INTRODUCCION:
Habia una vez una niñita sentada en una plaza.
Todos le pasaban por al lado y nunca nadie se
detenia a preguntarle que le ocurria.
Vestida con un traje descolorido, zapatos rotos y
sucios, la pequeña niña se quedaba sentada mirando a
todo el mundo pasar.
Ella nunca trató de hablar, no dijo una palabra.
Muchas personas pasaron pero nadie se detuvo.
Al dia siguiente decidí volver a la plaza a ver si
la pequena niña todavía estaba allí.
Sí, ahí estaba. En el mismo lugar en el que estaba ayer.
Con la misma mirada de tristeza en sus ojos.
Me dirigí hacia ella; al acercarme noté que en su
espalda había una joroba.
Ella me miró con una tristeza tan profunda que me
rompió el alma.
Me senté a su lado y sonriendo le dije: "hola".
La pequeña me miró sorprendida y con una voz muy
baja respondió a mi saludo.
Hablamos hasta que los últimos rayos de sol desaparecieron.
Cuando solo quedábamos nosotros dos y la oscuridad
alrededor, le pregunté por que estaba tan triste.
La pequeña me miró y con lágrimas en los ojos me
dijo: "Porque soy diferente".
Yo respondí con una sonrisa: "Lo eres".
Y ella dijo aun mas triste: "Lo sé".
Yo le dije: "Pequeña, ser diferente no es malo. Tu
me recuerdas a un angel, dulce e inocente".
Ella me miró, sonrió y por primera vez sus ojos
brillaron con la luz de la alegría.
Despacio, ella se levantó y dijo: "¿Es cierto lo que
acabas de decir?"
"Sí", le respondí, "eres como un pequeño angel
guardián enviado para proteger a todos los que caminan
por aquí".
Ella movió su cabeza afirmativamente y sonrió.
Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió. Su joroba se
abrió y dos hermosas alas salieron de ahí.
Ella me miró sonriente y dijo: "Yo soy tu angel guardian".
No sabía que decir.
Ella me dijo: "Por primera vez pensaste en alguien
mas. Mi misión esta cumplida."
Yo me levanté y pregunté por que nadie la había
ayudado. Ella me miró y sonriendo dijo: "Tu eras la
única persona que podía verme".
Y ante mis ojos desapareció.
Despues de ese encuentro mi vida cambió drásticamente.
Cuando pienses que solo te tienes a tí mismo,
recuerda que tu angel guardian esta siempre pendiente de tí.
Tu misión es:
Regalarle este mensaje a cada persona que quieras.
Puede que le cambies la vida a alguien.
Déjales saber que de una manera o de otra te preocupas por ellos.
Como la historia nos enseña, todos necesitamos a alguien.
Cada uno de tus amigos es a su manera un angel.
El valor de un amigo solo puede ser medido con el corazón.
Cien Sonetos de
Amor
Soneto I
Matilde, nombre de planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.
En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.
Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!
Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.
Soneto II
Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta tu compañía!
Siguen los trenes solos rodando con la lluvia.
En Taltal no amanece aún la primavera.
Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
juntos desde la ropa a las raíces,
juntos de otoño, de agua, de caderas,
hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.
Pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa,
pensar que separados por trenes y naciones
tú y yo teníamos que simplemente amarnos,
con todos confundidos, con hombres y mujeres,
con la tierra que implanta y educa los claveles.
Soneto III
Aspero amor, violeta coronada de espinas,
matorral entre tantas pasiones erizado,
lanza de los dolores, corola de la cólera,
por qué caminos y cómo te dirigiste a mi alma?
Por qué precipitaste tu fuego doloroso,
de pronto, entre las hojas frías de mi camino?
Quién te enseñó los pasos que hasta mí te llevaron?
Qué flor, qué piedra, qué humo mostraron mi morada?
Lo cierto es que tembló la noche pavorosa,
el alba llenó todas las copas con su vino
y el sol estableció su presencia celeste,
mientras que el cruel amor me cercaba sin tregua
hasta que lacerándome con espadas y espinas
abrió en mi corazón un camino quemante.
Soneto IV
Recordarás aquella quebrada caprichosa
a donde los aromas palpitantes treparon,
de cuando en cuando un pájaro vestido
con agua y lentitud: traje de invierno.
Recordarás los dones de la tierra:
irascible fragancia, barro de oro,
hierbas del matorral, locas raíces,
sortílegas espinas como espadas.
Recordarás el ramo que trajiste,
ramo de sombra y agua con silencio,
ramo como una piedra con espuma.
Y aquella vez fue como nunca y siempre:
vamos allí donde no espera nada
y hallamos todo lo que está esperando.
Soneto V
No te toque la noche ni el aire ni la aurora,
sólo la tierra, la virtud de los racimos,
las manzanas que crecen oyendo el agua pura,
el barro y las resinas de tu país fragante.
Desde Quinchamalí donde hicieron tus ojos
hasta tus pies creados para mí en la Frontera
eres la greda oscura que conozco:
en tus caderas toco de nuevo todo el trigo.
Tal vez tú no sabías, araucana,
que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos
mi corazón quedó recordando tu boca
y fui como un herido por las calles
hasta que comprendí que había encontrado,
amor, mi territorio de besos y volcanes.
Soneto VI
En los bosques, perdido, corté una rama oscura
y a los labios, sediento, levanté su susurro:
era tal vez la voz de la lluvia llorando,
una campana rota o un corazón cortado.
Algo que desde tan lejos me parecía
oculto gravemente, cubierto por la tierra,
un grito ensordecido por inmensos otoños,
por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas.
Pero allí, despertando de los sueños del bosque,
la rama de avellano cantó bajo mi boca
y su errabundo olor trepó por mi criterio
como si me buscaran de pronto las raíces
que abandoné, la tierra perdida con mi infancia,
y me detuve herido por el aroma errante.
Soneto VII
"Vendrás conmigo" dije -sin que nadie supiera
dónde y cómo latía mi estado doloroso,
y para mí no había clavel ni barcarola,
nada sino una herida por el amor abierta.
Repetí: ven conmigo, como si me muriera,
y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,
nadie vio aquella sangre que subía al silencio.
Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas!
Por eso cuando oí que tu voz repetía
"Vendrás conmigo" -fue como si desataras
dolor, amor, la furia del vino encarcelado
que desde su bodega sumergida subiera
y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,
de sangre y de claveles, de piedra y quemadura.
Soneto VIII
Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
de día con arcilla, con trabajo, con fuego,
y aprisionada tienes la agilidad del aire,
si no fuera porque eres una semana de ámbar,
si no fuera porque eres el momento amarillo
en que el otoño sube por las enredaderas
y eres aún el pan que la luna fragante
elabora paseando su harina por el cielo,
oh, bienamada, yo no te amaría!
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
y todo vive para que yo viva:
sin ir tan lejos puedo verlo todo:
veo en tu vida todo lo viviente.
Soneto IX
Al golpe de la ola contra la piedra indócil
la claridad estalla y establece su rosa
y el círculo del mar se reduce a un racimo,
a una sola gota de sal azul que cae.
Oh radiante magnolia desatada en la espuma,
magnética viajera cuya muerte florece
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada:
sal rota, deslumbrante movimiento marino.
Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio,
mientras destruye el mar sus constantes estatuas
y derrumba sus torres de arrebato y blancura,
porque en la trama de estos tejidos invisibles
del agua desbocada, de la incesante arena,
sostenemos la única y acosada ternura.
Soneto X
Suave es la bella como si música y madera,
ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
hubieran erigido la fugitiva estatua.
Hacia la ola dirige su contraria frescura.
El mar moja bruñidos pies copiados
a la forma recién trabajada en la arena
y es ahora su fuego femenino de rosa
una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
Que ni el amor destruya la primavera intacta.
Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
deja que tus caderas impongan en el agua
una medida nueva de cisne o de nenúfar
y navegue tu estatua por el cristal eterno.
Soneto XI
Suave es la bella como si música y madera,
ágata, telas, trigo, duraznos transparentes,
hubieran erigido la fugitiva estatua.
Hacia la ola dirige su contraria frescura.
El mar moja bruñidos pies copiados
a la forma recién trabajada en la arena
y es ahora su fuego femenino de rosa
una sola burbuja que el sol y el mar combaten.
Ay, que nada te toque sino la sal del frío!
Que ni el amor destruya la primavera intacta.
Hermosa, reverbero de la indeleble espuma,
deja que tus caderas impongan en el agua
una medida nueva de cisne o de nenúfar
y navegue tu estatua por el cristal eterno.
Soneto XII
Plena mujer, manzana carnal, luna caliente,
espeso aroma de algas, lodo y luz machacados,
qué oscura claridad se abre entre tus columnas?
Qué antigua noche el hombre toca con sus sentidos?
Ay, amar es un viaje con agua y con estrellas,
con aire ahogado y bruscas tempestades de harina:
amar es un combate de relámpagos
y dos cuerpos por una sola miel derrotados.
Beso a beso recorro tu pequeño infinito,
tus márgenes, tus ríos, tus pueblos diminutos,
y el fuego genital transformado en delicia
corre por los delgados caminos de la sangre
hasta precipitarse como un clavel nocturno,
hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra.
Soneto XIII
La luz que de tus pies sube a tu cabellera,
la turgencia que envuelve tu forma delicada,
no es de nácar marino, nunca de plata fría:
eres de pan, de pan amado por el fuego.
La harina levantó su granero contigo
y creció incrementada por la edad venturosa,
cuando los cereales duplicaron tu pecho
mi amor era el carbón trabajando en la tierra.
Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,
pan que devoro y nace con luz cada mañana,
bienamada, bandera de las panaderías,
una lección de sangre te dio el fuego,
de la harina aprendiste a ser sagrada,
y del pan el idioma y el aroma.
Soneto XIV
Me falta tiempo para celebrar tus cabellos.
Uno por uno debo contarlos y alabarlos:
otros amantes quieren vivir con ciertos ojos,
yo sólo quiero ser tu peluquero.
En Italia te bautizaron Medusa
por la encrespada y alta luz de tu cabellera.
Yo te llamo chascona mía y enmarañada:
mi corazón conoce las puertas de tu pelo.
Cuando tú te extravíes en tus propios cabellos,
no me olvides, acuérdate que te amo,
no me dejes perdido ir sin tu cabellera
por el mundo sombrío de todos los caminos
que sólo tiene sombra, transitorios dolores,
hasta que el sol sube a la torre de tu pelo.
Soneto XV
Desde hace mucho tiempo la tierra te conoce:
eres compacta como el pan o la madera,
eres cuerpo, racimo de segura substancia,
tienes peso de acacia, de legumbre dorada.
Sé que existes no sólo porque tus ojos vuelan
y dan luz a las cosas como ventana abierta,
sino porque de barro te hicieron y cocieron
en Chillán, en un horno de adobe estupefacto.
Los seres se derraman como aire o agua o frío
y vagos son, se borran al contacto del tiempo,
como si antes de muertos fueran desmenuzados.
Tú caerás conmigo como piedra en la tumba
y así por nuestro amor que no fue consumido
continuará viviendo con nosotros la tierra.
Soneto XVI
Amo el trozo de tierra que tú eres,
porque de las praderas planetarias
otra estrella no tengo. Tú repites
la multiplicación del universo.
Tus anchos ojos son la luz que tengo
de las constelaciones derrotadas,
tu piel palpita como los caminos
que recorre en la lluvia el meteoro.
De tanta luna fueron para mí tus caderas,
de todo el sol tu boca profunda y su delicia,
de tanta luz ardiente como miel en la sombra
tu corazón quemado por largos rayos rojos,
y así recorro el fuego de tu forma besándote,
pequeña y planetaria, paloma y geografía.
Soneto XVII
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
Soneto XVIII
Por las montañas vas como viene la brisa
o la corriente brusca que baja de la nieve
o bien tu cabellera palpitante confirma
los altos ornamentos del sol en la espesura.
Toda la luz del Cáucaso cae sobre tu cuerpo
como en una pequeña vasija interminable
en que el agua se cambia de vestido y de canto
a cada movimiento transparente del río.
Por los montes el viejo camino de guerreros
y abajo enfurecida brilla como una espada
el agua entre murallas de manos minerales,
hasta que tú recibes de los bosques de pronto
el ramo o el relámpago de unas flores azules
y la insólita flecha de un aroma salvaje.
Soneto XIX
Mientras la magna espuma de Isla Negra,
la sal azul, el sol en las olas te mojan,
yo miro los trabajos de la avispa
empeñada en la miel de su universo.
Va y viene equilibrando su recto y rubio vuelo
como si deslizara de un alambre invisible
la elegancia del baile, la sed de su cintura,
y los asesinatos del aguijón maligno.
De petróleo y naranja es su arco iris,
busca como un avión entre la hierba,
con un rumor de espiga vuela, desaparece,
mientras que tú sales del mar, desnuda,
y regresas al mundo llena de sal y sol,
reverberante estatua y espada de la arena.
Soneto XX
Mi fea, eres una castaña despeinada,
mi bella, eres hermosa como el viento,
mi fea, de tu boca se pueden hacer dos,
mi bella, son tus besos frescos como sandías.
Mi fea, dónde están escondidos tus senos?
Son mínimos como dos copas de trigo.
Me gustaría verte dos lunas en el pecho:
las gigantescas torres de tu soberanía.
Mi fea, el mar no tiene tus uñas en su tienda,
mi bella, flor a flor, estrella por estrella,
ola por ola, amor, he contado tu cuerpo:
mi fea, te amo por tu cintura de oro,
mi bella, te amo por una arruga en tu frente,
amor, te amo por clara y por oscura.
Soneto XXI
Oh que todo el amor propague en mí su boca,
que no sufra un momento más sin primavera,
yo no vendí sino mis manos al dolor,
ahora, bienamada, déjame con tus besos.
Cubre la luz del mes abierto con tu aroma,
cierra las puertas con tu cabellera,
y en cuanto a mí no olvides que si despierto y lloro
es porque en sueños sólo soy un niño perdido
que busca entre las hojas de la noche tus manos,
el contacto del trigo que tú me comunicas,
un rapto centelleante de sombra y energía.
Oh, bienamada, y nada más que sombra
por donde me acompañes en tus sueños
y me digas la hora de la luz.
Soneto XXII
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin
recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angol, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
Soneto XXIII
Fue luz el fuego y pan la luna rencorosa,
el jazmín duplicó su estrellado secreto,
y del terrible amor las suaves manos puras
dieron paz a mis ojos y sol a mis sentidos.
Oh amor, cómo de pronto, de las desgarraduras
hiciste el edificio de la dulce firmeza,
derrotaste las uñas malignas y celosas
y hoy frente al mundo somos como una sola vida.
Así fue, así es y así será hasta cuando,
salvaje y dulce amor, bienamada Matilde,
el tiempo nos señale la flor final del día.
Sin ti, sin mí, sin luz ya no seremos:
entonces más allá del la tierra y la sombra
el resplandor de nuestro amor seguirá vivo.
Soneto XXIV
Amor, amor, las nubes a la torre del cielo
subieron como triunfantes lavanderas,
y todo ardió en azul, todo fue estrella:
el mar, la nave, el día se desterraron juntos.
Ven a ver los cerezos del agua constelada
y la clave redonda del rápido universo,
ven a tocar el fuego del azul instantáneo,
ven antes de que sus pétalos se consuman.
No hay aquí sino luz, cantidades, racimos,
espacio abierto por las virtudes del viento
hasta entregar los últimos secretos de la espuma.
Y entre tantos azules celestes, sumergidos,
se pierden nuestros ojos adivinando apenas
los poderes del aire, las llaves submarinas.
Soneto XXV
Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,
todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.
