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Historia del Volcán de Izalco
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“Serían como las 6 de la tarde del día 23 de febrero de1770, cuando de lo más profundo de la tierra, se sintió que venía un ensordecedor tropel, el cual, al cabo de algunos minutos culminó en una fuerte explosión, seguida de una erupción volcánica, que dio origen al cono del actual volcán de Izalco. Aquella noche enormes surtidores de fuego empezaron a salir de lo que antes era un inofensivo infiernillo, situado en la Hacienda de los Cucufates; inmensas bolas ígneas de distinto tamaño y colores y ascendían a los cielos trazando caprichosas parábolas luminosas, al compás de estruendosos retumbos. Un manantial de lava candente empezó a salir de aquella boca que averno, corriendo en dirección de los cuatro puntos cardinales. Gigantescas columnas de humo rojizo de fantasmagóricas forman ascendían al espacio, haciendo horribles muecas a los atónitos espectadores de aquel dantesco espectáculo. Así pasaron las horas, luego los días y el cono crecía rápidamente. Al sexto día de la aflicción era espantosa, la confusión y indescriptible; la lava venía directamente hacia la población, abriendo una enorme brecha entre la arboleda. El rojo vivo de la correntada de lava se reflejaba en las nubes de ceniza, dando la impresión de que el fuego venía sobre la tierra y por los cielos. Desde la plaza podía oírse el crujiente caminar de la lava y el crepitar de los corpulentos árboles y que en pocos segundos se convertían en pavesas. El acre olor del humo espeso y el sofocante calor hace más angustioso el momento. Pocos izalqueños quedaban por estos contornos. De pronto se dejaron oír las cristalinas voces de las campanas de la iglesia de Dolores, era el toque de derogación. El Padre Urrutia, como poseído por un designio, invitó a los pocos valientes que quedaban para llevar a todas las imágenes del templo de Dolores en procesión hacia la lava, la cual había llegado a una escasa milla de distancia de la ciudad. En un acto patético de fe fueron puestas todas las imágenes frente a la inmensa serpiente de fuego interminables minutos de espera... la fe cristiana abrogando una ley natural... sucedió el milagro... La roja serpiente fue oscureciendo de color y como avergonzada ante la mirada de la Virgen de Concepción, y diminutas estrellitas de sudor perlaban sobre a que el divino rostro. Sucedió esto último el 4 de marzo de 1770 cuando el horizonte se despejó, allí estaba soberbio el cono del Volcán de Izalco. Un nuevo volcán había nacido y los izalqueños tenían una nueva patrona".
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