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Comentario de Obras


Dos hermanos
1906. Gouaché sobre cartón. 80 x 59 cms. Museo Picasso. París.

Este cuadro y El harén están muy cercanos cronológicamente y presentan muchos parecidos. Son cuadros de la denominada Etapa Rosa. El hechizo de esta obra radica en la asombrosa capacidad de crear espacio en un cuadro por medio de dos figuras frontales, para ello la figura del hermano mayor se pinta en escorzo, con una pierna adelantada y gracias a ese movimiento se crea el espacio para que el hermano pequeño se "instale". Este espacio se acentúa por la línea del suelo que divide éste y la pared y para ello usa dos colores diferentes. Ese espacio creado le permite introducir unos objetos que nos situan a esos muchachos en un ambiente de circo: tambor, platillo y florero. No hay que olvidar que desde 1905 saltimbanquis y escenas de circo están presentes en su obra. Todo ello está creando unas relaciones espaciales verosímiles.

El color que impregna el fondo y las figuras le hace adoptar un aspecto alegórico, no naturalista, incluso con una sensación de aracaismo.

De este cuadro existe otra versión en donde se ha variado la dirección de los personajes.



La flauta de Pan
1923.Óleo sobre lienzo. 205x174,5 cm. Museo Picasso. París

Este cuadro hay que enmarcarlo dentro de una nueva corriente que recorre Europa y que se ha dado en denominar "regreso al orden". Después de sufrir los duros efectos de la I Guerra Mundial que marcaron psicológicamente el ánimo de muchos miembros de la vanguardia, algunos estuvieron en el frente e incluso murieron en el campo de batalla. Por otra parte los efectos del lenguaje creado por las vanguardias había conducido fruto de la esterilidad antipoética, de la disonancia con el mundo real a un callejón sin salida al postularse la muerte del arte. Los artistas creen que es necesario recuperar la imagen objetiva de la realidad, construir una síntesis entre realidad y estilo o efecto óptico perceptivo y abstracción de esa sensación visual. El término de vuelta al orden se produce por la vuelta a la figuración, a la presencia de la figura humana como temática del cuadro y se respira casi cierto arqueologismo al optar por la tradición figurativa clásica, sin por ello olvidar los enfoques y avances de las vanguardias.

Dentro del conjunto de la obra de Picasso este y otros cuadros de estos años como Dos mujeres corriendo por la playa, El rapto, Tres bañistas se enmarcan dentro de un clasicismo pero no estilístico, sino como horizonte en cuanto al tratamiento figurativo de los personajes, la luz que baña el cuadro, el azul del mar y el cielo, aún así el cuadro emana dos elementos propios de Picasso: la sensación de cotidianidad de los personajes y parafraseando el título del cuadro de su admirado Matisse la alegría de vivir, o al menos supone una reconciliación con la vida a través de la serenidad. Y todo ello a pesar de usar algunos recursos tan anticlásicos como la ausencia de sombras de estos cuerpos tan voluminosos y enérgicos que se recortan sobre un fondo azul, haciéndoles monumentales, de ahí su clasicismo.

Si a alguien este cuadro le huele a Mediterráneo no iría desencaminado en su apreciación. Figuras que casi parecen columnas dóricas por su robustez.

Este estilo está siendo simultaneado por obras de un clasicismo más estilístico Familia a la orilla del mar, Tres mujeres en la fuente, y obras cubistas de gran calidad como Tres músicos, Arlequín con violín . Una vez más el genio, el monstruo creador de imágenes e incansable en la búsqueda se manifiesta.




Guernica
1937. Óleo sobre lienzo. 349 x 777 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

Como dijimos en la introducción, ninguna obra de arte surge aislada, al margen del tiempo y el momento que la vio crecer, el Guernica quizás, menos que ninguna otra. Pintada para el Pabellón de España en la Exposición Internacional celebrada en París en 1937, pabellón montado con carácter propagandístico por parte de la República Española y que iba a atraer a una gran cantidad de visitantes, visitantes que iban a una Exposición y que pasaban delante de un mural que parecía un gran cartel, nada que ver con el visitante que hoy en día se dirige a un museo y ve la obra. Este es un elemento a tener en cuenta cuando vemos el cuadro.