Soneto XXVI
Ni el color de las dunas terribles en Iquique,
ni el estuario del Río Dulce de Guatemala,
cambiaron tu perfil conquistado en el trigo,
tu estilo de uva grande, tu boca de guitarra.
Oh corazón, oh mía desde todo el silencio,
desde las cumbres donde reinó la enredadera
hasta las desoladas planicies del platino,
en toda patria pura te repitió la tierra.
Pero ni huraña mano de montes minerales,
ni nieve tibetana, ni piedra de Polonia,
nada alteró tu forma de cereal viajero,
como si greda o trigo, guitarras o racimos
de Chillán defendieran en ti su territorio
imponiendo el mandato de la luna silvestre.
Soneto XXVII
Desnuda eres tan simple como una de tus manos,
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente,
tienes líneas de luna, caminos de manzana,
desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba,
tienes enredaderas y estrellas en el pelo,
desnuda eres enorme y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas,
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
Soneto XXVIII
Amor, de grano a grano, de planeta a planeta,
la red del viento con sus países sombríos,
la guerra con sus zapatos de sangre,
o bien el día y la noche de la espiga.
Por donde fuimos, islas o puentes o banderas,
violines del fugaz otoño acribillado,
repitió la alegría los labios de la copa,
el dolor nos detuvo con su lección de llanto.
En todas las repúblicas desarrollaba el viento
su pabellón impune, su glacial cabellera
y luego regresaba la flor a sus trabajos.
Pero en nosotros nunca se calcinó el otoño.
Y en nuestra patria inmóvil germinaba y crecía
el amor con los derechos del rocío.
Soneto XXIX
Vienes de la pobreza de las casas del Sur,
de las regiones duras con frío y terremoto
que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte
nos dieron la lección de la vida en la greda.
Eres un caballito de greda negra, un beso
de barro oscuro, amor, amapola de greda,
paloma del crepúsculo que voló en los caminos,
alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia.
Muchacha, has conservado tu corazón de pobre,
tus pies de pobre acostumbrados a las piedras,
tu boca que no siempre tuvo pan o delicia.
Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma:
en su cielo tu madre sigue lavando ropa
con mi madre. Por eso te escogí, compañera.
Soneto XXX
Tienes del archipiélago las hebras del alerce,
la carne trabajada por los siglos del tiempo,
venas que conocieron el mar de las maderas,
sangre verde caída del cielo a la memoria.
Nadie recogerá mi corazón perdido
entre tantas raíces, en la amarga frescura
del sol multiplicado por la furia del agua,
allí vive la sombra que no viaja conmigo.
Por eso tú saliste del Sur como una isla
poblada y coronada por plumas y maderas
y yo sentí el aroma de los bosques errantes,
hallé la miel oscura que conocí en la selva,
y toqué en tus caderas los pétalos sombríos
que nacieron conmigo y construyeron mi alma.
Soneto XXXI
Con laureles del Sur y orégano de Lota
te corono, pequeña monarca de mis huesos,
y no puede faltarte esa corona
que elabora la tierra con bálsamo y follaje.
Eres, como el que te ama, de las provincias verdes:
de allá trajimos barro que nos corre en la sangre,
en la ciudad andamos, como tantos, perdidos,
temerosos de que cierren el mercado.
Bienamada, tu sombra tiene olor a ciruela,
tus ojos escondieron en el Sur sus raíces,
tu corazón es una paloma de alcancía,
tu cuerpo es liso como las piedras en el agua,
tus besos son racimos con rocío,
y yo a tu lado vivo con la tierra.
Soneto XXXII
La casa en la mañana con la verdad revuelta
de sábanas y plumas, el origen del día
sin dirección, errante como una pobre barca,
entre los horizontes del orden y del sueño.
Las cosas quieren arrastrar vestigios,
adherencias sin rumbo, herencias frías,
los papeles esconden vocales arrugadas
y en la botella el vino quiere seguir su ayer.
Ordenadora, pasas vibrando como abeja
tocando las regiones perdidas por la sombra,
conquistando la luz con tu blanca energía.
Y se construye entonces la claridad de nuevo:
obedecen las cosas al viento de la vida
y el orden establece su pan y su paloma.
Soneto XXXIII
Amor, ahora nos vamos a la casa
donde la enredadera sube por las escalas:
antes que llegues tú llegó a tu dormitorio
el verano desnudo con pies de madreselva.
Nuestros besos errantes recorrieron el mundo:
Armenia, espesa gota de miel desenterrada,
Ceylán, paloma verde, y el Yang Tsé separando
con antigua paciencia los días de las noches.
Y ahora, bienamada, por el mar crepitante
volvemos como dos aves ciegas al muro,
al nido de la lejana primavera,
porque el amor no puede volar sin detenerse:
al muro o a las piedras del mar van nuestras vidas,
a nuestro territorio regresaron los besos.
Soneto XXXIV
Eres hija del mar y prima del orégano,
nadadora, tu cuerpo es de agua pura,
cocinera, tu sangre es tierra viva
y tus costumbres son floridas y terrestres.
Al agua van tus ojos y levantan las olas,
a la tierra tus manos y saltan las semillas,
en agua y tierra tienes propiedades profundas
que en ti se juntan como las leyes de la greda.
Náyade, corta tu cuerpo la turquesa
y luego resurrecto florece en la cocina
de tal modo que asumes cuanto existe
y al fin duermes rodeada por mis brazos que apartan
de la sormbra sombría, para que tú descanses,
legumbres, algas, hierbas: la espuma de tus sueños.
Soneto XXXV
Tu mano fue volando de mis ojos al día.
Entró la luz como un rosal abierto.
Arena y cielo palpitaban como una
culminante colmena cortada en las turquesas.
Tu mano tocó sílabas que tintineaban, copas,
alcuzas con aceites amarillos,
corolas, manantiales y, sobre todo, amor,
amor: tu mano pura preservó las cucharas.
La tarde fue. La noche deslizó sigilosa
sobre el sueño del hombre su cápsula celeste.
Un triste olor salvaje soltó la madreselva.
Y tu mano volvió de su vuelo volando
a cerrar su plumaje que yo creí perdido
sobre mis ojos devorados por la sombra.
Soneto XXXVI
Corazón mío, reina del apio y de la artesa:
pequeña leoparda del hilo y la cebolla:
me gusta ver brillar tu imperio diminuto,
las armas de la cera, del vino, del aceite,
del ajo, de la tierra por tus manos abierta
de la sustancia azul encendida en tus manos,
de la transmigración del sueño a la ensalada,
del reptil enrollado en la manguera.
Tú con tu podadora levantando el perfume,
tú, con la dirección del jabón en la espuma,
tú, subiendo mis locas escalas y escaleras,
tú, manejando el síntoma de mi caligrafía
y encontrando en la arena del cuaderno
las letras extraviadas que buscaban tu boca.
Soneto XXXVII
Oh amor, oh rayo loco y amenaza purpúrea,
me visitas y subes por tu fresca escalera
el castillo que el tiempo coronó de neblinas,
las pálidas paredes del corazón cerrado.
Nadie sabrá que sólo fue la delicadeza
construyendo cristales duros como ciudades
y que la sangre abría túneles desdichados
sin que su monarquía derribara el invierno.
Por eso, amor, tu boca, tu piel, tu luz, tus penas,
fueron el patrimonio de la vida, los dones
sagrados de la lluvia, de la naturaleza
que recibe y levanta la gravidez del grano,
la tempestad secreta del vino en las bodegas,
la llamarada del cereal en el suelo.
Soneto XXXVIII
Tu casa suena como un tren a mediodía,
zumban las avispas, cantan las cacerolas,
la cascada enumera los hechos del rocío,
tu risa desarrolla su trino de palmera.
La luz azul del muro conversa con la piedra,
llega como un pastor silbando un telegrama
y entre las dos higueras de voz verde
Homero sube con zapatos sigilosos.
Sólo aquí la ciudad no tiene voz ni llanto,
ni sin fin, ni sonatas, ni labios, ni bocina
sino un discurso de cascada y de leones,
y tú que subes, cantas, corres, caminas, bajas,
plantas, coses, cocinas, clavas, escribes, vuelves,
o te has ido y se sabe que comenzó el invierno.
Soneto XXXIX
Pero olvidé que tus manos satisfacían
las raíces, regando rosas enmarañadas,
hasta que florecieron tus huellas digitales
en la plenaria paz de la naturaleza.
El azadón y el agua como animales tuyos
te acompañan, mordiendo y lamiendo la tierra,
y es así cómo, trabajando, desprendes
fecundidad, fogosa frescura de claveles.
Amor y honor de abejas pido para tus manos
que en la tierra confunden su estirpe transparente,
y hasta en mi corazón abren su agricultura,
de tal modo que soy como piedra quemada
que de pronto, contigo, canta, porque recibe
el agua de los bosques por tu voz conducida.
Soneto XL
Era verde el silencio, mojada era la luz,
temblaba el mes de Junio como una mariposa
y en el austral dominio, desde el mar y las piedras,
Matilde, atravesaste el mediodía.
Ibas cargada de flores ferruginosas,
algas que el viento sur atormenta y olvida,
aún blancas, agrietadas por la sal devorante,
tus manos levantaban las espigas de arena.
Amo tus dones puros, tu piel de piedra intacta,
tus uñas ofrecidas en el sol de tus dedos,
tu boca derramada por toda la alegría,
pero, para mi casa vecina del abismo,
dame el atormentado sistema del silencio,
el pabellón del mar olvidado en la arena.
Soneto XLI
Desdichas del mes de Enero cuando el indiferente
mediodía establece su ecuación en el cielo,
un oro duro como el vino de una copa colmada
llena la tierra hasta sus límites azules.
Desdichas de este tiempo parecidas a uvas
pequeñas que agruparon verde amargo,
confusas, escondidas lágrimas de los días
hasta que la intemperie publicó sus racimos.
Sí, gérmenes, dolores, todo lo que palpita
aterrado, a la luz crepitante de Enero,
madurará, arderá como ardieron los frutos.
Divididos serán los pesares: el alma
dará un golpe de viento, y la morada
quedará limpia con el pan fresco en la mesa.
Soneto XLII
Radiantes días balanceados por el agua marina,
concentrados como el interior de una piedra amarilla
cuyo esplendor de miel no derribó el desorden:
preservó su pureza de rectángulo.
Crepita, sí, la hora como fuego o abejas
y es verde la tarea de sumergirse en hojas,
hasta que hacia la altura es el follaje
un mundo centelleante que se apaga y susurra.
Sed del fuego, abrasadora multitud del estío
que construye un Edén con unas cuantas hojas,
porque la tierra de rostro oscuro no quiere sufrimientos
sino frescura o fuego, agua o pan para todos,
y nada debería dividir a los hombres
sino el sol o la noche, la luna o las espigas.
Soneto XLIII
Un signo tuyo busco en todas las otras,
en el brusco, ondulante río de las mujeres,
trenzas, ojos apenas sumergidos,
pies claros que resbalan navegando en la espuma.
De pronto me parece que diviso tus uñas
oblongas, fugitivas, sobrinas de un cerezo,
y otra vez es tu pelo que pasa y me parece
ver arder en el agua tu retrato de hoguera.
Miré, pero ninguna llevaba tu latido,
tu luz, la greda oscura que trajiste del bosque,
ninguna tuvo tus diminutas orejas.
Tú eres total y breve, de todas eres una,
y así contigo voy recorriendo y amando
un ancho Mississippi de estuario femenino.
Soneto XLIV
Sabrás que no te amo y que te amo
puesto que de dos modos es la vida,
la palabra es un ala del silencio,
el fuego tiene una mitad de frío.
Yo te amo para comenzar a amarte,
para recomenzar el infinito
y para no dejar de amarte nunca:
por eso no te amo todavía.
Te amo y no te amo como si tuviera
en mis manos las llaves de la dicha
y un incierto destino desdichado.
Mi amor tiene dos vidas para armarte.
Por eso te amo cuando no te amo
y por eso te amo cuando te amo.
Soneto XLV
No estés lejos de mí un solo día, porque cómo,
porque, no sé decirlo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.
No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.
Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,
porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.
Soneto XLVI
De las estrellas que admiré, mojadas
por ríos y rocíos diferentes,
yo no escogí sino la que yo amaba
y desde entonces duermo con la noche.
De la ola, una ola y otra ola,
verde mar, verde frío, rama verde,
yo no escogí sino una sola ola:
la ola indivisible de tu cuerpo.
Todas las gotas, todas las raíces,
todos los hilos de la luz vinieron,
me vinieron a ver tarde o temprano.
Yo quise para mí tu cabellera.
Y de todos los dones de mi patria
sólo escogí tu corazón salvaje.
Soneto XLVII
Detrás de mí en la rama quiero verte.
Poco a poco te convertiste en fruto.
No te costó subir de las raíces
cantando con tu sílaba de savia.
Y aquí estarás primero en flor fragante,
en la estatua de un beso convertida,
hasta que sol y tierra, sangre y cielo,
te otorguen la delicia y la dulzura.
En la rama veré tu cabellera,
tu signo madurando en el follaje,
acercando las hojas a mi sed,
y llenará mi boca tu substancia,
el beso que subió desde la tierra
con tu sangre de fruta enamorada.
Soneto XLVIII
Dos amantes dichosos hacen un solo pan,
una sola gota de luna en la hierba,
dejan andando dos sombras que se reúnen,
dejan un solo sol vacío en una cama.
De todas las verdades escogieron el día:
no se ataron con hilos sino con un aroma,
y no despedazaron la paz ni las palabras.
La dicha es una torre transparente.
El aire, el vino van con los dos amantes,
la noche les regala sus pétalos dichosos,
tienen derecho a todos los claveles.
Dos amantes dichosos no tienen fin ni muerte,
nacen y mueren muchas veces mientras viven,
tienen la eternidad de la naturaleza.
Soneto XLVI
De las estrellas que admiré, mojadas
por ríos y rocíos diferentes,
yo no escogí sino la que yo amaba
y desde entonces duermo con la noche.
De la ola, una ola y otra ola,
verde mar, verde frío, rama verde,
yo no escogí sino una sola ola:
la ola indivisible de tu cuerpo.
Todas las gotas, todas las raíces,
todos los hilos de la luz vinieron,
me vinieron a ver tarde o temprano.
Yo quise para mí tu cabellera.
Y de todos los dones de mi patria
sólo escogí tu corazón salvaje.
Soneto XLVII
Detrás de mí en la rama quiero verte.
Poco a poco te convertiste en fruto.
No te costó subir de las raíces
cantando con tu sílaba de savia.
Y aquí estarás primero en flor fragante,
en la estatua de un beso convertida,
hasta que sol y tierra, sangre y cielo,
te otorguen la delicia y la dulzura.
En la rama veré tu cabellera,
tu signo madurando en el follaje,
acercando las hojas a mi sed,
y llenará mi boca tu substancia,
el beso que subió desde la tierra
con tu sangre de fruta enamorada.
Soneto XLVIII
Dos amantes dichosos hacen un solo pan,
una sola gota de luna en la hierba,
dejan andando dos sombras que se reúnen,
dejan un solo sol vacío en una cama.
De todas las verdades escogieron el día:
no se ataron con hilos sino con un aroma,
y no despedazaron la paz ni las palabras.
La dicha es una torre transparente.
El aire, el vino van con los dos amantes,
la noche les regala sus pétalos dichosos,
tienen derecho a todos los claveles.
Dos amantes dichosos no tienen fin ni muerte,
nacen y mueren muchas veces mientras viven,
tienen la eternidad de la naturaleza.
Soneto XLIX
Es hoy: todo el ayer se fue cayendo
entre dedos de luz y ojos de sueño,
mañana llegará con pasos verdes:
nadie detiene el río de la aurora.
