejieron

esta enramada en donde tu mano vive y vuela

custodiando la noche del viajero dormido.

 

 

Soneto LXXXI

 

Ya eres mía. Reposa con tu sueño en mi sueño.

Amor, dolor, trabajos, deben dormir ahora.

Gira la noche sobre sus invisibles ruedas

y junto a mí eres pura como el ámbar dormido.

Ninguna más, amor, dormirá con mis sueños.

Irás, iremos juntos por las aguas del tiempo.

Ninguna viajará por la sombra conmigo,

sólo tú, siempreviva, siempre sol, siempre luna.

Ya tus manos abrieron los puños delicados

y dejaron caer suaves signos sin rumbo,

tus ojos se cerraron como dos alas grises,

mientras yo sigo el agua que llevas y me lleva:

la noche, el mundo, el viento devanan su destino,

y ya no soy sin ti sino sólo tu sueño.

 

 

Soneto LXXXII

 

Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna

te pido, amor, un viaje por oscuro recinto:

cierra tus sueños, entra con tu cielo en mis ojos,

extiéndete en mi sangre como en un ancho río.

Adiós, adiós, cruel claridad que fue cayendo

en el saco de cada día del pasado,

adiós a cada rayo de reloj o naranja,

salud oh sombra, intermitente compañera!

En esta nave o agua o muerte o nueva vida,

una vez más unidos, dormidos, resurrectos,

somos el matrimonio de la noche en la sangre.

No sé quién vive o muere, quién reposa o despierta,

pero es tu corazón el que reparte

en mi pecho los dones de la aurora.

 

 

 

Soneto LXXXIII

 

Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,

invisible en tu sueño, seriamente nocturna,

mientras yo desenredo mis preocupaciones

como si fueran redes confundidas.

Ausente, por los sueños tu corazón navega,

pero tu cuerpo así abandonado respira

buscándome sin verme, completando mi sueño

como una planta que se duplica en la sombra.

Erguida, serás otra que vivirá mañana,

pero de las fronteras perdidas en la noche,

de este ser y no ser en que nos encontramos

algo queda acercándonos en la luz de la vida

como si el sello de la sombra señalara

con fuego sus secretas criaturas.

 

 

Soneto LXXXIV

 

Una vez más, amor, la red del día extingue

trabajos, ruedas, fuegos, estertores, adioses,

y a la noche entregamos el trigo vacilante

que el mediodía obtuvo de la luz y la tierra.

Sólo la luna en medio de su página pura

sostiene las columnas del estuario del cielo,

la habitación adopta la lentitud del oro

y van y van tus manos preparando la noche.

Oh amor, oh noche, oh cúpula cerrada por un río

de impenetrables aguas en la sombra del cielo

que destaca y sumerge sus uvas tempestuosas,

hasta que sólo somos un solo espacio oscuro,

una copa en que cae la ceniza celeste,

una gota en el pulso de un lento y largo río.

 

 

Soneto LXXXV

 

Del mar hacia las calles corre la vaga niebla

como el vapor de un buey enterrado en el frío,

y largas lenguas de agua se acumulan cubriendo

el mes que a nuestras vidas prometió ser celeste.

Adelantado otoño, panal silbante de hojas,

cuando sobre los pueblos palpita tu estandarte

cantan mujeres locas despidiendo a los ríos,

los caballos relinchan hacia la Patagonia.

Hay una enredadera vespertina en tu rostro

que crece silenciosa por el amor llevada

hasta las herraduras crepitantes del cielo.

Me inclino sobre el fuego de tu cuerpo nocturno

y no sólo tus senos amo sino el otoño

que esparce por la niebla su sangre ultramarina.

 

 

Soneto LXXXVI

 

Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante,

con cuatro besos hoy penetró tu hermosura

y atravesó la sombra y mi sombrero:

la luna iba redonda por el frío.

Entonces con mi amor, con mi amada, oh diamantes

de escarcha azul, serenidad del cielo,

espejo, apareciste y se llenó la noche

con tus cuatro bodegas temblorosas de vino.

Oh palpitante plata de pez pulido y puro,

cruz verde, perejil de la sombra radiante,

luciérnaga a la unidad del cielo condenada,

descansa en mí, cerremos tus ojos y los míos.

Por un minuto duerme con la noche del hombre.

Enciende en mí tus cuatro números constelados.

 

 

Soneto LXXXVII

 

Las tres aves del mar, tres rayos, tres tijeras

cruzaron por el cielo frío hacia Antofagasta,

por eso quedó el aire tembloroso,

todo tembló como bandera herida.

Soledad, dame el signo de tu incesante origen,

el apenas camino de los pájaros crueles,

y la palpitación que sin duda precede

a la miel, a la música, al mar, al nacimiento.

(Soledad sostenida por un constante rostro

como una grave flor sin cesar extendida

hasta abarcar la pura muchedumbre del cielo.)

Volaban alas frías del mar, del Archipiélago,

hacia la arena del Noroeste de Chile.

Y la noche cerró su celeste cerrojo.

 

 

Soneto LXXXVIII

 

El mes de Marzo vuelve con su luz escondida

y se deslizan peces inmensos por el cielo,

vago vapor terrestre progresa sigiloso,

una por una caen al silencio las cosas.

Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda

reuniste las vidas del mar con las del fuego,

el movimiento gris de la nave de invierno,

la forma que el amor imprimió a la guitarra.

Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas,

fuego que baila y sube la invisible escalera

y despierta en el túnel del insomnio a la sangre

para que se consuman las olas en el cielo,

olvide el mar sus bienes y leones

y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.

 

 

Soneto LXXXIX

 

Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:

quiero la luz y el trigo de tus manos amadas

pasar una vez más sobre mí su frescura:

sentir la suavidad que cambió mi destino.

Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,

quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,

que huelas el aroma del mar que amamos juntos

y que sigas pisando la arena que pisamos.

Quiero que lo que amo siga vivo

y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,

por eso sigue tú floreciendo, florida,

para que alcances todo lo que mi amor te ordena,

para que se pasee mi sombra por tu pelo,

para que así conozcan la razón de mi canto.

 

 

Soneto XC

 

Pensé morir, sentí de cerca el frío,

y de cuanto viví sólo a ti te dejaba:

tu boca eran mi día y mi noche terrestres

y tu piel la república fundada por mis besos.

En ese instante se terminaron los libros,

la amistad, los tesoros sin tregua acumulados,

la casa transparente que tú y yo construimos:

todo dejó de ser, menos tus ojos.

Porque el amor, mientras la vida nos acosa,

es simplemente una ola alta sobre las olas,

pero ay cuando la muerte viene a tocar a la puerta

hay sólo tu mirada para tanto vacío,

sólo tu claridad para no seguir siendo,

sólo tu amor para cerrar la sombra.

 

 

Soneto XCI

 

La edad nos cubre como la llovizna,

interminable y árido es el tiempo,

una pluma de sal toca tu rostro,

una gotera carcomió mi traje:

el tiempo no distingue entre mis manos

o un vuelo de naranjas en las tuyas:

pica con nieve y azadón la vida:

la vida tuya que es la vida mía.

La vida mía que te di se llena

de años, como el volumen de un racimo.

Regresarán las uvas a la tierra.

Y aún allá abajo el tiempo sigue siendo,

esperando, lloviendo sobre el polvo,

ávido de borrar hasta la ausencia.

 

 

Soneto XCII

 

Amor mío, si muero y tú no mueres,

no demos al dolor más territorio:

amor mío, si mueres y no muero,

no hay extensión como la que vivimos.

Polvo en el trigo, arena en las arenas

el tiempo, el agua errante, el viento vago

nos llevó como grano navegante.

Pudimos no encontrarnos en el tiempo.

Esta pradera en que nos encontramos,

oh pequeño infinito! devolvemos.

Pero este amor, amor, no ha terminado,

y así como no tuvo nacimiento

no tiene muerte, es como un largo río,

sólo cambia de tierras y de labios.

 

 

Soneto XCIII

 

Si alguna vez tu pecho se detiene,

si algo deja de andar ardiendo por tus venas,

si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,

si tus manos se olvidan de volar y se duermen,

Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos

porque ese último beso debe durar conmigo,

debe quedar inmóvil para siempre en tu boca

para que así también me acompañe en mi muerte.

Me moriré besando tu loca boca fría,

abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,

y buscando la luz de tus ojos cerrados.

Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo

iremos confundidos en una sola muerte

a vivir para siempre la eternidad de un beso.

 

 

Soneto XCIV

 

Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura

que despiertes la furia del pálido y del frío,

de sur a sur levanta tus ojos indelebles,

de sol a sol que suene tu boca de guitarra.

No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,

no quiero que se muera mi herencia de alegría,

no llames a mi pecho, estoy ausente.

Vive en mi ausencia como en una casa.

Es una casa tan grande la ausencia

que pasarás en ella a través de los muros

y colgarás los cuadros en el aire.

Es una casa tan transparente la ausencia

que yo sin vida te veré vivir

y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.

