DEFENSA
POLICIAL SIN ARMAS

Muchos policías conocemos de primera mano y demasiado bien algunos de los peligros y riesgos asociados con nuestro trabajo. Los policías de hoy día debemos hacer frente a una población especial, teniendo que conjugar y, de alguna forma, conciliar nuestra actuación entre dos polos: Por una parte el que supone una incesante y creciente tendencia hacia la agresividad y la violencia generalizada, el incremento de la utilización de armas por la delincuencia, la existencia de bandas, de actividades relacionadas con el mundo de la droga, de enfermos mentales y delincuentes, muchos de ellos menores, con su peculiar problemática, que sienten poco respeto por la Autoridad.
¿Podrían prevenirse muchas de las lesiones e incluso muertes sufridas
por los integrantes de las Fuerzas del Orden?
Las políticas modernas encaminan a menudo a los policías hacia la
especialización en sus tareas. Al
policía actual no sólo se le requiere para tratar quejas rutinarias, sino
también para responder a las expectativas del ciudadano en cuestiones más
graves y siempre a un creciente número de llamadas.
Pero estas tareas más delicadas requieren un entrenamiento más
especializado y tiempo dedicado a estos menesteres.
PERCEPCIÓN DE LA SITUACIÓN POR EL OBSERVADOR/REALIDAD
En muchas ocasiones en las que se requiere que la Policía utilice algún
tipo de fuerza para resolver determinadas situaciones suelen darse repercusiones
adversas motivadas por la percepción que de los hechos tiene el observador.
Parece muchos ciudadanos tienen la errónea creencia de que la Policía
podría y debería resolver incidentes belicosos sin utilizar la violencia o
herir a nadie. Esta expectativa del
“policía amistoso” es como pedir a un domador de leones que se meta en la
jaula, no con el látigo la silla y el revólver, sino con una piruleta y un
libro de Psicología animal.
Sin embargo, la realidad puede ser letal. No hace ni un mes mi compañero
y yo vivimos la siguiente situación:
Un hombre llamó angustiado a la Sala del 092 manifestando que dos hombres estaban intentando abrir la puerta de su domicilio con las llaves que acababan de sustraerle a su hija en un cine y que ésta le había advertido minutos antes de este hecho y de que podían dirigirse a la casa, como lo hicieron. Apenas dos minutos más tarde llegamos al lugar y nos encontramos a dos individuos sospechosos que se disponían a abandonar el inmueble. Antes de que éstos bajaran los últimos escalones y llegaran a la puerta, ésta nos fue abierta por el requirente. Dada la corpulencia de ambos se les indicó que se sentaran, para evitar que mientras desarrollábamos la intervención pudieran intentar algo en nuestra contra, dado que no habían llegado todavía más dotaciones al lugar. Uno de ellos asintió y así lo hizo, pero el otro se negó y fue invitado a ponerse contra la pared, mostrando una sospechosa resistencia a hacerlo, cuando de súbito se abalanzó sobre mi compañero para intentar derribarlo. Pese a no conseguirlo y ser derribado, éste se enzarzó en una forcejeo intentando hacerse con el arma del compañero, por lo que tuve que colaborar con éste para evitarlo y conseguir finalmente reducir a este sujeto. Para nuestra fortuna, el requirente bajó en nuestra ayuda y controló al otro individuo mientras nosotros luchábamos con el primero, que no cesaba de lanzar golpes e intentar desarmarnos a ambos, pese a los repetidos golpes lanzados a casi todas sus partes sensibles y a las presas que continuamente se intentaban sobre sus brazos. Finalmente, esta mala bestia pudo ser reducida y esposada. Evitaré reproducir cuanto aconteció a continuación dado que es ya irrelevante para lo que me gustaría ilustrar.
Para cualquiera que pasara en ese momento por la calle y mirara hacia el interior del portal, la actuación de la Policía sería considerada como desmedida, brutal e injustificada, porque lo único que podrían ver es una situación de dos contra uno y en el que Policías (profesión que, por desgracia, mucha gente mira con malos ojos) estaban golpeando a un hombre que se defendía de tamaña agresión. Solo el requirente, presente desde prácticamente el inicio del combate, podía ver la realidad de lo que allí estaba ocurriendo. Dos Policías ejerciendo las funciones que la ley les marca y que los ciudadanos les demandan, defendiéndose de la posibilidad de ser desarmados y heridos, cuando no muertos, por un hábil luchador de algún país del Este, e intentando neutralizarlo para así poder ponerlo a disposición de la Justicia por los delitos cometidos.
