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El
11 de agosto de 1767 nace en S. Georges-de-Noisné, población situada al
suroeste de Poitiers.
El
24 de diciembre de 1800 hace sus votos perpetuos. Y el
23 de noviembre de 1834 muere en Picpus, París.
Su
origen en la sociedad de fines del Antiguo Régimen, le dan un ambiente y una
educación en los valores religiosos propios de la tradición francesa y la
somera instrucción apropiada para la mujer.
Cuando la afecta la
persecución social y religiosa, buscando sentido a su vida, tras su encuentro
con Dios en la prisión, es llevada a la Sociedad del Sagrado Corazón, al
Padre Coudrin -su guía- y al grupo de las “solitarias”, con quienes
comienza a andar. Es el grupo inicial de la Congregación.
Desde ese momento se
entrega a la realización de la Congregación. Cohesiona en torno a ella al
grupo de las Solitarias y a muchas mujeres que buscan una oportunidad de
consagración tras la destrucción de la vida religiosa provocada por los
acontecimientos políticos. Su liderazgo innato le permite crecer como
Fundadora pero más aún como Madre. Su bondad unida a un carácter fuerte,
vivo y sensible al otro, la llevan a ser la Madre y Fundadora en ese rápido
crecimiento de la rama de las Hermanas.
Uno de los dilemas que
nos presenta la vida de "la Buena Madre" es la conjunción en ella
de aspectos aparentemente contradictorios. Una profunda vida mística la lleva
a horas de adoración, a una unión continua y a fenómenos místicos que ella
misma no logra explicar, pero que el padre Coudrin aprovecha para saber los
designios de Dios sobre la joven congregación. Por otro lado una actividad
incansable, más de 20 fundaciones a lo largo de Francia, formación de
hermanas, apoyo a las cabezas de las comunidades; preocupación práctica y
efectiva de todos los aspectos materiales de las dos ramas. Una maternidad
desbordante en afecto y cuidados. Si a esto unimos su incomprensible necesidad
de penitencia por medios hoy considerados excesivos, sus viajes y sus largas
horas de adoración de noche, la vida de la Buena Madre es "un constante
milagro", según una afirmación del Buen Padre.
Su correspondencia con
hermanos y hermanas, sus breves "mensajes" al Buen Padre -en nuestro
léxico ss.cc. "billets"- y los testimonios de quienes la
conocieron, nos hablan de una personalidad fuerte y sensible, mujer de acción,
muy sentimental, de sentido práctico y de contemplación, como las grandes místicas.
Persona compleja, rica, mujer de Dios y Madre de muchos. La Buena Madre.
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Enriqueta Aymer
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