 

 

Soneto XCV

 

Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos

las antiguas cenizas del corazón quemado

y allí que caigan uno por uno nuestros besos

hasta que resucite la flor deshabitada.

Amemos el amor que consumió su fruto

y descendió a la tierra con rostro y poderío:

tú y yo somos la luz que continúa,

su inquebrantable espiga delicada.

Al amor sepultado por tanto tiempo frío,

por nieve y primavera, por olvido y otoño,

acerquemos la luz de una nueva manzana,

de la frescura abierta por una nueva herida,

como el amor antiguo que camina en silencio

por una eternidad de bocas enterradas.

 

 

 

Soneto XCVI

 

Pienso, esta época en que tú me amaste

se irá por otra azul sustituida,

será otra piel sobre los mismos huesos,

otros ojos verán la primavera.

Nadie de los que ataron esta hora,

de los que conversaron con el humo,

gobiernos, traficantes, transeúntes,

continuarán moviéndose en sus hilos.

Se irán los crueles dioses con anteojos,

los peludos carnívoros con libro,

los pulgones y los pipipasseyros.

Y cuando esté recién lavado el mundo

nacerán otros ojos en el agua

y crecerá sin lágrimas el trigo.

 

 

Soneto XCVII

 

Hay que volar en este tiempo, a dónde?

Sin alas, sin avión, volar sin duda:

ya los pasos pasaron sin remedio,

no elevaron los pies del pasajero.

Hay que volar a cada instante como

las águilas, las moscas y los días,

hay que vencer los ojos de Saturno

y establecer allí nuevas campanas.

Ya no bastan zapatos ni caminos,

ya no sirve la tierra a los errantes,

ya cruzaron la noche las raíces,

y tú aparecerás en otra estrella

determinadamente transitoria

convertida por fin en amapola.

 

 

Soneto XCVIII

 

Y esta palabra, este papel escrito

por las mil manos de una sola mano,

no queda en ti, no sirve para sueños,

cae a la tierra: allí se continúa.

No importa que la luz o la alabanza

se derramen y salgan de la copa

si fueron un tenaz temblor del vino,

si se tiñó tu boca de amaranto.

No quiere más la sílaba tardía,

lo que trae y retrae el arrecife

de mis recuerdos, la irritada espuma,

no quiere más sino escribir tu nombre.

Y aunque lo calle mi sombrío amor

más tarde lo dirá la primavera.

 

 

Soneto XCIX

 

Otros días vendrán, será entendido

el silencio de plantas y planetas

y cuántas cosas puras pasarán!

Tendrán olor a luna los violines!

El pan será tal vez como tú eres:

tendrá tu voz, tu condición de trigo,

y hablarán otras cosas con tu voz:

los caballos perdidos del Otoño.

Aunque no sea como está dispuesto

el amor llenará grandes barricas

como la antigua miel de los pastores,

y tú en el polvo de mi corazón

(en donde habrán inmensos almacenes)

irás y volverás entre sandías.

 

 

Soneto C

 

En medio de la tierra apartaré

las esmeraldas para divisarte

y tú estarás copiando las espigas

con una pluma de agua mensajera.

Qué mundo! Qué profundo perejil!

Qué nave navegando en la dulzura!

Y tú tal vez y yo tal vez topacio!

Ya no habrá división en las campanas.

Ya no habrá sino todo el aire libre,

las manzanas llevadas por el viento,

el suculento libro en la enramada,

y allí donde respiran los claveles

fundaremos un traje que resista

la eternidad de un beso victorioso.

 

 

Una Canción Desesperada

Pablo Neruda

 

 

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.

El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.

Es la hora de partir, oh abandonado!

Sobre mi corazón llueven frías corolas.

Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.

De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

Todo te lo tragaste, como la lejanía.

Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

Era la alegre hora del asalto y el beso.

La hora del estupor que ardía como un faro.

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,

turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.

Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.

Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

Hice retroceder la muralla de sombra,

anduve más allá del deseo y del acto.

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,

a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

Como un vaso albergaste la infinita ternura,

y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

Era la negra, negra soledad de las islas,

y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.

Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme

en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,

el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,

aún los racimos arden picoteados de pájaros.

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,

oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo

en que nos anudamos y nos desesperamos.

Y la ternura, leve como el agua y la harina.

Y la palabra apenas comenzada en los labios.

Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,

y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,

qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.

De pie como un marino en la proa de un barco.

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.

Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,

descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

Es la hora de partir, la dura y fría hora

que la noche sujeta a todo horario.

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.

Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

Abandonado como los muelles en el alba.

Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado!

 

POEMA 18

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.


Pablo Neruda, 1924

 

Para que tú me oigas..


Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.


POEMA 20 (Pablo Neruda)


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


AHORA VALE LA PENA

Ahora vale la pena.
Dios
se quedó dormido.

Todos sabemos que esto
no es
definitivo
que es una suerte loca
quizá un breve
delirio.

Ahora vale la pena
vivir
aunque haga frío
aunque la tarde vuele.
O no vuele.
Es lo mismo.

Ahora sí
pero luego
si Dios no se despierta
qué pasará
diosmío.

Mario Benedetti

 

ALLENDE

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y ademas los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo

Mario Benedetti

 

ARCO IRIS

A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea

sonríe
cual si fuese
una revelación
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en óvalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo

sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente

y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin deseperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía

llorar
sólo llorar

entonces su sonrisa
si todavia existe
se vuelve un arco iris.

Mario Benedetti

 

BALADA DEL MAL GENIO

Hay días en que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo solidariamente cretino
apto para que en mí vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.

Días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo indócil personal a mis órdenes.

Hay días que ni siquiera son oscuros
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.

Días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.

Bueno, esta balada sólo es para avisarte
que en esos pocos días no me tomes en cuenta.

Mario Benedetti

 

BALDÓN

El dolor es una
desértica provincia
donde no cabe
nadie más

una parcela
tierra oscura

tú no lindas
con él
tú estás a salvo

pobre de ti
baldón
que no peligras.

Mario Benedetti

 

CHAU NÚMERO TRES

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres

sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro

te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota

te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía

pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono

estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos

estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra

estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen

y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote

Mario Benedetti

 

CONSTERNADOS, RABIOSOS

Vámonos,
derrotando afrentas.

Ernesto «Che» Guevara

Así estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles

da vergüenza mirar
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca
nuca estuvo
con la cinta tan pálida

vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart

da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido

eres nuestra conciencia acribillada

dicen que te quemaron
con qué fuego
van a quemar las buenas
las buenas nuevas
la irascible ternura
que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro

dicen que incineraron
toda tu vocación
menos un dedo

basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos

así estamos
consternados
rabiosos
claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos irá pasando
la rabia quedará
se hará mas limpia

estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella

donde estés
si es que estás
si estás llegando

aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones

donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios

pero habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.

Montevideo, octubre 1967.

Mario Benedetti

 

DESPISTES Y FRANQUEZAS

a bud y claribel

i
La política es una forma de amor, pero no viceversa; por algo en el amor es mucho más fácil tener el corazón caliente que la cabeza fría.

ii
El hombre bueno casi siempre se aburre de sus rencores. Pero siempre hay un rencor que confirma la regla.

iii
La muerte es una traición de Dios.

iv
¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!

v
Cuando una mujer dice: «Todo tu cuerpo es corazón», es porque todo su cuerpo es corazón.

vi
Desde que los hijos educan a los padres, se acabaron los complejos de Edipo.

vii
El pan nuestro de cada día provoca gases y malas digestiones.

viii
Cuando sueño contigo no hablo sino que canto en sueños.

ix
Cuando parece que la vida imita al arte, es porque el arte ha logrado anunciar la vida.

x
Los Otros que invento son confidencias sobre aquello que desgraciadamente no me ocurre.

xi
La generosidad es el único egoísmo legítimo.

xii
Epitafio para un vanidoso: «Bah…»

xiii
La soledad es también un homenaje al prójimo.

xiv
El inconveniente de la autocrítica es que los demás pueden llegar a creerla.

xv
Los Otros que invento dicen a veces cosas que yo no habría dicho ni aunque fuera otro.

xvi
No es que uno no cambie, sino que el espejo no tiene memoria.

xvii
No seamos sectarios: la infancia es a veces un paraíso perdido. Pero otras veces es un infierno de mierda.

xviii
Un torturador no se redime suicidándose. Pero algo es algo.

xix
Contra el optimismo no hay vacunas.

xx
Cuando el infierno son los otros, el paraíso no es uno mismo.

xxi
El vicediós siempre es ateo.

Mario Benedetti

 

EL SANTO SE PREGUNTA

Arrinconado en mis plegarias buenas
e inútiles, soberbio en mis acciones
que a nadie arriman ley o quitan penas,

aislado espectador de mis histriones,
histrión yo mismo como un árbol seco
que cabeceara para sus gorriones,

guardia solemne de un instante hueco,
cómo saber, cómo saber, dios mío,
cuándo invento virtud y cuándo peco,

cuándo confundo el cielo con el río,
cómo saber si el río es poco llanto,
cómo saber, cómo saber, dios mío,

si eso que llamo Dios es otro espanto.

