
El GSG9 fue el resultado directo de uno de los momentos más trágicos de la historia moderna alemana: un fatídico y fallido intento de rescate de su Policía y Ejército en el Aeropuerto Fürstenfeldbrük, de los rehenes tomados por ocho miembros de la organización terrorista Septiembre Negro, durante los Juegos Olímpicos de 1972.
El Gobierno
alemán debía moverse rápido para asegurarse de que no volviera a suceder
otros futuros hechos como los de Munich. El
Ejército quería la responsabilidad de la lucha anti-terrorista, pero pesaban
aun demasiado los fantasmas de la SS como para crear una unidad militar de elite
que podría tener que apuntar sus armas sobre sus propios ciudadanos, por lo que se decidió que este tema
debía ser cuestión de la Policía.
Tres días después del drama, el Ministro de Interior Hans Dietrich Genscher obtuvo autorización para formar un grupo especial en el seno de la Policía Federal de Fronteras (Bundesgrenzschutz) para combatir el terrorismo. El hombre designado para esta tarea fue Ulrich Wegener, un experto en contra-terrorismo y veterano de 15 años en la Policía de Fronteras, que tenía fuertes lazos con las fuerzas especiales israelíes. Tomando como modelo de referencia la estructura del Sayeret Mat´kal del Ejército de Israel, Wegener reclutó, entrenó y puso operativa la unidad en menos de un año.
En octubre de 1972, Wegener condujo personalmente la entrevista de selección de los candidatos en el Cuartel General de la Policía de Fronteras y, desde entonces, del GSG9, en St. Augustin, cerca de Bonn. La Unidad estaría constituida por cerca de 300 hombres estaría dividida en 3 Grupos. Todos serían dotados del equipamiento más avanzado disponible y se les proporcionaría el mejor entrenamiento posible. No habría regateos en gastos para asegurar que la masacre de Munich no volviera a repetirse en suelo alemán.

El reconocimiento internacional hacia el GSG9 era evidente y las buenas relaciones con el SAS británico eran muy estrechas, realizando entrenamientos y llevando a cabo despliegues de seguridad en varios eventos. Pero sería cuatro años después de su creación cuando el GSG9 tendría la oportunidad de poner en práctica cuanto habían aprendido y enfrentarse a la gloria o al fracaso. En octubre de 1977, un avión de Lufthansa fue secuestrado por cuatro terroristas árabes, dos hombres y dos mujeres, que pretendían la liberación de los terroristas de la Banda Baader-Meinhof que se encontraban encarcelados en Alemania. Tras cruzar por el medio-oeste varios días, el avión fue finalmente obligado a aterrizar en Mogadishu, capital de Somalia. El deseo del Gobierno alemán era finalizar el incidente mediante la negociación, pero el lider de los terroristas, conocido como “Capitán Mahmud”, ejecutó al piloto después de saber por las noticias de radio y televisión, que éste había facilitado a las autoridades germanas valiosa información sobre ellos. Todo lo que se tenía que decir ya estaba dicho. El GSG9, que había sido puesto en alerta y esperaba con todo su equipo en un Boeing 707, recibió luz verde para volar hasta Mogadishu y asaltar el avión si la situación lo requería, desde el mismo momento en que aterrizaran, tomando tierra a las 17:30 horas del día 17. Una hora más tarde, Wegener realizaba un breefing con los veinte hombres que formarían sus equipos de asalto y su staff de mando para finalizar el plan de rescate; los tiradores (sniper) ya estaban en posición alrededor del avión, observando a través de sus ópticas e informando a Wegener y sus hombres de los movimientos en el interior del aparato. A las 23:15 horas, los equipos de asalto, encabezados por el mismo Wegener, iniciaron su lenta aproximación al avión por detrás, acompañados de dos operadores del SAS que portaban granadas de “distracción” (flashbangs.) Varios operadores portaban escaleras especiales recubiertas de goma para alcanzar las puertas de emergencia, estando prevista la hora H, para las 00:00 horas.
