EJES PARA

LA EVALUACI�N

DE LA PR�CTICA POL�TICA EN

ORGANIZACIONES SOCIALES AUT�NOMAS

Por: Alvaro Javier Dimatteo y Gustavo Abad�a

En esta nota se desarrollar�n una serie de ejes de evaluaci�n de organizaciones aut�nomas. Elementos que consideramos importantes para analizar c�mo est�n nuestras organizaciones. A partir de ellos, se persiguen dos objetivos.

Por un lado, ir armando un instrumento para evaluar nuestras organizaciones, nuestra pr�ctica: �c�mo estamos haciendo las cosas?;

Por otro lado, tener un material para la discusi�n de cu�les son nuestros criterios de militancia, es decir, �son �stos los ejes a tener en cuenta? Un pretexto para discutir �c�mo queremos hacer las cosas?

Sobre estos ejes ha habido una discusi�n interna en SUR y un di�logo con compa�eros y con grupos de compa�eros. Recientemente, ese di�logo se realiz� en una de las reuniones del taller de Educaci�n Popular, que se hace en el marco del Encuentro de Organizaciones Sociales.

Nuestra perspectiva de la Educaci�n Popular, es la de pensarla como formaci�n pol�tica. No se trata de un saber pol�tico que poseemos y que hay que trasmitir a otros que no lo poseen. Sino, por el contrario, la formaci�n pol�tica, tal como la pensamos, es realizada por aquellos integrantes de un grupo u organizaci�n, que partiendo de una pr�ctica pol�tica concreta, se disponen a reflexionar sobre la misma. La educaci�n popular consiste en el desarrollo de actividades sistem�ticas que favorezcan esa reflexi�n, la orienten en un sentido de transformaci�n de la realidad y permitan la intervenci�n democr�tica de todos los participantes.

La manera en que nos formamos pol�ticamente, se corresponde con un proyecto pol�tico. Si la formaci�n se da verticalmente, si quien prescribe los contenidos de la misma y qui�nes pueden acceder no son los que llevan adelante la pr�ctica pol�tica, nos enfrentamos a un modo alienante de pensar y hacer la pol�tica, que tradicionalmente se encuentra en partidos y organizaciones donde la democracia no es un valor, pr�ctica o fin en s� mismo. Junto con la democracia se va la autonom�a y a fin de cuentas, nuestra posibilidad de ser libres.

Somos portadores de un proyecto, el socialismo, en cuya construcci�n los elementos centrales, y que lo viabilizan, son la democracia, la participaci�n, la lucha contra la opresi�n (todas las opresiones, habidas y por haber), etc. La ausencia de estos elementos en nuestras pr�cticas significa un renunciamiento a nuestro proyecto.

Los ejes que vamos a desarrollar ahora son aproximaciones, ciertas ideas acerca de los mismos, que nos permiten pensar nuestra pr�ctica. De ning�n modo agotan cada uno de los problemas que tratan. As�, incompleto, preferimos poner sobre la mesa lo que estamos discutiendo para que la mirada cr�tica de los lectores de Umi�a colabore con estas reflexiones.

"la autonom�a como proyecto social de autodeterminaci�n, implica la ruptura con las estructuras de poder que impiden la democracia efectiva, con las instituciones sancionadoras (estado, fuerzas represivas, jur�dicas, etc.) as� como con las instituciones responsables y constitutivas del imaginario social. Autonom�a es, al contrario de heteron�mia, la capacidad de desarticular las formas de poder "materiales y simb�licas�.

Autonom�a

Este pareciera un eje muy general, pero no lo es tanto. Autonom�a significa ponerse uno mismo la norma. Pol�ticamente hablando, un proyecto social de autodeterminaci�n, de democracia en sentido estricto y efectivo. Partimos de la idea de que no hay nadie por encima de nosotros que est� autorizado para fijar las normas. La lucha por la autonom�a consiste en enfrentar todo poder que se ponga por encima de nosotros (las corporaciones econ�micas, el estado y sus instituciones) y que niegue la posibilidad de que las personas se rijan a s� mismas. Esto quiere decir, la lucha contra toda instituci�n que impida la democracia efectiva (se trate de instituciones que act�en en el plano material o en el simb�lico).

Como eje de evaluaci�n, la autonom�a nos permite pensar en qu� medida nuestra pr�ctica enfrenta y afecta a las instituciones responsables de la opresi�n.

Un segundo aspecto a tener en cuenta, es que la sociedad que nos produce como sujetos lo hace con reglas que le son propias, y que niegan la autonom�a. En tanto sujetos formados por la sociedad, no somos aut�nomos, sino s�lo parcialmente, en la medida que comenzamos a luchar contra la opresi�n. Es probable que nuestra pr�ctica, que busca trasformar la sociedad en el sentido de la autonom�a, reproduzca formas no democr�ticas, alienadas, contra las que tambi�n deberemos luchar. Otros ejes desarrollados m�s abajo complementan este problema.

