Sobrevivir a la calle: un reto
para la Policía.
Nada descubrimos si decimos que nuestro entorno se está
tornando excesivamente violento. Hechos que hace unos años creíamos únicamente
propios de países allende mar salpican día a día las calles de la geografía
española.
De entre los producidos por adolescentes y menores de edad
tenemos ejemplos tristemente célebres que nos vienen a la mente en cuanto
hablamos del tema. Mera muestra de la enorme casuística ya planteada pueden ser
esos casos de Estados Unidos en los que se han producido repetidamente asaltos
armados a colegios e institutos por adolescentes armados, mediando las más
diversas motivaciones; casos en los que grupos reducidos de menores han
asesinado premeditadamente a otros niños, en ocasiones, meramente como si de un
juego se tratase; y más cercano a nosotros, ese joven que asesinó a sus padres
con una espada samurai, emulando al héroe de su video-juego favorito.
Hace dos años, abriendo la 12ª Conferencia de la
Sociedad Americana de Entrenadores Policiales (ASLET-American Society Of Law
Enforcement Trainers) en Alburquerque y ante más de 600 delegados de una docena
de países, Dave Grossman, profesor de Psicología en West Point adjetivó esta
época como "la más violenta en la historia de la humanidad",
considerando la alta tasa de criminalidad como manifiesto indicador de una
explosión sin precedentes a nivel mundial del crimen violento.
Reproduciendo las palabras de Grossman, …"y en
estos momentos todavía tenemos la relativa calma del ojo del huracán. Pero
cuidado, porque los niños de chicle están a punto de dispararnos. Son sin duda
los jóvenes más violentos que nunca hemos visto".
A través de la televisión, el cine y los video-juegos,
los jóvenes están siendo psicológicamente brutalizados y traumatizados desde
su más tierna infancia en una forma de vida violenta. Estudios científicos en
los campos de la Psiquiatría, la Psicología y otras ramas sociales confirman
estas tesis y ya pocas personas pueden dudar la relación causa-efecto que
existe entre los medios de comunicación, globalmente considerados, y una gran
parte de la violencia del mundo real.
Grossman llegó a señalar que el largo tiempo de exposición
de la infancia a la televisión es sin duda uno de los factores que se esconde
detrás de, al menos, la mitad de los homicidios de hoy en día. Durante las
extraordinariamente gráficas y violentas películas, los niños ríen y animan
a los personajes. Con los video-juegos y los juegos de ordenador, los niños
disparan y disparan a ‘matar’, de tal forma que llega a ser una respuesta
condicionada. Los niños del mundo "civilizado" están aprendiendo a
matar y lo que es peor, aprendiendo a que les guste, llegando en muchos casos
hasta la adicción.
Viendo a las comunidades avanzadas llenas de
"sociopatía casera", los policías de hoy están empleando en muchos
supuestos, por necesidad, equipos y tácticas que una vez fueron propios de la
esfera militar. Y quien crea que eso es mero alarmismo sólo tiene que consultar
los archivos de cualquier hemeroteca, o simplemente ver las noticias de prensa,
radio y televisión diarias.
En donde los protagonistas de hechos violentos fueron
adultos los tenemos de todos los "colores y sabores", y circunscribiéndonos
a nuestro país podemos dar testimonio de muchos de ellos cruentos en los que
integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, del Cuerpo Nacional de Policía,
Guardia Civil y Policías Autonómicas y Locales han tenido un dramático
protagonismo.
¿Quién pensaría hace veinte años que la Policía Local
tendría que enfrentarse a delincuentes organizados y armados con sofisticado
armamento? Recuerdo la tragedia de las compañeras de Córdoba en aquél atraco
de hace unos años. Y la del pasado año en una pequeña población de la
provincia de Castellón, Vall D´Uxó, en donde los compañeros tuvieron que
verse inmersos en un tiroteo con un individuo "blindado" y armado con
un sub-fusil y varias armas cortas, con igualmente resultado trágico para un
Cabo y diversas heridas para otros dos Agentes. Y la del mismo año en Valencia,
en el que un bombero y dos integrantes de las UIPs, perdieron sus vidas por
disparos de escopeta de un enajenado. Y por desgracia podríamos citar muchos más.
Cuando entré en la Policía Local, 15 años atrás, las
Academias, en donde las había, eran mero requisito formal para cumplir con el
expediente. Decidir qué se requería para ser policía era todavía mucho más
aleatorio, y cambiaba en cada convocatoria, según Ayuntamientos.
