UNIVERSIDAD
NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD DE
CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES
DIVISIÓN SISTEMA
UNIVERSIDAD ABIERTA Y EDUCACIÓN A DISTANCIA
ÁREA: CIENCIAS DE
LINEAMIENTOS DE
EXÁMENES EXTRAORDINARIOS
SEMESTRE 2009-1
SOCIOLOGÍA DE
Profesor: Héctor Javier Pérez Monter. [email protected]
Periodo: 2009-1
BIBLIOGRAFÍA Y TRABAJOS
A PRESENTAR:
Noham Chomsky:
-
* “DEMOCRACIA”
-
* “El Control de los
Medios de Comunicación”.
(Lecturas entregadas en electrónico
por el profesor, a vuelta de correo)
Generar un total de 15
oraciones concluyentes, soportadas en un párrafo de 8 líneas como máximo, sobre
los principales argumentos del autor.
-
JEFREY C.
ALEXANDER:
LAS TEORÍAS SOCIOLÓGICAS
DESDE
Gedisa Editorial.
En base a los primeros
seis capítulos de esta obra, referentes al Funcionalismo, definir un total de
25 términos, como los siguientes, en un mínimo 5 de líneas por término:
Acto,
Asignación, Categorías residuales, Catexia, Contingencia, Díada,
Disponibilidades, Institucionalización, Integración, Recompensas simbólicas,
Sistema social, Socialización, etc.
La selección de estos
términos y su definición debe estar acompañada de una aplicación cotidiana de
estas teorías; ejemplos.
-
DESMOND
MORRIS
EL HOMBRE AL DESNUDO.
Editoriales: Círculo de
Lectores, Orbis y otras editoriales.
Tomar al menos 20
gestos, señales o hábitos, señalados por el autor y aplicarlos en la vida
cotidiana de manera muy creativa; describiendo las acciones y de ser posible
ilustrarlas con fotografías o recortes actuales.
EL CONTROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.
Noam Chomsky
El control de los medios de
comunicación
El
papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a
preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué
modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar
contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno es el que nos lleva a
afirmar que en una sociedad democrática, por un lado, la gente tiene a su
alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de
sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e
imparciales. Si se busca la palabra democracia en el diccionario se encuentra
una definición bastante parecida a lo que acabo de formular.
Una
idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se
haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben
estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada
de democracia, pero es importante entender que, en todo caso, es la idea
predominante. De hecho lo ha sido durante mucho tiempo, no sólo en la práctica
sino incluso en el plano teórico. No olvidemos además que tenemos una larga
historia, que se remonta a las revoluciones democráticas modernas de
Primeros apuntes históricos de la
propaganda
Empecemos
con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno.
Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916
como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el
ecuador de
Entre
los que participaron activa y entusiásticamente en la guerra de Wilson estaban
los intelectuales progresistas, gente del círculo de John Dewey Estos se
mostraban muy orgullosos, como se deduce al leer sus escritos de la época, por
haber demostrado que lo que ellos llamaban los miembros más inteligentes de la
comunidad, es decir, ellos mismos, eran capaces de convencer a una población
reticente de que había que ir a una guerra mediante el sistema de aterrorizarla
y suscitar en ella un fanatismo patriotero. Los medios utilizados fueron muy
amplios. Por ejemplo, se fabricaron montones de atrocidades supuestamente
cometidas por los alemanes, en las que se incluían niños belgas con los
miembros arrancados y todo tipo de cosas horribles que todavía se pueden leer
en los libros de historia, buena parte de lo cual fue inventado por el
Ministerio británico de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento
—tal como queda reflejado en sus deliberaciones secretas— era el de dirigir el
pensamiento de la mayor parte del mundo. Pero la cuestión clave era la de
controlar el pensamiento de los miembros más inteligentes de la sociedad
americana, quienes, a su vez, diseminarían la propaganda que estaba siendo elaborada
y llevarían al pacífico país a la histeria propia de los tiempos de guerra. Y
funcionó muy bien, al tiempo que nos enseñaba algo importante: cuando la
propaganda que dimana del estado recibe el apoyo de las clases de un nivel
cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto
puede ser enorme. Fue una lección que ya había aprendido Hitler y muchos otros,
y cuya influencia ha llegado a nuestros días.
La democracia del espectador
Otro
grupo que quedó directamente marcado por estos éxitos fue el formado por
teóricos liberales y figuras destacadas de los medios de comunicación, como
Walter Lippmann, que era el decano de los periodistas americanos, un importante
analista político —tanto de asuntos domésticos como internacionales— así como
un extraordinario teórico de la democracia liberal. Si se echa un vistazo a sus
ensayos, se observará que están subtitulados con algo así como Una teoría
progresista sobre el pensamiento democrático liberal. Lippmann estuvo vinculado
a estas comisiones de propaganda y admitió los logros alcanzados, al tiempo que
sostenía que lo que él llamaba revolución en el arte de la democracia podía
utilizarse para fabricar consenso, es decir, para producir en la población,
mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo inicialmente
no deseado. También pensaba que ello era no solo una buena idea sino también
necesaria, debido a que, tal como él mismo afirmó, los intereses comunes
esquivan totalmente a la opinión pública y solo una clase especializada de
hombres responsables lo bastante inteligentes puede comprenderlos y resolver
los problemas que de ellos se derivan. Esta teoría sostiene que solo una élite
reducida —la comunidad intelectual de que hablaban los seguidores de Dewey—
puede entender cuáles son aquellos intereses comunes, qué es lo que nos
conviene a todos, así como el hecho de que estas cosas escapan a la gente en
general. En realidad, este enfoque se remonta a cientos de años atrás, es
también un planteamiento típicamente leninista, de modo que existe una gran
semejanza con la idea de que una vanguardia de intelectuales revolucionarios
toma el poder mediante revoluciones populares que les proporcionan la fuerza
necesaria para ello, para conducir después a las masas estúpidas a un futuro en
el que estas son demasiado ineptas e incompetentes para imaginar y prever nada
por sí mismas. Es así que la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo
se encuentran muy cerca en sus supuestos ideológicos. En mi opinión, esta es
una de las razones por las que los individuos, a lo largo del tiempo, han
observado que era realmente fácil pasar de una posición a otra sin experimentar
ninguna sensación específica de cambio. Solo es cuestión de ver dónde está el
poder. Es posible que haya una revolución popular que nos lleve a todos a
asumir el poder del Estado; o quizás no la haya, en cuyo caso simplemente
apoyaremos a los que detentan el poder real: la comunidad de las finanzas. Pero
estaremos haciendo lo mismo: conducir a las masas estúpidas hacia un mundo en
el que van a ser incapaces de comprender nada por sí mismas.
Lippmann
respaldó todo esto con una teoría bastante elaborada sobre la democracia
progresiva, según la cual en una democracia con un funcionamiento adecuado hay
distintas clases de ciudadanos. En primer lugar, los ciudadanos que asumen
algún papel activo en cuestiones generales relativas al gobierno y la
administración. Es la clase especializada, formada por personas que analizan,
toman decisiones, ejecutan, controlan y dirigen los procesos que se dan en los
sistemas ideológicos, económicos y políticos, y que constituyen, asimismo, un
porcentaje pequeño de la población total. Por supuesto, todo aquel que ponga en
circulación las ideas citadas es parte de este grupo selecto, en el cual se
habla primordialmente acerca de qué hacer con aquellos otros, quienes, fuera
del grupo pequeño y siendo la mayoría de la población, constituyen lo que
Lippmann llamaba el rebaño desconcertado: hemos de protegemos de este rebaño
desconcertado cuando brama y pisotea. Así pues, en una democracia se dan dos
funciones: por un lado, la clase especializada, los hombres responsables,
ejercen la función ejecutiva, lo que significa que piensan, entienden y
planifican los intereses comunes; por otro, el rebaño desconcertado también con
una función en la democracia, que, según Lippmann, consiste en ser espectadores
en vez de miembros participantes de forma activa. Pero, dado que estamos
hablando de una democracia, estos últimos llevan a término algo más que una
función: de vez en cuando gozan del favor de liberarse de ciertas cargas en la
persona de algún miembro de la clase especializada; en otras palabras, se les
permite decir queremos que seas nuestro líder, o, mejor, queremos que tú seas
nuestro líder, y todo ello porque estamos en una democracia y no en un estado
totalitario. Pero una vez se han liberado de su carga y traspasado esta a algún
miembro de la clase especializada, se espera de ellos que se apoltronen y se
conviertan en espectadores de la acción, no en participantes. Esto es lo que
ocurre en una democracia que funciona como Dios manda.
Y
la verdad es que hay una lógica detrás de todo eso. Hay incluso un principio
moral del todo convincente: la gente es simplemente demasiado estúpida para
comprender las cosas. Si los individuos trataran de participar en la gestión de
los asuntos que les afectan o interesan, lo único que harían sería solo
provocar líos, por lo que resultaría impropio e inmoral permitir que lo
hicieran. Hay que domesticar al rebaño desconcertado, y no dejarle que brame y
pisotee y destruya las cosas, lo cual viene a encerrar la misma lógica que dice
que sería incorrecto dejar que un niño de tres años cruzara solo la calle. No
damos a los niños de tres años este tipo de libertad porque partimos de la base
de que no saben cómo utilizarla. Por lo mismo, no se da ninguna facilidad para
que los individuos del rebaño desconcertado participen en la acción; solo
causarían problemas.
Por
ello, necesitamos algo que sirva para domesticar al rebaño perplejo; algo que
viene a ser la nueva revolución en el arte de la democracia: la fabricación del
consenso. Los medios de comunicación, las escuelas y la cultura popular tienen
que estar divididos. La clase política y los responsables de tomar decisiones
tienen que brindar algún sentido tolerable de realidad, aunque también tengan
que inculcar las opiniones adecuadas. Aquí la premisa no declarada de forma
explícita —e incluso los hombres responsables tienen que darse cuenta de esto
ellos solos— tiene que ver con la cuestión de cómo se llega a obtener la
autoridad para tomar decisiones. Por supuesto, la forma de obtenerla es
sirviendo a la gente que tiene el poder real, que no es otra que los dueños de
la sociedad, es decir, un grupo bastante reducido. Si los miembros de la clase
especializada pueden venir y decir Puedo ser útil a sus intereses, entonces
pasan a formar parte del grupo ejecutivo. Y hay que quedarse callado y portarse
bien, lo que significa que han de hacer lo posible para que penetren en ellos
las creencias y doctrinas que servirán a los intereses de los dueños de la
sociedad, de modo que, a menos que puedan ejercer con maestría esta
autoformación, no formarán parte de la clase especializada. Así, tenemos un
sistema educacional, de carácter privado, dirigido a los hombres responsables,
a la clase especializada, que han de ser adoctrinados en profundidad acerca de
los valores e intereses del poder real, y del nexo corporativo que este
mantiene con el Estado y lo que ello representa. Si pueden conseguirlo, podrán
pasar a formar parte de la clase especializada. Al resto del rebaño
desconcertado básicamente habrá que distraerlo y hacer que dirija su atención a
cualquier otra cosa. Que nadie se meta en líos. Habrá que asegurarse que
permanecen todos en su función de espectadores de la acción, liberando su carga
de vez en cuando en algún que otro líder de entre los que tienen a su
disposición para elegir.
Muchos
otros han desarrollado este punto de vista, que, de hecho, es bastante
convencional. Por ejemplo, él destacado teólogo y crítico de política
internacional Reinold Niebuhr, conocido a veces como el teólogo del sistema,
gurú de George Kennan y de los intelectuales de Kennedy, afirmaba que la
racionalidad es una técnica, una habilidad, al alcance de muy pocos: solo
algunos la poseen, mientras que la mayoría de la gente se guía por las
emociones y los impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lógica tienen que
crear ilusiones necesarias y simplificaciones acentuadas desde el punto de
vista emocional, con objeto de que los bobalicones ingenuos vayan más o menos
tirando. Este principio se ha convertido en un elemento sustancial de la
ciencia política contemporánea. En la década de los años veinte y principios de
la de los treinta, Harold Lasswell, fundador del moderno sector de las
comunicaciones y uno de los analistas políticos americanos más destacados,
explicaba que no deberíamos sucumbir a ciertos dogmatismos democráticos que
dicen que los hombres son los mejores jueces de sus intereses particulares.
