LOS “MANDAMIENTOS” DE LA COMUNIDAD

 


Siéntete responsable de tu comunidad, de todos y de cada uno de sus miembros. Sabe servir porque en la comunidad religiosa estamos todos para servir. Sirve también si tus hermanos son, a veces, personas desagradecidas.

 Respeta las personas, también si tienen sus limitaciones, poca cultura…sin jamás tentar de manipularlos para tus fines personales o institucionales. El respeto sincero y profundo hacia los demás miembros de la comunidad es una actitud fundamental para el proceso de crecimiento y de maduración de la misma.

 Acepta los miembros de la comunidad como son, sin forzarlos a ser como te gustaría que fueran. Todos tienen un derecho, como tú, de ser si mismos, de ser “diferentes”. No olvides que tenemos a veces de querer plasmar a los demás a nuestra imagen y semejanza o según nuestro ideal personal.

 Elogia con espontaneidad las cualidades de tu hermano y resalta sus méritos tanto en su presencia como en su ausencia. Hazlo objeto de oración gozosa delante de Dios Padre de todos los miembros del grupo. Esta actitud positiva da cohesión a la comunidad y la fortifica. Contradicen esta actitud la rivalidad, la envidia, la superchería.

 Se educado en tus relaciones comunitarias y hazlo con sinceridad y naturalidad. Pide cada cosa “por favor”; si ofendes a alguien, pide perdón y aclara en cuanto sea posible cada cosa. Da las gracias por las pequeñas o grandes atenciones tenidas hacia ti y la comunidad y devuélvelas generosamente.

 Corrige, estimula, ayuda, defiende, gratifica…a los miembros del grupo. Estas actitudes actúan siempre positivamente y fortifican los vínculos internos de la comunidad religiosa. No olvides que la corrección fraterna jamás se expresa con desfogues de cólera o con incomodidad personal. Es una expresión de amor hacia el otro y debe hacerse en un clima de confianza y de amistad.

 Sé tú mismo, transparente, sincero, auténtico, coherente…no te permitas doblezas, falsedades, mentiras, máscaras, hipocresías…la convivencia verdaderamente humana y desde luego, más la de una comunidad religiosa se edifica sólo en la verdad y en la sinceridad.

 Vive como tuyas las alegrías y las tristezas de tus hermanos. Haz tuyos sus problemas y sus preocupaciones. Goza de los éxitos de la comunidad y de sus miembros como si fueran tuyos.

 Busca amar y servir sin límite y sin esperar respuesta. La amistad verdadera, el servicio, el amor, el mandamiento nuevo excluyen cálculos. Ama lealmente. El amor leal ofrece libremente a todos también cuando no es recíproco. No te pongas jamás como centro de la comunidad. No es el puesto de aquel que sirve.

 Acepta y ama por ellas mismas las personas que hacen parte de la comunidad y no por la utilidad que puedes recibir. Interésate constantemente y sinceramente de las personas, también si eventualmente ellas no se interesan por ti y por tus cosas. Esta actitud enriquece la vida del grupo y construye la comunidad.

Haz un esfuerzo también grande si es necesario por comprender, perdonar y olvidar los malentendidos y las tensiones que surgen en el grupo. Son inevitables, pero no constituyen el mal peor. Es por el contrario mortífero para la comunidad guardarlos y rumiarlos. La incomprensión seca la fuente del dinamismo y la alegría. El perdón remedia y sana.

 Vive unido a los miembros de la comunidad interiormente y en el corazón, no de manera superficial, y no sólo por el hecho de que te encuentres en la misma casa, o porque hay reglas comunes y se trabaja en el mismo compromiso.

 Cultiva con esmero el buen humor, la alegría y el optimismo y coopera así, al bienestar de la comunidad. No critiques jamás el proceder de los miembros de la comunidad, y mucho menos sin que ellos lo sepan. Busca descubrir cada día lo que hay en ellos de positivo. Cuando se aman de veras las personas, es fácil encontrar en ellas los aspectos buenos. Si encuentras muchos defectos en un miembro de la comunidad, pregúntate si lo quieres verdaderamente.

 Expresa tu fe con espontaneidad y sinceridad. Reza y ayuda a la comunidad a orar. Una comunidad que no ora se vacía y pierde su identidad.

P. J.M. Guerrero sj.

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NUEVO GOBIERNO GENERAL 2006 - 2012

De Izq. - Der: Radek Zięzo, Consejero General, Richard McNally, Vicario General,
Javier Álvarez-Ossorio, Superior General, Eduardo Pérez-Cotapos, Consejero General,
Felipe Félix Lazcano, Consejero General.