A las 23:50 se les aseguró a los terroristas que sus demandas habían sido cumplidas y que los encarcelados estaban ya en ruta hacia Mogadishu. Poco más tarde, soldados somalíes iniciaron un potente incendio a unos 150 metros por delante de la cabina, lo que llevó a los terroristas a la misma. Cinco segundos más tarde se inició el asalto. Los operadores salieron de su posición de espera, debajo del ala derecha y situaron las escaleras contra el fuselaje del avión. Wegener fue de los primeros en subir y cuando los operadores del SAS sacaron los flashbangs de sus bolsillos, dio el código que marcaba a los demás operadores la señal de entrada (“fuego mágico”.) Las puertas de emergencia fueron forzadas y se lanzaron los flashbangs dentro de la cabina. Éstas cegaron y aturdieron a los terroristas y permitieron a los veinte operadores atravesar los estrechos pasillos del avión sin ser obstaculizados por fuego hostil. Un equipo se dirigió hacia la cola y el de Wegener hacia la cabina. Una terroristas fue abatida inicialmente por un disparo del 38 Sp entre los ojos. Una segunda terrorista corrió hacia la parte trasera del avión, siendo neutralizada en los lavabos, por disparos de 9 mm, procedentes de un H&K MP5. Resultaría gravemente herida, pero sobrevivió a la experiencia. A las 00:07, con la parte trasera del avión asegurada, los operadores iniciaron la evacuación de los rehenes por las rampas y colchonetas de emergencia. Mientras tanto, aun habiendo sido alcanzado por varios disparos del 38 Sp., el “Capitán Mahmud” se las apañó para devolver dos flashbangs a los asaltantes, siendo finalmente abatido por una ráfaga de MP5, al tiempo que Wegener alcanzaba y neutralizaba con varios disparos en la cabeza al cuarto terrorista. ¡Dieciséis segundos después de iniciado el asalto, finalizó el mismo! Todos los rehenes habían sido evacuados, los terroristas muertos o neutralizados y Wegener comunicaba a Bonn que la misión había sido un éxito.
En la actualidad, el GSG9 se compone de unos 250 operadores, con un staff técnico de apoyo. La Unidad se divide en tres secciones operativas: La primera, GSG9/1, está formada por unos 100 hombres, de los que se nutren las 10 secciones de equipos de asalto de 5 operadores (comando básico). Se trata de una fuerza “convencional” para operaciones anti-terroristas. El GSG9/2 mantiene una estructura y fuerza similar, pero es especialmente entrenada para actividades de rescate de rehenes en el mar. El GSG9/3 es la Unidad más pequeña y la que se especializa en operaciones en las que se pueda precisar inserción aérea mediante caída libre, desde aviones o helicópteros.
Las armas de todo tipo empleadas por el GSG9 han variado desde su creación. En cuanto a armas cortas, iniciaron su andadura con revólveres S&W 38 Sp., los cuales fueron cambiados por los del calibre .357 Magnum, después de comprobar el escaso poder de parada de los primeros en la operación de Mogadishu. También las pistolas H&K P9S y P7 de 9mm P han sido por mucho tiempo armas de dotación de las diversas Unidades, sin que en este momento pueda asegurar si finalmente adoptaron con posterioridad las Glock 19 que estaban considerando hace unos años o se decantaron por otra marca como SIG (puede que en breve disponga de esa información.)

Subfusiles: Armas por excelencia de toda unidad especial que se precie, por sus bondades operativas. No podían ser elegidos otros que los famosos H&K MP5, en toda su gama.
Fusiles de asalto: El ultramoderno H&K G36.
Rifles de sniper: Básicamente, el H&K PSG-1 y el Mauser SP66, de 7.62mm.
La base del GSG9 en St. Augustin es considerada la meca de las Fuerzas anti-terroristas del mundo entero. Todas las Unidades más importantes han pasado y pasan periódicamente por allí y entrenan con el GSG9 y nuestro GEO no podía ser menos, siendo éste considerado por sus colegas germanos como una de las mejores Unidades anti-terroristas del mundo moderno.