Este cuadro fue creado para la colectividad, para que lo contemplase un gran número de personas, de ahí su tamaño y la reducción a la gama del blanco al negro. Es un cuadro que busca producir un efecto sobre muchas personas, personas de todo tipo. La obra lo consigue, es un cuadro ante el que nadie se queda indiferente, ante el que se opina por ello ha pasado a ser una obra fundamental del arte de nuestro siglo, pero fue un cuadro creado como cartel publiciatiario para poner de manifiesto la injusticia y la barbarie del bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937 a las cinco menos veinte de la tarde. Guernica, una población vizcaina de 7000 habitantes a 30 km. de Bilbao, patria de las libertades vascas, pues ante su famoso roble los monarcas españoles y sus representantes juraban los fueros vascos. Los motivos del bombardeo fueron de índole ejemplarizante y experimental, se utilizaron bombas incendiarias y poderosos explosivos, sólo quedaron indemenes el 10 por ciento de los edificios y el número de muertos nunca se calculó.

Un factor a tener en cuenta, sobre todo a raíz de la polémica que este cuadro está alcanzando es que el cuadro fue encargado a Picasso antes de que se produjera el bombardeo, fue encargado por la II República con ese afán propagandístico antes aludido, para manifestar la oposición al alzamiento nacional y a la guerra que éste había provocado, aunque también es cierto que Picasso no empezo a pintar hasta que se produjo el bombardeo, y lo hizo de forma ferviente y casi acelerada y en el plazo de un mes termino la obra, por eso hay que ampliar el significado y la lectura de esta obra que no reivindica la crueldad de una masacre concreta sino que se convierte en un alegato contra la crueldad y la injusticia de la guerra y contra la barbarie propia del fascismo y el nacional-socialmismo que más adelante iba a azotar toda Europa.

Este cuadro es el cuadro pacifista por antonomasia y ante el cual no podemos quedarnos indiferentes, quizás mi propia experiencia sirva de ejemplo para evidenciar la fuerza del cuadro. Durante mis años de bachillerato -en plena transición democrática- este cuadro era el cuadro que decoraba muchos de los hogares de los demócratas más abanderados. Siempre pensaba: qué razón les impulsaba a tener esa obra gris y amorfa llena de distoriones. La primera vez que vi el cuadro en el Casón del Buen Retiro no puede reprimir las lágrimas por la fuerza con que la brutalidad y la crueldad a la que el hombre puede llegar estaban allí encarnada en esas imágenes, en esos símbolos o iconos por otro lado tan tradicionales: el toro, el caballo, la mujer caída con el niño en brazos. Para expresar esa brutalidad humana hay que recurrir a la fealdad, a la desmembración y el resquebrajamiento, al blanco y negro para no dejar ningún ápice de duda a la interpretación, a la vacilación, a la impasibilidad, de forma que las entrañas, los sentimientos o del que comtempla tienen que quedar "tocados", "trasmutados". Picasso consciente de ello imprime unas dimensiones considerables al cuadro, y el uso del blanco y el negro, aunque está no fue la opción incial del artista como demuestran los numerosos bocetos que se exhiben junto al cuadro.

La elaboración del cuadro comienza el 1 de mayo de 1937 y podemos ver la evolución del mismo gracias a las fotografías que tomaba Dora Maar. Desde los primeros bocetos aparecen todas las figuras de la obra final: el toro, la mujer con la luz, el guerrero en el suelo, el caballo. El 8 de mayo introduce a la madre con el niño, y el caballo muerto que cae sobre el guerrero. El 11 de mayo empieza a pintar sobre el lienzo definitivo hasta el 4 de junio.




Las Meninas
1957. Óleo sobre lienzo. 194 x 260 cms. Museo Picasso. Barcelona.

Después de la I Guerra Mundial Picasso, quizás desbordado o desconcertado por los nuevos rumbos que están tomando las creaciones vaguardistas decide volverse clásico y para ello vuelve a la pintura, a la historia de la pintura y a reflexionar sobre ella, adelantándose a lo que años después iba a ser un rasgo común del panorama artístico. Será clásico en relación a el arte contemporáneo, a otros artistas y a si mismo. Clásico en el sentido de intemporalidad, de imagen que atraviesa la fugacidad del tiempo y perdura. Esa perdurabilidad se consigue prescindiendo de lo accidental y mostrando aquello que lo define, que lo conforma. En las vaguardias esto se ha concretado en una radical puesta en cuestión del lenguaje plástico y Picasso más que ningún otro artista nunca se detuvo en la búsqueda de ese lenguaje, que siempre fue incesante, ahora reinterpretando obras de artistas del pasado, reflexionando con ese lenguaje sobre ellas, y abriendo así una nueva vía al clasicismo. La reflexión no es arbitraria pues selecciona aquellos temas que en relación con la naturaleza, la búsqueda de seguridad y confianza resulta más inmediata.