 

(Web Casa General - Roma)

 

 

 


 

  Cuadro de texto: LOS “MANDAMIENTOS” DE LA COMUNIDAD
 
Siéntete responsable de tu comunidad, de todos y de cada uno de sus miembros. Sabe servir porque en la comunidad religiosa estamos todos para servir. Sirve también si tus hermanos son, a veces, personas desagradecidas.
 Respeta las personas, también si tienen sus limitaciones, poca cultura…sin jamás tentar de manipularlos para tus fines personales o institucionales. El respeto sincero y profundo hacia los demás miembros de la comunidad es una actitud fundamental para el proceso de crecimiento y de maduración de la misma.
 Acepta los miembros de la comunidad como son, sin forzarlos a ser como te gustaría que fueran. Todos tienen un derecho, como tú, de ser si mismos, de ser “diferentes”. No olvides que tenemos a veces de querer plasmar a los demás a nuestra imagen y semejanza o según nuestro ideal personal.
 Elogia con espontaneidad las cualidades de tu hermano y resalta sus méritos tanto en su presencia como en su ausencia. Hazlo objeto de oración gozosa delante de Dios Padre de todos los miembros del grupo. Esta actitud positiva da cohesión a la comunidad y la fortifica. Contradicen esta actitud la rivalidad, la envidia, la superchería.
 Se educado en tus relaciones comunitarias y hazlo con sinceridad y naturalidad. Pide cada cosa “por favor”; si ofendes a alguien, pide perdón y aclara en cuanto sea posible cada cosa. Da las gracias por las pequeñas o grandes atenciones tenidas hacia ti y la comunidad y devuélvelas generosamente.
 Corrige, estimula, ayuda, defiende, gratifica…a los miembros del grupo. Estas actitudes actúan siempre positivamente y fortifican los vínculos internos de la comunidad religiosa. No olvides que la corrección fraterna jamás se expresa con desfogues de cólera o con incomodidad personal. Es una expresión de amor hacia el otro y debe hacerse en un clima de confianza y de amistad.
 Sé tú mismo, transparente, sincero, auténtico, coherente…no te permitas doblezas, falsedades, mentiras, máscaras, hipocresías…la convivencia verdaderamente humana y desde luego, más la de una comunidad religiosa se edifica sólo en la verdad y en la sinceridad.
 Vive como tuyas las alegrías y las tristezas de tus hermanos. Haz tuyos sus problemas y sus preocupaciones. Goza de los éxitos de la comunidad y de sus miembros como si fueran tuyos.
 Busca amar y servir sin límite y sin esperar respuesta. La amistad verdadera, el servicio, el amor, el mandamiento nuevo excluyen cálculos. Ama lealmente. El amor leal ofrece libremente a todos también cuando no es recíproco. No te pongas jamás como centro de la comunidad. No es el puesto de aquel que sirve.
 Acepta y ama por ellas mismas las personas que hacen parte de la comunidad y no por la utilidad que puedes recibir. Interésate constantemente y sinceramente de las personas, también si eventualmente ellas no se interesan por ti y por tus cosas. Esta actitud enriquece la vida del grupo y construye la comunidad.
Haz un esfuerzo también grande si es necesario por comprender, perdonar y olvidar los malentendidos y las tensiones que surgen en el grupo. Son inevitables, pero no constituyen el mal peor. Es por el contrario mortífero para la comunidad guardarlos y rumiarlos. La incomprensión seca la fuente del dinamismo y la alegría. El perdón remedia y sana.
 Vive unido a los miembros de la comunidad interiormente y en el corazón, no de manera superficial, y no sólo por el hecho de que te encuentres en la misma casa, o porque hay reglas comunes y se trabaja en el mismo compromiso.
 Cultiva con esmero el buen humor, la alegría y el optimismo y coopera así, al bienestar de la comunidad. No critiques jamás el proceder de los miembros de la comunidad, y mucho menos sin que ellos lo sepan. Busca descubrir cada día lo que hay en ellos de positivo. Cuando se aman de veras las personas, es fácil encontrar en ellas los aspectos buenos. Si encuentras muchos defectos en un miembro de la comunidad, pregúntate si lo quieres verdaderamente.
 Expresa tu fe con espontaneidad y sinceridad. Reza y ayuda a la comunidad a orar. Una comunidad que no ora se vacía y pierde su identidad.
P. J.M. Guerrero sj.







NUEVO GOBIERNO GENERAL 2006 - 2012
De Izq. - Der: Radek Zięzo, Consejero General, Richard McNally, Vicario General, 
Javier Álvarez-Ossorio, Superior General, Eduardo Pérez-Cotapos, Consejero General, 
Felipe Félix Lazcano, Consejero General.
 
(Web Casa General - Roma)
 
 
 
 
 

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