Nadie detiene el río de tus manos,
los ojos de tu sueño, bienamada,
eres temblor del tiempo que transcurre
entre luz vertical y sol sombrío,
y el cielo cierra sobre ti sus alas
llevándote y trayéndote a mis brazos
con puntual, misteriosa cortesía:
Por eso canto al día y a la luna,
al mar, al tiempo, a todos los planetas,
a tu voz diurna y a tu piel nocturna.
Soneto L
Cotapos dice que tu risa cae
como un halcón desde una brusca torre
y, es verdad, atraviesas el follaje del mundo
con un solo relámpago de tu estirpe celeste
que cae, y corta, y saltan las lenguas del rocío,
las aguas del diamante, la luz con sus abejas
y allí donde vivía con su barba el silencio
estallan las granadas del sol y las estrellas,
se viene abajo el cielo con la noche sombría,
arden a plena luna campanas y claveles,
y corren los caballos de los talabarteros:
porque tú siendo tan pequeñita como eres
dejas caer la risa desde tu meteoro
electrizando el nombre de la naturaleza.
Soneto LI
Tu risa pertenece a un árbol entreabierto
por un rayo, por un relámpago plateado
que desde el cielo cae quebrándose en la copa,
partiendo en dos el árbol con una sola espada.
Sólo en las tierras altas del follaje con nieve
nace una risa como la tuya, bienamante,
es la risa del aire desatado en la altura,
costumbres de araucaria, bienamada.
Cordillerana mía, chillaneja evidente,
corta con los cuchillos de tu risa la sombra,
la noche, la mañana, la miel del mediodía,
y que salten al cielo las aves del follaje
cuando como una luz derrochadora
rompe tu risa el árbol de la vida.
Soneto LII
Cantas y a sol y a cielo con tu canto
tu voz desgrana el cereal del día,
hablan los pinos con su lengua verde:
trinan todas las aves del invierno.
El mar llena sus sótanos de pasos,
de campanas, cadenas y gemidos,
tintinean metales y utensilios,
suenan las ruedas de la caravana.
Pero sólo tu voz escucho y sube
tu voz con vuelo y precisión de flecha,
baja tu voz con gravedad de lluvia,
tu voz esparce altísimas espadas,
vuelve tu voz cargada de violetas
y luego me acompaña por el cielo.
Soneto LIII
Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada:
el menester del hombre, la mujer y la vida:
a este sitio corría la paz vertiginosa,
por esta luz ardió la común quemadura.
Honor a tus dos manos que vuelan preparando
los blancos resultados del canto y la cocina,
salve! la integridad de tus pies corredores,
viva! la bailarina que baila con la escoba.
Aquellos bruscos ríos con aguas y amenazas,
aquel atormentado pabellón de la espuma,
aquellos incendiaron panales y arrecifes
son hoy este reposo de tu sangre en la mía,
este cauce estrellado y azul como la noche,
esta simplicidad sin fin de la ternura.
Soneto LIV
Espléndida razón, demonio claro
del racimo absoluto, del recto mediodía,
aquí estamos al fin, sin soledad y solos,
lejos del desvarío de la ciudad salvaje.
Cuando la línea pura rodea su paloma
y el fuego condecora la paz con su alimento
tú y yo erigimos este celeste resultado!
Razón y amor desnudos viven en esta casa.
Sueños furiosos, ríos de amarga certidumbre
decisiones más duras que el sueño de un martillo
cayeron en la doble copa de los amantes.
Hasta que en la balanza se elevaron, gemelos,
la razón y el amor como dos alas.
Así se construyó la transparencia.
Soneto LV
Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto
asedian día y noche la miel de los felices
y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros:
la desdicha atraviesa la paz de los dormidos,
el dolor sube y baja y acerca sus cucharas
y no hay hombre sin este movimiento,
no hay natalicio, no hay techo ni cercado:
hay que tomar en cuenta este atributo.
Y en el amor no valen tampoco ojos cerrados,
profundos lechos lejos del pestilente herido,
o del que paso a paso conquista su bandera.
Porque la vida pega como cólera o río
y abre un túnel sangriento por donde nos vigilan
los ojos de una inmensa familia de dolores.
Soneto LVI
Acostúmbrate a ver detrás de mí la sombra
y que tus manos salgan del rencor, transparentes,
como si en la mañana del mar fueran creadas:
la sal te dio, amor mío, proporción cristalina.
La envidia sufre, muere, se agota con mi canto.
Uno a uno agonizan sus tristes capitanes.
Yo digo amor, y el mundo se puebla de palomas.
Cada sílaba mía trae la primavera.
Entonces tú, florida, corazón, bienamada,
sobre mis ojos como los follajes del cielo
eres, y yo te miro recostada en la tierra.
Veo el sol trasmigrar racimos a tu rostro,
mirando hacia la altura reconozco tus pasos.
Matilde, bienamada, diadema, bienvenida!
Soneto LVII
Mienten los que dijeron que yo perdí la luna,
los que profetizaron mi porvenir de arena,
aseveraron tantas cosas con lenguas frías:
quisieron prohibir la flor del universo.
«Ya no cantará más el ámbar insurgente
de la sirena, no tiene sino pueblo.»
Y masticaban sus incesantes papeles
patrocinando para mi guitarra el olvido.
Yo les lancé a los ojos las lanzas deslumbrantes
de nuestro amor clavando tu corazón y el mío,
yo reclamé el jazmín que dejaban tus huellas,
yo me perdí de noche sin luz bajo tus párpados
y cuando me envolvió la claridad
nací de nuevo, dueño de mi propia tiniebla.
Soneto LVIII
Entre los espadones de fierro literario
paso yo como un marinero remoto
que no conoce las esquinas y que canta
porque sí, porque cómo si no fuera por eso.
De los atormentados archipiélagos traje
mi acordeón con borrascas, rachas de lluvia loca,
y una costumbre lenta de cosas naturales:
ellas determinaron mi corazón silvestre.
Así cuando los dientes de la literatura
trataron de morder mis honrados talones,
yo pasé, sin saber, cantando con el viento
hacia los almacenes lluviosos de mi infancia,
hacia los bosques fríos del Sur indefinible,
hacia donde mi vida se llenó con tu aroma.
Soneto LIX
(G.M.)
Pobres poetas a quienes la vida y la muerte
persiguieron con la misma tenacidad sombría
y luego son cubiertos por impasible pompa
entregados al rito y al diente funerario.
Ellos -oscuros como piedrecitas- ahora
detrás de los caballos arrogantes, tendidos
van, gobernados al fin por los intrusos,
entre los edecanes, a dormir sin silencio.
Antes y ya seguros de que está muerto el muerto
hacen de las exequias un festín miserable
con pavos, puercos y otros oradores.
Acecharon su muerte y entonces la ofendieron:
sólo porque su boca está cerrada
y ya no puede contestar su canto.
Soneto LX
A ti te hiere aquel que quiso hacerme daño,
y el golpe del veneno contra mí dirigido
como por una red pasa entre mis trabajos
y en ti deja una mancha de óxido y desvelo.
No quiero ver, amor, en la luna florida
de tu frente cruzar el odio que me acecha.
No quiero que en tu sueño deje el rencor ajeno
olvidada su inútil corona de cuchillos.
Donde voy van detrás de mí pasos amargos,
donde río una mueca de horror copia mi cara,
donde canto la envidia maldice, ríe y roe.
Y es ésa, amor, la sombra que la vida me ha dado:
es un traje vacío que me sigue cojeando
como un espantapájaros de sonrisa sangrienta.
Soneto LXI
Trajo el amor su cola de dolores,
su largo rayo estático de espinas
y cerramos los ojos porque nada,
porque ninguna herida nos separe.
No es culpa de tus ojos este llanto:
tus manos no clavaron esta espada:
no buscaron tus pies este camino:
llegó a tu corazón la miel sombría.
Cuando el amor como una inmensa ola
nos estrelló contra la piedra dura,
nos amasó con una sola harina,
cayó el dolor sobre otro dulce rostro
y así en la luz de la estación abierta
se consagró la primavera herida.
Soneto LXII
Ay de mí, ay de nosotros, bienamada,
sólo quisimos sólo amor, amarnos,
y entre tantos dolores se dispuso
sólo nosotros dos ser malheridos.
Quisimos el tú y yo para nosotros,
el tú del beso, el yo del pan secreto,
y así era todo, eternamente simple,
hasta que el odio entró por la ventana.
Odian los que no amaron nuestro amor,
ni ningún otro amor, desventurados
como las sillas de un salón perdido,
hasta que se enredaron en ceniza
y el rostro amenazante que tuvieron
se apagó en el crepúsculo apagado.
Soneto LXIII
No sólo por las tierras desiertas donde la piedra salina
es como la única rosa, la flor por el mar enterrada,
anduve, sino por la orilla de ríos que cortan la nieve.
Las amargas alturas de las cordilleras conocen mis pasos.
Enmarañada, silbante región de mi patria salvaje,
lianas cuyo beso mortal se encadena en la selva,
lamento mojado del ave que surge lanzando sus escalofríos,
oh región de perdidos dolores y llanto inclemente!
No sólo son míos la piel venenosa del cobre
o el salitre extendido como estatua yacente y nevada,
sino la viña, el cerezo premiado por la primavera,
son míos, y yo pertenezco como átomo negro
a las áridas tierras y a la luz del otoño en las uvas,
a esta patria metálica elevada por torres de nieve.
Soneto LXIV
De tanto amor mi vida se tiñó de violeta
y fui de rumbo en rumbo como las aves ciegas
hasta llegar a tu ventana, amiga mía:
tú sentiste un rumor de corazón quebrado
y allí de la tinieblas me levanté a tu pecho,
sin ser y sin saber fui a la torre del trigo,
surgí para vivir entre tus manos,
me levanté del mar a tu alegría.
Nadie puede contar lo que te debo, es lúcido
lo que te debo, amor, y es como una raíz
natal de Araucanía, lo que te debo, amada.
Es sin duda estrellado todo lo que te debo,
lo que te debo es como el pozo de una zona silvestre
en donde guardó el tiempo relámpagos errantes.
Soneto LXV
Matilde, dónde estás? Noté, hacia abajo,
entre corbata y corazón, arriba,
cierta melancolía intercostal:
era que tú de pronto eras ausente.
Me hizo falta la luz de tu energía
y miré devorando la esperanza,
miré el vacío que es sin ti una casa,
no quedan sino trágicas ventanas.
De puro taciturno el techo escucha
caer antiguas lluvias deshojadas,
plumas, lo que la noche aprisionó:
y así te espero como casa sola
y volverás a verme y habitarme.
De otro modo me duelen las ventanas.
Soneto LXVI
No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Soneto LXVII
La gran lluvia del sur cae sobre Isla Negra
como una sola gota transparente y pesada,
el mar abre sus hojas frías y la recibe,
la tierra aprende el húmedo destino de una copa.
Alma mía, dame en tus besos el agua
salobre de estos mares, la miel del territorio,
la fragancia mojada por mil labios del cielo,
la paciencia sagrada del mar en el invierno.
Algo nos llama, todas las puertas se abren solas,
relata el agua un largo rumor a las ventanas,
crece el cielo hacia abajo tocando las raíces,
y así teje y desteje su red celeste el día
con tiempo, sal, susurros, crecimientos, caminos,
una mujer, un hombre, y el invierno en la tierra.
Soneto LXVIII
(Mascarón de Proa)
La niña de madera no llegó caminando:
allí de pronto estuvo sentada en los ladrillos,
viejas flores del mar cubrían su cabeza,
su mirada tenía tristeza de raíces.
Allí quedó mirando nuestras vidas abiertas,
el ir y ser y andar y volver por la tierra,
el día destiñendo sus pétalos graduales.
Vigilaba sin vernos la niña de madera.
La niña coronada por las antiguas olas,
allí miraba con sus ojos derrotados:
sabía que vivimos en una red remota
de tiempo y agua y olas y sonidos y lluvia,
sin saber si existimos o si somos su sueño.
Ésta es la historia de la muchacha de madera.
Soneto LXIX
Tal vez no ser es ser sin que tú seas,
sin que vayas cortando el mediodía
como una flor azul, sin que camines
más tarde por la niebla y los ladrillos,
sin esa luz que llevas en la mano
que tal vez otros no verán dorada,
que tal vez nadie supo que crecía
como el origen rojo de la rosa,
sin que seas, en fin, sin que vinieras
brusca, incitante, a conocer mi vida,
ráfaga de rosal, trigo del viento,
y desde entonces soy porque tú eres,
y desde entonces eres, soy y somos,
y por amor seré, serás, seremos.
Soneto LXX
Tal vez herido voy sin ir sangriento
por uno de los rayos de tu vida
y a media selva me detiene el agua:
la lluvia que se cae con su cielo.
Entonces toco el corazón llovido:
allí sé que tus ojos penetraron
por la región extensa de mi duelo
y un susurro de sombra surge solo:
Quién es? Quién es? Pero no tuvo nombre
la hoja o el agua oscura que palpita
a media selva, sorda, en el camino,
y así, amor mío, supe que fui herido
y nadie hablaba allí sino la sombra,
la noche errante, el beso de la lluvia.
Soneto LXXI
De pena en pena cruza sus islas el amor
y establece raíces que luego riega el llanto,
y nadie puede, nadie puede evadir los pasos
del corazón que corre callado y carnicero.
Así tú y yo buscamos un hueco, otro planeta
en donde no tocara la sal tu cabellera,
en donde no crecieran dolores por mi culpa,
en donde viva el pan sin agonía.
Un planeta enredado por distancia y follajes,
un páramo, una piedra cruel y deshabitada,
con nuestras propias manos hacer un nido duro,
queríamos, sin daño ni herida ni palabra,
y no fue así el amor, sino una ciudad loca
donde la gente palidece en los balcones.
Soneto LXXII
Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles,
establece la tierra sus dones amarillos
y pasamos la mano sobre un país remoto,
sobre la cabellera de la geografía.
Irnos! Hoy! Adelante, ruedas, naves, campanas,
aviones acerados por el diurno infinito
hacia el olor nupcial del archipiélago,
por longitudinales harinas de usufructo!
Vamos, levántate, y endiadémate y sube
y baja y corre y trina con el aire y conmigo
vámonos a los trenes de Arabia o Tocopilla,
sin más que trasmigrar hacia el polen lejano,
a pueblos lancinantes de harapos y gardenias
gobernados por pobres monarcas sin zapatos.
Soneto LXXIII
Recordarás tal vez aquel hombre afilado
que de la oscuridad salió como un cuchillo
y antes de que supiéramos, sabía:
vio el humo y decidió que venía del fuego.
La pálida mujer de cabellera negra
surgió como un pescado del abismo
y entre los dos alzaron en contra del amor
una máquina armada de dientes numerosos.
Hombre y mujer talaron montañas y jardines,
bajaron a los ríos, treparon por los muros,
subieron por los montes su atroz artillería.
El amor supo entonces que se llamaba amor.
Y cuando levanté mis ojos a tu nombre
tu corazón de pronto dispuso mi camino.
Soneto LXXIV
El camino mojado por el agua de Agosto
brilla como si fuera cortado en plena luna,
en plena claridad de la manzana,
en mitad de la fruta del otoño.
Neblina, espacio o cielo, la vaga red del día
crece con fríos sueños, sonidos y pescados,
el vapor de las islas combate la comarca,
palpita el mar sobre la luz de Chile.
Todo se reconcentra como el metal, se esconden
las hojas, el invierno enmascara su estirpe
y sólo ciegos somos, sin cesar, solamente.
Solamente sujetos al cauce sigiloso
del movimiento, adiós, del viaje, del camino:
adiós, caen las lágrimas de la naturaleza.
Soneto LXXV
Ésta es la casa, el mar y la bandera.
Errábamos por otros largos muros.
