AKATHISTOS - Canto Litúrgico Mariano
El himno "Akathistos" a la Madre de Dios,
que significa (Estando de Pié), es el poema mariano más célebre de la
iglesia bizantina y de la Iglesia de todos los tiempos, obra maestra de
literatura y de teología, altísima expresión contemplativa y laudativa del
culto a la Virgen Madre.
Episodios Evangélicos
Un arcángel excelso
fue enviado del cielo
a decir "Dios te salve" a María.
Contemplándote, oh Dios,
hecho hombre
por virtud de su angélico
anuncio,
extasiado quedó ante la
Virgen,
y así le cantaba:
Salve, por ti resplandece la
dicha;
Salve, por ti se eclipsa la
pena.
Salve, levantas a Adán, el
caído;
Salve, rescatas el llanto de
Eva.
Salve, oh cima encumbrada
a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable
a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras
el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti
al que todo sostiene.
Salve, lucero que el Sol nos
anuncia;
Salve, regazo del Dios que
se encarna.
Salve, por ti la creación se
renueva;
Salve, por ti el Creador
nace niño.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Conociendo la Santa
que era a Dios consagrada,
al arcángel Gabriel le
decía:
"Tu mensaje es arcano a
mi oído
y difícil resulta a mi alma;
insinúas de Virgen el parto,
exclamando:
¡Aleluya!"
Deseaba la Virgen
comprender el misterio
y al heraldo divino
pregunta:
"¿Podrá dar a la luz
criatura
una Virgen? Responde, te
ruego".
Reverente Gabriel
contestaba,
y así le cantaba:
Salve, tú guía al eterno
consejo;
Salve, tú prenda de arcano
misterio.
Salve, milagro primero de
Cristo;
Salve, compendio de todos
sus dogmas.
Salve, celeste escalera
que Dios ha bajado;
Salve, oh puente que llevas
los hombres al cielo.
Salve, de angélicos coros
solemne portento;
Salve, de turba infernal
lastimero flagelo.
Salve, inefable, la Luz
alumbraste;
Salve, a ninguno dijiste el
secreto.
Salve, del docto rebasas la
ciencia;
Salve, del fiel iluminas la
mente.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
La virtud de lo Alto
la cubrió con su sombra
e hizo Madre a la Esposa
Inviolada.
Aquel seno por Dios
fecundado
germinó como fértil arada
para todo el que busca la
gracia
y aclama:
¡Aleluya!
Con el Niño en su seno,
presurosa María,
a su prima Isabel visitaba.
El pequeño en el seno
materno
exultó al oír el saludo,
y con saltos, cual cantos de
gozo,
a la Madre aclamaba:
Salve, oh tallo del verde
Retoño;
Salve, oh rama del Fruto
incorrupto.
Salve, al pío Arador tú
cultivas;
Salve, tú plantas quien
planta la vida.
Salve, oh campo fecundo
de gracias copiosas;
Salve, oh mesa repleta
de dones divinos.
Salve, un Prado germinas
de toda delicia;
Salve, al alma preparas
Asilo seguro.
Salve, incienso de grata
plegaria;
Salve, ofrenda que el mundo
concilia.
Salve, clemencia de Dios
para el hombre;
Salve, del hombre con Dios
confianza.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Con la mente en tumulto,
inundado de dudas,
el prudente José se debate.
Te conoce cual Virgen
intacta;
desposorios secretos
sospecha.
Al saber que es acción del
Espíritu,
exclama:
¡Aleluya!
Los pastores oyeron
los angélicos coros
que al Señor hecho hombre
cantaban.
Para ver al Pastor van
corriendo;
un Cordero inocente
contemplan
que del pecho materno se
nutre,
y a la Virgen le cantan:
Salve, Nutriz del Pastor y
Cordero;
Salve, aprisco de fieles
rebaños.
Salve, barrera a las fieras
hostiles;
Salve, ingreso que da al
Paraíso.
Salve, por ti con la tierra
exultan los cielos;
Salve, por ti con los cielos
se alegra la tierra.
Salve, de Apóstoles boca
que nunca enmudece;
Salve, de Mártires fuerza
que nadie somete.
Salve, de fe inconcuso
cimiento;
Salve, fulgente estandarte
de gracia.
Salve, por ti es despojado
el averno;
Salve, por ti revestimos la
gloria.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Observando la estrella
que hacia Dios los guiaba,
sus fulgores siguieron los
magos.
