¿Señor,
qué quieres que haga?


ES TU AMOR EL QUE NOS HACE ATENTOS

  Hemos escuchado, Señor, la voz de tu Hijo que nos invitaba a dejarlo todo para seguirley le hemos dicho que sí. Nos hemos ido con éla buscar un mundo donde habite la justicia.El nos ha recibido, Señor, en su compañía y por eso te llamamos Padre.Y por eso aquí, contigo, en la confianza,se nos suelta la lengua y te decimos nuestra alegría que es nuestro miedo:es la alegría de ser tus hijosy el miedo de no serio bastante todavía.

 Hemos dejado todo; pero, como si tuviéramos imán, las cosas vuelven y se nos pegan.Te pedimos, Señor, que el dolor que esto nos da vaya abriéndonos camino a los pobres de la tierra; con ellos queremos echar nuestra suerte.Te pedimos que nuestros hermanos y hermanas del pueblo lleguen a ser para siempre nuestro tesoro.

  Te seguimos, Señor, desnudos, en soledad.Para buscar tu reino renunciamos a hacer una casa. En el Gran Teatro del Mundo hacemos de Peregrinos, de Forasteros, vivimos de cara a la Tierra Nueva y a los Nuevos Cielos, vueltos a lo que aún no existe para nosotros; vivirnos con este gran hueco, sabemos que tú no serás un espejismo.

  En el centro de nuestro corazón reservamos una morada para tu Hijo Jesús; siempre la tendremos preparada, viviremos la alegría de la esperanza que colmarás con creces cuando llegue el día. Mientras tanto viviremos en el seno de tu pueblo como hermanos y nuestra soledad se hará casa, será lugar de reunión y nuestra debilidad, roca donde el pobre podrá refugiarse. Seremos esta hermosa paradoja si te seguimos desnudos, Señor. Por eso, porque te queremos desde la debilidad, te pedimos, Señor, que tu amor nos cubra.

   

 

 

 
   

Hemos escuchado la voz de tu Hijo y le hemos dicho que sí. Ya no queremos vivir para nosotros sino para que venga tu Reino.

  Queremos vivir como los perros, rastreando tu paso, queremos vivir como los esclavos, atentos a la voz de su dueño. Queremos vivir como los negociantes, como los jugadores, como los policías y los ladrones, siempre atentos, vigilantes.

Queremos vivir, Señor como los amantes, porque es tu amor el que nos hace atentos; él nos lleva, como a ti, a escuchar el clamor- del oprimido, él nos lleva a servirte en el pueblo creyente y pobre, é1 nos lleva a obedecer estos signos de los tiempos. 

Queremos vivir en obediencia a tu voz que nos dice "ven" y que cuando nos has convertido nos dice "ve a mi pueblo". Señor, como queremos obedecer, te pedimos capacidad para escuchar no sólo el clamor de la opresión, sino las voces de tu pueblo que nos señalan caminos.

Líbranos de la tentaci6n de encerramos en ideologías autosuficientes, en grupos foquistas de clarividentes; o en tu evangelio como si fuera un recetario, que nos dispensara del esfuerzo de oír, aprender y ensayar todos los días.

También queremos oírte en la voz de los compañeros, ellos también escucharon la voz de tu Hijo; juntos buscamos seguirle y juntos y abiertos a ti y a tu pueblo podemos formar un oído más fino.

Por eso queremos obedecer a la comunidad y a sus representantes y a los que son, en tu nombre, los pastores de tu pueblo.

Obedecer y servir a los que tienen dinero y poder es hoy el yugo pesado que carga tu pueblo. Nosotros no pretendemos quebrarlo siendo hombres sueltos, sin amo y sin ley, sino sirviendo a los siervos, obedeciendo, sembrando cadenas de solidaridad que romperán el yugo que carga tu pueblo.

Que nunca nos falte amor para mantenernos erguidos frente a las amenazas y seducciones de los enemigos del pueblo. 

Que nunca nos falte amor para agachar la cabeza frente a las voces del pueblo.

Y que siempre mantengamos abierta la puerta más secreta de nuestro corazón para escuchar la voz de Jesús. 

 
   


! Aquí estoy,
mándame a mí ¡


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