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EN MAL MOMENTO sin terminaciones en -mente En mal momento salió Arturo de casa esta mañana. Eran las nueve menos cinco cuando cerró la puerta y ocho minutos después vio como uno de esos pesados mono-volúmenes que ahora están de moda se le venía encima. Estaba pensando en la reunión que tenía a las nueve y media con su nuevo cliente y para la cual no iba a tener tiempo de preparar la estrategia necesaria. No se dio cuenta de que estaba cruzando con el semáforo de peatones en rojo la Avenida Diagonal Tampoco escuchó los gritos de advertencia que le lanzaban varias personas desde la acera para que retrocediera ni se percató de los requiebros de varios motociclistas que consiguieron esquivarle a duras penas. Sólo sintió el peligro cuando cayó su teléfono móvil y al recogerlo se agachó girando la cabeza a la derecha. -¡Dios mío!- apenas pudo llegar a decir. Apenas consiguió levantarse para esperar de pie, como buen torero y con toda dignidad el impacto del coche que se le venía encima. Llegó a ver con claridad la cara de terror del conductor que le intentó esquivar con un tardío golpe de volante. Pero de nada sirvió pues impactó contra él de lleno. Primero golpeándole con el parachoques y después atropellándolo con las cuatro ruedas. Cuando el coche le dio Arturo estuvo unos segundos sobre el capó observando al conductor y queriéndole decir que por favor lo dejara estar, que él tenía prisa y que no tenía tiempo que perder. Cuando cayó bajo las ruedas delanteras primero sintió como una de ellas le rompía las rodillas y la otra le pasaba por encima de su hombro y brazo izquierdo aplastándolos. Sintió una gran sensación de dolor y apenas podía pensar. Pero se sabía una persona responsable y recordaba que tenía una reunión a la que asistir y para la cuál no había pensado nada aún.. Era difícil concentrarse en esa situación. El dolor era muy intenso y creyó que perdía el mundo de vista pero intentó sobreponerse. En pocos momentos las ruedas traseras le pasaron también por encima. Esta vez fue sobre los pies y el pecho. Cerró los ojos aunque no se podía permitir perder el sentido. A su alrededor oía voces de desconocidos que intentaban ayudarle. Arturo sólo quería que le dejaran llamar por teléfono a la oficina para que le prepararan el proyector. Ya sabía cómo plantearía la campaña publicitaria que le habían encargado. El lema del anuncio que propondría a su cliente giraría sobre la siguiente idea: “No pensar nunca en el trabajo cuando se cruce por una gran avenida de tráfico intenso”. |
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