Era antorcha segura en su
ruta;
los condujo ante el Rey
Poderoso.
Al llegar hasta el
Inalcanzable,
le cantan:
¡Aleluya!
Contemplaron los magos
entre brazos maternos
al que al hombre plasmó con
sus manos.
Comprendieron que era Él su
Señor,
a pesar de su forma de
esclavo;
presurosos le ofrecen sus
dones
y a la Madre proclaman:
Salve, oh Madre del Sol sin
ocaso;
Salve, aurora del místico
Día.
Salve, tú apagas hogueras de
errores;
Salve, Dios Trino al creyente
revelas.
Salve, derribas del trono
al tirano enemigo;
Salve, nos muestras a Cristo
el Señor y el Amigo.
Salve, nos has liberado
de bárbaros ritos;
Salve, nos has redimido
de acciones de barro.
Salve, destruyes el culto
del fuego;
Salve, extingues las llamas
del vicio.
Salve, camino a la santa
templanza;
Salve, alegría de todas las
gentes.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Portadores y heraldos
de Dios eran los magos
de regreso, allá en
Babilonia.
Se cumplía el oráculo
antiguo
cuando a todos hablaban de Cristo,
sin pensar en el necio de
Herodes
que no canta:
¡Aleluya!
El Egipto iluminas
con la luz verdadera
persiguiendo el error
tenebroso.
A tu paso caían los dioses,
no pudiendo, Señor,
soportarte;
y los hombres, salvados de
engaño,
a la Virgen aclaman:
Salve, levantas al género
humano;
Salve, humillas a todo el
infierno.
Salve, conculcas engaños y
errores;
Salve, impugnas del ídolo el
fraude.
Salve, oh mar que sumerge
al cruel enemigo;
Salve, oh roca do beben
sedientos de Vida.
Salve, columna de fuego
que guía en tinieblas;
Salve, amplísima nube
que cubres el mundo.
Salve, nos diste el Maná
verdadero;
Salve, nos sirves Manjar de
delicias.
Salve, oh tierra por Dios
prometida;
Salve, en ti fluyen la miel
y la leche.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Simeón el anciano,
al final de sus días,
de este mundo dejaba la
sombra.
Presentado le fuiste cual
niño,
mas, al verte cual Dios
poderoso,
admiró el arcano designio
y gritaba:
¡Aleluya!
Parte Dogmática
Misterios de la fe
Renovó el Excelso
de este mundo las leyes
cuando vino a habitar en la
tierra.
Germinando en un seno
incorrupto
lo conserva intacto cual
era.
Asombrados por este prodigio
a la Santa cantamos:
Salve, azucena de intacta
belleza;
Salve, corona de noble
firmeza.
Salve, la suerte futura
revelas;
Salve, la angélica vida
desvelas.
Salve, frutal exquisito
que nutre a los fieles;
Salve, ramaje frondoso
que a todos cobija.
Salve, llevaste en el seno
quien guía al errante;
Salve, al mundo entregaste
quien libra al esclavo.
Salve, plegaria ante el Juez
verdadero;
Salve, perdón del que tuerce
el sendero.
Salve, atavío que cubre al
desnudo;
Salve, del hombre supremo
deseo.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Ante el Parto admirable,
alejados del mundo,
hacia el cielo elevamos la
mente.
El Altísimo vino a la tierra
con la humilde semblanza de
un pobre
y enaltece hasta cumbres de
gloria
a quien canta:
¡Aleluya!
Habitaba en la tierra
y llenaba los cielos
la Palabra de Dios infinita.
Su bajada amorosa hasta el
hombre
no cambió su morada superna.
Era el parto divino de
Virgen
que este canto escuchaba:
Salve, mansión que contiene
al Inmenso;
Salve, dintel del augusto
Misterio.
Salve, de incrédulo equívoco
anuncio;
Salve, del fiel inequívoco
orgullo.
Salve, carroza del Santo
que portan querubes;
Salve, sitial del que adoran
sin fin serafines.
Salve, tú sólo has unido
dos cosas opuestas:
Salve, tú sola a la vez
eres Virgen y Madre.
Salve, por ti fue borrada la
culpa;
Salve, por ti Dios abrió el
Paraíso.
Salve, tú llave del Reino de
Cristo;
Salve, esperanza de bienes
eternos.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Todo el orden angélico
asombrado contempla
el misterio de Dios que se
encarna.
Al Señor, al que nadie se
acerca,
hecho hombre, accesible,
admira
caminar por humanos
senderos,
escuchando:
¡Aleluya!
