Equipos
de Control y Detención con armas “menos que letales”
Ya
hace más de una década que la Policía empezó a utilizar armas alternativas a
las de fuego, como medio de defensa y resolución de incidentes ante sujetos
potencialmente peligrosos, bien por su corpulencia y una especial predisposición
a la violencia o bien por estar en poder de armas que, sin ser de fuego, hacían
muy peligrosos los intentos de desarme y control por parte de los agentes.
Inicialmente, estas
armas fueron encuadradas bajo el calificativo de “no letales”, si bien
algunas excepciones, por causas muy diversas, harían que los expertos dieran
con el tiempo un cambio hacia una denominación más realista:
la de armas “menos que letales”.
En la actualidad, los
aerosoles de gas lacrimógeno, los ASPs, los tonfas, los taser y las municiones
de impacto han llegado a ser más populares que nunca, debido en parte, a que
todas estas opciones se utilizan en un número de ocasiones abrumadoramente
superior (afortunadamente) a las armas de fuego, y por otra parte, porque la
opción “menos que letal” va más acorde con el uso proporcional de la
fuerza a la hora de defender vidas, teniendo en cuenta que también la del
causante de la intervención policial, debe ser protegida, en la medida de lo
posible.
La fuerza menos que
letal se utiliza habitualmente, entre otros supuestos, en la prevención de
suicidios, en intervenciones con perturbados mentales y con delincuentes que,
aun potencialmente peligrosos para los agentes del orden e inocentes, haría de
difícil justificación ante los Tribunales (y en ocasiones, hasta ante los
ciudadanos a los que intentamos proteger) emplear contra ellos las armas de
fuego.
Estas herramientas,
que como todos sabemos nos han sacado más de una vez, a nosotros o a otros
compañeros de apuros, deberían estar disponibles para el personal de
radio-patrullas. Ellos son los que más frecuentemente las necesitan, así
como la formación y el entrenamiento con éstas.
Sin embargo, por desgracia, rara vez lo reciben.
En el mejor de los casos, se les suele dar las herramientas y se supone
que deben saber cómo utilizarlas (la ciencia infusa del policía.)
Los patrulleros son
los primeros en llegar al lugar de los hechos que motivan todo tipo de llamadas,
los que deben entrar, registrar y limpiar más domicilios, locales y edificios
que todas las Unidades Especiales juntas. Las
armas menos que letales son herramientas que pueden ser necesitadas
inmediatamente desde el momento en que llegan, sin tiempo para esperar a que lo
haga una Unidad Especial, y deben resolver la situación por sus medios con las
armas y demás posibilidades de que dispongan.
Ya tenemos las
herramientas; incluso podríamos tener el mejor sistema de armas “menos que
letales” disponible, pero si los policías implicados en el despliegue no
tienen un plan o entrenamiento en equipo, el devenir de la situación puede
resultar de forma distinta a lo deseado. El
entrenamiento dinámico, realista, es un deber para estos policías en orden a
desarrollar la capacidad, la habilidad y el conocimiento necesarios para llevar
a cabo su misión y el mismo deber recae en quien debe proporcionarles el mismo.
Cuando nos vemos
obligados a neutralizar a un sujeto peligroso de características similares a
las mencionadas, una buena opción es la que siempre ofrece el trabajo
coordinado de un Equipo de personas, conocedoras de las tácticas apropiadas y
acostumbradas o entrenadas a trabajar de ese modo.
Este sería el caso de lo que podemos llamar Equipos de Control y Detención.
En donde existen (mayormente en muchos Departamentos de los Estados
Unidos), estos Equipos suelen estar integrados por cuatro hombres; 1 operador de
lanzador de munición cinética (Sage; bean bags, etc.) o, alternativamente, de
un taser eléctrico; 1 operador de gas lacrimógeno; 1 operador que proporciona
cobertura letal (con su arma de fuego) y 1 policía de control y aseguramiento
(esposamiento.) Cada uno de ellos
tiene una misión y una responsabilidad principal y sin embargo, todos ellos
juntos trabajan como un Equipo.
