ENTRADAS
DE CRISIS
Hemos sido llamados a la
escena de una situación con rehenes. Al
llegar, el jefe del servicio recoge la información hasta el momento conocida
sobre la situación. Un hombre
mantiene a su familia de seis miembros en el punto de mira de su escopeta. Sus
peticiones no están aun claras aunque parece ser que, inmerso en un
procedimiento de divorcio y ante la posibilidad de que le quiten la custodia de
sus hijos, se encuentra trastornado y se ha vuelto peligroso.
La situación es muy tensa. Las
patrullas acotan el perímetro, pero de repente, desde el interior de la casa se
oyen gritos y el hombre chilla amenazando de muerte, a lo que siguen varios
disparos. El infierno se acaba de
desatar. Parece como si estuviese
disparando a los rehenes. ¿Qué
hacemos?
Este tipo de situación
parece una de las peores pesadillas de cualquier policía.
No hay plan, no hay información y no parece una situación que pueda
acabar bien. ¿Entramos? ¿Esperamos?.
En cualquier situación con
rehenes siempre se da la posibilidad de esta escalada de la tensión en
cualquier momento de la intervención y deberíamos estar preparados para ello. El hecho de que esto puede ocurrir antes de que se haya
elaborado ningún plan o de que haya llegado al lugar alguna Unidad Especial
apunta a una conclusión lógica: Debería
haber un plan antes de que se plantee esta situación.
Pero, ¿cómo es eso posible? ¿Cómo
podemos planear una situación de la que no sabemos nada incluso antes de que
ocurra?
El término correcto para este tipo de
despliegue es la “entrada de crisis”. La
cuestión principal es: ¿Cuál es
la definición de tal crisis que precipitaría este tipo de entrada?
La definición que se
sugiere es: una aparente, extrema e
irreversible escalada del nivel de la amenaza que recae sobre los rehenes.
En castellano simple: los
rehenes van a morir si no hacemos algo al respecto ¡YA! Y todo habrá acabado
en cuestión de minutos.
Por lo tanto, ¿cuál es el
plan?
Todo va a depender de un correcto
orden de acciones a tomar por el jefe del servicio o responsable competente al
llegar a la escena de los hechos. Una
correcta y eficiente secuencia de acciones ayudará a estar preparados para una
entrada de crisis lo más rápidamente posible.
Recordemos, ésta puede estallar en cualquier momento.
Un posible orden de las acciones
sería el siguiente:
Independientemente de que debería poder contarse inmediatamente con una
persona entrenada en “Negociación en
situaciones con rehenes”, quizás un psicólogo (pero no forzosamente),
que intentara reducir el nivel de agresividad del sujeto y le ayudara a retornar
a su estado emocional normal, debemos considerar desde la perspectiva de la
posible necesidad de la intervención física policial:
1.
Preparación-Equipo. Sería muy recomendable que los miembros de las unidades de
radio-patrullas del 091-092-062 estuvieran entrenados para trabajar en conjunto y para
tales situaciones críticas, que contaran con un equipo mínimo adecuado y, por
ende, que tuvieran este equipo totalmente
operativo en cuanto llegasen al lugar
del suceso. Esto permitiría un
despliegue inmediato si fuese necesario.
2.
Reconocimiento. El
reconocimiento inicial debería tener lugar tan pronto como sea posible tanto
por el mando de todo el dispositivo como por los jefes de equipo.
Durante el reconocimiento el jefe del servicio (que asimismo sería
conveniente dispusiera de cierta formación en la materia) tiene la oportunidad
de recoger de primera mano la información inicial referente al lugar del
incidente. Como el reconocimiento
se realizará en los 360º alrededor del lugar, se debería asignar observadores
(a ser posible con elementos ópticos) desde diferentes lugares e inmediatamente
después de tomar posición en ellos que comenzarán a transmitir información
al jefe del servicio. Ni que decir
tiene que debería poder utilizarse un canal alternativo de emergencia, distinto
del canal general, para evitar interferencias en las comunicaciones cuando menos
se desee (Ley de Murphy.)
3.
Planificación y despliegue. Al mismo tiempo, el mando asigna los equipos de perímetro
que servirán, en su caso, de equipos de crisis.
Cada uno de éstos tiene dos misiones:
A. Control de su sección de perímetro
y B. Entrar en caso de crisis por una ruta preestablecida y por el lugar
designado. Estas rutas y secciones
son fijadas en el plano del plan de crisis.
Una vez asignadas las posiciones y las funciones en caso de crisis a los
jefes de equipo, éstos se sitúan con sus hombres de acuerdo al plan de crisis.
Este orden cronológico de acciones lleva a
que, al tiempo que el mando completa su reconocimiento completo del lugar, el
perímetro interior esté tomado y asegurado y los equipos de crisis estén en
posición con un plan básico de entrada en caso de que ésta venga impuesta por
las circunstancias.
Imaginemos que tenemos un
tablero de ajedrez. Uno de los
jugadores (el que ha tomado los rehenes) ya ha colocado sus piezas y está listo
para jugar. El otro jugador (la
Policía) no puede empezar a jugar hasta que sus piezas no estén sobre el
tablero. Al final del
reconocimiento inicial, los equipos-“piezas” “están sobre el tablero” y
listos para “jugar”. Desde este
punto, las posiciones de los equipos cambiarán en función del mejor detallado
plan último de asalto, que irá elaborándose.
Tener a los equipos allí situados hace más fácil para el mando
(jugador de ajedrez) mover sus piezas eficientemente y reaccionar a tiempo ante
cualquier movimiento realizado por el otro jugador (el que tiene a los rehenes),
en caso de que decida jugar un jaque mate antes de que lleguen Unidades más
especializadas.
En definitiva, es
importante que comprendamos que la entrada de crisis, en muchos casos, será una
entrada nada ortodoxa. El riesgo
para los policías es más alto, los equipos son pequeños, la información es
poco más que ninguna. PERO, tener
el plan de crisis y los equipos situados cuando se da la erupción de ésta es
la única cosa que podemos hacer para incrementar nuestras oportunidades de
rescatar a los rehenes con vida.
Después de todo, ¿no es
eso lo que en esos casos debiéramos pretender como policías?
Morrondo
*Evito
describir protocolos de aproximación, posicionamiento táctico y entrada por
obvios motivos de seguridad.