Porque no lo son. Somos nosotros, decía, los mejores jueces de los intereses y
asuntos públicos, por lo que, precisamente a partir de la moralidad más común,
somos nosotros los que tenemos que asegurarnos de que ellos no van a gozar de
la oportunidad de actuar basándose en sus juicios erróneos. En lo que hoy
conocemos como estado totalitario, o estado militar, lo anterior resulta fácil.
Es cuestión simplemente de blandir una porra sobre las cabezas de los
individuos, y, si se apartan del camino trazado, golpearles sin piedad. Pero si
la sociedad ha acabado siendo más libre y democrática, se pierde aquella
capacidad, por lo que hay que dirigir la atención a las técnicas de propaganda.
La lógica es clara y sencilla: la propaganda es a la democracia lo que la
cachiporra al estado totalitario. Ello resulta acertado y conveniente dado que,
de nuevo, los intereses públicos escapan a la capacidad de comprensión del
rebaño desconcertado.
Relaciones públicas
Los
Estados Unidos crearon los cimientos de la industria de las relaciones
públicas. Tal como decían sus líderes, su compromiso consistía en controlar la
opinión pública. Dado que aprendieron mucho de los éxitos de
Las
relaciones públicas constituyen una industria inmensa que mueve, en la
actualidad, cantidades que oscilan en torno a un billón de dólares al año, y
desde siempre su cometido ha sido el de controlar la opinión pública, que es el
mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones. Tal como ocurrió durante
Efectivamente,
si hubiera muchos individuos de recursos limitados que se agruparan para
intervenir en el ruedo político, podrían, de hecho, pasar a asumir el papel de
participantes activos, lo cual sí sería una verdadera amenaza. Por ello, el
poder empresarial tuvo una reacción contundente para asegurarse de que esa
había sido la última victoria legislativa de las organizaciones obreras, y de
que representaría también el principio del fin de esta desviación democrática
de las organizaciones populares. Y funcionó. Fue la última victoria de los
trabajadores en el terreno parlamentario, y, a partir de ese momento —aunque el
número de afiliados a los sindicatos se incrementó durante
La
primera prueba se produjo un año más tarde, en 1937, cuando hubo una importante
huelga del sector del acero en Johnstown, al oeste de Pensilvania. Los
empresarios pusieron a prueba una nueva técnica de destrucción de las
organizaciones obreras, que resultó ser muy eficaz. Y sin matones a sueldo que
sembraran el terror entre los trabajadores, algo que ya no resultaba muy
práctico, sino por medio de instrumentos más sutiles y eficientes de
propaganda. La cuestión estribaba en la idea de que había que enfrentar a la
gente contra los huelguistas, por los medios que fuera. Se presentó a estos
como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad, y contrarios
a los intereses comunes, que eran los nuestros, los del empresario, el
trabajador o el ama de casa, es decir, todos nosotros. Queremos estar unidos y
tener cosas como la armonía y el orgullo de ser americanos, y trabajar juntos.
Pero resulta que estos huelguistas malvados de ahí afuera son subversivos,
arman jaleo, rompen la armonía y atenían contra el orgullo de América, y hemos
de pararles los pies. El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los
suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo
por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros. Este
era, en esencia, el mensaje. Y se hizo un gran esfuerzo para hacerlo público;
después de todo, estamos hablando del poder financiero y empresarial, es decir,
el que controla los medios de información y dispone de recursos a gran escala,
por lo cual funcionó, y de manera muy eficaz. Más adelante este método se
conoció como la fórmula Mohawk VaIley, aunque se le denominaba también métodos
científicos para impedir huelgas. Se aplicó una y otra vez para romper huelgas,
y daba muy buenos resultados cuando se trataba de movilizar a la opinión
pública a favor de conceptos vacíos de contenido, como el orgullo de ser
americano. ¿Quién puede estar en contra de esto? O la armonía. ¿Quién puede
estar en contra? O, como en la guerra del golfo Pérsico, apoyad a nuestras
tropas. ¿Quién podía estar en contra? O los lacitos amarillos. ¿Hay alguien que
esté en contra? Sólo alguien completamente necio.
De
hecho, ¿qué pasa si alguien le pregunta si da usted su apoyo a la gente de
lowa? Se puede contestar diciendo Sí, le doy mi apoyo, o No, no la apoyo. Pero
ni siquiera es una pregunta: no significa nada. Esta es la cuestión La clave de
los eslóganes de las relaciones públicas como Apoyad a nuestras tropas es que
no significan nada, o, como mucho, lo mismo que apoyar a los habitantes de Iowa.
Pero, por supuesto había una cuestión importante que se podía haber resuelto
haciendo la pregunta: ¿Apoya usted nuestra política? Pero, claro, no se trata
de que la gente se plantee cosas como esta. Esto es lo único que importa en la
buena propaganda. Se trata de crear un eslogan que no pueda recibir ninguna
oposición, bien al contrario, que todo el mundo esté a favor. Nadie sabe lo que
significa porque no significa nada, y su importancia decisiva estriba en que
distrae la atención de la gente respecto de preguntas que sí significan algo:
¿Apoya usted nuestra política? Pero sobre esto no se puede hablar. Así que
tenemos a todo el mundo discutiendo sobre el apoyo a las tropas: Desde luego,
no dejaré de apoyarles. Por tanto, ellos han ganado. Es como lo del orgullo
americano y la armonía. Estamos todos juntos, en tomo a eslóganes vacíos,
tomemos parte en ellos y asegurémonos de que no habrá gente mala en nuestro
alrededor que destruya nuestra paz social con sus discursos acerca de la lucha
de clases, los derechos civiles y todo este tipo de cosas.
Todo
es muy eficaz y hasta hoy ha funcionado perfectamente. Desde luego consiste en
algo razonado y elaborado con sumo cuidado: la gente que se dedica a las
relaciones públicas no está ahí para divertirse; está haciendo un trabajo, es
decir, intentando inculcar los valores correctos. De hecho, tienen una idea de
lo que debería ser la democracia: un sistema en el que la clase especializada
está entrenada para trabajar al servicio de los amos, de los dueños de la sociedad,
mientras que al resto de la población se le priva de toda forma de organización
para evitar así los problemas que pudiera causar. La mayoría de los individuos
tendrían que sentarse frente al televisor y masticar religiosamente el mensaje,
que no es otro que el que dice que lo único que tiene valor en la vida es poder
consumir cada vez más y mejor y vivir igual que esta familia de clase media que
aparece en la pantalla y exhibir valores como la armonía y el orgullo
americano. La vida consiste en esto. Puede que usted piense que ha de haber
algo más, pero en el momento en que se da cuenta que está solo, viendo la
televisión, da por sentado que esto es todo lo que existe ahí afuera, y que es
una locura pensar en que haya otra cosa. Y desde el momento en que está
prohibido organizarse, lo que es totalmente decisivo, nunca se está en
condiciones de averiguar si realmente está uno loco o simplemente se da todo
por bueno, que es lo más lógico que se puede hacer.
Así
pues, este es el ideal, para alcanzar el cual se han desplegado grandes
esfuerzos. Y es evidente que detrás de él hay una cierta concepción: la de
democracia, tal como ya se ha dicho. El rebaño desconcertado es un problema.
Hay que evitar que brame y pisotee, y para ello habrá que distraerlo. Será
cuestión de conseguir que los sujetos que lo forman se queden en casa viendo
partidos de fútbol, culebrones o películas violentas, aunque de vez en cuando
se les saque del sopor y se les convoque a corear eslóganes sin sentido, como
Apoyad a. nuestras tropas. Hay que hacer que conserven un miedo permanente,
porque a menos que estén debidamente atemorizados por todos los posibles males
que pueden destruirles, desde dentro o desde fuera, podrían empezar a pensar
por sí mismos, lo cual es muy peligroso ya que no tienen la capacidad de
hacerlo. Por ello es importante distraerles y marginarles.
Esta es una idea de democracia. De hecho, si nos re montamos al pasado, la
última victoria legal de los trabajadores fue realmente en 1935, con
Los
individuos capaces de fabricar consenso son los que tienen los recursos y el
poder de hacerlo —la comunidad financiera y empresarial— y para ellos
trabajamos.
Fabricación de la opinión
También
es necesario recabar el apoyo de la población a las aventuras exteriores.
Normalmente la gente es pacifista, tal como sucedía durante
Así
pues, hasta cierto punto se alcanzó el ideal, aunque nunca de forma completa,
ya que hay instituciones que hasta ahora ha sido imposible destruir: por
ejemplo, las iglesias. Buena parte de la actividad disidente de los Estados
Unidos se producía en las iglesias por la sencilla razón de que estas existían.
Por ello, cuando había que dar una conferencia de carácter político en un país
europeo era muy probable que se celebrara en los locales de algún sindicato,
cosa harto difícil en América ya que, en primer lugar, estos apenas existían o,
en el mejor de los casos, no eran organizaciones políticas. Pero las iglesias
sí existían, de manera que las charlas y conferencias se hacían con frecuencia
en ellas: la solidaridad con Centroamérica se originó en su mayor parte en las
iglesias, sobre todo porque existían.
El
rebaño desconcertado nunca acaba de estar debidamente domesticado: es una
batalla permanente. En la década de 1930 surgió otra vez, pero se pudo sofocar
el movimiento. En los años sesenta apareció una nueva ola de disidencia, a la
cual la clase especializada le puso el nombre de crisis de la democracia. Se
consideraba que la democracia estaba entrando en una crisis porque amplios
segmentos de la población se estaban organizando de manera activa y estaban
intentando participar en la arena política. El conjunto de élites coincidían en
que había que aplastar el renacimiento democrático de los sesenta y poner en
marcha un sistema social en el que los recursos se canalizaran hacia las clases
acaudaladas privilegiadas. Y aquí hemos de volver a las dos concepciones de
democracia que hemos mencionado en párrafos anteriores. Según la definición del
diccionario, lo anterior constituye un avance en democracia; según el criterio
predominante, es un problema, una crisis que ha de ser vencida. Había que
obligar a la población a que retrocediera y volviera a la apatía, la obediencia
y la pasividad, que conforman su estado natural, para lo cual se hicieron
grandes esfuerzos, si bien no funcionó. Afortunadamente, la crisis de la
democracia todavía está vivita y coleando, aunque no ha resultado muy eficaz a
la hora de conseguir un cambio político. Pero, contrariamente a lo que mucha
gente cree, sí ha dado resultados en lo que se refiere al cambio de la opinión
pública.
Después
de la década de 1960 se hizo todo lo posible para que la enfermedad diera
marcha atrás. La verdad es que uno de los aspectos centrales de dicho mal tenía
un nombre técnico: el síndrome de Vietnam, término que surgió en torno a 1970 y
que de vez en cuando encuentra nuevas definiciones. El intelectual reaganista
Norman Podhoretz habló de élcomo las inhibiciones enfermizas respecto al uso de
la fuerza militar. Pero resulta que era la mayoría de la gente la que
experimentaba dichas inhibiciones contra la violencia, ya que simplemente no
entendía por qué había que ir por el mundo torturando, matando o lanzando
bombardeos intensivos. Como ya supo Goebbels en su día, es muy peligroso que la
población se rinda ante estas inhibiciones enfermizas, ya que en ese caso
habría un límite a las veleidades aventureras de un país fuera de sus
fronteras. Tal como decía con orgullo el Washington Post durante la histeria
colectiva que se produjo durante la guerra del golfo Pérsico, es necesario
infundir en la gente respeto por los valores marciales. Y eso sí es importante.
Si se quiere tener una sociedad violenta que avale la utilización de la fuerza
en todo el mundo para alcanzar los fines de su propia élite doméstica, es
necesario valorar debidamente las virtudes guerreras y no esas inhibiciones
achacosas acerca del uso de la violencia. Esto es el síndrome de Vietnam: hay que
vencerlo.