Agotada una primera
fase de negociación, se iniciaría la fase de intervención para resolución
definitiva, sin que en ésta se deje de intentar finalizar el incidente mediante
la disuasión verbal.
Operador
1: munición cinética o taser: Su
única responsabilidad es activar la herramienta cinética o aturdidora en
cuanto haya una posibilidad clara de hacerlo.
Justo antes de disparar lo pone en conocimiento de todo el equipo
diciendo: “Bag”, “Sag”,
“Taser”, o cualquier palabra preacordada que les haga saber a todos ellos
que se va a producir el disparo.
Operador
2: gas lacrimógeno:
Este policía permanece directamente detrás del operador 1 y lleva su
propio spray de defensa o un modelo mayor y por lo tanto, de mayor potencia y
alcance. Su misión consiste en
apoyar al equipo y/o al policía que esposa (4), si éste precisa de su ayuda.
Si no es oportuno el uso del gas, apoyará físicamente al operador 4
para controlar al sujeto.
Operador
3: fuerza letal:
Este es el Jefe de Equipo y permanece hombro con hombro con el operador
1. Él dirige y controla al equipo
con órdenes verbales. Antes de
entrar en acción avisa al resto de policías de perímetro:
“Equipo de Control y Detención desplegado”, para que sepan que son
ellos los que toman la iniciativa desde ese momento.
Operador
4: control y aseguramiento:
Este policía permanece directamente detrás del Jefe de Equipo (3) y
hombro con hombro con el operador 2. Su
única responsabilidad es controlar y asegurar al sujeto.
Me pregunto por qué
nos cuesta tanto imitar aquellas tácticas que otros han probado como eficaces y
adherirnos a sistemas seguros de procedimiento ante situaciones peligrosas, que
hacen más que aconsejable su uso. Ya
muchos Cuerpos de Policía están equipados con armas “menos que letales”,
mayormente, bastones y sprays de gas lacrimógeno, si bien están aumentando su
presencia los ASPs (como sustitutos de los primeros) y los taser, estos últimos,
que permiten operar a una mayor distancia de seguridad.
Pero salvo en el caso de los ASPs, de los que ya se han realizado varios
cursos relativos a su uso (mayormente a nivel privado, al igual que sí llevan
muchos años haciéndose sobre el del bastón y la tonfa, como elementos
accesorios de la defensa personal), no tengo ninguna constancia de que se haya
hecho curso alguno impulsado por Cuerpo policial sobre procedimientos de
neutralización y reducción coordinada en equipo, cuando puede estar prescrito
el uso de armas cinéticas o eléctricas similares al taser y las excepciones
que puedan existir (si las hay) serán escasísimas.
Todo esto aconseja
que vaya tomándose conciencia por parte de los responsables policiales, sobre
la conveniencia de entrenar adecuadamente, entre otras áreas, en la que nos
ocupa, a los policías bajo sus ordenes que supongan la primera respuesta de su
Administración. No hacerlo hace
que la suerte juegue un papel demasiado importante en el resultado de cualquier
intervención, con consecuencias que empiezan por lesiones o muertes de policías,
inocentes e incluso de quienes provocan el incidente y pueden acabar incluso con
una responsabilidad subsidiaria que recaería, en un primer lugar en la
Administración correspondiente y
de forma indirecta, en quien debiera haberse preocupado de la formación de los
agentes y no lo hizo.
Cuando se envía a un
hombre o mujer a la calle a hacer su trabajo como Policía, debe tenerse en
cuenta que en ocasiones y aunque no busquen los problemas, éstos suelen venir
sin llamarlos y que aunque habitualmente estén patrullando, denunciando
infracciones, prestando su ayuda en accidentes y desarrollando otros muchos
menesteres, un día pueden estar enfrentándose a una mala bestia de 1´85, bajo
los efectos de la cocaína que incluso puede estar armado con un cuchillo, un
martillo o un hacha y su falta de costumbre ante tales hechos, así como la
carencia absoluta de formación en su resolución puede hacer que ese día sea
su último día. O el del gigante.
Morrondo
(Lista y canal #polis)