Conviene comentar otro problema vinculado con la idea de autonom�a, que consiste en confundirla con individualismo. Se concibe la autonom�a como encerrarse en la organizaci�n, como una nueva forma de sectarismo. Nuestra pr�ctica no se pone en discusi�n, no se muestra a los otros. Partiendo de la necesidad de transformaciones sociales amplias y de la conformaci�n de un "nosotros" que supere nuestras organizaciones, autonom�a significa dar cuenta de lo que hago: hago esta pr�ctica, esta es mi verdad, y la pongo en discusi�n con "otros" (esos otros que considero parte de un nosotros mayor).

Democratizaci�n

Este eje tiene en cuenta la medida en que la organizaci�n ejerce la democracia internamente. Implica pensar c�mo se toman las decisiones sustantivas. Estas decisiones, pueden estar siendo tomadas por un grupo dentro de la organizaci�n. Habr�a que pensar aqu� si la organizaci�n est� permitiendo o no la toma de decisiones por parte del colectivo. Esto puede ocurrir por el modo de funcionamiento de la organizaci�n, que puede estar reglado formal o informalmente.

La forma "tradicional" de hacer la pol�tica, presente en muchas de nuestras organizaciones, adopta modelos que se parecen mucho a la forma de organizaci�n de la producci�n, es decir, la f�brica, a la cual cuestionamos, donde unos pocos piensan y muchos otros act�an.

Cuando se piensa en la democratizaci�n no se hace referencia a que la organizaci�n permita que todo el mundo participe de las decisiones, sino que se vuelque a que esto efectivamente ocurra. Sobre todo, en aquellas decisiones que afectan el rumbo de la organizaci�n (sustantivas, como dec�amos antes).

Protagonismo/participaci�n

La sociedad busca producir individuos conformes con ella y conformistas en relaci�n con lo que en ella ocurre, alienados. Una organizaci�n que pretende alterar la sociedad, transformarla, no puede darse al interior una pr�ctica de alienaci�n. Una forma de expresi�n de la alienaci�n es la ausencia de di�logo.

Volvemos a encontrarnos, en nuestras organizaciones, con algunos problemas en este sentido. Un problema: es imposible dialogar sobre algunos temas que generan conflicto interno y desestabilizan la organizaci�n y que en general, son centrales en la definici�n de la pol�tica a seguir.

Este problema indica la ausencia de un di�logo que es necesario incorporar a la din�mica organizativa.

Para que �ste sea efectivo, se necesitan estrategias que faciliten la comunicaci�n, el intercambio de posiciones e ideas. Para esto es necesario establecer acuerdos de uso de la palabra, que cuestionen nuestras formas habituales de comunicarnos (que incluyen teoricismos, personalismos, etc.); que incorporen la posibilidad de conflicto; y acordar qu� actitud tendr� el grupo frente esos conflictos.

Otro problema: es frecuente un modo de participaci�n, que consiste en la adhesi�n a propuestas tra�das por otro, lo que no permite que el que adhiere elabore pol�tica de la organizaci�n. La organizaci�n avanza cuando es posible observar procesos individuales de crecimiento. Cuando los militantes tienen en la organizaci�n un espacio de formaci�n, de despliegue de "potencialidades". Cuando los militantes comienzan a intervenir m�s integralmente, a dise�ar pol�ticas, a proponer estrategias.

Profundizaci�n de acuerdos y diferencias

Hay muchas formas de establecer acuerdos. Participamos de grupos que acuerdan s�lo en aspectos ideol�gicos, es decir, ven o proyectan la sociedad "m�s o menos as�"; hay acuerdos menos claros, como ciertas pautas culturales; hay identidades que se comparten; hay acuerdos en ciertos dogmas o discursos que hacemos. Lo que suele faltarnos por profundizar son esos acuerdos que definen c�mo actuamos, es decir, los acuerdos pol�ticos-estrat�gicos. A menudo los acuerdos que mencionamos (culturales, de identidad, ideol�gicos, que nos parecen importantes) impiden o dificultan alcanzar acuerdos pol�ticos-estrat�gicos.

Y sobre las diferencias, tambi�n hay que hablar. Tenemos una tradici�n que niega las diferencias hacia adentro de una organizaci�n, que siempre es pensada como bloque homog�neo. Por un lado, est� la idea de que no podemos permitir las diferencias. Por otro est� la fantas�a de que no existen. Probablemente algunos de estos dos factores hacen que no pensemos las diferencias, que no queden puestas sobre la mesa, y que, toda diferencia, sea le�da como antagonismo. La diferencia vale porque puede enriquecer la din�mica de la organizaci�n (hacia adentro y hacia fuera) y porque es fundamental para reconocer qui�nes somos.

Las acciones desarrolladas por la organizaci�n se vuelven m�s democr�ticas y eficaces cuanto m�s claros se encuentran los puntos de acuerdo y diferencia entre los militantes. Hablar en nombre de la organizaci�n, proponer una estrategia, un eje de debate, son actividades de un militante que se hacen m�s efectivas y democr�ticas. As� mismo, esta profundizaci�n redunda en la formaci�n de los militantes y ayuda al esclarecimiento y debate sobre los fines de la organizaci�n.

