Autobiografía Astral
Un veinticinco de noviembre,
hace ya diecisiete años,
nació en el firmamento ferviente
un nuevo astro, envuelto en rosados paños.
La Luna Yolanda y el Sol Eric, sus padres,
estremecidos ante la belleza de ésta, su primera creación,
la cubrieron de besos sabiendo que de todos sus amores
sería éste el más importante en cada corazón.
Y así, lentamente, pasaron los años,
y Surey, porque así la llamaron,
fue también dando sus primeros pasos
en la vida que juntos armaron.
Aconteció que varios años después
llegó a sus vidas otro pequeño astro.
Sus ojos muy verdes...Muy blanca su tez...
Casi se extingue este pequeño milagro del cielo.
Y juntas crecieron,
bajo la vigilancia de la Luna y el Sol,
Surey y Leilani, floreciendo
entre tantas muestras de amor.
Surey creció apresuradamente,
adelantándose a los demás astros
con que jugaba alegremente
día tras día en los mejores universos.
Un día se trasladaron todos
a una galaxia lejana
y fue rodeada Surey por astros nuevos,
un nuevo idioma, una nueva raza.
Mas de repente, decidieron regresar
a la perla de la Galaxia Caribe,
al cuásar del encanto interestelar
a la hermosa Borinquen.
Y en la región Arecibo se crearon los fundamentos
de la existencia de Surey.
Allí surgieron los primeros enamoramientos
las primeras atracciones interestelares, de su corazón el primer rey.
Varios años más tarde, se trasladaron nuevamente.
Esta vez a la región Ponce,
una región nueva, desconocida y diferente
a las demás ya cubiertas, a todas las viejas voces.
Ya cansada de los cambios, el astro Surey sucumbió,
sumiéndose en un largo periodo de oscuridad,
del cual más brillante que nunca renació,
alcanzando éxito tras éxito, venciendo soledad tras soledad.
Ha llegado hoy la hora de alejarse de la Luna y el Sol
que con tanto esmero han guiado sus pasos hasta ahora.
Ha llegado la hora de convertirse en su propia persona,
de formar su propia vida, de luchar por alcanzar todas sus metas.
Copyright ©2004 Surey Rodríguez