Mario Benedetti

 

ELLA QUE PASA

Paso que pasa
rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
después y sólo
solo y después
seguro que me olvido.

Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
te quiero
te quiero sólo dos
o tres minutos
para quererte más
no tengo tiempo.

Paso que pasas
rostro que pasabas
que más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.

Mario Benedetti

 

EMPERO

Cierro los ojos para disuadirme.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Está el escarabajo a tropezones,
mi sed de ti, la baja tarde inmóvil.
De veras está todo como antes:
el cielo tan inerme,
la misma soledad tan maciza,
la luz que se devora y no comprende.
Todo está como antes
de tu rostro sin nubes,
todo aguarda como antes la anunciada
estación en suspenso,
pero también estaba entonces este pánico
de no saber huir y no saber
alejarme del odio.
De veras todo está
destruido, indescifrable,
como verdad caída inesperadamente
del cielo o del olvido
y si alguien, algo, me golpea los párpados
es una lenta gota empecinada.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Abro los ojos para convencerme.

Mario Benedetti

 

ÉSTA ES MI CASA

No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.

Mario Benedetti

 

HAGAMOS UN TRATO

Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo

(de una canción de Carlos Puebla)

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo

Mario Benedetti

 

HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU HIJO

al "viejo" hache

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos

realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula

olvidaban poner el acento en el hombre

la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros

y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles

uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos

por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos

vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías

y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre

botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides

por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones

todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos

y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa

y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de verguenza

por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere

llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos

gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse

llorá
        pero no olvides

Mario Benedetti

 

HOMBRE QUE MIRA A TRAVÉS DE LA NIEBLA

Me cuesta como nunca
    nombrar los árboles y las ventanas
    y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
    pero si se expresara
    sus tañidos
    serían de un fantasma melancólico

la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe

la sangre mártir es apenas
    una pálida mancha de rencor

cómo cambian las cosas
    en la niebla

los voraces no son
    más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
    de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven

pero yo sé quién es quién
    detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
    sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
    sé dónde no estás tú

la niebla no es olvido
    sino postergación anticipada

ojalá que la espera
    no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
    no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
    emerjas de ella
como un lindo recuerdo
    que se convierte en rostro

y yo sepa por fin
    que dejas para siempre
    la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
    mi bienvenida que no tiene pausas

Mario Benedetti

 

HOMBRE QUE MIRA EL CIELO

Mientras pasa la estrella fugaz
acopio este deseo instantáneo
montones de deseos hondos y prioritarios
por ejemplo que el dolor no me apague la rabia
que la alegría no desarme mi amor
que los asesinos del pueblo se traguen
    sus molares caninos e incisivos
    y se muerdan juiciosamente el hígado
que los barrotes de las celdas
    se vuelvan de azúcar o se curven de piedad
    y mis hermanos puedan hacer de nuevo
    el amor y la revolución
que cuando enfrentemos el implacable espejo
    no maldigamos ni nos maldigamos
que los justos avancen
    aunque estén imperfectos y heridos
que avancen porfiados como castores
    solidarios como abejas
    aguerridos como jaguares
    y empuñen todos sus noes
    para instalar la gran afirmación
que la muerte pierda su asquerosa puntualidad
que cuando el corazón se salga del pecho
    pueda encontrar el camino de regreso
que la muerte pierda su asquerosa
    y brutal puntualidad
    pero si llega puntual no nos agarre
    muertos de vergüenza
que el aire vuelva a ser respirable y de todos
y que vos muchachita sigas alegre y dolorida
    poniendo en tus ojos el alma
    y tu mano en mi mano

y nada más
porque el cielo ya está de nuevo torvo
    y sin estrellas
con helicóptero y sin dios

Mario Benedetti

 

HOMBRE QUE MIRA EL TECHO

Siempre hay una jornada fuera de serie
en que uno logra sentirse sereno
pero está lejos de ser una canonjía
ya que la serenidad no es el mejor
de los estados posibles e imposibles

hoy por ejemplo tomo distancia
con respecto a las cosas y a mi mismo
y no por eso echo al olvido
qué joda era qué bueno era
estar adentro del entrevero

después de todo la famosa
serenidad es una isla
autorizada comonó
y legal
aunque rodeada inexorablemente
por emociones clandestinas

todavía me siento un poco incómodo
en mis primicias de sereno
como quien entra en un traje nuevo
que tiene bajas las hombreras

pero el cuerpo y el alma son
animalitos de costumbres
mañana la incomodida
será menor y en pocos días
me habré habituado a estar sereno

eso me llena a veces de alegría
es claro que se trata de una alegría serena
y en consecuencia uno no sale a dar abrazos
ni pega gritos ni le canta al cielo
a lo sumo archiva caricias y otros prólogos
por estricto orden cronológico

también llega a invadirme el desconsuelo
pero se trata de un sereno desconsuelo
y por lo tanto nadie solloza
ni dice mierda
ni putea

sencillamente como un modesto mago
de rojo circo de domingo
o de feria
tomo los naipes del amor
los bajajo con parsimonia
y en las narices del viejo público
que es como hacerlo en mis narices
mágicamente los transformo
en nuevos naipes de amistad

lo único extraño viene a la noche
pues se presume que un sereno
ha de dormir serenamente
pero yo paso horas y horas
mirando el techo

o sea que
no sé hasta cuando estaré sereno
porque la calma ya no da abasto

hay que confiar y yo confio
que no hay mal que dure
cien años

Mario Benedetti

 

HOMBRE QUE MIRA LA TIERRA

Cómo querría otra suerte para esta pobre reseca
que lleva todas las artes y los oficios
en cada uno de sus terrones
y ofrece su matriz reveladora
para las semillas que quizá nunca lleguen

cómo querría que un desborde caudal
viniera a redimirla
y la empapara con su sol en hervor
o sus lunas ondeadas
y las recorriera palmo a palmo
y la entendiera palma a palma

o que descendiera la lluvia inaugurándola
y le dejara cicatrices como zanjones
y un barro oscuro y dulce
con ojos como charcos

o que en su biografía
pobre madre reseca
irrumpiera de pronto el pueblo fértil
con azadones y argumentos
y arados y sudor y buenas nuevas
y las semillas de estreno recogieran
el legado de viejas raíces

como querrían que se escucharan
su verde gratitud y su orgasmo nutricio
y que el alambrado recogiera sus púas
ya que por fin sería nuestra y una

como querría esa suerte de tierra
y que vos muchachita
entre brotes o espigas
o aliento vegetal o abejas mensajeras
te extendieras allí
mirando por primera vez las nubes
y yo tapara lentamente el cielo

Mario Benedetti

 

INTERVIEW

No es ninguna molestia
explicarle qué pienso
del infinito
el infinito es
sencillamente
un agrio viento frío
que eriza las mucosas
la piel
y las metáforas
le pone a uno en los ojos
lágrimas de rutina
y en la garganta un nudo
de sortilegio
seguramente usted ya se dio cuenta
en el fondo no creo
que exista el infinito.

Bueno sobre política
jesús
sobre política
mi bisabuelo que era liberal
espiaba a las criadas en el baño
mi abuelo el reaccionario
extraviaba la llave de sus deudas
mi padre el comunista
compraba hectáreas con gesto de asco
yo soy poeta
señor
y usted debe saber que los poetas
vivimos a la vuelta de este mundo
claro que usted quizá no tenga tiempo
para tener paciencia
pero debe conocer que en el fondo
yo no creo en la política.

Por supuesto el estilo
qué pienso del estilo
una cosa espontánea que se va haciendo sola
siempre escribí en la cama
mucho mejor que en los ferrocarriles
qué más puedo agregar
ah domino el sinónimo
módico exiguo corto insuficiente
siempre escribo pensando en el futuro
pero el futuro
se quedó sin magia
me olvidaba que usted
ya sabe que en el fondo
yo no creo en el estilo.

El amor el amor
ah caramba
el amor
por lo pronto me gusta
la mujer
bueno fuera
el alma
el corazón
sobre todo las piernas
poder alzar la mano
y encontrarla a la izquierda
tranquila
o intranquila
sonriendo desde el pozo
de su última modorra
o mirando mirando
como a veces se mira
un rato antes del beso
después de todo
usted y yo sabemos
que en el fondo
el amor
el amor
es una cosa seria.

Por favor
esto último
no vaya a publicarlo.

Mario Benedetti

 

MEJOR TE INVENTO

Estás alicaído, estás dudando,
no te alcanzan las pruebas ni las preces,
cada Dónde te ofusca, cada Cuándo.

Recorres el confort, las estrecheces
que quedaron atrás y es razonable
que reclames la vida que mereces,

las ventanas de paz, el techo estable.
Pero yo, te confieso, prefería
(cómo querés, hermano, que te hable?)

cuando tu vieja angustia estaba al día
con la angustia del mundo, cuando todos
éramos parte en tu melancolía.