No hallábamos la puerta ni el sonido
desde la ausencia, como desde muertos.
Y al fin la casa abre su silencio,
entramos a pisar el abandono,
las ratas muertas, el adiós vacío,
el agua que lloró en las cañerías.
Lloró, lloró la casa noche y día,
gimió con las arañas, entreabierta,
se desgranó desde sus ojos negros,
y ahora de pronto la volvemos viva,
la poblamos y no nos reconoce:
tiene que florecer, y no se acuerda.
Soneto LXXVI
Diego Rivera con la paciencia del oso
buscaba la esmeralda del bosque en la pintura
o el bermellón, la flor súbita de la sangre
recogía la luz del mundo en tu retrato.
Pintaba el imperioso traje de tu nariz,
la centella de tus pupilas desbocadas,
tus uñas que alimentan la envidia de la luna,
y en tu piel estival, tu boca de sandía.
Te puso dos cabezas de volcán encendidas
por fuego, por amor, por estirpe araucana,
y sobre los dos rostros dorados de la greda
te cubrió con el casco de un incendio bravío
y allí secretamente quedaron enredados
mis ojos en su torre total: tu cabellera.
Soneto LXXVII
Hoy es hoy con el peso de todo el tiempo ido,
con las alas de todo lo que será mañana,
hoy es el Sur del mar, la vieja edad del agua
y la composición de un nuevo día.
A tu boca elevada a la luz o a la luna
se agregaron los pétalos de un día consumido,
y ayer viene trotando por su calle sombría
para que recordemos su rostro que se ha muerto.
Hoy, ayer y mañana se comen caminando,
consumimos un día como una vaca ardiente,
nuestro ganado espera con sus días contados,
pero en tu corazón el tiempo echó su harina,
mi amor construyó un horno con barro de Temuco:
tú eres el pan de cada día para mi alma.
Soneto LXXVIII
No tengo nunca más, no tengo siempre. En la arena
la victoria dejó sus pies perdidos.
Soy un pobre hombre dispuesto a amar a sus semejantes.
No sé quién eres. Te amo. No doy, no vendo espinas.
Alguien sabrá tal vez que no tejí coronas
sangrientas, que combatí la burla,
y que en verdad llené la pleamar de mi alma.
Yo pagué la vileza con palomas.
Yo no tengo jamás porque distinto
fui, soy, seré. Y en nombre
de mi cambiante amor proclamo la pureza.
La muerte es sólo piedra del olvido.
Te amo, beso en tu boca la alegría.
Traigamos leña. Haremos fuego en la montaña.
Soneto LXXIX
De noche, amada, amarra tu corazón al mío
y que ellos en el sueño derroten las tinieblas
como un doble tambor combatiendo en el bosque
contra el espeso muro de las hojas mojadas.
Nocturna travesía, brasa negra del sueño
interceptando el hilo de las uvas terrestres
con la puntualidad de un tren descabellado
que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.
Por eso, amor, amárrame el movimiento puro,
a la tenacidad que en tu pecho golpea
con las alas de un cisne sumergido,
para que a las preguntas estrelladas del cielo
responda nuestro sueño con una sola llave,
con una sola puerta cerrada por la sombra.
Soneto LXXX
De viajes y dolores yo regresé, amor mío,
a tu voz, a tu mano volando en la guitarra,
al fuego que interrumpe con besos el otoño,
a la circulación de la noche en el cielo.
Para todos los hombres pido pan y reinado,
pido tierra para el labrador sin ventura,
que nadie espere tregua de mi sangre o mi canto.
Pero a tu amor no puedo renunciar sin morirme.
Por eso toca el vals de la serena luna,
la barcarola en el agua de la guitarra
hasta que se doblegue mi cabeza soñando:
que todos los desvelos de mi vida tejieron
esta enramada en donde tu mano vive y vuela
custodiando la noche del viajero dormido.
Soneto LXXXI
Ya eres mía. Reposa con tu sueño en mi sueño.
Amor, dolor, trabajos, deben dormir ahora.
Gira la noche sobre sus invisibles ruedas
y junto a mí eres pura como el ámbar dormido.
Ninguna más, amor, dormirá con mis sueños.
Irás, iremos juntos por las aguas del tiempo.
Ninguna viajará por la sombra conmigo,
sólo tú, siempreviva, siempre sol, siempre luna.
Ya tus manos abrieron los puños delicados
y dejaron caer suaves signos sin rumbo,
tus ojos se cerraron como dos alas grises,
mientras yo sigo el agua que llevas y me lleva:
la noche, el mundo, el viento devanan su destino,
y ya no soy sin ti sino sólo tu sueño.
Soneto LXXXII
Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna
te pido, amor, un viaje por oscuro recinto:
cierra tus sueños, entra con tu cielo en mis ojos,
extiéndete en mi sangre como en un ancho río.
Adiós, adiós, cruel claridad que fue cayendo
en el saco de cada día del pasado,
adiós a cada rayo de reloj o naranja,
salud oh sombra, intermitente compañera!
En esta nave o agua o muerte o nueva vida,
una vez más unidos, dormidos, resurrectos,
somos el matrimonio de la noche en la sangre.
No sé quién vive o muere, quién reposa o despierta,
pero es tu corazón el que reparte
en mi pecho los dones de la aurora.
Soneto LXXXIII
Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,
invisible en tu sueño, seriamente nocturna,
mientras yo desenredo mis preocupaciones
como si fueran redes confundidas.
Ausente, por los sueños tu corazón navega,
pero tu cuerpo así abandonado respira
buscándome sin verme, completando mi sueño
como una planta que se duplica en la sombra.
Erguida, serás otra que vivirá mañana,
pero de las fronteras perdidas en la noche,
de este ser y no ser en que nos encontramos
algo queda acercándonos en la luz de la vida
como si el sello de la sombra señalara
con fuego sus secretas criaturas.
Soneto LXXXIV
Una vez más, amor, la red del día extingue
trabajos, ruedas, fuegos, estertores, adioses,
y a la noche entregamos el trigo vacilante
que el mediodía obtuvo de la luz y la tierra.
Sólo la luna en medio de su página pura
sostiene las columnas del estuario del cielo,
la habitación adopta la lentitud del oro
y van y van tus manos preparando la noche.
Oh amor, oh noche, oh cúpula cerrada por un río
de impenetrables aguas en la sombra del cielo
que destaca y sumerge sus uvas tempestuosas,
hasta que sólo somos un solo espacio oscuro,
una copa en que cae la ceniza celeste,
una gota en el pulso de un lento y largo río.
Soneto LXXXV
Del mar hacia las calles corre la vaga niebla
como el vapor de un buey enterrado en el frío,
y largas lenguas de agua se acumulan cubriendo
el mes que a nuestras vidas prometió ser celeste.
Adelantado otoño, panal silbante de hojas,
cuando sobre los pueblos palpita tu estandarte
cantan mujeres locas despidiendo a los ríos,
los caballos relinchan hacia la Patagonia.
Hay una enredadera vespertina en tu rostro
que crece silenciosa por el amor llevada
hasta las herraduras crepitantes del cielo.
Me inclino sobre el fuego de tu cuerpo nocturno
y no sólo tus senos amo sino el otoño
que esparce por la niebla su sangre ultramarina.
Soneto LXXXVI
Oh Cruz del Sur, oh trébol de fósforo fragante,
con cuatro besos hoy penetró tu hermosura
y atravesó la sombra y mi sombrero:
la luna iba redonda por el frío.
Entonces con mi amor, con mi amada, oh diamantes
de escarcha azul, serenidad del cielo,
espejo, apareciste y se llenó la noche
con tus cuatro bodegas temblorosas de vino.
Oh palpitante plata de pez pulido y puro,
cruz verde, perejil de la sombra radiante,
luciérnaga a la unidad del cielo condenada,
descansa en mí, cerremos tus ojos y los míos.
Por un minuto duerme con la noche del hombre.
Enciende en mí tus cuatro números constelados.
Soneto LXXXVII
Las tres aves del mar, tres rayos, tres tijeras
cruzaron por el cielo frío hacia Antofagasta,
por eso quedó el aire tembloroso,
todo tembló como bandera herida.
Soledad, dame el signo de tu incesante origen,
el apenas camino de los pájaros crueles,
y la palpitación que sin duda precede
a la miel, a la música, al mar, al nacimiento.
(Soledad sostenida por un constante rostro
como una grave flor sin cesar extendida
hasta abarcar la pura muchedumbre del cielo.)
Volaban alas frías del mar, del Archipiélago,
hacia la arena del Noroeste de Chile.
Y la noche cerró su celeste cerrojo.
Soneto LXXXVIII
El mes de Marzo vuelve con su luz escondida
y se deslizan peces inmensos por el cielo,
vago vapor terrestre progresa sigiloso,
una por una caen al silencio las cosas.
Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda
reuniste las vidas del mar con las del fuego,
el movimiento gris de la nave de invierno,
la forma que el amor imprimió a la guitarra.
Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas,
fuego que baila y sube la invisible escalera
y despierta en el túnel del insomnio a la sangre
para que se consuman las olas en el cielo,
olvide el mar sus bienes y leones
y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.
Soneto LXXXIX
Cuando yo muera quiero tus manos en mis ojos:
quiero la luz y el trigo de tus manos amadas
pasar una vez más sobre mí su frescura:
sentir la suavidad que cambió mi destino.
Quiero que vivas mientras yo, dormido, te espero,
quiero que tus oídos sigan oyendo el viento,
que huelas el aroma del mar que amamos juntos
y que sigas pisando la arena que pisamos.
Quiero que lo que amo siga vivo
y a ti te amé y canté sobre todas las cosas,
por eso sigue tú floreciendo, florida,
para que alcances todo lo que mi amor te ordena,
para que se pasee mi sombra por tu pelo,
para que así conozcan la razón de mi canto.
Soneto XC
Pensé morir, sentí de cerca el frío,
y de cuanto viví sólo a ti te dejaba:
tu boca eran mi día y mi noche terrestres
y tu piel la república fundada por mis besos.
En ese instante se terminaron los libros,
la amistad, los tesoros sin tregua acumulados,
la casa transparente que tú y yo construimos:
todo dejó de ser, menos tus ojos.
Porque el amor, mientras la vida nos acosa,
es simplemente una ola alta sobre las olas,
pero ay cuando la muerte viene a tocar a la puerta
hay sólo tu mirada para tanto vacío,
sólo tu claridad para no seguir siendo,
sólo tu amor para cerrar la sombra.
Soneto XCI
La edad nos cubre como la llovizna,
interminable y árido es el tiempo,
una pluma de sal toca tu rostro,
una gotera carcomió mi traje:
el tiempo no distingue entre mis manos
o un vuelo de naranjas en las tuyas:
pica con nieve y azadón la vida:
la vida tuya que es la vida mía.
La vida mía que te di se llena
de años, como el volumen de un racimo.
Regresarán las uvas a la tierra.
Y aún allá abajo el tiempo sigue siendo,
esperando, lloviendo sobre el polvo,
ávido de borrar hasta la ausencia.
Soneto XCII
Amor mío, si muero y tú no mueres,
no demos al dolor más territorio:
amor mío, si mueres y no muero,
no hay extensión como la que vivimos.
Polvo en el trigo, arena en las arenas
el tiempo, el agua errante, el viento vago
nos llevó como grano navegante.
Pudimos no encontrarnos en el tiempo.
Esta pradera en que nos encontramos,
oh pequeño infinito! devolvemos.
Pero este amor, amor, no ha terminado,
y así como no tuvo nacimiento
no tiene muerte, es como un largo río,
sólo cambia de tierras y de labios.
Soneto XCIII
Si alguna vez tu pecho se detiene,
si algo deja de andar ardiendo por tus venas,
si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,
si tus manos se olvidan de volar y se duermen,
Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos
porque ese último beso debe durar conmigo,
debe quedar inmóvil para siempre en tu boca
para que así también me acompañe en mi muerte.
Me moriré besando tu loca boca fría,
abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,
y buscando la luz de tus ojos cerrados.
Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo
iremos confundidos en una sola muerte
a vivir para siempre la eternidad de un beso.
Soneto XCIV
Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío,
de sur a sur levanta tus ojos indelebles,
de sol a sol que suene tu boca de guitarra.
No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa.
Es una casa tan grande la ausencia
que pasarás en ella a través de los muros
y colgarás los cuadros en el aire.
Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.
Soneto XCV
Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos
las antiguas cenizas del corazón quemado
y allí que caigan uno por uno nuestros besos
hasta que resucite la flor deshabitada.
Amemos el amor que consumió su fruto
y descendió a la tierra con rostro y poderío:
tú y yo somos la luz que continúa,
su inquebrantable espiga delicada.
Al amor sepultado por tanto tiempo frío,
por nieve y primavera, por olvido y otoño,
acerquemos la luz de una nueva manzana,
de la frescura abierta por una nueva herida,
como el amor antiguo que camina en silencio
por una eternidad de bocas enterradas.
Soneto XCVI
Pienso, esta época en que tú me amaste
se irá por otra azul sustituida,
será otra piel sobre los mismos huesos,
otros ojos verán la primavera.
Nadie de los que ataron esta hora,
de los que conversaron con el humo,
gobiernos, traficantes, transeúntes,
continuarán moviéndose en sus hilos.
Se irán los crueles dioses con anteojos,
los peludos carnívoros con libro,
los pulgones y los pipipasseyros.
Y cuando esté recién lavado el mundo
nacerán otros ojos en el agua
y crecerá sin lágrimas el trigo.
Soneto XCVII
Hay que volar en este tiempo, a dónde?
Sin alas, sin avión, volar sin duda:
ya los pasos pasaron sin remedio,
no elevaron los pies del pasajero.
Hay que volar a cada instante como
las águilas, las moscas y los días,
hay que vencer los ojos de Saturno
y establecer allí nuevas campanas.
Ya no bastan zapatos ni caminos,
ya no sirve la tierra a los errantes,
ya cruzaron la noche las raíces,
y tú aparecerás en otra estrella
determinadamente transitoria
convertida por fin en amapola.
Soneto XCVIII
Y esta palabra, este papel escrito
por las mil manos de una sola mano,
no queda en ti, no sirve para sueños,
cae a la tierra: allí se continúa.
No importa que la luz o la alabanza
se derramen y salgan de la copa
si fueron un tenaz temblor del vino,
si se tiñó tu boca de amaranto.
No quiere más la sílaba tardía,
lo que trae y retrae el arrecife
de mis recuerdos, la irritada espuma,
no quiere más sino escribir tu nombre.
Y aunque lo calle mi sombrío amor
más tarde lo dirá la primavera.
Soneto XCIX
Otros días vendrán, será entendido
el silencio de plantas y planetas
y cuántas cosas puras pasarán!
Tendrán olor a luna los violines!
El pan será tal vez como tú eres:
tendrá tu voz, tu condición de trigo,
y hablarán otras cosas con tu voz:
los caballos perdidos del Otoño.
Aunque no sea como está dispuesto
el amor llenará grandes barricas
como la antigua miel de los pastores,
y tú en el polvo de mi corazón
(en donde habrán inmensos almacenes)
irás y volverás entre sandías.
Soneto C
En medio de la tierra apartaré
las esmeraldas para divisarte
y tú estarás copiando las espigas
con una pluma de agua mensajera.
Qué mundo! Qué profundo perejil!
Qué nave navegando en la dulzura!
Y tú tal vez y yo tal vez topacio!
Ya no habrá división en las campanas.
Ya no habrá sino todo el aire libre,
las manzanas llevadas por el viento,
el suculento libro en la enramada,
y allí donde respiran los claveles
fundaremos un traje que resista
la eternidad de un beso victorioso.
Una Canción
Desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!
Era la alegre hora del asalto y el beso.