La representación como realidad
También
es preciso falsificar totalmente la historia. Ello constituye otra manera de
vencer esas inhibiciones enfermizas, para simular que cuando atacamos y
destruimos a alguien lo que estamos haciendo en realidad es proteger y
defendernos a nosotros mismos de los peores monstruos y agresores, y cosas por
el estilo. Desde la guerra del Vietnam se ha realizado un enorme esfuerzo por
reconstruir la historia. Demasiada gente, incluidos gran número de soldados y muchos
jóvenes que estuvieron involucrados en movimientos por la paz o antibelicistas,
comprendía lo que estaba pasando. Y eso no era bueno. De nuevo había que poner
orden en aquellos malos pensamientos y recuperar alguna forma de cordura, es
decir, la aceptación de que sea lo que fuere lo que hagamos, ello es noble y
correcto. Si bombardeábamos Vietnam del Sur, se debía a que estábamos
defendiendo el país de alguien, esto es, de los sudvietnamitas, ya que allí no
había nadie más. Es lo que los intelectuales kenedianos denominaban defensa
contra la agresión interna en Vietnam del Sur, expresión acuñada por Adiai
Stevenson, entre otros. Así pues, era necesario que esta fuera la imagen
oficial e inequívoca; y ha funcionado muy bien, ya que si se tiene el control
absoluto de los medios de comunicación y el sistema educativo y la
intelectualidad son conformistas, puede surtir efecto cualquier política. Un
indicio de ello se puso de manifiesto en un estudio llevado a cabo en
La cultura disidente
A
pesar de todo, la cultura disidente sobrevivió, y ha experimentado un gran
crecimiento desde la década de los sesenta. Al principio su desarrollo era
sumamente lento, ya que, por ejemplo, no hubo protestas contra la guerra de
Indochina hasta algunos años después de que los Estados Unidos empezaran a
bombardear Vietnam del Sur. En los inicios de su andadura era un reducido
movimiento contestatario, formado en su mayor parte por estudiantes y jóvenes
en general, pero hacia principios de los setenta ya había cambiado de forma
notable. Habían surgido movimientos populares importantes: los ecologistas, las
feministas, los antinucleares, etcétera. Por otro lado, en la década de 1980 se
produjo una expansión incluso mayor y que afectó a todos los movimientos de
solidaridad, algo realmente nuevo e importante al menos en la historia de
América y quizás en toda la disidencia mundial. La verdad es que estos eran
movimientos que no solo protestaban sino que se implicaban a fondo en las vidas
de todos aquellos que sufrían por alguna razón en cualquier parte del mundo. Y
sacaron tan buenas lecciones de todo ello, que ejercieron un enorme efecto
civilizador sobre las tendencias predominantes en la opinión pública americana.
Y a partir de ahí se marcaron diferencias, de modo que cualquiera que haya
estado involucrado es este tipo de actividades durante algunos años ha de
saberlo perfectamente. Yo mismo soy consciente de que el tipo de conferencias
que doy en la actualidad en las regiones más reaccionarias del país —
A
pesar de toda la propaganda y de todos los intentos por controlar el
pensamiento y fabricar el consenso, lo anterior constituye un conjunto de
signos de efecto civilizador. Se está adquiriendo una capacidad y una buena
disposición para pensar las cosas con el máximo detenimiento. Ha crecido el escepticismo
acerca del poder.
Han
cambiado muchas actitudes hacia un buen número de cuestiones, lo que ha
convertido todo este asunto en algo lento, quizá incluso frío, pero perceptible
e importante, al margen de si acaba siendo o no lo bastante rápido como para
influir de manera significativa en los aconteceres del mundo. Tomemos otro
ejemplo: la brecha que se ha abierto en relación al género. A principios de la
década de 1960 las actitudes de hombres y mujeres eran aproximadamente las
mismas en asuntos como las virtudes castrenses, igual que lo eran las
inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar. Por entonces,
nadie, ni hombres ni mujeres, se resentía a causa de dichas posturas, dado que
las respuestas coincidían: todo el mundo pensaba que la utilización de la
violencia para reprimir a la gente de por ahí estaba justificada. Pero con el
tiempo las cosas han cambiado. Aquellas inhibiciones han experimentado un
crecimiento lineal, aunque al mismo tiempo ha aparecido un desajuste que poco a
poco ha llegado a ser sensiblemente importante y que según los sondeos ha
alcanzado el 20%. ¿Qué ha pasado? Pues que las mujeres han formado un tipo de
movimiento popular semiorganizado, el movimiento feminista, que ha ejercido una
influencia decisiva, ya que, por un lado, ha hecho que muchas mujeres se dieran
cuenta de que no estaban solas, de que había otras con quienes compartir las
mismas ideas, y, por otro, en la organización se pueden apuntalar los
pensamientos propios y aprender más acerca de las opiniones e ideas que cada
uno tiene. Si bien estos movimientos son en cierto modo informales, sin
carácter militante, basados más bien en una disposición del ánimo en favor de
las interacciones personales, sus efectos sociales han sido evidentes. Y este
es el peligro de la democracia: si se pueden crear organizaciones, si la gente
no permanece simplemente pegada al televisor, pueden aparecer estas ideas
extravagantes, como las inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza
militar. Hay que vencer estas tentaciones, pero no ha sido todavía posible.
Desfile de enemigos
En
vez de hablar de la guerra pasada, hablemos de la guerra que viene, porque a
veces es más útil estar preparado para lo que puede venir que simplemente
reaccionar ante lo que ocurre. En la actualidad se está produciendo en los
Estados Unidos —y no es el primer país en que esto sucede— un proceso muy
característico. En el ámbito interno, hay problemas económicos y sociales
crecientes que pueden devenir en catástrofes, y no parece haber nadie, de entre
los que detentan el poder, que tenga intención alguna de prestarles atención.
Si se echa una ojeada a los programas de las distintas administraciones durante
los últimos diez años no se observa ninguna propuesta seria sobre lo que hay
que hacer para resolver los importantes problemas relativos a la salud, la
educación, los que no tienen hogar, los parados, el índice de criminalidad, la
delincuencia creciente que afecta a amplias capas de la población, las
cárceles, el deterioro de los barrios periféricos, es decir, la colección
completa de problemas conocidos. Todos conocemos la situación, y sabemos que
está empeorando. Solo en los dos años que George Bush estuvo en el poder hubo
tres millones más de niños que cruzaron el umbral de la pobreza, la deuda
externa creció progresivamente, los estándares educativos experimentaron un
declive, los salarios reales retrocedieron al nivel de finales de los años
cincuenta para la gran mayoría de la población, y nadie hizo absolutamente nada
para remediarlo. En estas circunstancias hay que desviar la atención del rebaño
desconcertado ya que si empezara a darse cuenta de lo que ocurre podría no
gustarle, porque es quien recibe directamente las consecuencias de lo anterior.
Acaso entretenerles simplemente con la final de Copa o los culebrones no sea
suficiente y haya que avivar en él el miedo a los enemigos. En los años treinta
Hitler difundió entre los alemanes el miedo a los judíos y a los gitanos: había
que machacarles como forma de autodefensa. Pero nosotros también tenemos
nuestros métodos. A lo largo de la última década, cada año o a lo sumo cada
dos, se fabrica algún monstruo de primera línea del que hay que defenderse.
Antes los que estaban más a mano eran los rusos, de modo que había que estar
siempre a punto de protegerse de ellos. Pero, por desgracia, han perdido
atractivo como enemigo, y cada vez resulta más difícil utilizarles como tal, de
modo que hay que hacer que aparezcan otros de nueva estampa. De hecho, la gente
fue bastante injusta al criticar a George Bush por haber sido incapaz de
expresar con claridad hacia dónde estábamos siendo impulsados, ya que hasta
mediados de los años ochenta, cuando andábamos despistados se nos ponía
constantemente el mismo disco: que vienen los rusos. Pero al perderlos como
encamación del lobo feroz hubo que fabricar otros, al igual que hizo el aparato
de relaciones públicas reaganiano en su momento. Y así, precisamente con Bush,
se empezó a utilizar a los terroristas internacionales, a los narcotraficantes,
a los locos caudillos árabes o a Sadam Husein, el nuevo Hitler que iba a
conquistar el mundo. Han tenido que hacerles aparecer a uno tras otro,
asustando a la población, aterrorizándola, de forma que ha acabado muerta de
miedo y apoyando cualquier iniciativa del poder. Así se han podido alcanzar
extraordinarias victorias sobre Granada, Panamá, o algún otro ejército del
Tercer Mundo al que se puede pulverizar antes siquiera de tomarse la molestia
de mirar cuántos son. Esto da un gran alivio, ya que nos hemos salvado en el
último momento.
Tenemos
así, pues, uno de los métodos con el cual se puede evitar que el rebaño
desconcertado preste atención a lo que está sucediendo a su alrededor, y
permanezca distraído y controlado. Recordemos que la operación terrorista
internacional más importante llevada a cabo hasta la fecha ha sido la operación
Mongoose, a cargo de la administración Kennedy, a partir de la cual este tipo
de actividades prosiguieron contra Cuba. Parece que no ha habido nada que se le
pueda comparar ni de lejos, a excepción quizás de la guerra contra Nicaragua,
si convenimos en denominar aquello también terrorismo. El Tribunal de
Cuando
se trata de construir un monstruo fantástico siempre se produce una ofensiva
ideológica, seguida de campañas para aniquilarlo. No se puede atacar si el
adversario es capaz de defenderse: sería demasiado peligroso. Pero si se tiene
la seguridad de que se le puede vencer, quizá se le consiga despachar rápido y
lanzar así otro suspiro de alivio.
Percepción selectiva
Esto
ha venido sucediendo desde hace tiempo. En mayo de 1986 se publicaron las
memorias del preso cubano liberado Armando Valladares, que causaron rápidamente
sensación en los medios de comunicación. Voy a brindarles algunas citas
textuales. Los medios informativos describieron sus revelaciones como «el
relato definitivo del inmenso sistema de prisión y tortura con el que Castro
castiga y elimina a la oposición política». Era «una descripción evocadora e inolvidable»
de las «cárceles bestiales, la tortura inhumana [y] el historial de violencia
de estado [bajo] todavía uno de los asesinos de masas de este siglo», del que
nos enteramos, por fin, gracias a este libro, que «ha creado un nuevo
despotismo que ha institucionalizado la tortura como mecanismo de control
social» en el «infierno que era
La
historia que viene ahora también ocurría en mayo de 1986, y nos dice mucho
acerca de la fabricación del consenso. Por entonces, los supervivientes del
Grupo de Derechos Humanos de El Salvador —sus líderes habían sido asesinados—
fueron detenidos y torturados, incluyendo al director, Herbert Anaya. Se les
encarceló en una prisión llamada
Anaya
no fue objeto de ningún homenaje. No hubo lugar para él en el Día de los
Derechos Humanos. No fue elegido para ningún cargo importante. En vez de ello
fue liberado en un intercambio de prisioneros y posteriormente asesinado, al
parecer por las fuerzas de seguridad siempre apoyadas militar y económicamente
por los Estados Unidos. Nunca se tuvo mucha información sobre aquellos hechos:
los medios de comunicación no llegaron en ningún momento a preguntarse si la
revelación de las atrocidades que se denunciaban —en vez de mantenerlas en
secreto y silenciarlas— podía haber salvado su vida.
Todo
lo anterior nos enseña mucho acerca del modo de funcionamiento de un sistema de
fabricación de consenso. En comparación con las revelaciones de Herbert Anaya
en El Salvador, las memorias de Valladares son como una pulga al lado de un
elefante. Pero no podemos ocuparnos de pequeñeces, lo cual nos conduce hacia la
próxima guerra. Creo que cada vez tendremos más noticias sobre todo esto, hasta
que tenga lugar la operación siguiente.
Solo
algunas consideraciones sobre lo último que se ha dicho, si bien al final
volveremos sobre ello. Empecemos recordando el estudio de
Tomemos
uno que, de forma amenazadora, estuvo a punto de ser percibido durante la
guerra del Golfo. En febrero, justo en la mitad de la campaña de bombardeos, el
gobierno del Líbano solicitó a Israel que observara la resolución 425 del
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de marzo de 1978, por la que se le
exigía que se retirara inmediata e incondicionalmente del Líbano. Después de
aquella fecha ha habido otras resoluciones posteriores redactadas en los mismos
términos, pero desde luego Israel no ha acatado ninguna de ellas porque los
Estados Unidos dan su apoyo al mantenimiento de la ocupación. Al mismo tiempo,
el sur del Líbano recibe las embestidas del terrorismo del estado judío, y no
solo brinda espacio para la ubicación de campos de tortura y aniquilamiento
sino que también se utiliza como base para atacar a otras partes del país.