Esta revisión histórica comienza con Mujeres de Argel, obra de Delacroix, quizás sí hay un acontecimiento externo que le marca para iniciar estas series de interpretación de obras de grandes artistas del pasado: Matisse con quien le unía un profundo afecto a quien visitaba y con quien charlaba de forma regular, acaba de morir en noviembre de 1954, Picasso comienza este cuadro en diciembre y los recursos matissianos están presentes.

Picasso trabajó en la serie de Las Meninas desde el 17 de agosto al 30 de diciembre de 1957. Picasso no hace sólo una reinterpretación en el cuadro, hace 58 cuadros, que finalmente donó al Museo Picasso de Barcelona en 1968. Durante los primeros meses de trabajo en estos cuadros no dejó que nadie, excepto Jacqueline los viera.

Picasso se va a permitir además de la reinterpretación de la obra, la introducción de algunos elementos nuevos en el cuadro como palomas, retratos de Jacqueline. Entre otras licencias hay un elemento que destaca: la disposición del cuadro, Picasso opta por un formato horizontal, en lugar del vertical que uso Velázquez, este formato es más narrativo, se ve así obligado a extender la imagen, bajar los techos y destacar la figura del pintor casi gigantesco.

Para intensificar la sensación espacial y crear un recinto cúbico ha extendido la pared de la derecha destacando los ventanales como había hecho Velázquez. Ha creado una construcción donde lo que importa es la relación espacio, en este caso del estudio y los personajes.




Les demoiselles d´Avignon
1906-1907. Óleo sobre lienzo. Museum of Modern Art. New York.

Es un cuadro que desde que fue pintado ha sufrido varias interpretaciones. Voy a dejar reflejada sólo tres de ellas.

1.- La interpretación más convencial es la de Kahnweiler quien dice que es un cuadro inacabado, sería el cuadro que inicia el Cubismo si analizamos las dos figuras femeninas de la derecha y el bodegón, son figuras que ya representan la tridimensionalidad a través de la bidimensionalidad del cuadro.

2.- La interpretación de Barr. Acepta la postura de Kahnweiler, pero con un matiz, piensa que el cuadro no es aún inico del Cubismo, sino que es una obra de transición donde se están llevando a cabo experimentos, es el cuadro donde se dirime la batalla que concluye con la aparición del Cubismo.

3.- La interpretación de Goldin. Propone que no es un cuadro cubista, nisiquiera precursor del Cubismo , defiende que es un cuadro donde hay una búsqueda de equilibrio entre la representación de la estructura abstracta que supone un cuadro y la representación de la objetividad aliada al intimismo.

El tema del cuadro también ha sido fruto de diferentes interpretaciones, dichas interpretaciones están en relación con los dibujos preparatorios del cuadro. El cambio principal entre estos bocetos y el cuadro final es que en los dibujos aparecen unas figuras masculinas: un marinero y un estudiante de medicina, figuras identificadas por detalles que aprecen o desaparecen según el dibujo de que se trate. Siguiendo los dibujos se hace más factible la interpretación de que es una escena que transcurre en un prostíbulo, sobre todo al estar tan cercana a una obra como El harén. En el cuadro no aparecen esas figuras masculinas y con ello el efecto que se consigue es que el espectador en lugar de contemplar una habitación con unas prostitutas, pase a ser mirado por ellas, ellas son las que le interrogan, son quienes le solicitan un posicionamiento.

Este es uno de los rasgos fundamentales del arte del siglo XX, el espectador nunca más contempla una obra por la mera contemplación de la misma, tendrá que tomar partido, para terminar la imagen, para opinar sobre la imagen, para participar en la creación de la imagen que llegara a convertirse en una instalación.


En el cuadro priman dos aspectos: el primitivismo y la disgregación espacial

- El primitivismo se ve en el rostro de estas mujeres y en el uso de la combinación de colores: ocre-rosado y azul claro.