Creatividad y autoalteraci�n

Con este eje apuntamos a pensar en qu� medida la organizaci�n se ha permitido alejarse de la pol�tica prevista, crear alternativas ante desaf�os coyunturales, crear pol�ticas avanzadas por sobre la coyuntura impone, replantearse cualquiera de sus aspectos internos a fin de no tener una pol�tica repetitiva, alterar el statu quo interno.

La importancia de la creatividad est� dada por la falta de certezas: ya no encontramos la verdad en ning�n librito. Las formas de pensar y hacer la pol�tica que acostumbr�bamos, son fuertemente cuestionadas. No hay garant�as, ni f�rmulas, ni recetas; el sujeto de cambio, hoy por hoy, tiene la imperiosa necesidad de pensarse y de imaginar el qu� hacer actual. Y eso no puede hacerlo sin creatividad, al tiempo que no tenemos por qu� ponernos a inventar la rueda nuevamente, desaprovechando las experiencias de muchos compa�eros de hoy y de ayer, que en su pr�ctica nos dejan referencia, abren caminos, interpelan las formas de hacer la pol�tica. Es decir, creatividad que no significa arrancar de cero.

Tenemos una necesidad: la de pensar la sociedad, la de pensar a los enemigos y la de pensarnos en referencia a las estrategias que desde el poder, intentan neutralizar o reorientar las luchas populares.

Crecimiento

Inicialmente, hacemos referencia a la incorporaci�n de nuevos compa�eros, aunque �sta debiera significar, adem�s, un trastoca-miento de todos los aspectos de la organizaci�n, si se piensa al nuevo compa�ero como portador de proyectos, dudas, etc. Respecto del crecimiento debi�ramos considerar, adem�s del n�mero, la calidad de la incorporaci�n, no tanto despu�s de hacer un test al nuevo militante, sino a partir de haber incorporado sus aportes, haber mejorado o ampliado alg�n aspecto de la pr�ctica.

Hay otro aspecto del crecimiento que tiene que ver con la articulaci�n, que tratamos por separado.

Articulaci�n

La organizaci�n avanza cuando logra establecer, afianzar, ampliar y profundizar lazos con otras organizaciones compa�eras, o incluso, con personas "aisladas". La articulaci�n consiste en trasladar los fines y los modos organizativos a instancias mayores y replantear y reorientar la pr�ctica propia a partir de la relaci�n establecida.

Una organizaci�n que decide participar de una experiencia de articulaci�n pone en juego, all�, sus inquietudes, sus criterios de acci�n, es decir, su pr�ctica. Como considera v�lidos esos criterios intenta que otros se los apropien y se expone ante los otros. Intenta coordinar acciones conjuntas que resultan de este encuentro.

Articulaci�n significa ir a proponer e ir a exponerse, lo contrario de ir a escuchar e ir a ocultarse. En este sentido, los espacios de articulaci�n representan un problema para las organizaciones aut�nomas. Porque muchas veces, la autonom�a significa ghetto, encierro; significa no darle cuentas a nadie de lo que hago. Y debiera ser lo contrario: una pr�ctica pol�tica es aut�noma si puede exponerse a la discusi�n democr�tica con otros; si puede definir (en la pr�ctica con otros), cada vez m�s, las reglas de juego y no sencillamente, adaptarse a las que son impuestas.

Impacto pol�tico

Puede llamarse as� a la posibilidad de la organizaci�n de influenciar sobre la realidad social, y sobre los campos de decisi�n y pr�ctica pol�tica externos en que est� implicada.

Estos campos pueden ser de diferente distancia y amplitud y establecerse con ellos diferentes relaciones (desde antagonismos hasta acuerdos expl�citos).

Uno de los aspectos centrales que este eje contiene, es la necesidad de recuperar la capacidad de sanci�n por parte del campo popular.

El impacto pol�tico no puede evaluarse sino a partir de un an�lisis serio de la realidad que es afectada. Un an�lisis que debe ser continuo. Tenemos una necesidad: la de pensar la sociedad, la de pensar a los enemigos y la de pensarnos en referencia a las estrategias que desde el poder, intentan neutralizar o reorientar las luchas populares.

Impacto ideol�gico

Este eje tiene muchos contactos con el anterior. Hace referencia a la capacidad de trasladar las preocupaciones de la organizaci�n a otras esferas. Se trata de la lucha por el sentido. En el sistema internamente. Pensar las responsabilidades de cada militante como acuerdos necesarios de cumplir (que no pueden ser asumidas sino a base de una certeza de que pueden ser cumplidas), nos permite ubicar de otra manera el problema del "compromiso". El compromiso es visto muchas veces como un valor moral, como algo que alguien tiene y otro alguien no. Probablemente el compromiso tenga que ser pensado como cumplimiento de eso que se acord�, de lo que se dijo que se iba a hacer.
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