Oradores brillantes
como peces se callan
ante ti, Santa Madre del
Verbo.
Cómo ha sido posible no
entienden
ser tú Virgen después de ser
Madre.
El prodigio admiramos tus
fieles,
y con fe proclamamos:
Salve, sagrario de arcana
Sapiencia;
Salve, despensa de la
Providencia.
Salve, por ti se confunden
los sabios;
Salve, por ti el orador
enmudece.
Salve, por ti se aturden
sutiles doctores;
Salve, por ti desfallecen
autores de mitos;
Salve, disuelves enredos
de agudos sofistas;
Salve, rellenas las redes
de los Pescadores.
Salve, levantas de honda
ignorancia;
Salve, nos llenas de ciencia
superna.
Salve, navío del que ama
salvarse;
Salve, oh puerto en el mar
de la vida.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Por salvar todo el orbe,
el Divino Alfarero
hasta el mundo bajó, porque
quiso.
Por ser Dios era Él Pastor
nuestro;
se mostró por nosotros
Cordero;
como igual sus iguales
atrae;
cual Dios oye:
¡Aleluya!
Virgen, Madre de Cristo.
Baluarte de vírgenes
y de todo el que en ti se
refugia
el divino Hacedor te
dispuso,
al tomar de ti carne en tu
seno;
y enseña a que todos
cantemos
en tu honor, oh Inviolada:
Salve, columna de sacra
pureza;
Salve, umbral de la vida
perfecta.
Salve, tú inicias la nueva
progenie;
Salve, dispensas bondades
divinas.
Salve, de nuevo engendraste
al nacido en deshonra;
Salve, talento infundiste
al hombre insensato.
Salve, anulaste a Satán
seductor de las almas;
Salve, nos diste al Señor
sembrador de los castos.
Salve, regazo de nupcias
divinas;
Salve, unión de los fieles
con Cristo.
Salve, de vírgenes Madre y
Maestra;
Salve, al Esposo conduces
las almas.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Impotente es el canto
que alabar presumiera
de tu gracia el caudal
infinito.
Como inmensa es la arena en
la playa
pueden ser nuestros himnos,
Rey Santo,
mas no igualan los dones que
has dado
a quien canta:
¡Aleluya!
Como antorcha luciente
del que yace en tinieblas
resplandece la Virgen María.
Ha encendido la Luz
increada;
su fulgor ilumina las mentes
y conduce a la ciencia
celeste
suscitando este canto;
Salve, oh rayo del Sol
verdadero;
Salve, destello de Luz sin
ocaso.
Salve, fulgor que iluminas
las mentes;
Salve, cual trueno enemigos
aterras.
Salve, surgieron de ti
luminosos misterios;
Salve, brotaron en ti
caudalosos arroyos.
Salve, figura eres tú
de salubre piscina;
Salve, tú limpias las
manchas
de nuestros pecados.
Salve, oh fuente que lavas
las almas;
Salve, oh copa que vierte
alegría.
Salve, fragancia de ungüento
de Cristo;
Salve, oh Vida del sacro
Banquete.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Por querer perdonarnos
el pecado primero,
el que paga las deudas de
todos,
de sus prófugos busca el
asilo,
libremente del cielo
exiliado.
Mas, rasgando el quirógrafo
antiguo,
oye un canto:
¡Aleluya!
Celebrando tu parto,
a una voz te alabamos
como templo viviente,
Señora.
Ha querido encerrarse en tu
seno
el que todo contiene en su
mano,
el que santa y gloriosa te
ha hecho,
el que enseña a cantarte:
Salve, oh tienda del Verbo
divino;
Salve, más grande que el
gran Santuario.
Salve, oh Arca que Espíritu
dora;
Salve, tesoro inexhausto de
vida.
Salve, diadema preciosa
de reyes devotos;
Salve, orgullo glorioso
de sacros ministros.
Salve, firmísimo alcázar
de toda la Iglesia;
Salve, muralla invencible
de todo el Imperio.
Salve, por ti enarbolamos
trofeos;
Salve, por ti sucumbió el
adversario.
Salve, remedio eficaz de mi
carne;
Salve, inmortal salvación de
mi alma.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
Digna de toda loa,
Madre santa del Verbo,
el más Santo entre todos los
Santos.
Nuestra ofrenda recibe en el
canto;
salva al mundo de todo
peligro;
del castigo inminente libera
a quien canta:
¡Aleluya!