Desde 1978, fecha de la resolución citada, el Líbano fue invadido, la ciudad de
Beirut sufrió continuos bombardeos, unas 20.000 personas murieron —en torno al
80% eran civiles—, se destruyeron hospitales, y la población tuvo que soportar
todo el daño imaginable, incluyendo el robo y el saqueo. Excelente... los
Estados Unidos lo apoyaban. Es solo un ejemplo. La cuestión está en que no
vimos ni oímos nada en los medios de información acerca de todo ello, ni
siquiera una discusión sobre si Israel y los Estados Unidos deberían cumplir la
resolución 425 del Consejo de Seguridad, o cualquiera de las otras posteriores,
del mismo modo que nadie solicitó el bombardeo de Tel Aviv, a pesar de los
principios defendidos por dos tercios de la población. Porque, después de todo,
aquello es una ocupación ilegal de un territorio en el que se violan los
derechos humanos. Solo es un ejemplo, pero los hay incluso peores. Cuando el
ejército de Indonesia invadió Timor Oriental dejó un rastro de 200.000
cadáveres, cifra que no parece tener importancia al lado de otros ejemplos. El
caso es que aquella invasión también recibió el apoyo claro y explícito de los
Estados Unidos, que todavía prestan al gobierno indonesio ayuda diplomática y
militar. Y podríamos seguir indefinidamente.
La guerra del Golfo
Veamos
otro ejemplo mas reciente. Vamos viendo cómo funciona un sistema de propaganda
bien engrasado. Puede que la gente crea que el uso de la fuerza contra Iraq se
debe a que América observa realmente el principio de que hay que hacer frente a
las invasiones de países extranjeros o a las transgresiones de los derechos
humanos por la vía militar, y que no vea, por el contrario, qué pasaría si
estos principios fueran también aplicables a la conducta política de los
Estados Unidos. Estamos antes un éxito espectacular de la propaganda.
Tomemos
otro caso. Si se analiza detenidamente la cobertura periodística de la guerra
desde el mes de agosto (1990), se ve, sorprendentemente, que faltan algunas
opiniones de cierta relevancia. Por ejemplo, existe una oposición democrática
iraquí de cierto prestigio, que, por supuesto, permanece en el exilio dada la
quimera de sobrevivir en Iraq. En su mayor parte están en Europa y son
banqueros, ingenieros, arquitectos, gente así, es decir, con cierta elocuencia,
opiniones propias y capacidad y disposición para expresarlas. Pues bien, cuando
Sadam Husein era todavía el amigo favorito de Bush y un socio comercial
privilegiado, aquellos miembros de la oposición acudieron a Washington, según
las fuentes iraquíes en el exilio, a solicitar algún tipo de apoyo a sus
demandas de constitución de un parlamento democrático en Iraq. Y claro, se les
rechazó de plano, ya que los Estados Unidos no estaban en absoluto interesados
en lo mismo. En los archivos no consta que hubiera ninguna reacción ante aquello.
A
partir de agosto fue un poco más difícil ignorar la existencia de dicha
oposición, ya que cuando de repente se inició el enfrentamiento con Sadam
Husein después de haber sido su más firme apoyo durante años, se adquirió
también conciencia de que existía un grupo de demócratas iraquíes que
seguramente tenían algo que decir sobre el asunto. Por lo pronto, los
opositores se sentirían muy felices si pudieran ver al dictador derrocado y
encarcelado, ya que había matado a sus hermanos, torturado a sus hermanas y les
había mandado a ellos mismos al exilio. Habían estado luchando contra aquella
tiranía que Ronald Reagan y George Bush habían estado protegiendo. ¿Por qué no
se tenía en cuenta, pues, su opinión? Echemos un vistazo a los medios de
información de ámbito nacional y tratemos de encontrar algo acerca de la
oposición democrática iraquí desde agosto de 1990 hasta marzo de 1991: ni una
línea. Y no es a causa de que dichos resistentes en el exilio no tengan
facilidad de palabra, ya que hacen repetidamente declaraciones, propuestas,
llamamientos y solicitudes, y, si se les observa, se hace difícil distinguirles
de los componentes del movimiento pacifista americano. Están contra Sadam
Husein y contra la intervención bélica en Iraq. No quieren ver cómo su país
acaba siendo destruido, desean y son perfectamente conscientes de que es
posible una solución pacífica del conflicto. Pero parece que esto no es
políticamente correcto, por lo que se les ignora por completo. Así que no oímos
ni una palabra acerca de la oposición democrática iraquí, y si alguien está
interesado en saber algo de ellos puede comprar la prensa alemana o la
británica. Tampoco es que allí se les haga mucho caso, pero los medios de
comunicación están menos controlados que los americanos, de modo que, cuando
menos, no se les silencia por completo.
Lo
descrito en los párrafos anteriores ha constituido un logro espectacular de la
propaganda. En primer lugar, se ha conseguido excluir totalmente las voces de
los demócratas iraquíes del escenario político, y, segundo, nadie se ha dado
cuenta, lo cual es todavía más interesante. Hace falta que la población esté
profundamente adoctrinada para que no haya reparado en que no se está dando
cancha a las opiniones de la oposición iraquí, aunque, caso de haber observado
el hecho, si se hubiera formulado la pregunta ¿por qué?, la respuesta habría
sido evidente: porque los demócratas iraquíes piensan por sí mismos; están de
acuerdo con los presupuestos del movimiento pacifista internacional, y ello les
coloca en fuera de juego.
Veamos
ahora las razones que justificaban la guerra. Los agresores no podían ser
recompensados por su acción, sino que había que detener la agresión mediante el
recurso inmediato a la violencia: esto lo explicaba todo. En esencia, no se expuso
ningún otro motivo. Pero, ¿es posible que sea esta una explicación admisible?
¿Defienden en verdad los Estados Unidos estos principios: que los agresores no
pueden obtener ningún premio por su agresión y que esta debe ser abortada
mediante el uso de la violencia? No quiero poner a prueba la inteligencia de
quien me lea al repasar los hechos, pero el caso es que un adolescente que
simplemente supiera leer y escribir podría rebatir estos argumentos en dos
minutos. Pero nunca nadie lo hizo. Fijémonos en los medios de comunicación, en
los comentaristas y críticos liberales, en aquellos que declaraban ante el
Congreso, y veamos si había alguien que pusiera en entredicho la suposición de
que los Estados Unidos era fiel de verdad a esos principios. ¿Se han opuesto
los Estados Unidos a su propia agresión a Panamá, y se ha insistido, por ello,
en bombardear Washington? Cuando se declaró ilegal la invasión de Namibia por
parte de Sudáfrica, ¿impusieron los Estados Unidos sanciones y embargos de
alimentos y medicinas? ¿Declararon la guerra? ¿Bombardearon Ciudad del Cabo?
No, transcurrió un período de veinte años de diplomacia discreta. Y la verdad
es que no fue muy divertido lo que ocurrió durante estos años, dominados por
las administraciones de Reagan y Bush, en los que aproximadamente un millón y
medio de personas fueron muertas a manos de Sudáfrica en los países limítrofes.
Pero olvidemos lo que ocurrió en Sudáfrica y Namibia: aquello fue algo que no
lastimó nuestros espíritus sensibles. Proseguimos con nuestra diplomacia
discreta para acabar concediendo una generosa recompensa a los agresores. Se
les concedió el puerto más importante de Namibia y numerosas ventajas que
tenían que ver con su propia seguridad nacional. ¿Dónde está aquel famoso
principio que defendemos? De nuevo, es un juego de niños el demostrar que
aquellas no podían ser de ningún modo las razones para ir a la guerra,
precisamente porque nosotros mismos no somos fieles a estos principios.
Pero
nadie lo hizo; esto es lo importante. Del mismo modo que nadie se molestó en
señalar la conclusión que se seguía de todo ello: que no había razón alguna
para la guerra. Ninguna, al menos, que un adolescente no analfabeto no pudiera
refutar en dos minutos. Y de nuevo estamos ante el sello característico de una
cultura totalitaria. Algo sobre lo que deberíamos reflexionar ya que es
alarmante que nuestro país sea tan dictatorial que nos pueda llevar a una
guerra sin dar ninguna razón de ello y sin que nadie se entere de los
llamamientos del Líbano. Es realmente chocante.
Justo
antes de que empezara el bombardeo, a mediados de enero, un sondeo llevado a
cabo por el Washington Post y la cadena abc revelaba un dato interesante. La
pregunta formulada era: si Iraq aceptara retirarse de Kuwait a cambio de que el
Consejo de Seguridad estudiara la resolución del conflicto árabe-israelí,
¿estaría de acuerdo? Y el resultado nos decía que, en una proporción de dos a
uno, la población estaba a favor. Lo mismo sucedía en el mundo entero,
incluyendo a la oposición iraquí, de forma que en el informe final se reflejaba
el dato de que dos tercios de los americanos daban un sí como respuesta a la
pregunta referida. Cabe presumir que cada uno de estos individuos pensaba que
era el único en el mundo en pensar así, ya que desde luego en la prensa nadie
había dicho en ningún momento que aquello pudiera ser una buena idea. Las
órdenes de Washington habían sido muy claras, es decir, hemos de estar en
contra de cualquier conexión, es decir, de cualquier relación diplomática, por
lo que todo el mundo debía marcar el paso y oponerse a las soluciones pacíficas
que pudieran evitar la guerra. Si intentamos encontrar en la prensa comentarios
o reportajes al respecto, solo descubriremos una columna de Alex Cockbum en Los
Angeles Times, en la que este se mostraba favorable a la respuesta mayoritaria
de la encuesta.
Seguramente,
los que contestaron la pregunta pensaban estoy solo, pero esto es lo que
pienso. De todos modos, supongamos que hubieran sabido que no estaban solos,
que había otros, como la oposición democrática iraquí, que pensaban igual. Y
supongamos también que sabían que la pregunta no era una mera hipótesis, sino
que, de hecho, Iraq había hecho precisamente la oferta señalada, y que esta
había sido dada a conocer por el alto mando del ejército americano justo ocho
días antes: el día 2 de enero. Se había difundido la oferta iraquí de retirada
total de Kuwait a cambio de que el Consejo de Seguridad discutiera y resolviera
el conflicto árabe-israelí y el de las armas de destrucción masiva. (Recordemos
que los Estados Unidos habían estado rechazando esta negociación desde mucho
antes de la invasión de Kuwait). Supongamos, asimismo, que la gente sabía que
la propuesta estaba realmente encima de la mesa, que recibía un apoyo
generalizado, y que, de hecho, era algo que cualquier persona racional haría si
quisiera la paz, al igual que hacemos en otros casos, más esporádicos, en que
precisamos de verdad repeler la agresión. Si suponemos que se sabía todo esto,
cada uno puede hacer sus propias conjeturas. Personalmente doy por sentado que
los dos tercios mencionados se habrían convertido, casi con toda probabilidad,
en el 98% de la población. Y aquí tenemos otro éxito de la propaganda. Es casi
seguro que no había ni una sola persona, de las que contestaron la pregunta,
que supiera algo de lo referido en este párrafo porque seguramente pensaba que
estaba sola. Por ello, fue posible seguir adelante con la política belicista
sin ninguna oposición. Hubo mucha discusión, protagonizada por el director de
Cuando
los misiles Scud cayeron sobre Israel no hubo ningún editorial de prensa que
mostrara su satisfacción por ello. Y otra vez estamos ante un hecho interesante
que nos indica cómo funciona un buen sistema de propaganda, ya que podríamos
preguntar ¿y por qué no? Después de todo, los argumentos de Sadam Husein eran
tan válidos como los de George Bush: ¿cuáles eran, al fin y al cabo? Tomemos el
ejemplo del Líbano. Sadam Husein dice que rechaza que Israel se anexione el sur
del país, de la misma forma que reprueba la ocupación israelí de los Altos del
Golán sirios y de Jerusalén Este, tal como ha declarado repetidamente por
unanimidad el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero para el
dirigente iraquí son inadmisibles la anexión y la agresión. Israel ha ocupado
el sur del Líbano desde 1978 en clara violación de las resoluciones del Consejo
de Seguridad, que se niega a aceptar, y desde entonces hasta el día de hoy ha
invadido todo el país y todavía lo bombardea a voluntad. Es inaceptable. Es
posible que Sadam Husein haya leído los informes de Amnistía Internacional
sobre las atrocidades cometidas por el ejército israelí en
Este
argumento nos suena. La única diferencia entre este y el que hemos oído en
alguna otra ocasión está en que Sadam Husein podía decir, sin temor a
equivocarse, que las sanciones y las negociaciones no se pueden poner en
práctica porque los Estados Unidos lo impiden. George Bush no podía decir lo
mismo, dado que, en su caso, las sanciones parece que sí funcionaron, por lo
que cabía pensar que las negociaciones también darían resultado: en vez de
ello, el presidente americano las rechazó de plano, diciendo de manera
explícita que en ningún momento iba a haber negociación alguna. ¿Alguien vio
que en la prensa hubiera comentarios que señalaran la importancia de todo esto?
