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El Conejo en la Luna
Nota: Esta es una de mis leyendas favoritas.
El mundo est� en tinieblas y es necesario un Sol. Los dioses se han reunido y han decidido que
un sacrificio ha de hacerse. Uno de ellos debe sacrificarse para convertirse en el nuevo Sol.
Dos dioses se ofrecen voluntarios, Nanahuatzin (Dios Buboso) y Tecciztecatl (Se�or de los Caracoles).
Tecciztecatl es poderoso y ricamente ataviado. Al hacer penitencia, sus ofrendas son de copal y de
sangre extra�da de su cuerpo con espinas talladas en coral. Las ofrendas de Nanahuatzin, quien es menos
poderoso, pobre y enfermo, son de bolas de heno y de sangre en espinas de maguey.
Ambos ayunaron por cuatro dias y, al quinto, todos los dioses se colocaron en dos filas formando un
corredor que conduc�a a una hoguera. Era un fuego sagrado que purificar�a el sacrificio para recrearlo
en el astro.
El dios poderoso, de mayor rango, tiene el derecho de hacer la prueba primero. Debe arrojarse a la llamas voluntariamente;
tres veces lo intenta y tres veces falla, sin atreverse a dar el salto definitivo.
El dios pobre no titubea y se lanza al fuego al primer intento, siendo consumido por las llamas. Antes de
el fuego termine con Nanahuatzin, Tecciztecatl avergonzado, se arroja tambien y el sacrificio doble provoca
el nacimiento de dos astros, ambos iluminando el cielo.
Para evitar que el calor de ambos soles queme la tierra, los dioses arrojan un conejo a uno de ellos, apagandolo. Y es desde
entonces que la Luna, el sol extinto, tiene en su rostro, la silueta de un conejo.
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