Sé qué polvos trajeron estos lodos
pero saberlo no es la mejor suerte.
Inventaré quién sos. De todos modos.

inventarte es mi forma de creerte.

Mario Benedetti

 

MONSTRUOS

Qué vergüenza
carezco de monstruos interiores
no fumo en pipa frente al horizonte
en todo caso creo que mis hueso
son importantes para mí y mi sombra
los sábados de noche me lleno de coraje
mi nariz qué vergüenza no es como la de Goethe
no puedo arrepentirme de mi melancolía
y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito
qué vergüenza me encantan las mujeres
sobre todo si son consecuentes y flacas
y no confunden sed con paroxismo
qué vergüenza diosmío no me gusta Ionesco
sin embargo estoy falto de monstruos interiores
quisiera prometer como Dios manda
y vacilar como la gente en prosa
qué vergüenza en las tardes qué vergüenza
en las tardes más oscuras de invierno
me gusta acomodarme en la ventana
ver cómo corre la llovizna corre a mis acreedores
y ponerme a esperar quizás a esperarte
tal como si la muerte fuera una falsa alarma.

Mario Benedetti

 

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
            no te salves
no te llenes de calma

no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
            pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
            entonces
no te quedes conmigo

Mario Benedetti

 

NOCTURNO

Por una vez existe el cielo innecesario.
Nadie averigua acerca de mi corazón
ni de mi salud milagrosa y cordial,
porque es de noche, manantial de la noche,
viento de la noche, viento olvido,
porque es de noche entre silencio y uñas
y quedo desalmado como un reloj lento.

Húmeda oscuridad desgarradora,
oscuridad sin adivinaciones,
con solamente un grito que se quiebra a lo lejos,
y a lo lejos se cansa y me abandona.

Ella sabe qué palabras podrían decirse
cuando se extinguen todos los presagios
y el insomnio trae iras melancólicas
acerca del porvenir y otras angustias.

Pero no dice nada, no las suelta.
Entonces miro en lo oscuro llorando,
y me envuelvo otra vez en mi noche
como en una cortina pegajosa
que nadie nunca nadie nunca corre.

Por el aire invisible baja una luna dulce,
hasta el sueño por el aire invisible.
Estoy solo como con mi infancia de alertas,
con mis corrientes espejismos de Dios
y calles que me empujan inexplicablemente
hacia un remoto mar de miedos.

Estoy solo como una estatua destruida,
como un muelle sin olas, como una simple cosa
que no tuviera el hábito de la respiración
ni el deber del descanso ni otras muertes en cierne,
solo en la anegada cuenca del desamparo
junto a ausencias que nunca retroceden.
Naturalmente, ella
conoce qué palabras podrían decirse,
pero no dice nada,
pero no dice nada irremediable.

Mario Benedetti

 

PRIMERA INCOMUNIÓN

Esta historia poco sagrada
de aquí abajísimo

esta nada eucarística amenaza
bomba lustral
hongo piadoso
última cena con doce judas
y ningún pobre
salvador

este bochorno calculado
este loquísimo escupitajo
en las dos cara de la oscuridad

tienen su parte en mi desrezo.

Mario Benedetti

 

ROSTRO DE VOS

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón

tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor

sin un temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos

estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición

mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos

pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman

como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada

las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada

ya mi rostro de vos
cierra los ojos

y es una soledad
tan desolada

Mario Benedetti

 

SEÑAS DEL CHE

Todo campo
es el nuestro

por ejemplo está éste
verde dispuesto verde
los surcos y los surcos
las nubes con sus gordas
pantorrillas de lluvia

está tambien el otro
campo de pronto abismo
recién nacidos muertos
sin haberse atrevido
a estrenar sus pavores

está el amor de siempre
el corazón del tacto
la noche de la piel
los poros y los poros
y la gloria y el beso

está la llamarada
la hoguera de la piel
el cuerpo brasa infame
el hombre que no sabe
por qué lo incendia el hombre

verde dispuesto verde
campo de pronto abismo
los surcos y los surcos
las nubes con sus gordas
pantorrillas de lluvia
recién nacidos muertos
sin haberse atrevido
a estrenar sus pavores
está el amor de siempre
está la llamarada
el corazón del tacto
la hoguera de la piel
la noche de la piel
el cuerpo brasa infame
los poros y los poros
y el hombre que no sabe
y la gloria y el beso
por qué lo incendia el hombre

desde un sitio cualquiera
montaña
o selva
o sótano
hay alguien que hace señas
agitando su vida

todo campo
es el nuestro

Mario Benedetti

 

SÓLO MIENTRAS TANTO

Vuelves, día de siempre,
rompiendo el aire justamente donde
el aire había crecido como muros.

 Pero nos iluminas brutalmente
y en la sencilla náusea de tu claridad
sabemos cuándo se nos caerán los ojos,
el corazón, la piel de los recuerdos.

Claro, mientras tanto
hay oraciones, hay pétalos, hay ríos,
hay la ternura como un viento húmedo.
Sólo mientras tanto.

SOY UN CASO PERDIDO

Por fin un crítico sagaz reveló
(ya sabía yo que iban a descubrirlo)
que en mis cuentos soy parcial
y tangencialmente me exhorta
a que asuma la neutralidad
como cualquier intelectual que se respete

creo que tiene razón
soy parcial
de esto no cabe duda
más aún yo diría que un parcial irrescatable
caso perdido en fin
ya que por más esfuerzos que haga
nunca podré llegar a ser neutral

en varios países de este continente
especialistas destacados
han hecho lo posible y lo imposible
por curarme de la parcialidad
por ejemplo en la biblioteca nacional de mi país
ordenaron el expurgo parcial
de mis libros parciales
en argentina me dieron cuartenta y ocho horas
(y si no me mataban) para que me fuera
con mi parcialidad a cuestas
por último en perú incomunicaron mi parcialidad
y a mi me deportaron

de haber sido neutral
no habria necesitado
esas terapias intensivas
pero qué voy a hacerle
soy parcial
incurablemente parcial
y aunque pueda sonar un poco extraño
totalmente
parcial

ya sé
eso significa que no podré aspirar
a tantísimos honores y reputaciones
y preces y dignidades
que el mundo reserva para los intelectuales
que se respeten
es decir para los neutrales
con un agravante
como cada vez hay menos neutrales
las distinciones se reparten
entre poquísimos

después de todo y a partir
de mis confesadas limitaciones
debo reconocer que a esos pocos neutrales
les tengo cierta admiración
o mejor les reservo cierto asombro
ya que en realidad se precisa un temple de acero
para mantenerse neutral ante episodios como
girón
tlatelolco
trelew
pando
la moneda

es claro que uno
y quizá sea esto lo que quería decirme el crítico
podría ser parcial en la vida privada
y neutral en las bellas letras
digamos indignarse contra pinochet
durante el insomnio
y escribir cuentos diurnos
sobre la atlántida

no es mala idea
y claro
tiene la ventaja
de que por un lado
uno tiene conflictos de conciencia
y eso siempre representa
un buen nutrimeto para el arte
y por otro no deja flancos para que lo vapulee
la prensa burguesa y/o neutral

no es mala idea
pero
ya me veo descubriendo o imaginando
en el continente sumergido
la existencia de oprimidos y opresores
parciales y neutrales
torturados y verdugos
o sea la misma pelotera
cuba sí yanquis no
de los continentes no sumergidos

de manera que
como parece que no tengo remedio
y estoy definitivamente perdido
para la fructuosa neutralidad
lo más probable es que siga escribiendo
cuentos no neutrales
y poemas y ensayos y canciones y novelas
no neutrales
pero advierto que será así
aunque no traten de torturas y cárceles
u otros tópicos que al parecer
resultan insoportables a los neutros

será así aunque traten de mariposas y nubes
y duendes y pescaditos

Mario Benedetti

 

TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

Mario Benedetti

 

TE QUIERO

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

    si te quiero es porque sos
    mi amor mi cómplice y todo
    y en la calle codo a codo
    somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

    si te quiero es porque sos
    mi amor mi cómplice y todo
    y en la calle codo a codo
    somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

    si te quiero es porque sos
    mi amor mi cómplice y todo
    y en la calle codo a codo
    somos mucho más que dos

Mario Benedetti

 