La hora del estupor que ardía como un faro.
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!
En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!
Hice retroceder la muralla de sombra,
anduve más allá del deseo y del acto.
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.
Como un vaso albergaste la infinita ternura,
y el infinito olvido te trizó como a un vaso.
Era la negra, negra soledad de las islas,
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
aún los racimos arden picoteados de pájaros.
Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
en que nos anudamos y nos desesperamos.
Y la ternura, leve como el agua y la harina.
Y la palabra apenas comenzada en los labios.
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!
Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
De pie como un marino en la proa de un barco.
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.
Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!
Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba.
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado!
POEMA 18
Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.
Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus
hojas de alambre.
Pablo Neruda, 1924
Para que tú me oigas..
Ahora vale
la pena.
Dios
se quedó dormido.
Todos sabemos que esto
no es
definitivo
que es una suerte loca
quizá un breve
delirio.
Ahora vale la pena
vivir
aunque haga frío
aunque la tarde vuele.
O no vuele.
Es lo mismo.
Ahora sí
pero luego
si Dios no se despierta
qué pasará
diosmío.
Para matar
al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y ademas los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo
A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea
sonríe
cual si fuese
una revelación
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en óvalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo
sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente
y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin deseperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía
llorar
sólo llorar
entonces su sonrisa
si todavia existe
se vuelve un arco iris.
Hay días en
que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo solidariamente cretino
apto para que en mí vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.
Días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo indócil personal a mis órdenes.
Hay días que ni siquiera son oscuros
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.
Días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.
Bueno, esta balada sólo es para avisarte
que en esos pocos días no me tomes en cuenta.
El dolor es
una
desértica provincia
donde no cabe
nadie más
una parcela
tierra oscura
tú no lindas
con él
tú estás a salvo
pobre de ti
baldón
que no peligras.
Te dejo con
tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote
Vámonos,
derrotando afrentas.
Ernesto «Che» Guevara
Así estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles
da vergüenza mirar
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca
nuca estuvo
con la cinta tan pálida
vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart
da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido
eres nuestra conciencia acribillada
dicen que te quemaron
con qué fuego
van a quemar las buenas
las buenas nuevas
la irascible ternura
que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro
dicen que incineraron
toda tu vocación
menos un dedo
basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos
así estamos
consternados
rabiosos
claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos irá pasando
la rabia quedará
se hará mas limpia
estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella
donde estés
si es que estás
si estás llegando
aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones
donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios
pero habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.
Montevideo,
octubre 1967.
a bud y claribel
i
La política es una forma de amor, pero no viceversa; por algo en el amor es
mucho más fácil tener el corazón caliente que la cabeza fría.
ii
El hombre bueno casi siempre se aburre de sus rencores. Pero siempre hay un
rencor que confirma la regla.
iii
La muerte es una traición de Dios.
iv
¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!
v
Cuando una mujer dice: «Todo tu cuerpo es corazón», es porque todo su cuerpo es
corazón.
vi
Desde que los hijos educan a los padres, se acabaron los complejos de Edipo.
vii
El pan nuestro de cada día provoca gases y malas digestiones.
viii
Cuando sueño contigo no hablo sino que canto en sueños.
ix
Cuando parece que la vida imita al arte, es porque el arte ha logrado anunciar
la vida.
x
Los Otros que invento son confidencias sobre aquello que desgraciadamente no me
ocurre.
xi
La generosidad es el único egoísmo legítimo.
xii
Epitafio para un vanidoso: «Bah…»
xiii
La soledad es también un homenaje al prójimo.
xiv
El inconveniente de la autocrítica es que los demás pueden llegar a creerla.
xv
Los Otros que invento dicen a veces cosas que yo no habría dicho ni aunque
fuera otro.
xvi
No es que uno no cambie, sino que el espejo no tiene memoria.
xvii
No seamos sectarios: la infancia es a veces un paraíso perdido. Pero otras
veces es un infierno de mierda.
xviii
Un torturador no se redime suicidándose. Pero algo es algo.
xix
Contra el optimismo no hay vacunas.
xx
Cuando el infierno son los otros, el paraíso no es uno mismo.
xxi
El vicediós siempre es ateo.
Arrinconado
en mis plegarias buenas
e inútiles, soberbio en mis acciones
que a nadie arriman ley o quitan penas,
aislado espectador de mis histriones,
histrión yo mismo como un árbol seco
que cabeceara para sus gorriones,
guardia solemne de un instante hueco,
cómo saber, cómo saber, dios mío,
cuándo invento virtud y cuándo peco,
cuándo confundo el cielo con el río,
cómo saber si el río es poco llanto,
cómo saber, cómo saber, dios mío,
si eso que llamo Dios es otro espanto.
Paso que
pasa
rostro que pasabas
qué más quieres
te miro
después me olvidaré
después y sólo
solo y después
seguro que me olvido.
Paso que pasas
rostro que pasabas
qué más quieres
te quiero
te quiero sólo dos
o tres minutos
para quererte más
no tengo tiempo.
Paso que pasas
rostro que pasabas
que más quieres
ay no
ay no me tientes
que si nos tentamos
no nos podremos olvidar
adiós.
Cierro los
ojos para disuadirme.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Está el escarabajo a tropezones,
mi sed de ti, la baja tarde inmóvil.
De veras está todo como antes:
el cielo tan inerme,
la misma soledad tan maciza,
la luz que se devora y no comprende.
Todo está como antes
de tu rostro sin nubes,
todo aguarda como antes la anunciada
estación en suspenso,
pero también estaba entonces este pánico
de no saber huir y no saber
alejarme del odio.
De veras todo está
destruido, indescifrable,
como verdad caída inesperadamente
del cielo o del olvido
y si alguien, algo, me golpea los párpados
es una lenta gota empecinada.
Ahora no es, no puede ser la muerte.
Abro los ojos para convencerme.
No cabe
duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.
Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.
No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.
Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.
Cuando
sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo
(de una
canción de Carlos Puebla)
Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo
al
"viejo" hache
Cuando era
como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos
realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre
la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles
uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos
por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos
vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio
y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre
botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides
por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre
pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa
y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de verguenza
por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder
uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llorá
pero no olvides
Me cuesta
como nunca
nombrar los árboles y las ventanas
y también el futuro y el dolor
el campanario está invisible y mudo
pero si se expresara
sus tañidos
serían de un fantasma melancólico
la esquina pierde su ángulo filoso
nadie diría que la crueldad existe
la sangre mártir es apenas
una pálida mancha de rencor
cómo cambian las cosas
en la niebla
los voraces no son
más que pobres seguros de sí mismos
los sádicos son colmos de ironía
los soberbios son proas
de algún coraje ajeno
los humildes en cambio no se ven
pero yo sé quién es quién
detrás de ese telón de incertidumbre
sé dónde está el abismo
sé dónde no está dios
sé dónde está la muerte
sé dónde no estás tú
la niebla no es olvido
sino postergación anticipada
ojalá que la espera
no desgaste mis sueños
ojalá que la niebla
no llegue a mis pulmones
y que vos muchachita
emerjas de ella
como un lindo recuerdo
que se convierte en rostro
y yo sepa por fin
que dejas para siempre
la espesura de ese aire maldito
cuando tus ojos encuentren y celebren
mi bienvenida que no tiene pausas
Mientras
pasa la estrella fugaz
acopio este deseo instantáneo
montones de deseos hondos y prioritarios
por ejemplo que el dolor no me apague la rabia
que la alegría no desarme mi amor
que los asesinos del pueblo se traguen
sus molares caninos e incisivos
y se muerdan juiciosamente el hígado
que los barrotes de las celdas
se vuelvan de azúcar o se curven de piedad
y mis hermanos puedan hacer de nuevo
el amor y la revolución
que cuando enfrentemos el implacable espejo
no maldigamos ni nos maldigamos
que los justos avancen
aunque estén imperfectos y heridos
que avancen porfiados como castores
solidarios como abejas
aguerridos como jaguares
y empuñen todos sus noes
para instalar la gran afirmación
que la muerte pierda su asquerosa puntualidad
que cuando el corazón se salga del pecho
pueda encontrar el camino de regreso
que la muerte pierda su asquerosa
y brutal puntualidad
pero si llega puntual no nos agarre
muertos de vergüenza
que el aire vuelva a ser respirable y de todos
y que vos muchachita sigas alegre y dolorida
poniendo en tus ojos el alma
y tu mano en mi mano
y nada más
porque el cielo ya está de nuevo torvo
y sin estrellas
con helicóptero y sin dios
Siempre hay
una jornada fuera de serie
en que uno logra sentirse sereno
pero está lejos de ser una canonjía
ya que la serenidad no es el mejor
de los estados posibles e imposibles
hoy por ejemplo tomo distancia
con respecto a las cosas y a mi mismo
y no por eso echo al olvido
qué joda era qué bueno era
estar adentro del entrevero
después de todo la famosa
serenidad es una isla
autorizada comonó
y legal
aunque rodeada inexorablemente
por emociones clandestinas
todavía me siento un poco incómodo
en mis primicias de sereno
como quien entra en un traje nuevo
que tiene bajas las hombreras
pero el cuerpo y el alma son
animalitos de costumbres
mañana la incomodida
será menor y en pocos días
me habré habituado a estar sereno
eso me llena a veces de alegría
es claro que se trata de una alegría serena
y en consecuencia uno no sale a dar abrazos
ni pega gritos ni le canta al cielo
a lo sumo archiva caricias y otros prólogos
por estricto orden cronológico
también llega a invadirme el desconsuelo
pero se trata de un sereno desconsuelo
y por lo tanto nadie solloza
ni dice mierda
ni putea
sencillamente como un modesto mago
de rojo circo de domingo
o de feria
tomo los naipes del amor
los bajajo con parsimonia
y en las narices del viejo público
que es como hacerlo en mis narices
mágicamente los transformo
en nuevos naipes de amistad
lo único extraño viene a la noche
pues se presume que un sereno
ha de dormir serenamente
pero yo paso horas y horas
mirando el techo
o sea que
no sé hasta cuando estaré sereno
porque la calma ya no da abasto
hay que confiar y yo confio
que no hay mal que dure
cien años
Cómo
querría otra suerte para esta pobre reseca
que lleva todas las artes y los oficios
en cada uno de sus terrones
y ofrece su matriz reveladora
para las semillas que quizá nunca lleguen
cómo querría que un desborde caudal
viniera a redimirla
y la empapara con su sol en hervor
o sus lunas ondeadas
y las recorriera palmo a palmo
y la entendiera palma a palma
o que descendiera la lluvia inaugurándola
y le dejara cicatrices como zanjones
y un barro oscuro y dulce
con ojos como charcos
o que en su biografía
pobre madre reseca
irrumpiera de pronto el pueblo fértil
con azadones y argumentos
y arados y sudor y buenas nuevas
y las semillas de estreno recogieran
el legado de viejas raíces
como querrían que se escucharan
su verde gratitud y su orgasmo nutricio
y que el alambrado recogiera sus púas
ya que por fin sería nuestra y una
como querría esa suerte de tierra
y que vos muchachita
entre brotes o espigas
o aliento vegetal o abejas mensajeras
te extendieras allí
mirando por primera vez las nubes
y yo tapara lentamente el cielo
No es
ninguna molestia
explicarle qué pienso
del infinito
el infinito es
sencillamente
un agrio viento frío
que eriza las mucosas
la piel
y las metáforas
le pone a uno en los ojos
lágrimas de rutina
y en la garganta un nudo
de sortilegio
seguramente usted ya se dio cuenta
en el fondo no creo
que exista el infinito.
Bueno sobre política
jesús
sobre política
mi bisabuelo que era liberal
espiaba a las criadas en el baño
mi abuelo el reaccionario
extraviaba la llave de sus deudas
mi padre el comunista
compraba hectáreas con gesto de asco
yo soy poeta
señor
y usted debe saber que los poetas
vivimos a la vuelta de este mundo
claro que usted quizá no tenga tiempo
para tener paciencia
pero debe conocer que en el fondo
yo no creo en la política.
Por supuesto el estilo
qué pienso del estilo
una cosa espontánea que se va haciendo sola
siempre escribí en la cama
mucho mejor que en los ferrocarriles
qué más puedo agregar
ah domino el sinónimo
módico exiguo corto insuficiente
siempre escribo pensando en el futuro
pero el futuro
se quedó sin magia
me olvidaba que usted
ya sabe que en el fondo
yo no creo en el estilo.
El amor el amor
ah caramba
el amor
por lo pronto me gusta
la mujer
bueno fuera
el alma
el corazón
sobre todo las piernas
poder alzar la mano
y encontrarla a la izquierda
tranquila
o intranquila
sonriendo desde el pozo
de su última modorra
o mirando mirando
como a veces se mira
un rato antes del beso
después de todo
usted y yo sabemos
que en el fondo
el amor
el amor
es una cosa seria.
Por favor
esto último
no vaya a publicarlo.
Estás
alicaído, estás dudando,
no te alcanzan las pruebas ni las preces,
cada Dónde te ofusca, cada Cuándo.
Recorres el confort, las estrecheces
que quedaron atrás y es razonable
que reclames la vida que mereces,
las ventanas de paz, el techo estable.
Pero yo, te confieso, prefería
(cómo querés, hermano, que te hable?)
cuando tu vieja angustia estaba al día
con la angustia del mundo, cuando todos
éramos parte en tu melancolía.
Sé qué polvos trajeron estos lodos
pero saberlo no es la mejor suerte.
Inventaré quién sos. De todos modos.
inventarte es mi forma de creerte.
Qué vergüenza
carezco de monstruos interiores
no fumo en pipa frente al horizonte
en todo caso creo que mis hueso
son importantes para mí y mi sombra
los sábados de noche me lleno de coraje
mi nariz qué vergüenza no es como la de Goethe
no puedo arrepentirme de mi melancolía
y olvido casi siempre que el suicidio es gratuito
qué vergüenza me encantan las mujeres
sobre todo si son consecuentes y flacas
y no confunden sed con paroxismo
qué vergüenza diosmío no me gusta Ionesco
sin embargo estoy falto de monstruos interiores
quisiera prometer como Dios manda
y vacilar como la gente en prosa
qué vergüenza en las tardes qué vergüenza
en las tardes más oscuras de invierno
me gusta acomodarme en la ventana
ver cómo corre la llovizna corre a mis acreedores
y ponerme a esperar quizás a esperarte
tal como si la muerte fuera una falsa alarma.
No te
quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
Por una vez
existe el cielo innecesario.
Nadie averigua acerca de mi corazón
ni de mi salud milagrosa y cordial,
porque es de noche, manantial de la noche,
viento de la noche, viento olvido,
porque es de noche entre silencio y uñas
y quedo desalmado como un reloj lento.
Húmeda oscuridad desgarradora,
oscuridad sin adivinaciones,
con solamente un grito que se quiebra a lo lejos,
y a lo lejos se cansa y me abandona.
Ella sabe qué palabras podrían decirse
cuando se extinguen todos los presagios
y el insomnio trae iras melancólicas
acerca del porvenir y otras angustias.
Pero no dice nada, no las suelta.
Entonces miro en lo oscuro llorando,
y me envuelvo otra vez en mi noche
como en una cortina pegajosa
que nadie nunca nadie nunca corre.
Por el aire invisible baja una luna dulce,
hasta el sueño por el aire invisible.
Estoy solo como con mi infancia de alertas,
con mis corrientes espejismos de Dios
y calles que me empujan inexplicablemente
hacia un remoto mar de miedos.
Estoy solo como una estatua destruida,
como un muelle sin olas, como una simple cosa
que no tuviera el hábito de la respiración
ni el deber del descanso ni otras muertes en cierne,
solo en la anegada cuenca del desamparo
junto a ausencias que nunca retroceden.