No, ¿por qué?, es una trivialidad. Es algo que, de nuevo, un adolescente que
sepa las cuatro reglas puede resolver en un minuto. Pero nadie, ni
comentaristas ni editorialistas, llamaron la atención sobre ello. Nuevamente se
pone de relieve, los signos de una cultura totalitaria bien llevada, y
demuestra que la fabricación del consenso sí funciona.
Solo
otro comentario sobre esto último. Podríamos poner muchos ejemplos a medida que
fuéramos hablando. Admitamos, de momento, que efectivamente Sadam Husein es un
monstruo que quiere conquistar el mundo —creencia ampliamente generalizada en
los Estados Unidos—. No es de extrañar, ya que la gente experimentó cómo una y
otra vez le martilleaban el cerebro con lo mismo: está a punto de quedarse con
todo; ahora es el momento de pararle los pies. Pero, ¿cómo pudo Sadam Husein
llegar a ser tan poderoso? Iraq es un país del Tercer Mundo, pequeño, sin
infraestructura industrial. Libró durante ocho años una guerra terrible contra
Irán, país que en la fase posrevolucionaria había visto diezmado su cuerpo de
oficiales y la mayor parte de su fuerza militar. Iraq, por su lado, había
recibido una pequeña ayuda en esa guerra, al ser apoyado por
Fíjense
que todo ocurrió exactamente un año después de que se hiciera lo mismo con
Manuel Noriega. Este, si vamos a eso, era un gángster de tres al cuarto,
comparado con los amigos de Bush, sean Sadam Husein o los dirigentes chinos, o
con Bush mismo. Un desalmado de baja estofa que no alcanzaba los estándares
internacionales que a otros colegas les daban una aureola de atracción. Aun
así, se le convirtió en una bestia de exageradas proporciones que en su calidad
de líder de los narcotraficantes nos iba a destruir a todos. Había que actuar
con rapidez y aplastarle, matando a un par de cientos, quizás a un par de
miles, de personas. Devolver el poder a la minúscula oligarquía blanca —en
torno al 8% de la población— y hacer que el ejército estadounidense controlara
todos los niveles del sistema político. Y había que hacer todo esto porque,
después de todo, o nos protegíamos a nosotros mismos, o el monstruo nos iba a
devorar. Pues bien, un año después se hizo lo mismo con Sadam Husein. ¿Alguien
dijo algo? ¿Alguien escribió algo respecto a lo que pasaba y por qué? Habrá que
buscar y mirar con mucha atención para encontrar alguna palabra al respecto.
Démonos
cuenta de que todo esto no es tan distinto de lo que hacía
Creo
que la cuestión central, volviendo a mi comentario original, no es simplemente
la manipulación informativa, sino algo de dimensiones mucho mayores. Se trata
de si queremos vivir en una sociedad libre o bajo lo que viene a ser una forma
de totalitarismo autoimpuesto, en el que el rebaño desconcertado se encuentra,
además, marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente
de eslóganes patrióticos, e imbuido de un temor reverencial hacia el líder que
le salva de la destrucción, mientras que las masas que han alcanzado un nivel
cultural superior marchan a toque de corneta repitiendo aquellos mismos
eslóganes que, dentro del propio país, acaban degradados. Parece que la única
alternativa esté en servir a un estado mercenario ejecutor, con la esperanza
añadida de que otros vayan a pagamos el favor de que les estemos destrozando el
mundo. Estas son las opciones a las que hay que hacer frente. Y la respuesta a
estas cuestiones está en gran medida en manos de gente como ustedes y yo.
--
DEMOCRACIA
Noam Chomsky
Existe
una imagen convencional acerca de la nueva era en que estamos entrando y las
promesas que implica. Esa imagen fue formulada con claridad por el asesor de
Seguridad Nacional, Anthony Lake, cuando presentó
La "verdad duradera"
Las
temáticas son más profundas que
Los
comentaristas estuvieron debidamente impresionados con esta lúcida "visión
de política exterior". Este punto de vista domina el discurso público y
académico a tal grado que es superfluo contrastarlo con la realidad Su temática
básica fue posiblemente expresada de manera más sucinta por el Eaton profesor
para
Dado
que esto es un asunto de definición, como enseña
Aquí
no hay espacio para revisar la "faz constante del poder estadounidense,
pero podría ser de ayuda ver algunos casos típicos que ilustran estructuras que
son bastante generales y que son instructivos en cuanto a eventuales
desarrollos futuros.
Primero,
una verdad trivial metodológica. Si queremos aprender algo sobre los valores y
objetivos de los líderes soviéticos, observamos lo que hicieron dentro de sus
ámbitos de poder. El mismo curso será seguido por un analista racional que
quiere acerca de los valores y objetivos del liderazgo americano y el mundo que
trataron de crear. Los contornos de este mundo fueron delineados por la
embajadora ante las Naciones Unidas, Madeleine Albright, justo cuando Lake
elogiaba nuestro histórico compromiso con los principios pacifistas. Ella
informó al Consejo de Seguridad, que estaba dudando de una resolución dictada
por Estados Unidos acerca de Irak, que Estados Unidos seguirá actuando de
manera "rnultilateral, cuando podamos, y unilateral, cuando tengamos que
hacerlo". Haga su juego como quiera, pero en el mundo real "se hace
lo que nosotros decimos", como expresaba el presidente Bush sobre esta
doctrina fundamental de una manera más brusca, mientras que bombas y misiles
llovían sobre lrak. Estados Unidos tiene derecho a actuar unilateralmente, la
embajadora Aibright instruía al errado Con sejo, porque "nosotros
reconocemos al Medio Oriente como vital para los intereses nacionales
estadounidenses". No s requiere mayor concesión de autoridad.
De
hecho, Irak sería un buen ejemplo para ilustrar las verdades duraderas"
del mundo real, pero es más informati vo volver la mirada hacia la región donde
Estados Unidos ha tenido la mayor libertad para actuar corno te plazca, de tal
manera que los valores y objetivos de] liderazgo político y su versión del
"interés nacional" que representa son exhibidos con la mayor
claridad. Volvamos hacia "nuestra pequeña cercana región que nunca ha
preocupado a nadie", como el secretario de Guerra Henry Stimson describió
el hemisferio a final de
El
derecho de Estados Unidos de actuar unilateralmente y de controlar esas
regiones que selecciona es único, tal como compete a la única potencia que está
"definida" por su dedicación hacia todo lo bueno. El intento de Japón
de mimetizar
La
dedicación hacia las "verdades duraderas" cubre el espectro. En el
extremo disidente, el historiador y asesor del presidente Carter para América
Latina, Robert Pastor, escribe que Estados Unidos quiere que otras naciones
"actúen de manera independiente, excepto cuando esto afectaría los
iritereses estadounidenses adversamente"; Estados Unidos nunca ha querido
"controlarlas", mientras que no "salgan del control".
Nadie, pues, puede acusar al liderazgo de Estados Unidos de no estar preocupado
salvo con "el bien del mundo", incluyendo la plena libertad para
actuar como nosotros dictamos. Si nuestros subalternos usan la libertad que
concedimos, en una forma necia, entonces tenemos todo el derecho de responder
unilateralmente en autodefensa, aunque las opiniones varían en cuanto a las
decisiones tácticas correctas, lo que genera las divisiones entre
"palomas" y "halcones".
Por
supuesto, es la región centroamericana~caribeña la que refleja de manera más
clara "la idea" con la cual el poder estadounidense está más
comprometido, de la misma forma que los satélites de Europa oriental revelaron
los objetivos y valores del Kremlin. Esta región, que es rica en recursos y
potenciales, es una de las principales regiones de horror en el mundo. Durante
los años ochenta fue nuevamente el escenario de terribles atrocidades, cuando
Estados Unidos y sus clientes dejaron esos países devastados -seguramente más
allá de una posible recuperación-, cubiertos con cientos de miles de cuerpos
torturados y mutilados. Las guerras terroristas promovidas y organizadas por
Washington se dirigieron en gran medida contra
Durante
los años que delimitan ambos eventos, es;tas fuerzas devastaron toda la región,
acumulando un horroroso récord, incluidos agresión y terror condenados por
Una
mirada a esta región nos enseña mucho sobre nosotros mismos. Pero éstas son
lecciones falsas y, por ende, excluidas del discurso respetable. Otra lección
equivocada, y por lo mismo necesariamente consignada al mismo destino, es que
Habría
mucho que decir sobre estos asuntos. Pero vamos a ver un caso que posiblemente
es aún más revelador y que también ilustra la relevancia marginal de
El
ejemplo que sugiero analizar es Brasil, descrito en décadas anteriores de¡
siglo como "el coloso del Sur", un país con enormes riquezas y
ventajas que debería ser uno de los más ricos de¡ mundo. "No hay mejor
territorio en el mundo para la explotación que el de Brasil", observó el
Wall Street Journal hace 70 años. En ese entonces, Estados Unidos procedía a
desplazar a sus principales enemigos, Francia e Inglaterra, aunque éstos
lograron durar hasta
El
éxito es real. Las inversiones y ganancias estadounidenses florecieron y a la
pequeña élite le fue de maravilla; un ,milagro económico", en el sentido
técnico de este término. Hasta 1989, el crecimiento brasileño superó con creces
el de Chile -muy elogiado-, que ahora es el alumno estrella, dado que Brasil
sufrió un colapso y entonces cambió automáticamente del triunfo de una
democracia de mercado a una ilustración de los fracasos del estadismo, si no
marxismo, una transición que se realiza sin esfuerzos y de manera rutinaria
dentro del sistema doctrinal, según las circunstancias lo requieran.
Mientras
tanto, en el apogeo del milagro económico, la abrumadora mayoría de la
población ocupaba un lugar entre las más miserables en el mundo, y hubiera
considerado a Europa oriental como un paraíso, un hecho que también enseña las
lecciones equivocadas y que por lo tanto es suprimido con una disciplina
impresionante, junto con otros semejantes.
La
historia del éxito para inversionistas extranjeros y una fracción de la
población, refleja los valores que guían a los tutores y diseñadores de esta
política. Su objetivo, como lo describe Haines, consistía en "eliminar
toda competencia ex~ tranjera" de América Latina a fin de "mantener el
área como un mercado importante para la surplus-producción industrial
estadounidense e inversiones privadas y explotar las amplias reservas de
materias primas y para mantener fuera al comunismo internacional". La
última frase es simplemente un ritual; como anota Haines, la inteligencia
estadounidense no podía encontrar ninguna indicación de que el "comunismo
internacional" trató de "meterse", aun si esto hubiera sido una
posibilidad.
Pero
aunque el "comunismo internacional" no fue un problema, el
"comunismo" definitivamente lo fue, si entendemos el término en el
sentido técnico de la cultura de élite. Este sentido fue incisivamente
explicado por John Foster Dulles en una conversación privada con el presidente
Eisenhower, quien había observado tristemente que en todo el mundo, los
comunistas locales tenían ventajas injustas. Ellos estaban en condiciones de
"apelar directamente a las masas", se quejaba Eisenhower. Es una
apelación "que nosotros no podemos duplicar", agregó Dulles,
explicando por qué: "Ellos apelan a la gente pobre y éstos siempre han
querido robar a los ricos". Nosotros encontramos difícil "apelar
directamente a las masas" en vista de nuestro principio de que los ricos
tienen que robar a los pobres, un problema de relaciones públicas que queda sin
resolverse.
En
este sentido -el operativo-, los comunistas abundan, y nosotros tenemos que
asegurar "la sociedad tolerante" de sus abusos y crímenes, asesinando
a sacerdotes, torturando a organizadores sindicales, matando campesinos y
persiguiendo en otras formas nuestra vocación gandhiana.
