Brusco Despertar
Cuando abrí los ojos me sentí abrumado por el inhóspito paisaje que me circundaba. Era una llanura pedregosa de tierra quemada sazonada de vehículos humeantes y árboles milenarios que se retorcían sobre sí mismos como aterrados por los montones de cadáveres que había alrededor de los transportes. mi visión era todavía borrosa y sólo alcanzaba a ver sombras moviéndose entre los muertos y una alta cordillera a lo lejos recortada por los rayos del sol declinando. Esperaba que mi vista mejoraría con el tiempo pero en vez de eso empeoraba por instantes. Las imágenes ya no eran borrosas pero se movían y variaban de brillo y tamaño en una danza enloquecida. Las criaturas, mientras, devoraban los cadáveres y arrancaban todo cuanto podían de las naves destrozadas. Su forma era humanoide, pero estaban lejos de ser humanos.
Sus mandíbulas eran completamente desproporcionadas, los dientes sobresalían amenazadoras de sus bocas, las cuales tenían varias hendiduras que les permitían abrirlas como el capullo de una flor. Su piel era negruzca y seca. Los ojos parecían recubiertos de gasolina y estaban protegidos por unas protuberancias óseas. Su tronco y piernas eran musculosos y robustos y en la espalda tenían una hilera de huesos afilados. Alguno de ellos llevaba una o varias cabezas ensartadas en ellos como signo de su victoria.
Marcando un fuerte contraste con esto estaban los brazos: largos, fibrosos y delgados. Terminaban en garras muy agresivas y de los brazos colgaban sendas alas recubiertas de plumas "petrificadas". También podía ver cómo se comunicaban mediante gruñidos bastante desagradables.
Tenía la sensación de estar viendo un documental con unas gafas de realidad virtual, pero era demasiado raro para ser real, tenía que ser un sueño. Además, si yo estaba parado ahí mirándolos ¿por qué no se acercaban a mí, por qué permanecían indiferentes a mi presencia? ¿Sueño o realidad virtual? Pronuncié en alto intentando aclarar mi mente, que vagaba por un mar de confusión completamente desorientada. Sin embargo lo único que escuché fue un gruñido, igual al que producían las criaturas que estaba observando. Eso me intranquilizó, entonces me di cuenta que hasta ese momento no había movido ni un sólo músculo, era como si mi cuerpo se hubiera despertado con retraso. Empecé a moverme por la abrasada llanura pero un fuerte pinchazo de dolor me obligó a detenerme. Me llevé las manos a la cara de forma automática. No las reconocí, sólo veía las garras negruzcas que se acercaban a mi rostro, grité y un ronco gruñido brotó de mi boca. Sí, supongo que ya os habréis dado cuenta, pero a mí me costó un rato aceptarlo. Me palpé la cara y miré mi cuerpo minuciosamente intentando evitar la conclusión que tanto temía, uno que había pasado fugazmente por mi mente cuando pronuncié aquellas palabras en alto, no me prestaban atención porque era uno de los suyos y estaba herido.
Mi ala derecha tenía un gran desgarrón y algunos trozos de carne y cartílago colgaban inertes balanceándose mecidos por el viento frío que azotaba de forma inclemente la llanura. Algo o alguien me había destrozado el ala. No obstante vi que se estaba regenerando, las plumas segregaban un líquido oscuro y viscoso que iba reconstruyéndola al solidificarse mientras que los trozos inertes acababan desgajándose y cayendo al suelo. Si era un sueño ya duraba demasiado y el dolor era muy intenso, debería haberme "despertado". Cada vez estaba más angustiado, me negaba a aceptar mi nueva y extraña condición.
No sabía qué hacer así que me quedé quieto y esperé hasta que se hubiera reparado del todo. Entonces avancé hacia mis nuevos compañeros, que habían acabado de despedazar los cadáveres y habían colocado en varios montones las piezas que habían arrancado de los vehículos. Al verme me hicieron señales para que me acercara. No tenía muchas opciones viables de modo que les hice caso. Cuando llegué junto a ellos estaban repartiendo los montones para llevarlos a su nido, supuse. Pensaba que no podía sorprenderme ya nada, pero justo en el instante en que empezaba a acostumbrarme a mi nueva condición la realidad volvió a desbordarme.
Mis compañeros comenzaron a segregar el mismo líquido que había curado mis alas de sus respectivos abdómenes. Ellos cogían con las garras el líquido y lo pasaban por sus bocas completamente abiertas. El resultado de esto era algo parecido a una tela elástica. Casi sin darme cuenta me puse a hacer lo mismo. Cuando tejimos suficiente "tela" confeccionamos bolsas que llenamos con nuestro botín y las enganchamos a la espalda gracias a ese increíble líquido. Antes de partir hacia nuestro "hogar" uno de ellos me dijo "Pronto tendrás respuestas a tus preguntas." De su boca sólo habían surgido los gruñidos habituales, pero mi cerebro los había traducido, lo cual implicaba que se trataba de un idioma y que esas criaturas era inteligentes. Uno a uno fuimos extendiendo las alas y emprendiendo el vuelo.
Mi vida había dado un giro completo y, sin embargo, estaba tranquilo porque sabía que mis dudas se iban a aclarar muy pronto. Además empezaba a cogerle gusto a mi nueva y extraña forma.
Fin de la primera parte.
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