Naturalmente, ella
conoce qué palabras podrían decirse,
pero no dice nada,
pero no dice nada irremediable.
Esta
historia poco sagrada
de aquí abajísimo
esta nada eucarística amenaza
bomba lustral
hongo piadoso
última cena con doce judas
y ningún pobre
salvador
este bochorno calculado
este loquísimo escupitajo
en las dos cara de la oscuridad
tienen su parte en mi desrezo.
Tengo una
soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón
tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor
sin un temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos
estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición
mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos
pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada
las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada
ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada
Todo campo
es el nuestro
por ejemplo está éste
verde dispuesto verde
los surcos y los surcos
las nubes con sus gordas
pantorrillas de lluvia
está tambien el otro
campo de pronto abismo
recién nacidos muertos
sin haberse atrevido
a estrenar sus pavores
está el amor de siempre
el corazón del tacto
la noche de la piel
los poros y los poros
y la gloria y el beso
está la llamarada
la hoguera de la piel
el cuerpo brasa infame
el hombre que no sabe
por qué lo incendia el hombre
verde dispuesto verde
campo de pronto abismo
los surcos y los surcos
las nubes con sus gordas
pantorrillas de lluvia
recién nacidos muertos
sin haberse atrevido
a estrenar sus pavores
está el amor de siempre
está la llamarada
el corazón del tacto
la hoguera de la piel
la noche de la piel
el cuerpo brasa infame
los poros y los poros
y el hombre que no sabe
y la gloria y el beso
por qué lo incendia el hombre
desde un sitio cualquiera
montaña
o selva
o sótano
hay alguien que hace señas
agitando su vida
todo campo
es el nuestro
Vuelves,
día de siempre,
rompiendo el aire justamente donde
el aire había crecido como muros.
Pero nos iluminas brutalmente
y en la sencilla náusea de tu claridad
sabemos cuándo se nos caerán los ojos,
el corazón, la piel de los recuerdos.
Claro, mientras tanto
hay oraciones, hay pétalos, hay ríos,
hay la ternura como un viento húmedo.
Sólo mientras tanto.
Por fin un
crítico sagaz reveló
(ya sabía yo que iban a descubrirlo)
que en mis cuentos soy parcial
y tangencialmente me exhorta
a que asuma la neutralidad
como cualquier intelectual que se respete
creo que tiene razón
soy parcial
de esto no cabe duda
más aún yo diría que un parcial irrescatable
caso perdido en fin
ya que por más esfuerzos que haga
nunca podré llegar a ser neutral
en varios países de este continente
especialistas destacados
han hecho lo posible y lo imposible
por curarme de la parcialidad
por ejemplo en la biblioteca nacional de mi país
ordenaron el expurgo parcial
de mis libros parciales
en argentina me dieron cuartenta y ocho horas
(y si no me mataban) para que me fuera
con mi parcialidad a cuestas
por último en perú incomunicaron mi parcialidad
y a mi me deportaron
de haber sido neutral
no habria necesitado
esas terapias intensivas
pero qué voy a hacerle
soy parcial
incurablemente parcial
y aunque pueda sonar un poco extraño
totalmente
parcial
ya sé
eso significa que no podré aspirar
a tantísimos honores y reputaciones
y preces y dignidades
que el mundo reserva para los intelectuales
que se respeten
es decir para los neutrales
con un agravante
como cada vez hay menos neutrales
las distinciones se reparten
entre poquísimos
después de todo y a partir
de mis confesadas limitaciones
debo reconocer que a esos pocos neutrales
les tengo cierta admiración
o mejor les reservo cierto asombro
ya que en realidad se precisa un temple de acero
para mantenerse neutral ante episodios como
girón
tlatelolco
trelew
pando
la moneda
es claro que uno
y quizá sea esto lo que quería decirme el crítico
podría ser parcial en la vida privada
y neutral en las bellas letras
digamos indignarse contra pinochet
durante el insomnio
y escribir cuentos diurnos
sobre la atlántida
no es mala idea
y claro
tiene la ventaja
de que por un lado
uno tiene conflictos de conciencia
y eso siempre representa
un buen nutrimeto para el arte
y por otro no deja flancos para que lo vapulee
la prensa burguesa y/o neutral
no es mala idea
pero
ya me veo descubriendo o imaginando
en el continente sumergido
la existencia de oprimidos y opresores
parciales y neutrales
torturados y verdugos
o sea la misma pelotera
cuba sí yanquis no
de los continentes no sumergidos
de manera que
como parece que no tengo remedio
y estoy definitivamente perdido
para la fructuosa neutralidad
lo más probable es que siga escribiendo
cuentos no neutrales
y poemas y ensayos y canciones y novelas
no neutrales
pero advierto que será así
aunque no traten de torturas y cárceles
u otros tópicos que al parecer
resultan insoportables a los neutros
será así aunque traten de mariposas y nubes
y duendes y pescaditos
Mi táctica
es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
Tus manos
son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
Señoras y
señores
hoy trataremos del imperialismo
tema difícil si los hay
y a veces engorroso de sitiar
en sólo media hora de pésimas noticias
en consecuencia intentaré abordarlo
tal como en un pasado alegre y misterioso
se solía abordar los bajeles piratas
quiero decir
de un modo irregular
digamos por ejemplo
que una campana suena a lo lejos mansa
y purifica el diálogo y se queda
como el sol en las copas de los árboles
a pesar del calor el horizonte
se pone su bufanda
y unos pájaros sueltos y agilísimos
la recorren
y no son golondrinas
nada de eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que una muchacha quiebra la mañana
con sus caderas móviles
sus ojos perentorios
sus labios de cosecha
su paso que no pasa
y el muchacho espera invencible y modesto
la incluye en su destino la estudia poro a poro
y así centineleándola
se atreve o no se atreve
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que un niño escucha el mundo y decidiéndose
le echa su bocanada de candor
aprende cómo son sus pies y se los come
discute con el techo y lo convence
llora para variar y porque sabe
que a su alarido comparece el seno
con su promesa láctea y esa piel
que le gusta sentir junto a los párpados
y sabe que es feliz aunque no sepa
qué precio va a pagar o qué desprecio
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que un viejo está aprendiendo el alfabeto
y clave en su memoria los diptongos
y las esdrújulas que son tan cómodas
porque llevan acento indiscutible
tiene rostro de cuáquero este viejo
pero el alma la tiene de resorte
y escribe llubia porque en su campito
nunca vio que lloviera con ve corta
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que una máquina late en el delirio
dice ruidosamente su producto
y las manos lo ayudan lo enderezan
lo limpian lo acicalan y lo envasan
manos que se conocen hace años
y hace años se mojan y se secan
se dan la bienvenida y los adioses
se preguntan se llaman se responden
se apoyan en la máquina materna
que dice su producto y carraspea
y cuando las ve juntas veteranas
suelta dos o tres lágrimas de aceite
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que en la serena noche conyugal la pareja
hizo un hijo porque le dio la gana
y le ha dado la gana porque sabe
que un hijo es el profeta cotidiano
irá anunciándolos de sol a sol
irá diciendo a todos que es un hijo
y se alimentará con insolente
apetito y probará la patria
como si fuera pan caliente y nuevo
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que la frontera pierde sus aduanas
y hasta nos invadimos los unos a los otros
nos prestamos volcanes y arroyitos
y cobre y antropólogos y azúcar
y lana y proteínas y arcoiris
y alfabetizadores y durmientes
y poetas y prosistas y petróleo
y el contrabando queda para el viento
y para los amantes migratorios
tampoco eso es el imperialismo
digamos por ejemplo
que la lluvia y el sol nos pertenecen
también el sobrecielo y el subsuelo
las provincias de nuestro corazón
y el territorio de nuestro trabajo
somos iguales ante los iguales
en un mundo de pares y sin otros
una linda locura de los cuerdos
y cierta estratagema de justicia
vamos poniendo tildes a presagios
que se cumplieron o se están cumpliendo
en un comienzo fuimos sólo islas
ahora somos urgentes archipiélagos
tampoco eso es el imperialismo
y digamos por último
que tenemos la noche y nuestra casa
y un reloj que no cuenta hacia la muerte
la ciencia avanza tanto que ha logrado
aislar el virus de la xenofobia
y la patria es ahora un salado bautismo
que va de mar a mar
y los abismo siguen existiendo
aunque nadie se arroje a su silencio
siempre es duro vivir pero se vive
dentro de las esclusas de la vida
y una vez más afirmo
nada de esto es el imperialismo
confío no haber sido demasiado sectario
en el enfoque teórico del tema
señoras y señores
acaba de avisarme un compañero
que afuera nos esperan los señores gendarmes
tal vez para brindarnos alguna clase práctica
deseémonos coraje
y buena suerte
he dicho muchas gracias
No lo creo
todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más todavía
Padre
nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles
quiero que vuelvas antes de que olvides
como se llega al sur de Río Grande
Padre nuestro que estás en el exilio
casi nunca te acuerdas de los míos
de todos modos dondequiera que estés
santificado sea tu nombre
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver la uñas
sucias de la miseria
en agosto de mil novecientos sesenta
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino
porque tu reino también está aquí abajo
metido en los rencores y en el miedo
en las vacilaciones y en la mugre
en la desilusión y en la modorra
en esta ansia de verte pese a todo
cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar hágase tu voluntad
sin embargo una vez cada
tanto tu voluntad se mezcla con la mía
la domina
la enciende
la duplica
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer
así en tu omnipresencia como en mi soledad
así en la tierra como en el cielo
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora
pero quién sabe
no voy a decidir
que tu poder se haga o deshaga
tu voluntad igual se está haciendo en el viento
en el Ande de nieve
en el pájaro que fecunda a su pájara
en los cancilleres que murmuran yes sir
en cada mano que se convierte en puño
claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse
lo digo con irreverencia y gratitud
dos emblemas que pronto serán la misma cosa
lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día
ayer nos lo quitaste
dánosle hoy
o al menos el derecho de darnos nuestro pan
no sólo el que era símbolo de Algo
sino el de miga y cáscara
el pan nuestro
ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza
no nos perdones nunca nuestros créditos
a más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos
tangibles y sonrientes forajidos
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro
poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros
una vez
por error
perdonamos a nuestros deudores
todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote
como tres mil kilómetros de injurias
como veinte medallas a Somoza
como una sola Guatemala muerta
no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado
o arrendar una sola hectárea de su olvido
ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río
el dólar y el amor contrarrembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia
amén.
YO NO TE PIDO (Mario Benedetti)
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
solo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.
yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tu quieras
las palomas que suelo mirar.
De lo pasado no lo voy a negar
el futuro algún día llegara
y del presente
que le importa a la gente
si es que siempre van a hablar.
Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar.
Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
solo te pido que mi espacio
llenes con tu luz
TODAVÍA (Mario Benedetti)
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que la cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
por que estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y anunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrás dudas ni resabios
te querré más
todavía
NO ES QUE MUERA DE AMOR (Jaime Sabines)
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.
ESPERO CURARME DE TI (Jaime Sabines)
Espero curarme de ti en unos días.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante.
En una semana se puede reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra
y se les puede prender fuego.
Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes
que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama.
(Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo:
"que calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?",
"se te hizo de noche"...
Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías,
te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te
quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo.
Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras:
guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura.
No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas.
Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio
para entrar a un panteón.
ALLÍ DONDE TE ENCUENTRES
Donde estés te acompaño.
Tiendo mi ser como el más delicado viento,
la más fragante música de cuerdas,
el más tibio topacio de la tierra.
Donde quiera que estés
sentada o en el aire...
Allí donde te encuentres
mi mano te acompaña...
te rodea su tráfico de seda
paseando tu piel,
hablando sin palabras.
Defendiendo el amor
que no ha empezado
pero crece de azul
como los cielos...
Donde quiera que estés
recibe mi esperanza..
YA NO
Ya no me
habitará tu ausencia.
No estarás en mí.
No.
No te veré en mi puerta
que abriste sin permiso
y cerraste.
conmigo
fatalmente en vos.
¿Alivio sin fin
no esperar ya
que cobijes mi estatura.
que tu abrazo épico
nos comulgue?
¿Paz.
no tener sed
de verte extendido:
libertad-deleite-poesía-?
No.
Es dolor seco.
Dolor animal.
Llanto de Dios.
Por el amor estéril.
Por el amor que no.
Por el no amor.
Por el amor que me tendrás siempre.
Por el amor
prendido a mi raíz.
Pero la vida quiere vida
para estos ojos míos
que inmensos te miraron.
Y otros ojos me miran.
cuando abren esta puerta
que abriste
y cerraste
sin permiso.
Y yo.miro
los ojos nuevos
Mientras
Dios
llora en mis entrañas.
DAME Y DEJA. (Elizabeth)
Dame tu voz
Deja que acune tu aliento
para que se arrullen mis besos
Dame tu distancia corta
Deja que mis manos te busquen
para que tu piel florezca
Dame tu prisa
Deja que el viento
De mi fuego te ame
para que se busquen
nuestros sueños.
Dame tu ilusión de capullo
para que tu amor
no sea la mariposa furtiva
que deja en mis ojos
los colores del iris de tu cielo.
Deja que el agua corra
que la brisa se detenga
en tus cabellos
que la lluvia te siga enamorando
con las primeras canas
que llegan a tu alma.
Dame el aliento de tu voz
que fue niña
Dame el primer café caliente
con tus besos madrugados
Vuelve a mi con tu primera prisa
con tu pálida risa
Vuelve a mi con tu dame y deja
EL ARBOL DE LOS AMIGOS
Existen personas en nuestras vidas que
nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado,
viendo muchas lunas pasar,
mas otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.
Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo
papá y nuestra amiga mamá,
que nos muestra lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos
nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos
y deseamos el bien.
Mas el destino nos presenta a otros amigos,
los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, son verdaderos.
Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.
Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón
y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios,
saltos a nuestros pies.
Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estamos cerca.
Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando
el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y
perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano
y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron
continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando
se cruzaron en nuestro camino.
Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud,
suerte y prosperidad. Hoy y siempre...
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja
un poco de si y se lleva un poco de nosotros.
Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrá de los que no nos dejaran nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y
la prueba evidente de que Dos almas
no se encuentran por casualidad.
JORGE
LUIS BORGES
TE EXTRAÑO
En medio del sonido de la noche, mi ser aclama por ti.
El brillo de el silencio y la luz de la oscuridad,
quieren una palabra tuya.
La música de los grillos del campo son la medicina
para aliviar mi sueño.
El canto perfecto es escuchar tu voz al ritmo de la
pasión y al de la armonía de lo que por tí siento.
El agua brillante de la luna, cae sobre tu contorno
como rocío en las plantas; la hermosa luz que me
hace soñar con verte.
Tus cartas son como caricias en el viento, estas me
consuelan cuando estoy sola y ansío tacarte.
Pensar en tí, no son mas que suspiros en el viento;
y como sombra en el espejo, ansío mirarte.
Decirle a la inmensidad "Te extraño" no es mas que
decir nada; esa palabra no tiene significado si no
es entendida por tu mente y escuchada por tus oidos.
Te necesito con el cuerpo y con el espíritu, te
deceo... te amo.
Tus besos son mi adicción y tus palabras son mi fuerza.
Con un grito te deceo, te quiero, te amo... eso es
lo que quiere dar a entender mi canto de esperanza.
Los rayos caen a golpe con el suelo, y cran un
sonido llamado "Trueno"; que coincidencia que
cunando sueño contigo pasa algo semejante, pero este
sonido, es llamado "Realidad".
Esa es la condena que me toca vivir por amarte y me
gusta, ya que le dá un toque mágico a mi vida.
Ese toque mágico se lo dá tu corazón, el cual poco a
poco mas me conquista.