TEORÍA Y PRÁCTICA

Señoras y señores
hoy trataremos del imperialismo
tema difícil si los hay
y a veces engorroso de sitiar
en sólo media hora de pésimas noticias

en consecuencia intentaré abordarlo
tal como en un pasado alegre y misterioso
se solía abordar los bajeles piratas
quiero decir
                de un modo irregular

digamos por ejemplo
que una campana suena a lo lejos mansa
y purifica el diálogo y se queda
como el sol en las copas de los árboles

a pesar del calor el horizonte
se pone su bufanda
y unos pájaros sueltos y agilísimos
la recorren
                y no son golondrinas

nada de eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que una muchacha quiebra la mañana
con sus caderas móviles
sus ojos perentorios
sus labios de cosecha
su paso que no pasa
y el muchacho espera invencible y modesto
la incluye en su destino la estudia poro a poro
y así centineleándola
                se atreve o no se atreve

tampoco eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que un niño escucha el mundo y decidiéndose
le echa su bocanada de candor
aprende cómo son sus pies y se los come
discute con el techo y lo convence
llora para variar y porque sabe
que a su alarido comparece el seno
con su promesa láctea y esa piel
que le gusta sentir junto a los párpados
y sabe que es feliz aunque no sepa
qué precio va a pagar o qué desprecio

tampoco eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que un viejo está aprendiendo el alfabeto
y clave en su memoria los diptongos
y las esdrújulas que son tan cómodas
porque llevan acento indiscutible
tiene rostro de cuáquero este viejo
pero el alma la tiene de resorte
y escribe llubia porque en su campito
nunca vio que lloviera con ve corta

tampoco eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que una máquina late en el delirio
dice ruidosamente su producto
y las manos lo ayudan lo enderezan
lo limpian lo acicalan y lo envasan
manos que se conocen hace años
y hace años se mojan y se secan
se dan la bienvenida y los adioses
se preguntan se llaman se responden
se apoyan en la máquina materna
que dice su producto y carraspea
y cuando las ve juntas veteranas
suelta dos o tres lágrimas de aceite

tampoco eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que en la serena noche conyugal la pareja
hizo un hijo porque le dio la gana
y le ha dado la gana porque sabe
que un hijo es el profeta cotidiano
irá anunciándolos de sol a sol
irá diciendo a todos que es un hijo
y se alimentará con insolente
apetito y probará la patria
como si fuera pan caliente y nuevo

tampoco eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que la frontera pierde sus aduanas
y hasta nos invadimos los unos a los otros
nos prestamos volcanes y arroyitos
y cobre y antropólogos y azúcar
y lana y proteínas y arcoiris
y alfabetizadores y durmientes
y poetas y prosistas y petróleo
y el contrabando queda para el viento
y para los amantes migratorios

tampoco eso es el imperialismo

digamos por ejemplo
que la lluvia y el sol nos pertenecen
también el sobrecielo y el subsuelo
las provincias de nuestro corazón
y el territorio de nuestro trabajo

somos iguales ante los iguales
en un mundo de pares y sin otros
una linda locura de los cuerdos
y cierta estratagema de justicia
vamos poniendo tildes a presagios
que se cumplieron o se están cumpliendo
en un comienzo fuimos sólo islas
ahora somos urgentes archipiélagos

tampoco eso es el imperialismo

y digamos por último
que tenemos la noche y nuestra casa
y un reloj que no cuenta hacia la muerte
la ciencia avanza tanto que ha logrado
aislar el virus de la xenofobia
y la patria es ahora un salado bautismo
que va de mar a mar
y los abismo siguen existiendo
aunque nadie se arroje a su silencio

siempre es duro vivir pero se vive
dentro de las esclusas de la vida

y una vez más afirmo
nada de esto es el imperialismo

confío no haber sido demasiado sectario
en el enfoque teórico del tema

señoras y señores
acaba de avisarme un compañero
que afuera nos esperan los señores gendarmes
tal vez para brindarnos alguna clase práctica

deseémonos coraje
y buena suerte

he dicho muchas gracias

Mario Benedetti

 

TODAVÍA

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más todavía

Mario Benedetti

 

UN PADRENUESTRO LATINOAMERICANO

Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
como se llega al sur de Río Grande

Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos dondequiera que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver la uñas
sucias de la miseria

en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo

cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad

sin embargo una vez cada
tanto tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer
así en tu omnipresencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora

pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a su pájara
en los cancilleres que murmuran yes sir
en cada mano que se convierte en puño

claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día

ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos

a más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro

poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores

todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta

no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido

ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y el amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.

Mario Benedetti

YO NO TE PIDO (Mario Benedetti)


Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
solo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.
yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tu quieras
las palomas que suelo mirar.
De lo pasado no lo voy a negar
el futuro algún día llegara
y del presente
que le importa a la gente
si es que siempre van a hablar.
Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar.
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
solo te pido que mi espacio
llenes con tu luz


TODAVÍA (Mario Benedetti)


No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que la cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
por que estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y anunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrás dudas ni resabios
te querré más
todavía


NO ES QUE MUERA DE AMOR (Jaime Sabines)

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.


Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.


ESPERO CURARME DE TI (Jaime Sabines)


Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante.
En una semana se puede reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra
y se les puede prender fuego.
Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes
que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama.
(Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo:
"que calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?",
"se te hizo de noche"...
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías,
te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras:
guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura.
No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas.
Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio
para entrar a un panteón.


ALLÍ DONDE TE ENCUENTRES

 Donde estés te acompaño.
Tiendo mi ser como el más delicado viento,
la más fragante música de cuerdas,
el más tibio topacio de la tierra.


Donde quiera que estés
sentada o en el aire...
Allí donde te encuentres
mi mano te acompaña...
te rodea su tráfico de seda
paseando tu piel,
hablando sin palabras.


Defendiendo el amor
que no ha empezado
pero crece de azul
como los cielos...
Donde quiera que estés
recibe mi esperanza..


YA NO


Ya no me habitará tu ausencia.
No estarás en mí.
No.
No te veré en mi puerta
que abriste sin permiso
y cerraste.
conmigo
fatalmente en vos.
¿Alivio sin fin
no esperar ya
que cobijes mi estatura.
que tu abrazo épico
nos comulgue?
¿Paz.
no tener sed
de verte extendido:
libertad-deleite-poesía-?
No.
Es dolor seco.
Dolor animal.
Llanto de Dios.
Por el amor estéril.
Por el amor que no.
Por el no amor.
Por el amor que me tendrás siempre.
Por el amor
prendido a mi raíz.
Pero la vida quiere vida
para estos ojos míos
que inmensos te miraron.
Y otros ojos me miran.
cuando abren esta puerta
que abriste
y cerraste
sin permiso.
Y yo.miro
los ojos nuevos
Mientras
Dios
llora en mis entrañas.


DAME Y DEJA. (Elizabeth)

Dame tu voz
Deja que acune tu aliento
para que se arrullen mis besos
Dame tu distancia corta
Deja que mis manos te busquen
para que tu piel florezca
Dame tu prisa
Deja que el viento
De mi fuego te ame
para que se busquen
nuestros sueños.
Dame tu ilusión de capullo
para que tu amor
no sea la mariposa furtiva
que deja en mis ojos
los colores del iris de tu cielo.
Deja que el agua corra
que la brisa se detenga
en tus cabellos
que la lluvia te siga enamorando
con las primeras canas
que llegan a tu alma.
Dame el aliento de tu voz
que fue niña
Dame el primer café caliente
con tus besos madrugados
Vuelve a mi con tu primera prisa
con tu pálida risa
Vuelve a mi con tu dame y deja


EL ARBOL DE LOS AMIGOS

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado,
viendo muchas lunas pasar,
mas otras apenas vemos entre un paso y otro.


A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.


Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo
papá y nuestra amiga mamá,
que nos muestra lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos
nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.


Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos
y deseamos el bien.


Mas el destino nos presenta a otros amigos,
los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, son verdaderos.
Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.


Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón
y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios,
saltos a nuestros pies.


Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estamos cerca.


Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando
el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.


El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y
perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano
y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron
continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando
se cruzaron en nuestro camino.


Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud,
suerte y prosperidad. Hoy y siempre...
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de si y se lleva un poco de nosotros.


Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrá de los que no nos dejaran nada.


Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y
la prueba evidente de que Dos almas
no se encuentran por casualidad.

JORGE LUIS BORGES


TE EXTRAÑO

En medio del sonido de la noche, mi ser aclama por ti.
El brillo de el silencio y la luz de la oscuridad,
quieren una palabra tuya.
La música de los grillos del campo son la medicina
para aliviar mi sueño.
El canto perfecto es escuchar tu voz al ritmo de la
pasión y al de la armonía de lo que por tí siento.


El agua brillante de la luna, cae sobre tu contorno
como rocío en las plantas; la hermosa luz que me
hace soñar con verte.
Tus cartas son como caricias en el viento, estas me
consuelan cuando estoy sola y ansío tacarte.
Pensar en tí, no son mas que suspiros en el viento;
y como sombra en el espejo, ansío mirarte.


Decirle a la inmensidad "Te extraño" no es mas que
decir nada; esa palabra no tiene significado si no
es entendida por tu mente y escuchada por tus oidos.
Te necesito con el cuerpo y con el espíritu, te
deceo... te amo.


Tus besos son mi adicción y tus palabras son mi fuerza.
Con un grito te deceo, te quiero, te amo... eso es
lo que quiere dar a entender mi canto de esperanza.


Los rayos caen a golpe con el suelo, y cran un
sonido llamado "Trueno"; que coincidencia que
cunando sueño contigo pasa algo semejante, pero este
sonido, es llamado "Realidad".
Esa es la condena que me toca vivir por amarte y me
gusta, ya que le dá un toque mágico a mi vida.
Ese toque mágico se lo dá tu corazón, el cual poco a
poco mas me conquista.