El
problema existía aun antes de que el término "comunista" se volviera
disponible para etiquetar a los hereticos. En los debates de 1787 sobre
El
lamento de Dulles es persistente en los docu mentos internos. De ahí que, en
julio de 1945, cuando Washington , asumió por interés propio la responsabilidad
por el sistema capitalista mundial", una extensa investigación de los
Departamentos de Estado y de Guerra advirtió sobre una "creciente marea a
nivel mundial en la cual la gente común aspira a horizontes más altos y
amplios".
Por
cierto,
La
historia oficial es que occidente estuvo horrorizado por el estalinismo debido
a sus atrocidades. Esta pretensión no puede tomarse en serio ni por un momento,
como tampoco las pretensiones semejantes sobre los horrores fascistas.
Moralistas occidentales han tenido poca dificultad en unirse con asesinos a
gran escala y torturadores, desde Mussolini y Hitler hasta Suharto y Saddam Hussein,
Los horribles crímenes de Stalin preocupaban poco. El presidente Truman
admiraba al brutal tirano, considerándolo "honesto" y "astuto
como el diablo". Truman sentía que su muerte sería una "verdadera
catástrofe". Él podía "entenderse" con Stalin, mientras Estados
Unidos imponía sus intereses el 85% de las veces, observaba Truman: lo que
pasaba dentro de
Regresando
a Brasil, durante los primeros años de la década de los sesenta, el experimento
estadounidense se enfrentó a un problema familiar:' la democracia
parlamentaria. Para remover el impedimento, el gobierno de Kennedy preparó las
bases para un golpe militar, que instituyó un régimen de torturadores y
asesinos que entendieron las "verdades duraderas". Brasil es uno de
los países principales, y el golpe tuvo un significativo efecto de dominó, La
plaga de la represión se extendió desde el Coloso del Sur a través de todo el
continente, con un apoyo e involucramiento consistente de Estados Unidos. El
objetivo fue descrito de manera precisa por Lars Schoultz, el reconocido
especialista académico americano en derechos humanos y política exterior
estaciounidense en América Latina: "Destruir de manera permanente una
amenaza percibido para la estructura existente de privilegio socioeconómico
mediante la eliminación de la participación de la mayoría
numérica....."Nuevamente,
Conforme
a la doctrina convencional, mediante el derrocamiento del régimen parlamentario
en nuestra "área privada" e instalando un Estado de Seguridad
Nacional gobernado por generales neonazis, los gobiernos de Kennedy y Johnson
-en el apogeo del liberalismo americano-- estaban "conteniendo la amenaza
mundial hacia las democracias de mercado". Ésta es la tesis que debíamos
entonar con propia solemnidad. Y en aquel entonces el asunto fue presentado en
esta forma, levantando pocos escrúpulos detestables. El golpe militar fue
"una gran victoria para el mundo libre", explicó el embajador
deyennedy, Lincon Gordon, antes de volverse presidente de una gran universidad
no lejos de aquí. El golpe fue realizado "para preservar y no para
destruir la democracia brasileña". En efecto, se trató del "caso más
decisivo de victoria de la libertad durante mediados de¡ siglo XX", que
debería "crear un clima muy mejorado para las inversiones privadas",
de ahí que contenía una amenaza para la democracia de mercado, en un cierto
sentido del término.
Esta
concepción de democracia es ampliamente aceptada. En Estados Unidos, sus pobladores
son "entrometidos e ignorantes extraños" que pueden ser
"espectadores" pero no "participantes en acción", sostenía
Walter Lippmann en sus ensayos progresistas sobre la democracia. En el otro
lado del espectro, estadistas reaccionarios de la variedad de los reaganistas
les niegan aun el papel de espectadores: de ahí su dedicación sin precedente a
la censura, y operaciones clandestinas que son secretas únicamente para el
enemigo doméstico. La "gran bestia", como Alexander Hamilton llamaba
al temido y odiado enemigo público, tiene que ser domesticado o enjaulado, si
el gobierno quiere asegurar "los intereses permanentes del país".
Las
mismas "verdades duraderas" son aplicables a nuestros clientes
extranjeros, de hecho con mucho más vigor, dado que sus limitaciones son mucho
menores. Su práctica consistente lo demuestra con brutal claridad.
La
tradicional oposición estadounidense a la democracia es entendible, y a veces
reconocida con justa explicitud. Tómese la década de los ochenta, cuando
Estados Unidos estuvo dedicado a una "cruzada por la democracia",
particularmente en América Latina, según la doctrina estándar. Algunos de los
mejores estudios de este proyecto -un libro y varios artículos- son de Thomas
Carothers, quien combina el enfoque del historiador con el del informador. Él
estuvo en el Departamento de Estado bajo Reagan, involucrado en los programas
para "asistir la democracia" en América Latina. Ésos fueron
"honestos", escribe, pero en gran medida un fracaso -un fracaso
extrañamente sistemático-. Donde la influencia estadounidense era menor, el
progreso fue mayor: en el cono sur de América Latina, donde hubo un progreso
real al cual se opusieron los reaganistas, éstos se adjudicaron el crédito por
él, cuando no pudieron impedirlo. Donde la influencia estadounidense fue más
grande -en Centroamérica-, el progreso fue menor. Ahí Washington "buscó
inevitablemente sólo formas de cambio democrático limitadas y de arriba hacia
abajo, que no pusieran en riesgo las estructuras tradicionales de poder con las
cuales Estados Unidos ha estado aliado por mucho tiempo", escribe
Carothers. Estados Unidos buscó mantener "el orden básico de... sociedades
bastante no-democráticas" y de evitar "cambio basado en el
populismo" que podría trastornar "órdenes económicos y políticos
establecidos" y abrir "una dirección de izquierda".
Esto
es precisamente lo que estamos viendo justo ahora en el modelo primordial de
Lake, si decidimos abrir nuestros ojos. En Haití, al presidente electo le fue
permitido regresar después de que las organizaciones populares fuesen sometidas
a una dosis suficiente de terror, pero únicamente después de que aceptó un
programa económico dictado por Estados Unidos que estipulaba que "el
Estado renovado tiene que centrarse en una estrategia económica enfocada hacia
la energía e iniciativa de la sociedad civil, especialmente del sector privado,
tanto nacional como internacional". lriversionistas estadounidenses son el
núcleo de la sociedad civil haitiana junto con los super-ricos que apoyaron el golpe
de Estado, pero no los campesinos y habitantes de los guetos que escandalizaron
a Washington creando una sociedad civil tan viva y vibrante que fueron capaces
de elegir un presidente y entrar en la arena pública. Esta desviación de las
normas aceptables fue superada de manera usual, con amplia complicidad
estadounidense; por ejemplo, mediante la decisión de los gobiernos de Bush y
Clinton de permitir a Texaco el envío de petróleo a los líderes golpistas en
violación de las sanciones, un hecho crucial revelado por
Las
mismas "verdades duraderas" son válidas para el peor violador de los
derechos humanos en el hemisferio que -sin sorpresa alguna para cualquiera que
sabe de historia- recibe la mitad de toda la ayuda militar estadounidense en el
hemisferio: Colombia. Aquí se elogia como una democracia excepcional y es
descrita por un grupo de derechos humanos de los jesuitas -que trata de
funcionar a pesar del terror- como una "democra~dura", un término de
Eduardo Galeano para la mezcla de formas democráticas y terror totalitario
favorecida por la "sociedad tolerante realmente existente", cuando la
democracia amenaza con "salirse del control".
Democracia, mercados y derechos
humanos
En
el mundo real, democracia, mercados, y derechos humanos están bajo un serio
ataque en muchas partes del mundo, incluyendo a las más importantes democracias
industriales. Además, la más poderosa de ellas -Estados Unidos- en cabeza el
ataque. Y en el mundo real, Estados Unidos nunca ha apoyado mercados libres,
desde su historia más temprana hasta los años de Reagan, en que establecieron
nuevos estándares de proteccionismo e intervención estatal en la economía,
contrario a muchas ilusiones.
El
historiador de economía Paul Bairoch recalca que "la escuela moderna de
pensamiento proteccionista... nació en efecto en Estados Unidos", que fue
el "país padrino y el bastión del proteccionismo moderno". Tampoco
estuvo solo Estados Unidos. Gran Bretaña seguía un curso semejante antes que
nosotros, volcándose hacia el libre comercio sólo después de que 150 años de
proteccionismo le hubiese dado tan enormes ventajas que "condiciones
competitivas iguales" parecían estar aseguradas, abandonando esta posición
cuando. la expectativa dejó de ser satisfecha. No es fácil encontrar una
excepción. Los Primer y Tercer Mundos de hoy fueron mucho más similares durante
el siglo XVIII. Una de las razones de las enormes diferencias desde entonces es
que los que dominaban no aceptarían la disciplina del mercado que impusieron a
la fuerza en sus dependencias. El "mito" más extraordinario de la
ciencia económica, concluye Bairoch desde una revisión del desarrollo
histórico, consiste en que el mercado libre provee el sendero del desarrollo:
"Es difícil encontrar otro caso donde los hechos contradicen tanto una
teoría dominante", escribe, subvatorando la importancia de la intervención
del Estado para los ricos porque se limita de manera convencional a una restringida
categoría de interferencias de mercado.
Para
mencionar sólo un aspecto de la intervención estatal que, comúnmente se omite
de la historia económica estrecharnente construida, hay que recordar que la
revolución industrial temprana fue fundada sobre el algodón barato, al igual
que la "edad de oro" de pos-1945 dependía del petróleo barato. El
algodón no se mantuvo barato por los mecanismos de mercado: más bien, por la
eliminación de la población nativa y la esclavitud, -una interferencia más bien
seria con el nercado, no considerado como un tópico de economía, sino de otra
disciplina-. Si las ciencias naturales tuvieran un departamento dedicado a los
protones, otro a los electrones, un tercero a la luz, etc., cada uno
limitándose a su dominio designado, habría poco temor de que se entendiera a la
naturaleza.
El
historial es impresionantemente consistente. Gran Bretaña utilizaba la fuerza
para impedir el desarrollo industrial en
Partidarios
más extremos del poder estatal y de la intervención han expandido estos
mecanismos de asistencia social para los ricos. Básicamente por medio de los
gastos militares, el gobierno de Reagan aumentó la proporción estatal en el PIB
a más del 35% hasta el año de 1983, un incremento mayor al 30%, comparado con
la década anterior. La guerra de las galaxias fue vendida al público como
"defensa" y a la comunidad empresarial como un subsidio público para
tecnología avanzada. Si se hubiera permitido que las fuerzas del mercado
funcionaran, entonces no habría una industria de acero automovilístico
estadounidense ahora. Los reaganistas simplemente cerraron el mercado a la
competencia japonesa. El entonces secretario de Hacienda, ]ames Baker, proclamó
orgullosamente ante un público empresarial que Reagan "había concedido más
alivio de las importaciones a la industria estadounidense que cualquiera de sus
predecesores en más de medio siglo". Era demasiado modesto: fue, de hecho,
más que todos sus predecesores juntos, aumentándose las restricciones a las
importaciones en un 23%. El economista internacional y director del instituto
para
Mientras
que la mayoría de las sociedades industriales se han vuelto más proteccionistas
en las décadas recientes, los reaganistas muchas veces lideraron el proceso.
Los efectos sobre el Sur han sido devastadores. Las medidas proteccionistas de
los ricos han sido un factor principal en la duplicación del abismo -ya de por
sí grande- entre los países más pobres y los más ricos, desde 1960. El Informe
de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo, de 1992, estima que tales medidas
han privado al Sur de 500.000 millones de dólares al año, esto es alrededor de
12 veces la "ayuda" total -que en su mayor parte, de hecho, es
promoción de exportaciones bajo diferentes disfraces. Este comportamiento es
"virtualmente criminal", observó recientemente el distinguido
diplomático y autor irlandés, Erskine Childers.. Uno podría detenerse un
momento para ver, por ejemplo el "genocidio silencioso" condenado por
Los
reaganistas reconstruyeron también la industria estadounidense de tarjetas
electrónicas (chips) mediante medidas proteccionistas y un consorcio de
gobierno e industria, para impedir que los japoneses se posesionaran de ella.
El Pentágono, bajo Reagan, apoyó también el desarrollo de computadoras
avanzadas, convirtiéndose -en palabras de la revista Science- en "una fuerza
clave del mercado" y "catapultando la computación paralela masiva del
laboratorio hacia el estado de una industria naciente", para ayudar de
esta manera a la creación de muchas "jóvenes compañías de
supercomputación".
