CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA Y DE LA ADORACIÓN PERPETUA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

 

Es una Congregación religiosa apostólica de derecho pontificio, fundada por Pierre Coudrin y Henriette Aymer de la Chevalerie. Hermanos y Hermanas, constituyen una sola Congregación aprobada como tal por el Papa Pío VII en 1817.

 NACIDA CON LA REVOLUCIÓN FRANCESA

  La Congregación de los Sagrados Corazones nació en el marco de la Revolución Francesa.

  En un principio la Revolución no fue un movimiento contra la Iglesia o la religión, pero, como suele suceder en muchos de estos movimientos, acabó yéndosele de las manos a los políticos y degenerando en venganzas, matanzas indiscriminadas y luchas por el poder.

  Cuando en 1879 se reunieron los Estados Generales, lo que pretendían era rebajar el poder real y limitar el poder económico de nobles y clero. Muchos obispos y católicos recibieron estos cambios positivamente y firmaron entusiasmados la declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano. Sólo cuando la Revolución atacó la libertad de conciencia y los principios galicanos pusieron en tela de juicio la estructura de la Iglesia, muchos obispos y sacerdotes empezaron a entender que la revolución quería destruir la religión.

  La muerte de Luis XVI en la guillotina será, para muchos, la gota que colme su fe en la Revolución. A partir de este momento imperará en Francia el terror: persecución y muerte de sacerdotes y religiosos, destrucción de conventos, expoliación de tierras e introducción de la religión natural con la diosa Razón como santo y seña.

  En este ambiente se ordenaba sacerdote el fundador de la Congregación, Pedro Coudrin, y se libraba de la cárcel, gracias a la muerte de Robespierre, la fundadora, Enriqueta Aymer.

En el verano de 1792, llega la tormenta revolucionaria en Poitiers. Pedro Coudrín, joven sacerdote de 24 años, tiene su vida en peligro: está perseguido por los revolucionarios. Encuentra un escondite en un falso granero, muy pequeño y allí permanece 5 meses. En su forzado retiro, reza y se preocupa por el pueblo que sufre. Allí es donde hace nítida la llamada de Dios a extender el evangelio por el mundo entero. Pedro Coudrín sale de su soledad y clandestinamente, se convierte en una especie de “maqui de Dios”. Con la colaboración de una joven, enriqueta Aymer, funda en Navidad de 1800 una Congregación Apostólica.

Sus miembros se consagran a Dios mediante votos públicos de pobreza, castidad y obediencia, para vivir la misma forma de vida de Jesús, compartiendo la vida fraterna.

Somos una Congregación:

1. Apostólica: la actividad apostólica pastoral, misionera, educativa o social, es el sello de su servicio a la Iglesia y el mundo.

  2. Hermanos y Hermanas: religiosos y religiosas Sagrados Corazones, constituyen una sola Congregación, con un solo carisma, una sola misión, una sola espiritualidad. Cada rama goza de personalidad jurídica autónoma, con legislación, estructuras de gobierno y de formación, vida comunitaria y patrimonio temporal propios.

  3. Internacional: Sus miembros, de diversas lenguas y culturas, desarrollan su actividad en diversas partes del mundo, sabiendo que comparten una misma y única misión. Están dispuestos a dejar patria, familia y ambiente para servir donde sea necesario.

SU CARISMA

  Contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor de Dios encarnado en Jesús

  1. Contemplar el amor de Dios a partir de una experiencia religiosa profunda, especialmente en la celebración eucarística y en la adoración contemplativa; participar de los sentimientos de Jesús ante el Padre y ante el mundo, en un proceso de conversión continua.

2. Vivir el amor de Dios, especialmente por una vida de fraternidad intensa, con sencillez y espíritu de familia, abiertos a todos los pueblos.

3. Anunciar el amor de Dios mediante la misión evangelizadora y reparadora, especialmente en medio de los marginados, los afligidos y los que no conocen el Evangelio, buscando transformar el corazón humano y construyendo un mundo más justo en solidaridad con los pobres.

SU ESPIRITUALIDAD

VOCACIÓN Y MISIÓN DE LA CONGREGACIÓN

Constituciones SS.CC. Capítulo I

  1. En comunión de la Iglesia, Pueblo de Dios, la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María y de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento del Altar es una Congregación religiosa apostólica de derecho pontificio, fundada por Pierre Coudrín y Henriette Aymer de la Chevalerie. Hermanos y Hermanas, unidos en un mismo carisma y una misma mi-sión, constituyen una sola Congregación aprobada como tal por el Papa Pío VII en 1817.  