El primitivismo de los rostros tiene una doble vertiente: las dos figuras de la derecha muestran una relación más clara con la escultura negra, sobre todo de corte oceánico, mientras que las dos centrales y la de la izquierda nos llevan a la estatuaria ibérica. El interés de Picasso en este tipo de arte radica en el sentido totémico y las formas simplificadas. Picasso traduce una aproximación romántica hacia estas obras pues no se queda en los rasgos estilístico, hay un elemento de expresividad, en el fondo estos rostros tienen algo de máscaras y como tal pasan a ser objeto de culto, parte de un rito. Para Picasso el arte primitivo es algo emocional, por eso traspasa los límites de la forma, estas máscaras nos producen una sensación de miedo, excitan el sentimiento y es el aspecto que a Picasso le interesa destacar en este cuadro. En este primitivismo estaría recogiendo lo que de misterio y salvaje encontramos en el arte oceánico.

En cuanto al color, es el color que se usa para pintar las máscaras oceánicas, es decir, aquellas máscaras de las colonias oceánicas francesas donde el juego de los rosas y blanco apastelados son muy frecuentes. Para lograr plasmar la textura de máscaras en estos rostros, Picasso va a introducir un nuevo elemento: la respiración en blanco, deja una zona en blanco, un límite entre dos colores sin pintar, de forma que se ve el lienzo, pasando a convertirse el lienzo en elmento plástico en si mismo. Esta herramienta le permite así introducir la sensación de profundidad utilizando el cuadro.

- La disgregación espacial va a traer como consecuencia que el cuadro deje de ser la narración de una historia y pase a ser la construcción de objetos que se ofrecen a nosotros. La unidad del cuadro tiene que venir dada por el espectador, es nuestra mirada la que los reune y la que le da sentido. Steinberg utiliza una metáfora fantástica al hablar del cuadro como una mano, donde cada uno de los dedos que sería cada una de las mujeres es diferente, pero todos juntos, conforman la unidad de la mano, siendo la mirada la que organiza de forma arquitectónica y constructiva el cuadro, pues estas figuras no respetan los puntos de vista naturalista. Picasso introduce diferentes puntos de vista en atención a una composición autónoma respecto de la percepción naturalista: la figura en cuclillas con el rostro completamente de espalda y dada la vuelta es una postura anatómicamente imposible, la segunda figura de la izquierda, está tumbada y a la vez se la ha levantado.




1910. Óleo sobre lienzo. 100,6 x 72,8 cms. Instituto de Artes de Chicago. Chicago.

Estilísticamente es una obra del Cubismo analítico. Por tal se entiende el estilo que Braque y Picasso desarrollan entre 1909 y 1912. Es un estilo austero y anti-ilusionista, la realidad queda subordinada a la estructura del cuadro. Utiliza el facetado como técnica pictórica, es decir, representan el espacio por facetas, un modo de visión por parcelas, reunidas en el cuadro. Picasso con ello no buscaba la representación del concepto del personaje, ni del entorno que les rodea, pinta esas figuras buscando un sistema de representación no ilusionista (de representación de aquello que el ojo ve), un sistema en donde quede claro para el observador la condición de plano del cuadro, es decir, la bidimensionalidad.

La solución es crear un eje vertical-horizontal que determine el eje de la fiugra y con él la configuración de un esquema que permita representar sus partes, aquellas que vemos frontal y lateralmente, es decir aparece el objeto ue vemos de frente y el que no vemos pero que existe, además se desjerarquizan os puntos de vista posibles, pues todos están presentes -hasta ahora la pintura abía ofrecido una visión frontal- , y no hay unas que primen sobre otras.

La luz y el volumen han de ser pintados, disponiéndose en el espacio de forma discontinua, haciendo ver al espectador que en modo alguno asemajan la tercera dimensión. Por esos elige el juego de ocres, grises y juega con sus tonalidades más o menos claras y con el uso de una pincelada pequeña, menuda y constante que trasluce los colores, en ocasiones superpuestos para crear una gradación matizada en aquellas zonas geométricas en que ha seccionado la figura y la gradación se hace por contraste cuando pinta el límite entre una y otra.




1905. Óleo sobre lienzo. 72,5 x 60 cms. Tate Gallery. London.