Pero hay algo que no debe escapársenos.
A pesar de la posibilidad de quejas de los ciudadanos, demandas civiles y
penales, los policías necesitamos las habilidades para sobrevivir a
enfrentamientos violentos sin armas, lo que supone el conocimiento y práctica
de técnicas de defensa, así como una adecuada actitud.
Muchos,
no obstante, son reacios a utilizar la fuerza para defenderse a sí mismos,
aunque las circunstancias justifiquen claramente su uso.
El miedo a expedientes disciplinarios y a denuncias, la falta de apoyo
político, del público e incluso de sus propios responsables, así como la
presión de determinados grupos de interés, pueden todos ellos ser factores que
contribuyan no sólo en la forma en la que la Policía se protege (o falla a la
hora de proteger a los demás), sino qué importancia se le dé al entrenamiento
(o al entrenamiento inadecuado) que los policías reciban.
Como resultado, cuando un policía se encuentra a sí mismo en un
enfrentamiento sin armas (al menos inicialmente), puede no sólo dudar en actuar
decisivamente, sino que puede no encontrar una contramedida viable.
Esta duda puede hacer que pierda la oportunidad de finalizar el
enfrentamiento, consiguiendo en su lugar, que éste se le vaya de las manos.
La jerarquización de actitudes y acciones de los sujetos ante el
requerimiento de la Policía, así como la respuesta de ésta ha dado lugar a múltiples
clasificaciones, de entre las que pueden hallarse diversidad de variantes, si
bien suelen casi todas coincidir en determinados patrones básicos. Una
de estas clasificaciones es la denominada “Pirámide de Fuerza”, que
delimita varios tipos de resistencia del sujeto con el que intervenimos, así
como el apropiado nivel de respuesta por nuestra parte. Su aplicación está muy extendida en el ámbito policial, no
sólo sirviendo como ayuda práctica en la enseñanza, sino también para
clarificar los procedimientos y políticas de cada Administración. La Pirámide de Fuerza suele ayudar también a formarse un
juicio de valor por parte de la Autoridad Judicial, así como a entender a la
gente las acciones de la Policía en aquellos supuestos donde surgen preguntas
concernientes a la fuerza empleada por la Policía.
La Pirámide de Fuerza representa dos parámetros:
La resistencia ofrecida por el sujeto y las acciones usadas por la Policía
para vencer esa resistencia. Las
acciones parten de los niveles más bajos de fuerza (mínima) a los más
serios—mortales. En ningún caso
suponen respuestas únicas y de rígida aplicación.
Dependiendo de las circunstancias, como pueden ser el número de sujetos,
corpulencia, edad, sexo, habilidad, tiempo de reacción, número de policías,
etc., los policías emplearán un tipo u otro de control.
Tómese, por lo tanto, meramente a modo ilustrativo y en ningún caso
como parámetro a seguir en todo caso.
ACCIÓN DEL SUJETO RESPUESTA DE LA POLICÍA
No
obedece órdenes
Requerimientos
Amenazas
verbales/ no verbales
Conminaciones verbales
Actitud
agresiva, gestos, apariencia
Advertencia de Agente
de la Autoridad
Signos
de peligro
Ordenes
Negativa
a cooperar
Hacerles perder el equilibrio
Mínima
resistencia
Técnicas de
control con manos vacías
Ataque/
huída
Puntos de presión/
luxaciones
Forcejear
por soltarse del agente
Golpes a áreas musculares
Peso
muerto
Llevarlos al
suelo
Ataques
físicos
Técnicas de bastón
Patadas,
puñetazos, presas
Patadas, puñetazos
Intentos
de desarme al policía
Agentes químicos
Armado
y no cooperativo
Artilugios
eléctricos
Amenazas
graves a mano vacía
Controles de cuello
Ataques
a mano armada
Municiones especiales de impacto
Intentos
de utilizar arma letal
Fuerza letal
Algunos de los escenarios de enfrentamientos potencialmente letales donde
las habilidades de lucha a corta distancia son necesarias incluyen ser atacados
por varios sujetos; ser derribados; cansancio o heridas; encontrarse desarmado o
sin posibilidad de usar las que se tienen en ese momento; amenazas inesperadas
provenientes de armas ocultas; interrupciones en las armas de fuego; fallos en
los disparos; etc.
