9:43 pm
13 de mayo de 2003

Fénix

Tras la densa oscuridad, ya puedo sonreír.
Mi nombre en el viento puedo oír,

mi nombre susurrado tenuemente
mientras el tiempo corre inclemente.

Y me rodea, febril, la emoción de vivir,
la seguridad de la fé, la belleza de sentir.

El mundo parece avanzar con su prisa
mientras, quieta, escucho mi nombre en la brisa.

El zumbido de las masas es ya un lejano recuerdo.
A ellas no regresaré; no comprenden mis anhelos.

Me ahogaba en su soledad. Necesitaba escapar.
No sabía cómo lo haría o si se podía lograr.

Llévame, viento, contigo, a este nuevo mundo
que he creado con el amor más profundo.

Ardo en las llamas de la verdadera vida para limpiar
los recuerdos de un viejo mundo, para mi alma purificar.

De las cenizas me voy a levantar.




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