Tamara Glz.


EUFORIA


Tu presencia, mi razon
Tu silencio, mi universo
Eres todo
Eres mi sol, mi luna
Eres el momento
La pregunta y la respuesta
eres el principio eres el final


Todas las lagrimas
Todas las sonrisas
Todo es por ti
Todos mis segundos
Todos mis momentos
Todo grita tu nombre
Todo tiene tu olor


Hoy te doy mi vida
Sin ti esta perdida
Yo ya no la quiero
Si no estas tu ahí.


Eres mi silencio
Mi grito ahogado
Que dice te amo


No cabe tanta emocion en mi alma
Estalla
Grita
Te encontre!!
Y tu sientes igual


Todo un mundo
Un universo
Que tiene un motivo
Por que estas en el


Por que te amo,Por que me amas
No se puede ser mas feliz
No se puede vivir mas intenso
Es amor
Es amor de dos
Tu dudaste alguna vez?
Porque aun despues de la lluvia
o aun en medio de la oscuridad
con un mundo en contra
Hallaremos una forma
de volver uno al otro
Hasta no separarnos jamas
Encontre entre tus brazos
el significado de hogar


Grita
estalla
Llora
Rie
Es asi
es amor
es locura
estamos juntos
separados pero unidos
no hay distancias
no hay mas gente
en este mundo
solo estamos tu y yo.


NO VOLVERÁS A SER LA SAL DE MIS LAGRIMAS


No volverás a se la sal de mis lágrimas,
aunque me lleve en mi boca el sabor de tus labios,
ni siquiera mo alma volará nerviosa
dentro de tu aire callado que me envuelve.
Ahora, cuando más te necesito, nadie,
ni siquiera tú, me devuelve amor.


Ahora es mayor el peso de mis cejas,
mi mirada ya no busca el infinito,
ya no quedo en el vacío que tu dejas,
ni puedes imaginar lo que te necesito.


Ahora me golpea la dureza de tanta gente


a la que he dedicado mi tiempo,
mis lágrimas, mis versos,
esas almas de amor indigente
y crueles tumores de malos vientos.
No volverás a se la sal de mis lágrimas.


Sin Título

Juega mi corazón con el aquí y el ahora
porque estás aquí
cuando navego a la deriva
en la corriente sin escape.
Porque, es ahora, cuando mi nombre
no es ni presente, ni pasado, ni futuro en tí.
Pero está escondido en el vacío de tu olvido.
El aquí y el ahora no son míos
Tampoco tú,
pero el aquí, y el ahora y tú
lloran mis espacios
cubren mi tiempo
son mi comienzo
serán mi fin
tu eres
aquí
ahora
allá
después



AUNQUE

Aunque mis lagrimas demuestren una verdad errada
Yo te seguiré esperando.


Aunque los días no quieran mimarnos
Yo te seguiré deseando.


Aunque estas letras no formen melodías en tus ojos
Yo te seguiré dibujando.


Aunque el mañana se nuble de oportunidades.
Yo te seguiré buscando.


Porque fuiste y serás mi verdadero amor en vida
Porque atesoras mi alma con tu partida
Porque tu presencia ahuyenta mis sentidos
Porque siento este dolor compartido
Porque tus labios perdieron mi poesía
Porque anhelo tu amor de vitamina.



Macarena Russo.


VALE LA PENA VIVIR

Me siento solo, nada me sale bien,
necesito soñar, necesito amar,
como si esto estuviera tan lejos
pensando que es inalcanzable.


A veces pienso si vale la pena vivir
atormentándome por lo que soy,
escucho música y todas las canciones
me resultan triste.


A veces pienso si vale la pena vivir
pensando siempre en un futuro
que no se si llegará, y a su vez
desperdiciando el presente.


A veces pienso si vale la pena vivir
sin haber encontrado el verdadero amor
rezando por las noches y tratando de encontrar
la respuesta a este insospechado enigma


A veces pienso si vale la pena vivir
sin haber encontrado la felicidad
sin valorar los pequeños momentos
arrepintiéndome de seguro, algun dia de estos.


A veces pienso si vale la pena vivir
a veces pienso si vale vivir
a veces pienso en terminar todo ahora
a veces pienso; siempre lo pienso


Quizas no seran las mejores rimas del mundo, pero lo
que dice en este poema lo escribio mi corazón.


TE QUIERO.

Te quiero ¿por que no decirlo?,te quice
creí en tus palabras y creí en tus besos
te quice ¿por que no decirlo?
hoy se que me mentiste, para mi es un dolor
profundo punzante y eterno,
te quice ¿por que no decirlo? como solo se ama al
amor primero,
y a pesar de todo el mal que me hiciste,
¿por que no decirlo?...te quice y te quice y te
quiero.



Romina Benaglia.


COMO NOSOTROS

Es increible como me siento en tus brazos.
Como me pierdo en tus ojos, ni hablar en tus labios.
Dicen que debes ser galante, regalarme flores o
escribirme una carta de amor.


Pero vos sos asi. Y asi te amo. Con tu dulzura.
Con tus silencios.


Cuando me hablas yo enmudesco.
Jamás me olvidaré cuando temerosa de mi sentimiento
me atreví a decirte:
Sabes? Es la primera vez que me enamoro asi.


Claro. Tal vez esperaba que me digas que la tuya también.
Pero me dijiste:


Sabes? Es la única vez que me enamoro asi.


Nos amamos. Es suficiente.
Entiendo que nuestro amor es único.
Como nosotros.


DEJAR DE AMARTE.. NO PODRÉ

No se como explicar esto que siento,
es tan triste saber que no te tengo.
La esperanza se ha ido ,la fe la he desaparecido.
Tu amor no he obtenido,el calor me agobia,
las lágrimas me inundan,
mi alma destinada a esperarte estaba.


Ya no puedo mas acercarme a ti ,es aferrarse a la fé,
a la esperanza que al poderte ver,
hace que me convenza a buscar algo cercano al amor.


Me pongo a pensar que seria calor de estar en tus
brazos ,amor de tenerte en los mios.


Adios amor mío no fue mi descición, fue necesario
haber huido, y comienza a extrañarte mi corazon.


El tiempo habia pasado y a ti me habia aferrado,
por lo mismo no has podido ser olvidado.
No quiero darme cuenta que a mi lado no estas,
a la idea no me hago que ahora faltaras.
Mi esperanza contigo, la fé que habia tenido,
poco a poco ambos han desaparecido.


Un hasta pronto hubiera sido mejor,
pero dijimos adiós,
cometimos grave error.


EXTRAÑANDOTE ESTARE,
DE PENSAR EN TI NO DEJARE
Y CREEME ;
DEJAR DE AMARTE NO PODRE.


Sin Título

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Sin Título

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites

Sin Título

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.


Mario Benedetti


Sin Título


Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.


Sin Título


Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

Sin Título

Si a mí me hubieran dicho
Que iba a llegar el día en que los dos
Fuéramos mas que simples amigos
No lo hubiera creído
Si me hubieran dicho
Que iba a llegar el día
En que mis ojos
Pudieran apreciar los tuyos
No lo hubiera creído
Si a mí me hubieran dicho
Que iba a llegar el día
En el que yo cobijara tus labios con mis besos
No lo hubiera creído.
Y no hubiera creído
Si a mi me hubieran dicho
Que iba a llegar el día
En el que yo pueda acariciar y disfrutar de tu belleza.

Sin Título

A VECES LLUEVE
A VECES HACE CALOR
PERO ALGO ES SEGURO
QUE SINCERO ES MI AMOR

CUANDO VEO EL SOL O
CUANDO VEO LAS ESTRELLAS
ESTOY VIENDO TU SONRISA
EN CADA UNA DE ELLAS

EN ESTE SENTIMIENTO
HAY ALGO FATAL
Y LO FATAL ES
QUE NO LO PUEDO CONTROLAR

Y NO LO PUEDO CONTROLAR
PORQUE FUERTE ES MI SENTIMIENTO
Y MI CORAZON ME INDICA
QUE ES LO QUE YO SIENTO.

CADA GOTA DE LLUVIA
ES UNA LAGRIMA MIA
QUE SIEMPRE POR TI CAE
Y RUEDA POR MI MEJILLA

CADA VEZ QUE EL SOL BRILLE
ES POR QUE ESTOY CONTENTO
Y TODO ESTO SE DEBE
A QUE TU AMOR YO TENGO

Y POR SINO LO SABIAS
ALGO TE VOY A CONTAR
Y ES QUE CUANDO NIEVA
ES PORQUE TE VOY A EXTRAÑAR

QUIERO QUE SEPA EL MUNDO
ESTO QUE TÉ DIRE
Y ES QUE TODA MI VIDA
POR SIEMPRE TE AMARE

POEMA 1

 

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

 

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros

y en mí la noche entraba su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

 

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!

Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

 

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 2

 

En su llama mortal la luz te envuelve.

Absorta, pálida doliente, así situada

contra las viejas hélices del crepúsculo

que en torno a ti da vueltas.