Aunque en algunas Academias se enseñaba algo sobre táctica
policial a lo largo del aprendizaje en los cursos básicos, ésta parecía tener
un lugar secundario ante la Constitución, las leyes y otras áreas jurídico-normativas.
Aun hoy, en el esfuerzo de la Administración por formar jurídicamente a los
agentes para un mejor desarrollo de sus funciones de policía administrativa, se
suele perder de vista lo que debiera ser la mayor preocupación de éstos: volver
a casa con su familia sanos y salvos al final de su jornada de trabajo.
Por desgracia, muy frecuentemente aun en la actualidad, la
única vez que el policía recibe algún entrenamiento en tácticas es cuando va
a la Academia de Policía en el momento del ingreso. Así llegamos a
acostumbrarnos a trabajar con hábitos peligrosos que vamos aprendiendo en el
camino, y adquirimos la tendencia a relajarnos, especialmente cuando día a día
las cosas van bien y no pasa nada fuera de lo común.
Más veces de las deseadas deberíamos analizar nuestra
actuación y reconocer que sólo porque hayamos hecho algo mal y aun así
todo haya salido bien no quiere decir que todo esté bien. Significa que esta
vez tuvimos suerte. Muy posiblemente, como alguien dijo, es porque Dios
(para los creyentes) ama a los policías, y a veces nos deja ir haciendo cosas
estúpidas. Pero cada vez que lo permite es para que nos demos cuenta de la
metedura de pata y no repitamos. Todos hemos cometido errores tácticos en la
calle y, por suerte, la mayoría todavía vivimos para contarlo. Lo triste es
que algunos ya no pueden hacerlo.
Evidentemente, los continuos cambios legales y
reglamentarios obligan a que el buen profesional de la Policía se forme y
recicle constantemente, puesto que pesa sobre él la obligación de respetar y
hacer respetar las normas. Pero también es cierto que, al margen del carácter
marginal que la Ley Orgánica 2/86, de 13 de marzo de Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad ha previsto para la actuación de las Policías Locales en materia de
Seguridad Ciudadana, la realidad es que en muchos Municipios son éstas las que
adquieren un papel protagonista en este campo, incluso por delante de las
Fuerzas de Seguridad del Estado que deben hacer constantes y denodados esfuerzos
por suplir con fuerza de voluntad y profesionalidad la falta de medios
personales y materiales, y en otros tantos, cuando menos, con igual peso específico
que éstas.
Por lo tanto, el sacrificio y la sangre vertida de todos
aquellos que con el ánimo de servir quedaron en el camino, debe servirnos para
extraer valiosas lecciones y pretender que no vuelva a haber una próxima vez en
la que las lágrimas sean la única respuesta que les quepa a compañeros y
familiares. Por supuesto que hay que formar a nuestros policías en las áreas
jurídicas y técnico-profesionales que más aplicación tienen en nuestro ámbito
competencial (tráfico, barrio, ordenanzas, etc.), pero también debemos hacerlo
en mantener unos niveles aceptables de seguridad en nuestro trabajo, lo que se
consigue no descuidando áreas tan importantes para todos nosotros como son la táctica
policial, la defensa personal y el tiro, desde la íntima relación que guardan
entre sí. Materias éstas cuyos conceptos, como casi todo en este mundo, varían
con el tiempo, y que por lo tanto hay que adecuar a la realidad del presente. El
número de policías heridos y muertos en todo el mundo en los últimos veinte años
y el análisis de lo que en esos casos funcionó y de lo que no han hecho
ciencia, la ciencia de la Supervivencia Policial, que engloba todas aquellas
materias tendentes a este fin.
Debemos pretender que nuestro entrenamiento sea en la
medida de lo posible realista, y que la repetición de actitudes y opciones
correctas nos lleven a reaccionar con respuestas condicionadas adecuadas, dado
que en una situación real haremos aquello que nos hemos acostumbrado a hacer,
bien o mal hecho. La diferencia puede ser decisiva.
Lo anterior difícilmente se consigue conformándose con
ir dos, una (algunos ninguna) vez al año a realizar "prácticas de
tiro" en las que, en muchos casos, no se hace sino tiro deportivo con la
intención de "puntuar" y no de enseñar; a distancias excesivas,
sobre blancos regulares, en posiciones cómodas y con un tiempo generoso para
realizar los ejercicios; sin introducir tampoco situaciones de "decisión"
sobre disparar o no, ni obligando a los policías a buscar otras opciones que no
sea el uso de la fuerza letal (cuando pueden ser más procedentes.) Tampoco se
piensa en el aspecto psicológico de la defensa, existiendo infinidad de policías
que, a pesar de llevar a diario un arma de fuego, piensan sí en donde y qué
van a almorzar, merendar o cenar, pero nunca han considerado que alguna vez podrían
verse obligados a usar su arma para su propia salvar su vida o la de otros.
