Te digo algo... Te he estado observando y me di cuenta de que eres muy desagradecido con tu Dios y eso me gustó mucho. Además de ver la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento espiritual. Rara vez lees la Biblia, y cuando lo haces, lo haces bastante cansado; muchas veces recitas frases que ni siquiera has meditado. ¡Me fascinas!
No puedo describirte como me alegra, que en todo éste
tiempo en que has estado siguiendo a tu Dios, no hayas cambiado tu manera de
comportarte. Tantos años y sigues como
al principio, crees que no tienes nada que cambiar. ¡Me encantas! Pero no te
confundas... Aún te detesto. Es más te odio porque odio a tu Padre. Solamente te estoy usando para molestarlo y
voy a seguir utilizándote mientras pueda para vengarme de él.
Mira, eres tan ignorante, que sin darte cuenta me has
cedido tu existencia, por lo que Yo voy a hacer que vivas un verdadero infierno
en vida. Con tu cooperación, voy a
demostrarles quien realmente es el que gobierna en tu vida. ¿Sabes?, disfruto mucho cuando te revelas
contra tu Dios. Hay veces que me haces
servicios increíbles. Y lo que más me
agrada, es que pocas veces tengo que provocarte, casi siempre caes por tu
propia cuenta. ¡Ja!.. Te expones a muchos momentos propicios sin
darte cuenta, buscando mis ambientes.
Por lo general, no acostumbro a enviar este tipo de
mensajes, pero eres tan conformista, que no creo que vayas a cambiar. No me mal entiendas, aún te odio, y no me
interesas en lo más mínimo. Si te lo comento,
es porque me agrada como es tu manera de comportarte y como haces quedar en
ridículo aquel a quien llamas: “Jesús
el Cristo”. En fin. Sigue así.
El
enemigo quien os odia tanto,
Luzbel (o como me quieras llamar)
¡Hasta la próxima!