 

Muda, mi amiga,

sola en lo solitario de esta hora de muertes

y llena de las vidas del fuego,

pura heredera del día destruido.

 

Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.

De la noche las grandes raíces

crecen de súbito desde tu alma,

y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,

de modo que un pueblo pálido y azul

de ti recién nacido se alimenta.

 

Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava

del círculo que en negro y dorado sucede:

erguida, trata y logra una creación tan viva

que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 3

 

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,

lento juego de luces, campana solitaria,

crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca,

caracola terrestre, en ti la tierra canta!

 

En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye

como tú lo desees y hacia donde tú quieras.

Márcame mi camino en tu arco de esperanza

y soltaré en delirio mi bandada de flechas.

 

En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla

y tu silencio acosa mis horas perseguidas,

y eres tú con tus brazos de piedra transparente

donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.

 

Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla

en el atardecer resonante y muriendo!

Así en horas profundas sobre los campos he visto

doblarse las espigas en la boca del viento.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 4

 

Es la mañana llena de tempestad

en el corazón del verano.

 

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,

el viento las sacude con sus viajeras manos.

 

Innumerable corazón del viento

latiendo sobre nuestro silencio enamorado.

 

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,

como una lengua llena de guerras y de cantos.

 

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca

y desvía las flechas latientes de los pájaros.

 

Viento que la derriba en ola sin espuma

y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.

 

Se rompe y se sumerge su volumen de besos

combatido en la puerta del viento del verano.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 5

 

Para que tú me oigas

mis palabras

se adelgazan a veces

como las huellas de las gaviotas en las playas.

 

Collar, cascabel ebrio

para tus manos suaves como las uvas.

 

Y las miro lejanas mis palabras.

Más que mías son tuyas.

Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

 

Ellas trepan así por las paredes húmedas.

Eres tú la culpable de este juego sangriento.

 

Ellas están huyendo de mi guarida oscura.

Todo lo llenas tú, todo lo llenas.

 

Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,

y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.

 

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte

para que tú las oigas como quiero que me oigas.

 

El viento de la angustia aún las suele arrastrar.

Huracanes de sueños aún a veces las tumban.

 

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.

Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.

Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.

Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.

 

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.

Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.

 

Voy haciendo de todas un collar infinito

para tus blancas manos, suaves como las uvas.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 6

 

Te recuerdo como eras en el último otoño.

Eras la boina gris y el corazón en calma.

En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.

Y las hojas caían en el agua de tu alma.

 

Apegada a mis brazos como una enredadera,

las hojas recogían tu voz lenta y en calma.

Hoguera de estupor en que mi sed ardía.

Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

 

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:

boina gris, voz de pájaro y corazón de casa

hacia donde emigraban mis profundos anhelos

y caían mis besos alegres como brasas.

 

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.

Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!

Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.

Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 7

 

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes

a tus ojos oceánicos.

 

Allí se estira y arde en la más alta hoguera

mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago.

 

Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes

que olean como el mar a la orilla de un faro.

 

Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,

de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.

 

Inclinado en las tardes echo mis tristes redes

a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.

 

Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas

que centellean como mi alma cuando te amo.

 

Galopa la noche en su yegua sombría

desparramando espigas azules sobre el campo.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 8

 

Abeja blanca zumbas —ebria de miel— en mi alma

y te tuerces en lentas espirales de humo.

 

Soy el desesperado, la palabra sin ecos,

el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.

 

Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.

En mi tierra desierta eres la última rosa.

 

Ah silenciosa!

 

Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche.

Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.

 

Tienes ojos profundos donde la noche alea.

Frescos brazos de flor y regazo de rosa.

 

Se parecen tus senos a los caracoles blancos.

Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.

 

Ah silenciosa!

 

He aquí la soledad de donde estás ausente.

Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.

 

El agua anda descalza por las calles mojadas.

De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.

 

Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.

Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.

 

Ah silenciosa!

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 9

 

Ebrio de trementina y largos besos,

estival, el velero de las rosas dirijo,

torcido hacia la muerte del delgado día,

cimentado en el sólido frenesí marino.

 

Pálido y amarrado a mi agua devorante

cruzo en el agrio olor del clima descubierto,

aún vestido de gris y sonidos amargos,

y una cimera triste de abandonada espuma.

 

Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única,

lunar, solar, ardiente y frío, repentino,

dormido en la garganta de las afortunadas

islas blancas y dulces como caderas frescas.

 

Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos

locamente cargado de eléctricas gestiones,

de modo heroico dividido en sueños

y embriagadoras rosas practicándose en mí.

 

Aguas arriba, en medio de las olas externas,

tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos

como un pez infinitamente pegado a mi alma

rápido y lento en la energía subceleste.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 10

 

Hemos perdido aun este crepúsculo.

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas

mientras la noche azul caía sobre el mundo.

 

He visto desde mi ventana

la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

 

A veces como una moneda

se encendía un pedazo de sol entre mis manos.

 

Yo te recordaba con el alma apretada

de esa tristeza que tú me conoces.

 

Entonces, dónde estabas?

Entre qué gentes?

Diciendo qué palabras?

Por qué se me vendrá todo el amor de golpe

cuando me siento triste, y te siento lejana?

 

Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,

y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.

 

Siempre, siempre te alejas en las tardes

hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 11

 

Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas

la mitad de la luna.

Girante, errante noche, la cavadora de ojos.

A ver cuántas estrellas trizadas en la charca.

 

Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye.

Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas,

mi corazón da vueltas como un volante loco.

Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos,

a veces fulgurece su mirada debajo del cielo.

Quejumbre, tempestad, remolino de furia,

cruza encima de mi corazón, sin detenerte.

Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta.

Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella.

Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga.

Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas.

Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio,

ah nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas.

 

Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos,

es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría.

Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas

para qué tocarla ahora, para qué entristecerla.

Ay seguir el camino que se aleja de todo,

donde no esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,

con sus ojos abiertos entre el rocío.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 12

 

Para mi corazón basta tu pecho,

para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma.

 

Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las corolas.

Socavas el horizonte con tu ausencia.

Eternamente en fuga como la ola.

 

He dicho que cantabas en el viento

como los pinos y como los mástiles.

Como ellos eres alta y taciturna.

Y entristeces de pronto, como un viaje.

 

Acogedora como un viejo camino.

Te pueblan ecos y voces nostálgicas.

Yo desperté y a veces emigran y huyen

pájaros que dormían en tu alma.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 13

 

He ido marcando con cruces de fuego

el atlas blanco de tu cuerpo.

Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose.

En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta.

 

Historias que contarte a la orilla del crepúsculo,

muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste.

Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre.

El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal.

 

Yo que viví en un puerto desde donde te amaba.

La soledad cruzada de sueño y de silencio.

Acorralado entre el mar y la tristeza.

Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles.

 

Entre los labios y la voz, algo se va muriendo.

Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido.

Así como las redes no retienen el agua.

Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando.

Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces.

Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca.

Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría.

Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco.

Triste ternura mía, qué te haces de repente?

Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío

mi corazón se cierra como una flor nocturna.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 14

 

Juegas todos los días con la luz del universo.

Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.

Eres más que esta blanca cabecita que aprieto

como un racimo entre mis manos cada día.

 

A nadie te pareces desde que yo te amo.

Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.

Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?

Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

 

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.

El cielo es una red cuajada de peces sombríos.

Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.

Se desviste la lluvia.

 

Pasan huyendo los pájaros.

El viento. El viento.

Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.

El temporal arremolina hojas oscuras

y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

 

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.

Tú me responderás hasta el último grito.

Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.

Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

 

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,

y tienes hasta los senos perfumados.

Mientras el viento triste galopa matando mariposas

yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

 

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,

a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.

Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos

y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

 

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.

Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.

Hasta te creo dueña del universo.

Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,

avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

 

Quiero hacer contigo

lo que la primavera hace con los cerezos.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 15

 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.

 

Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía.

 

Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.

 

Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

 

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 16

 

Paráfrasis a R. Tagore

 

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube

y tu color y forma son como yo los quiero.

Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,

y viven en tu vida mis infinitos sueños.

 

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,

el agrio vino mío es más dulce en tus labios:

oh segadora de mi canción de atardecer,

cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

 

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa

de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.

Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo

estanca como el agua tu mirada nocturna.

 

En la red de mi música estás presa, amor mío,

y mis redes de música son anchas como el cielo.

Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.

En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 17

 

Pensando, enredando sombras en la profunda soledad.

Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie.

Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes,

enterrando lámparas.

Campanario de brumas, qué lejos, allá arriba!

Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías,

molinero taciturno,

se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.

 

Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa.

Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti.

Mi vida antes de nadie, mi áspera vida.

El grito frente al mar, entre las piedras,

corriendo libre, loco, en el vaho del mar.

La furia triste, el grito, la soledad del mar.

Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.

 

Tú, mujer, qué eras allí, qué raya, qué varilla

de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.

Incendio en el bosque! Arde en cruces azules.

Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz.

Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.

Y mi alma baila herida de virutas de fuego.

Quien llama? Qué silencio poblado de ecos?

Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad,

hora mía entre todas!