Para estos casos extremos, la Policía debería adoptar un sistema de tácticas
de defensa eficiente y eficaz, mediante un entrenamiento cuyos patrones estén
basados en la realidad, más que en “florituras” típicas del cine de acción.
Sus técnicas deben ser fácilmente aprendidas y retenidas; Deben
funcionar y por ende, ser rápidamente eficaces; Sus aplicaciones deben ser
coincidentes con los estadios de la Pirámide de Fuerza; sin dependencia hacia
filosofía alguna (como suele ser propio de las artes marciales tradicionales.)
Los policías necesitan una variedad de técnicas para controlar a
sujetos no cooperativos, incluyendo habilidades especiales para sobrevivir a
enfrentamientos a vida o muerte a corta distancia. Desgraciadamente, pocos programas de defensa personal
policial recogen estas posibilidades: Técnicas
de pie a corta distancia; Suelo; Técnicas de mordida y lucha con arma blanca,
así como la posibilidad de fluir de un estilo de lucha a otro.
De
pie a corta distancia: Un programa de Técnicas
de Ataque Rápido (TAR) debe enseñar a los policías a luchar a tal corta
distancia, aprendiendo cómo utilizar adecuadamente las herramientas personales
del cuerpo más devastadoras—cabeza, rodillas y codos— lo que proporciona al
policía una oportunidad de neutralizar rápidamente cualquier seria amenaza
antes de que se escape a su control. El
conocimiento y la incorporación de estas técnicas de finalización de la lucha
puede dar al policía la posibilidad de sobreponerse al intento de cualquier
atacante por reducirle.
Otros aspectos del sistema TAR son extremadamente útiles para la Policía,
así como adecuados según los parámetros de fuerza aceptable utilizados por ésta.
El manejo de la escena de una intervención requiere que el policía esté
atento a varias actividades simultáneas (victimas, sospechosos, testigos,
emisora, etc.) dándole escaso tiempo para reaccionar ante amenazas
inmediatas—como podría ser un puñetazo o una patada. Así pues, nuestras tácticas deben basarse en la economía
de movimientos y facilitarnos una rápida y contundente respuesta. A menudo, el policía ya tiene sus manos en una posición
alta (precaución, gestos acompañados de ordenes verbales para calmar los ánimos
o hacer que la gente se eche hacia atrás.)
Una rápida elevación del codo o la rodilla posibilita que el policía
intercepte un golpe súbitamente lanzado por un atacante, no sólo previniendo
su impacto, sino causando a su vez dolor y distracción en el agresor, a lo que
seguirá la respuesta adecuada según dicten las circunstancias.
El Krav Maga, algunas técnicas derivadas del Muay Thay, el boxeo
occidental e incluso el Wing Tsun Kung Fu (por citar algunos estilos) pueden ser
de inestimable ayuda y de conveniente adopción para este sistema integral de
defensa.
Alrededor del programa TAR están aquellas técnicas usadas para
contrarrestar los más comunes tipos de fuerza utilizados por sujetos no
cooperativos—mínima resistencia. Aquí,
el uso de técnicas provenientes del Tai Chi, del Jiu Jitsu y del Aikido (por
ejemplo) pueden incorporarse a los sistemas de control ya utilizados por la
Policía desde tiempo atrás. Cualquiera
de estas técnicas permiten llevar al suelo al adversario y la transición a una
táctica más seria si la situación se deteriorara hacia un enfrentamiento más
peligroso.
Lucha en el suelo: Aunque
será lo menos deseable, habrán ocasiones en las que no se pueda evitar acabar
en el suelo, como muchos policías conocen de primera mano.
Tras el éxito de las competiciones de “Vale Tudo” y el reiterado
triunfo de los “grapplers” en tales eventos, se han impuesto con fuerza las
tácticas de defensa en el suelo procedentes del “Brazilian Jiu-Jitsu”.
