Advertencia
Creo que antes de permitirme entrar en tu vida,
es justo recibas una considerada advertencia:
Soy dif�ci de entender, de saludo a despedida,
y no pretendo ser la m�s placentera experiencia.
A veces me encierro a solas en mi habitaci�n
Sentada sobre el colch�n, con mirada perdida,
analizo mis pasiones o escribo alguna canci�n
que, aunque sea para t�, quiz�s no te ser� jam�s le�da.
En d�as as�, no te acerques demasiado,
a menos que mi voz implore tu presencia.
En d�as as�, para m� es el silencio lo m�s ansiado
y al discutir lo que pienso sonar�a como incoherencia.
Los d�as de lluvia me gusta quedar frente a las ventanas,
observando el ba�o en el que se sumerje el mundo,
observando c�mo purifican todo las l�quidas alhajas.
Tambi�n, a veces, se nubla mi vista con alg�n recuerdo oculto
que resurge bajo el polvo y fango que se van llevando
las saltarinas gotas de lluvia salada que limpian mi alma.
Los d�as de sol me hacen sonre�r s�lo si, contemplando
los brillantes rayos atravesar el encaje celeste de hojas en calma,
surge tambi�n un recuerdo feliz, m�s si es de t�.
No s� cocinar nada necesario en realidad, ni siquiera arroces;
s�lo sabr�a hornear uno que otro postre para t�,
en azucarado agradecimiento por la dulzura de que me ames.
Necesito al menos una dosis diaria de chocolate,
igual que tantos otros necesitan una a varias de caf�.
Es mi capricho, para escuchar la vida que dentro de t� late,
quedar dormida en tu tierno abrazo, tan confortante como la f�.
No me gustan esas costumbres de abrir puertas por m�
ni pagar siempre la cena. Me conformo con la simpleza
de un beso lleno de tu afecto: �qu� mejor cortes�a para m�
que tu sincero querer demostrado en esta gratuita peque�eza?
A veces decido vestirme de negro y reina la noche
en mi maquillaje. No pienses, como tantos otros,
que estoy melanc�lica por alg�n tormentoso derroche
que redescubro en mis memorias de tiempos pasados.
La realidad simple es que disfruto levantarme cada d�a
con antojos diferentes; un d�a quiero todo negro,
otro rojo o azul o amarillo, pero nunca se da la osad�a
de un d�a en que sea rosado el color de mis cosidos destellos.
Ese espec�fico color, tan particularmente "femenino,"
no fue hecho para mujeres como yo, igual que aquellas reglas
que te dictan abrir puertas y pagar cuentas de modo muy "masculino."
Es una ocasi�n impactante en el mundo si dicho color mi piel despliega.
Te advierto tambi�n de mis palabras cortantes,
que en unos d�as reinan m�s que en otros,
trayendo consigo el dolor mutuo de errantes
hormonas en m� y caos total para t� y el inocente cosmos.
No pretendo encarnar los ideales de la pura dulzura,
belleza e incondicional devoci�n, pues mi cuerpo
es meramente humano; no aspira a m�s hechura
que aquella imperfecta que continuar� hasta muerto.
Habr�n d�as en que no querr� saber de t� ni nadie,
en que de todo lo que me rodea me aislar�
para sumirme en ese intenso autodeterminante viaje
que le es obligado a toda persona de cuando en vez.
Recuerdos tuyos con frecuencia devoran en la soledad mi mente,
dejando circular dentro de mi cr�neo �nicamente tu esencia
que enciende las llamas de amor en su modo inclemente
hasta dominar mis acciones delante de tu presencia.
No s� perder ni un solo argumento,
aunque quiz�s por t� haga la excepci�n
en uno de cada mil�simo intento,
s�lo por ver sonre�r triunfante tu coraz�n.
Lamento mucho mi inhabilidad para evitar ceder
ante la urgencia de mis ansias de perfeccionismo.
Perd�n de antemano si a t� intento imponer
alguna de sus ideas; te amo siendo s�lo t� mismo.
Necesito palabras dulces cada cierto tiempo
para hacerme sentir cada d�a m�s querida.
S�lo exigo tu m�s fiel demostraci�n de afecto,
y no tiene que ser en rosas, canciones ni poes�as.
Dame siempre lo mejor de t�
porque mi entrega siempre es entera;
no soportar�a dar todo de m�
y recibir menos que eso de vuelta.
Me frustra enormemente que tan pocos comprendan
mi particular manera de visualizar el mundo que nos rodea.
Mas, no espero que tus pensamientos totalmente entiendan
lo que veo; s�lo espero el mejor intento que puedas.
No, no espero que, de primera instancia comprendas
por qu� las hojas de los �rboles son como encajes
que cubren la piel celeste ni que al principio entiendas
lo asombroso de la luz lunar en tu rostro cuando a m� llames.
No espero que entiendas todas esas cosas
que ni yo misma a veces comprendo.
S�lo espero intentes entender, aunque parezcan locas,
las halucinadas fantas�as que nacen en mi cerebro.
Por �ltimo te advierto que soy todas las cosas a la vez:
calidez y frialdad, cercan�a y lejan�a, humildeza y vanidad,
arte y ciencia, amor y odio, emoci�n y raz�n, ladr�n y juez,
negro y blanco, hielo y fuego, ilusi�n y realidad.
Hay tanto m�s por advertir que se me escapa,
pues tambi�n puedo ser algo olvidadiza.
S�lo ten por seguro, de toda idea que en tu mente pasa,
la realidad del amor de esta alma que a t� se arrima.
Copyright �2004 Surey Rodr�guez