Deberá ayudárseles pues a superar la natural renuencia a través del proceso
de "condicionamiento" o de lo contrario, en muchos casos no podrán
reaccionar lo suficientemente rápido ante una amenaza para salvar su vida.
Estaremos de acuerdo en que nuestra reacción será muy distinta si estamos
mental y emocionalmente preparados para un enfrentamiento que si no lo estamos.
Generalmente basta con hacer lo que se debe hacer, es
decir, no relajarse y concentrarse en la actuación que se tiene entre manos y
dejando la menor opción posible al azar. No me canso de repetir las palabras de
Awerbuck, Instructor de Yavapai Firearms Academy, por la sabiduría que
contienen: "El
genio tiene límites, la estupidez no. Si no puedes controlar tu entorno
dependes fundamentalmente de la suerte y tarde o temprano, todo el que juega se
queda sin ella". Hay
que ofrecer al potencial adversario las menos ocasiones o ventajas posibles para
que pueda tomar la iniciativa, lo que en definitiva significa DISUADIRLE.
Muchos policías, afortunadamente, han comprendido que a
pesar de los riesgos que a veces corren en su servicio, el que vuelvan a sus
casas sanos y salvos puede venir determinado por algo más que por la
casualidad. Saben que las creencias fatalistas de "Cuando te toca te
toca" o "Si alguien quiere realmente pillarte, no hay nada que puedas
hacer, te pilla", es una forma de pensar obsoleta.
No obstante, a pesar de la mayor concienciación de los últimos
años, algunos dirigentes policiales, y por desgracia, también algunos policías
todavía consideran estas enseñanzas como algo innecesario, al amparo de que
"aquí nunca pasa nada", o de que "este es un pueblo
tranquilo"...
La mayoría de Cuerpos de Policía carecen de ninguna
clase de protocolo o guía de procedimientos para reaccionar ante llamadas sobre
intervenciones de evidente alto riesgo. Queda a discreción de los policías
ejecutar las respuestas que por "ciencia infusa" les viene a la
conciencia. Por ello, muy comúnmente los policías acaban haciendo aquello que
se les ocurre; y a menudo, lo que un agente intenta entra en conflicto con lo
que hace el otro.
Las armas de fuego, por supuesto, se sitúan como una
parte importante de las posibilidades de respuesta y por ende, de defensa.
Nuestras armas, después de todo, son nuestra última posibilidad de defensa, y
la habilidad en su uso en algunas situaciones puede ser la única opción que
tengamos en un enfrentamiento. Pero no acaba ahí nuestra preparación para
salir ilesos. También los siguientes elementos jugarán a nuestro favor:
- El acondicionamiento mental puede prepararnos para un encuentro crítico
antes de que ocurra y ayudarnos a hacer frente a peligros antes, durante y después
de que ocurran.
- Pensar tácticamente nos aportará confianza y seguridad no sólo en
situaciones que podamos enfrentar día a día, sino también ante las
"rarezas" extra-peligrosas que podemos encontrar aunque sólo sea una
vez en nuestra vida.
- La manipulación verbal puede posibilitar prevenir la escalada de
una confrontación y permitirnos el control no violento de una situación que
está a punto de explotar.
- Las habilidades físicas y marciales pueden mantenernos vivos y en
muchos casos libres de heridas cuando no podemos recurrir a la fuerza letal,
bien por imposibilidad física, bien por no estar justificado su uso.
Pero quizás, la más importante de todas las facetas sea la
ACTITUD, elemento ESENCIAL para jugar nuestras opciones tácticas en
cualquier momento y lugar.
Muchos de los temas que en estas páginas se expondrán
nos refrescarán y reforzarán lo que la experiencia o el sentido común ya nos
han enseñado. Otros conceptos serán nuevos para nosotros, pero no debemos
temer a la innovación, siempre que ésta sea coherente.
Finalmente, las practicas de "supervivencia"
llegarán a ser una forma de vivir y de las que conseguiréis una confianza
inquebrantable en vosotros mismos y en vuestra habilidad para afrontar con éxito
cualquier situación que se os pueda presentar.
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