A Donostia fuimos el lunes 11 de octubre de 2004. Fuimos en el carro del papá de Patricia, un Saab 93 que según Patricia es un placer manejar. Donostia queda a unos 90 Km. de Pamplona.
Donostia es el nombre en vasco de San Sebastían, el pueblo playero del Pais Vasco. El equipo oficial de futbol es la Real Sociedad. Este fue el equipo que quedó de segundo en la temporada 2002-03 perdiendo el campeonato en el último juego. El Real Madrid quedó campeón. Es famoso también por todos los surfers y los campeonatos que hacen. En el camino de la playa se ven los pelaos con sus surf boards en bicicleta!
El paisaje es hermoso. Se puede observar las montañas llenas de verde por todos lados. Fuimos en autopista que es mas segura que la carretera normal. En vez de las vacas del paisaje panameño se ven ovejas por todos lados. Parecen piedras blancas ya que están inmoviles pastando. No vimos ningún lobo alrededor.
También hay muchos camiones que van bajando en la montaña. El terreno montañoso precipita a varios accidentes ya que los camiones no pueden suber la cuesta rápido y cualquier loco que maneje muy rápido puede chocarse inmediatamente. También los camiones consumen sus frenos al bajar.
Donostia es un pueblo de playa. Alli se puede ver enseguida la gran playa, la Concha. Justo al lado queda en ayuntamiento y en sentido opuesto el Peine de los Vientos. En el lado del ayuntamiento se puede ver a vendedores ambulantes de gambas(camarones) y langostinos. También hay un buen acuario que tiene una exposición submarina impresionante.
En el ayuntamiento al frente hay un buen parque. Caminamos por toda la playa para poder llegar al Peine de los Vientos. En ese parque los crios orinan sin piedad! Vimos a una niñita orinar sin miedo dirigida por su padre que la agarraba por los pies y por el ombro y la balanceaba como una jarra. Un espectáculo público muy repetido en España.
A un lado de la Bahía de la Concha está el Monte Igueldo y al lado derecho el Monte Urgull. Hay un paseo en furnicular hasta el Monte Igueldo desde donde se puede ver la Bahia. En el Monte Igueldo también es donde José Mari Arzak tiene su restaurante. Este es uno de los cocineros vascos más famosos. Es pasiero de Karlos Arguiñano.
En medio de callejuelas de la ciudad esta lo Viejo donde se puede ir a tomar un par de txakolis y de pintxos. El txakoli es un vino blanco que se sirve extendiendo el vaso lo más posible de la botella que ya chorrea el vino blanco y espuma se va formando por la gran caida. Luego se van acercando el vaso y la botella para cerrar con broche de oro.
En esta iglesia, Catedral del Buen Pastor, pude entrar rapidamente. Al frente habían unos marihuaneros que sin piedad fumaban tremendos cigarrillos. Estaban muy mal vestidos. Creo que ni la policía se los llevaba. Me dio mucha rabia que prostituyeran un lugar sagrado de esa forma.
La zona del puerto también es muy bonita. Los pescadores arreglan sus redes. Me recuerdan a las historias de Hemingway. Los barcos tienen las banderas de Euskadi. De vez en cuando se escucha el euskera por todos lados. La arquitectura es similar a Paris en muchos lugares y en otro muy parecido a Pamplona, sobretodo las tiendas y el formato en que se presentan las cosas.
También hay señoras que tienden la ropa en medio de todo el alboroto. Estaba lleno de gente en un día que hizo mucho sol, contrario a lo pronosticado. Luego en la tarde se hizo mas nublado y comenzó un poco de frio. Pero nosotros disfrutamos muy bien durante la mañana.
Seguimos entonces caminando hasta que llegamos al famoso Peine de los Vientos. Nos tomó mucho llegar, alrededor de 45 minutos a pie. Queda al frente de la Playa de Ondarreta.
El combo de los vientos es principalmente piedra. Es un manifiesto grotesco en contra de la fuerza del mar. Esta plantado en tres estrucutras de metal oxidado que parecen papitas fritas. Dos de las estructuras estan en medio del mar. El metal ha sido cementado a las rocas y dos o tres gigantescas papitas de metal salen de manera protuberante y violenta. La ferocidad de las olas es notoria en esta esquina de la playa que contrasta a las playas de arena blanca. Esta apartada de la Concha y aquí no hay ninguna protección. Se puede tirar de cabeza y morir aplastado si se quiere porque nadie te separa de los precipicios donde la espuma blanca brilla de forma beligerante.
Pero la mejor foto la tome justo cuando rompía una ola. Fue un momento de gloria. Era impresionante porque todo estaba muy húmedo y parecía como su entraras en un baño al vapor.
También encontramos a una muchacha que se empecinó en colocarnos para tomar la mejor foto. Nos hizo tomar todo tipo de angulos. aguantó un poco y luego no se decidía por donde tomar la foto. Nosotros posabamos de todas las formas y estilos pero no la satisfacíamos. Al final tomó esta foto que ven. Teníamos mucho miedo porque en cualquier momento te salpica las olas!
Luego cuando comenzamos a tomar otras fotos nosotros mismos llegó una viejita vasca que nos insistió en que nos tomaría una foto aunque ella no sabía usar camaras. Pero la foto no la he incluido aqui.
En la playa de la Concha se encuentra de todo. También hay artistas que edifican sendas obras de arte. Ponen un sombrero para que la gente les de algo de dinero por el esfuerzo realizado. La extensión de playa blanca es una de las mas largas que yo haya visto jamás. La playa tiene una forma de Concha.
Pero la vista cuando se llega al Peine de los Vientos es diferente. La formación rocosa parece de Marte. Esta rocka queda justo al lado de donde nos tomamos la foto Patricia y yo. Al frente han hecho unos huecos en el piso, y justo abajo quebran las olas. Los huecos canalizan el aire y toda la fuerza emana de esos lugares. Uno se siente como en un tunel de viento! donde el cabello, camisa, y cualquier cosa que este libre vuela por los aires. También el hueco emite un silbido fuerte. Y por supuesto que el lugar esté lleno de pelaitos!
Justo al lado de este perro, con forma de león nos compramos un pastel. El pastel se llama: txintxorro (chinchorro). Esta hecho de naranjas y nueces. Muy sabroso. Se lo regalamos a los padres de Patricia. No le pude tomar foto al pastel pero si al perrito que ferozmente ejercía las funciones de guardián.
Los niños y todo el mundo paraban para ver al perro. Creo que la tienda vendía solo por tener a tal semental de técnico comercial. El perro ni se inmutaba. Seguía con su pose de pifión como si fuera un Dios.
Bueno será hasta la próxima aventura.