Conocer estas técnicas anti-agarres, así como las de los Niveles
anteriores sitúan indudablemente al policía caído en el suelo en una posición
infinitamente más ventajosa sobre el adversario que sin el conocimiento de
estas habilidades.
Pero existen demasiados factores negativos en el mundo real como para
defender la preferencia por el suelo. Las
condiciones del entorno y consideraciones tácticas, tales como la superficie
del suelo (que no será un tatami) el lugar del combate, el número de
adversarios, el estorbo del equipo y la dificultad de proteger nuestra arma de
fuego son sólo unas pocas. Adicionalmente,
el cansancio o las heridas y aplicaciones no realistas (en la calle, habrá
situaciones en las que habrá que renunciar a intentar una técnica de luxación)
son razones añadidas para no ir al suelo.
De pie, un policía está en mejor situación de emplear sus armas, de
moverse, así como de aplicar las armas de su cuerpo.
Ir al suelo pone en peligro al agente y a su compañero.
Muchas peleas van al suelo y desembocan en intentos de desarme, por lo
que exponer a los policías a técnicas de agarres es un componente
extremadamente importante en cualquier programa serio de tácticas defensivas.
En un enfrentamiento en el que se está poniendo en juego nuestra
integridad física, en el que podemos estar a punto de ser desarmados, con la
posibilidad de que incluso se utilice nuestra propia arma contra nosotros, no
caben sutilezas y por lo tanto, la única opción posible es GANAR ese combate.
Recuerdo la última película que hizo Bruce Lee, “Juego con la
muerte”, en la que el enorme y el que fuera famoso jugador de los Lakers,
Kareem Abdul Jabar, le tiene cogido en una presa mortal.
Su única oportunidad para salir del atolladero:
MORDER. Existe un arte
marcial muy poco conocido, el Kina Mutai, que utiliza técnicas tan resolutivas
como son los mordiscos y el ataque a los ojos.
Una u otra opción no sólo son tácticas devastadoras, que impactan físicamente,
sino que atacan directamente a la psique del sujeto que recibe estos ataques.
Baste con recordar la pelea entre Mike Tyson y Evander Hollyfield.
Éste último, a pesar de los golpes del primero, le comía terreno y le
seguía, golpeándole abrumadoramente con mayor dureza, si cabe, hasta que en un
momento en el que estuvieron a muy corta distancia, Tyson, hasta entonces
impotente ante los ataques de Hollyfield y esperando el golpe de gracia de éste,
le mordió en la oreja. Ahí se
acabó el asunto. Hollyfield cesó
en su ataque y no se preocupó más que de sujetarse su oreja e ir gritando
alrededor del ring. El cazador se
convirtió en cazado.
En definitiva, que cuando hablamos de defendernos sin armas de un ataque
real, la única regla es: QUE NO HAY REGLAS.
El de enfrente no va a tener el menor miramiento en sacudirnos, patearnos
y posiblemente, hasta matarnos, dado que el uniforme o nuestra identificación
como agentes de la Autoridad no le ha importado lo más mínimo, sabiendo que su
acción va a tener consecuencias legales. Por
lo tanto, debemos descartar acciones que nos identifiquen como “hermanitas de
la caridad” o “madres parturientas” y que poco o ningún efecto van a
tener sobre nuestro agresor, en el peor de los casos, agresores, y nuestra única
posibilidad en mente debe ser GANAR ese combate.
Por lo tanto, para no dejar únicamente a la suerte el resultado de
nuestra defensa, nuestra actitud y nuestras acciones efectivas son lo que van a
declinar la balanza en nuestro favor, y poco más.
Puede que eso conlleve en ocasiones a hacer cosas que moralmente, en un
combate pactado o deportivo, resultarían despreciables.
Pero cuando hablamos de supervivencia, las pautas morales deben quedar
momentáneamente relegadas hasta la completa resolución del problema. Por lo tanto, mi consejo es practicar seriamente cualquier
arte marcial, haciendo hincapié en esta faceta y no en la deportiva (que puede
igualmente practicarse, con algunos peros), pero no mantenerse en rígidos
conceptos o patrones de defensa, pensando en que el arte de nuestros amores es
la panacea y que nos podrá ayudar en cualquier caso, sino absorbiendo todo lo
que nos pueda ser útil, provenga de donde provenga.
Morrondo
(en canal #polis)