Este cuadro se clasifica dentro de la denominada Etapa Azul de la obra de Picasso. Coetáneo de La Celestina y Autorretrato, sería su inverso, es decir, la figura de esta bellísima y serena mujer en blanco vista de perfil se enmarca en un fondo azul, mientras que en La Celestina y Autorretrato las figuras están pintadas de azul sobre un fondo blanquecino. Picasso ya está empezando a transgredir las normas de representación académicas y se atreve a mostrar el cuerpo desde un punto de vista frontal mientras que el rostro y el pecho están vistos de perfil. Picasso no ha inventado, todavía nada, este tipo de representación hunde sus raíces en la civilización egipcia. Su gran hallazgo es que ha conseguido crear una forma congruente, algo que no sucede con las innumerables representaciones en relieves egipcios, además no le importa marcar a través del trazo negro la frontalidad del cuerpo, haciendo evidente su dominio y seguridad en el dibujo que se el que crea la figura.

Al haber invertido los colores en la representación en vez de transmitirnos una sensación angustiosa o vital como sucede con Autorretrato y Celestina, nos muestra la sensualidad y la juventud de esta hermosa mujer, para ello pinta su cuerpo cubierto por las transparencias de una camisa. La sensualidad femenina a principios del XX, pero ya desde los últimos años del siglo XIX con la obra de Degas, deja de mostrarse a través de personajes mitológicos y lo hace por mujeres normales en situaciones tan cotidianas como la toilette.

Además a diferencia de los otros dos cuadros mencionados en esta Mujer con camisa ha desaparecido cualquier rasgo de anécdota que nos distraiga la atención de la mera figura femenina.

Los juegos de blanco, las transparencias hacen de este cuadro una obra que produce un mayor acercamiento del espectador, una mayor atracción que hacia las otras dos figuras con las que estamos comparando este cuadro.

La mujer a partir de ahora se va a convertir en una de las figuras a las que Picasso volverá una y otra vez de forma recurrente a lo largo de su carrera, figura que junto con el artista y la vejez se convertirán en los personajes más usados en sus cuadros. Incorporara otras figuras con carácter emblemático, por la simbología que conllevan: el toro y el caballo. Picasso se convierte así en un artista de una producción ingente de obras pero con una gama temática muy reducida. La mujer aparecerá siempre dentro de una connotación sexual en una gama tan amplia que va desde la sensualidad que emana esta muchacha hasta la figura femenina más sexualizada en donde la mujer simboliza exclusivamente la sexualidad en su nivel más agresivo y destructor omo e los grabados del final de su vida, pasando por la representación de la aternidad.

P>Se ha hablado mucho de Picasso, de su vida privada, e la mportancia de la misma en su obra, esto tiene una explicación. Para icasso la sexualidad representa el inicio el misterio de la vida, es una forma e creación, al igual que la pintura, y es el medio que tiene para equipararse a ios y de vencer a la muerte que al final, para él, siempre tiene la última alabra.


El harén
1906. Óleo sobre lienzo. 154,3 x 109,5 cms. Cleveland Museum of Art. Ohio.

Es un cuadro considerado como punto de partida o antecedente de Les demoiselles d’Avignon.

Se han dado diferentes interpretaciones que adquiera la figura femenina agachada del fondo y el personaje masculino del primer término. Esta figura de carácter hercúleo se vio como un eunuco, pero al tener un porrón y parecer que está merendado se le ha querido ver un autorretrato de Picasso y que lo que hace es contemplar el objeto de su deseo: la mujer como objeto de deseo en un lugar que está permitido: el burdel.

Esta interpretación quedaría desmentida por el hecho de que fue realizado en el verano de 1906, un verano exultante compartido con Fernande Olivier en Gosol. Este personaje pasaría así a ser una figura masculina, dentro de la relación masculino-femenina que sería el tema del cuadro.

El tratamiento del espacio es carente de anécdota con el suelo y la pared del mismo color, un interior inundado por la luz que parece la luz del sur de España. Es un espacio que recuerda a los cuadros con escenas de cárcel que pinto Goya.

Cuadro habitado por cuatro mujeres jóvenes, una peinándose, otra lavándose, otro a la derecha mirándose al espejo y una al fondo que parece bailar y una anciana en cuclillas en la esquina de la habitación que podría ser una Celestina. Figuras que mantiene la gama rosácea de suelo y paredes, pequeñas en relación a las dimensiones de la habitación y que ya no transciende la languidez que ha caracterizado a su pintura de la época azul y rosa, pero esas figuras enraízan con el tema de la toilette, de la mujer en su intimidad que desde Ingres en el Baño Turco hasta Bonnard pasando por los Impresionistas se ha tratado en este período histórico.

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