2. «La consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María es el fundamento de nuestro Instituto.» (Buen Padre)

De ahí deriva nuestra misión: contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor de Dios encarnado en Jesús. María ha sido asociada de una manera singular a este misterio de Dios hecho hombre y a su obra salvadora: es lo que se expresa en la unión del Corazón de Jesús y el Corazón de María.

Nuestra consagración nos llama a vivir el dinamismo del Amor salvador y nos llena de celo por nuestra misión.  

3. «En Jesús encontramos todo; su naci-miento, su vida y su muerte: he ahí nuestra Regla» (Buen Padre)

Hacemos nuestras las actitudes, opciones y tareas que llevaron a Jesús al extremo de tener su corazón traspasado en la Cruz.

En nuestro seguimiento radical de Cristo, María su Madre, modelo de fe en el Amor, nos precede en el camino y nos acompaña para entrar plenamente en la misión de su Hijo.

4. Conscientes del poder del mal que se opone al Amor del Padre y desfigura su designio sobre el mundo, queremos identificarnos con la actitud y obra reparadora de Jesús.

Nuestra reparación es comunión con El, cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre y cuya obra es reunir por su Sangre a los hijos de Dios dispersos

Ella nos hace participar de la misión de Cristo Resucitado, que nos envía a anunciar la Buena Noticia de la salvación. Al mismo tiempo reconocemos nuestra condición de pecadores y nos sentimos solidarios con los hombres y mujeres víctimas del pecado del mundo, de la injusticia, del odio.

Finalmente, nuestra vocación reparadora nos estimula a colaborar con todos aquellos que animados por el Espíritu, trabajan por construir un mundo de justicia y de amor, signo del Reino.

5. En la Eucaristía entramos en comunión con la acción de gracias de Jesús Resucitado, Pan de Vida, presencia del Amor.

La celebración eucarística y la adoración contemplativa nos hacen participar en sus actitudes y sentimientos ante el Padre y ante el mundo. Nos impulsan a asumir un ministerio de intercesión y nos recuerdan la urgencia de trabajar en la transformación del mundo según los criterios evangélicos. Como nuestros Fundadores, encontramos en la Eucaristía la fuente y la cumbre de nuestra vida apostólica y comunitaria.

6. Nuestra misión nos urge a una actividad evangelizadora. Esta nos hace entrar en el dinamismo interior del Amor de Cristo por su Padre y por el mundo, especialmente por los pobres, los afligidos, los marginados y los que no conocen la Buena Noticia.

Para que el reinado de Dios se haga presente, buscamos la transformación del corazón humano y procuramos ser agentes de comunión en el mundo. En solidaridad con los pobres trabajamos por una sociedad justa y reconciliada.

La disponibilidad para las necesidades y urgencias de la Iglesia, discernidas a la luz del Espíritu, así como la capacidad de adaptación a las circunstancias y acontecimientos, son rasgos heredados de nuestros Fundadores.

El espíritu misionero nos hace libres y disponibles para ejercer nuestro servicio apostólico allá donde seamos enviados a llevar y acoger la Buena Noticia.

7. Vivimos nuestra vocación y misión en comunidad. La sencillez y el espíritu de familia son el sello de nuestras relaciones dentro de la Congregación internacional, que quiere estar abierta a todos los pueblos. Nuestra vida en común da testimonio del Evangelio y hace convincente nuestro anuncio del Amor Redentor.

8. Los Hermanos y Hermanas de nuestra familia religiosa constituyen una sola Congregación, y cada rama goza de personalidad jurídica autónoma, con legislación, estructuras de gobierno y de formación, vida comunitaria y patrimonio temporal propios.

Nuestra familia religiosa tiene desde su fundación un solo carisma, una sola misión, una sola espiritualidad. Hermanas y Hermanos asumen juntos la responsabilidad de mantener y afianzar la unidad, conscientes de que constituye un valor significativo.

Promover esta unidad compete de manera especial a los Gobiernos de ambas ramas en sus diferentes niveles

Los Gobiernos Generales de los Hermanos y de las Hermanas son conjuntamente, en última instancia, garantes de unidad de toda la Congregación.

9. Desde sus orígenes la Congregación tiene una rama secular; sus miembros se comprometen a vivir la misión y el espíritu de la Congregación; se rige por los Estatutos propios aprobados por la Santa Sede.

10. Además de las Constituciones y Estatutos, la Congregación tiene una «Regla de Vida», que expresa los valores fundamentales de nuestra tradición espiritual y es un elemento de comunión e instrumento de formación.

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LA MOTTE D´USSEAU- Cuna de la Congregación

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