Tamara Glz.
EUFORIA
Tu presencia, mi razon
Tu silencio, mi universo
Eres todo
Eres mi sol, mi luna
Eres el momento
La pregunta y la respuesta
eres el principio eres el final
Todas las lagrimas
Todas las sonrisas
Todo es por ti
Todos mis segundos
Todos mis momentos
Todo grita tu nombre
Todo tiene tu olor
Hoy te doy mi vida
Sin ti esta perdida
Yo ya no la quiero
Si no estas tu ahí.
Eres mi silencio
Mi grito ahogado
Que dice te amo
No cabe tanta emocion en mi alma
Estalla
Grita
Te encontre!!
Y tu sientes igual
Todo un mundo
Un universo
Que tiene un motivo
Por que estas en el
Por que te amo,Por que me amas
No se puede ser mas feliz
No se puede vivir mas intenso
Es amor
Es amor de dos
Tu dudaste alguna vez?
Porque aun despues de la lluvia
o aun en medio de la oscuridad
con un mundo en contra
Hallaremos una forma
de volver uno al otro
Hasta no separarnos jamas
Encontre entre tus brazos
el significado de hogar
Grita
estalla
Llora
Rie
Es asi
es amor
es locura
estamos juntos
separados pero unidos
no hay distancias
no hay mas gente
en este mundo
solo estamos tu y yo.
NO VOLVERÁS A SER LA SAL DE MIS LAGRIMAS
No volverás a se la sal de mis lágrimas,
aunque me lleve en mi boca el sabor de tus labios,
ni siquiera mo alma volará nerviosa
dentro de tu aire callado que me envuelve.
Ahora, cuando más te necesito, nadie,
ni siquiera tú, me devuelve amor.
Ahora es mayor el peso de mis cejas,
mi mirada ya no busca el infinito,
ya no quedo en el vacío que tu dejas,
ni puedes imaginar lo que te necesito.
Ahora me golpea la dureza de tanta gente
a la que he dedicado mi tiempo,
mis lágrimas, mis versos,
esas almas de amor indigente
y crueles tumores de malos vientos.
No volverás a se la sal de mis lágrimas.
Sin Título
Juega mi
corazón con el aquí y el ahora
porque estás aquí
cuando navego a la deriva
en la corriente sin escape.
Porque, es ahora, cuando mi nombre
no es ni presente, ni pasado, ni futuro en tí.
Pero está escondido en el vacío de tu olvido.
El aquí y el ahora no son míos
Tampoco tú,
pero el aquí, y el ahora y tú
lloran mis espacios
cubren mi tiempo
son mi comienzo
serán mi fin
tu eres
aquí
ahora
allá
después
tú
AUNQUE
Aunque mis lagrimas demuestren una verdad errada
Yo te seguiré esperando.
Aunque los días no quieran mimarnos
Yo te seguiré deseando.
Aunque estas letras no formen melodías en tus ojos
Yo te seguiré dibujando.
Aunque el mañana se nuble de oportunidades.
Yo te seguiré buscando.
Porque fuiste y serás mi verdadero amor en vida
Porque atesoras mi alma con tu partida
Porque tu presencia ahuyenta mis sentidos
Porque siento este dolor compartido
Porque tus labios perdieron mi poesía
Porque anhelo tu amor de vitamina.
Macarena Russo.
VALE LA PENA VIVIR
Me siento solo, nada me sale bien,
necesito soñar, necesito amar,
como si esto estuviera tan lejos
pensando que es inalcanzable.
A veces pienso si vale la pena vivir
atormentándome por lo que soy,
escucho música y todas las canciones
me resultan triste.
A veces pienso si vale la pena vivir
pensando siempre en un futuro
que no se si llegará, y a su vez
desperdiciando el presente.
A veces pienso si vale la pena vivir
sin haber encontrado el verdadero amor
rezando por las noches y tratando de encontrar
la respuesta a este insospechado enigma
A veces pienso si vale la pena vivir
sin haber encontrado la felicidad
sin valorar los pequeños momentos
arrepintiéndome de seguro, algun dia de estos.
A veces pienso si vale la pena vivir
a veces pienso si vale vivir
a veces pienso en terminar todo ahora
a veces pienso; siempre lo pienso
Quizas no seran las mejores rimas del mundo, pero lo
que dice en este poema lo escribio mi corazón.
TE QUIERO.
Te quiero ¿por que no decirlo?,te quice
creí en tus palabras y creí en tus besos
te quice ¿por que no decirlo?
hoy se que me mentiste, para mi es un dolor
profundo punzante y eterno,
te quice ¿por que no decirlo? como solo se ama al
amor primero,
y a pesar de todo el mal que me hiciste,
¿por que no decirlo?...te quice y te quice y te
quiero.
Romina Benaglia.
COMO NOSOTROS
Es increible como me siento en tus brazos.
Como me pierdo en tus ojos, ni hablar en tus labios.
Dicen que debes ser galante, regalarme flores o
escribirme una carta de amor.
Pero vos sos asi. Y asi te amo. Con tu dulzura.
Con tus silencios.
Cuando me hablas yo enmudesco.
Jamás me olvidaré cuando temerosa de mi sentimiento
me atreví a decirte:
Sabes? Es la primera vez que me enamoro asi.
Claro. Tal vez esperaba que me digas que la tuya también.
Pero me dijiste:
Sabes? Es la única vez que me enamoro asi.
Nos amamos. Es suficiente.
Entiendo que nuestro amor es único.
Como nosotros.
DEJAR DE AMARTE.. NO PODRÉ
No se como explicar esto que siento,
es tan triste saber que no te tengo.
La esperanza se ha ido ,la fe la he desaparecido.
Tu amor no he obtenido,el calor me agobia,
las lágrimas me inundan,
mi alma destinada a esperarte estaba.
Ya no puedo mas acercarme a ti ,es aferrarse a la fé,
a la esperanza que al poderte ver,
hace que me convenza a buscar algo cercano al amor.
Me pongo a pensar que seria calor de estar en tus
brazos ,amor de tenerte en los mios.
Adios amor mío no fue mi descición, fue necesario
haber huido, y comienza a extrañarte mi corazon.
El tiempo habia pasado y a ti me habia aferrado,
por lo mismo no has podido ser olvidado.
No quiero darme cuenta que a mi lado no estas,
a la idea no me hago que ahora faltaras.
Mi esperanza contigo, la fé que habia tenido,
poco a poco ambos han desaparecido.
Un hasta pronto hubiera sido mejor,
pero dijimos adiós,
cometimos grave error.
EXTRAÑANDOTE ESTARE,
DE PENSAR EN TI NO DEJARE
Y CREEME ;
DEJAR DE AMARTE NO PODRE.
Sin Título
Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Sin Título
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites
Sin Título
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Mario Benedetti
Sin Título
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Sin Título
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Sin Título
Si a mí me
hubieran dicho
Que iba a llegar el día en que los dos
Fuéramos mas que simples amigos
No lo hubiera creído
Si me hubieran dicho
Que iba a llegar el día
En que mis ojos
Pudieran apreciar los tuyos
No lo hubiera creído
Si a mí me hubieran dicho
Que iba a llegar el día
En el que yo cobijara tus labios con mis besos
No lo hubiera creído.
Y no hubiera creído
Si a mi me hubieran dicho
Que iba a llegar el día
En el que yo pueda acariciar y disfrutar de tu belleza.
Sin Título
A VECES
LLUEVE
A VECES HACE CALOR
PERO ALGO ES SEGURO
QUE SINCERO ES MI AMOR
CUANDO VEO EL SOL O
CUANDO VEO LAS ESTRELLAS
ESTOY VIENDO TU SONRISA
EN CADA UNA DE ELLAS
EN ESTE SENTIMIENTO
HAY ALGO FATAL
Y LO FATAL ES
QUE NO LO PUEDO CONTROLAR
Y NO LO PUEDO CONTROLAR
PORQUE FUERTE ES MI SENTIMIENTO
Y MI CORAZON ME INDICA
QUE ES LO QUE YO SIENTO.
CADA GOTA DE LLUVIA
ES UNA LAGRIMA MIA
QUE SIEMPRE POR TI CAE
Y RUEDA POR MI MEJILLA
CADA VEZ QUE EL SOL BRILLE
ES POR QUE ESTOY CONTENTO
Y TODO ESTO SE DEBE
A QUE TU AMOR YO TENGO
Y POR SINO LO SABIAS
ALGO TE VOY A CONTAR
Y ES QUE CUANDO NIEVA
ES PORQUE TE VOY A EXTRAÑAR
QUIERO QUE SEPA EL MUNDO
ESTO QUE TÉ DIRE
Y ES QUE TODA MI VIDA
POR SIEMPRE TE AMARE
POEMA 1
Cuerpo de
mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces
al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo
de labriego salvaje te socava
y hace
saltar el hijo del fondo de la tierra.
Fui solo
como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la
noche entraba su invasión poderosa.
Para
sobrevivirme te forjé como un arma,
como una
flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.
Pero cae la
hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de
piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los
vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las
rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!
Cuerpo de
mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi
ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros
cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga
sigue, y el dolor infinito.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 2
En su llama
mortal la luz te envuelve.
Absorta, pálida
doliente, así situada
contra las
viejas hélices del crepúsculo
que en
torno a ti da vueltas.
Muda, mi
amiga,
sola en lo
solitario de esta hora de muertes
y llena de
las vidas del fuego,
pura
heredera del día destruido.
Del sol cae
un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche
las grandes raíces
crecen de
súbito desde tu alma,
y a lo
exterior regresan las cosas en ti ocultas,
de modo que
un pueblo pálido y azul
de ti
recién nacido se alimenta.
Oh
grandiosa y fecunda y magnética esclava
del círculo
que en negro y dorado sucede:
erguida,
trata y logra una creación tan viva
que
sucumben sus flores, y llena es de tristeza.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 3
Ah vastedad
de pinos, rumor de olas quebrándose,
lento juego
de luces, campana solitaria,
crepúsculo cayendo
en tus ojos, muñeca,
caracola
terrestre, en ti la tierra canta!
En ti los
ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo
desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi
camino en tu arco de esperanza
y soltaré
en delirio mi bandada de flechas.
En torno a
mí estoy viendo tu cintura de niebla
y tu
silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú
con tus brazos de piedra transparente
donde mis
besos anclan y mi húmeda ansia anida.
Ah tu voz
misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el
atardecer resonante y muriendo!
Así en
horas profundas sobre los campos he visto
doblarse
las espigas en la boca del viento.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 4
Es la
mañana llena de tempestad
en el
corazón del verano.
Como
pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
el viento las
sacude con sus viajeras manos.
Innumerable
corazón del viento
latiendo
sobre nuestro silencio enamorado.
Zumbando
entre los árboles, orquestal y divino,
como una
lengua llena de guerras y de cantos.
Viento que
lleva en rápido robo la hojarasca
y desvía
las flechas latientes de los pájaros.
Viento que
la derriba en ola sin espuma
y sustancia
sin peso, y fuegos inclinados.
Se rompe y
se sumerge su volumen de besos
combatido
en la puerta del viento del verano.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 5
Para que tú
me oigas
mis
palabras
se
adelgazan a veces
como las
huellas de las gaviotas en las playas.
Collar,
cascabel ebrio
para tus
manos suaves como las uvas.
Y las miro
lejanas mis palabras.
Más que
mías son tuyas.
Van trepando
en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas
trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la
culpable de este juego sangriento.
Ellas están
huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo
llenas tú, todo lo llenas.
Antes que
tú poblaron la soledad que ocupas,
y están
acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora
quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú
las oigas como quiero que me oigas.
El viento
de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes
de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas
otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de
viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame,
compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme,
compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van
tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo
ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo
de todas un collar infinito
para tus
blancas manos, suaves como las uvas.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 6
Te recuerdo
como eras en el último otoño.
Eras la
boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos
peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas
caían en el agua de tu alma.
Apegada a
mis brazos como una enredadera,
las hojas
recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de
estupor en que mi sed ardía.
Dulce
jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento
viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris,
voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde
emigraban mis profundos anhelos
y caían mis
besos alegres como brasas.
Cielo desde
un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo
es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de
tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas
de otoño giraban en tu alma.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 7
Inclinado
en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos
oceánicos.
Allí se
estira y arde en la más alta hoguera
mi soledad
que da vueltas los brazos como un náufrago.
Hago rojas
señales sobre tus ojos ausentes
que olean
como el mar a la orilla de un faro.
Sólo
guardas tinieblas, hembra distante y mía,
de tu
mirada emerge a veces la costa del espanto.
Inclinado
en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar
que sacude tus ojos oceánicos.
Los pájaros
nocturnos picotean las primeras estrellas
que
centellean como mi alma cuando te amo.
Galopa la
noche en su yegua sombría
desparramando
espigas azules sobre el campo.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 8
Abeja
blanca zumbas —ebria de miel— en mi alma
y te
tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el
desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo
perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última
amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi
tierra desierta eres la última rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus
ojos profundos. Allí aletea la noche.
Ah desnuda
tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos
profundos donde la noche alea.
Frescos
brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen
tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a
dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
Ah
silenciosa!
He aquí la
soledad de donde estás ausente.
Llueve. El
viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua
anda descalza por las calles mojadas.
De aquel
árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca,
ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en
el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah
silenciosa!
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 9
Ebrio de
trementina y largos besos,
estival, el
velero de las rosas dirijo,
torcido
hacia la muerte del delgado día,
cimentado en
el sólido frenesí marino.
Pálido y
amarrado a mi agua devorante
cruzo en el
agrio olor del clima descubierto,
aún vestido
de gris y sonidos amargos,
y una
cimera triste de abandonada espuma.
Voy, duro
de pasiones, montado en mi ola única,
lunar,
solar, ardiente y frío, repentino,
dormido en
la garganta de las afortunadas
islas
blancas y dulces como caderas frescas.
Tiembla en
la noche húmeda mi vestido de besos
locamente
cargado de eléctricas gestiones,
de modo
heroico dividido en sueños
y
embriagadoras rosas practicándose en mí.
Aguas
arriba, en medio de las olas externas,
tu paralelo
cuerpo se sujeta en mis brazos
como un pez
infinitamente pegado a mi alma
rápido y
lento en la energía subceleste.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 10
Hemos perdido
aun este crepúsculo.
Nadie nos
vio esta tarde con las manos unidas
mientras la
noche azul caía sobre el mundo.
He visto
desde mi ventana
la fiesta
del poniente en los cerros lejanos.
A veces
como una moneda
se encendía
un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te
recordaba con el alma apretada
de esa
tristeza que tú me conoces.
Entonces,
dónde estabas?
Entre qué
gentes?
Diciendo
qué palabras?
Por qué se
me vendrá todo el amor de golpe
cuando me
siento triste, y te siento lejana?
Cayó el
libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un
perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre,
siempre te alejas en las tardes
hacia donde
el crepúsculo corre borrando estatuas.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 11
Casi fuera
del cielo ancla entre dos montañas
la mitad de
la luna.
Girante,
errante noche, la cavadora de ojos.
A ver
cuántas estrellas trizadas en la charca.
Hace una
cruz de luto entre mis cejas, huye.
Fragua de
metales azules, noches de las calladas luchas,
mi corazón
da vueltas como un volante loco.
Niña venida
de tan lejos, traída de tan lejos,
a veces
fulgurece su mirada debajo del cielo.
Quejumbre,
tempestad, remolino de furia,
cruza
encima de mi corazón, sin detenerte.
Viento de
los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta.
Desarraiga
los grandes árboles al otro lado de ella.
Pero tú,
clara niña, pregunta de humo, espiga.