La historia sigue y sigue en
prácticamente todos los sectores de la economía que funcionan.
La
crisis social y económica global es comúnmente atribuida a fuerzas de mercado
que son inexorables. Los analistas se dividen entonces en torno a la
contribución de varios factores, primordialmente la automatización y el
comercio intemacional. Hay un elemento considerable de decepción en todo esto.
Grandes subsidios estatales y la intervención del Estado siempre han sido
necesarios, y todavía lo son, para hacer aparentar como eficiente al comercio,
pasando por alto los costos ecológicos impuestos a las generaciones futuras que
no "votan" en el mercado, y otras "externalidades",
consignadas en las notas al pie de página. Para mencionar sólo una pequeña
distorsión del mercado, una buena parte del presupuesto del Pentágono ha sido
dedicada para "asegurar el flujo del petróleo a precios razonables"
desde el medio Oriente, "predominantemente un territorio reservado para
Estados Unidos", como observa Phebe Marr, de
Véase
el segundo factor, la automatización. Seguramente contribuye a las ganancias en
algún momento, pero este momento fue alcanzado por décadas de protección dentro
del sector estatal -la industria militar- como David Noble ha demostrado en una
obra importante. Además ha demostrado que la forma específica de automatización
fue escogida frecuentemente por razones de poder más que de ganancia o eficiencia;
fue diseñada para desprofesionalizar a los trabajadores y subordinarlos al
management, no por principios de mercado o la naturaleza de la tecnología, sino
por razones de dominación y control.
Lo
mismo es cierto en un sentido más general. Ejecutivos han informado a la prensa
empresarial que una razón principal para trasladar trabajos industriales a
países que tienen mano de obra más cara es obtener ventajas en la guerra de
clases. "Nos preocupa tener sólo un lugar donde se hace un producto",
explica un ejecutivo de la corporación Gillette, principalmente por
"problemas laborales". Si los trabajadores en Boston van a la huelga,
explica, Gillette podría suministrar tanto a los mercados europeos como a los
estadounidenses desde su planta en Berlín, rompiendo, de esta manera la huelga.
Por lo mismo es simplemente razonable que Gillette emplee tres veces más
trabajadores fuera de Estados Unidos, independientemente de los costos y no por
razones de eficiencia económica. De manera similar, la corporación Caterpillar,
que ahora está tratando de destruir los últimos restos del sindicalismo
industrial, está prosiguiendo "una estrategia empresarial que ha empujado
a los trabajadores americanos desde una posición de desafío hacia una de
sumisión", informa el corresponsal para asuntos empresariales, James
Tyson. La estrategia incluye "manufacturar en instalaciones más baratas en
el exterior y contar con importaciones desde fábricas en Brasil, Japón y
Europa". Esto se facilita por las ganancias que se han vuelto extraordinarias
al tiempo que se diseña la política social para enriquecer a los acaudalados;
la contratación de "temporales" y "trabajadores de remplazo
permanente" en violación de los estándares internacionales del trabajo; y
la complicidad del Estado criminal que se niega a cumplir con las leyes
laborales, una posición convertida en cuestión de principio por los
reaganistas, como Business Week documentó en una importante reseña.
El
significado real del "conservadurismo de mercado libre" es ilustrado
si observamos de cerca a los entusiastas más apasionados por querer
"quitarnos el gobierno de encima" y dejar que el mercado reine sin
ser perturbado. El vocero de
Hay,
sin embargo, una pequeña nota al pie de página. El Condado de Cobb recibe más
subsidios federales que cualquier otro suburbio en el país, con dos excepciones
interesantes: Arlington, Virginia, que es, efectivamente, parte del gobierno
federal, y la zona de Florida que alberga el Centro Espacial Kennedy, otro
componente del sistema de subsidio público-ganancia privada. Si salimos del
sistema federal mismo, el Condado de Cobb toma el liderazgo en extorsionar
fondos del contribuyente fiscal, quien es también responsable del
financiamiento de "aviones jet y computadores con fi bras ópticas"
del mundo de Norman Rockwell. La mayoría de los trabajos en el Condado de Cobb,
debidamente con altos salarios, se ganan nutriéndose del pesebre público. La
riqueza de la región de Atlanta, en general, puede trazarse sustancialmente
hacia la misma fuente, Mientras tanto, los elogios de los milagros de mercado
llegan a los cielos donde el "conservadurismo está floreciendo".
El
"contrato con América" de Gingricht ejemplifica claramente la
ideología del "libre mercado" de doble filo: proteccion estatal y
subsidio público para los ricos, disciplina de mercado para los pobres. Llama a
"recortar los gastos sociales" y los pagos en salud para los pobres y
personas mayores, negando ayuda para niños y recortando programas de asistencia
social -para los pobres-. También convoca a incrementar la asistencia a los
ricos, siguiendo el camino clásico: medidas fiscales regresivas y subsidios
directos. En la primera categoría están incluidas mayores franquicias fiscales
para empresas y ricos, reducción de impuestos sobre ganancias de capital, etc.
En la segunda categoría se trata de subsidios de los contribuyentes fiscales
para inversiones en plantas y equipo, reglas más favorables para la
depreciación, el desrnantelamiento del aparato regulatorio que sólo protege a
la población y las generaciones futuras y fortaleciendo nuestra defensa
nacional" para que podamos "mantener (mejor) nuestra credibilidad en
el mundo" de tal manera que, cualquiera que tenga ideas extrañas, corno
sacerdotes y organizadores campesinos en América Latina, va a entender que
"lo que nosotros decimos, se hace".
La
frase "defensa nacional" no es siquiera un chiste enfermizo, que
debería provocar burlas entre gente que se respeta a sí misma. Estados Unidos
no enfrenta ninguna amenaza, pero gasta casi tanto en "defensa" como
el resto del mundo combinado. Sin embargo, los gastos militares no son bromas.
Además de asegurar una particular forma de "estabilidad" en el
"interés permanente" de los que cuentan, , necesita el Pentágono para
proveer a Gingrich y a su rica clientela , para que puedan fulminar contra el
Estado~nana que está llenando sus bolsillos.
El
contrato es notablemente descarado. De ahí que las propuestas para incentivos
empresariales, reducción de impuestos sobre ganancias y otras asistencias
sociales de este tipo para los ricos aparecen bajo el concepto de "Ley
para la creación de empleos y el acrecentamiento de los salarios". La
sección incluye, en efecto, una provisión de medidas "para crear empleos y
aumentar los salarios de los trabajadores" -con la palabra agregada:
"sin financiamiento"-. Pero no importa. En el -Newspeak
contemporáneo, la palabra "empleos" debe entenderse como
"ganancias", de ahí que se trata, en efecto, de una propuesta para
"crear empleos", que continuará "acrecentando" los salarios
hacia abajo.
Este
patrón retórico es también general. Mientras estamos reunidos en noviembre de
1994, Clinton se prepara para ir a la cumbre económica de Asia-Pacífico en
Jakarta, donde tendrá poco que decir sobre la conquista de Timor Oriental que
llegó a su clímax casi genocida con la amplia ayuda militar estadounidense, o
sobre el hecho de que los salarios, en lndonesia son el 50% de los de China,
mientras que los trabajadores que tratan de formar sindicatos son asesinados o
encarcelados. Pero, sin lugar a dudas, hablará sobre los temas que enfatizó en
la última cumbre de
Sólo
algunos hechos fueron omitidos ante el entusiasta coro. Antes de
Después
de la guerra, el mundo empresarial reconoció que "la industria aérea
contemporánea no puede existir satisfactoriamente en una economía libre
empresarial pura, competitiva, sin subsidios y que "el gobierno es su
único sal~ vador posible" (Fortune, Business Week). El sistema del
Pentágono fue revitalizado como el "salvador", para sostener y
expandir la industria junto con la mayor parte del resto de la economía
industrial.
Y
así la historia continúa. A inicios de los ochenta, Boeing contaba con los
negocios militares para "la mayor parte de sus ganancias" y después
de una baja de
La
comprensión de que la industria no puede sobrevivir en una "economía
de'libre empresa" se extendió mucho más allá de los aviones. La pregunta
operativo después de la guerra consistía en qué forma debería tomar el subsidio
público. Líderes empresariales entendieron que gastos sociales podrían
estimular la economía, pero preferieron la alternativas militar, por razones
que tienen que ver con privilegio y poder, no con "racionalidad
económica". En 1948, la prensa empresarial consideraba los "gastos de
Guerra Fría" de Truman como una "fórmula mágica para tiempos buenos
casi interminables" (Steel). Tales subsidios públicos podrían
"mantener un tono ascendente", comentó Business Week, siempre y
cuando los rusos cooperaran con una postura lo suficientemente amenazante. En
1949, notaron con alivio que "hasta ahora las iniciativas de paz han sido
barridas a un lado" por Washington, pero siguieron preocupados porque su
"ofensiva de paz", pese a todo, pudiera interferir con "el
prospecto de un continuo crecimiento en los gastos militares". El Magazine
of Wall Street vio los gastos militares como una forma de "inyectar nueva
fuerza en toda la economía" y un par de años más tarde, consideró
"obvio que tanto las economías extranjeras como la nuestra dependen ahora
principalmente del volumen de los continuos gastos para arrmamentos en este
país", referiéndose al keynesianismo militar internacional que finalmente
tuvo éxito en la reconstrucción de las sociedades capitalistas industriales
foráneas.
El
sistema del Pentágono tiene numerosas ventajas sobre formas alternativas de
intervención en la economía. importe al público una gran carga de los costos
mientras asegura un mercado garantizado para la producción en exceso. No menos
significante es que no tiene los efectos colaterales indeseables que tiene el
gasto social dirigido hacia las necesidades humanas. Aparte de sus efectos
redistributivos no bienvenidos, tales gastos tienden a interferir con las
prerrogativas de los managers; una producción útil puede socavar la ganancia
privada, mientras que la producción de derroche (armas, extravagancias tales
como el hombre en la luna, etc.) subsidiada por el Estado es un regalo para el
dueño y el manager quien se entregará en seguida cualquier producto derivado
que sea interesante para el mercado. Los gastos sociales pueden levantar
también el interés y la participación publicos, aumentando de esta forma la
amenaza de la democracia. Por estas razones, Business Week explicaba en 1949
que, "existe una diferencia social y económica tremenda entre gastos de
inversiones gubernamentales para la asistencia social v para lo militar",
siendo lo último mucho más preferible. Y así continúa, notablemente en el
Condado de Cobb y otros baluartes semejantes de la doctrina libertaria y de los
valores empresariales.
Mercados
libres son buenos para el Tercer Mundo y su creciente contraparte aquí. Madres
con niños dependientes pueden ser aleccionadas severamente sobre la necesidad
de tener confianza en sí mismas, pero no los ejecutivos e inversionistas
dependientes, por favor. Para ellos, el Estado benefactor tiene que florecer.
"Amor duro" es justo la consigna adecuada para la política estatal,
siempre y cuando le demos el significado correcto: amor para los ricos, dureza
para todos los demás.
Sobra
decir que concentrándose en los países ricos como el nuestro, esto es altamente
engañoso. El "neoiiberalismo" de doble filo tiene, por mucho, sus
efectos más letales en los tradicionales dominios coloniales, que -aparte del
área basada en Japón-, son en gran medida un desastre, mejorando solamente por
medidas económicas asentadas ideológicamente, que ignoran los efectos sobre las
personas. Con apologías desesperanzadamente inadecuadas para las víctimas,
dejaré a un lado esta terrible historia de grandes crímenes contra la
humanidad, por los cuales seguimos teniendo responsabilidad.
