Una misión "sencilla"
Allí me encontraba yo, en un pueblo de mala muerte, aislado de la civilización bajo una lluvia torrencial. En una desgastada bolsa de cuero llevaba un martillo de oro macizo que brillaba como una estrella a la luz del sol. había quedado con el comprador en un bar cochambroso llamado La Fortuna de Texas, un nombre no muy apropiado viendo el lamentable estado en el que se hallaba. Los escasos clientes mal vestidos y peor afeitados dormían la borrachera sobre mesas tan sucias que era imposible adivinar el color original. El único camarero que atendía el local, una mole grasienta y clava de dos metros con cara de niño miraba distraído un culebrón en el televisor cutre que había encajado en una esquina del techo justo al lado de una enorme mancha de humedad cuya silueta recordaba vagamente la de una manzana, algo curioso cuanto menos. Tras sacar de sus ensoñaciones al camarero conseguí que me sirviera un vaso de whisky con hielo en la barra del local, que no desentonaba con la mugre que invadía el resto del bar. Tras un rato entreteniéndome matando alguna de las muchas moscas que habían adoptado el local como su hogar vi a través de la destartalada puerta de entrada la silueta de una persona. La puerta chirrió y al abrirse entró de golpe un torrente de luz que me cegó por unos instantes( así supe que había parado de llover, una noticia agradable). Cuando mi vista se acostumbró a la luminosidad me di cuenta de que era el comprador. alto, de unos cincuenta años, vestía un traje de paño inglés impecable y un sombrero que le daba un cierto aire distinguido. Claro que para poder pagar el objeto que le llevaba debía disponer de una respetable fortuna. Nos reunimos en una mesa apartada de la barra. de forma educada me preguntó si lo había conseguido, con un simple gesto de la cabeza le dije que sí y entreabrí la bolsa para que pudiera verlo. Entonces abrió su chaqueta y sacó una chequera, escribió algo en el primero, lo arrancó y me lo dio. " Aquí tiene lo prometido, puede cobrarlo cuando quiera, en el cheque pone el banco donde tiene que llevarlo." Era un banco de Suiza, el cambio de ambiente me sentaría bien. mientras guardaba el cheque él cerró la bolsa y se fue con ella. Se despidió con un gesto y salió por la puerta tal como había llegado dejando el lugar de nuevo sumido en la oscuridad. Cansado del ambiente deprimente del local salí del mismo y me dirigí a la semiabandonada parada de bus, situada a las afueras del pueblo se componía básicamente de un banco de madera malgastado por el paso del tiempo y una señal oxidada. Sentado en el banco empecé a pensar en mi breve encuentro con el misterioso comprador.
Continuará....