 

Bocina en que el viento pasa cantando.

Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo.

Sacudida de todas las raíces,

asalto de todas las olas!

Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.

 

Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad.

Quién eres tú, quién eres?

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 18

 

Aquí te amo.

En los oscuros pinos se desenreda el viento.

Fosforece la luna sobre las aguas errantes.

Andan días iguales persiguiéndose.

 

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.

Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.

A veces una vela. Altas, altas estrellas.

 

O la cruz negra de un barco.

Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.

Suena, resuena el mar lejano.

Este es un puerto.

Aquí te amo.

 

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.

Te estoy amando aún entre estas frías cosas.

A veces van mis besos en esos barcos graves,

que corren por el mar hacia donde no llegan.

 

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.

Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.

Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.

Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

 

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.

Pero la noche llega y comienza a cantarme.

La luna hace girar su rodaje de sueño.

 

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.

Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 19

 

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,

el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,

hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos

y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

 

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras

de la negra melena, cuando estiras los brazos.

Tú juegas con el sol como con un estero

y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

 

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.

Todo de ti me aleja, como del mediodía.

Eres la delirante juventud de la abeja,

la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

 

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,

y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.

Mariposa morena dulce y definitiva

como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

 

Pablo Neruda, 1924

 

POEMA 20

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

 

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

 

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

 

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.

 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

 

Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,

y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

Pablo Neruda, 1924

 

"Soy yo cuando"...

 

Soy yo cuando río.

Soy yo cuando canto.

Soy yo cuando abrazo

y beso a quienes quiero.

Soy yo cuando doy

lo mejor de mí a quienes la vida

me pones enfrente.

 

Soy yo cuando tomo las cosas

con buen humor.

Soy yo cuando sufro, crezco

y aprendo.

Soy yo cuando me siento feliz.

Pero cuando estamos juntos

Dejo de ser yo

Y mi vida se completa

con vos.

 

POR QUE ME ENAMORE DE TI

 

Esto no es ninguna explicación,

ni mucho menos una acusación,

es una justificación.

 

Me enamore de ti porque eres hermosa por dentro, y esto se ve hasta el final del espejo.

 

Me enamore de ti por tu dulzura, y tu amargura.

 

Me enamore de ti por tu inocencia, porque derramas cadencia.

 

Me enamore de ti porque eres sencilla, y porque eres bajita.

 

Me enamore de ti por tu corazón grande, por tu calor que arde.

 

Me enamore de ti por tus ojos profundos, porque me llevan al fondo.

 

Me enamore de ti por tu negro cabello, por el suspiro que llevas dentro.

 

Me enamore de ti porque comprendes, y no esperas a que te lleven.

 

Me enamore de ti por tu fuerza, porque en tu valor llevas la ofensa.

 

Me enamore de ti por tu paciencia, y por tu falta de insolencia.

 

Me enamore de ti por tus manos firmes, porque me alegras cuando ríes.

 

Me enamore de ti por tu aroma, que seduce hasta la misma luna si se asoma.

 

Me enamore de ti porque abrazas fuerte, y descubres si alguien miente.

 

Me enamore de ti porque eres capaz, porque vives sin compás.

 

Me enamore de ti porque eres tu, porque sudas igual que yo,

porque sufres y sientes, porque ríes y lloras, porque tomas y dejas,

por eso me enamore de ti, porque existe aquí y ahora,

y porque ahora yo respiro por ti.

 

Del Amor

Autor: Ben Al Hazim

 

Llegará un día,

en el que encontrarás

al amor.

 

No le pongas una sola

condición.

 

No dudes ni un instante,

entrégate a él con todas

tus fuerzas.

 

Confía ciegamente en él,

y comparte todos tus sueños

todos tus éxitos y fracasos.

 

Más recuerda que el

verdadero amor llega

una sola vez, y en él

se juega toda tu

dicha, toda tu

razón de existir.

 

El amor

Autor :Ben Al Hazim

 

Habrá un momento en tu vida, en el cual sentirás,

que todo en tí se transforma, comprenderás en un

instante todos los secretos de la naturaleza, sentirás

como propio el eterno romance entre la playa y el

mar, verás toda la hermosura que encierra el vuelo

libre de una gaviota. Será el día que esté frente a tí el

amor, muéstrate frente a el tal cual eres, no intentes

recurrir a ninguna falsedad, a ninguna mentira, pues

sería a tí mismo a quien engañaras.

 

Bríndate en un todo, sin tiempo ni medidas, sin

cálculos ni temores puesto que en él puedes confiar

como nunca antes lo habías hecho.

 

Más no intentes ponerle ningún tipo de cadena,

puesto que es imposible que se conciba un verdadero

amor sin libertad; sufrirás muchas caídas, muchos

golpes, pero no desanimes, el amor te dará toda la

fuerza necesaria para que puedas levantarte y seguir

más seguro hacia adelante. Se sumamente amigo de

tu amor, confíale todos tus secretos, todos tus

proyectos y puedes estar seguro: no hay montaña

infranqueable, camino imposible, pensamiento

irrealizable si lo realizas acompañado de tu amor.

 

Corazón Coraza

Mario Benedetti

 

Porque te tengo y no

Porque te pienso

Porque la noche está de ojos abiertos

porque la noche pasa y digo amor

porque has venido a recoger tu imagen

y eres mejor que todas tus imagenes

porque eres linda desde el pie hasta el alma

porque eres buena desde el alma a mí

porque te escondes dulce en el orgullo

pequeña y dulce

corazón coraza

Porque eres mía

porque no eres mía

porque te miro y muero

y peor que muero

si no te miro amor

si no te miro

porque tu siempre existes donde quiera

pero existes mejor donde te quiero

porque tu boca es sangre

y tienes frío

tengo que amarte amor

aunque esta herida duela como dos

aunque te busque y no te encuentre

y aunque

la noche pase y yo te tenga

y no.

 

Viceversa

Mario Benedetti

 

Tengo miedo de verte

necesidad de verte

esperanza de verte

desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte

preocupación de hallarte

certidumbre de hallarte

pobres dudas de hallarte

Tengo urgencia de oírte

alegría de oírte

buena suerte de oírte

y temores de oírte

o sea

resumiendo

estoy jodido

y radiante

quizá más lo primero

que lo segundo

y también viceversa

 

Pasión Suprema

Alberto Baeza Flores

 

Una sed infinita nos acercó en la noche

y una pasión suprema pobló la soledad.

Cada beso quemó un más dévil reproche

... y la lluvia seguía cayendo en la ciudad.

Mi mano desnudó tu cuerpo, sugerente,

y te miré perfecta en la infiel claridad.

Florecía en deseo como la selva ardiente

... y la lluvia seguía cayendo en la ciudad.

Mis manos fueron lentas al señir tus caderas;

al tenerte en mis brazos tembló la eternidad.

Eras como el aroma de veinte primaveras

... y la lluvia seguía cayendo en la ciudad.

Como el que a tanta dicha aún no se acostumbra

tu flor de amor fue mía y tuya mi ansiedad.

Eras como un aurora de amor en la penumbra

... y la lluvia seguía cayendo en la ciudad.

 

Te quiero

Roy Croft

 

Te quiero

no sólo por lo que eres,

sino por lo que soy

cuando estoy contigo.

Te quiero

no sólo por lo que

has hecho de tí

sino por lo que está haciendo por mí.

Te quiero por poner tu mano

en mi corazón colmado,

y pasar por alto

todas las cosas débiles, tontas,

que eran inevitables

ver allí.

Te quiero

porque tú me estás ayudando a hacer

de la manera de mi vida,

no una taberna

sino un templo, de todos los días,

no un reproche

sino una canción.

Te quiero

porque has conseguido

lo que nadie

pudo haber hecho

para hacerme bueno,

y lo que ningún destino

pudo haber hecho

para hacerme feliz.

Tú lo has hecho,

sin un toque,

sin una palabra,

sin una señal.

 

Te quiero a ti

Ahbid El Jalim

 

La vida es más dulce,

más intensa,

cuando estoy contigo.

Es lindo que alguien te quiera,

alguien con quien compartir,

alguien a quien respetar y admirar,

pero por sobre todas las cosas,

alguien a quien amar.

 

TE DIGO ADIOS

 

Te digo adios

y acaso te quiero todavia

te digo adios

el mas hermoso sueño de mi vida

Te digo adios

y acaso te quiero todavia

Quiza no he de olvidarte

quiza quiza no te queria

o tal vez nos quisimos demasiado los dos

este cariño triste apasionado y loco

me lo sembre en el alma

para quererte a ti

no se si te ame mucho no se si te ame poco

pero si se que nunca volvere a amar asi

me llevo tu sonrisa

dormida en mis recuerdos

y el corazon me dice

que no te olvidare

pero al sentirme solo

sabiendo que te pierdo

tal vez empiezo a amarte

como jamas te ame

te digo adios

y acaso con esta despedida

mi mas hermoso sueño

muere dentro de mi

pero te digo adios

para toda la vida

aunque toda la vida

siga pensando en ti.

 

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