Era la que
iba formando el viento con hojas iluminadas.
Detrás de
las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio,
ah nada
puedo decir! Era hecha de todas las cosas.
Ansiedad
que partiste mi pecho a cuchillazos,
es hora de
seguir otro camino, donde ella no sonría.
Tempestad
que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas
para qué
tocarla ahora, para qué entristecerla.
Ay seguir el
camino que se aleja de todo,
donde no
esté atajando la angustia, la muerte, el invierno,
con sus
ojos abiertos entre el rocío.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 12
Para mi
corazón basta tu pecho,
para tu
libertad bastan mis alas.
Desde mi
boca llegará hasta el cielo
lo que
estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la
ilusión de cada día.
Llegas como
el rocío a las corolas.
Socavas el
horizonte con tu ausencia.
Eternamente
en fuga como la ola.
He dicho
que cantabas en el viento
como los
pinos y como los mástiles.
Como ellos
eres alta y taciturna.
Y
entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora
como un viejo camino.
Te pueblan
ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté
y a veces emigran y huyen
pájaros que
dormían en tu alma.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 13
He ido marcando
con cruces de fuego
el atlas
blanco de tu cuerpo.
Mi boca era
una araña que cruzaba escondiéndose.
En ti,
detrás de ti, temerosa, sedienta.
Historias
que contarte a la orilla del crepúsculo,
muñeca
triste y dulce, para que no estuvieras triste.
Un cisne,
un árbol, algo lejano y alegre.
El tiempo
de las uvas, el tiempo maduro y frutal.
Yo que viví
en un puerto desde donde te amaba.
La soledad
cruzada de sueño y de silencio.
Acorralado
entre el mar y la tristeza.
Callado,
delirante, entre dos gondoleros inmóviles.
Entre los
labios y la voz, algo se va muriendo.
Algo con
alas de pájaro, algo de angustia y de olvido.
Así como
las redes no retienen el agua.
Muñeca mía,
apenas quedan gotas temblando.
Sin
embargo, algo canta entre estas palabras fugaces.
Algo canta,
algo sube hasta mi ávida boca.
Oh poder
celebrarte con todas las palabras de alegría.
Cantar,
arder, huir, como un campanario en las manos de un loco.
Triste
ternura mía, qué te haces de repente?
Cuando he
llegado al vértice más atrevido y frío
mi corazón
se cierra como una flor nocturna.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 14
Juegas
todos los días con la luz del universo.
Sutil
visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más
que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo
entre mis manos cada día.
A nadie te
pareces desde que yo te amo.
Déjame
tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién
escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame
recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.
De pronto
el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es
una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen
a dar todos los vientos, todos.
Se desviste
la lluvia.
Pasan
huyendo los pájaros.
El viento.
El viento.
Yo sólo
puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal
arremolina hojas oscuras
y suelta
todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás
aquí. Ah tú no huyes.
Tú me
responderás hasta el último grito.
Ovíllate a
mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo
alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora,
ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes
hasta los senos perfumados.
Mientras el
viento triste galopa matando mariposas
yo te amo,
y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá
dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma
sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto
arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre
nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis
palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde
hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te
creo dueña del universo.
Te traeré
de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas
oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero
hacer contigo
lo que la
primavera hace con los cerezos.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 15
Me gustas
cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes
desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que
los ojos se te hubieran volado
y parece
que un beso te cerrara la boca.
Como todas las
cosas están llenas de mi alma
emerges de
las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de
sueño, te pareces a mi alma,
y te
pareces a la palabra melancolía.
Me gustas
cuando callas y estás como distante.
Y estás
como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes
desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que
me calle con el silencio tuyo.
Déjame que
te hable también con tu silencio
claro como
una lámpara, simple como un anillo.
Eres como
la noche, callada y constelada.
Tu silencio
es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas
cuando callas porque estás como ausente.
Distante y
dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra
entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy
alegre, alegre de que no sea cierto.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 16
Paráfrasis
a R. Tagore
En mi cielo
al crepúsculo eres como una nube
y tu color
y forma son como yo los quiero.
Eres mía,
eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en
tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara
de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino
mío es más dulce en tus labios:
oh segadora
de mi canción de atardecer,
cómo te
sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía,
eres mía, voy gritando en la brisa
de la
tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora
del fondo de mis ojos, tu robo
estanca
como el agua tu mirada nocturna.
En la red
de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes
de música son anchas como el cielo.
Mi alma
nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos
de luto comienza el país del sueño.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 17
Pensando,
enredando sombras en la profunda soledad.
Tú también
estás lejos, ah más lejos que nadie.
Pensando,
soltando pájaros, desvaneciendo imágenes,
enterrando
lámparas.
Campanario
de brumas, qué lejos, allá arriba!
Ahogando
lamentos, moliendo esperanzas sombrías,
molinero
taciturno,
se te viene
de bruces la noche, lejos de la ciudad.
Tu
presencia es ajena, extraña a mí como una cosa.
Pienso,
camino largamente, mi vida antes de ti.
Mi vida
antes de nadie, mi áspera vida.
El grito frente
al mar, entre las piedras,
corriendo
libre, loco, en el vaho del mar.
La furia
triste, el grito, la soledad del mar.
Desbocado,
violento, estirado hacia el cielo.
Tú, mujer,
qué eras allí, qué raya, qué varilla
de ese
abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
Incendio en
el bosque! Arde en cruces azules.
Arde, arde,
llamea, chispea en árboles de luz.
Se
derrumba, crepita. Incendio. Incendio.
Y mi alma
baila herida de virutas de fuego.
Quien
llama? Qué silencio poblado de ecos?
Hora de la
nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad,
hora mía
entre todas!
Bocina en
que el viento pasa cantando.
Tanta
pasión de llanto anudada a mi cuerpo.
Sacudida de
todas las raíces,
asalto de
todas las olas!
Rodaba,
alegre, triste, interminable, mi alma.
Pensando,
enterrando lámparas en la profunda soledad.
Quién eres
tú, quién eres?
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 18
Aquí te
amo.
En los
oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece
la luna sobre las aguas errantes.
Andan días
iguales persiguiéndose.
Se desciñe la
niebla en danzantes figuras.
Una gaviota
de plata se descuelga del ocaso.
A veces una
vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz
negra de un barco.
Solo.
A veces
amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena,
resuena el mar lejano.
Este es un
puerto.
Aquí te
amo.
Aquí te amo
y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy
amando aún entre estas frías cosas.
A veces van
mis besos en esos barcos graves,
que corren
por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo
olvidado como estas viejas anclas.
Son más
tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga
mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que
no tengo. Estás tú tan distante.
Mi hastío
forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la
noche llega y comienza a cantarme.
La luna
hace girar su rodaje de sueño.
Me miran
con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo
te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de
alambre.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 19
Niña morena
y ágil, el sol que hace las frutas,
el que
cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu
cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca
que tiene la sonrisa del agua.
Un sol
negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra
melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas
con el sol como con un estero
y él te
deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena
y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti
me aleja, como del mediodía.
Eres la
delirante juventud de la abeja,
la
embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón
sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo
alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa
morena dulce y definitiva
como el
trigal y el sol, la amapola y el agua.
Pablo
Neruda, 1924
POEMA 20
Puedo
escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir,
por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan,
azules, los astros, a lo lejos.»
El viento
de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo
escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la
quise, y a veces ella también me quiso.
En las
noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé
tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me
quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no
haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo
escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que
no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la
noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso
cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa
que mi amor no pudiera guardarla.
La noche
está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es
todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no
se contenta con haberla perdido.
Como para
acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón
la busca, y ella no está conmigo.
La misma
noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros,
los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la
quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz
buscaba el viento para tocar su oído.
De otro.
Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su
cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la
quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan
corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en
noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no
se contenta con haberla perdido.
Aunque éste
sea el último dolor que ella me causa,
y éstos
sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo
Neruda, 1924
"Soy yo cuando"...
Soy yo
cuando río.
Soy yo
cuando canto.
Soy yo
cuando abrazo
y beso a
quienes quiero.
Soy yo
cuando doy
lo mejor de
mí a quienes la vida
me pones
enfrente.
Soy yo
cuando tomo las cosas
con buen
humor.
Soy yo
cuando sufro, crezco
y aprendo.
Soy yo
cuando me siento feliz.
Pero cuando
estamos juntos
Dejo de ser
yo
Y mi vida
se completa
con vos.
POR QUE ME ENAMORE DE TI
Esto no es
ninguna explicación,
ni mucho
menos una acusación,
es una
justificación.
Me enamore
de ti porque eres hermosa por dentro, y esto se ve hasta el final del espejo.
Me enamore
de ti por tu dulzura, y tu amargura.
Me enamore
de ti por tu inocencia, porque derramas cadencia.
Me enamore
de ti porque eres sencilla, y porque eres bajita.
Me enamore
de ti por tu corazón grande, por tu calor que arde.
Me enamore
de ti por tus ojos profundos, porque me llevan al fondo.
Me enamore
de ti por tu negro cabello, por el suspiro que llevas dentro.
Me enamore
de ti porque comprendes, y no esperas a que te lleven.
Me enamore
de ti por tu fuerza, porque en tu valor llevas la ofensa.
Me enamore
de ti por tu paciencia, y por tu falta de insolencia.
Me enamore
de ti por tus manos firmes, porque me alegras cuando ríes.
Me enamore
de ti por tu aroma, que seduce hasta la misma luna si se asoma.
Me enamore
de ti porque abrazas fuerte, y descubres si alguien miente.
Me enamore
de ti porque eres capaz, porque vives sin compás.
Me enamore
de ti porque eres tu, porque sudas igual que yo,
porque
sufres y sientes, porque ríes y lloras, porque tomas y dejas,
por eso me
enamore de ti, porque existe aquí y ahora,
y porque
ahora yo respiro por ti.
Del Amor
Autor:
Ben Al Hazim
Llegará un
día,
en el que
encontrarás
al amor.
No le
pongas una sola
condición.
No dudes ni
un instante,
entrégate a
él con todas
tus
fuerzas.
Confía ciegamente
en él,
y comparte
todos tus sueños
todos tus
éxitos y fracasos.
Más
recuerda que el
verdadero
amor llega
una sola
vez, y en él
se juega
toda tu
dicha, toda
tu
razón de
existir.
El amor
Autor
:Ben Al Hazim
Habrá un momento
en tu vida, en el cual sentirás,
que todo en
tí se transforma, comprenderás en un
instante
todos los secretos de la naturaleza, sentirás
como propio
el eterno romance entre la playa y el
mar, verás
toda la hermosura que encierra el vuelo
libre de una
gaviota. Será el día que esté frente a tí el
amor,
muéstrate frente a el tal cual eres, no intentes
recurrir a
ninguna falsedad, a ninguna mentira, pues
sería a tí
mismo a quien engañaras.
Bríndate en
un todo, sin tiempo ni medidas, sin
cálculos ni
temores puesto que en él puedes confiar
como nunca
antes lo habías hecho.
Más no
intentes ponerle ningún tipo de cadena,
puesto que
es imposible que se conciba un verdadero
amor sin
libertad; sufrirás muchas caídas, muchos
golpes,
pero no desanimes, el amor te dará toda la
fuerza
necesaria para que puedas levantarte y seguir
más seguro
hacia adelante. Se sumamente amigo de
tu amor,
confíale todos tus secretos, todos tus
proyectos y
puedes estar seguro: no hay montaña
infranqueable,
camino imposible, pensamiento
irrealizable
si lo realizas acompañado de tu amor.
Corazón Coraza
Mario
Benedetti
Porque te
tengo y no
Porque te
pienso
Porque la
noche está de ojos abiertos
porque la
noche pasa y digo amor
porque has
venido a recoger tu imagen
y eres mejor
que todas tus imagenes
porque eres
linda desde el pie hasta el alma
porque eres
buena desde el alma a mí
porque te
escondes dulce en el orgullo
pequeña y
dulce
corazón
coraza
Porque eres
mía
porque no
eres mía
porque te
miro y muero
y peor que
muero
si no te
miro amor
si no te
miro
porque tu
siempre existes donde quiera
pero
existes mejor donde te quiero
porque tu
boca es sangre
y tienes
frío
tengo que
amarte amor
aunque esta
herida duela como dos
aunque te
busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase
y yo te tenga
y no.
Viceversa
Mario
Benedetti
Tengo miedo
de verte
necesidad
de verte
esperanza
de verte
desazones
de verte.
Tengo ganas
de hallarte
preocupación
de hallarte
certidumbre
de hallarte
pobres
dudas de hallarte
Tengo
urgencia de oírte
alegría de
oírte
buena
suerte de oírte
y temores
de oírte
o sea
resumiendo
estoy
jodido
y radiante
quizá más
lo primero
que lo
segundo
y también
viceversa
Pasión Suprema
Alberto
Baeza Flores
Una sed
infinita nos acercó en la noche
y una
pasión suprema pobló la soledad.
Cada beso
quemó un más dévil reproche
... y la
lluvia seguía cayendo en la ciudad.
Mi mano
desnudó tu cuerpo, sugerente,
y te miré
perfecta en la infiel claridad.
Florecía en
deseo como la selva ardiente
... y la lluvia
seguía cayendo en la ciudad.
Mis manos
fueron lentas al señir tus caderas;
al tenerte
en mis brazos tembló la eternidad.
Eras como
el aroma de veinte primaveras
... y la
lluvia seguía cayendo en la ciudad.
Como el que
a tanta dicha aún no se acostumbra
tu flor de
amor fue mía y tuya mi ansiedad.
Eras como
un aurora de amor en la penumbra
... y la
lluvia seguía cayendo en la ciudad.
Te quiero
Roy
Croft
Te quiero
no sólo por
lo que eres,
sino por lo
que soy
cuando
estoy contigo.
Te quiero
no sólo por
lo que
has hecho
de tí
sino por lo
que está haciendo por mí.
Te quiero
por poner tu mano
en mi
corazón colmado,
y pasar por
alto
todas las
cosas débiles, tontas,
que eran
inevitables
ver allí.
Te quiero
porque tú
me estás ayudando a hacer
de la manera
de mi vida,
no una
taberna
sino un
templo, de todos los días,
no un
reproche
sino una
canción.
Te quiero
porque has
conseguido
lo que
nadie
pudo haber
hecho
para
hacerme bueno,
y lo que
ningún destino
pudo haber
hecho
para
hacerme feliz.
Tú lo has hecho,
sin un
toque,
sin una
palabra,
sin una
señal.
Te quiero a ti
Ahbid
El Jalim
La vida es
más dulce,
más
intensa,
cuando
estoy contigo.
Es lindo
que alguien te quiera,
alguien con
quien compartir,
alguien a
quien respetar y admirar,
pero por sobre
todas las cosas,
alguien a
quien amar.
TE DIGO ADIOS
Te digo
adios
y acaso te
quiero todavia
te digo
adios
el mas
hermoso sueño de mi vida
Te digo
adios
y acaso te
quiero todavia
Quiza no he
de olvidarte
quiza quiza
no te queria
o tal vez
nos quisimos demasiado los dos
este cariño
triste apasionado y loco
me lo
sembre en el alma
para
quererte a ti
no se si te
ame mucho no se si te ame poco
pero si se
que nunca volvere a amar asi
me llevo tu
sonrisa
dormida en
mis recuerdos
y el
corazon me dice
que no te
olvidare
pero al
sentirme solo
sabiendo
que te pierdo
tal vez
empiezo a amarte
como jamas
te ame
te digo
adios
y acaso con
esta despedida
mi mas
hermoso sueño
muere
dentro de mi
pero te
digo adios
para toda
la vida
aunque toda
la vida
siga pensando
en ti.