Crisis global económica
Los
principales factores que han conducido a la actual crisis económica global se
entienden razonablemente bien. Uno es la globalización de la producción, que ha
ofrecido a los empresarios el provocador prospecto de hacer retroceder las
victorias en derechos humanos conquistadas por la gente trabajadora. La prensa
empresarial francamente advierte a los mimados trabajadores occidentales"
que tienen que abandonar sus "estilos de vida lujosos" y tales
"rigideces del mercado" como seguridad del trabajo, pensiones, salud
y seguridad laboral, y otras tonterías anacrónicas. Economistas enfatizan que
el flujo laboral es difícil de estimar, pero ésta es una parte pequeña del
problema. La amenaza es suficiente, para forzar a la gente a aceptar salarios
más bajos, jornada,, más largas, beneficios y seguridad reducidos y otras
"inflexibilidades" de esta naturaleza. El fin de
Y
mientras el ingreso familiar medio continúa su baja, aun bajo las condiciones
de una recuperación lenta, la revista Fortune goza con malicia de las ganancias
"deslumbrantes" de los Fortune 500, pese al "estancado"
crecimiento de las ventas. La realidad de la "magra y mala era" es
que el país está inundado en capital -pero en las manos correctas-. La
desigualdad ha regresado a los niveles anteriores a
Un
segundo factor en la actual catástrofe del capitalismo de Estado que ha dejado
una tercera parte de la población mundial virtualmente sin medios de
subsistencia, es la gran explosión del capital financiero no regulado desde que
el sistema de Bretton Woods fue desmantelado hace veinte años, con quizás un
billón de dólares fluyendo diariamente. Su constitución ha cambiado también de
manera radical. Antes de que el sistema fuera desmantelado por Richard Nixon, alrededor
del 90% del capital en intercambios internacionales era para inversión y
comercio, el 10% para especulación Alrededor de 1990, esos números se habían
invertido. Un informe de
En
general, el mundo está siendo movido hacia un tipo de modelo del Tercer Mundo,
por una política deliberada de Estado y las corporaciones, con sectores de gran
riqueza, una gran masa de miseria y una gran población superflua, desprovista
de todo derecho porque no contribuye en nada a la generacion de ganancias, el
único valor humano.
La
surplus población tiene que ser mantenida ignorante, pero también debe ser
controlada. Este problema es enfrentado de manera directa en los dominios del
Tercer Mundo que han sido sometidos por mucho tiempo al control occidental, y,
por lo tanto, reflejan los valores conductores con mayor claridad: mecanismos
favorecidos incluyen el terror a gran escala, escuadrones de la muerte, la
"limpieza social" y otros métodos de probada eficiencia. Aquí, el
método favorito ha sido el de confinar a la gente superflua en guetos urbanos
que crecientemente se parecen a campos de concentración. Si esto falla, van a
las cárceles, que son la contraparte en una sociedad más rica, a los
escuadrones de la muerte que nosotros entrenamos y apoyarnos en nuestros
dominios. Bajo los entusiastas reaganistas del poder estatal, el número de
presos en Estados Unidos casi se triplicó, dejando nuestros principales
competidores, África del Sur y Rusia, muy atrás, - si bien Rusia acaba de
alcanzamos, va que empieza a dominar los valores de sus tutores
estadounidenses.
La
"guerra de drogas", que es en gran medida fraudulenta, ha servido
como un mecanismo principal para encarcelar a la población no deseada. Una
nueva legislación penal deberia facilitar el proceso, con sus procedimientos
judiciales rnucho más severos. Los nuevos y enormes gastos para prisiones
también son bienvenidos como otro estímulo keynesiano a la economía. "Las
empresas cobran", escribe el Wall Street Journal, reconociendo una nueva
manera de ordeñar al publico en esta era "conservadora". Entre los
afortunados se encuentran la industria de la construcción, consultorios
legales, el floreciente y beneficioso complejo de cárceles privadas, "los
nombres más elevados de las finanzas", tales como Goldman Sachs,
Prudential y otros, "competiendo para asegurar la construcción de cárceles
con bonds (obligaciones) privados, exentos de impuestos"; y, para no
olvidarse "el establecimiento de defensa" (Westinghouse, etc.),
"olfateando un nuevo campo de negocios" en la supervisión de alta
tecnología y sistemas de control del tipo que Big Brother habría admirado'.
No
sorprende que el Contrato de Gingrich llama a la expansión de esta guerra
contra los pobres. La guerra tiene como blanco primordial a los
afroestadounidenses; la estrecha correlación entre raza y clase hace el procedimiento
simplemente más natural. Hombres negros son considerados como una población
criminal, concluye el criminólogo William Chambliss, autor de muchos estudios,
incluyendo la observación directa por parte de estudiantes y profesores en un
proyecto con la policía de Washington. Esto no es exactamente correcto; se
supone que los criminales tienen derechos constitucionales, pero como muestran
los estudios de Chambliss y otros, esto no es verdad para las comunidades
escogidas como puntos de mira, que son tratadas como una población bajo
ocupación militar-.
Los
negros constituyen un blanco particularmente bien escogido porque están
indefensos. Y la generación de miedo y odio es, por supuesto, un método
estándar de control de la población, trátese de negros, judíos, homosexuales,
reinas de la asistencia social o algún otro diablo designado. Éstas son las
razones básicas, parece, para el crecimiento de lo que Chambliss llama "la
industria de control del crimen". No es que el crimen no sea una amenaza real
para la seguridad y la sobrevivencia; lo es y lo ha sido durante mucho tiempo.
Pero no se enfrentan las causas; más bien, el crimen es explotado de diferentes
maneras como un método de control de la población.
En
general, son los sectores más vulnerables, lo- que están siendo atacados. Los
niños son otro blanco natural. El asunto ha sido tocado en varios estudios
importantes, uno de ellos es un análisis de 1993 de
Dejando
a un lado las causas, no hay mucha duda sobre los efectos de lo que Hewlett
llama "el espíritu anti-niños desatado en estas tierras",
primordialmente Estados Unidos y Gran Bretaña. El "modelo angloamericano
lleno de negligencia" ha privatizado en gran medida los servicios de
atención a los niños, dejándolos fuera del alcance de la mayoría de la
población. El resultado es un desastre para niños y familias, mientras que en
el 'modelo europeo que es mucho más asistencial", la política social ha
reforzado los sistemas de apoyo para ellos.
Una
comisión de alto nivel de los Consejos Educativos de los estados y de
En
parte, el desastre es simplemente un resultado de los salarios decrecientes.
Para una gran parte de la población, ambos padres tienen que trabajar tiempo
extra simplemente para proveer lo necesario. Y la eliminación de las
"rigideces del mercado" significa que tienes que trabajar horas
extras por salarios más bajos -si no, las consecuencias son imprevisibles-. El
tiempo en que padres y niños están en contacto se ha reducido radicalmente. Hay
un fuerte incremento en el uso de la televisión para la supervisión de los
niños, niños encerrados, alcoholismo infantil y uso de drogas, criminalidad,
violencia de y contra niños, y otros efectos evidentes sobre la salud, la
educación y la capacidad de participar en una sociedad democrática -o,
siquiera, la sobrevivencia-.
Éstas
no son, nuevamente, leyes de la naturaleza, pero sí políticas sociales
conscientemente diseñadas con un objetivo particular: enriquecer a los Fortune
500 (los 500 más ricos que menciona la revista Fortune-H.D.), exactamente lo
que sucede, mientras Gingrich y sus semejantes predican impunemente
"valores familiares", con la ayuda de aquellos que la prensa obrera
de] siglo XIX llamaba "el sacerdocio comprado".
Algunas
consecuencias de la guerra contra niños y familias, sí reciben gran atención,
en una manera que es ilustradora. En las últimas semanas, importantes revistas
han puesto amplia atención en nuevos libros preocupados con decrecientes
coeficientes de inteligencia (IQ) y aprendizajes escolares. El New York Times
Book Review dedicó un artículo desusualmente largo a este tópico, escrito por
su redactor de ciencias, Macolm Browne, quien lo inicia con la advertencia de
que gobiernos y sociedades que ignoren los tópicos tematizados por estos libros
"lo harán a su propio riesgo". No hay ninguna mención del estudio de
Entonces,
¿cuál es la pregunta que ignoramos a nuestro propio riesgo? Sucede que es
bastante limitada: posiblemente el IQ es parcialmente heredado, y de manera más
ominosa, vinculado a la raza, con negros que engendran como conejos y echan a
perder la reserva genética. Ouizás las madres negras no crían a sus niños
porque se desarrollaron en el cálido pero altamente impredicible ambiente de
África, sugiere uno de los autores de los libros reseñados. Ésta es ciencia
verdadera, que ignoramos a nuestro propio peligro. Pero podemos, de hecho
tenemos que ignorar las políticas sociales para los pobres y la protección
estatal para los ricos -basadas en el mercado libre-, y el hecho, por ejemplo,
de que en la ciudad donde aparecen estos materiales -que es la más rica en el
mundo- el 40% de los niños vive debajo de la línea de pobreza, privado de la
esperanza de escapar de la miseria e indigencia. ¿Podría esto tener algo que
ver con el estado de los niños y sus logros? Podemos ignorar en seguida tales
interrogantes -una decisión natural de los ricos y poderosos, dirigiéndose unos
a los otros y buscando justificaciones para la guerra de clases que conducen y
sus efectos humanos.
No
insultaré su inteligencia discutiendo los méritos científicos de estas
contribuciones, habiéndole hecho en otros trabajos, como ya lo hicieron muchos
otros.
Éstas
son algunas de las formas más feas de control de la población. En la variante
más benigna, el populacho tiene que ser desviado hacia actividades no
problemáticas por las grandes instituciones de propaganda, organizadas y
dirigidas par la comunidad empresarial, medio-estadounidense, que dedica un
enorme capital y energía para convertir a la gente en átomos de consumición y
herramientas obedientes de producción (si tienen la suficiente suerte para
encontrar trabajo) -aislados uno del otro, carentes aun de una concepción de lo
que una vida humana decente podría ser. Esto es importante. Sentimientos
humanos normales tienen que ser aplastados. Son inconsistentes con una
ideología acomodada a las necesidades del privilegio y poder, que celebra la
ganancia privada como el valor humano supremo y niega los derechos de la gente
más allá de lo que ésta puede salvar en el mercado laboral- aparte de los
ricos, que deben recibir una amplia protección por el Estado.
Junto
con la democracia, los mercados también son atacados. Aun dejando a un lado la
masiva intervención estatal en Estados Unidos y en la economía internacional,
la creciente concentración económica y el control de mercado ofrecen mecanismos
infinitos para evadir y socavar la disciplina de mercado, una larga historia
que no podemos abordar en este ensayo por razones de espacio. Para mencionar
sólo un aspecto, alrededor del 40% del "comercio mundial" no es,
realmente, comercio; consiste en operaciones internas de las corporaciones,
gerenciadas de manera central por una mano altamente visible, con toda clase de
mecanismos para socavar los mercados en beneficio de ganancia y poder. El
sistema casi~mercantilista del capitalismo transnacional corporativo está lleno
de las formas de conspiraciones de los dominantes, sobre las cuales advertía
Adam Smith, para no hablar de la tradicional utilización y dependencia del
poder estatal y del subsidio público. Un estudio de 1992 de
Me
temo que esto apenas toca la superficie. Es fácil de entender el estado de
desesperación, ansiedad, falta de esperanza, enojo y temor que prevalece en el
mundo, fuera de los sectores opulentos y privilegiados y del "sacerdocio
com prado" que cantan alabanzas a nuestra magnificencia, una
caracteristica notable de nuestra "cultura contemporánea", si se
puede pronunciar esta frase sin vergüenza.
Hace
170 años, muy preocupado con el destino del experimento democrático, Thomas
Jefferson hizo una distinción útil entre "aristócratas" y
"demócratas". Los "aristócratas' eran "quienes tienen temor
y desconfianza en la gente y desean quitarles todos los poderes para ponerlos
en manos de las clases altas". Los demócratas, en cambio, "se
identifican con la gente, tienen confianza en ella, la elogian y la consideran
el honesto y seguro depositario del interés público", si no siempre
"los más sabios". Los aristócratas de sus días eran los protagonistas
del naciente Estado capitalista, que Jefferson consideraba con mucha
consternación, reconociendo la contradiccion entre democracia y capitalismo,
que es mucho más evidente en la actualidad, cuando tiranías privadas sin con
trol
adquieren un poder extraordinario sobre todos los aspectos de la vida.
Como
siempre en el pasado, uno puede escoger ser un demócrata en el sentido de
Jefferson, o un aristócrata. El segundo camino ofrece ricas recompensas, dado
el lugar de riqueza, privilegio y poder, y los fines que naturalmente busca. El
otro sendero es uno de lucha, muchas veces de derrota, pero también de
recompensas que no pueden ser imaginadas por aquellos que sucumben a lo que la
prensa obrera denunciaba hace 150 años como "el Nuevo Espíritu de
El
mundo de hoy está lejos del mundo de Thomas Jefferson o de los trabajadores de
mediados del siglo XIX. Pero, las alternativas que ofrece, no han cambiado en
esencia.